La política de las emociones nos lleva a la acción

Política emocional. Política de las emociones. Transmitir emociones. Usar un lenguaje emocional… toda esa retahíla suele escucharse cuando proyectamos cómo deben ser los discursos del poder. Muchas veces nos gustaría ver en nuestros líderes ese punto emocional en los discursos. No porque nos parezcan más bellos, más interesantes; en el fondo lo que queremos es que nos hagan actuar.

¿Qué es la emoción sino eso? ¿No es, acaso, la política de las emociones, el modo de llevarnos a la acción a través de la emoción? El origen del término no deja lugar a dudas: del latín emotĭo, -ōnis, que significa “el impulso que induce la acción”.

Esta reflexión viene a cuento del último discurso del estado de la Unión de Barack Obama. Una alocución impecable. Los grandes temas políticos del presidente unidos a la comprensión de las emociones que genera en el receptor. El uso de la entonación, de la voz y del lenguaje no verbal… que tanto transmite. La elección cuidadosa de palabras mágicas, como si se las hubiera regalado la mismísima Belisa Crepusculario. Entender que un discurso que no nos llegue y que no nos lleve a actuar, no sirve de nada.

Es un ejemplo de comprensión del valor del discurso. Y la muestra de esa necesidad de unir la emoción a la acción. Las palabras se las lleva el viento… pero pueden ser un látigo para que nos pongamos en marcha.

No dejará de sorprenderme la capacidad comunicativa del presidente. No ya por su actuación en el atril del Congreso, sino por la capacidad de hilar un mensaje emocional y encararlo a un resultado, a una acción. No había pasado mucho tiempo desde la ovación final que recibió el presidente al correo que la basta base de datos de Obama recibió pasados apenas unos minutos.

Un correo electrónico que es la muestra de cómo un discurso sobrevive al momento. De cómo las emociones que desplegó Obama en el Capitolio deben convertirse en donaciones, en apoyos, en servidores a la causa presidencial. Causa que, en estos momentos, ya no es otra que la reelección.

“We do big things”. El asunto que recibieron miles de personas en su buzón minutos después de la ovación. Un correo vibrante que repasaba los logros de la administración Obama. Y entre frases que dibujaban imágenes en la mente del lector, llamadas a la acción. Llamadas a moverse.

El correo de Obama muestra la importancia de entender el valor de la comunicación en todas sus formas. Dar contenido a los clichés tantas veces repetidos por gurús, analistas u observadores. Entender que la política de las emociones, por mucho que así se crea, no es el recurso a la lágrima fácil. La política de las emociones nos lleva a la acción.

Arañar votos con un spot electoral

Con el inicio de la campaña electoral en Catalunya, llegan a las televisiones públicas los anuncios electorales de las distintas formaciones políticas. Atrás quedaron los largos anuncios y los bloques con cortinilla que anunciaban el sopor. Era, hace ya unos años, un momento óptimo para acercarse al baño. Ahora, camuflados entre el resto de anuncios de marcas y productos, los partidos tienen el reto de sorprender, convencer y generar confianza. ¿Cómo lo están haciendo los partidos catalanes?

CiU

En un minuto, Artur Mas busca la complicidad que nunca ha tenido de los catalanes. Ha ganado dos veces las elecciones, como él mismo comenta, es respetado, pero no amado. A ello, mucho han contribuido sus caricaturas, su imagen de pijo y de superioridad. Por eso, este anuncio es íntimo y personal. Acerca al candidato a la gente.

Mas seduce. Nos cuenta porque los años en la oposición merecían la pena. Basa su relato personal en la épica del sacrificio. Y llega al punto clave del mensaje: debe ganar porque se lo merece. Ha esperado mucho.

Tras la intimidad, Mas se rodea de gente. Mucha gente. La mayoría que él quiere para su partido. Empiezan los cánticos de “Mas president”. Eleva el tono. Le pone fuerza a su discurso y promete “Una Catalunya millor”.

Senyeres, un piano que sube la intensidad y movimientos cortos y ágiles de la cámara acompañan al candidato.

El segundo vídeo de campaña, más corto (32 segundos) recicla el vídeo de presentación de Cativistes y cambia el discurso. Pide la unidad de los nacionalistas y una gran mayoría. Busca la centralidad de CiU como fuerza vertebradora de ese espacio.

Voz en off, centenares de banderas y ausencia del candidato.

PSC

Lo presentaron hace unas semanas bajo el título de “La vida de Monti”. Ahora, substituyen la carátula y lo centran en el PSC. Adaptación de la mítica escena de la película “La vida de Bryan” donde se reivindica la acción de gobierno del PSC.

El anuncio es corto (32 segundos), divertido, ameno e informativo. Una manera de llegar a muchos ciudadanos a los que no interesa la política. Es, quizás, la apuesta más arriesgada de los grandes partidos: esa mezcla de política, humor y un cine que no es precisamente mainstream puede ser una debilidad en su eficacia. En todo caso, es diferente, innovador y arriesgado, algo que no se lleva demasiado en comunicación política.

La ausencia del candidato es notoria. Ni aparece ni pide el voto. El PSC sigue la estrategia de sorprender y centrar el discurso en logros, antes que personalizar la campaña.

ERC

Esquerra sigue probando con el poder del relato, la emoción y dar el protagonismo de su campaña a la gente. Bajo el mensaje de “Gent Valenta”, los independentistas encarnar su propuesta en la historia de Núria, una catalana a punto de votar. Antes de emitir su voto, la voz en off –femenina- nos cuenta su historia. Una historia normal, como la de tanta gente valiente que cada día trabaja, se esfuerza y asume retos.

Se repasan momentos de cualquier persona: el crecimiento personal y profesional. Se reivindica también, de forma sutil, las grandes obras colectivas de país –Juegos Olímpicos de Barcelona- y la propia democracia, al centrar el spot en una mesa electoral el día de las elecciones.

Imágenes seleccionadas que dan ritmo al anuncio. Un ritmo cambiante, no es empalagoso. Solo al final aparece Joan Puigcercós haciendo una defensa del voto por su partido.

PPC

El spot del PP de Catalunya es el ejemplo paradigmático de política de las emociones. En este caso, del miedo. Tonos oscuros, música lenta, grave. Genera tensión, nervios. La empatía con el protagonista es total: se comparte su rabia.

Los conservadores rescatan otra técnica habitual en los spots electorales: dibujar situaciones hipotéticas. El anuncio muestra el 28 de noviembre de 2011, con Mas como president apoyado en Esquerra. Anuncian la celebración de un referéndum de independencia. Las reflexiones del protagonista sueltan algunos de los argumentos típicos que pueden sentirse en tertulias y espacios de la TDT –la trinchera- como la contraposición de nación a los problemas económicos, etc.

Tras el negro panorama, llega el color y la música optimista y el alegato final de Sánchez-Camacho, de blanco y rodeada de otros candidatos de su partido.

La versión corta del anuncio prescinde de la música y acorta el relato, con menor efecto emocional.

ICV

Iniciativa juega con las imágenes, que ejemplifican de lo que habla la voz en off, y la música. Una elección musical distinta y hasta cierto punto sorprendente ya que juega con el cerebro del votante. Por un lado, recibe una carga de mensajes negativos… por el otro, una música esperanzadora, alegre.

Al final del spot aparece el candidato Joan Herrera que recuerda que “El futur no està escrit”, cerrando el anuncio y ligando toda la idea del mismo: las utopías pueden ser realidades que cambien la situación negativa del día a día.

Ciutadans-Ciudadanos

Lo presentaron hace semanas. Música pegadiza y bailable. Dibuja varias de las situaciones que el partido critica y lo contrapone con las propuestas/ideas del partido contra ello. A medida que se van presentando, los protagonistas se desnudan.

La idea central es la llamada a “rebelarse” a medida que el anuncio sube de intensidad y cada vez más personas acompañan a Rivera, desnudas, tras el candidato.

Zapatero se quedó sin palabras

Los banqueros han huido de sus altos puestos en el templo de nuestra civilización. Ahora podemos restaurar ese templo con las verdades que conocíamos antes de la crisis.

La medida de la restauración está en la medida en que aplicamos los valores sociales más nobles que el simple beneficio monetario.

La felicidad no radica en la mera posesión de dinero, se encuentra en la alegría del logro, en la emoción del esfuerzo creativo.

La recuperación pide, sin embargo, no solo cambios en la ética. Esta nación pide acción, y la pide ahora.

Nuestra tarea principal es poner a la gente a trabajar. Esto no es un problema insoluble si lo enfrentamos con sabiduría y valentía.

La recuperación puede acompañarse, en parte, mediante la contratación directa por el propio gobierno, el tratamiento de esto como si fuera una emergencia de guerra, pero al mismo tiempo, a través de este empleo, el cumplimiento de proyectos muy necesarios para estimular y reorganizar el uso de nuestros recursos.

Puede acompañarse con la actuación sin demora de todos los gobiernos; el nacional, los autonómicos y los locales. La exigencia que recortemos sus costes considerablemente.

Puede acompañarse con la unidad de acción en las medidas de recuperación, a menudo dispersas, antieconómicas y desiguales.

Hay muchas maneras en las que se puede ayudar, pero nunca se puede terminar con la crisis sólo hablando de ello.

Debemos actuar, y actuar con rapidez.

Zapatero no ha anunciado la reforma laboral con palabras parecidas a estas. Tampoco lo hizo cuando anunció las medidas: sus palabras fueron frías. Su discurso pareció el de un médico que anuncia un funesto diagnóstico. Guardando las distancias, como si la cosa no fuera con él.

Esas palabras son del discurso de investidura de Franklin D. Roosevelt, cuando debía enfrentar la durísima crisis económica tras el crack del 29, adaptadas –muy adaptadas, permítanme el juego- y recortadas. Pero muestran la importancia de un líder de elegir bien las palabras.

George Lakoff, que asiste al encuentro internacional de ACOP que empieza hoy en Bilbao, afirmaba ayer en un acto de la Fundación Ideas que “el relato, la narrativa, tiene enlaces directos con la emoción. La emoción se construye con ella”. Y ese es el punto clave. Porque sin entender el poder de las palabras, del discurso y del relato en una situación política, económica y comunicacionalmente difícil como esta, no se puede plantear un escenario de mejora.

Porque la realidad es, ¿para quién habla Zapatero? ¿Lo hace para los ciudadanos? ¿Para sus votantes? ¿Sólo para los mercados financieros? Esa es la pregunta clave, a nivel de comunicación. Con toda la incertidumbre que rodea la situación económica actual es necesario que los líderes hablen claro. Por eso, ¿para quién habla Zapatero?

Esa respuesta, no la tengo. Lo que es, si cabe, más preocupante. Si el lenguaje, las palabras, activan circuitos y emociones en nuestro cerebro –que conducen al voto, pero también nos pueden conducir a la quiebra del sistema-, elegirlas debe ser una prioridad. Tanto como saber a quién y para qué les hablamos.

No es de extrañar que el propio Zapatero aceptara ayer en el Congreso que su propio Gobierno es el que menos ha ayudado a la credibilidad del país. ¿Recuerdan cuando, deliberadamente se optaba por no decir la palabra crisis?

Las palabras no cambian la realidad. Pero si la percepción de lo que ocurre. Sí afectan a la confianza en el líder, en la recuperación y en el país. Y esa batalla, Zapatero la ha perdido. No ha sido consciente de lo que despierta el lenguaje. Lo que generan las palabras. Y se quedó sin ellas.

La política chocolate

Si la política pudiera comerse, debería ser de chocolate. Y no es cuestión de imaginarse el ejercicio del poder como si de la fábrica de Charlie se tratará: la política debería ser de chocolate porque necesitamos algo que nos guste, nos excite y que nos salve de la depresión. Especialmente en un momento como este.

Las propiedades del chocolate (del cacao, vaya) son muy conocidas. De hecho, sus beneficios han sido descubiertos en numerosos estudios y nutricionistas, expertos y médicos de todo el mundo conocen lo que un poco de chocolate puede aportarnos.

Sabemos que es un antioxidante más que probado: dos cucharadas de cacao tienen una dosis de antioxidantes más grande que el encontrado en otros alimentos como el te verde o el vino. De hecho, el punto clave, es que el cacao tiene como su antioxidante principal los flavonoides que ayudan a aumentar el riego sanguíneo hacia el cerebro. Así que si queremos ayudar a comunicar nuestra opción política, ¿por qué no hacerlo con chocolate que nos ayude a pensar? Negro, por supuesto.

La política, de ser un alimento, debería ser chocolate. No sólo porque gusta a grandes y pequeños, por el placer que nos produce comerlo o por ser un alimento prohibido para los que se ponen a dieta. La política debería ser chocolate porque…

… es afrodisíaco. El cacao mejora el estado de ánimo gracias a la serotonina, que produce placer en el cerebro. Por eso se suele decir que la segregación de esta sustancia en la ingesta del chocolate lo hace afrodisíaco y placentero. La política debería producir eso también y la buena comunicación política debería ayudar a ello. Construir una sociedad mejor, ayudar a los ciudadanos, etc. debería ser una fuente de serotonina. Tanto para el político que vota una ley como para el ciudadano que introduce la papeleta en la urna.

… es antidepresivo. El chocolate tiene varias sustancias que producen sustancias en el cerebro que son un potente antidepresivo, como la serotonina –que ya hemos visto sus efectos- o la dopamina. Neurotransmisores que tienen mucha implicación en los estados de ánimo. La política debería actuar en el mismo sentido, más en un momento de crisis y desafección como el actual. Curarnos esta depresión e ilusionarnos. Para ello, necesitamos líderes que nos produzcan estas sustancias con la ilusión y la esperanza, y una buena comunicación política que ponga en valor esas cualidades.

… protege. Los antioxidantes del cacao y otros nutrientes y propiedades protegen nuestra salud. Pese a haber sido condenado por dentistas y nutricionistas durante épocas, sus beneficios son cada vez más conocidos. Más o menos como la política. Pese a ser denostada, criticada y considerada un mal para nuestra sociedad, la verdad es que el ejercicio de la política y la democracia nos protegen. Son la vía para resolver pacíficamente los conflictos y por ello la comunicación debe poner en valor ese servicio a la sociedad.

La política debería saber a chocolate. Deberíamos sentir placer en cada una de las intervenciones de nuestros líderes. Nos debería ayudar a reponernos del bache y a proteger nuestro sistema democrático como si fuera nuestro sistema inmunológico. Sí, la política debería ser chocolate. Pero seguro que, a día de hoy, os recuerda a otro alimento. ¿A cuál?

Foto de eisenrah

Los políticos no saben pedir perdón

Lo siento. Dos palabras que pueden ser mágicas. Mil canciones han cantado al amor roto con este pretexto. Y muchas veces más lo hemos sentido a lo largo de nuestra vida. Dos palabras que, como decía, son mágicas porque pueden tener un efecto incontestable en la persona que lo escucha. Si esto es cierto, ¿por qué es tan difícil que un político las pronuncie? ¿Por qué en España cuesta tanto escuchar unas disculpas de un político?

La vergüenza o la culpa son dos de las emociones que suelen llevarnos a emitir una disculpa. Y muchos políticos parece que no están muy acostumbrados. Quizás cambiarían de opinión si, sólo por puro egoísmo, conocieran el funcionamiento de nuestro cerebro cuando nos vemos inmiscuidos en una situación de este tipo.

Richard Nixon ni pidió perdón durante su dimisión. Aunque llegara el perdón presidencial de Ford, los indicios existentes apuntaban a la responsabilidad del presidente en actos delictivos. Además, había manchado enormemente a la nación y a la presidencia. Culpa y vergüenza. Seguramente, las opiniones sobre el presidente hubiesen sido muy distintas si su última alocución como comandante en jefe hubiese servido para pedir perdón.

Al parecer, cuando recibimos una disculpa, nuestra percepción sobre la persona cambia completamente. Nos sentimos menos vengativos y el perdón o la reparación son más fáciles. Y más en política. Existen numerosos estudios que corroboran esta reacción en nuestro cerebro, así como el despliegue de elementos más positivos relacionados con la culpa y negativos con la vergüenza. Lo que otros estudios han demostrado es que esta situación se da incluso entre niños pequeños.

Pongamos que a un grupo de niños y niñas se les comenta que recibirán un gran paquete en casa. Un maravilloso sobre lleno de cromos que otro niño les enviará. De ese grupo de niños, algunos recibirán un sobre vacío con una nota: usé todos los cromos antes de enviarlos. Otros, también recibirán un sobre vacío con una nota: usé todos los cromos antes de enviarlos. Lo siento mucho. Otros, recibirán los cromos.

De ese grupo, los niños que recibirán una disculpa se sentirán mejor que los que no. Y el 87% de esos niños creerán que el niño que usó sus cromos era “majo”, frente al 37% de los que no recibieron ni cromos ni disculpa.

Este estudio, que fue presentado en la convención anual del año pasado de la Association for Psychological Science, muestra como desde muy pequeños nuestros circuitos emocionales están preparados para la disculpa y que sus efectos pueden moldear nuestras percepciones.

Si la comunicación es una gestión de éstas, ¿por qué no disculparse? Nixon no lo hizo y ni su alocado intento de reconquistar la costa este, llegando incluso a aceptar las entrevistas con Frost, le sirvió. Muchos de nuestros políticos prefieren enrocarse en el negacionsimo a esbozar una sincera disculpa. Cuando los trajes achuchaban a Camps, el sólo afirmaba que “sueño con ser ex presidente de la Generalitat… cuando toque”. O Rajoy afirma que, aunque se demostrara una financiación ilegal en su partido, él no dimitiría. Ni un atisbo de arrepentimiento por el daño causado a la política en ambos. Como tampoco la hay al otro lado de la bancada.

Dos palabras. Mágicas. Necesarias. Lo siento. Aprender a arrepentirse es una asignatura pendiente que no puede demorarse. Como será necesario aprender a hacerlo con el corazón, no sólo para gestionar las percepciones, salvar el barco y comunicar mejor; sino porque la salud democrática del país lo exije.

En la foto, el ex gobernador de Nueva York David Paterson al dimitir por un escándalo sexual.

Política y música: algo más que una conexión emocional

“La música despierta en nosotros diversas emociones, pero no las más terribles, sino más bien los sentimientos dulces de ternura y amor.”
Charles Darwin

El arte de las musas, la música, nos acompaña a lo largo de la vida. Una melodía puede activar nuestra memoria para recordar un momento feliz, un episodio memorable de nuestra vida. La canción del primer amor, la nana que nos cantaba nuestra madre o la solemnidad del “Gaudeamus Igitur” el día de la graduación. Como rezaba una campaña publicitaria de los 90, es imposible vivir sin música.

Pero sobretodo la música es un enorme generador de emociones. La melodía, la letra, la armonía o el ritmo saben arañar en nuestra fibra sentimientos que guían nuestras acciones. Nos predisponen a estados emocionales que tienen mucha importancia en nuestra conducta. La música amansa las fieras, se suele decir.

La relación entre música y política ha tenido numerosos episodios y tiene varias dimensiones a tener en cuenta. Esa relación incluso está caricaturizada en la famosa frase del cineasta Woody Allen “cuando oigo a Wagner, me entran ganas de invadir Polonia”, cuando se refería a los gustos musicales de Adolf Hitler y del Tercer Reich. Tal y como indica Antoni Gutiérrez-Rubí “La utilización de la música en la política (sobre todo en campaña electoral), ayuda a la conexión emocional con el ciudadano, a la identificación de un partido, de un candidato…de manera muy efectiva.”. Desde los sentimientos que un himno nacional puede generar (junto a la bandera, símbolos que promueven una gran cantidad de sentimientos y con una carga emotiva muy importante), al uso político de la música, hay un gran espacio para estas relaciones.

Desde la comunicación política existen numerosos ejemplos del uso de la música para conseguir convencer y movilizar al electorado. Tal y como indica Ted Brader, la música “ni completa o substituye el mensaje verbal, pero afila su efectividad alterando como se recibe el mensaje” (Brader, T. Campaigning for hearts and minds. How emotional appeals in political ads work. The University of Chicago Press, Chicago 2006.).

Los anuncios electorales han sido uno de los campos en que la música ha desplegado toda su efectividad. Los anuncios que han apelado al miedo, han usado notas discordantes, sintonías que han subido en intensidad buscando la tensión en el receptor y no han dudado en utilizar sirenas, llantos o gritos. En la campaña electoral de las elecciones generales de 1996, el PSOE emitió el que a día de hoy es el spot electoral más famoso de la democracia española: el anuncio del dóberman. En un típico anuncio de contraposición, la España en positivo, colorida y positiva del presidente González se oponía al proyecto conservador del PP. Las imágenes asociadas a este último, además de mostrar a hombres en gabardina como si fueran policías de la antigua brigada político-social del franquismo, también mostraban un dóberman bordando, a punto de atacar. Pero sobretodo, era el uso de esos sonidos lúgubres los que conseguían una sensación de miedo y tensión en el receptor.

La música también tiene importancia para generar las emociones adversas. Optimismo, alegría o ilusión le deben mucho al uso de las melodías. En Estados Unidos, spots como los de Ronald Reagan en su campaña de reelección en 1984, titulados “It’s morning again in America”, combinaban a la perfección lenguaje verbal, el uso de imágenes y colores y, sobretodo, el recurso musical. Las fanfarrias, con toques militares, son un modo muy eficiente de dar solemnidad e importancia a un mensaje, especialmente cuando el que lo hace es el comandante en jefe. Pero no sólo existe esta relación en los spots, las campañas electorales norteamericanas suelen tener una canción de campaña que va más allá de crear una relación emocional, sino que adquiere un auténtico significado.

Barack Obama recurrió a los irlandeses U2 para hacer de su “City of blinding lights” su tema de campaña. La canción, compuesta en homenaje a la ciudad de Nueva York tras los atentados del 11 de septiembre, era una auténtica declaración de intenciones del ahora presidente al elegir una canción que quería marcar la reconstrucción, el rearme del país de optimismo para encarar el futuro tras un negro pasado. Lo mismo que él defendió para el país entero tras los 8 años de presidencia republicana. Clinton echó mano en 1992 del tema “Don’t stop” de Fletwood Mac, una declaración de intenciones para dejar atrás 12 años de gobiernos republicanos. Ronald Reagan no dudó en hacer del hit de 1984 “Born in the USA” de Bruce Springsteen su himno, aunque el mítico artista quizás no hubiese querido tener ese honor, ya que ha sido uno de los artistas más beligerantes con el establishment republicano a lo largo de los años. Obama y Kerry también echaron mano del Boss durante sus campañas, tanto en los conciertos para el cambio como en el uso de una de las canciones más políticas de Springsteen: The Rising.

Atendiendo a lo que nos dice una canción cuando la enmarcamos en un contexto político, ¿qué mensaje mandaban en Ferraz al elegir las canciones del costoso –200.000 euros– acto político del pasado domingo? La big band que estuvo presente tocó varios temas que sirvieron de marco para las apariciones de los ministros. Entre ellas sorprenden especialmente dos: Waterloo de ABBA para la vicepresidente económica Salgado y Mack the knife para un buen nutrido grupo de ministros.

Si Waterloo, la canción con la que los suecos ganaron Eurovisión y se lanzaron al estrellato mundial, evoca a la mítica derrota de Napoleón que supuso el inicio de su final, Mack the knife nos habla de las vicisitudes de un asesino. La derrota, el colapso y la violencia como elementos referenciales. No sé si es fruto del azar o del descuido –que viene a ser lo mismo en política-, pero las casualidades han dado pie a una cierta ironía. Al menos, a más de uno se le debió atragantar el aperitivo al ver a Salgado entrar con una referencia a un emperador que lo tuvo todo y lo perdió todo.

¿La política se puede tocar?

La historia de un atunero llamado Alakrana hubiese sido muy distinta si el Gobierno hubiese tenido un poco más de tacto. Sobretodo con las familias de los marineros que se hallaban desesperados ante las costas de Somalia, en su barco tomado por unos criminales. Tacto, para manejar una compleja situación y, sobretodo, para dar todo el apoyo que las familias de esos marineros necesitaban en momentos tan duros. Las cosas serían hoy muy distintas si las esposas y los hijos de esos hombres de mar no se hubiesen sentido tan desesperados como los propios secuestrados.

Más allá de todas las implicaciones políticas, internas y externas, de este grave caso; el Alakrana pone de manifiesto la necesidad de tener tacto en política. Muchas veces la reclamamos en política exterior. ¿Qué es, sino, la diplomacia? ¿No es quizás la máxima expresión de ese tacto, de esa mano izquierda, allende las fronteras de un país? Tacto, la política necesita mucho tacto.

Mano izquierda y mano derecha. De hecho, aunque las pantallas parecen ser una infranqueable barrera, el tacto nos dice mucho de una persona. No siempre tenemos a mano a nuestros políticos pero… nunca se sabe cuando puedes encontrar a uno en campaña. Recuerdo cuando, durante la campaña del referéndum del tratado constitucional europeo, me presentaron al entonces ministro de Indústria y hoy president de la Generalitat en un mercado. Montilla me dio, al encajar la mano, una información que aún hoy está en mi subconsciente. Su apretón, débil, breve, alimentó su imagen de reservado. Pero quizás por esa experiencia me cuesta imaginar al president dando un puñetazo encima de la mesa. El enorme poder comunicativo de un apretón de manos, pero también de una palmada en el hombro o acariciar una mano mientras miramos a los ojos de nuestro interlocutor.

Esta es una habilidad necesaria para el político en las distancias cortas: el tacto es tan eficiente que solo la presión en la piel nos puede dar mucha información sobre los sentimientos de la persona que tenemos enfrente… y enviar la misma información a esa persona. ¿Qué tipo de información me transmetía el hoy president de la Generalitat? Con ese apretón de manos, no muy buena. Si el objetivo de su visita a ese mercado era apostar por el sí al Tratado, por el futuro de la Unión, la confianza en la construcción europea: su forma de dar la mano comunicaba justo lo contrario. De hecho, eso tiene una explicación en la propia evolución: de algo nos tiene que servir el hecho de descender de unos primates que se pasaban el 15% de su tiempo tocándose entre ellos, ¿no?

Saber cómo debe tocar una persona, como debe dar la mano o cuando un abrazo o una palmada en el hombro sobran o faltan, es parte del propio aprendizaje vital. Aunque en muchos contextos, especialmente los formales o laborales, se ha denostado según qué acercamientos, la realidad es que un político en campaña debe forzar muchos estos roces. Aprender cual debe ser el grado de presión óptimo, qué hacer o qué no se convierte en un elemento necesario.

Pero además de por la información y por el efecto que genere en la persona a la que los políticos conozcan, muy limitado si lo comparamos con un buen mensajes en un medio como la televisión o Internet, es importante por la propia imagen que puede generar. Por ejemplo, ¿cuantas veces hemos visto a un político abrazando a un bebé y su inhabilidad nos ha hecho sentir inseguros? O sea, que esa infranqueable barrera del tacto directo puede ser, en cierto modo, debilitada por lo que nos hace sentir una imagen de estas características. Y si no, ¿qué os hace sentir este vídeo?

Es curioso como el ejercicio de observar como el tacto puede tener efectos en alguien, puede hacernos sentir lo mismo. Quizás sea porque este sentido promueve la producción de endorfinas y las múltiples áreas sensibles localizadas en la piel a lo largo del cuerpo hacen que la información que recogemos se transporte en numerosas conexiones que ocupan un gran espacio en la corteza cerebral, especialmente en los lóbulos parietales y muy conectados con áreas límbicas. O quizas por el papel de las neuronas espejo en hacernos sentir lo mismo. Aunque no las sentamos personalmente, pero veamos a alguien que lo hace. Quizás por ello, antes de dar la mano a un desconocido, antes de coger un bebé en brazos o abrazar a alguien, debamos pensar en qué otros podrían sentir lo mismo. ¿Queremos que se sientan bien o que desconfíen? He aquí la cuestión.

Vídeo visto en “El consol d’una abraçada presidencial

¿Y si violaran a tu mujer?

“Y la siguiente pregunta es para el señor Rajoy. Señor Rajoy, si su hijo dejara embarazada a su novia con 16 años, ¿aceptaría que ella abortara?”

Imaginemos que en un debate electoral en 2012 el moderador o moderadora preguntara a bocajarro esta pregunta a Mariano Rajoy. Aunque sus posturas lo hayan sido a lo largo de la legislatura, incluso a lo largo de su vida, si no consigue articular una respuesta emocional, sincera, que pudiese hacer cualquier padre o madre.

Aunque quizás, tal y como se plantean los debates electorales en nuestro país, esta pregunta podría aparecer en “Tengo una pregunta para usted”. En este programa ya vimos algo parecido a esa incapacidad de conectar en algunas de las preguntas más complejas… Pero siempre es un riesgo enfrentarse a preguntas tan directas.

Quizás el ejemplo más claro es el de Michael Dukakis, el candidato demócrata que perdió las elecciones ante George Bush en 1988. Dukakis era gobernados de Massachussets y había defendido siempre una postura muy concreta ante la pena de muerte. Contrario a la pena capital, su campaña electoral se vio empañada por un ataque de Bush con el famoso vídeo sobre la historia de Willie Horton, un oscuro episodio de su etapa como gobernador. Willie Horton, un convicto afroamericano por asesinato, gozó de un permiso penitenciario en el que violó y atacó a una pareja. El video, mostraba la que llamaron “política de Dukakis sobre el crimen”.

Así, en el debate presidencial, con el crimen sobre la mesa, el moderador preguntó:

“Governor, if Kitty Dukakis [su mujer] were raped and murdered, would you favor an irrevocable death penalty for the killer?”

Dukakis respondió:

“No, I don’t, Bernard. And I think you know that I’ve opposed the death penalty during all of my life. I don’t see any evidence that it’s deterrent and I think there are better and more effective ways to deal with violent crime”

A partir de ahí, Dukakis desplegó una respuesta pormenorizada de sus razones, con una ausencia total de apelaciones emocionales. Para muchos americanos, la falta de emoción en algo que estremece a cualquiera fue suficiente para retirarle el apoyo. Las encuestas mostraron como su apoyo bajo del 49% al 42%. Había empezado las elecciones con 20 puntos de ventaja sobre Bush.

A veces una sola respuesta puede hacer tambalear toda una carrera política. Dicen que Ted Kennedy no llegó a presidente –entre otras cosas- porque no supo responder a la pregunta de por qué quería ser presidente.

Quizás por ello, los políticos tienen tanto miedo a ser preguntados. Pero a veces, hablar desde el corazón puede ser la mejor respuesta.

La pasión pudo con la corazonada

El carro de Platón se quedó ayer en la cuneta. Para el filósofo nuestra mente es como un carruaje tirado por dos caballos –la emoción- y guiado por la razón. Si los dos caballos no se ponen de acuerdo, la razón es la responsable de sacar el látigo y devolver el carruaje a su senda. Pero ayer –de hecho, como siempre- la razón no pudo controlarlo y se quedó en el camino.

La sesión del CIO mostró, una vez más, que el aspecto emocional ocupa un lugar preeminente en la toma de decisiones. Sólo así puede entenderse el hecho que la mejor candidatura, Madrid, no se llevará los Juegos. En frío, la capital española presentaba la mejor apuesta: el 70% de las instalaciones construidas, un sólido apoyo gubernamental y popular, una apuesta segura para el movimiento olímpico. Pero fue el fondo emocional de Río de Janeiro lo que se llevó el gato al agua.

La corazonada de Madrid funcionó: hoy Madrid es una ciudad más cohesionada que nunca, con un mayor orgullo de ser madrileños y con un proyecto que ha unido durante los últimos 8 años a la ciudad por un objetivo común. Pero al parecer, esa corazonada no logró penetrar en los corazones del centenar de miembros del CIO que debían tomar la decisión.

No sólo la apuesta de Madrid era perfecta, su presentación fue impecable. Y el apoyo de Samaranch impagable. Pero nadie pudo hacer frente a un relato ganador como el que presentó Lula, un hombre enamorado de su tierra, emocionado con su proyecto y comprometido con reparar injusticias.

Precisamente por su relato personal, un presidente de éxito que ha obrado un auténtico milagro en Brasil, podía apelar y defender como nadie la reparación de una injusticia histórica: llevar los Juegos allí donde nunca se habían celebrado. Sólo él, por su historia personal, podía pedir a los miembros del organismo olímpico que enmendaran su omisión.

Lula habló desde el corazón como nadie. Todo él fue emoción. Sus ojos vidriosos, su voz quebrada. Emanaba pasión, deseo y compromiso como nadie. Da igual si no tienen la mejor candidatura técnica. Da igual si no tienen tantas instalaciones, hoteles o infraestructuras: el corazón de Lula dejó en el banquillo a la razón que lleva las riendas del carro.

El presidente brasileño dio lo mejor de sí, pero Río no ganó sólo por él: se lo merecía. El presidente supo transmitir los deseos y la voluntad de todo un pueblo y supo poner valor a la apuesta del comité organizador. Una candidatura así no la ganan los políticos, la ganan las emociones, la sensaciones y lo que comunican sus deseos. “Somos un pueblo apasionado por el deporte, apasionado por la vida”, no sólo él: todo un pueblo.

¿Alguien duda aún que la emoción debe ser denostada?

La política del miedo en 30 segundos

Uno de los estados emocionales que una estrategia política puede generar de forma consciente es el miedo, ya que las reacciones que genera son tremendamente poderosas a la hora de mover al electorado a la acción.

No podemos buscar racionalidad en ello, es una estrategia dirigida a las emociones y como tal, si funciona, no nos permitirá discernir entre la objetividad o no de los datos. Cuando algo se analiza desde la emoción, difícilmente podremos apelar a esa capacidad de raciocinio que, en frío, se tornará una revelación.

La sensación de miedo nos predispone a buscar la solución más contundente a los problemas planteados en pro de nuestro propia supervivencia o de mantener nuestro status quo. Plantear disyuntivas bajo el prisma del miedo nos llevará a tomar decisiones que, en otras situaciones, consideraríamos drásticas.

No hay modo de expresar mejor esa intencionalidad de hacer del miedo una baza política que los spots electorales. Generar una emoción en menos de 30 segundos, como un ataque fulminante a nuestra amígdala que nos pondrá en tensión. Anuncios que harán uso de la música –in crescendo, gritos, alarmas, graves…-, el color –tonos oscuros, poca luz-, el movimiento de la imagen y la metáfora como gran expresión.

Estos son algunos ejemplos de los mejores anuncios de la política del miedo.

Daisy

Un clásico de la campaña electoral de Johnson en 1964. Sólo se emitió una vez, pero las cadenas de noticias se encargaron de repetirlo una y otra vez. En él, una niña inocente deshoja una margarita tras lo cual empieza una cuenta atrás que lleva a una explosión nuclear. La frase final del presidente es demoledora: “These are the stakes! To make a world in which all of God’s children can live, or to go into the dark. We must either love each other, or we must die.” La amenaza nuclear, pero sobretodo la amenaza extremista de un candidato republicano que se enorgullecía de ello… Tras la crisis de los mísiles de Cuba el contexto no estaba para andarse con chiquitas…

The Bear

Los últimos años de la Guerra Fría estuvieron marcados por la llamada “Guerra de las Galaxias”. En ella, el delirio norteamericano de un rearme soviético –completamente infundando para llevar a la URSS a la bancarrota- es el contexto para este anuncio de Reagan. Si hay un oso ahí fuera, ¿es mejor estar preparado para batirlo si ataca, o no? Sencillo, fácilmente comprensible, sin decir ni una palabra sobre política exterior o defensa. Una obra maestra.

Los lobos de Bush

Muy inspirado en el anuncio del oso, el presidente George W. Bush planteó así la cuestión de la seguridad nacional tras Irak y los ataques del 11S. Vivimos en un mundo de lobos y debemos estar preparados.

Las 3 de la mañana

Hillary, pese a no tener experiencia en ningún cargo político, atacó a Obama de este modo durante las primarias. Si suena el teléfono de la Casa Blanca a las 3 de la mañana, ¿quién prefieres que maneje la situación? El uso de una imagen familiar, una cama con niños, es el elemento que decanta la balanza.

El dóberman del PSOE

Aunque es más largo y quizás menos sofisticado que los americanos, es nuestro gran anuncio de la política del miedo. La campaña de las generales de 1996 llevó al PSOE a poner toda la carne en el asador para contrarrestar el desgaste político tras años de crisis económica, paro y corrupción. El mensaje era contraponer la visión de dos Españas, la positiva del PSOE y la negativa del PP. El anuncio causó un revuelo enorme en la España de 1996 y se llegó a acusar al PSOE de usar publicidad subliminal… aunque en realidad de subliminal no tiene nada…