Todo lo que debes saber de la inauguration de Donald Trump

45. Donald J. Trump se convertirá en el presidente número 45 de la historia de los Estados Unidos. Y así se titula la publicación que te presento. El 20 de enero tras unas elecciones presidenciales, Washington D.C se viste de gala para investir al nuevo presidente de los Estados Unidos. Una ceremonia de pompa y circunstancia conocida como inauguration. Y así nos vamos a referir a ella en la publicación que puedes descargar o leer desde esta entrada. Cada cuatro años, un nuevo mandato presidencial empieza bajo la atenta mirada del mundo.

A las 12 del mediodía del próximo 20 de enero, Donald J. Trump será investido como el 45 presidente de los Estados Unidos de América. El presidente del Tribunal Supremo le tomará juramento. Su mujer estará junto a él. Y muchas cosas pasarán este día. Con esta publicación podrás seguir todo lo que ocurra en la 58 inauguration de la historia del país. Desde los eventos, la historia a los datos de esta tradición desarrollada de forma ininterrumpida desde 1789.

Ya puedes leer en esta entrada o descargarte esta publicación que te ayudará a seguir todos los actos de la inauguration de Donald Trump y un recorrido histórico por sus principales tradiciones. Descubre que es lo que no te puedes perder de su inauguration, recorre las principales tomas de posesión de la historia, conoce datos curiosos. Todo eso y más en esta publicación:

 

El Colegio Electoral vota a Trump en un país en estado de shock

El primer lunes después del segundo miércoles de diciembre. Ese es el día en el que los electores del Colegio Electoral se reúnen en sus respectivos estados para elegir al presidente y al vicepresidente de los Estados Unidos. Así va a ser elegido Donald Trump.

Una elección indirecta

En realidad al presidente y al vicepresidente no los elige el pueblo de forma directa. Los eligen los electores del Colegio Electoral. Y además no se hace con una circunscripción única. Se hace en base a los estados. Cada estado tienen un número de electores, en base a su población. Y luego son estos electores los que votan al presidente y al vicepresidente.

Y lo hacen, además, siguiendo el sistema mayoritario. Es decir, si un estado como Pensilvania tiene 20 electores, estos 20 electores votarán en bloque al candidato que haya ganado la mitad más uno de los votos del estado. Es el sistema conocido como “winner takes it all”. Que no tiene nada que ver con la canción de ABBA.

Así, los electores del Colegio Electoral se reúnen en sus estados el primer lunes después del segundo miércoles de diciembre tras las elecciones, cuando todos los votos ya han sido contados, y eligen formalmente al presidente y vicepresidente. El candidato necesita, para ganar, 270 votos de los 538 que tiene el Colegio Electoral.

¿Por qué 538 votos?

El Colegio Electoral está formado por 538 electores. Cada estado tiene un número de electores, que son la suma de los dos senadores de cada estado y los miembros que cada estado tienen en la Cámara de Representantes. El Distrito de Columbia no es un estado, pero tiene representación en el Colegio. No puede tener más electores que el estado más pequeño. En este caso es Wyoming, así que tiene los mismos electores que ese estado, tres.

¿Quiénes son los electores?

Cada estado, bajo el liderazgo de los dos grandes partidos, elige a los electores en los meses anteriores a la elección. Y como ocurre para casi todo en la federación, cada estado tiene sus propias normas. Así, hay estados en los que se celebran primarias para elegirlos y otros en los que son elegidos por las convenciones de los partidos (como en Oklahoma, Virginia o Carolina del Norte) y en otros, como en Pensilvania, los comités de campaña los eligen para evitar que haya ovejas descarriadas que no voten lo que deben votar.

Cada estado determina cómo se eligen a los electores de cada estado, pero hay límites establecidos en la constitución: cualquier persona que tenga un cargo federal, ya sea por elección o por nominación, no puede ser un elector. En todo caso, cada cámara puede votar, por dos tercios, permitir que alguien pueda ser elector aunque tenga un cargo federal.

Estos electores solo tienen un cometido: votar al presidente y vicepresidente. Los padres de la constitución querían que fuera así. Al principio se pensó en que el Congreso votará al presidente, tal y como ocurre en países como España. Pero pensaron que eso era peligroso porque el Congreso sería un cuerpo en el que sus miembros no serían renovados con asiduidad, con lo que se podrían generar dinámicas negativas. Con la misma idea de que el presidente fuera elegido por una mezcla de población y estados (el pueblo y los estados), decidieron optar por el Colegio Electoral. Así, una vez voten, este cuerpo ya no tendrá sentido. Y no se generarán, según los padres de la constitución, dinámicas perversas.

¿Qué votan el 19 de diciembre?

Los electores votan únicamente al presidente y al vicepresidente. Votarán a los candidatos y se mandarán seis certificados firmados por todos ellos.

¿Y si no quieren votar a Trump?

En realidad la constitución no obliga a los electores a votar por el candidato que ha ganado el estado. 29 estados y el Distrito de Columbia han aprobado leyes para evitar lo que se conoce como “faithless electors”. Así que, formalmente, los electores de los 20 estados restantes podrían no votar al ganador en su estado si lo quisieran. Y según algunos expertos en derecho constitucional, si se llevara la prohibición de los 30 estados restantes a los tribunales, se podría ganar porque podría ser totalmente inconstitucional.

De hecho, está pasando ahora mismo en Colorado, donde se ha llevado esta prohibición a la justicia y esto podría abrir la puerta a declararlo inconstitucional. Por eso, el equipo de Trump ha debido personarse y luchar contra esta maniobra legal. Un precedente podría abrir la puerta a que los electores no voten a Trump. Es bastante improbable, pero es importante lo que está ocurriendo.

¿Qué pasa si nadie llega a los 270 votos?

Para ser elegido presidente o vicepresidente, los candidatos deben tener la mayoría absoluta de los 538 votos. Es decir 270 votos. El resultado electoral ha dado a Trump 306 votos del Colegio Electoral, con lo que con toda seguridad será elegido.

Pero podrían o pueden pasar dos cosas: en primer lugar, las elecciones podrían haber dado un resultado en el que ni Trump ni Clinton hubiesen llegado a los 270 votos por la irrupción de algún tercer partido. Pero no ha pasado. Lo segundo, los electores que no están sujetos a leyes que les obligan a votar al candidato del partido, podrían votar a un candidato alternativo del partido republicano. Si 35 electores votan a otro candidato, nadie tendría mayoría. De hecho, el republicano John Kasich emitió un comunicado pidiendo que no le votaran a él.

¿Puede pasar?

Es bastante improbable. Aunque hay fuertes rumores de un motín en el partido republicano, públicamente solo se conoce el caso de un elector de Texas que no quiere votar a Trump. Por lo que lo más seguro es que todo vaya como está escrito.

En todo caso, los electores han pedido tener un briefing de seguridad nacional antes de votar por las más que creíbles sospechas de que Rusia ha interferido en el proceso electoral para apoyar a Trump.

Si ocurriese y nadie tuviese la mayoría absoluta, la elección del presidente pasaría al Congreso. La 12ª enmienda establece que si nadie llega a los 270 votos, se convoca inmediatamente una sesión de urgencia. La Cámara de Representantes debería votar, entre los tres candidatos que más votos electorales han obtenido en el Colegio Electoral, al presidente. Así, cada delegación del estado en la cámara vota en bloque a un candidato. Y gana el candidato que tenga la mayoría absoluta de 16 votos. El Distrito de Columbia no votaría. Si nadie gana, se sigue votando. El presidente se eligió así en 1801 y en 1825.

Al vicepresidente lo elegiría el Senado. Lo hará entre los dos candidatos con más votos en el Colegio Electoral. Aquí se necesita la mayoría absoluta del Senado, es decir, 51 votos. Sólo ocurrió en 1837.

Esta parece ser la elección más controvertida del Colegio Electoral. Seguramente impere la práctica habitual y nada se salga del guión establecido, pero el estado de shock del país se refleja como nunca en la elección del lunes.

¿Tiene sentido el Colegio Electoral?

La América revolucionaria se refleja en el Colegio Electoral. El miedo a que el Congreso pueda votar al presidente sin el referente de los estados o del voto popular, las diferencias de población e influencia de los estados, la esclavitud en el sur, la lejanía del poder de varios estados… por todas esas cuestiones en los Federalist Papers se pueden leer interesantes debates sobre por qué esa fórmula se considera la mejor en ese momento de la historia.

Ser ganador del voto popular no cuenta en una elección así. Casi siempre coincide, pero no siempre. Así, en estas elecciones hemos visto como Clinton ha ganado por un amplísimo margen el voto popular. Pero no el del Colegio Electoral, que es el que vale. Por ello, empieza a aparecer con fuerza la idea de que en pleno siglo XXI, con el derecho a voto totalmente extendido, el poder de varios estados clave que no tienen porqué ser los más poblados, es mayor que el de otros en los que vive mucha gente. Así, el voto de los ciudadanos de California o Nueva York cuenta mucho menos, en términos de influencia, en unas elecciones presidenciales. Quizás no tenga ya mucho sentido… pero Estados Unidos es un país amante de las tradiciones. Y no hay nada más tradicional que el Colegio Electoral.

Las peores máscaras de Trump y Hillary en Aliexpress

Fin de semana de Halloween en Estados Unidos y miles de casas se llenarán de disfraces de Hillary Clinton y Donald Trump. La campaña llega a todos los rincones del país. Hoy quiero traerte las peores máscaras de Clinton y Trump que puedes encontrar en Aliexpress.

Mmmm ¿Hillary Merkel?

Por poco más de 20 euros puedes tener esta máscara de Hillary que no parece Hillary y que hará que todo el mundo te pregunte quién eres o quizás se atreverán a llamarte Angela Merkel.

 

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El Trump más Bowie

Por 17 euros puedes tener la versión más Bowie de Donald Trump. Ese tinte es muy Bowie, pero las facciones recuerdan más al padre de Lucía en “Aquí no hay quién viva”.

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Cuando Clinton se parece a Colbert

Por 17 euros puedes tener una máscara de Clinton con fuertes inspiraciones de Stephen Colbert.

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La mejor máscara de Trump para atracar un banco

Con esta máscara podrás atracar un banco y harás que el terror reine. También te sirve para declarar en bancarrota tu empresa. Por la módica cantidad de 12 euros.

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Naranjito

Con esta máscara de Trump, que está bastante conseguida y sólo cuesta 12 euros, podrás tener la versión más naranja del personaje. O directamente disfrazarte de naranjito.

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Y si buscas otras ideas, este post de la campaña de Clinton es lo más. Y si no, siempre te quedará Pedro Sánchez.

10 productos de la campaña que no puedes comprar. Y te encantaría tener.

No, lo siento. No puedo comprarte merchandising de estas elecciones y llevarlo a España. Que me quede sólo un kilo de margen en mi equipaje no es la única razón. Solo los ciudadanos estadounidenses pueden comprarlo. Y yo… no lo soy. Pero, ¿por qué ocurre eso? ¿Es porque Trump ya ha aplicado su muro? Para nada. La razón es que los productos de merchandising electoral son una donación.

Una campaña presidencial es carísima. Obama gastó más de 985 millones de dólares en 2012. Romney, 992. Las campañas deben buscar constantemente fuentes de financiación y todo, absolutamente todo va dirigido a conseguir dinero para la campaña. Este es un país enorme, hay que pagar a trabajadores en todos los estados, hay que pagar anuncios electorales para convencer, organizar eventos, pagar viajes, aviones

El departamento de fundraising de una campaña es, seguramente, el más importante. Si no se puede asegurar la viabilidad financiera de una campaña, es imposible llegar a la Casa Blanca. Cada campaña tiene sus estrategias y sus productos. Algunas se concentran en pocas donaciones muy sustanciosas. Otras, en muchas donaciones por poco valor.

El merchandising es una forma más de financiarse. Y por tanto, una forma más de donación electoral. Por lo que solo se puede donar de acuerdo a la ley. Por eso, si intentas comprar algo en la web de Hillary o Trump no podrás. Si no eres estadounidense no podrás. Y sí, sé lo que se siente cuando ves un póster increíble que quedaría genial en tu salón pero no puedes comprarlo. Y no, en la sede de campaña no hay globos, chapas, pegatinas o camisetas para regalar. Porque aquí las cosas no funcionan así.

No podemos comprar merchandising pero sí podemos admirarlo. No te pierdas estos diez productos de merchandising de esta campaña por los que morirías:

1. La pegatina “No a Trump”

Las pegatinas electorales son súper famosas en las campañas presidenciales. Especialmente las conocidas como “bumper stickers”, que la gente suele pegar en sus coches.

Esta de la campaña de Hillary contra Trump tiene un diseño maravilloso. Dos pegatinas por 5 dólares.

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2. El cartel para el jardín

Si vives en una casa y tienes un jardín, puedes hacer como muchos americanos que muestran sus preferencias políticas poniendo estos carteles. Este de la campaña de Clinton cuesta 20 dólares y es resistente al agua. Esto es difícil de exportar a España. Pocos jardines tenemos y menos al estilo americano, con vistas al vecindario. Pero sobretodo porque eso de decir a los cuatro vientos a quién votamos, no lo llevamos muy bien. Los de Trump son algo más agresivos.

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3. La gorra roja de Trump

El color rojo es el color de los republicanos. No creas que Trump se ha vuelto socialista. Esta es su famosa gorra de campaña con el lema “Make America Great Again”. Por 25 dólares puedes conseguirla. Dice que está hecha en los Estados Unidos.

Si además eres socio de la NRA, quizás te interese este modelo.

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4. El póster de Tony Puryear

Por 30 dólares puedes tener una copia de un retrato de Hillary Clinton que está en la Smithsonian Portrai Gallery. Se trata de este retrato de Tony Puryear. El marco, lo pones tu.

5. Make your matrícula great again

Con esta funda, puedes personalizar la matrícula de tu coche. Si tu coche tiene matrícula americana, claro. Si no, tirarás 30 dólares a la basura.

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6. Las camisetas más fashion de Hillary

Una serie de diseñadores han apoyado la campaña de Hillary con los diseños de estas camisetas. Aquí puedes verlas todas, con precios diferentes. Esta, por ejemplo, es la de Marc Jacobs.

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7. La carta femenina de Clinton

Por 10 dólares puedes jugar la carta femenina de Clinton. Este juego de cartas de póker incluye mensajes sobre derechos de las mujeres con ilustraciones de Caitlin Keegan.

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8. Todo el mundo está con Hillary

O eso rezan todas las camisetas que la campaña ha preparado con un montón de grupos de apoyo a la campaña, como esta “LGBT for Hillary”. Por 30 dólares.

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9. Una bolsita hipster la mar de ingeniosa

Esta bolsa es perfecta para pasear por Malasaña o el Raval. Convirtiendo la famosa canción de Cyndi Lauper en un mensaje político: “Girls just wanna have fun-damental rights”. 25 dólares. Algodón y poliéster.

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10. Los pompones de Trump

¿Hay algo más americano que un partido de algún deporte con su himno, su bandera y sus cheerleaders? Puedes comprarte estos pompones de Trump por 10 dólares.

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Al Smith Dinner, la última cita de Hillary y Trump

Esta noche Hillary Clinton y Donald Trump se verán las caras por última vez. Es más, estarán sentados en la misma mesa. Hoy es el tercer jueves de octubre y la Alfred E. Smith Memorial Foundation celebra su cena anual para conseguir fondos para su organización. Una cena que en año electoral pasa a ser una cita política más. Este año, además, es la última cita entre los candidatos.

Al Smith fue gobernador de Nueva York y el primer candidato católico a la presidencia de los Estados Unidos. Su fundación ayuda a organizaciones caritativas católicas. Desde 1945, un año después de su muerte, se celebra una cena anual para recaudar fondos para esas organizaciones. Una cena que reúne a lo más granado de la sociedad neoyorquina y que organiza el arzobispado de la ciudad.

Casi todos los presidentes de Estados Unidos de los últimos setenta años han pasado por la cena. Solo dos presidentes no han hablado nunca: Harry S. Truman y Bill Clinton. Y casi todos los candidatos a la presidencia en año electoral han pasado por la cena, salvo Clinton y Dole en 1996, George W. Bush y Kerry en 2004 y Walter Mondale en 1984. En 1996 y 2004 la organización no invitó a los candidatos por desavenencias y el candidato demócrata en 1984 decidió saltarse la cita por las fricciones con la iglesia católica a cuenta de la posición de su partido sobre el aborto. Esa tensión con el partido demócrata ha sido una constante desde los años ochenta.

En la cena, los candidatos hacen un discurso, generalmente en clave de humor. Más parecido a un roast, el tipo de discurso parecido al brindis en el que se ataca a otra persona en clave de humor. Por lo que podemos esperar ver a Trump criticar a Hillary. Y Hillary hacer lo propio con Trump. Hoy más que nunca el morbo está servido.

La cena llega justo después del debate presidencial de ayer. El último cara a cara entre los candidatos, por lo que esta es la última cita entre los dos hasta el día de las elecciones. La expectación por lo que pueda ocurrir esta noche es máxima.

Pd: nota para fans de “El Ala Oeste de la Casa Blanca”. Esta es la cena en la que Santos y Vinick se encuentran y en la cocina deciden debatir el domingo siguiente.

 

Actualización

Estos son los vídeos con los discursos de los dos candidatos:

Clinton gana. Trump sigue vivo.

Los líderes republicanos que han intentando distanciarse de Trump en las últimas horas, han apuntalado la campaña de Trump. En un debate presidencial las expectativas lo son son todo. Esa imagen de campaña a la deriva, de soledad de Trump y de vacío a su alrededor era una oportunidad que Trump ha aprovechado. Si se esperaba ver a un hombre muerto, en el debate hemos visto a un hombre herido, pero vivo.

El debate ha sido un auténtico horror. Sin paliativos. Ha empezado sin saludo de los dos candidatos. Algo extremadamente inusual en la política americana. Y Trump ha marcado el paso de este debate con ataques muy duros contra Clinton. Trump ha llegado a amenazar a Clinton con llevarla a la cárcel. Algo inaudito en una campaña presidencial.

Trump ha usado el debate como una plataforma tremenda para defenderse del vídeo que dio en exclusiva el Washington Post que ha dejado la campaña patas arriba. Su línea de defensa es que su lenguaje es “charla de vestuario”. Y el concepto va a calar. Además, Trump ha dado una rueda de prensa justo antes del debate con mujeres que denuncian haber sido abusadas por Bill Clinton. Su defensa, un ataque masivo.

Clinton, por su parte, ha preferido dejar que Trump hable y se retrate. Seguramente le vaya bien para convencer a parte de los indecisos. Especialmente cuando el propio Trump ha incurrido en graves incoherencias y ha llegado a aceptar que no ha pagado impuestos federales tal y como publicó el New York Times. Pero a Clinton se le ha escapado vivo. Hay campaña. Hay partido. Pero Clinton ha conseguido no entrar al barro con la cuestión sobre su marido. Batalla que es impredecible. Lo sabe y se entiende su contención.

El debate ha sido muy duro y Trump se ha encargado de llenarlo de argumentos populistas. Ni a la pregunta de una mujer musulmana ha sido capaz de dar argumentos o defender con sentido su posición. Trump se ha saltado de forma sistemática las normas del debate. Desde interrumpir constantemente a Clinton a acusar a los moderadores de estar perjudicándole. Se hablará de esto en las próximas horas.

Clinton ha ganado en las policies. Ha ganado en las respuestas sobre lo que va a hacer y sobre conocimiento de cuestiones como la política exterior. Las respuestas de Trump han sido dantescas. Pero Trump ha sido más fuerte en el temperamento. Sus modos vulgares le han dado fortaleza. Y eso habla mucho del momento político global que vivimos. El populismo ha ganado el debate.

El formato ha ayudado a una victoria del populismo. Un formato que le ha permitido a Trump lanzar ataques y mantener mentiras probadas por decenas de fact-checks. Un formato que no permite la re-pregunta de la persona del público o el debate cara a cara de los candidatos. Era el mejor formato para Trump y lo ha aprovechado. De forma incomprensible, Trump ha perseguido a Clinton por el escenario. Clinton se ha mostrado mucho más empática y eso, sin duda, hace que se vaya de este debate seguramente sin rasguños.

Seguramente este debate no llegó de la manera que Trump esperaba. Seguramente Trump quería ganar el primero. Y quería llegar a este liderando. La realidad ha sido otra. Creo que Trump no ha ganado este debate. Pero deja el contador de los debates con una sensación de empate por no haberse hundido aún más. Clinton se va habiendo dejado que Trump se retrate y el impulso de este debate dudo que sea tan grande como el conseguido por Clinton. Queda una carta y, volviendo a las expectativas, a día de hoy esta victoria de Trump puede beneficiar más a Clinton que al magnate. Pero, como digo… hay partido.

Nota editorial: hablar de una victoria de Trump, como se está viendo en algunos lugares, en este debate es un fracaso del modelo político. Un fracaso del modelo que envuelve la política. Un fracaso de la comunicación política. Prima el espectáculo y líneas de Trump como las de “porque estarías en la cárcel”. Y eso es grave. Un candidato a la presidencia ha hecho lo que hacen los dictadores. Y eso es grave. Si hablamos de argumentos puros y duros, Clinton ha ganado por goleada. Pero las decisiones de los debates no se hacen en base a ello. En situaciones normales, esta nota a pie de página sería innecesaria. Es más, sería molesta. Pero cuando el candidato de un partido al cargo más importante del planeta hace lo que ha hecho hoy, los que sentimos pasión por esta profesión tenemos que hacer algo más que describir lo que ocurre.

¿Cómo será el segundo debate entre Hillary Clinton y Donald Trump?

Aprende una nueva palabra del léxico electoral americano: el debate town-hall. Y como no tenemos traducción para este concepto, lo más aproximado es el formato que tanto triunfó en España en los años de Zapatero. El debate es lo más parecido al “Tengo una pregunta para usted”. Y con esto, entramos en materia. Te cuento cómo será el debate presidencial.

¿A qué hora empieza?

El debate empezará a las 21h (ET). O sea, la hora de la costa este en Estados Unidos. En España serán las 3 de la madrugada. Terminará a las 4:30 hora peninsular española. 90 minutos sin anuncios.

¿Dónde se puede ver?

La mayoría de las cadenas de televisión de Estados Unidos conectarán en directo con el debate. Si tienes televisión por satélite o plataformas como Movistar TV o Vodafone TV podrás verlo en canales como CNN, Fox News o CNBC.

Además, habrá streaming en directo en Youtube.

¿Dónde se celebra?

El debate se celebra en la universidad de St. Luis, en el estado de Misuri. Es la universidad que más debates ha celebrado en la historia de los Estados Unidos.

¿Cómo será el debate?

Como decía al inicio, el formato de este debate es el llamado town-hall. En él, los que hacen las preguntas son los espectadores en la sala. No hay atril, los candidatos estarán sentados en sillas y se levantarán cada vez que alguien pregunte algo y responderán a la pregunta por turnos.

Es un formato incómodo para los candidatos porque son muy vulnerables a todo lo que se suele comentar de un debate. No tienen el anclaje de una mesa, no pueden tener apenas notas o papeles y se muestran totalmente ante el espectador. Solo van armados de un micrófono.

De hecho, este formato ha puesto a más de un candidato en apuros. Como cuando el presidente Bush se fijó en su reloj tres veces durante un town-hall presidencial para consultar la hora mientras los ciudadanos hacían preguntas sobre la situación económica y sus vidas.

Esta noche en la sala encontraremos a 40 ciudadanos que aún no han decidido su voto. Han sido seleccionados por Gallup y cada uno de ellos puede hacer una pregunta. Sin embargo, son los moderadores los que eligen las preguntas de los ciudadanos y también hacen sus propias preguntas. Con lo que se calcula que solo ocho de los cuarenta ciudadanos presentes podrá hacer una pregunta.

El formato será el siguiente: un ciudadano o ciudadana o los moderadores hará una pregunta y los candidatos tendrán dos minutos para responder, tras lo que habrá un minuto adicional para debatir.

¿Quién modera el debate?

Este debate tiene dos moderadores, Martha Raddatz, de la ABC y Anderson Cooper, de la CNN. No solo eligen las preguntas de los espectadores, también podrán hacer sus preguntas a los candidatos.

¿Cómo será el escenario?

Los candidatos estarán sentados en sillas altas o taburetes. Y a su alrededor estarán los 40 ciudadanos seleccionados. En frente, los moderadores.

Los 8 días de oro de Hillary Clinton

En realidad no son ocho días. Son doce. Pero si El Corte Inglés se permite el lujo de alargar sus ocho días a semanas, yo también puedo hacerlo para hablarte del momentum que le dio a Hillary Clinton el primer debate presidencial.

Los debate electorales, en esencia, mueven pocos votos. Pero uno de los efectos que tienen es cambiar estados de ánimo y percepciones sobre los candidatos. Y aunque el debate en sí no tiene porqué arrastrar muchos votos, el clima posterior sí. Por eso, escribí esto cuando el primer debate había acabado. Hoy quiero analizar lo que ha ocurrido en estos últimos doce días para entender la ventaja con la que llega Clinton al debate de mañana domingo.

Si no sigues a Nate Silver, debes hacerlo ya. Silver es un estadístico americano que en 2012 predijo el resultado electoral en los 50 estados y en la capital federal. Lo clavó. Desde su web, está analizando también esta campaña y te ofrece en tiempo real su predicción por estado y a nivel nacional. Y es un buen indicativo para ver el estado de la campaña.

El 26 de septiembre, Clinton y Trump debatían por primera vez. Y las cosas no pintaban demasiado bien para Clinton. Según Silver, sus opciones de ganar estaban en un 52% contra un 47% para Trump. Pensarás “ah bueno, pero seguía pudiendo ganar”. Y eso en realidad no es así. Si Clinton no paraba esa sangría en ese momento, podía contagiar a otros estados clave y hundirse. Un Trump vencedor de ese debate cambiaba las tornas.

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¿Por qué Hillary llegaba tan mal a ese debate? El 11 de septiembre, Clinton no solo sufre un desmayo, provoca su desplome en las encuestas. Especialmente por la gestión de la comunicación de la neumonía, los debates sobre su estado de salud y las teorías de la conspiración. Pasa del 74% de probabilidades al 52%.

Pero el debate lo cambia todo. Hillary gana por goleada. Encuentra su espacio y su tono. Rebate a Trump. Y Trump va a un debate sin preparación. La derrota es sin paliativos. En ese debate Hillary consigue insertar algo en el marco mental de la opinión pública: habla del por qué Trump no presenta su declaración de impuestos e insinúa que no los paga. Trump saca pecho y lo reconoce implícitamente. En ese momento, en varios focus groups, muchos electores muestran una gran desaprobación.

30 de septiembre. Tras una semana hablando de la declaración fiscal de Trump, se hunde en las encuestas y empieza a mostrar debilidad en varios estados clave. 2 de octubre. El New York Times publica en exclusiva una declaración fiscal de Trump del año 95 por la que podría haber estado hasta hoy sin pagar impuestos. Lidera todas las conversaciones.

4 de octubre. Hillary supera el 81% en probabilidades de ganar y el efecto se empieza a notar en estados como Ohio. Y se muestra más fuerte en swing states que estaban siendo más proclives a los demócratas.
Así llegamos a hoy, 8 de octubre, con una ventaja clara de Hillary y la imposibilidad de Trump de liderar la agenda mediática. Ni el debate entre candidatos a vicepresidente, que ganó su compañero de ticket electoral, le sirvió para recuperar algo de aliento. De hecho, ha llegado a tal punto que la discusión ahora mismo está en que Pence es el favorito republicano para la nominación en… ¡2020!

Pero si algo nos enseña Silver en su página es que un gran apoyo también se puede perder rápido. Por eso, Clinton debe elegir bien su estrategia de debate mañana. Las expectativas hacia su victoria son más grandes que el 26 de septiembre… y deberá mantenerse fiel a ellas si quiere mantener esta ventaja. Queda partido.

Clinton puede haber ganado las elecciones hoy

Clinton tenía más que perder que Trump en este debate. Una derrota de Clinton podía llevar a Trump al tan ansiado momentum. Al sorpasso, tan conocido en la política española. Si Hillary perdía este debate, la espiral negativa tras la neumonía se lo hubiese puesto muy difícil. Pero Hillary no ha perdido esta noche. Hillary gana este primer asalto.

Clinton ha dominado en dos de los tres bloques temáticos, tanto en la visión de país como en seguridad. Su experiencia como Secretaria de Estado ha sido importantísima. En economía, Trump ha dominado en los primeros minutos, cuando ha desplegado su discurso anti-inmigración. Pero Clinton ha sido contundente al hablar de fiscalidad y poner a Trump en un brete al hablar de su declaración fiscal.

Ha habido ataques por los dos lados. Incluso ataques al moderador, Lester Holt, por parte de Trump. Pero Clinton ha atacado mejor y, más importante aún, se ha defendido mejor. Ha repelido bien el ataque por los correos y sobre su salud. Y se ha descalificado a él solo al hablar de su hijo de diez años y los ordenadores al hablar del ISIS.

Trump ha conseguido, a su vez, no aparecer como el verso suelto que fue en los debates durante las primarias. Trump ha sido Trump, pero menos. Eso es algo positivo para él en cuanto al voto indeciso. Y puede no dañar a su electorado.

Muy interesantes las apelaciones a la web. Para muchas personas que seguían el debate, algo vintage. Pero la realidad es que Clinton ha ligado parte de sus intervenciones y ataques al fact-check que su equipo hacía en directo. Y la web de Trump se ha llegado a caer.

Los dos salen con vida de este debate. Pero solo Clinton no podía permitirse el lujo de salir mal herida de él. No ha sido el caso. Sale fortalecida y liderará la conversación posterior. Y eso es buena para ella. ¿La siguiente meta? Las expectativas para el segundo debate.

Clinton puede haber ganado las elecciones hoy. El capital que le ha dado este debate es importantísimo. Si no lo malgasta, estará en el buen camino.

Y ahora, a dormir. Pero antes, esto:

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Hill Force One. Trump Force One. Los aviones de los candidatos.

4.500 kilómetros separan la ciudad de Nueva York de Los Ángeles. 31 votos electorales en el estado de la primera ciudad. 55 en el segundo. 5.300 separan Seattle de Miami. 11 votos electorales en Washington. En Florida, 27. Estados Unidos es un país enorme, el día tiene 24 horas y solo hay un candidato por partido. Así viajan los candidatos.

Las campañas electorales han cambiado al galope de los nuevos medios de comunicación y transporte. De la radio a la televisión. De la televisión a internet. Del caballo al tren. Del tren al autobús. Del autobús al avión. Desde la década de los 70, es imposible entender la campaña sin el avión de los candidatos.

Forman parte del imaginario colectivo de las campañas electorales. Son rápidos y permiten recorrer grandes distancias. Permiten viajar con la prensa y asegurar la cobertura en todas las paradas de la campaña, trabajar durante los vuelos y dormir entre acto y acto. Los candidatos tienen reuniones con donantes a bordo de sus aviones y consiguen más fondos para sus campañas.

En esta campaña electoral, Hillary Clinton y Donald Trump también tienen sus aviones de campaña. Pero esta campaña también tiene sus particularidades en estos pájaros de acero. Veamos cómo vuela cada candidato.

Hill Force One

Hillary Clinton no presentó su avión de campaña hasta el 5 de septiembre, solo 64 días antes de las elecciones. Trump vuela con su propio avión desde el primer día de la campaña de las primarias. Hasta ese momento, Clinton viajaba en un Falcon y la prensa, en otro. El Falcon le costaba unos 6.000$ la hora.

Clinton viaja en un Boeing 737 -el competidor del A320, que es el avión que sueles ver en vuelos nacionales y europeos-. Made in America. 14 años de antigüedad. Fue propiedad de Air Berlin. Está personalizado para la campaña, con el logo de la campaña en la cola del avión y el lema “Stronger Together” en la parte delantera. Todo el fuselaje está pintado en tonos azules, el color del partido Demócrata.

La cabina está dividida en cuatro partes: una para Clinton y su equipo, otra para el equipo, otra para el Servicio Secreto y la última para los periodistas, que tienen 42 asientos a bordo. El avión tiene wifi y el primer vuelo oficial en campaña fue a un swing state: Ohio.

En el vuelo inaugural, días antes de la baja por neumonía, Clinton dio su primera rueda de prensa en varias semanas. Sus pocas intervenciones en medios durante el verano eran ya un tema de campaña.

Trump Force One

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Donald Trump viaja en su propio avión desde el principio de la campaña. Ya lo tenía en propiedad. Lo compró en 2011 al fundador de Microsoft Paul Allen. El avión personal de Trump es un Boeing 757-200, el sexto avión más caro del mundo. También made in America. Los motores son Rolls Royce. Cada hora de vuelo le cuesta 7.000$.

Un 757 comercial tiene capacidad para 239 pasajeros, pero en el modelo personalizado de Trump solo caben 43 personas. Los periodistas no viajan con Trump. Y a veces no llegan a los actos del candidato. Los periodistas no pueden disfrutar de los lujos del avión, que incluyen una habitación, un comedor y una habitación de invitados. Ni de los baños con grifería en oro de 24 quilates. Ni del sistema de cine y audio. Ni pueden abrocharse los cinturones… de oro. Este vídeo no tiene pérdida:

En el fuselaje encontramos el nombre de Trump en la parte delantera y una T en la cola. Pintado en azul oscuro y las letras en blanco, con una franja roja. Los colores de la bandera.

Trump Force Two

El Trump Force Two, o TF2, también es un Boeing 737, como el de Hillary Clinton, es el avión del candidato a la vicepresidencia, Mike Pence. El modelo tiene capacidad para 137 asientos, pero este modelo solo tiene 64. Todos de primera clase. Este avión sí que lleva a bordo al candidato y a su equipo, además del Servicio Secreto y a periodistas.

The charter plane of Republican presidential candidate Donald Trump and vice presidential candidate Mike Pence is pictured though a bus window on the tarmac in Roanoke, Virginia, U.S., July 25, 2016. REUTERS/Carlo Allegri - RTSJLB3
The charter plane of Republican presidential candidate Donald Trump and vice presidential candidate Mike Pence is pictured though a bus window on the tarmac in Roanoke, Virginia, U.S., July 25, 2016. REUTERS/Carlo Allegri – RTSJLB3

Los whistle-stop tour modernos

Los aviones de campaña permiten hacer los whistle-stop tours modernos. Se trata del estilo de campaña que se hacía en el siglo XIX, a bordo de un tren, cuando este era el principal medio de transporte. El candidato hacía varias paradas pequeñas y se dirigía a los ciudadanos a bordo del tren. Una imagen icónica que ha llegado hasta nuestros días.

Los aviones permiten hacer algo similar. El ahorro en tiempo que supone hacer un acto en la pista de un aeropuerto permite que un candidato pueda estar en varios estados en un mismo día. Y la visita a un estado concreto puede arañar un buen puñado de votos. De la imagen icónica del tren a la del avión. Algo que Trump cree haber inventado.

Tras el inicio de los vuelos del Hill Force One, Trump la acusó de copiarle los actos a pie de pista con el avión de fondo. Algo que decenas de candidatos han hecho a lo largo de los últimos 40 años. El Air Force One será solo para uno de los dos. Y si Trump lo consigue, seguro que echará de menos los grifos de oro.