Internet y política 2.0

En los últimos meses he tenido oportunidad de hablar con mucha gente, de edades, sectores, profesiones y partidos muy distintos; sobre el uso de las nuevas tecnologías y la comunicación. Las reacciones pasan desde los convencidos, a los ignorantes, los incrédulos y, por qué no decirlo, los reticentes a ver cómo las cosas cambian.

Desde septiembre de 2007, cuando terminé mi estudio sobre el uso de internet en la política española y catalana (que os podéis descargar aquí) hasta hoy, las cosas han cambiado. Sobre todo en el uso por parte de partidos y políticos de estas herramientas, aunque las reacciones hayan cambiado muy poco. No obstante, poco a poco, las percepciones se van modulando.

La campaña electoral estadounidense ha tenido mucho que ver con el movimiento, muchas veces táctico, de la clase política en nuestro país. Y seguirá jugando un papel esencial. Tal y como señalaba Ravi Singh, uno de sus asesores, en el Seminario de MAS Consulting el pasado mes de noviembre, el uso de Internet en la política no tiene marcha atrás.

Es evidente que a los más convencidos en sus capacidades, entre los que me incluyo, nos gustaría ver una mayor actividad de nuestros líderes en la red. Nos gustaría ver como el presidente Zapatero nos habla y nos escucha desde internet. Lo mismo con el presidente Montilla. Nos gusta la presencia de Benach, o compartir debates parlamentarios con Carles Puigdemont, José Antonio Donaire o Montserrat Capdevila.

Nos gusta ver cómo los militantes son activos en sus congresos. Nos gusta poder participar en sus actos como invitados. Nos gustan los vínculos políticos que se establecen y nos gusta tener una comunicación directa.

Por ello, la política sólo puede hacer una cosa: abrazar este mundo comunicativo.

Pero por la misma regla, no nos gusta que nos tomen el pelo. Nos faltan al respeto cuando se utilizan bloques sólo durante los quince días de campaña. O cuando un político que se abre la esfera, no responde. No, no nos gusta.

No obstante, la situación es la que es. En la vieja Europa, y en especial en la piel de toro, nos hemos dado cuenta que la acción política en Internet funciona, sirve para algo. Tenemos dos oportunidades de oro para verlo en las elecciones gallegas y vascas del próximo mes de marzo. También veremos qué pasa con las elecciones europeas de junio.

La situación hoy tiene dos ejemplos claves. Jueves 15 de enero. El Mundo da la portada a una noticia que tiene la comunicación política en su punto de mira. Bueno, en realidad tiene en punto de mira a Rajoy y su vulnerabilidad, pero lo que más importa es que el segundo diario en difusión en España y uno de los más visitados en la red, abre con un rotundo “Rajoy reúne un grupo asesor para mejorar su imagen pública “. El candidato popular ha decidido, al margen de los canales oficiales del partido y con una reunión informal sin su principal asesor de comunicación, pedir ayuda para hacer una comunicación más directa con las nuevas tecnologías.

De hecho, ya han presentado la web “Queremos“, que busca la participación de los jóvenes usuarios de internet. Y los próximos 24 y 25 de enero, están moviendo una quedada a través de Facebook, en el marco del primer Foro Abierto del partido.

Estos aires de cambio también llegan a Moncloa. Encuentro muy interesante la web del Plan E que ha presentado el ejecutivo. Interesante sobre todo por las carencias que tiene, es decir, va vestida con un vídeo del presidente, pero no deja de ser una web estática donde el ciudadano no puede ser escuchado.

Todo lo contrario de la última iniciativa del equipo Obama. Si el presidente-electo ya rompió moldes al afirmar que haría un video semanal en YouTube, cambiando la tradición del discurso radiado del Presidente, el equipo de transición informó esta semana de la creación de un nuevo mecanismo de comunicación entre la ciudadanía y el presidente.

Con un claro mail titulado “Give your ideas directly to the President”, han creado el llamado “Citizen’s Briefing Book“, un espacio donde los usuarios, registrados, pueden aportar ideas, comentarlas y votarlas. Las más votadas, serán presentadas al Presidente. Toda una novedad, mucho más directa que -me viene a la cabeza- las iniciativas legislativas populares -aunque con menos protección jurídica-, más fácil, más interactiva y más comprensible.

Tendremos que prestar especial atención a la experiencia Obama, porque tiene todos los números de convertirse en el primer presidente que tendrá internet como una herramienta de trabajo real y no como un compromiso; traspasando el propio eje de campaña electoral con el medio. Sarkozy puso un espía en la red, pero Obama pone la red a trabajar. 

Se reconoce la resistencia al cambio a simple vista. El pasado martes tuvo lugar un acto muy interesante en Convergència. Una mesa redonda sobre política y las herramientas 2.0, con tres ponentes de excepción: Antoni Gutiérrez-Rubí, Toni Aira y Jordi Segarra. El acto, organizado por la sectorial de nuevas tecnologías, apuntó a todas estas cuestiones. Las personas que organizaron el acto, como Roc Fernàndez o Marc Pallarès saben muy bien de qué se trata … pero entre el público aún existían preguntas que ponían el freno o quitaban importancia al medio. Normal, pasa en cada casa. Pero estoy convencido de que en un período más corto que largo, estas reacciones habrán dejado paso a otras: ¿cómo profundizar en el medio?. Tiempo al tiempo.

Secretos de familia

La política y el amor tienen tantos puntos en común que sólo así podemos entender porque la pasión política deja una huella tan profunda en nuestras vidas. La política, como el amor, está llena de promesas que se hacen con el corazón y no con la cabeza, llena de pasión que a veces es más irracional que no otra cosa. Como en el amor, la seducción juega un papel central para sumar voluntades. Y como en el amor, también nos enfrentamos a toda clase de engaños, de ataques de cuernos, infidelidades

Estas pasiones muchas veces se intuyen, y en otras no son observables a los ojos del ciudadano medio. De hecho, la política está tan intrínsecamente ligada al comportamiento de las personas, que muchas veces podemos detectar los instintos más primigenios de nuestros líderes políticos. Pero, como digo, no son muchas las veces que podemos diseccionar estos comportamientos. El viernes vimos uno: Montilla, De Madre e Iceta hicieron una visita a Duran i Lleida que no será olvidada rápidamente.

La reunión entre las direcciones del PSC y Unió el pasado viernes en la sede de estos últimos es uno de esos momentos que marcan un antes y un después. Hemos asistido como auténticos espectadores de lujo a un movimiento desestabilizador de la propia Unió a su coalición con Convergència, y es difícil permanecer impasible ante un ejercicio de cálculo político tan dudoso. Sí, es un momento Ducruet: todos hemos sido testigos de un indicio de infidelidad manifiesto. Aunque se quiera decir lo contrario.

Los convergentes, ¿han picado el anzuelo socialista? ¿Unió ha marcado perfil? ¿El PSC conseguirá réditos? Preguntas que el tiempo responderá. Pero una cosa está clara: éste es lo que los americanos dirían “a defining moment”. No hará tambalear ni el gobierno ni la oposición, pero es una herida más que debilita una relación difícil. Y lo más importante, cambia las percepciones entre las bases de los dos partidos y dificulta la situación de la oposición.

De la reunión se dibujan muchos escenarios, que sería especular sobre ellos ampliarlos. Pero no los perdamos de vista. Esta reunión, aunque normal entre partidos, aparece en un momento muy concreto y, sobre todo, de una forma muy concreta. Así se entiende la reacción de Convergència y el “resultado” del no-encuentro de ayer entre los dos líderes de la coalición.

Los socialistas han puesto en práctica aquello del “divide et impera”. Y les ha salido bien: la crisis está en casa del otro partido. No sabemos cómo se traducirá en votos, que es lo que importa, pero es claro que no ayuda a que CiU despega, no ayuda a devolver la idea de que, como diría McCain, están preparados para liderar.

Es importante, a la hora de presentar una opción de gobierno, presentó un programa, un equipo y unidad. Faltan cosas. Y sin una tan básica como la unidad ganar elecciones es difícil. Y hacer coaliciones, más.