Rajoy no es Iniesta. Ni Zapatero, Casillas

La vida tiene estas cosas: un día estás arriba y otro abajo. Es una montaña rusa, y tantas otras imágenes que constituyen lugares comunes cuando hablamos de esa inestabilidad de las cosas. De esa velocidad del cambio. Del éxito al fracaso en cuestión de segundos. De la euforia a la triste realidad en menos de lo que canta un gallo. España no es distinta. La celebración por el éxito de la Roja ha dado paso a la constatación del liderazgo ausente del país.

Ni Zapatero convenció ni Rajoy arrasó. Ambos desaprovecharon sus oportunidades. El presidente podría haber hecho de su intervención un acto de sinceridad, de desgranar el porqué de tantas decisiones, devaneos e improvisaciones. No lo hizo. Al contrario, su discurso no terminó de entusiasmar aunque lo estructuró, preparó e incluso se permitió el lujo de darse a la poesía y a la motivación. Pero no convenció (¿será que el problema es el mensajero?)

Rajoy calculó mal el discurso. No supo gestionar las expectativas y se hundió con su errónea estrategia. Su discurso fue durísimo. Incluso convincente, especialmente entre todas aquellas personas que creen que Zapatero es un lastre para el país. Pero no goleó como hoy titula La Razón. Pecó de ingenuo. Quizás en Génova creían que Zapatero sería el líder gris y abatido que ha aparecido en la tribuna del Congreso en los últimos y trascendentales debates. Y seguramente se fueron a comer con esa idea tras ver al presidente. Pero el cara a cara entre Rajoy y Zapatero, de una extrema dureza, mostró que el envite -que no el debate- lo ganó el presidente. No se pueden pedir elecciones sin postularse como alternativa. Rajoy no la presentó y Zapatero le puso contra las cuerdas.

Pero eso no cuenta. A estas alturas del partido la sociedad española no está por la enésima pelea infantil entre el presidente y el líder de la oposición. La sociedad demanda liderazgo y ninguno de ellos está en condiciones de ofrecerlo. Ayer sólo se excitaron las bancadas. Y por ello, perdió España. Se constató una vez más que ni PSOE ni PP tienen una visión clara de qué hacer. El presidente se comprometió a tomar todas las decisiones que sean necesarias, aunque sean difíciles. Y el líder de la oposición a no apoyarlas, aunque sean las que teóricamente defiende. Todo en manos de una convocatoria de elecciones anticipada o una moción de censura que no llegará. Esa es la triste realidad del debate.

Pero como esto es una montaña rusa, la realidad es que tampoco es para tanto. La situación política evidenciada en el Congreso deja paso a una sociedad española que aún está de resaca –Forges lo borda con la viñeta que ilustra este post-, de vacaciones… e incluso de festival de música –curioso que El País dé más relevancia al FIB que al debate-. Y por ello, las consecuencias de esta no victoria de ninguno de ellos tampoco es tan relevante. Porque este debate es lo más parecido a un debate electoral al uso: muchos lo ven –tomaremos el muchos por un sensible aumento de audiencia respecto a los debates ordinarios-, pero muchos son ya convencidos. Los populares vieron muy bien a Rajoy y los socialistas, la resurrección de su líder. Pero pocas percepciones se habrán movido entre los indecisos.

Ayer se cumplió con un trámite. Esa es la sensación. Ni se ganó ni se goleó. Rajoy no es Iniesta. Ni Zapatero, Casillas. La furia de la Roja dejó paso a la triste realidad de una política española sin rumbo, por mucho que los dos capitanes digan ser excelentes al timón. Si no supieron llevar su propio discurso a su orilla, ¿cómo pretenden llevar al país a buen puerto?

¿Zapatero ganó el debate?

Como decíamos esta semana, el Debate del estado de la Nación tiene importancia porque de sus valoraciones se resiente el liderazgo político y la capacidad de impulso. Se resiente positiva y negativamente: puede salvar una carrera a la presidencia o puede hundirla.

Tras el debate, decenas de encuestas se pusieron en marcha en varios medios digitales, pero también se puso en marcha el ente demoscópico por excelencia en nuestro país, el CIS. Según lo que se desprende de los resultados, Zapatero ganó el debate, aunque con la menor diferencia en sus cuatro debates de estas características con Rajoy.

Pero, ¿realmente Zapatero ganó el debate? Si neutralizamos la ventaja que da en estos debates el hecho de ser presidente y tener más exposición a la opinión pública que la oposición, nos queda un dato esencial en esta encuesta: los ciudadanos creen que Zapatero sabe comunicar, pero que Rajoy conoce los problemas reales de los ciudadanos.

En un contexto normal esto podría ser nimio, pero no en un contexto de grave crisis com la actual. Ese dato nos muestra que cada vez son más las personas que pueden ver en el PP una alternativa plausible. Son las semillas que pueden alimentar una victoria electoral del PP el próximo 7 de junio y las que podrían crecer si la situación económica empeora y el Gobierno sólo ofrece acciones reactivas.

Porque no debemos olvidar una cosa, Zapatero ganó porque Rajoy perdió los papeles. Rajoy confundió dureza con menosprecio. Presión al presidente con insulto. Un candidato a presidente debe, no sólo atacar, sino ofrecer una alternativa. Vimos al Rajoy menos presidencial de los últimos tiempos y ese fue el gran error del líder la oposición.

No creo que las propuestas del presidente le salven: vienen tarde. La mayoría de españoles ya entienden en su subconsciente que la situación política y económica es grave, que la han negado y que sus propuestas vienen tarde. Si Rajoy hubiese «leído» mejor esa realidad (en vez de afirmar que los socialistas que representan a más de 10 millones de españoles no saben leer) seguramente hubiese dado una estocada mortal al Gobierno de Zapatero.

Pero no pasó. Por eso, más gente cree que el debate no lo ganó nadie que creer que lo ganó Rajoy. Lo importante, en ambos equipos, debe ser pasar de la euforia tras el debate y centrar las prioridades para superar la crisis, aunque seguramente ahora está todo concentrado en la campaña de las elecciones europeas. Vienen tiempos, sin duda, emocionantes.

Lo que ha dicho Rajoy

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¿De qué ha hablado ZP?

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Lo que nunca te atreviste a preguntar

Hoy empieza en el Congreso de los Diputados el Debate sobre el estado de la Nación, que tendrá lugar durante dos días. El debate es uno de los momentos cumbre a nivel político y comunicativo del año, por eso toda la atención de los medios y, también de las redes, se concentra en lo que ocurra en la Carrera de San Jerónimo.

Damos respuesta en este post a cinco preguntas que todos y todas nos hemos hecho en algún momento sobre el debate parlamentario más mediático del año:

  1. ¿Por qué se celebra? Desde que el presidente González lo instaurara en 1983, se ha venido celebrando anualmente. Es el debate en qué el presidente del Gobierno da cuenta de lo realizado durante el año y es un momento crucial para tomarle el pulso a la actualidad. En otros países, como Estados Unidos, hay una obligación constitucional del ejecutivo a rendir cuentas una vez al año ante el legislativo, aunque en nuestro marco constitucional sólo se contempla el control ordinario del Gobierno por parte de las Cortes.
  2. ¿Por qué es interesante? Durante dos jornadas se puede ver un cara a cara del presidente con la oposición. Evidentemente, el momento álgido estará protagonizado por Zapatero y Rajoy. Luego, sus señorías abandonarán en masa el hemiciclo y proseguirá el debate con el resto de grupos parlamentarios.
  3. ¿Por qué es importante? La exposición del debate y la atención de ciudadanos y ciudadanas que normalmente no siguen la actualidad política, es una oportunidad para comunicar ideas clave que sustenten el apoyo a una formación política.
  4. ¿Hay vencedores? Tras el debate, los medios y el CIS llevan a cabo encuestas de valoración. De la mezcla entre las encuestas y la reacción de los partidos, los ciudadanos pueden entender que uno u otro han sido vencedores. ¿Sirve para algo esta valoración? A priori no, y menos en el segundo año de la legislatura (aunque el primer debate de este periodo), pero sí que influye en la valoración general de los líderes y, por tanto, en su capacidad para realizar unas cosas u otras.
  5. ¿Por qué debo seguirlo? Solemos afirmar que la política está lejos de los ciudadanos y que desconocemos qué se hace desde el Gobierno o desde el Parlamento. Esta es una buena oportunidad para ver las diferentes posiciones en temas tan importantes como la crisis.

Estas son las cinco preguntas del Debate sobre el estado de la nación que nunca te atreviste a preguntar. Pero si tienes más, no te cortes…