El pasodoble de Esperanza Aguirre

Que San Isidro caiga siempre en campaña electoral es un accidente de esos que dan situaciones de foso de la orquesta, como diría Daniel Ureña. Para muestra, las noticias que ha llenado la jornada. La pradera de la ermita del santo es el lugar clave en el que los líderes políticos deben estar un día como ayer. Dejarse ver, dejarse tocar. Tomás Gómez y Esperanza Aguirre y los candidatos de IU lo hicieron, y pude acompañar a la presidenta de la Comunidad de Madrid.

Con salida prevista en Chamberí, la comitiva de cuatro autobuses esperaba a la presidenta. Casi una quincena de chulapas –concejalas y futuras concejalas- ensayan una versión del pasodoble “Los nardos”. Será la banda sonora de la jornada. La letra ensalza a Aguirre y arremete contra Gómez y Zapatero.

“Váyase, de aquí señor Gómez, nadie le quiere ni ver, dijo que en Madrid haría lo que por España hizo ZP. Vote a Esperanza Aguirre si es que quiere mejorar. Si le da su confianza salir de la crisis no va costar na”. Al hilo de la canción, llega la presidenta cargada con dos bandejas de las tradicionales rosquillas. Las ofrece a la prensa antes del canutazo en el que es preguntada por los carteles que el PP de Madrid está usando, centrados en publicidad negativa hacia el PSM y que no firmaba el partido. En línea con el pasodoble. No cuenta nada nuevo: tras la resolución de la Junta Electoral, el partido los firmará.

Saluda a las chulapas y no puede escucharlas cantar. Llegamos tarde a la pradera. Hay tiempo para que la presidenta salude a su madre y suban juntas al autobús. La comitiva sale. Con retraso, pero sale. Madrid Río está a rebosar. Algún comentario de la gente de comunicación del partido hacia la obra se siente en el autobús, que apenas avanza.

La pradera está a rebosar. Son más de la una de la tarde y la comitiva aparca como puede. En nada, decenas de curiosos y medios de comunicación rodean la puerta del autobús. La presidenta sale entre vítores de “¡guapa!”, “¡presidenta!” y cánticos a favor del partido que Aguirre intenta acallar para poder atender a los medios. Una madre con sus dos hijos a cuesta le exige que pague el turno de oficio. No será la primera ni la última voz discordante durante la jornada.

El avance hacia la ermita es lento y pesado. Es un auténtico baño de masas. Aguirre se deja fotografiar, tocar, besar… La rodean voluntarios que reparten chapas, piruletas azules y fotografías. Todo funciona como un calculado engranaje, solo demorado por los seguidores que se acercan. La jefa de prensa sufre para poder ordenar el trabajo de los medios ante las protestas de señoras ataviadas de chulapa que exigen su momento con la presidenta.

En la ermita la comitiva recobra algo de fuerzas, sin la presión de la marea de curiosos. Aguirre rehúsa la invitación a ir a visitar al santo sin hacer la pertinente cola y solo toma agua de la fuente en la sacristía. Las chulapas la esperan en el patio y saluda a los medios desde la estancia. Vuelven, por enésima vez, a entonar el pasodoble.

“¿Y Esperanza Aguirre no ha venido este año?” pregunta una señora que avanza a duras penas con su bastón. No se ha dado cuenta está en frente de la melé en la que se encuentra la presidenta. Me despido del equipo de comunicación del PP de Madrid y sale la señora, orgullosa, a nuestro encuentro. “Ya la he saludado. Y le he hecho una foto con el móvil”. Sigue el pasodoble. Marcando el ritmo hacia las urnas.

Los daños colaterales del desfile

Abucheos, broncas y ausencias. Esas parecen ser las tres tradiciones del desfile militar que se celebra cada 12 de octubre en el Paseo de la Castellana de Madrid. Tres tradiciones políticas que son los daños colaterales de la principal celebración del día nacional: lo que ocurre en las aceras del paseo, allí donde no llega el asfalto ni el paso de los ejércitos, tiene sus efectos políticos.

¡Zapatero dimisión!

Un año más, y ya van seis, el presidente Zapatero ha sido abucheado en el desfile militar del 12 de Octubre. Es ya una tradición más, como la de ver a la cabra o carnero de la Legión desfilando, la llegada de la bandera desde el cielo o ver las nubes madrileñas teñidas de rojo y gualda. Una tradición que se ha impuesto. O como el presidente afirma, “forma parte del guión”.

No le falta razón al presidente: los abucheos son algo por lo que los políticos, de todos los colores políticos, pasan tarde o temprano. A lo largo de la vida política son muchas las situaciones en las que un dirigente se ve rodeado por una tosca banda sonora de desaprobación. Y además, acaba copando los titulares de la prensa.
Una sonora bronca a un dirigente, y más si este es jefe de Estado o de Gobierno, lleva implícita otro sonoro impacto en los medios. Le ha pasado a todo hijo de vecino, bueno, a todo presidente, ministro, consejero, concejal… Y todos se han visto en la tesitura de dar respuesta a esa pitada. Esa segunda oleada es más imprevisible, la primera arrecia; la segunda puede no hacerlo.

El presidente del Gobierno cuenta con dos aspectos a su favor para encarar lo que pueda venir ahora en los medios y la opinión pública tras lo sucedido ayer en la Plaza de Lima. El primero, el descontento del Rey y el Príncipe por lo ocurrido. Lo ocurrido tiene trascendencia política, pero la oposición ser va a ver limitada en su capacidad de explotar el caso por ese disgusto personal del Jefe del Estado.

El segundo, la tradición. Las pitadas en el 12 de Octubre son ya habituales. La opinión pública está ya algo anestesiada ante un hecho predecible y habitual. Precisamente la sorpresa es algo necesario en la guerra de guerrillas en la que puede convertirse un acto de oposición y protesta. Lo de ayer era todo menos una sorpresa.

La bronca en la final de la Copa del Rey de 2009, las caceroladas en España por su participación en la guerra de Irak, las protestas en Oviedo contra Aznar… fueron actos que no sólo se colaron en los medios por el hecho de la protesta, sino que tuvieron más efecto por la sorpresa que generaron. Las del 12 de Octubre son de todo menos novedosas.

Aunque el efecto pueda ser limitado, nadie duda del enorme espacio que han conseguido hoy… como en otros años. Son una forma de expresión más y como tal, tiene su peso político.

Conversaciones poco privadas

La espera a la llegada de los Reyes, los corrillos que se forman a su partida o los que acaban creándose en la recepción del Palacio Real son espacios perfectos para generar hechos relevantes para la opinión pública en forma de confesiones, conversaciones pilladas al vuelo o retos poco difíciles para ávidos lectores de labios. Este año los protagonistas han sido el presidente Zapatero y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón.

El dirigente popular recriminó al jefe del ejecutivo la situación “asfixiante” en financiación local. Adjetivo que ya usó hace unos años Esperanza Aguirre en el desfile, cuando recriminó a Pasqual Maragall, por aquel entonces president de la Generalitat, el “intervencionismo” del Estatut que el Parlament de Catalunya había aprobado días antes, el 30 de septiembre de 2005.

La jornada de ayer también dejó uno de esos momentos de micrófono abierto, cuando la ministra Chacón comentó con los Duques de Palma que el tiempo había respetado la celebración del desfile. Sin más trascendencia. Sí la tendrá la de Gallardón… ¿O es casual que el día en qué más cámaras se fijan en estos detalles sea Gallardón y no Rajoy o Aguirre los que pongan el presidente en entredicho?

Banderas y ausencias

Si las banderas de estados invitados al desfile ya fueron noticia en 2003, cuando un Zapatero líder de la oposición no se levantó al paso del estandarte norteamericano por su rechazo a la guerra de Irak, ayer lo volvieron a ser. Como lo fueron también en 2006, cuando con Zapatero como presidente, la bandera de Estados Unidos volvió a desfilar por la Castellana.

Ayer el protagonista fue el abanderado de Venezuela, cuya indisposición supuso no contar con la bandera de este país entre el resto de estandartes de repúblicas latinoamericanas que celebran este año el bicentenario de su independencia, como México o Colombia. La ausencia de Venezuela, tras la tensión de estas últimas semanas a propósito de la cobertura a terroristas de ETA en el país bolivariano, es un plantón en toda regla de Chávez.

Aunque en cada desfile hay otro tipo de ausencias –y por ende, presencias- que hacen correr ríos de tinta. El president de la Generalitat era un ausente a este tipo de desfiles hasta la llegada a la presidencia de Pasqual Maragall. José Montilla, ahora en el cargo y ex ministro del Gobierno, ha seguido asistiendo -con algunas ausencias durante el mandato- y ayer no fue una excepción. Esta presencia ha disgustado a sus socios de gobierno y ha marcado aún más el perfil españolista que está adoptando el PSC en esta pre campaña, en contraposición a CiU.

El lehendakari vasco también es un habitual ausente. Lo era con el PNV en el gobierno y también lo es con el PSE. Patxi López no asistió en 2009 ni lo hizo ayer… aunque eso no tengo el mismo peso en los medios nacionales que las ausencias de Ibarretxe. Faltaron también los presidentes de Murcia, Andalucía, Baleares, La Rioja y Canarias. Una ausencia y una presencia dicen, políticamente, tanto con un solo gesto…

Tal y como un general suele despedir al Rey, todo transcurrió “sin novedad, Señor”.

¡Vótame, GILIPOLLAS!

“Pobre imbécil” fue el modo en que el presidente de la República Francesa, Nicolás Sarkozy, se dirigió a un asistente al Salón de la Agricultura, una de las citas más importantes del sector y que tradicionalmente es inaugurado por el jefe del Estado galo. Ese insulto ponía en evidencia las pasiones de Sarkozy. Uno de sus puntos fuertes que, a veces, se le vuelve en contra. Fue esa imagen de duro y directo la que le llevó a la presidencia, pero también es fuente de animadversiones. Pero lo de Sarkozy no es lo habitual. Los políticos no suelen insultar en vivo y en directo a sus votantes. Saben lo mucho que se juegan. Entonces, ¿por qué se atreven a hacerlo en el mundo online?

España se acababa de declarar campeona del mundo. Habían pasado pocos minutos y el líder de Ciutadans, Albert Rivera, interpeló directamente a un usuario catalán por su apoyo a la selección holandesa; como queriendo decir “jódete”. Y ha tenido más de una conversación insultante con otros usarios –nota para el lector: conmigo Rivera siempre ha tenido un trato muy correcto, que conste-. El PNV de Gasteiz también salió con una lindeza llamando “puto” e “hijo de puta” a un usuario y alertando que ese “puto usuario” quería torpedearlos. Y el PP de Madrid tampoco estuvo ajeno al enfrentamiento durante la huelga del metro de Madrid, acusando a un usuario de sinvergüenza. Ejemplos de cómo partidos y políticos se enfrentan a ciudadanos de a pie sin pensar en las consecuencias de ello. Aunque bueno, no es algo exclusivo de la política: en su día el Twitter oficial de Pepsi dedicó un #FF a los afectados del famoso fantongo para hacer ataque y burla directa de su competidor…

Vayamos al centro de la cuestión: ¿por qué en Internet los políticos no rinden cuentas de los insultos y en los medios tradicionales sí? Cuando Esperanza Aguirre llamó “hijoputa” a Ruiz-Gallardón –aunque la presidenta aseguró que el insulto iba dirigido a un ex consejero de Caja Madrid- lo hizo sin saber que su conversación estaba siendo recogida por un micrófono. Tampoco se dio cuenta Gordon Brown en las pasadas elecciones británicas cuando ofendió a una pensionista. Esa suele ser la tónica: cuando un insulto de los líderes llega a portada, suele serlo por un descuido, un calentón del momento. O al menos a esa tabla se acogen los afectados. En Internet, ni piden perdón.

Lo curioso del caso es que, en Internet, los insultos aparecen de forma concienzuda y tras pasar el filtro imprescindible de escribirlo con nuestras propias manos. Lo hemos pensado. No es un calentón. Será, quizás, ¿que seguimos creyendo que esto de Internet no llega a nadie? Pues seguramente será: mientras se invierten millones en estrategias online, la imagen y la credibilidad de un político puede desvanecerse en un segundo por un calentón que se deja por escrito.

Ahora los “pobres imbéciles”, como diría Sarkozy, son precisamente los que emiten el insulto, no los que los reciben. Usuarios que entienden mejor que sus interlocutores lo que supone participar de las conversaciones de la Red. En realidad, la cuestión no es si entienden o no el medio. La cuestión es el necesario respeto de nuestros políticos a los ciudadanos de a pie. Aunque sean pesados. O no piensen como nosotros. El insulto 2.0 les sale gratis… y no piden ni perdón. No entienden el medio… ni el servicio a la comunidad.

Blanco, el ministro brujo que sabía de comunicación

Muchas personas en este país, especialmente aquellos que se sientan diariamente en una tertulia de las que no escasean en radio y televisión, no acabaron de digerir eso de ver a un ministro sin estudios universitarios al frente de una cartera tan importante como la de Fomento. Las infraestructuras del país en manos de un bachiller al que, para más inri, apodaban brujo, o bruxo de Palas de Rei. No lo acababan de ver. Aunque al cabo de muy poco tiempo, su opinión cambió. ¿Fue cosa de la magia?

En realidad, la única magia que ha aplicado el gallego ha sido entender lo que supone ser ministro. Y actuar como tal. Desde el primer día, se puso el traje de miembro del Consejo de Ministros y no ha cesado en su empeño por ser lo más parecido a la imagen que los españoles esperan de un ministro. Como bien apuntaba Pau Canaleta a las pocas semanas de su nombramiento, Blanco cambió su manera de vestir. Pero también desde ese momento empezó a tejer su propia historia personal.

Pero quizás la parte que algunos podrían considerar magia negra –aunque sólo es entender el valor estratégico de la comunicación- es su dominio del relato. Un relato con un protagonista –el ministro- y un antagonista –los controladores aéreos-. Un relato con episodios –en enero ya tuvo su gran enfrentamiento, cuando les acusó de ser una casta laboral-, una historia que avanza y que ahora llega a su momento clave: la supuesta huelga encubierta en plenas vacaciones.

Y justo en esa situación aparece la magia de la comunicación en estado puro. El farol –o no, ya veremos si llega a cumplirse- de la movilización del ejército para cubrir los puestos de esos controladores que están faltando a su puesto de trabajo y están fastidiando los pocos días de descanso de muchos españoles en un año especialmente gris por la situación económica. Ahí, justo ahí, la gran metáfora del sacrificio del ministro en aras del bien de los ciudadanos que sólo quieren llegar a su destino.

Así se forja un mito. Quizás el gallego se haya inspirado en el presidente Reagan, que en agosto del año 1981 llegó a despedir de forma fulminante a los casi 11.400 controladores aéreos que habían declarado una huelga ilegal.

Blanco aplica además lo que tan bien resume Luntz: no es lo que dices, es lo que la gente oye. O en este caso, no es lo que haces, es lo que la gente ve que haces. Y ante una huelga encubierta cuando todos deseamos ir de viaje durante nuestras vacaciones, nos es muy fácil ponernos en la piel del ministro y apoyarle. Aunque los controladores digan que su propuesta no es viable.

Es curioso porque Blanco comparte ese don por el relato personal con otra de las personalidades que mejor dominan la escena política y de la comunicación, Esperanza Aguirre. La presidenta también sufrió una huelga, aunque su reacción no está en la misma división que la del ministro. Aguirre tiene la suerte de tener una oposición débil y el dominio de la opinión pública que tapó algunos de los aspectos más polémicos de la huelga del Metro de Madrid, como la falta de previsión ante el parón general o la triste realidad que la huelga ha costado más dinero que el recorte que la presidenta proponía.

Quizás el relato tenga un final feliz para Blanco. Como en los cuentos, quizás consiga ser el inquilino de Moncloa –o al menos eso creen muchos-. Pero más allá del resultado, la realidad es que Blanco demuestra tener algo que no todos los ministros y políticos con carreras universitarias tienen: olfato político e inteligencia emocional. El ex ministro Boyer decía hace unas semanas que a este ritmo sólo llegarían al poder ministros analfabetos. Blanco no será universitario pero demuestra estar más que alfabetizado en la gestión de situaciones tensas y difíciles. Algo que no se aprende en muchas aulas. Quizás por ello, hoy ya nadie cuestiona al héroe de la historia.

¿En qué momento se jodió nuestro Perú?

Mi amigo Pau Canaleta suele usar una de las frases más famosas de la política peruana para referirse a ese momento en que una situación parece haber perdido el norte. “¿En qué momento se jodió el Perú?” es la frase que Mario Vargas Llosa puso en boca de los personajes de Conversación en la Catedral y que podría aplicar perfectamente para la situación política en España.

¿En qué momento se jodió nuestro Perú? ¿Cuándo se hizo de la insubordinación la manera de hacer y comunicar la política en este país? Esa parece ser la pregunta que deberíamos hacernos a estas alturas a cuenta de la oposición que ejerce el Partido Popular, instalada en la inaplicación constante de varias leyes. Pero quizás antes deberíamos cuestionarnos en qué momento dejamos de creer que cumplir las reglas del juego era importante.

Desconozco cuál fue ese momento. Sólo sé que salió rentable. Al menos políticamente. Quizás la bronca en la que estamos instalados, la polarización de la política y la dificultad de tender puentes, pero sobretodo de entender que en democracia la mayoría gana; nos han llevado a caer en la tentación de creer que conductas antidemocráticas se pueden aceptar si se hace daño al adversario.

Los estrategas del Partido Popular podrán creer que instalarse en el torpedeo casi automático a todo lo que aprueban las Cortes –donde no tienen mayoría-, es la mejor manera de llevar a Rajoy a Moncloa. Las encuestas, más por otras cosas que por esta, les dan la razón. Pero llegarán habiendo jodido el Perú. Nuestro Perú.

Y este Perú nuestro particular lo jodimos cuando ante la insubordinación, no apareció una desaprobación mayoritaria. Cuando la gente decidió no censurar algo que no puede permitirse en democracia: pasar de las reglas del juego.

Los presidentes autonómicos insumisos, ya sea con la interrupción voluntaria del embarazo, los ordenadores en las aulas u otros ejemplos, hacen un flaco favor a la democracia mientras apuntalan sus liderazgos. Como estrategia de comunicación no tiene parangón: nuestro Perú está tan jodido que sólo vemos fortaleza donde en realidad está la cobardía de no aceptar la regla de la mayoría.

La huelga de Tomás Gómez

“Pues la Esperanza los tiene muy bien puestos” decía una mujer que debe disfrutar de su jubilación desde hace no más de dos o tres años. “Yo, la verdad, no voté a Mariano en las pasadas elecciones porque quería que le echaran. A ver si subía ésta.” Añadía otra. La tercera mujer que esperaba en el hall de un hotel madrileño hace unas semanas saltó con un interesante análisis, “A mí me dicen: esto lo ha dicho el PP. Y luego escucho a Aguirre y dice otra distinta. Y mira que a mi ella no me gustaba. Pero habla claro. Cada día me gusta más, oye”.

La muestra es pequeñísima, sin duda, pero es una muestra de lo que se comenta en muchos mentideros de Madrid: nadie en el PSOE o el PSM parece estar en disposición de toser a la Lideresa. La Presidenta. Nadie le hace sombra al otro lado y ni los graves casos de corrupción como la trama Gürtel –de la que se ha autodenominado descubridora- o la polémica de los espías han conseguido despeinarla. Y mucho menos lo va a conseguir la huelga de los trabajadores de Metro de Madrid.

Porque lo que ha ocurrido esta semana en Madrid es lo suficientemente grave como para cuestionar a fondo la gestión de Esperanza Aguirre y su Gobierno. Sí, la huelga ha sido salvaje. Sí, los trabajadores se han pasado por la torera los servicios mínimos y han hecho la vida muy difícil a millones de madrileños, yo incluido. Pero precisamente ese halo de la presidenta, ese carisma y ese control férreo de su imagen, sus acciones y sus declaraciones hacen que los únicos culpables sean los empleados y nadie repare en la causa de la huelga: el incumplimiento del Gobierno de la Comunidad de Madrid del convenio colectivo, haciendo algo ilegal.

No, los empleados del metro no son funcionarios. Esto viene por una decisión política de un Gobierno que es tan responsable de ello como los empleados que se saltan los servicios mínimos y hacen la vida muy difícil a la gente.

Pero parece que esto no le va afectar. El debate en los medios no es ese. El debate en la calle tampoco: los culpables sólo son los que no han llevado los trenes. Poco importa que la huelga estuviera convocada desde hace semanas y Madrid se haya colapsado, sin transporte alternativo o operativos perceptibles para el ciudadano. Nadie acusa a la responsabilidad del gobierno porque Tomás Gómez parece estar de huelga.

En el fragor de la crisis, uno no puede encontrar ni una declaración del líder de la oposición en la web de su partido. Cuando dos millones de madrileños ven directamente afectada su vida diaria, el PSM de Gómez sigue hablando del espionaje en la Comunidad. La búsqueda por apariciones en medios nos da algún resultado aislado y con una posición difícil. Eso sí, el PP no ha escatimado esfuerzos en fijar bien el marco hacia Gómez: “se ha erigido en piquete de la huelga salvaje”. Mientras, la presidenta ha fijado su mensaje en línea a lo que perciben todos los que nos hemos quedado sin medio de transporte: “Los representantes de 7.000 trabajadores no pueden poner en jaque a los madrileños”.

Esa es la clave del éxito de Aguirre. Conecta. Está. Por ello, las encuestas como la que El País publicó con motivo del día de la Comunidad no dejan de mostrar como a poco menos de un año de las elecciones, la alternativa socialista no despega.

Los nervios se notaron cuando los celos del candidato del PSM a batirse en duelo con Aguirre surgieron a cuenta de la relación entre el Gobierno central y el de la Comunidad. Una crisis entre Ferraz y Callao –o sea, entre la ejecutiva federal del PSOE y el PSM- a cuenta de la posición del ministro de Fomento. Según se decía, el entorno de Gómez veía como la inversión del Estado en la Comunidad de Madrid y la aparición junto a Esperanza Aguirre en la foto con el ministro, minaban las posibilidades electorales del PSM.

¿Pero realmente Gómez y el PSM no despegan por este tipo de cosas? ¿O es su postura y su actuación la que falla? El liderazgo y la visión de una alternativa se forjan en momentos como la monumental crisis que ha vivido Madrid esta semana. Las elecciones se ganan a costa de las percepciones que se generan. Y tanto la emitida por Gómez en esta crisis como en la pueril lucha por lo del ministro no son nada halagüeñas para los socialistas. Las elecciones no pueden ganarse cuando el candidato está en huelga.

Foto de El País.

Cosas a tener en cuenta cuando se copia a Obama

Años y años de publicidad nos han dejado con grandes eslóganes en nuestra memoria. Aunque en este post me quiero quedar especialmente con uno muy propio de nuestra cultura publicitaria: busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo. Me quedo con este porque parece que ha sido lo que ha imperado en la decisión de la consejería de educación del gobierno de Esperanza Aguirre al lanzar su nueva campaña de matriculación en los colegios bilingües.

Así, ni cortos ni perezosos, en la Comunidad de Madrid han apostado por buscar, comparar y comprar aquellos buenos ejemplos de marketing en el sector público. Y en ello, el referente es Obama. El presidente norteamericano hizo de su “Yes we can” su grito de guerra. Su eslogan memorable. Resumió en tres palabras el espíritu de su campaña y consiguió con él movilizar a su electorado.

Quizás esa sea la lectura de la consejería: promover las escuelas bilingües a través del espíritu Obama. Pero han olvidado algo esencial. El copy-paste no funciona siempre en política. Laporta ya lo ha intentado presentando una web que se inspira de forma notable en la del presidente, pero que, como la campaña de la Comunidad, no llegan a la altura de la original.

Pero, ¿qué lecciones podemos establecer de la copia a Obama?

  1. Ser coherente. La campaña no es coherente, especialmente por las críticas que han aparecido por el mal uso del inglés. Pero también por la constatación que recurre a la identificación con un líder que no cae especialmente bien a la derecha madrileña. O con el que poco comparte el PP madrileño y la administración que gobierna.
  2. Ser original. Las copias no gustan, y menos si no están bien hechas. Apuntar a los niños al colegio a ritmo de Obama no parece ser la mejor manera de convencer a los madrileños de las virtudes de la educación bilingüe.
  3. Vigilar el gasto. Gastarse 1,8 millones en una campaña que casi copia el eslogan –cambiar el can por el want-, con errores gramaticales, editar un vídeo que recuerda demasiado al de los artistas que apoyaron… es un exceso.
  4. Dejar de lado la frivolidad. En el fondo, desempolvar a Obama para promocionar las matriculaciones no deja de ser una gran frivolidad. Lo próximo podría ser fijarse en la campaña de los laboristas en Reino Unido…
  5. Perder credibilidad por la anécdota. La educación bilingüe, en pleno siglo XXI, es una apuesta por el aprendizaje en una lengua tan básica como el inglés. Es, seguramente, una de las grandes apuestas del gobierno de Aguirre. Dejar que los elementos positivos de ello se los lleve una campaña mal ejecutada, no parece la mejor relación coste-beneficio.

La respuesta a todo ello nos viene de otro gran eslogan de la publicidad: rechace imitaciones.

“Yo destapé la trama Gürtel”

¿Convirtió Esperanza Aguirre a Paco Clavel en Rouco Varela? ¿La presidenta salvó a Rajoy en el accidente de helicóptero? ¿Puso ella de moda los calcetines blancos? ¿Parió a Chuck Norris? Esa ha sido la reacción en la Red a las declaraciones de Aguirre sobre su supuesto papel en destapar la trama de Gürtel. El hashtag #AguirreFacts ha desatado la locura y miles de usuarios han creado curiosas frases siguiendo el modelo de la presidenta.

Hemos reído a carcajadas con esos comentarios. Algunos realmente ingeniosos, otros más incisivos. Pero ha llegado a tal punto que incluso el Twitter de la presidenta ha reproducido algunos de ellos. La política necesita humor y Aguirre muestra su disposición a reírse de sí misma. Pero no todos los ciudadanos son usuarios de Twitter y el caso Gürtel no es, precisamente, para tomárselo a risa.

Más allá de las anécdotas, la realidad es que los antiguos diputados del Partido Popular, hoy en el grupo mixto, en la Asamblea de Madrid, no han renunciado a sus actas de diputados. La realidad es que Bárcenas sigue ostentando el cargo de senador. Y lo que muestran los sumarios del caso es la estrecha relación de la Comunidad de Madrid con la trama de corrupción.

Parece que nos sigue interesando más la anécdota que la lucha contra la corrupción. La ironía de los #AguirreFacts muestra la intención de incidir en una triste realidad y denunciarla, aunque parece que Aguirre le ha dado un envoltorio bien distinto. Y los retweets, divertidos y asombrosos, de la propia Aguirre son una anécdota. Si la presidenta dice tener tanta responsabilidad en el esclarecimiento del caso, debería hacer algo más que dar titulares.

Las hemerotecas están llenas de declaraciones y hechos. De lo que realmente ha pasado de un año a esta parte, cuando Gürtel empezó a golpear al PP. También al PP de Madrid y también al Gobierno de Esperanza Aguirre. No estamos para bromas, por muy divertidas que sean. Corremos el riesgo de aumentar aún más la desafección y el desencanto. Los políticos responsables luchan contra ello, no lo alimentan. No lo retweetean. No, esto no es política 2.0.

El papel de la televisión en la política

La niña de Rajoy, Artur Mas haciendo la gallina, González y Aznar. De los reporteros de CQC a Salvados. El Ala Oeste de la Casa Blanca y la televisión en la cultura política americana. Nixon y Kennedy… la figura del debate. Y en todo ello, el papel de la televisión. Interesante programa de TV3 sobre el papel de la televisión en la política. Os lo recomiendo.

Y tras ver el reportaje… ¿cuál es vuestro programa relacionado con la política favorito?

Nombre propio #9: Esperanza Aguirre

Esperanza_AguirreLa presidenta de la Comunidad de Madrid, o Lideresa como se la suele llamar, repite en esta clasificación. Sigue demostrando que es una de las pocas personas en España que tiene la capacidad de ejercer un fuerte liderazgo y que domina como nadie sus dotes de comunicación. No gustan a todos, pero a quiénes gusta, encandila.

Aguirre ha demostrado ser una superviviente nata. No sólo por su episodio en Bombay que reseñábamos el año pasado en este espacio, sino porque este año ha tenido que hacer frente a lo indecible y ella sigue allí, con sus apoyos casi intactos. Ni la trama Gürtel, ni la crisis o el espionaje en la Comunidad de Madrid la han achantado. Y eso, en política, vale su peso en oro.

Aguirre es sin duda uno de los personajes del año. Y seguramente lo será del siguiente. Es la apuesta más solvente de la oposición popular, la única que realmente puede plantar cara al presidente Zapatero. Eso lo sabe Rajoy y lo sabe el propio presidente. Quizás por ello, no le dejan volar. O quizás por ello, no se atreve a dar aún el salto. Aunque está preparada. Con o sin zapatos planos.

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