Tú puedes curarte, maricón

Duran i Lleida es un hombre exquisito. Inteligente, educado, cortés y responsable. Cultiva su imagen y conoce a la perfección qué comunica cuando no dice nada. Sabe que es el hijo que todas las madres pensionistas querrían tener. Viste bien. De hecho, es uno de los políticos que mejor viste. Algo que gusta mucho al elector: esperamos ver en nuestros políticos pulcritud. Tanto en el vestido como en las formas. Y el líder de Unió las cuida. Aunque parece que en algunos temas, el portavoz de CiU en el Congreso las pierde. Como si no hubiese entendido nada.

Las pierde en Twitter cada vez que participa. Cuando di una clase en el máster del ICPS-UAB clasifiqué a Duran i Lleida como esos políticos que aún no han entendido nada. Sólo así puede entenderse como el político mejor valorado de España considera que la Red es un espacio secundario, sin importancia. Sólo así puede entenderse su manera de usar Twitter –sin menciones, sin palabras, enlaces, en batería…-. Sólo así puede entenderse que se atreva con su ataque homófobo en un post y no ante un micrófono.

Porque por mucho que Duran i Lleida sea un hombre exquisito, guarde las formas y sea admirado y respetado, lo de su post no deja de ser sorprendente. No se entiende como un animal político, forjado en mil batallas, baje a la arena de la Red para quitarse la careta. Alguien que conoce de sobras el valor de abstenerse en una votación clave, de ofrecer apoyo al Gobierno o de mantenerse en la ambigüedad cuando se requiere no comete errores de principiante así como así.

Lo de Duran suena a mucho a eso de “yo no soy racista, pero”. “Yo no soy homófobo, pero creo que si alguien se quiere curar, debe poder curarse”. Alguien que defiende, aunque sea por la puerta de atrás, que la homosexualidad sea una enfermedad muestra su auténtica postura sobre el tema. Ni moderada ni medida.

Y ahí precisamente radica el problema. Los líderes políticos deben liderar. Son modelos de conducta, y cuando alguien tan exquisito como Duran i Lleida asume que lo que hacían los psiquiatras de Barcelona es normal, pide que alguien pueda curarse de la homosexualidad o defiende que no es necesario profundizar en la igualdad de derechos, su efecto no es positivo. En estos momentos de la historia en que la lucha por la igualdad ha conseguido tanto, opiniones como estas están fuera de onda. Como sus tweets. Porque no ha entendido nada.

La responsabilidad política se mide en los momentos en que una abstención salva a un país. Pero también cuando una opinión no arma de argumentos falaces al odio. Duran ni se retracta ni corrige. Sigue creyendo en eso, que los maricas se curan como quien se cura un resfriado. Lo dicho. No ha entendido nada.

Cuando los políticos no tienen credibilidad en la Red

Alguien dijo alguna vez que Felipe González se teñía las patillas para parecer mayor a su edad y dar una imagen de credibilidad en los primeros años de democracia. Alguien dijo alguna vez, no hace mucho tiempo de ello, que los ministros deben ir con corbata para parecer creíbles. Pero siempre, es mejor serlo que parecerlo. También en Internet.

Cuando nos enfrentamos a la difícil tarea de organizar la presencia online de un político o de un partido político debemos atender a muchas cuestiones, desde diseñar un sitio web o un blog atractivo a que este funcione bien en buscadores, sea usable y accesible a aquellas personas con alguna discapacidad. Pero a veces se nos olvida que nuestra presencia debe ser, también, creíble.

Y para ser creíble no vale con poner el logotipo del partido, colgar una biografía personal del candidato o candidata y, como el que no quiere la cosa, pretender que el usuario crea ya de por sí que con la ventana abierta a la participación ya es suficiente. No, debemos sudar la camiseta.

Para sudar la camiseta, debemos tomarnos en serio nuestra presencia en la Red. Entender que si abrimos una ventana a la participación debemos hacerlo. Da igual que sea un perfil en Facebook, una cuenta en Twitter o un correo electrónico en tu web. La credibilidad te la ganarás participando, no sólo mostrando tu logo o colgando un par de vídeos que te recomendó hacer tu equipo de colaboradores.

Como sabéis, en muchas ocasiones abro este blog a la participación de voces de diferentes colores e ideas. Lo hice en las elecciones al Parlamento Europeo y recientemente con motivo de la Diada catalana… y no siempre es fácil conseguir contactar con quién querrías.

Por ejemplo, siempre he invitado a los partidos pequeños como UPyD o Ciutadans. En ambos casos usé una herramienta que tienen en sus sitios web: el correo electrónico. El equipo de comunicación del partido de Rosa Díez y el mismo Albert Rivera fueron los destinatarios de dos correos que nunca respondieron. Si no vas a responder a la consulta de los ciudadanos, ¿para qué pides que te contacten?

Alicia Sánchez-Camacho, la flamante candidata del PP catalán, hizo lo propio con su perfil en Facebook. Le envié un mensaje que nunca respondió. Y podríamos hablar también de las menciones y preguntas a Josep Antoni Duran i Lleida que siempre caen en saco roto….

Participar tiene su parte de compromiso y debe entenderse cuando uno da el paso. Que siempre es bienvenido, desde luego, pero no puede abusarse de la confianza del usuario. ¿De qué nos sirve inaugurar la mejor tienda en la 5ª Avenida si cerramos las puertas a cal y canto?