Busqué en Madrid el bolígrafo de Trump y esto es lo que pasó

Me quedé fascinado con el chorro de Trump. Con el chorro de tinta del bolígrafo con el que firma las órdenes ejecutivas que han desordenado el mundo. Las órdenes del odio. ¿Era una pluma? ¿Un bolígrafo? ¿Un rotulador? Quería saber con qué firmaba Trump. Cómo se conseguía ese grueso trazo. Y lo más importante, si podía conseguir uno para mi. Me puse a buscar el bolígrafo de Trump por Madrid y esto es lo que pasó.

Google tiene la respuesta. Una búsqueda rápida nos da los datos clave. Trump, como en administraciones anteriores, usa bolígrafos de la marca Cross. A.T. Cross es una empresa estadounidense fundada en Rhode Island. Una compañía clásica que fabrica bolígrafos clásicos para gente clásica. De hecho, cuando yo era un adolescente de lo más repelente, usaba estos bolígrafos para tomar mis apuntes de bachillerato. Si queréis saber más, hacemos un Deluxe.

http://zorrasbasicas.tumblr.com/post/155589291623

Al lío. Tenía ya la marca y el modelo. El Century II. Pero ese cartucho… ¿Cómo consigue Trump ese chorro? Con estos detalles lo tenía todo para mi aventura. Conseguir encontrar el bolígrafo de Trump en la capital de España. Ese va a ser mi plan de domingo.

Montado en un Cabify de camino a un acto empiezo por lo obvio: Wallapop. Varias búsquedas me llevan a Sara, una chica que vende un bolígrafo azul bastante similar pero no especifica el modelo. Otro usuario, en las afueras de Madrid, vende uno en metálico. Sara acepta ofertas, no pide un precio fijo. El otro usuario, lo vende muy por debajo de su precio de venta. Nuevo, cuesta unos 110€. Ese usuario lo vende por 40.

La Casa Blanca ha hecho ya un pedido de 150. Echad cuentas. El modelo que ha pedido es negro con apliques bañados en oro de 23 quilates. Ninguno de los dos que encuentro en Wallapop se ajustan a lo que busco.

Por la tarde me acerco a El Corte Inglés de Callao. En la primera planta está la sección de papelería y Cross tiene un stand. Presto mucha atención a las vitrinas con ademanes de “por favor que venga alguien que quiero comprar algo”. Nadie se acerca. Pasan los minutos y ya me sé de memoria toda la oferta. Tienen unos de Star Wars la mar de monos. Y la verdad es que a Trump, como Darth Vader oficial del planeta, le pegaría más firmar con uno de ellos. Pasan los minutos y finalmente me acerco a la caja a preguntar a una de las dependientas. Una mujer de unos cuarenta años que no espera que le saquen una pantalla de un iPhone con la firma de Trump y le pregunten “¿Tienen el recambio de Cross con el que se ha firmado esto?”.

La dependienta empieza a hurgar en los cajones y encuentra un cartucho rojo. De punta roller. Se da cuenta de que eso no es lo que busco y decide pedir ayuda. Se acerca una mujer de unos sesenta años y su compañera le comunica los antecedentes. Me dice que cree que ese cartucho ya está descatalogado. Según ella, es de fieltro. Se seca muy rápidamente y por eso dejaron de producirlos. No los tienen en El Corte Inglés.

Y justo antes de despedirme me suelta que no soy el primero que va preguntando por el bolígrafo de Trump. No estoy solo. Cuando ya casi estoy en la escalera mecánica me recomienda que, si quiero firmar como Trump, lo haga con un Carioca. Tiene un paquete en la mano.

Suspendo la misión. En domingo sólo los grandes almacenes abren en el centro de la ciudad. La tienda de estilográficas de la Calle Mayor está cerrada. Acudo otro día de la semana y vuelvo a desenfundar el teléfono. Muestro el chorro de tinta del magnate y pido por ese recambio. El señor que me atiende se pierde en el almacén y aparece con un recambio. Es azul, no negro. Pero es ese. Me lo voy a llevar. Ya tengo una parte de la ecuación resuelta.

Ahora falta el bolígrafo. En Wallapop siguen sin responder y le pregunto si tiene el Century II. Yo no tengo un máster en bolígrafos. Siempre uso una estilográfica Lamy como la que usa la líder del PDeCAT, Marta Pascal. Mientras, el señor de la tienda vuelve del almacén con un bolígrafo fino. Cuando ve mi ademán de querer introducir el cartucho me dice que yo estoy buscando otra cosa, no eso. Vuelve a desaparecer y le oigo refunfuñar a lo lejos “la gente, comprando el bolígrafo del gilipollas ese”. Me trae uno dorado. No me lo voy a quedar. Y le cuento que estoy en una misión. No llega a disculpa.

Me voy a casa con mi cartucho. Pero sigue sin ser el cartucho negro. Ahí empieza la última parte de la misión. Como no había caído antes en Amazon. Amazon lo tiene todo. Pero sin referencias. Hago una primera compra de lo que se supone que son rotuladores. Llegan al día siguiente. Pero no son todos rotuladores. Solo uno lo es… pero fino. Vuelvo a Amazon y sigo la búsqueda. Mientras, vuelvo a El Corte Inglés y finalmente me hago con un Century II lacado negro con apliques en oro. Ya tengo el bolígrafo. Ya tengo el cartucho localizado. Ahora solo falta esperar.

Casi una semana más tarde por fin llega el repartidor a la oficina con el cartucho del chorro del odio. Al llegar a casa lo monto. Ya tengo el bolígrafo del gilipollas ese. Como diría el sabio tendero. Y ya puedo firmar como Trump:

Buy American, hire American

En su discurso inaugural, Trump dijo iniciar una nueva era para su país guiado por esta regla: compra americano, contrata americano. Cross es una empresa estadounidense… pero no todo lo fabrica en Estados Unidos. De hecho, los Century II se hacen con partes fabricadas en China.

Los bolígrafos se compraron a un distribuidor local y están personalizados con la firma del presidente en el capuchón.

¿Qué lío se llevan en Estados Unidos con los bolígrafos presidenciales?El bolígrafo presidencial es uno de los souvenirs políticos más preciados de Estados Unidos. Más que los M&M’s del Air Force One. La Casa Blanca de Trump pidió 150 bolígrafos porque estos bolígrafos se regalan una vez los ha usado el presidente para firmar órdenes ejecutivas o leyes.

Es costumbre que en los actos de firma de órdenes ejecutivas o leyes varias personalidades acompañen al presidente. Pueden ser miembros de su equipo, personas que han inspirado una ley o los congresistas que la han hecho posible. Cuando el presidente los firma, regala esos bolígrafos.

Las órdenes ejecutivas suelen ser firmadas una sola vez, pero en las leyes, el presidente firma letra por letra para poder regalar esos bolígrafos. No está muy clara de dónde viene la tradición, pero parece que ya Franklin D. Roosevelt solía utilizar varias estilográficas para firmar las leyes y así poder regalar esas plumas a personas que hubiesen hecho algo relevante por la consecución de esas políticas. Así, el presidente entregaba un detalle de gran valor histórico, político y sentimental a personas clave.

A veces, el número de bolis coincide con las letras del nombre del presidente. Otras no. Por ejemplo, Obama tuvo que hacer dos trazos por letra para poder completar su firma con todos los bolígrafos cuando firmó la reforma sanitaria con 22 bolígrafos. En esa ocasión, 20 personas –los otros dos bolis fueron a los archivos- fueron las elegidas para conservar los bolígrafos con los que se firmó una de las leyes más importantes de la Administración Obama. Que ahora se está desmantelando.

Se desconoce el número máximo de bolígrafos usados en una ley, pero Bill Clinton parece ostentar el récord: llegó a usar 41 en una firma durante su presidencia. En cuanto lo sepa Trump, que se prepare.

El acto de rúbrica de una ley es todo un acontecimiento político y mediático en Estados Unidos. Trascendencia en los medios y en conseguir ese preciado tesoro; muy alejada de la firma de las leyes, como acto debido, del rey Felipe VI.

Así vota América: el sistema electoral

Pobre Victor d’Hondt. Nadie se acordará de él la noche del 8 de noviembre. No será el culpable de nada. Estados Unidos tiene un sistema mayoritario. Es decir, el que gana la mitad más uno de los votos, se lo queda todo. Lo gana todo. ¿En todos los estados? No, dos resisten y usan un sistema proporcional. Pero ojo: el reparto se hace por estados. Con lo que puede ganar un candidato en voto popular y otro en votos del Colegio Electoral. Que no es el edificio en el que se vota, como en España. Vamos a poner orden. Así se vota en Estados Unidos.

La figura clave de estas elecciones es el Colegio Electoral de los Estados Unidos. Son los compromisarios que eligen con su voto al presidente y al vicepresidente del país. ¿Y cómo se elige a esa gente? ¿Cómo deciden el voto en esa votación? Con los resultados de las elecciones presidenciales.

Cada estado tiene un número de electores en ese colegio electoral según su población. Se suman el número de representantes y el número de senadores. El Distrito de Columbia -la capital del país-, que no es un estado, tiene tantos electores como el estado con menos electores. O sea, el menos habitado. Y no, los territorios estadounidenses, como Puerto Rico, no tienen electores. De hecho, los portorriqueños solo pueden votar si residen en un estado.

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El Colegio Electoral tiene 538 votos. Y el candidato que obtenga 270 o más de esos votos, se convierte en presidente de los Estados Unidos.

¿Y cómo se decide a quién vota cada elector? Se decide con los votos del 8 de noviembre. Y esos votos se asignan siguiendo un sistema mayoritario. Es decir, en todos los estados, menos en dos, el ganador por voto popular en todo el estado se lleva todos los electores en ese Colegio Electoral. The winner takes it all. Que en este caso es algo más que una canción de ABBA. Es cómo se conoce esta fórmula.

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En Maine y en Nebraska las cosas son algo distintas. Ahí no tienen este sistema mayoritario. Tienen un sistema llamado método de distrito congresual. Los estados tienen dos distritos. Cada distrito asigna un elector del Colegio Electoral. Y el que gane en voto popular en todo el estado, se lleva los dos electores restantes. Maine aplica este sistema desde 1972. Nebraska desde 1996.

La clave es conseguir los 270 votos que dan mayoría en el Colegio Electoral. Y esos votos se consiguen ganando estado a estado. A veces por unas decenas de miles de votos. Algunos estados son tradicionalmente de un color políticos. Así, de entrada, un candidato puede contar ya con algunos votos. Es improbable que el resultado cambie. Pero hay otros que sí cambian y que son claves para ganar una elección. Son los llamados “swing states”. Estados competitivos.

Estos estados son clave. Necesarios. Vitales. Un puñado de votos deciden el color de ese estado. En estas elecciones, Colorado, Florida, Iowa, Michigan, Nevada, New Hampshire, Carolina del Norte, Ohio, Pensilvania, Virginia y Wisconsin tienen mucho que decir. Las campañas dedican más recursos a estos estados, ponen en marcha grandes operaciones en el terreno, los bombardean con publicidad y con presencia de los líderes de los partidos.

Trump pasó el día de ayer en Colorado. Michelle Obama hizo su memorable discurso en New Hampshire. Jennifer López pedirá el voto para Hillary en un concierto en Miami… acciones de cirugía electoral para conseguir más votos. Y cuando las encuestas empiezan a marcar que ese estado no va a ser competitivo, las campañas se repliegan y envían esos recursos a otros en los que es más necesario.

Así que si todo sale según lo previsto, un candidato alcanzará los 270 votos en el Colegio Electoral y podrá ser elegido presidente o presidenta de los Estados Unidos. Pero no todo siempre sale como se espera. Y para muestra el lío constitucional de los más de 300 días de gobierno en funciones en España.

Porque ahí llegan los “y sí…”. En principio los electores de ese colegio electoral son libres para emitir su voto. No están obligados. Pero en la práctica sí. Es raro, pero es así. Se comprometen a votar por ello.

¿Y si Trump se hubiese retirado? Su nombre aparecería en la papeleta y los votantes del partido Republicano estarían votando por… ¿Trump o el candidato del GOP? ¿Y si hay un tercer candidato y nadie alcanza los 270 votos? En este caso la solución es más clara que la anterior: la Cámara de Representates elegiría al presidente. Y el Senado, al vicepresidente.

La noche del 8 de noviembre Victor d’Hondt descansará tranquilo en su tumba. Nadie se acordará de él. Quizás todas las críticas irán hacia un sistema mayoritario que puede hacer que el presidente le sea por votos electorales y no por voto popular. Es una de las asignaturas pendientes en la democracia de Estados Unidos que nunca ha conseguido cambias. Porque quizás, tampoco lo quieran cambiar.

Lee más artículos como este:

 

 

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Los 8 días de oro de Hillary Clinton

En realidad no son ocho días. Son doce. Pero si El Corte Inglés se permite el lujo de alargar sus ocho días a semanas, yo también puedo hacerlo para hablarte del momentum que le dio a Hillary Clinton el primer debate presidencial.

Los debate electorales, en esencia, mueven pocos votos. Pero uno de los efectos que tienen es cambiar estados de ánimo y percepciones sobre los candidatos. Y aunque el debate en sí no tiene porqué arrastrar muchos votos, el clima posterior sí. Por eso, escribí esto cuando el primer debate había acabado. Hoy quiero analizar lo que ha ocurrido en estos últimos doce días para entender la ventaja con la que llega Clinton al debate de mañana domingo.

Si no sigues a Nate Silver, debes hacerlo ya. Silver es un estadístico americano que en 2012 predijo el resultado electoral en los 50 estados y en la capital federal. Lo clavó. Desde su web, está analizando también esta campaña y te ofrece en tiempo real su predicción por estado y a nivel nacional. Y es un buen indicativo para ver el estado de la campaña.

El 26 de septiembre, Clinton y Trump debatían por primera vez. Y las cosas no pintaban demasiado bien para Clinton. Según Silver, sus opciones de ganar estaban en un 52% contra un 47% para Trump. Pensarás “ah bueno, pero seguía pudiendo ganar”. Y eso en realidad no es así. Si Clinton no paraba esa sangría en ese momento, podía contagiar a otros estados clave y hundirse. Un Trump vencedor de ese debate cambiaba las tornas.

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¿Por qué Hillary llegaba tan mal a ese debate? El 11 de septiembre, Clinton no solo sufre un desmayo, provoca su desplome en las encuestas. Especialmente por la gestión de la comunicación de la neumonía, los debates sobre su estado de salud y las teorías de la conspiración. Pasa del 74% de probabilidades al 52%.

Pero el debate lo cambia todo. Hillary gana por goleada. Encuentra su espacio y su tono. Rebate a Trump. Y Trump va a un debate sin preparación. La derrota es sin paliativos. En ese debate Hillary consigue insertar algo en el marco mental de la opinión pública: habla del por qué Trump no presenta su declaración de impuestos e insinúa que no los paga. Trump saca pecho y lo reconoce implícitamente. En ese momento, en varios focus groups, muchos electores muestran una gran desaprobación.

30 de septiembre. Tras una semana hablando de la declaración fiscal de Trump, se hunde en las encuestas y empieza a mostrar debilidad en varios estados clave. 2 de octubre. El New York Times publica en exclusiva una declaración fiscal de Trump del año 95 por la que podría haber estado hasta hoy sin pagar impuestos. Lidera todas las conversaciones.

4 de octubre. Hillary supera el 81% en probabilidades de ganar y el efecto se empieza a notar en estados como Ohio. Y se muestra más fuerte en swing states que estaban siendo más proclives a los demócratas.
Así llegamos a hoy, 8 de octubre, con una ventaja clara de Hillary y la imposibilidad de Trump de liderar la agenda mediática. Ni el debate entre candidatos a vicepresidente, que ganó su compañero de ticket electoral, le sirvió para recuperar algo de aliento. De hecho, ha llegado a tal punto que la discusión ahora mismo está en que Pence es el favorito republicano para la nominación en… ¡2020!

Pero si algo nos enseña Silver en su página es que un gran apoyo también se puede perder rápido. Por eso, Clinton debe elegir bien su estrategia de debate mañana. Las expectativas hacia su victoria son más grandes que el 26 de septiembre… y deberá mantenerse fiel a ellas si quiere mantener esta ventaja. Queda partido.

¿Cómo será el único debate entre los candidatos a la vicepresidencia?

Aquí tienes todo lo que necesitas saber para seguir el primer y único debate entre candidatos a la vicepresidencia de esta campaña. Te cuento cómo será el debate entre Tim Kaine y Mike Pence.

¿A qué hora empieza?

El debate empezará a las 21h (ET). O sea, la hora de la costa este en Estados Unidos. En la España peninsular serán las 3 de la madrugada. Terminará a las 4:30 hora peninsular española. 90 minutos sin anuncios.

¿Dónde se puede ver?

La mayoría de las cadenas de televisión de Estados Unidos conectarán en directo con el debate. Si tienes televisión por satélite o plataformas como Movistar TV o Vodafone TV podrás verlo en canales como CNN, Fox News o CNBC.

Además, habrá streaming en directo en Youtube.

¿Dónde se celebra?

El debate se celebra en la universidad de Longwood, en el estado de Virginia.

¿Cómo será el debate?

El debate se dividirá en nueve segmentos de aproximadamente 10 minutos cada uno. Los candidatos deberán responder a la pregunta que lance el candidato en dos minutos. Según el tiempo que quede, la moderadora dejará que los candidatos debatan más o menos en cada bloque.

¿Quién modera el debate?

La moderadora será Elaine Quijano, de la CBS News. Ya ha moderado debates durante las primarias de los dos partidos. Es la primera mujer de ascendencia asiática (Filipinas) en moderar un debate en una campaña presidencial.

¿Cómo será el escenario?

Los candidatos estarán sentados en la misma mesa, con la moderadora.

Te dejo este vídeo en el que te cuento cosas del debate:

¿Por qué funcionan los anuncios electorales en Estados Unidos?

En 2004, un spot electoral directo a la yugular de John Kerry le costó las elecciones. En 2008, un vídeo musical de Barack Obama le ayudó a conectar con millones de personas. En 1964, un spot electoral hizo que todo un país votara por miedo. En Estados Unidos los spots electorales son algo más que un soporte publicitario. Son auténticas armas en una guerra sin cuartel. ¿Por qué funcionan los spots en Estados Unidos y en España no dejan de ser un compromiso?

Los anuncios electorales son básicos en una campaña electoral en Estados Unidos. Son algo más que un ritual. Son armas. Armas para doblegar al enemigo y llevarse el mayor botín de guerra: sus votos. Y eso es así porque en Estados Unidos se dan tres cuestiones que no se dan en nuestro país. En primer lugar, son parte central de la estrategia de campaña. En segundo lugar, por la liberalización de los espacios comerciales. Y en tercer lugar, porque en una campaña presidencial se mueve mucho, mucho dinero.

Los anuncios son parte de la estrategia. No del ritual de campaña. Los anuncios se entienden como munición de ataque y de construcción de liderazgo. Se administran. Tanto en tiempo como en forma y lugar. Las campañas identifican en qué estados se lo están jugando todo y aplican una estrategia casi quirúrgica. Emitir anuncios en los estados clave, en las horas clave y segmentándolos para las audiencias clave. Y se emiten en el momento adecuado. Por ejemplo, en las últimas semanas Donald Trump ha expresado en más de una ocasión que su campaña está en mejor forma que la de Clinton porque aún no ha tenido que gastar dinero en anuncios y que lo hará cuando la campaña esté más avanzada.

Este primer factor no sería posible sin la liberalización existente en los espacios comerciales. En España, los spots electorales solo se pueden emitir en los bloques de publicidad electoral de las televisiones públicas. Y esos bloques están reglados y se reparten en base al resultado electoral en las elecciones anteriores. Un partido no puede comprar un espacio de publicidad en Telecinco durante la emisión de un Sálvame Deluxe para tener un spot de 30 segundos contando por qué deben votarle.

En Estados Unidos, las campañas pueden anunciarse en las cadenas que quieran y cuando quieran. No hay límite de tiempo. Un spot puede emitirse durante las primarias. E incluso el día de las elecciones. Eso sí, los spots deben ir firmados. Se debe informar de quién paga el anuncio. Así, los anuncios oficiales pagados por la campaña incluyen un rótulo en el que dice que ha sido pagado por la campaña: “Paid for by Hillary for America”. Y el candidato graba un pequeño mensaje “I’m Mitt Romney and I approve this message”.

En España, solo en las televisiones públicas, en bloques electorales y durante los días de campaña se pueden emitir los spots. Durante el día de reflexión y la jornada electoral están prohibidos. Los spots sólo pueden ser oficiales y de la campaña.

Y eso vale dinero. Muchísimo dinero. Las campañas son máquinas perfectamente engrasadas para conseguir fondos que se destinan en una gran proporción para pagar anuncios en televisión. No hay nada más caro como la publicidad en televisión. Pero, a día de hoy, es efectivo.

Estos factores llevan a las campañas electorales en Estados Unidos a una explosión de creatividad y de efectividad. Si un spot debe servir a un objetivo concreto, puede emitirse en el momento en el que la campaña lo decide y cuesta dinero, esos anuncios son buenos. Muy buenos.

Pero llevan a algo más: los spots alimentan el ciclo de información política. Antes de Youtube, la viralidad se conseguía hablando de ellos en las noticias. Un spot hace que los periodistas hablen de él, de lo que quería y del mensaje que lleva. Y eso amplifica su efecto. Por ejemplo, durante la campaña presidencial de 2004 en la que el actual secretario de Estado John Kerry se enfrentó a Bush, el spot pagado por una asociación de veteranos de guerra favorable a Bush puso en duda su lealtad a sus compañeros soldados y eso nubló su campaña. Llevó a que el electorado se preguntara si podía ser comandante en jefe.

Este tipo de modelo también lleva a una gran cantidad de estilos en los anuncios electorales. Desde anuncios negativos, a otros en tono de humor o de construcción del candidato. Pero no da pie a monólogos sin sentido del candidato, a bellas construcciones poéticas o alardes musicales. Los spots deben ser efectivos. Porque son caros. Y porque están pensados para quién los consume.

Por eso los anuncios electorales funcionan en Estados Unidos. Por eso son tan importantes. Por eso, los amantes de la publicidad y la comunicación los observamos con detenimiento. Y por eso algunos seguimos pensando que en España tenemos mucho por hacer.

¿Quién organiza los debates presidenciales en Estados Unidos?

Empieza lo bueno. Mañana tendrá lugar en la Universidad de Hofstra, en el estado de Nueva York, el primer debate presidencial entre Clinton y Trump. En estas elecciones, los candidatos de los dos grandes partidos se enfrentarán tres veces. Pero… ¿Quién organiza estos debates?

Desde 1988, los debates presidenciales son organizados por la Comisión de Debates Presidenciales (Commission on Presidential Debates, o CPD). Esta comisión promueve y produce los debates entre los candidatos a la presidencia y a la vicepresidencia.

La CPD es una organización sin ánimo de lucro, controlada por los dos grandes partidos y financiada a través de donaciones de empresas y de particulares. Su misión es precisamente esa, la de organizar los debates en tanto que son “a permanent part of every general election” y que con los debates lo que quieren es “provide the best possible information to viewers and listeners”.

Según la propia CPD, la comisión surge para asegurar que los electores tienen la oportunidad de escuchar a los principales candidates debatir durante la campaña. Para ello, debemos remontarnos un poco a la historia de los debates en Estados Unidos. Tras los famosos debates entre Nixon y Kennedy en 1960, hubo un parón hasta 1976, cuando los candidatos volvieron a debatir.

Entre 1976 y 1984 la incertidumbre reina en cada elección. Algo parecido a lo que pasa en España. Todo estaba sujeto a las estrategia de los partidos y la celebración de los debates estaba en el aire hasta el último momento. Por ello, en 1987 se crea la CPD para asegurar que los debates podrán ser organizados en cada elección más allá de las estrategias de los partidos.

Todos los debates -menos tres- se han celebrado en universidades. En la universidad que más debates se han celebrado es la Washington University en St. Louis. Las sedes se deciden un año antes de la celebración de los debates y la CPD las elige respecto a las sedes candidatas que se presentan al proceso. Así, durante un año, se pueden preparar todos los detalles logísticos y de seguridad. Imprescindible leer este artículo de María Ramírez sobre los costes del debate, que paga la Universidad.

Hay mucha controversia sobre por qué sólo suelen participar los candidatos de los dos grandes partidos en los debates. Solo en 1992 los debates contaron con un tercer candidato, fue Ross Perot, candidato independiente. La razón que esgrime la CPD es que se invitan a los candidatos de los partidos que tengan más del 15% del voto en cinco encuestas electorales nacionales. Esta regla se aplica desde el año 2000.

Los debates en estas elecciones se celebrarán de la siguiente manera:

  • 26 de septiembre, debate presidencial en Hofstra University (Hempstead, New York)
  • 4 de octubre, debate de candidatos a la vicepresidencia en Longwood University (Farmville, Virginia)
  • 9 de octubre, debate presidencial en la Washington University en St. Louis (St. Louis, Missouri)
  • 19 de octubre, debate presidencial en la University of Las Vegas (Las Vegas, Nevada)

 

La CPD asegura la continuidad de los debates y tiene la fuerza suficiente como para asegurar que los debates se den y en abundancia. Una fórmula exportable para asegurar que los ciudadanos y las ciudadanas puedan ver, con toda seguridad, a los candidatos debatir en unas elecciones.

¿Qué hacen los candidatos en una feria de granjeros?

Si lo tuyo es la ciudad, te gusta el cine en versión original y quieres que te cobren una millonada por un corte de pelo, no se te ha perdido nada en Iowa. Si encima eres multimillonario, tienes jet privado o te has pasado tu vida en los despachos del poder de Washington, en Iowa estás más perdido que Wally. Pero si tu intención es ser presidente de Estados Unidos en 2016 o, como mínimo, conseguir la nominación de tu partido, eres un temerario si no estás en Iowa y sí en Martha’s Vineyard.

Iowa es un estado del Medio Oeste, del bastión de voto conservador, de misa dominical, tractor y cerveza, nada de gintonic. Es un estado agrícola -para que te hagas una idea, es el mayor productor de soja y etanol de los Estados Unidos- y es muy pequeño. Apenas llega a los tres millones de habitantes. Elige a 7 votos del colegio electoral que nombra al presidente. California da 55. Como comprenderás, su peso para elegir al próximo presidente es mínimo. Pero pese a ello, todo gira alrededor de Iowa.

¿Por qué? Muy sencillo: Iowa es el primer estado en celebrar primarias. Y aunque su peso en delegados para los candidatos es mínimo, ganar en Iowa te puede dar el empujón necesario para ganar la nominación. Por ello, la mayoría de las candidaturas llevan meses trabajando en este estado y los meses de verano nos permiten verlo en su máximo apogeo.

Y ahí es donde entra en juego la feria del estado. Estos días se está celebrando este evento en la capital del estado, Des Moines. Se espera la presencia de más de un millón de visitantes -y te recuerdo que la población del estado no llega a tres- y de entre todos ellos, la presencia de todos los candidatos a la presidencia por ambos partidos.

Las campañas usan este momento para hablar con todo el mundo y conseguir apoyos de cara a las primarias de enero. Hace unos meses te hablaba de cómo funcionan esas primarias y por ello es tan importante tener gente en el terreno, que los ciudadanos de Iowa puedan ver, sentir, tocar y hasta oler a los candidatos. Porque en las primarias, un solo voto puede fastidiarlo todo.

Por ello, estos días podemos ver a los hijos de la aristocracia política, los candidatos más ricos o a los más socialistas arengando a los ciudadanos del estado en busca de su apoyo. Y de su dinero. Porque es un momento propicio para conseguir más donaciones para sostener sus campañas. Y eso convierte a una feria de granjeros en un acto político de primer nivel en Estados Unidos.

Pero más allá de la importancia estratégica para las campañas, la feria también tiene su importancia por todo lo que la política supone en la época del infotainment. Todos los medios están buscando un error, un enfrentamiento o una oportunidad única para llenar horas de emisión. Y en la feria, a veces, ocurre.

Para la periodista de ese estado, O. Kay Henderson, todos los candidatos deben llevar dinero en el bolsillo, porque no van a entrar gratis. Y una vez dentro verán como su mundo y el de los granjeros son como agua y aceite. No es un público fácil y muchas veces se han visto enfrentamientos entre la gente y los candidatos. Mitt Romney lo sufrió dos veces.

Las primarias no se ganan en enero. La gran presencia de candidatos es muestro de ello. Las máquinas electorales van a todo ritmo y esto ya no lo hay quien lo pare.

Un año para Iowa

No es por agobiar a nadie, pero la carrera presidencial de 2016 se pone seria. Y es que, si no se adelanta ningún estado -que todo puede pasar- y no hay cambios en las previsiones, en un año estaremos presenciando ya el pistoletazo de salida de las primarias en Estados Unidos. Primera parada, Iowa.

Según las previsiones, el lunes 18 de enero de 2016 el estado de Iowa será el primero. Aunque cabe recordar que en las primarias de 2008 y 2012 el caucus en este estado se adelantó varios días, justo al inicio del año. Ese día conoceremos qué candidato o candidata de los dos grandes partidos se lleva los delegados de ese estado.

El hecho de que hable de este estado en este artículo no es casualidad. Iowa es el primer estado en decidir sus delegados. De hecho, de 1972 se ha convertido en un acto político de primer orden en Estados Unidos. El mundo entero mira a Iowa en año electoral. Y eso que los ciudadanos de este frío estado solo deciden un 1% de todos los delegados en las convenciones de los partidos.

¿Por qué es importante Iowa, pues? Precisamente por el poder mediático y de tracción que tiene para las campañas. La apuesta estratégica de Obama, por aquel entonces un candidato prometedor pero poco probable, era ganar en Iowa para conseguir el empujón mediático que necesitaba. Pero ni todos los candidatos que ganan en Iowa consiguen la nominación ni todos los que consiguen ganar en Iowa consiguen la presidencia.

Por ejemplo, desde 1972 Carter, Mondale, Kerry, Obama, Dole y George W. Bush consiguieron ganar en Iowa y la nominación de sus partidos. Solo Carter, George W. Bush y Obama también llegaron a la presidencia. Iowa nos deja cosas curiosas, como el 2,8% de los votos conseguido por Clinton en 1992.

Iowa no es solo el primer estado en abrir el melón de la carrera por la nominación presidencial, es uno de los pocos estados en elegir a sus delegados mediante caucus (asamblea). Los caucus no es un modo de elección tradicional con papeletas y urnas. Lo que ocurre en ellos es que los partidos reúnen a la gente que apoya a los diferentes candidatos. Y, siguiendo una fórmula matemática, se asignan los delegados por la cantidad de apoyos recibidos.

¿Cómo es el caucus republicano? Los votantes de las primarias republicanas votan en una papeleta en blanco, donde ponen el nombre del candidato al que apoyan después de haber escuchado sus ideas.

¿Y los demócratas? Es algo más complicado. Los ciudadanos se sitúan en la parte de la sala donde está su candidato (o sus representantes, que los candidatos no están en todas las salas, aún no tienen el don de la ubicuidad). Tras ello, se abre un turno de 30 minutos en los que los activistas de cada campaña intentan convencer a sus vecinos para que apoyen a su candidato, esfuerzos dirigidos especialmente a los indecisos que ocupan un espacio en la sala. Tras esos 30 minutos, se cuentan los apoyos a cada candidato. Tras ello, se abre otra ventana de 30 minutos para que las personas que apoyan a los candidatos con menos apoyos puedan, si quieren, apoyar a candidatos más viables. Esa es la gran diferencia con una elección primaria tradicional.

Los equipos de los futuros candidatos ya están pensando en Iowa. Ya están vislumbrando el calendario y ya saben lo que tienen que hacer. Aunque muchos de ellos aún no hayan anunciando que se presentan a las primarias. Queda un año para Iowa. Un año para que empiece el espectáculo.

El discurso inaugural más corto de la historia

El 4 de marzo de 1793, en el Independence Hall de Filadelfia, George Washington tomó posesión de su cargo por segunda vez. Antes de jurar el cargo, se dirigió a los asistentes en el que es el discurso más corto de la historia: tiene solo 135 palabras.

¿Por qué tan corto? Para algunos historiadores, los motivos podrían ser el propio hecho de tener que volver a pasar por una ceremonia así. Washington preguntó a su gabinete si era necesario acudir. La brevedad y, especialmente, el tono del discurso hace pensar que refleja también los sentimientos de Washington por verse forzado a permanecer en el poder cuatro años más.

La segunda toma de posesión fue rápida, directa y nada pomposa. Tras jurar el cargo por segunda vez, volvió a su residencia. Este es el discurso:

Fellow Citizens:
I am again called upon by the voice of my country to execute the functions of its Chief Magistrate. When the occasion proper for it shall arrive, I shall endeavor to express the high sense I entertain of this distinguished honor, and of the confidence which has been reposed in me by the people of united America.
Previous to the execution of any official act of the President the Constitution requires an oath of office. This oath I am now about to take, and in your presence: That if it shall be found during my administration of the Government I have in any instance violated willingly or knowingly the injunctions thereof, I may (besides incurring constitutional punishment) be subject to the upbraidings of all who are now witnesses of the present solemn ceremony.

Las primeras veces de la toma de posesión

Tras más de 200 años celebrando tomas de posesión, muchas cosas han cambiado. Siempre ha habido una primera vez para algo. En esta lista, vemos algunos de los cambios que se han ido produciendo a lo largo de los siglos:

  • George Washington fue el primer presidente en tomar posesión del cargo. Lo hizo en Nueva York.
  • George Washington también fue el primer presidente en tomar posesión del cargo en Filadelfia. Y el primero en hacerlo en dos ciudades.
  • Franklin D. Roosevelt fue el primero en tomar posesión un 20 de enero. Y el último en hacerlo un 4 de marzo.
  • Obama será el primer presidente en jurar el cargo cuatro veces: dos en 2009 por un error y dos en 2013 al caer en domingo el 20 de enero. Ya lo comentamos en este post.
  • Thomas Jefferson fue el primer presidente en tomar posesión del cargo en el Capitolio.
  • Jefferson fue el primer y único presidente en llegar al Capitolio a pie.
  • La US Marine Band tocó por primera vez en una toma de posesión en la de Thomas Jefferson.
  • La primera vez que la Inauguration se celebró en las escalinatas del West Portico fue con Ronald Reagan.
  • El primer presidente en invitar a un poeta a su toma de posesión fue JFK.
  • El primer baile inaugural fue en la toma de posesión de James Madison.
  • La primera vez que participaron personas negras en el desfile de la toma de posesión fue en 1865 en la de Abraham Lincoln.
  • La primera vez que participaron representantes del movimiento LGTB en el desfile inaugural fue en la primera toma de posesión de Obama en 2009.
  • La primera toma de posesión emitida por radio a nivel nacional fue la de Calvin Coolidge.
  • La toma de posesión de Harry S. Truman fue la primera televisada.
  • La primera vez que se emitió en directo por streaming en internet una toma de posesión fue la de Bill Clinton en 1997.
  • La toma de posesión de William Howard Taft en 1909 fue la primera, de las ceremonias concebidas para exterior, en tener que celebrarse en el interior por las condiciones climatológicas adversas
  • Desde la toma de posesión de John Adams, ningún presidente del Tribunal Supremo ha faltado a la cita.
  • Un comité especial del Congreso con miembros de ambas cámaras organiza las tomas de posesión desde 1901.
  • Franklin D. Roosevelt fue el primer y único presidente en dar su discurso inaugural desde la Casa Blanca.
  • El primer presidente en no asistir a la toma de posesión de su sucesor fue John Adams, que no fue a la de Jefferson.
  • En 1937 las tomas de posesión del presidente y vicepresidente tuvieron lugar en la misma ceremonia.
  • George Washington fue el primer presidente en añadir las palabras “So help me God” al juramento.
  • Franklin Pierce fue el primer y único presidente en prometer el cargo y no jurarlo.
  • William McKinley fue el primer presidente en dar su discurso después de tomar juramento.
  • Desde la toma de posesión de Eisenhower en 1953, se ofrece una comida en honor al Presidente en el Congreso.
  • Desde la segunda toma de posesión de Jefferson en 1805, tras la toma de posesión el presidente desfila hacia la Casa Blanca por la avenida de Pensilvania.