Llega el primer debate

Los debates presidenciales: más allá de la estrategia, los ataques, los anuncios, los mensajes que se han visto hasta ahora, darán la oportunidad a los votantes de comparar en directo a los dos candidatos. Ya saben, aquello del “busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo”…

Es sabido que los debates electorales no producen un excesivo trasvase de votos, especialmente en países como España (tal y como se pudo ver a las últimas elecciones generales) pero en esto, Estados Unidos es diferente. O al menos esta vez será diferente.

La diferencia entre los dos candidatos será bien visible: será la presentación en sociedad real de Obama. Será la presentación de una opción de cambio contra una de continuidad. Y no será sólo una cuestión de edad, no. Será la personificación de un candidato que une muchas cualidades menos algunas, contra uno que tiene una gran calidad y le faltan muchas.

Para muchos ciudadanos alejados de la política, les será más fácil atender a un joven candidato que aparece como un bailarín en el medio rey, ante un veterano de guerra que no domina el espacio comunicativo.

La diferencia será abismal. Y sólo los tres debates acordados (que empiezan mañana) nos darán la oportunidad de ver si Obama tendrá su momento, como Reagan lo tuvo en el debate con Carter cuando conseguió ganarse la confianza de los norteamericanos y entró en millones de hogares a través de su dinámica personalidad y su sonrisa de actor encantador.

Retengamos este momento, porque llega mañana.

Aunque en las últimas horas el debate ha estado al aire: John McCain ha suspendido su campaña hasta que el Plan de Bush para salvar la economía nacional (y mundial) se apruebe y ha pedido a Obama atrasar el debate. Yo todavía no entiendo el movimiento, pero creo que estas animaladas sólo se hacen cuando te sacan 9 puntos a las encuestas…

El dato: mañana, hacía la 1 de la madrugada, CNN empezará un programa especial. TVE y 3/24 en Catalunya lo dará, creo, sobre las 3 de la madrugada.

Política, cuestión de imagen

Sé que los ojos de la gente que comparte el vagón de FGC queme lleva a casa se han fijado en la portada de la revista que tengo en las manos. Y es para fijarse. Un sonriente Rajoy en mangas de camisa sostiene un cuchillo en una mano y un bocadillo en la otra. La imagen es, como mínimo, curiosa.

Leo el Magazine del diario El Mundo del pasado fin de semana. En una entrevista que, a juzgar por las fotografías y el tono, sería más digna de Hola; acaba siendo en realidad un tesoro político, con un Rajoy de lengua suelta, algún que otro dardo envenenado y mensajes políticos en toda regla. Lectura más que recomendable.

Me resulta curioso especialmente un punto que copio a continuación:
Dice, sin complejos: «Yo creo que lo de la imagen es irrelevante a efectos del voto de la gente. Absolutamente irrelevante». Le contradigo: «Si es lo primero que se suele comentar, yo estaba con los compañeros de redacción…». «Sí, sí, ya sé lo que se dice en El Mundo y otras muchas redacciones. Insisto: lo que yo me ponga o como me peine es irrelevante desde el punto de vista de los votos».”

Y es que al leerlo me ha venido a la cabeza una conversación de este mediodía mientras comía, alrededor de la imagen, los asesores, los consultores… Y precisamente hablábamos de Rajoy y de su “imponente” puesta en escena en los debates electorales de la pasada campaña electoral.

Mi interlocutor comentaba que el trabajo de los asesores convierte al candidato en un robot y que esto es una manera de manipularlo , de no dejar ver la autenticidad de quien pide el voto.

Bien, ni poco ni demasiado. Pero por lo que comenta Rajoy quizás  podemos entender el porqué de las reacciones de mucha gente tras los debates. Y aun cuándo no podamos explicar por esto su derrota, sí que me atreveré a decir algo al respecto.

El electorado no es tonto. Ni imbécil. Hace falta respetarlo, y una manera de hacerlo es aparecer siempre de forma correcta. Con una imagen correcta. Por imagen entendemos no sólo la ropa, sino el “porte”, la “pose”, la manera de hablar, de mirar, de actuar… Si una persona parece que, ejerciendo su cargo, está pasando una de los ratos más aburridos de su vida, que se marche, porque nos falta al respeto.

A veces, cosas como estas pasan, aunque el político en cuestión lo esté pasando genial. Nuestro cuerpo es un misterio y a veces por mucho que lo intentamos, no exteriorizamos bien lo qué sentimos. Y esto afecta a nuestra imagen.

Y en política, dónde las percepciones son tan importantes, esto cuenta.

Rajoy no perdió por ir con un traje pequeño. Pero quizás si hubiera escuchado a algún asesor, este le hubiera dicho que su ojo aumentado por el zoom lo hacía parecer monstruoso y que esto hacía que muchos no lo percibieran como un hombre sensato, preparado. Quizás alguien le hubiera dicho que la agresividad y la babilla le daban un aire histiónico. Y esto al otro lado de la pantalla se percibe.

Y si Richard Nixon hubiera hecho uso del maquillaje y camisas para televisión, a lo mejor el curso de la historia hubiera sido diferente.