Pues sí, claro, queremos demasiado, más, todo, ávidamente…

En una sociedad tan dada a la amnesia, recordar ciertos datos es una necesidad. Algunos llevan días preguntándose qué está pasando en más de 160 plazas españolas. El segundo/tercer problema para la sociedad española, los políticos, es el tema. Quizás esa amnesia, el tacticismo de los medios o el verbo fácil de tantos tertulianos les hagan creer que esto no viene de ningún sitio. Pero viene. Y sus raíces son fuertes.

Las raíces de las concentraciones, el movimiento 15-M, de Democracia Real Ya… llámenle como quieran, están en ese problema. Solo cuando la percepción sobre un problema es tan clara, tiene protagonistas tan definidos y se da en un marco tan concreto, puede llevar a lo que estamos viviendo. Solo cuando el descontento se ha filtrado hacia abajo podemos ver lo que se ve en las plazas: rojos, amarillos, verdes y azules. Padres, madres, abuelos, hijos y nietos. Trabajadores de cuello blanco… y de cuello azul. Estudiantes, parados, alborotadores, soñadores, pesimistas, provocadores y conformistas.

Es fácil desacreditar un movimiento. Más cuando ni se tienen claros los orígenes ni las reivindicaciones. Es fácil caer en la trampa de mirar hacia otro lado. Es demasiado fácil creer que en 160 plazas españolas y otras tantas por el mundo lo que ocurre es algo naif. Es fácil caer en ese error. Tan fácil como la posibilidad que el movimiento se deshinche. Pero si caemos en esa trampa, perderemos de vista lo esencial.

Sacar a la gente a la calle no es fácil. Lo saben las miles de personas que dedican grandes esfuerzos a defender posiciones cívicas y políticas. Lo saben los partidos que han tenido que ver como no llenaban los polideportivos y plazas de toros en esta campaña. Lo saben las personas que defienden causas y lo tienen difícil para conseguir apoyos. Por ello, la fuerza de las acampadas es una realidad.

Entrar en Sol tiene un magnetismo especial estos días. Algo extraordinariamente complejo. La mezcla respetuosa de reivindicaciones. La convivencia de ideas, visiones y deseos. Una extraña ágora moderna donde las decisiones se toman en asambleas, donde la organización da muestras de una profesionalidad increíble y donde los cánticos se deciden a base de sumar gargantas.

Ese magnetismo, más allá de las necesarias preguntas sobre el quién y el hacia dónde, viene marcado por el por qué. Las razones que han estado latentes en incontables barómetros del CIS. En repetidas conversaciones de café y en miles de tweets. Las razones han estado en ahí todo el tiempo. Pero sus protagonistas no las han querido tener en cuenta. Las razones están en listas electorales plagadas de imputados. Las razones están en casos gravísimos de corrupción que no han tenido una respuesta tajante desde sus partidos. ¿Y aún se preguntan de donde viene esto?

Pueden seguir mirando para otro lado. Los políticos que vierten todas sus fuerzas en desacreditar algo que está pasando y esos tertulianos de argumentario, verbo fácil y amnesia perenne. Pueden hacerlo las trincheras de la TDT que añoran tiempos de orden y bien. Pueden hacerlo. Pero el problema seguirá estando ahí.

Seguramente, las soluciones, heterogéneas, contradictorias y, en muchos casos, incompletas, que vienen de los movimientos y asambleas no sean el único modo de solventarlo. Pero tienen el valor inmenso de haber puesto sobre la mesa el problema con toda su crudeza y aportar atisbos de solución.

Parece que despertamos. Que poco a poco, desentelamos los ojos y nos acercamos a las plazas. Nos mezclamos con iguales y diferentes. Nos aferramos sin complejos a la utopia… para acercarnos mañana a las urnas. Contestamos los tics anticuados de un sistema que nos ha dado la mayor libertad y el mayor crecimiento de nuestra historia. Pero, como cantaba Llach, pues sí, claro, queremos demasiado, más, todo, ávidamente. Despertamos.

 

Foto de Jacobo Méndez Díez en El País

Un país de insatisfechos

Si escucha la radio por la mañana se dará cuenta que la mayoría de los oyentes son hombres por la naturaleza de los productos que se anuncian. Talleres mecánicos, cambios de ruedas, seguros de coches … y clínicas para el tratamiento de problemas de impotencia e insatisfacción sexual.
Nuestro país, sin embargo, tiene un problema de insatisfacción muy grande. No sé si sexual o no, pero un problema de insatisfacción al fin y al cabo. Pero a diferencia de los espacios publicitarios de las cadenas de radio que acompañan a muchos catalanes y catalanas al trabajo o a llevar a los niños a la escuela, nuestro país parece no disponer de una clínica que nos haga recobrar la satisfacción. En la política.
Los datos del CEO no pueden ser más decepcionantes: el 72% de los catalanes encuestados afirman estar insatisfechos con la política que se hace en nuestra casa. Sí, lo vuelvo a repetir, el 72%.
¿Qué significa que el 72% de los catalanes no esté satisfecho con la política? Que nuestro sistema es cada vez más débil, cada vez camina hacia una abstención mayor y hacia una sensación de pasotismo que no es nada recomendable para el país.
El Gobierno ya se encargó de estudiar este fenómeno, proponer acciones de mejora y llevar a cabo algunas, como la campaña del «Som-hi!«, Que ya hace meses que sostiene todas las comunicaciones del Gobierno.
Pero, ¿por qué hemos llegado a esta situación? Os recomendaría que le deis un vistazo al informe. Pero como sé que no lo harás y como yo no tengo ni el conocimiento ni el tiempo para estudiar esto como lo hizo el Gobierno, os presento los tres puntos que desde la comunicación nos ayudan a entender esto:
1. El papel de los medios de comunicación
Nuestro país sufre lo que sufren muchos países (segmentación de audiencias, aparición de nuevos medios, auge de la prensa en internet, desaparición o crisis de periódicos …), pero con la diferencia que lo sufre por partida doble: medios en catalán y en castellano. Los medios que informan más ampliamente de la actualidad catalana no son los más seguidos. Y los que son más seguidos muestran una realidad sesgada del país. Además, es evidente que la concentración de noticias en lo que hoy ocurre en muchas familias catalanas tiene mucho que ver: cuando el vocabulario público lo forman los ERO, manifestaciones, reestructuraciones y despidos, es normal que la gente no piense que la situación es idílica. Y si encima algunos medios intentan hacer ver que la clase política catalana es peor que las otras a base de reposapiés a los coches oficiales, el resultado puede ser nefasto. Lo que ya os comentaba, mientras la Familia Real tiene más partida presupuestaria, aquí hablamos del tunning de un Audi.
2. La política de comunicación
Ya os lo comentaba en este post. Pero no está todo dicho: el Gobierno no está explicando todo lo que hace. Por ejemplo, este martes pasado Dolors Camats explicaba con una claridad Meridiana lo que se está haciendo desde el Gobierno en políticas sociales. También lo hizo Anna Simó. No creen que no se entiende cómo estas dos diputadas cuando están en un programa de televisión se expresan la mar de bien y cuando el Gobierno abre boca no se le compran? Explicaciones, mil y una. Pero puede que tengamos hechos y no palabras en este aspecto.
3. Aislamiento
Ya sea por el efecto de los medios o por la poca destreza comunicativa del Presidente o del Gobierno, una cosa está clara: nadie habla a los ciudadanos. Ni quién manda ni quién está en la oposición. Ejemplo: el vídeo de CiU de 2 minutos y 50 segundos largos donde se ponen cortes de telediarios per il lustrar el Gobierno Montilla. Una comunicación unidireccional que no explica ni relato, ni propuesta ni espera respuesta. Y aquí está el problema, nadie habla con los ciudadanos. Los pocos movilizados cada vez tienen más en mente que actúan cada 4 años y que sólo entonces alguien les quiera escuchar. Tanto cuesta hablar directamente a la gente? Tanto que hoy con todos los medios que tenemos? No quisiera polemizar, pero observen el apoyo a Benach proveniente desde la red después de la polémica. Porque es mejor que los demás? No lo creo: sencillamente porque una persona reacciona diferente ante quien escucha que de quien pasa de todo.
Y sobre todos ellos planea la crisis. Sí, es de manual: cuando la gente tiene problemas económicos suele creer que están provocados por la política, disminuye el apoyo a las instituciones y aumenta la insatisfacción. Esto es de manual. Pero si lo es podemos hacer dos cosas: esperar a que pase la tormenta o mojarse e intentar ganar apoyos. Esto en un momento como el que vivimos no es gratuito: convertimos la perplejidad en acciones. Som-hi!