Canciones de campaña

En Estados Unidos existe una ya larga tradición de dotar a sus campañas electorales con canciones de campaña. Temas, algunos populares y otros menos conocidos, que vienen a apoyar el mensaje y la imagen del propio candidato. Si en España existiera esa tradición, quizás Zapatero escogería el hit eurovisivo de Remedios Amaya y cantaría aquello de “ay quién maneja mi barca, que a la deriva me lleva”. Rajoy podría atrevirse con el Aserejé de las Ketchup: una canción festiva y alegre –ya se ven en Moncloa- pero inteligible, como sus promesas de mejora sin saber bien qué hará.

Para algunos esto puede ser una tontería. Un amago de genialidad más de asesores políticos que no tiene ningún fundamento, pero la realidad es que, vistos los efectos que la música tiene en las personas, parece no ser una tontería el hecho de atender a ella. Es el íntimo juego de la música y la comunicación política, entender que algo tan básico en la vida como la música puede y debe ser un elemento más de campaña.

Pitágoras enseñaba a sus alumnos algo genial y casi mágico: cambiar los comportamientos de las personas, sus respuestas –incluso acelerar procesos de curación- a través de la música. Hace unos meses reflexionaba sobre el papel de la música en los anuncios electorales, como un determinado ritmo puede crear o sostener estados emocionales en la dirección del mensaje político y de los objetivos de comunicación. Reflexión que hicieron muchas campañas electorales.

En todo caso, la elección de temas de campaña no está exento de polémica. Dos candidatos –y presidentes- republicanos recibieron quejas de los artistas a quienes tomaron prestadas las canciones. Ronald Reagan, tras su famoso “California here we come” usado en la campaña que le llevó a la Casa Blanca, no dudó en hacerse con el hit de 1984 para su reelección. El “Born in the USA” de Bruce Springsteen fue el himno del antiguo actor. Por su parte, George W. Bush se opuso a Al Gore con el tema de un fan del vicepresidente más ecologista: “I won’t back down” de Tom Peety. Ambos artistas, reconocidos demócratas.

Aunque otro tipo de polémicas no viene tanto por la filiación política del artista sino por su nacionalidad. Si Bill y Hillary Clinton hacían de actores emulando a Los Soprano para presentar el tema de la campaña de ésta, la recepción del tema fue menos halagüeña que el propio vídeo. Hillay hechó mano de una mujer, la titanizada Céline Dion, que le prestó el tema “You and I”. Muchos americanos se preguntaron el por qué de la elección de una canadiense… y otros tantos, el sentido político de la canción.

Mejor sintonia tuvieron los Fletwood Mac con Bill Clinton. Incluso hoy el ex gobernador de Arkansas es reconocido por el “Don’t stop thinking about tomorrow”. Aún puede escucharse esa canción como presentación del presidente en actos como las Convenciones demócratas. La asociación, pues, entre tema y candidato puede llegar a ser muy íntima.

Otros candidatos han puesto toda la carne en el asador y han aprovechado todas las aristas emocionales y de comunicación de la música. Barack Obama apeló a la América que debe renacer tras el 11S con el hit de U2 “The city of blinding lights”, que le acompañó en momentos mágicos de su campaña, como en su salida al atril durante su discurso de aceptación en la Convención. El timbre y la potencia de Aretha Franklin contribuyó con su “Think”, que sonó en numerosos mítines, como al finalizar el célebre discurso de New Hampshire. Sinnerman de Nina Simone, Gimme Shelter de los Rolling Stones o la conocida versión musical del propio discurso de New Hampshire son otras piezas de la banda sonora de la campaña del presidente.

Pero no olvidemos los clásicos. JFK apeló a las grandes esperanzas de los americanos con el “High hopes” de Frank Sinatra. Y otro clásico entre los clásicos, Neil Diamond, prestó su “Coming to America” a Dukakis… aunque perdió. Bruce Springsteen puso su grano de arena en otra campaña que no llegó a buen puerto. Kerry tuvo “No Surrender” entre sus canciones de campaña y la presencia del artista en numerosos conciertos de apoyo al cambio que no llegó.

Seguramente Pitágoras echaba mano de otro tipo de recursos, pero en una sociedad plagada de información y de impactos como la actual, los artistas ayudan a comunicar proyectos. Más allá de las canciones que pudiesen elegir hoy Rajoy o Zapatero -aunque no se rodearían de John Cobra-, aquí también sabemos de qué va eso de la música. Quizás con menos tradición, pero no olvidemos que Tequila pedía que “no, no, que el tiempo no te cambie”. Algo que los socialistas entendieron era el mensaje de la juventud a Zapatero. Rajoy nos pedía el voto con el ballenato y… ¿a quién no se le ha pegado el himno del PP?

Enlaces de interés:
Escucha algunas de las canciones de este post en esta lista de Spotify.

¿Y si violaran a tu mujer?

“Y la siguiente pregunta es para el señor Rajoy. Señor Rajoy, si su hijo dejara embarazada a su novia con 16 años, ¿aceptaría que ella abortara?”

Imaginemos que en un debate electoral en 2012 el moderador o moderadora preguntara a bocajarro esta pregunta a Mariano Rajoy. Aunque sus posturas lo hayan sido a lo largo de la legislatura, incluso a lo largo de su vida, si no consigue articular una respuesta emocional, sincera, que pudiese hacer cualquier padre o madre.

Aunque quizás, tal y como se plantean los debates electorales en nuestro país, esta pregunta podría aparecer en “Tengo una pregunta para usted”. En este programa ya vimos algo parecido a esa incapacidad de conectar en algunas de las preguntas más complejas… Pero siempre es un riesgo enfrentarse a preguntas tan directas.

Quizás el ejemplo más claro es el de Michael Dukakis, el candidato demócrata que perdió las elecciones ante George Bush en 1988. Dukakis era gobernados de Massachussets y había defendido siempre una postura muy concreta ante la pena de muerte. Contrario a la pena capital, su campaña electoral se vio empañada por un ataque de Bush con el famoso vídeo sobre la historia de Willie Horton, un oscuro episodio de su etapa como gobernador. Willie Horton, un convicto afroamericano por asesinato, gozó de un permiso penitenciario en el que violó y atacó a una pareja. El video, mostraba la que llamaron “política de Dukakis sobre el crimen”.

Así, en el debate presidencial, con el crimen sobre la mesa, el moderador preguntó:

«Governor, if Kitty Dukakis [su mujer] were raped and murdered, would you favor an irrevocable death penalty for the killer

Dukakis respondió:

«No, I don’t, Bernard. And I think you know that I’ve opposed the death penalty during all of my life. I don’t see any evidence that it’s deterrent and I think there are better and more effective ways to deal with violent crime»

A partir de ahí, Dukakis desplegó una respuesta pormenorizada de sus razones, con una ausencia total de apelaciones emocionales. Para muchos americanos, la falta de emoción en algo que estremece a cualquiera fue suficiente para retirarle el apoyo. Las encuestas mostraron como su apoyo bajo del 49% al 42%. Había empezado las elecciones con 20 puntos de ventaja sobre Bush.

A veces una sola respuesta puede hacer tambalear toda una carrera política. Dicen que Ted Kennedy no llegó a presidente –entre otras cosas- porque no supo responder a la pregunta de por qué quería ser presidente.

Quizás por ello, los políticos tienen tanto miedo a ser preguntados. Pero a veces, hablar desde el corazón puede ser la mejor respuesta.