La resurrección de Rajoy. El óbito de Brown.

“La política es el único lugar donde los muertos resucitan”. Esta frase nos acompañó durante toda la carrera. Su autor, el profesor Pich, de historia. Y parece que la historia vuelve a cumplirse: cuando se celebra un año del congreso que el PP celebró en Valencia, Rajoy está más vivo que nunca.

Creo que se equivocan en Ferraz cuando afirman sin pudor que la victoria del PP en las europeas y la recuperación de la figura de Rajoy les beneficia en vistas a las próximas elecciones generales. La política es de todo menos estable, y suponer ciertas cosas a futuros creyendo que cuando las aguas vuelvan a su cauce todo será como antes es, cuanto menos, osado.

Rajoy ha resucitado. No tiene, al menos formalmente, contestación en sus filas. La alargada sombra de Esperanza Aguirre está ahí, pero Gürtel también. Sí, las urnas la han absuelto, pero el hecho que en los momentos más duros del temporal Aguirre y Rajoy estuvieran unidos nos da algunas pistas de lo que se avecina: una lucha en serio por la presidencia en 2012 (si no es antes).

Rajoy no sólo parece haber puesto paz en su partido, sino que tiene un as guardado en la manga: quizás los españoles absolvamos en las urnas lo que los tribunales puedan llegar a juzgar. Pero no creo que absuelvan al Gobierno si la situación económica no mejora. Esa es la carta a la que jugará Rajoy, y a día de hoy tiene todas las de ganar. Siempre y cuando consiga revertir ciertas percepciones que aún favorecen a Zapatero, tal y como señalaba el informe de Solá que El País publicó en campaña.

Aunque esta naturaleza política de no morir nunca también podría aplicársele a Zapatero, dar por hecho que con Rajoy al frente del PP esto ya está ganado es una temeridad.

El primer ministro británico, sin embargo, parece seguir con un pie en el otro barrio. Situación que también vivía el año pasado a estas alturas. Eso sí, el ya protagonizó su propio domingo de resurrección al liderar la respuesta a la crisis financiera cuando un pato cojo presidía aún Estados Unidos.

El pato cojo, ahora, parece ser él. Su gobierno se disuelve como un azucarcillo en un café. Un amargo café plagado de escándalos de corrupción y alarmantes gastos a cargo del erario público. Brown lo tiene muy difícil para resucitar otra vez, básicamente porque le falta la determinación que Rajoy sí mostró al presentarse al congreso de Valencia.

El laborista ya ha expresado que si por el fuera “lo dejaría mañana mismo”. Su rostro y expresión sólo confirman lo declarado. La pregunta es cuándo y cómo. Y la respuesta será cuando se den las condiciones para que la derrota laborista sea menos vergonzante.

Pich tenía razón: sólo se puede resucitar en política. Quizás la resurrección no suponga volver a disfrutar de lo que antes se tenía. Puede que esa vuelta a la vida sea de una manera no deseada. Hasta puede que sea para mal, pero la resurrección existe.

Unidad

Rita Barberá ha sido la artífice de una fotografía y una puesta en escena que ha conseguido captar hoy la atención de todos los medios: una atípica comparecencia en miércoles de Mariano Rajoy rodeado de la plana mayor del partido como respuesta a las dos tramas de delitos presuntamente cometidos por miembros del partido conservador.

Poco podía imaginar, cuando he pasado por la puerta de Génova 13 esta mañana, que el PP conseguiría marcar la agenda mediática del día. Es justo reconocer que la imagen acompaña a las acusaciones más o menos encubiertas de Rajoy sobre la jornada de caza del ministro Bermejo y el juez instructor de una de las dos tramas, Baltasar Garzón. También es justo reconocer que Rajoy refuerza el ritmo que Esperanza Aguirre había marcado: ante los ataques, contraataque.

Como imagen y como momentum comunicativo, es impecable. Ahora bien, no estoy convencido de los efectos a largo plazo de esta acción. Si las investigaciones judiciales son certeras y los encausados acaban con una condena sobre sus hombros, la defensa a ultranza de la honorabilidad que la plana mayor del PP está haciendo podría verse tocada. Y lo que es más importante pondrá de manifiesto que una puesta en escena impresionante no esconde lo que dicen unas investigaciones en curso: más de 30 personas acusadas de delitos graves, más un caso de supuestos espionajes que atenta contra las libertades fundamentales.

La acción del PP hay que entenderla como una salida hacia para reflotar un barco que amenaza con hundirse justo cuando hay dos elecciones en ciernes: por mucho que se puedan hacer elucubraciones sobre el momento en que la causa se hace pública, los supuestos delitos no dejan de ser delitos graves. El culpable no podrá ser nunca un juez instructor: lo será quien ha cometido delitos.

Esta es una variable que me falta, no obstante, de la impecable acción comunicativa de la plana mayor del partido. Los ciudadanos tienen criterio y saben ver cuando un partido es amenazado injustamente y cuando no. En un contexto de crisis, la corrupción se vuelve más criticable que nunca. Y la sensibilidad social es más acuciante que nunca.