Montilla no es Obama

Montilla no es Obama, de eso estamos seguros. Y tampoco hace falta que lo sea. Mucho se ha escrito sobre el liderazgo del presidente de la Generalitat, sobre su manera de hacer. Mucho se ha hablado también de sus puntos débiles y de sus puntos fuertes, que encarna a la perfección el lema de su campaña: Hechos, no palabras.

Y estoy de acuerdo con el presidente, en comunicación a veces son más importantes los hechos que las palabras. O lo que es lo mismo, a veces es más importante el hecho en sí mismo que lo que se dice. Por eso me gustaría analizar la mise en scène del acuerdo de la financiación de ayer.

Según la escuela de comunicación de Palo Alto, Claifòrnia, en comunicación el mensaje, lo que se dice, sólo tiene una importancia del 20%. El 80% restante es como lo decimos. Y creo que ayer el Gobierno de la Generalitat perdió una oportunidad para reforzar uno de sus puntos más débiles.

Con un retraso de 11 meses las cosas se podrían haberse hecho mejor. Si la intención del Gobierno era reforzar la imagen de Montilla, la comparecencia debería haber sido inmediatamente posterior a la de Salgado o en horario de máxima audiencia. Dejarlo para un domingo de verano a media tarde no parece la mejor opción.

La primera opción hubiera dado un cierto toque de bilateralidad oficiosa, y la segunda opción, hubiera conseguido la entrada en directo en los informativos. Pero no ha sido así.

Además, la Generalitat tardó en dar material a la Red. Hasta bien entrada la noche no se colgó la declaración institucional del presidente y ni la home de la web ni el perfil de Twitter dieron ninguna información, relevancia o importancia al hecho. Los vídeos de Montilla, imposibles de encontrar.

Y esta es la clave: no haber permitido que en las horas inmediatamente posteriores a su anuncio, se pudiera liderar el tempo. No ya desde los medios tradicionales, sino en la conversación. Esta tarea la hicieron los diputados del PSC a través de sus twitter y Facebook.

Pero vamos al 20% restante, el discurso. No es un mal discurso, pero ayer el Gobierno tenía la oportunidad de centrar el tema en los beneficios del nuevo modelo por los 7 millones de catalanes. El análisis del discurso nos permite observar:

  • ciertos elementos presidencialistas (que buscan reforzar la imagen del presidente como “Hoy he hablado con los líderes de todas las fuerzas políticas” o “Como Presidente, quiero deciros que tengo la esperanza…”)
  • ciertos elementos patrióticos, sin levantar demasiado el vuelo ( “Este será un gran acuerdo … que hará grande a Catalunya”)
  • y la parte de agradecimientos.

¿Qué sería de este mismo discurso si se hubiera personalizado? ¿Qué hubiera pasado si lo hubiera empezado con una historia? ¿Y si hubiera ligado pasado, presente y futuro? ¿Y si hubiera conectado con la gente en horario de máxima audiencia? ¿Y si hubiera sorprendido con su mejor discurso?

Creo, sin embargo, que estas carencias se explican por el protagonismo cedido a Esquerra para que pudiera aceptar el acuerdo. ERC lideró el proceso toda la tarde. Por cierto, en una comparecencia que tampoco tuvo en cuenta algunos detalles elementales.

Por eso citaba a Obama, como podría citar a cualquier otro líder americano. Conocedores de la importancia de un buen discurso o de una buena foto, hubieran tenido en cuenta todos estos detalles. Seguramente, si Montilla hubiera sido Obama, hubiera comparecido con algún Mosso d’Esquadra o alguna doctora apoyando al presidente, para mostrar el hecho que se destinará en un 80% a servicios sociales.

Pero Artur Mas tampoco es Obama. Y la primera negativa al acuerdo de financiación no debía hacerse saliendo de la piscina. En aquel momento debía hablar de la actividad solidaria, pero las declaraciones sobre un tema tan central deberían haberse hecho detrás de un atril y ofreciendo toda la imagen presidencial que se pueda.

Os recomiendo mucho este post del siempre atento Toni Aira.

La dopamina de la financiación

La financiación ha llegado. Con casi un año de retraso, pero ha llegado. Con el incumplimiento de los plazos que establece el Estatut, pero ha llegado. Después de un fin de semana en que todo el mundo daba por hecho el que hoy ha escenificado la vicepresidenta Salgado y, sorprendentemente, Joan Puigcercós; la financiación ha llegado.

Empieza ahora el juego de las diferentes lecturas. El vaso medio lleno o medio vacío. El mantenimiento del expolio fiscal o la falta de solidaridad entre las comunidades autónomas. En todo caso, tendremos claros quiénes son los padres: Solbes, Salgado y Castells, porque a diferencia de otros acuerdos, este no es uno que levante especial alegría entre algunos partidos del gobierno catalán, como Esquerra.

Y es evidente que tampoco la oposición, CiU y PP, quisiera reclamar ningún tipo de protagonismo de este nuevo modelo: los primeros porque consideran que incumple el Estatuto (aunque algunos afirmen que el nuevo acuerdo es 19 veces mejor que el que alcanzó en su día con el PP al gobierno) y lo ven insuficiente. Los segundos, alegando a la falta de solidaridad entre regiones y, a medida que avancen los días, tal vez empecemos a sentir la cancioncilla de la rotura de la patria.

En todo caso, a falta de ver imágenes donde corra el cava, lo que si se ha desatado este fin de semana es la dopamina, un neurotransmisor que nos hace disfrutar de la sensación de bienestar, de placer, y que da un buen empujón a nuestra motivación. La dopamina se activa especialmente cuando conseguimos una meta, algo que esperábamos con mucho interés. Cuando esto sucede, el cerebro la libera en grandes cantidades.

Hoy, parte de la clase política y los ciudadanos de Catalunya -y de otras partes del Estado también- seguro que han sentido esa dosis extra de dopamina por el acuerdo conseguido. Porque aunque siempre podría ser mejor, es la cifra más alta jamás conseguida.

Seguramente, el cóctel químico habrá sido acompañado de oxitocina, que nos induce al bienestar, a la calma, a la felicidad. Pero cuidado, los líderes que lo hayan sentido deberán ponerse en alerta en nada: aunque Jimenez Losantos haya dejado la COPE, digerir este acuerdo no será fácil para gran parte de la opinión pública. Tampoco lo será en Esquerra, que aunque haya dado el sí al nuevo modelo, es consciente de la oposición interna a esta meta.

Parece que el gobierno tripartito resiste una vez más los rumores de su desmembramiento. Aunque nos deja hechos clave que darán sentido a los próximos meses de la vida política catalana: la comedia de Ridao llega al final de su primer capítulo, aunque aventuro unos cuantos más. Y seguramente, estos no llevaran ni la oxitocina ni la dopamina de la financiación.

Política: cuestión de dinero

Leemos hoy en El País que la crisis financiera está empezando a afectar al crédito de los partidos políticos. Al parecer, las operaciones de los partidos con las entidades financieras se han desplomado este año.

La cuestión de la financiación de partidos es un punto clave que explica demasiados vicios de la práctica política en España que, a diferencia de otros países como Estados Unidos, financia públicamente a sus partidos como garantes del funcionamiento del sistema político. Es, de hecho, una consecuencia lógica del papel que les otorga la propia Constitución.

En España hemos visto como se han sucedido etapas en que se buscó la financiación mixta de los partidos (hasta 1985), únicamente pública (desde 1985 con la LOREG), y a partir de los 90 volvió una cierta corriente que reclamaba dar más protagonismo a la posibilidad de financiación privada.

Como sabéis, el resultado electoral es clave para fijar la financiación de los partidos. Se trata, pues de una forma clara de financiación pública directa que es la propia barrera de entrada a nuevos partidos en el sistema. De hecho, el caso de UPyD es una excepcionalidad en la reciente historia democrática. El partido de Rosa Diez ha sido el resultado de dos claves: tener el apoyo de un potente grupo de comunicación que evita el gasto excesivo en publicidad y la creación de novedosas formas de financiación con los préstamos de los militantes y simpatizantes.

Existen otras formas de financiación pública indirecta, cómo la cesión de espacios gratuitos de publicidad… pero también diversas formas de financiación privada. Desde las donaciones (con un máximo por persona física o jurídica). Precisamente, pese a existir la posibilidad de pedir donaciones como se hace normalmente en Estados Unidos, las peculiaridades de nuestro sistema político siembran numerosas dudas sobre la efectividad de campañas de fundraising en nuestro país.

Lo que parece claro es que internet puede jugar un papel clave en el desarrollo de este punto. Siempre y cuando los partidos tengan interés en empezar a recaudar fondos en esta esfera; más si la situación económica y financiera del país es la que es. Y son olvidar que deberemos observar si la desconfianza hacia la política (apuntalada por los grandes escándalos de financiación del PSOE en los 90 y de las nuevas dudas de financiación ilegal en el PP con la implicación de su tesorero en las redes de corrupción en Valencia y Madrid) sigue siendo un obstáculo hacia esas nuevas fórmulas de financiarse.

El Gordo de la financiación

Sólo el azar podía dejar que un 22 de diciembre fuese la fecha en que coincidiera en el tiempo informativo el gordo de Navidad y la negociación de la financiación. Y digo que sólo el azar lo podía hacer porque la negociación sobre un tema tan crucial como éste está tomando demasiadas similitudes con un sorteo de lotería.

Estas últimas jornadas nos están dejando grandes conceptos escondidos detrás de las declaraciones cruzadas. Lo que más me gusta, el de la política en tiempo de descuento, sin duda. Por política en tiempo de descuento podríamos entender toda una concepción, no sé si decir estratégica, de la negociación política y sobre todo de la comunicación política. Esta teoría entronca directamente con el cortoplacismo de que hacemos gala demasiado a menudo y el sí porque sí. Y es que tal y como le preguntaban hoy a José Blanco en la rueda de prensa, ¿si Zapatero se reunirá con todos los presidentes autonómicos, llegaremos a tiempo el 31 de diciembre?

La semana pasada me refería a este tema en términos navideños. Supongo que tiene mucho de ilusorio creer que se puede llegar a un acuerdo en 9 días, un acuerdo satisfactorio para todas las partes, se entiende. Pero hoy quizás habría que cambiar el tono por el azar, la suerte y la lotería.

Hoy es el día de la salud. Y el trabajo. En el mundo de la lotería sirve, en el de la política no nos servirá con la salud o el trabajo, de hecho, aquí es donde reside la dificultad del momento político que se está dibujando. Esto no será fácil. Todo el mundo ha puesto las cartas sobre la mesa y dudo que nos podamos confiar  al espíritu navideño …

Hoy también “compito” yo contra el tiempo informativo de la lotería, en sentido figurado, claro. En este link puedes leer y ver la entrevista que me hicieron en La Vanguardia sobre el efecto Obama.

Cuento de Navidad (de financiación, felicitaciones y 65 horas)

El cine y la televisión se han encargado de poner en evidencia que Navidad es una época sumamente propicia para la felicidad, el amor, el perdón y la fraternidad. Una época dada al optimismo y en que todo es posible, donde reina la magia y la ilusión para que todo lo que deseamos se haga realidad.

Una época también para la reflexión sobre la necesidad de ser más bondadosos, más comprensivos y más generosos durante estos días. Curiosa la incidencia de pedirlo durante unas semanas y no durante todo el año, pero vaya, es lo que nos ha tocado vivir.
La negociación de la financiación que, por cierto, fija a unos parámetros de un Estatuto de autonomía que es ley orgánica y que el propio gobierno central se niega a aplicar; me recuerda mucho al sempiterno “Cuento de Navidad” de Dickens, donde el binomio Zapatero -Solbes interpreta a la perfección el papel de Scroogge.
Con otras referencias navideñas, Montilla es más que nunca el protagonista de “¡Qué bello es vivir!” (It’s a wonderful life en inglés para los más puristas), donde él y el PSC se están repensando su relación con el PSOE si no hay un acuerdo sobre financiación antes del 31 de diciembre. De momento, los presupuestos ya pasaron el último trámite parlamentario tras el veto en el Senado protagonizado por la extraña alianza ERC-PP, con el voto afirmativo de los diputados socialistas catalanes.

Claro que no sé yo si en la versión moderna de la película de Capra, Montilla y el PSC entenderán que su posición es tan delicada que pueden estar generando la última de las más grandes desilusiones y esperanzas de todo un país: no tenemos demasiado margen de maniobra más.

Tengo la sensación de que en CiU están esperando que el tió y los reyes magos les traigan una rotura del Gobierno. En la Plaça Sant Jaume (bien, más bien en la sede nacional de ERC) saben que si el 31 de diciembre no hay acuerdo y este tema se prolonga demasiado, será difícil sostener su Gobierno.  Además, el pacto de gobierno empezará a no tener sentido y podría generar un desencanto aún mayor entre el ya crítico electorado de los republicanos.
Serán unas semanas duras que habrá que tomar con toda la calma y la prudencia posible. Y yo añadiría, con el espíritu navideño que las postales de Navidad que estos días se están enviando. Sí, es cierto, este año las administraciones públicas repartirán menos ilusiómn que otros años: la crisis ha obligado a reducir el número total de felicitaciones enviadas y a promover el envío  de versiones digitales.

Las casas reales también han recortado su gasto, como la británica. En España, los nietos de los reyes felicitan las fiestas a todas las personas que recibirán una postal real. Aunque para postal original, mejor la de los diputados socialistas que han hecho de las caricaturas al presidente del Congreso, José Bono, el leitmotiv de este año.
Las fiestas seguirán con Scroogge o sin. Con personajes de Capra o sin. Con la lotería por la televisión o con huelga de RTVE. Con cena de empresa (o de la Asociación de Periodistas Parlamentarios) o sin. Pero esto seguirá adelante. Incluso, con belenes en los juzgados o belenes sin niño Jesús en el centro de la ciudad. Con abetos a pedales o con lámparas de bajo consumo.
Eso sí: el primer regalo nos ha llegado con la votación del miércoles al Parlamento Europeo que cortar las alas a la propuesta de aumentar a 65 las horas laborales semanales en Europa. Un triunfo por derechos sociales.