Las 5 lecciones de Güemes y su Progresí

Tras lo de Rosa Díez, la crisis abierta por el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Juan José Güemes, es la más grave en lo que a reputación online se refiere de un político en nuestro país. La publicación de un post titulado “El progresí”, un diccionario de neologismos plagado de insultos hacia varios sectores sociales -mujeres, homosexuales, etc.-, su posterior eliminación y el conjunto de excusas ofrecidas por el autor han puesto de manifiesto que cuando un político decide dar el primer paso en la Red, debe atenderse a las consecuencias de sus actos.

Pero la pregunta que debemos hacernos en este momento es, ¿podemos establecer algunas lecciones de lo ocurrido esta semana con Güemes? ¿Cómo podemos evitar que una mala gestión de la presencia online afecte a nuestra reputación personal?

1. Internet no va por libre.

Antes de tomar la decisión de abrir un blog o una cuenta en Twitter debemos preguntarnos: “¿Para qué?”. Es una pregunta estratégica, pues nuestra participación en la Red no sigue un camino distinto al habitual. Así, si dedicamos un post plagado de insultos en un lenguaje sectario, no es de extrañar que eso interfiera en la propia imagen del político. O lo que es lo mismo, no se puede decir blanco en televisión y negro en Internet. Güemes lo ha intentado y no le ha salido bien.

2. La coherencia es la piedra filosofal.

Aunque el contenido del post puede ser coherente con la imagen que transmite el consejero, no lo es con el cargo de representación política que ocupa. Tampoco lo ha sido su respuesta: él no escribió el post, se actualizó sólo, no filtró los comentarios… la gestión de la crisis ha puesto de manifiesto su problema de coherencia, tanto hacia el propio medio –borrando el post, por ejemplo- como en el terreno personal y político.

3. Sin humildad no puede haber una rectificación.

Si algo tiene el mundo online es que en política borra las poltronas del poder casi de un plumazo. Los usuarios están acostumbrados a ver como presidentes de Comunidades Autónomas, presidentes de Parlamentos, diputados y diputadas, alcaldes y concejales; participan en plano de igualdad en las conversaciones de la Red. Estas conversaciones son útiles para ambas partes y ayudan a desmontar muchos mitos. Güemes, por ejemplo, sigue en su mayor parte sólo a miembros del PP en Twitter. Puso restricciones en su cuenta de Twitter y ha manifestado su aislamiento de la conversación con la publicación del polémico post. La mayoría de políticos que usan las herramientas de la web social comparten una característica, son humildes. Güemes no lo transmite y sus explicaciones –con nota de prensa- son la antítesis a otros compañeros de su partido o de otros partidos.

4. Tirar la piedra y esconder la mano.

El affaire Güemes no es grave sólo por el contenido del post, también lo es por el uso del medio. Verter un post con el explosivo contenido del post para luego reaccionar borrando las pruebas –aunque el caché de Google es como la resurrección de Lázaro-, acudiendo a los medios tradicionales, bloqueando su cuenta de Twitter o aportando rocambolescas explicaciones sobre unos comentarios filtrados no es la mejor manera. Güemes podría haber dado la cara desde el minuto 1 en las propias conversaciones en la Red. No creo que no lo hiciera por cobarde como se ha comentado, quizás es por desconocimiento de lo que se cuece en la Red. Con lo que volvemos al primer punto de estas lecciones…

5. La credibilidad no la da el cargo.

Entroncando con la tercera lección, en la Red no se le presupone a nadie su credibilidad por el cargo que ocupe. Y Güemes es el claro ejemplo: a izquierda y a derecha, su modo de usar la Red y su propia manera de reaccionar han puesto de manifiesto su falta de credibilidad. En Internet, no existe esa crónica de periódico que suaviza las limitaciones de un político en un discurso, por ejemplo. Son los usuarios los que perciben directamente si un diputado, un consejero o un presidente son sinceros, creíbles y si merece la pena seguirlos. Y ahí el cargo sólo ayuda a darse a conocer, pero no a ser respetado y creíble per se.

Porque, en el fondo, la pregunta que nos hemos hecho todos es si el propio consejero hubiese dicho lo que escribió en una entrevista en un programa de máxima audiencia de televisión. La respuesta, seguramente, sería no.

Fotografía del blog de Antonio Cartier

Cuando los políticos no tienen credibilidad en la Red

Alguien dijo alguna vez que Felipe González se teñía las patillas para parecer mayor a su edad y dar una imagen de credibilidad en los primeros años de democracia. Alguien dijo alguna vez, no hace mucho tiempo de ello, que los ministros deben ir con corbata para parecer creíbles. Pero siempre, es mejor serlo que parecerlo. También en Internet.

Cuando nos enfrentamos a la difícil tarea de organizar la presencia online de un político o de un partido político debemos atender a muchas cuestiones, desde diseñar un sitio web o un blog atractivo a que este funcione bien en buscadores, sea usable y accesible a aquellas personas con alguna discapacidad. Pero a veces se nos olvida que nuestra presencia debe ser, también, creíble.

Y para ser creíble no vale con poner el logotipo del partido, colgar una biografía personal del candidato o candidata y, como el que no quiere la cosa, pretender que el usuario crea ya de por sí que con la ventana abierta a la participación ya es suficiente. No, debemos sudar la camiseta.

Para sudar la camiseta, debemos tomarnos en serio nuestra presencia en la Red. Entender que si abrimos una ventana a la participación debemos hacerlo. Da igual que sea un perfil en Facebook, una cuenta en Twitter o un correo electrónico en tu web. La credibilidad te la ganarás participando, no sólo mostrando tu logo o colgando un par de vídeos que te recomendó hacer tu equipo de colaboradores.

Como sabéis, en muchas ocasiones abro este blog a la participación de voces de diferentes colores e ideas. Lo hice en las elecciones al Parlamento Europeo y recientemente con motivo de la Diada catalana… y no siempre es fácil conseguir contactar con quién querrías.

Por ejemplo, siempre he invitado a los partidos pequeños como UPyD o Ciutadans. En ambos casos usé una herramienta que tienen en sus sitios web: el correo electrónico. El equipo de comunicación del partido de Rosa Díez y el mismo Albert Rivera fueron los destinatarios de dos correos que nunca respondieron. Si no vas a responder a la consulta de los ciudadanos, ¿para qué pides que te contacten?

Alicia Sánchez-Camacho, la flamante candidata del PP catalán, hizo lo propio con su perfil en Facebook. Le envié un mensaje que nunca respondió. Y podríamos hablar también de las menciones y preguntas a Josep Antoni Duran i Lleida que siempre caen en saco roto….

Participar tiene su parte de compromiso y debe entenderse cuando uno da el paso. Que siempre es bienvenido, desde luego, pero no puede abusarse de la confianza del usuario. ¿De qué nos sirve inaugurar la mejor tienda en la 5ª Avenida si cerramos las puertas a cal y canto?

El coñazo del desfile

No me cansaré de repetir esto nunca: en comunicación hay que ser creíble. Siempre. Y todo lo que hacemos y decimos debe ir en la misma dirección, ya que si dejamos espacio para la controversia, no tendremos éxito, no podremos ganarnos la confianza de las personas que nos deben votar.

Si a la necesidad de ser creíbles le añadimos el contacto con una de las esencias de la vida política como es la nación/patria, impera más que nunca la necesidad de tener el currículum completamente limpio. Básicamente porque la patria es el intangible más grande jamás fabricado y si un líder apela a ella, la confianza es la base, la esencia.

Ayer Rajoy manchó su currículum. Que conste: es comprensible que una persona crea que assisitir a un acto largo, pesado y monótono en un día de fiesta sea un “coñazo”, pero cuando una persona ostenta un cargo público y pretende ser el jefe del ejecutivo, esta opinión es mejor que no la haga pública.

Rajoy fue víctima del gran mal de los políticos: los micrófonos abiertos, las declaraciones sotto voce dichas para no ser escuchadas y un mundo conectado, con multiplicidad de medios y completamente en tiempo real gracias a internet. Dejaremos para otro día la reflexión en torno a los micrófonos abiertos…

Esta resbalón ha aportado otro color a un día gris y una fiesta nacional española deslucida, tanto por tiempo como por la ausencia del presidente Zapatero a la recepción del Rey al final del desfile y la negativa de la Casa Real a acreditar a los periodistas al acto. Y la ausencia de la mayoría de presidentes de las comunidades autónomas en Madrid.

Porque la fiesta, en general, ha seguido la tónica del resto de años: desfile de los cuerpos militares, homenajes a los caídos en acto de servicio, manifestaciones fascistas en Barcelona y Tarragona, contramanifestaciones independentistas, abucheos a Zapatero

No obstante, el resbalón de Rajoy y el primer 12 de octubre de la Ministra Chacón han sido las notas de novedad de este año. Pero dejadme que vuelva a la credibilidad. Rajoy lleva dos graves en poco más de dos semanas. Primero fue con la factura de la escuela de sus hijos y ahora con esto.

Es grave, porque destroza la imagen basada en los valores que el líder conservador había forjado. Es grave porque rompe un vínculo de confianza con sus electores y posibles electores, al menos en lo referente a la patria.

¿Qué ha pasado entre los dos videos?:
2007

2008

Por mucho que el PP reaccionara con comunicados ayer por la tarde, y que González Pons afirme que bastante ha tenido Rajoy yendo hoy en el desfile, muchos españoles no podrán dejar de creer que alguien miente. Y Blanco, ha apuntado lo que debía decir.

Hagamos apuestas. ¿Qué dirá mañana Jiménez Losantos?