El último discurso de Allende

Fue hace 36 años, sin avisar. Sin tiempo para speechwriters, ensayos o tests de aceptación para uno u otro parágrafo. Fue la respuesta más digna de un líder que sería depuesto y que se suicidó antes de ver una dictadura de horror y dolor. Fue un 11 de septiembre en Chile y este es el último discurso del presidente Allende:

Hace un año… Obama en la Convención

Tal día como hoy, hace un año, Obama llenaba el estadio INVESCO de Denver con miles de seguidores que querían escuchar su discurso de aceptación de la candidatura demócrata. Eso fue durante la Convención Demócrata.

Obama, como en tantos discursos, hace gala de una buena oratoria. Os propongo echar un vistazo al vídeo e identificaréis algunos de los recursos típicos (tríadas, repeticiones…) pero además de disfrutar de su oratoria, su interpretación y el gusto por el espectáculo de los americanos, os propongo que pongáis atención al fondo, a las ideas, a lo que dice.

Espero vuestras opiniones…

Montilla no es Obama

Montilla no es Obama, de eso estamos seguros. Y tampoco hace falta que lo sea. Mucho se ha escrito sobre el liderazgo del presidente de la Generalitat, sobre su manera de hacer. Mucho se ha hablado también de sus puntos débiles y de sus puntos fuertes, que encarna a la perfección el lema de su campaña: Hechos, no palabras.

Y estoy de acuerdo con el presidente, en comunicación a veces son más importantes los hechos que las palabras. O lo que es lo mismo, a veces es más importante el hecho en sí mismo que lo que se dice. Por eso me gustaría analizar la mise en scène del acuerdo de la financiación de ayer.

Según la escuela de comunicación de Palo Alto, Claifòrnia, en comunicación el mensaje, lo que se dice, sólo tiene una importancia del 20%. El 80% restante es como lo decimos. Y creo que ayer el Gobierno de la Generalitat perdió una oportunidad para reforzar uno de sus puntos más débiles.

Con un retraso de 11 meses las cosas se podrían haberse hecho mejor. Si la intención del Gobierno era reforzar la imagen de Montilla, la comparecencia debería haber sido inmediatamente posterior a la de Salgado o en horario de máxima audiencia. Dejarlo para un domingo de verano a media tarde no parece la mejor opción.

La primera opción hubiera dado un cierto toque de bilateralidad oficiosa, y la segunda opción, hubiera conseguido la entrada en directo en los informativos. Pero no ha sido así.

Además, la Generalitat tardó en dar material a la Red. Hasta bien entrada la noche no se colgó la declaración institucional del presidente y ni la home de la web ni el perfil de Twitter dieron ninguna información, relevancia o importancia al hecho. Los vídeos de Montilla, imposibles de encontrar.

Y esta es la clave: no haber permitido que en las horas inmediatamente posteriores a su anuncio, se pudiera liderar el tempo. No ya desde los medios tradicionales, sino en la conversación. Esta tarea la hicieron los diputados del PSC a través de sus twitter y Facebook.

Pero vamos al 20% restante, el discurso. No es un mal discurso, pero ayer el Gobierno tenía la oportunidad de centrar el tema en los beneficios del nuevo modelo por los 7 millones de catalanes. El análisis del discurso nos permite observar:

  • ciertos elementos presidencialistas (que buscan reforzar la imagen del presidente como “Hoy he hablado con los líderes de todas las fuerzas políticas” o “Como Presidente, quiero deciros que tengo la esperanza…”)
  • ciertos elementos patrióticos, sin levantar demasiado el vuelo ( “Este será un gran acuerdo … que hará grande a Catalunya”)
  • y la parte de agradecimientos.

¿Qué sería de este mismo discurso si se hubiera personalizado? ¿Qué hubiera pasado si lo hubiera empezado con una historia? ¿Y si hubiera ligado pasado, presente y futuro? ¿Y si hubiera conectado con la gente en horario de máxima audiencia? ¿Y si hubiera sorprendido con su mejor discurso?

Creo, sin embargo, que estas carencias se explican por el protagonismo cedido a Esquerra para que pudiera aceptar el acuerdo. ERC lideró el proceso toda la tarde. Por cierto, en una comparecencia que tampoco tuvo en cuenta algunos detalles elementales.

Por eso citaba a Obama, como podría citar a cualquier otro líder americano. Conocedores de la importancia de un buen discurso o de una buena foto, hubieran tenido en cuenta todos estos detalles. Seguramente, si Montilla hubiera sido Obama, hubiera comparecido con algún Mosso d’Esquadra o alguna doctora apoyando al presidente, para mostrar el hecho que se destinará en un 80% a servicios sociales.

Pero Artur Mas tampoco es Obama. Y la primera negativa al acuerdo de financiación no debía hacerse saliendo de la piscina. En aquel momento debía hablar de la actividad solidaria, pero las declaraciones sobre un tema tan central deberían haberse hecho detrás de un atril y ofreciendo toda la imagen presidencial que se pueda.

Os recomiendo mucho este post del siempre atento Toni Aira.

Inauguration Day

En què consisteix la presa de possessió de Barack Obama? Què podrem veure la setmana que ve? Més detalls a l’article publicat avui a La Vanguardia.

En menos de una semana, la Casa Blanca albergará a un nuevo presidente y a su familia. Será la confirmación, una vez más, de la continuidad, el cumplimiento de la tradición. Pero sobretodo, del correcto funcionamiento de un sistema político que ha hecho de la alternancia democrática su principal fortaleza. Todo está preparado en Washington para la toma de posesión de Barack Obama. Veamos los puntos clave para entender la ceremonia que tendrá lugar el próximo martes.

El misticismo republicano: el martes veremos una toma de posesión que poco tiene que ver con nuestras investiduras parlamentarias. De hecho, se trata de una celebración más próxima a una entronación republicana que a la investidura de un jefe de gobierno a la que estamos acostumbrados. El hecho diferencial, su condición de jefe de Estado y comandante en jefe; conlleva una celebración casi mística de la continuidad de los pilares del Estado.

El lugar: la investidura se produce en el Congreso americano, en las escaleras del Capitolio. Exactamente, en la escalinata occidental del edificio. Aunque el Presidente no es elegido por el Congreso, sino por un colegio electoral, es una tradición que él acuda al poder legislativo para tomar posesión de su cargo. La escalinata ha ido cambiando a lo largo de los años, por ejemplo, Kennedy tomó posesión en la escalinata oriental. La segunda investidura de Reagan, por ejemplo, se hizo en el salón ovalado interior, conocido como Rotunda, por culpa del frío extremo. Se contempla la venda de entradas y la instalación de millares de localidades para invitados y asistentes. En el caso de Obama, se agotaron las entradas en un minuto.

  • El protocolo: la ceremonia, como muchas cosas relacionadas con la presidencia americana, tiene poco espacio para la innovación y el cambio. Los expresidentes serán invitados a asistir y el presidente saliente compartirá camino con el electo. El saliente entrará antes que el entrante (valga la redundancia) y se sentará a la derecha de sus pantallas. Antes de empezar el acto, entrará Barack Obama y bajará las escaleras hasta situarse a la izquierda de la imagen que nos ofrecerá la televisión o Internet. Con él estará su esposa e hijas. Otro actor imprescindible es el presidente del Tribunal Supremo, que tomará juramento al nuevo presidente. Joe Biden habrá tomado posesión de su cargo antes.
  • El acto: la toma de posesión tiene dos momentos culminantes, el primero es el juramento (oath of the office) y el segundo, el discurso inaugural. Entre tanto, se sucederán otros actos como un sermón, que será oficiado por Rick Warren; y actuaciones musicales.
  • El juramento: La primera familia entrará en escena. Michelle Obama sostendrá la Biblia sobre la que Lincoln juró su cargo, con la presencia de sus hijas. El uso de la Biblia no es obligatorio, pero se cree que sólo un presidente no hizo uso de ella. Obama, siguiendo una antigua fórmula, jurará el cumplimiento fiel de las obligaciones del cargo de presidente de los Estados Unidos, y con la mayor de las habilidades, proteger, preservar y defender la constitución del país. Cuando Obama repita las palabras del presidente del Supremo, sonará el himno que acompaña al presidente; el “Hail to the Chief” y se sucederán 21 salvas en su honor. Durante toda la ceremonia, estos himnos sólo serán interpretados por la banda de marines, el conjunto musical que acompaña siempre al presidente.
  • El discurso: tras la toma de posesión, Barack Obama se dirigirá a la nación y al mundo con uno de los discursos más esperados de los últimos años. Un discurso inaugural suele contener los grandes trazos que plantee la dirección de la política de la nueva administración. La duración no está prefijada. Se trata de uno de los momentos más importantes durante el mandato, ya que como todo en la vida, una buena impresión iniciar ayuda a gestionar las percepciones a partir del primer momento de la recién estrenada presidencia. Se recuerdan grandes discursos inaugurales. Quizás el más famoso es el de Kennedy, cuando pidió a los ciudadanos que no se preguntarán que puede hacer el país por ellos, sino que pueden hacer ellos por el país. Roosevelt afirmó que sólo se podía temer al miedo mismo y Clinton abogó por una nueva coalición cívica para superar los problemas. Tras una campaña plagada de discursos excelentes, las expectativas ante este primer discurso presidencial de Obama son altas. No sabremos si pondrá la luna como nueva frontera, tal y como hizo Kennedy, pero seguramente pondrá en marcha con su retórica el espíritu del país.
  • El almuerzo: tras el discurso, el Congreso ofrece un pequeño almuerzo al nuevo presidente.
  • El desfile: en cuanto termine el almuerzo, el presidente bajará desde la colina del Capitolio a la Casa Blanca. Carter hizo el trayecto a pie, pero por medidas de seguridad ahora sólo se hace una parte del mismo. En cuanto llegué a la Casa Blanca, pasará revista a las tropas desde el pórtico norte de la mansión.
  • Los bailes: durante el día, se celebran varios bailes en honor del presidente, a los que asistirá y bailará alguna pieza. Es tradición que varias entidades los organicen, como la George Washington University o la celebración del baile inaugural latino dónde Alejandro Sanz será un artista invitado.

Este es el esqueleto de una celebración que ha cambiado a lo largo de los tiempos, pero que ha mantenido elementos esenciales durante los últimos 230 años. Es un momento cumbre en la tradición de un estado joven y brilla por el simbolismo que es capaz de destilar, y si no, fíjense en las banderas que cubrirán el Capitolio, podrán ver los diferentes estandartes que ha tenido el país a lo largo de su historia.

Si tienen oportunidad, no se pierdan la investidura de Barack Obama. No sólo estarán presenciando un momento histórico, también estarán viendo en todo su esplendor una engrasada máquina simbólica, protocolaria y, por qué negarlo,  una excelente máquina del espectáculo que les sorprenderá. Por alguna razón las amplias celebraciones se alargan 10 días…

Cuando Facebook es la amenaza

¿Una campaña sin errores? ¿La intimidad en Facebook? Hacerse fotos con una Hillary de mentira? Hoy publico este artículo en  La Vanguardia.

Cuando Facebook es la amenaza

Los errores en una campaña electoral son fatales, por muy nimios que nos puedan parecer. Pero tienen esa característica, pueden arrebatar un triunfo electoral de la noche a la mañana. La historia nos ha dejado ejemplos muy válidos, desde el tenso cruce de acusaciones de Ségolène Royal con Sarkozy en el debate televisado de las elecciones de 2007 a la decisión de John McCain de suspender su campaña para hacer frente a la crisis horas antes del primer debate electoral.

Una cosa está clara: los errores se pagan. De alguna u otra manera, pero se pagan. De algún modo Bono rendirá cuentas por su improperio a su propia bancada de diputados a raíz de la santa polémica sobre la placa. También lo hará Rajoy por su “coñazo” de desfile -aunque en esa ocasión, bastante tuvo con aguantar el tipo en pleno desfile-. Y así podríamos seguir hasta el albor de los tiempos.

Barack Obama, más que llevar una campaña excesivamente buena, fuera de lo común o con una estrategia oportuna, ha destacado por hacer de su campaña un remanso de paz. Al menos en lo que a errores se refiere. Ya hemos visto como McCain protagonizó algunos errores (y otros corrieron a cuenta de Palin) que tocaron su campaña, pero recuerden que Hillary, su gran rival en las primarias, también cometió algunos en momentos decisivos de la encarnizada lucha por la nominación.

Precisamente, el primer gran error de la administración en ciernes de Obama viene protagonizado por una pieza importante de su equipo y tiene, en cierto modo, a Hillary como protagonista. El speechwriter del presidente-electo, el joven Jon Favreau, tenía un par de fotos comprometedoras en su perfil de Facebook. Al anunciarse su nombramiento como Director de Discursos del Presidente, procedió a borrarlas, pero se mantuvieron en línea el tiempo suficiente como para que la foto haya dado ya la vuelta al mundo.

Favreau aparecía en una fiesta reciente bailando con una reproducción de Clinton a tamaño real, y en otra imagen le tocaba ostentosamente un seno a la senadora y futura Secretaria de Estado; mientras un amigo saciaba la sed de la misma con su cerveza.

A parte de las oportunas disculpas a la senadora y a su equipo, la polémica nos muestra que en esta época que nos ha tocado vivir los gazapos y demás vendrán cada vez más por la red. Muestran la necesidad de nuestros políticos de ser su personaje las 24 horas del día. Con lo que hoy más que nunca la receta para ellos y ellas será: sed auténticos.

Facebook y otras redes sociales abren un frente en nuestra intimidad. Nos hacen más vulnerables, siempre y cuando entendamos los riesgos que corremos y pongamos la suficiente cautela. Favreau, por su posición en el gabinete, debería haberse mostrado más sensible a lo que una foto como esa podía generar.

Favreau recibió por parte del portavoz de Clinton una curiosa reprimenda: afirmó que la senadora está revisando su solicitud, visto el repentino interés del speechwriter en el Departamento de Estado… Más allá de las bromas (o lo que es lo mismo, recurrir al humor para clavar un puñal político), Favreau se enfrenta ahora a uno de los mayores retos de su vida profesional: el discurso de inauguración de Barack Obama.

Los discursos de los presidentes americanos en la toma de posesión tienen un enorme peso político. En primer lugar porque, como pasa en nuestros sistemas parlamentarios, contiene las principales líneas políticas que el ejecutivo seguirá durante los próximos 4 años. Lo que diferencia enormemente a los discursos en ese país y en el nuestro, es la capacidad de inspiración y guía para el país entero.

Es precisamente con motivo de la investidura que el país escucha con atención lo que su nuevo líder tiene que decir. Marca las líneas estratégicas, el objetivo. Marca el destino de una nación. Y eso, si va acompañado de un buen discurso y una buena oratoria, puede tener efectos muy buenos para la sociedad.

Sabemos que Obama es un maestro en el arte de los discursos. También sabemos que la pluma de Favreau, que trabaja con Obama desde la convención de 2004 en que se conocieron para preparar el famoso discurso del entonces candidato a senador, es una de las mejores plumas que actualmente escriben discursos políticos. Las expectativas del discurso del próximo 20 de enero son, pues, elevadas.

Si no aparecen más fotos de Favreau bailando con Hillary, Palin o Bill Richardson, el poeta al servicio del presidente podrá dar lo mejor de sí en una alocución seguida de desfiles y bailes que será recordada. Será recordada por lo crucial del momento, de un histórico presidente y de un líder excepcional.  No lo será por unas fotos con cartones, por muy embarazoso que  haya sido el momento.

Pujando por Obama

Hoy publico en “In votes we trust” de La Vanguardia este artículo sobre la cena de gala de los Democrats Abroad en Barcelona. Podéis consultar en artículo en su entrada original aquí.

La noche del martes fue el día elegido para que los demócratas barceloneses organizaran un evento de campaña que prometía ya desde el mismo momento de la inscripción: una cena de gala con subasta de recaudación de fondos a favor de Barack Obama, su candidato a la presidencia. Un restaurante del Eixample, con su toque chic y un menú de inspiración mediterránea, fue el escenario para el evento de catarsis colectiva de los americanos residentes en Barcelona que creen en un cambio posible en la dirección de su país. Y por ende, del mundo.

Barack Obama no apareció, por más que medio centenar de personas disfrutaran de una agradable cena con chapas del candidato demócrata en las solapas de sus camisas y americanas. Hubiera sido el broche perfecto para la cena de gala de la sección en el extranjero del Partido Demócrata, ese brazo asociativo llamado Democrats Abroad que tiene voz y voto en la Convención, como se pudo comprobar el pasado mes de agosto en Denver.

Pero, ¿en qué consiste una cena-subasta de campaña? ¿Por qué unas personas a miles de kilómetros de los Estados Unidos siguen tan de cerca y tan intensamente esta recta final de la campaña? La respuesta la encontramos en el discurso de bienvenida: están embarcados en la última de las etapas de un largo viaje de recuperación de la Casa Blanca.

Pero vayamos por partes. La cena se inscribe dentro de los actos de campaña que tienen por objetivo recaudar fondos, ya que el sistema americano basa la financiación de las campañas en lo que los partidos puedan recaudar. No existe ayuda pública (a no ser que el candidato decida optar por ella y no acuda al sector privado) y el elevado coste logístico y publicitario apremia a los candidatos a buscar financiación. De hecho, los que estamos inscritos a las listas de distribución de los candidatos observamos como a medida que la campaña avanza, cada vez nos sugieren contribuir con más asiduidad.

Las formas de fundraising, como se suele llamar en el sector, son innumerables: desde las donaciones directas (con un tope legal por persona), a la venta de infinitos elementos de merchandising electoral (chapas, tazas, camiseta, pegatinas, carteles para el jardín, pósters…), pasando por las cenas con el candidato o actores que se prestan a buscar fondos para él. O las actividades como la organizada en Barcelona, donde por cuestiones legales solo los ciudadanos norteamericanos pudieron pujar por los objetos donados: desde un libro de Al Gore autografiado a un fin de semana en una masia ampurdanesa, pasando por una baldosa modernista restaurada y un iPod tan sencillo de usar que hasta John McCain lo pondría en marcha (con la ayuda de su esposa y su staff, según los demócratas).

El formato de la cena también nos dejó entrever las grandes diferencias entre nuestro modo de ser y el de los americanos. No solo en cuanto a cultura política, sino de su modo de crear relaciones y comunidad. Antes de atacar la ensalada de pollo con pesto y tomate, cinco voces femeninas fueron el aliento del candidato ausente. Las voces por Obama demostraron la enorme capacidad comunicativa de los americanos, con cinco historias personales que pusieron emoción a la velada. Desde la seguidora de Hillary que siente la necesidad de instalar a Obama en la Avenida Pensilvania, a la republicana conversa que llegó a votar por Bush, pasando por una representante catalana y una joven de Illinois que conoció a Obama en varias ocasiones. Porque más allá del uso indiscriminado de mensajes enlatados de campaña, supieron llegar con su mensaje a los asistentes, aunque en la mayoría ya fueran convencidos.

Las referencias despectivas a McCain y (sobre todo) a Palin, el uso de buenos discursos, humor y un ambiente agradable fueron el broche de la fiesta. Aunque no apareciera Obama. A Biden nadie lo esperaba, sabemos que está preparando el debate con la hockey mum de Alaska. Pero repito, no apareció Obama. Y es que esa es otra de las grandes diferencias con nuestras elecciones, si no tenemos un candidato a quien tocar es como si no lo creyéramos. En cambio en Barcelona, pese a no contar con el senador, su presencia y su mensaje estaban con nosotros más de lo que imaginábamos.

El poder de la oratoria

Aunque la nuestra no sea una sociedad demasiado dada a los discursos, el hecho de dirigirse al público puede tener efectos insospechados. Digo que no somos una sociedad demasiado dada a los discursos porque en nuestra vida cotidiana no tienen espacio: cuesta encontrar alguien que diga unas palabras en una cena de cumpleaños. No pensemos encontrarlo en una boda, en una inauguración y mucho menos en un funeral. Nos cuesta hacer discursos, no estamos acostumbrados.

No es extraño, pues, que hoy el país no se haya paralizado por el debate de Política General que comienza este 30 de septiembre en el Parlament de Catalunya, el segundo de José Montilla como 128º Presidente de la Generalitat. Tampoco nos debe extrañar que el comentario más escuchado en los hogares españoles cada verano, cuando el Debate sobre el estado de la Nación toma el Congreso, sea “¿y ahora ponen esto?”. No hablamos tampoco de los debates de investidura. O las sesiones semanales en las cámaras.

No nos gustan los discursos. O al menos, no nos gustan estos discursos.

Nuestra historia nos ha dado grandes oradores. Precisamente, tres de los mejores oradores de la historia reciente estaban ayer en el Bages: Jordi Pujol, Miquel Roca y Felipe González. Pero parece que hoy la oratoria no está de moda.

Estoy de acuerdo con Manuel Campo Vidal cuando en su libro afirma que los españoles no saben comunicar: desde pequeños nos han desalentado a mejorar. La escuela y la universidad no son espacios para desarrollar algo tan esencial como la oratoria, las herramientas para expresarse bien en público. Y eso a la larga el país lo nota.

Hago esta reflexión porque ayer algunos analistas atribuían al discurso de Nancy Pelosi, la presidenta demócrata de la Cámara de Representantes norteamericana, la causa de la pérdida de 700 puntos en el Dow Jones y el del crack de 2008.

No creo en absoluto que la presidenta Pelosi haya tenido tal privilegio: el tono duro de su intervención no tiene la culpa de que ayer muchos congresistas (la mayoría republicanos) decidieran poner su escaño por delante de la crisis. Como tampoco se puede atribuir al discurso que el Presidente Bush ha hecho esta mañana el hecho de que el Dow Jones ha abierto con ligeras subidas.

Pero el hecho de que alguien les otorgue tal importancia ya es síntoma de que la oratoria y el poder de un buen discurso son algo a tener en cuenta, y sobre todo, una habilidad que el buen líder debería tener.

Y tú, ¿sabes hablar en público?