Gangrena comunicativa

Gangrena. Putrefacción. Del griego γάγγραινα. La muerte de células de la piel que lleva a la pérdida del tejido. Ese es el proceso que vive el aparato de comunicación del gobierno de Mariano Rajoy. En las últimas horas, más carne ha muerto por su falta de visión.

Cada vez que Mariano Rajoy ha huído, ha evitado responder o se ha escondido, su credibilidad se ha minado. En un tiempo récord, Rajoy parece haber evitado el síndrome de La Moncloa para iniciar un proceso cavernático -que no tiene nada que ver con la caverna mediática, que sigue lanzando capotes incomprensibles ante el momento más duro de la reciente historia española- hacia lo absurdo. Como si de un personaje de Los Otros se tratara. No quiere salir a la luz del sol. Se siente seguro a resguardo. Roza lo ridículo al huir de la prensa.

Esa gangrena amenaza a la propia democracia. Un presidente que se niega a responder a la prensa es un presidente sin autoridad moral. Es un presidente cobarde. Jorge Cachinero lo expresa a la perfección: “los cobardes son gente peligrosa”. Rajoy, acaba de dar su primera rueda de prensa en solitario en seis meses. Lo ha hecho obligado por una presión sin precedentes. El presidente, en el momento más grave para la economía española de los últimos 30 años quería esconderse. Quería evitar dar explicaciones a los medios y a los españoles. Esa actitud condena a la democracia.

Ha comparecido. Lo ha hecho tarde y mal. Sumando más carne muerta a esa putrefacción general. Algo huele a podrido en Moncloa. Un hedor insoportable. El mismo que no pone orden a las contradicciones de sus ministros. El mismo hedor que se siente cuando un ministro, Soria, es capaz de negar el rescate dos horas antes de que De Guindos lo anuncie. El mismo hedor que llega cuando no se baraja la opción de dejar a De Guindos los detalles de la reunión del Eurogrupo, que para algo era él el que estaba ahí, y programar claramente un mensaje de fuerza y optimismo por parte del presidente del Gobierno. El patrón de la nave.

En 25 minutos. Tono agresivo. Incluso soberbio. Con una auténtica metáfora visual: una iluminación que languidecía al avanzar la comparecencia. Una metáfora de lo que ha sido, una oportunidad para crear auténtica confianza. Y digo auténtica porque el relato que está barajando el Gobierno tiene sus retos. El rescate –que no se llama así– es un triunfo. Algo muy bueno que no tendrá efectos para nadie. Que no afectará al déficit. Que los bancos devolverán religiosamente. No tardarán en justificar recortes en base a “lo que pasó ayer”.

Ha anunciado que va a ir al futbol -el partido de la selección española- porque tiene que ir. Es donde debe estar. Aunque se pierda a Nadal. Muchos creen que donde debía estar era dando explicaciones ayer. El día del rescate o llámalo x. Porque el presidente no ha querido entrar en debates nominalistas. La palabra lo es todo. Aunque Rajoy olvida que “it’s not what you say, it’s what people hear”.

Lo tenía todo a su favor. Una herencia nefasta. La peor crisis financiera de la historia. Una mayoría absolutísima. Incluso si hablamos del rescate. Pero ha dilapidado todo ese capital. Se ha cargado toda su credibilidad. Lo que empezó como un goteo de errores comunicativos al iniciar su mandato se ha convertido en gangrena comunicativa. Y, tras ver la primera rueda de prensa en seis meses, obligado, no parece que vaya a cambiar.

Lo que le espera a Rajoy

No soy muy amante de las etiquetas, la verdad. El 1.0 contra el 2.0. O esa fiebre por añadir lo segundo a cualquier cosa. Como si ya con la etiqueta fuera mejor. Creo que lo hemos sufrido. Las llamadas campañas políticas 2.0 no nos han dejado, en la mayor parte de los casos, unos mejores políticos. ¿Y los que vienen?

En horas, nos fijaremos en detalles importantes. ¿Qué futuro tendrá el Twitter de campaña de Mariano Rajoy? ¿Y el Facebook? ¿Y la transición de los canales oficiales de la Administración? Son, todas ellas, preguntas interesantes. Muestras de los nuevos tiempos. Pero lo importante es el fondo. Lo que queda tras el guión clásico y perfecto de la investidura que acabamos de ver.

“La pregunta que debemos responder es qué papel vamos a tener los ciudadanos

Hace unas semanas pasé unas horas muy interesantes con varios alumnos de máster del IE. Me acerqué a reflexionar con ellos en una clase de su curso sobre las diferencias de la web 1.0 y la web 2.0 en la política. Otra vez las etiquetas. Fue un ejercicio estupendo. Porque en el fondo, por mucho que nos fijemos en las aplicaciones, en lo que se puede –y no se puede hacer con la web o con los canales- lo que importa es el motivo. El objetivo. El por qué.

Esa es la clave. Más allá de si Rajoy mantendrá su Twitter o su Facebook, la pregunta que debemos responder es qué papel vamos a tener los ciudadanos. Lo comentaba Francisco Polo en El País cuando hablaba de los “tecnoelectores”. Y no se cansa de repetirlo Antoni Gutiérrez-Rubí en obras tan importantes como “La política vigilada”. Lo revolucionario, a lo que no quiero poner etiquetas, es esa voluntad de no quedarnos de brazos cruzados de elección en elección.

La Política sigue replegada en su lenguaje, en sus corrillos.”

“Lo llaman política 2.0 y no lo es”, titulaba hace unos meses en este artículo. Y ahí vamos a tener mucho que ver en los próximos años. Me encanta citar el concepto de conversación del célebre Cluetrain Manifesto. Me gusta porque aún no hemos llegado a esa conversación. Estamos en ello. Dependemos mucho de la voluntad de algunos notables casos. Pero la Política sigue replegada en su lenguaje, en sus corrillos.

Lo que le espera a Rajoy es algo más que recortes en las cuentas. Le espera una valoración más que diezmada de lo que es la política por parte de los ciudadanos. Le espera desconfianza en la democracia. No es tarea fácil.

No soy amante de las etiquetas. Por ello, no me atrevo a pedir una legislatura en clave 2.0. Pero sí me atrevo a pedirle al nuevo presidente y los nuevos diputados y senadores que aprovechen una nueva oportunidad –otra más… u otra menos, según se mire- para entender la política como algo que trasciende a los pasillos enmoquetados. Sería revolucionario. De verdad.

 

Foto de Uly Martin en El País.

Si quieres mi voto, enseña los gráficos

Volveremos a ver momentos como este en el debate de esta noche. Volverán los datos, los recortes de periódico y los gráficos volverán a ser los floretes en este particular duelo. Los gráficos en un debate son de un gran valor: los datos, las ideas y las abstracciones, de golpe, se pueden tocar. Pero… ¿de dónde vienen esos datos?

El uso de gráficos en un debate tiene un porqué. También lo tiene el modo de presentarlos. Es fácil que un debate como el que viviremos esta noche se pierda en la inmensidad de cifras que no alcanzamos a comprender o imaginar. Por ello, la necesidad de representarlas y tocarlas exige su uso. Pero no solo eso: su uso debe ser compatible con la velocidad de la televisión y con los planos de televisión. Alguien desde casa debe identificar de un vistazo que lo que el candidato defiende, se comprueba en los gráficos.

Las opciones de fraude o de no representar fielmente la realidad están al alcance de los equipos de campaña. Un gráfico extremadamente generoso en la escala, la generalización de los datos o el amparo del poco tiempo en que un documento está en pantalla puede inducirnos a creer a pies juntillas lo que un candidato muestra. Especialmente porque creemos que esos gráficos son una prueba veraz. Pero… ¿y si no lo es? Por ello, el reto que creó Jesús Encinar en Actuable cobra una importancia especial.

Encinar pidió a los candidatos que se comprometieran a publicar en internet los gráficos que usaran en el debate. Puedes leer más sobre ello en este post de Actuable. Y ambos candidatos respondieron afirmativamente -y con mucha rapidez- a la propuesta del fundador de idealista.com. En sus canales de Twitter afirmaron que publicarían los gráficos que hoy usarán en el debate (Rajoy y Rubalcaba).

Es algo necesario. Sano. Vital. Los ciudadanos y ciudadanas debemos poder comprobar los datos. Conocer la fuente. Buscar los datos originales. Comparar. Nuestra democracia, que no está en sus mejores momentos, precisa de acciones como esta. Y ahí, el poder de la red es clave. Nos permite llegar a más información y contrastar -por mucho que algunos políticos sigan pensando que eso no pasa- y nos permite hacer llegar nuestras inquietudes a nuestros representantes. El caso de este victorioso reto, es una prueba.

El tamaño importa

Parece que el tamaño importa. En las nubes de tags, sin ir más lejos, donde la repetición de un concepto hace crecer su cuerpo. Si una idea tiene más o menos peso según su tamaño, las prioridades del Partido Popular quedan claras: mucho empleo y poca educación.

La realidad es tan compleja que necesitamos representarla para entenderla. Por eso las infografías son tan útiles. Representan temas complejos de manera que podamos entenderlo observando, por ejemplo, un gráfico. La representación nos ayuda a comprender. Y no es un arte fácil. Para muestra, el vídeo de la reciente convención del Partido Popular en Málaga.

En apenas un minuto, 15 personas -5 hombres y 10 mujeres- sostienen 13 mensajes en unas cartulinas. Los 13 mensajes del Partido Popular en esta precampaña. Empleo, pensiones, educación, administración, vivienda, la clase política… los temas se suceden mientras esas 15 personas levantan sus carteles.

Un vídeo de estas características es lo más parecido a una infografía en movimiento. A querer poner carne y hueso a los grupos target a los que se dirige una campaña. Y a querer poner por escrito las propuestas que deben hacer la diferencia con los competidores.

Y ahí es donde volvemos al tamaño. Esa infografía en movimiento no da a todos los mensajes la misma importancia según el tamaño. Si identificamos lo grande como lo más importante, la prioridad del Partido Popular es el empleo -que tiene tres mensajes con carteles muy grandes- y lo menos importante, la educación o que los políticos no engañen, ambos con carteles pequeños. Si el tamaño importa, quedan claros los temas que importan -y los que no- para el Partido Popular.

Guía para seguir la noche electoral

Quédense con esta hora: las ocho de la tarde. En ese momento, toda la maquinaria de la noche electoral empieza a trabajar como un engranaje perfecto. En este post marcamos algunas de las claves imprescindibles para seguirla.

Las encuestas

A las ocho de la tarde, los principales medios de comunicación darán a conocer el resultado de las encuestas a pie de urna que se han venido realizando a lo largo de la jornada. Estas encuestas son importantes porque fijan el marco de la jornada, ya que las comparecencias de los líderes de los partidos se ven influenciadas por el resultado que muestran.

Las entrevistas

Entre la publicación de las encuestas y los primeros discursos de los líderes, el despliegue de los medios de comunicación suele darnos la oportunidad de ver a cargos de los diferentes partidos contestando a preguntas sobre la jornada. El modo en que responden, los mensajes que eligen, etc. son buena muestra de los datos internos que puedan tener y anticipa lo que vendrá.

Los discursos

Cuando el resultado esté avanzado, los líderes de los partidos políticos saldrán a valorar la jornada electoral. Ese discurso es clave para entender el análisis de los resultados que harán los medios y opinadores a partir de ese momento. En unas elecciones con tantos puntos de interés repartidos, los discursos que se hagan a nivel nacional desde los dos grandes partidos tendrán una especial razón: la lectura en clave nacional de las elecciones locales y autonómicas. A estas horas, el PSOE aún no tiene claro quién será el responsable de hacer esa lectura.

La participación

Es otra de las claves de la noche. Especialmente tras los datos obtenidos a lo largo de la jornada y el clima electoral que el movimiento 15M ha conseguido generar. Y con el dato, las múltiples interpretaciones: ¿dónde aumenta más la participación? ¿A qué partidos ayuda? ¿A qué partidos penaliza?

La incógnita UPyD

Las primeras elecciones autonómicas y municipales con UPyD pueden saldarse con unos buenos resultados para la formación de Rosa Díez. Deberemos estar atentos a la materialización de ello.

Los puntos de interés

8.116 alcaldías en juego. La presidencia de 13 comunidades autónomas pendientes de los resultados de esta noche. Y entre todos ellos, algunas plazas que cobran especial relevancia. ¿Qué puntos de interés tiene esta jornada electoral?

  • Esperanza Aguirre, pese a la Gürtel, a punto de revalidar su mayoría absoluta.
  • Alberto Ruiz-Gallardón opta a barrer electoralmente en Madrid.
  • CiU a punto de hacer historia y conseguir la alcaldía de Barcelona. Los dos grandes centros de poder catalanes volverían a tener el mismo color.
  • El PP opta a desalojar del poder, por primera vez en la historia, al PSOE en Extremadura y Castilla-La Mancha.
  • ¿Conseguirá Álvarez-Cascos la presidencia de Asturias?
  • ¿Empieza en Sevilla la victoria popular en las elecciones autonómicas de 2012?
  • ¿Qué apoyo tendrá Bildu?

El seguimiento online

Twitter será un canal clave para conocer tanto los resultados globales como para ir conociendo los resultados de varias mesas. Cada vez son más los presidentes y vocales de mesa, apoderados e interventores que narran las jornadas electorales. Iremos conociendo resultados, así como anécdotas e incidentes en directo.

Veremos también si el abandono de los canales online abiertos por los líderes empieza desde esta noche. ¿Darán su valoración de resultados también desde Twitter y otros canales online?

Muere el inventor del teleprompter

“Tonight, I can report to the American people and to the world, the United States has conducted an operation that killed Osama bin Laden”. El presidente Obama dirigió estas palabras mirando a los ojos de los telespectadores. Y lo hizo gracias a un invento que revolucionó el modo en que las personas que se ponían ante una cámara contaban las cosas a la audiencia. Presentadores, actores, cómicos y políticos dejaron de bajar la mirada cada vez que hablaban. El teleprompter llegó para quedarse.

Hubert Schlafly, el inventor de este aparato, murió hace unas semanas. El periódico El País le dedica un obituario muy interesante que muestra su evolución y su propagación a lo largo de las últimas décadas. El también llamado promter o autocue, lleva más de 60 años luchando por ganarse un lugar como aparato indispensable en la vida de aquellos que deben dirigirse al gran público desde la televisión.

¿Aliado o enemigo?

En Internet pueden encontrarse teleprompters por apenas 400 dólares. En todo caso, es una inversión asumible para aquellos políticos que quieran mejorar el modo en que se dirigen a grandes audiencias. Aunque su uso no está muy generalizado en España, políticos como Esperanza Aguirre, Iñigo Urkullu o José Montilla han usado el espejo mágico para mejorar su comunicación.

En este post reflexionábamos hace unos meses sobre las mejoras que supone el uso de prompters. Especialmente hablábamos de:

  1. Mejorar la naturalidad del orador y evitar distracciones o gestos bruscos al bajar la mirada; mejorando la atención del receptor.
  2. Tener opción a controlar y mejorar el mensaje verbal, ya que la concentración con el texto mejora al no tener que desviar la mirada.
  3. Invertir tiempo y esfuerzos en mejorar aspectos de la comunicación no verbal, ya que no debemos estar tan pendientes de no perder el hilo del texto apuntado en las notas.

Aunque estas ventajas las han puesto sistemáticamente en el Despacho Oval y en los mítines de miles de candidatos en todo el mundo, no siempre es todo de color de rosa. Problemas técnicos, un abuso del prometer o la incapacidad de adaptación de quién lo usa pueden dejar el prompter en un segundo plano.

Nada es igual

Para bien o para mal, nada es igual a los tiempos sin teleprompter. El obituario describe situaciones curiosas durante su expansión, desde los problemas con el aparato durante un discurso del presidente Eisenhower al uso (o abuso, según algunos). Situaciones que muestran el cambio en la forma de comunicar de los políticos y de dirigirse a los ciudadanos.

En tu fiesta me colé

Ya lo cantaba Mecano, “No me invitó, pero yo fui”. Y no se referían ni a Facebook ni a partidos políticos. Pero no puedo dejar de tararear la canción cada vez que recibo una notificación de esta red social en mi correo con la invitación a un acto. O una solicitud de amistad. Quieren colarse en mi fiesta.

Facebook es una red privada, donde cada usuario acepta con quién quiere estar conectado y con quién no. La lógica es la conexión personal con aquellos a los que conoces o puedes querer conocer. Que levante la mano quien no haya enviado solicitud de amistad a alguien que conoció en una fiesta. Personas a personas. Pero cuando entramos en el campo de las siglas de los partidos, caminamos sobre un terreno pantanoso. Cuando no se comprende la lógica del espacio. E intentan colarse en tu fiesta.

Mi Facebook es mi fiesta. Si quiero invitarte, te pediré amistad. Y si eres una organización o una empresa, lo haré en tu página. De hecho, me sumaré a tu fiesta. Porque los perfiles personales y las páginas son distintas. Cada uno para su tipo de usuario. Algo que muchos partidos, candidatos o agrupaciones no han entendido. Y deberían hacerlo.

Para muchos partidos, agrupaciones locales o candidatos, Internet es un canal de difusión más de su actividad. Un poco como cuando tenemos un robot de cocina (en este caso, Internet), y lo usamos solo para hacer batidos (sin comprender que puede ser una conversación o la vía para incluir la participación ciudadana en la toma de decisiones). Y es bajo esa lógica que el uso del canal también sigue ese vicio de querer abarcar a todos, a lo grande y a cuantos más mejor. Pero en Facebook se impone lo próximo, la utilidad y el interés.

La configuración de la información de un perfil nos permite saber la localidad en la que reside ese usuario, sus interés, etc. ¿Tiene sentido invitar al acto de presentación de una candidatura a alguien que vive a 600 kilómetros? La segmentación es una utilidad en Facebook –y en otros espacios de Internet- y no aplicarla es un riesgo para la credibilidad. Toma tiempo, sí, pero reporta más beneficios.

No intentes colarte en mi fiesta, porque valoro la utilidad de lo que hago en Facebook. Mis contactos son mis contactos porque me dan información de cosas que a mí me pueden interesar. Porque comparten enlaces, porque puedo saber qué hace aquel amigo del Erasmus… porque me es útil. ¿Qué utilidad ofrecen esos perfiles? Solo los que estén convencidos de poder ofrecer algo al usuario deberían atreverse a colarse en la fiesta. Si no, el usuario se sumará a aquellas páginas de las que perciba un beneficio.

En definitiva: si no nos une una amistad, si no nos conocemos personalmente –de hecho, conocer personalmente a unas siglas es muy complicado- lo mejor es entender la lógica del espacio. Crear una página con contenido pertinente y despertar el interés en quién lo reciba. El flechazo no siempre es instantáneo. El usuario no caerá siempre en tus brazos. Colarse en las fiestas de otros no es la solución.

¿Por qué son importantes los 100 primeros días de gobierno?

Son los cien primeros, como podrían ser doscientos o diez. Lo importante es el concepto. La idea de tener unos días para llevar a cabo la transición desde la oposición al gobierno. Del banquillo, a llevar el dorsal titular. Nunca tendremos una segunda oportunidad de crear una buena primera impresión. Y los cien primeros días son esa primera impresión. Veamos su importancia.

El origen

Franklin D. Roosevelt fue el primer presidente estadounidense en acuñar el término y en usarlo con fines comunicativos. Como en muchos otros ámbitos, somos herederos de los usos de la política estadounidense. FDR llegó al poder en el cuarto año de una crisis económica de alcance mundial. Necesitaba transmitir capacidad de reacción ante ella y mostrar resultados que cambiaran la situación. Generar confianza y optimismo a la ciudadanía y a los mercados.

Los cien primeros días de FDR son, en cierto modo, únicos. Las circunstancias y un modo de hacer política muy diferente al actual permitieron que el presidente pudiera ver aprobadas 15 leyes importantes en el Congreso. Sentó precedente e inauguró una nueva manera de medir los tiempos en político. Roosevelt no se separó ya de la ola del cambio que supo crear.

Gestionar una transición

Los cien primeros días son importantes porque muestran si un líder está capacitado para gestionar una transición. O lo que es lo mismo, para calibrar si los electores tomaron la decisión correcta al apostar por un candidato. Por ello, es importante demostrar que se tiene capacidad para ello.

En esta labor de gestión, el primer asalto es la propia formación de gobierno. La elección de los ministros y ministras es ya un mensaje político en toda regla. Aunque la oposición no valore o critique los nombramientos, sus experiencias previas lo harán.

El segundo asalto es el propio plan de acción político. Suele ser habitual que los presidentes recién elegidos centren su actividad en el problema que les ha hecho ganar las elecciones: economía, terrorismo, política exterior, políticas sociales. José Luis Rodríguez Zapatero anunció la retirada de las tropas de Irak en su primer acto como presidente. Roosevelt, en cambio, se centró en la economía.

Conquistar las percepciones

Volvamos a la primera impresión. E invitemos a la atención a este baile. Los políticos compiten con un sinfín de actores por nuestra atención. Que es un bien preciado y limitado. Por ello, es importante conquistar las percepciones de los ciudadanos respecto al líder que recién ha asumido el cargo.

Muchos electores le recordarán por lo que haga durante el inicio del mandato. Si consiguió cumplir propuestas electorales, mejorar la situación, etc. será percibido como alguien eficiente y confiable. Si incurre en errores o inestabilidad manifiesta, los electores desconfiarán del nuevo gobierno. El primer gobierno tripartito, presidido por Pasqual Maragall, dio buena cuenta de ello tras la reunión con ETA del conseller en cap Carod-Rovira.

Las percepciones se fijan en la mente del elector y por ello es importante comprender el valor de los primeros cien días de gobierno para poder aprovecharlos. Aunque no todos los nuevos presidentes eligen esa vía: algunos prefieren dejar los logros para más adelante.

Un producto de comunicación

Lo importante es entender el valor estratégico para la comunicación y para los propios resultados. Y, en consecuencia, comprender que los cien primeros días son un producto de comunicación en sí mismo. ¿Qué se quiere conseguir? ¿Qué se va a comunicar? ¿Quién lo va a hacer? ¿Qué papel va a tener el presidente o presidenta? Tras responder a esas preguntas, también es importante concebir la propia comunicación de los cien primeros días.

Esa comunicación puede hacerse con la presentación de informes, discursos o una serie de actos para conmemorarlo. Concebirlo como un propio hito para reforzar los efectos.

 

En definitiva, cien oportunidades para comunicar en un momento clave para llegar a los ciudadanos.

 

 

Foto de MarcelGermain

V Jornadas de Comunicación en la Universidad de Valladolid

Las Jornadas de Comunicación Política de la Universidad de Valladolid llegan a su quinta edición. Bajo el título “¿Cómo ganar elecciones?”, hemos podido ver en Segovia varios aspectos necesarios en una campaña electoral.

Las jornadas, organizadas por Ignacio Martín Granados y Miguel Vicente, han contado con la participación de Javier del Rey Morató, Fermín Bouza, Josué González, Alfredo Arceo, Juan Luis Manfredi, Alfredo Matesanz, María Victoria Domínguez, Miguel Ángel López, Aurelio Martín y yo mismo.

Esta fue mi presentación que nos sirvió para reflexionar sobre el papel de Internet para ganar (o no) elecciones:

Los políticos psicópatas

Artículo publicado en la edición en español de la revista Campaigns & Elections:

Son incapaces de ponerse en la piel de otros. No pueden llegar a sentir lo mismo que otras personas. Incapaces de ponerse, por un momento, en la piel del otro. Sin remordimientos, manipuladores, astutos. Capaces de engañar a otros en búsqueda de su propio interés. Vanidosos, megalómanos… Podría ser una definición de algunos de nuestros líderes. Pero no lo es. Así son los psicópatas, y algunos políticos, del modo en que actúan, parecen hacerlo como ellos.

Los tiempos de crisis que nos han tocado vivir son el escenario perfecto para mostrar la incapacidad de muchos líderes para ponerse en la piel de los que más sufren. Recortes, situaciones duras, decisiones inaplazables. Este ha sido y es el terreno de juego para muchos de los líderes que gobiernan países a lo largo y ancho del planeta. ¿Habían olvidado que gobernar era tomar decisiones que no siempre son las más agradecidas?

Líderes nacidos bajo el influjo de los años de vacas gordas. Políticos herederos de una era en expansión. Trabajo y resultados en medio de una de las peores crisis económicas de las últimas décadas. Es en ese momento en el que un líder debe serlo también en el mensaje.

¿Y todos han estado a la altura? Hemos visto como se han exigido esfuerzos y sacrificios, incluso apelando, sin pudor alguno, al célebre “Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” de Winston Churchill. Ni recurrir a los que nos precedieron ha servido para salvar el obstáculo. Les han olvidado en el mensaje, han obviado lo más importante: las personas esperan de sus políticos algo más que frases para la historia.

“¿Puede pedir apoyos alguien que no comprende lo que suponen sus palabras para la mujer que no encuentra trabajo, el joven que dejó los estudios en la cresta de la ola y ahora no tiene futuro o para el funcionario al que le recortan sueldo y beneficios?”

Un trastorno… de comunicación

Franklin D. Roosevelt, Winston Churchill o incluso Kennedy han sido referentes para presidentes, primeros ministros y, por ende, sus escritores de discursos. El problema es cuando las llamadas al esfuerzo y al sacrificio, los anuncios de drásticas decisiones y la explicación de la política se han hecho de espaldas a los ciudadanos.

Así, muchos líderes políticos han caído en un trastorno… de comunicación. Como si sufrieran una psicopatía que les llevara a actuar como las personas que sufren un grave trastorno de la personalidad. Como si se volvieran antisociales, incapaces de sentir lo que siente un ciudadano de a pie. ¿Puede pedir apoyos alguien que no comprende lo que suponen sus palabras para la mujer que no encuentra trabajo, el joven que dejó los estudios en la cresta de la ola y ahora no tiene futuro o para el funcionario al que le recortan sueldo y beneficios?

En España, las encuestas y sondeos no han dejado de mostrar un desencanto creciente de la ciudadanía hacia la política. La confianza de la ciudadanía hacia los líderes políticos, tanto en el Gobierno como en la oposición, es escasa. Son varias las causas que nos han llevado hasta esa situación, desde el resultado de las políticas públicas emprendidas hasta la percepción de la gestión realizada por parte de la ciudadanía. En la base, sin embargo, está la que quizás es la piedra angular de toda relación: la constatación de que algo falla en el proceso de explicar las cosas.

Los sofistas nos dirían, seguramente, que la existencia de los políticos psicópatas no es posible. Si la verdad tiene su fundamento en la experiencia, ni el mejor de los discursos podría hacer cambiar esa verdad. Pero la realidad es que no hablamos solo de un trastorno de comunicación puntual. No es una piedra en el camino. El político psicópata lo es porque ha perdido ya la noción de a quién se debe: a los ciudadanos a los que representa.

El lema original de los Estados Unidos rezaba “E Pluribus Unum”, de muchos, uno. Refiriéndose a la formación del país, no ha dejado de ser un lema usado en infinidad de contextos y alocuciones presidenciales. Permítanme que me aventure a apuntar que ese trastorno de comunicación –y político a la vez- precisa de comprender que un líder es uno de muchos… que debe sentir y pensar como muchos y menos como uno. Entender el liderazgo político como un camino en una sola dirección hacia un destino, aleja a los políticos de la auténtica base de la comunicación y de la política: la empatía.

Empatía en la base de la comunicación

Según Drew Westen, el psicólogo norteamericano que ha reflexionado sobre la importancia de las emociones y el cerebro en la toma de decisiones políticas, la mayor parte del peso en las decisiones que tomamos, la tienen precisamente las emociones. De hecho, la capacidad de empatía hacia un líder, un partido o el caso particular que reine en la agenda política del momento, puede ser más determinante para justificar nuestra posición que elementos más racionales.

En el interior de lo que sufre. Del sufrimiento. El origen griego de la palabra nos pone en la pista de la base de lo que más necesita la comunicación política en estos difíciles momentos. Necesitamos más que nunca comprender los sentimientos de quiénes interpretarán nuestro mensaje. Ponernos en los zapatos de los que caminan, aunque nos queden pequeños.

La política contemporánea, tan acostumbrada al valor de la demoscopia centrada en la intención de voto, pierde el foco del valor de las personas. De las emociones que son las que, en muchas ocasiones, acaban afectando al apoyo a un líder. Emociones que se manifiestan en esa necesidad de entender que la empatía debe estar en la base del discurso, del mensaje y de la propia política.

Algo que pasa desapercibido en los tediosos cuestionarios telefónicos. “¿Cómo se siente…?” Nunca aparecerá en el mismo nivel de los índices de popularidad. Pero nos dice tanto la respuesta a esa pregunta. Quizás porque en esto las neuronas espejo sean más potentes que una proyección. Al fin y al cabo precisamos ponernos en la piel del otro antes de dirigirnos a él.

No es que los políticos se vuelvan, de golpe, unos psicópatas en el mensaje. Berlusconi no incurrió en un error de forma fortuito cuando, tras los terribles temblores en L’Aquila, afirmó que los ciudadanos que habían perdido sus casas y estaban siendo atendidos en tiendas de campaña, debían tomarse la experiencia como si fuera “Un día en el camping”. Una expresión que dio la vuelta al mundo y puede pasar por fortuita. Pero cuando no hemos considerado nunca lo que provoca en los corazones de los ciudadanos nuestro mensaje, no podemos esperar comprender lo que sienten en situaciones extremas. Los políticos que nunca tuvieron a los ciudadanos en el centro de su acción, no pueden comprenderlos.

¿Líderes empáticos?

Beethoven recomendaba no romper el silencio si no era para mejorarlo. Muchas veces lo rompemos para anunciar medias, políticas o acciones que pueden mejorar, no el silencio, sino la vida de los ciudadanos. Pese a ello, al romper el silencio con un discurso anclado en el yo, nos enfrentamos no ya a un riesgo, sino a la constatación de esa brecha entre quién habla y quién siente.

“Los líderes políticos, por su exposición en los medios y por la importancia de la política en la gestión de los temas públicos, son incitadores sociales.”

Por ello, es más importante que nunca preguntarnos si estas épocas difíciles precisan de líderes empáticos. Líderes que comprendan lo que sienten la mayoría de los ciudadanos. Sentir, emocionarse… sin prejuicio de las capacidades para gobernar, dirigir y crear.

Los líderes políticos, por su exposición en los medios y por la importancia de la política en la gestión de los temas públicos, son incitadores sociales. Modelos a seguir para muchos ciudadanos, quizás no para imitar sus vidas, pero sí para seguir lo que dicen, lo que piensan. Esta condición de incitar emociones en muchos ciudadanos nos describe también la importancia de contar con alguien que pueda encender esa chispa en grandes sectores de la sociedad.

El candidato o candidata debe tener, además de esa capacidad de gestionar emociones, la empatía suficiente para comprender, no sólo a los miembros de su equipo –un presidente de gobierno que comprenda a sus ministros siempre pondrá más de su parte para la coordinación de la acción política que uno que no lo haga- sino para con los ciudadanos. Sólo con una gran capacidad de empatía puede aparecer cercana una persona que vivirá recluida durante años en un cubículo de trabajo y seguridad y que hará campaña movido de un lado a otro con una apretada agenda.

La empatía debe ser la base del nuevo carisma del liderazgo emocional. Un carisma basado no en la dureza, la resolución o la fortaleza de quién aspira a gobernar un país, sino en aquella persona que comprende a los ciudadanos de ese país. El carisma de personas próximas y sinceras, que no tienen miedo a conversar con la gente –en persona o a través de la Red-, que no tienen miedo a preguntar la opinión y que dejan en sus manos también la creatividad de sus apoyos.

Para el líder emocional la mentira no existe, ya que la verdad es su salvaguarda política. Sólo puede establecerse una relación de confianza con el electorado si se acepta esta premisa, con todos los efectos que tienen en varios aspectos comunicativos, como en la comunicación ante una crisis y en la propia asunción de responsabilidades.

Precisamos, en definitiva, una concepción emocional y empática de la política. Necesarios para recobrar la confianza en la política y la participación de la ciudadanía en los asuntos que le incumben. Necesitamos entender que nuestros líderes sienten tanto como nosotros. Y nuestros políticos deben entender qué sentimos para dirigirse mejor, de forma más eficiente, a la ciudadanía.

Estos liderazgos deberán ser la norma en el siglo XXI. Sólo así podrá superarse la desafección creciente que pone en riesgo al propio sistema democrático. Sólo así podrá devolverse a la política su auténtico significado de gestión de los temas públicos, en beneficio de todos y para asegurar la convivencia.

La comunicación política emocional está llamada a suplir las limitaciones de la concepción clásica de las campañas. Alimentar los vínculos emocionales que la propia política crea es la base para la fidelización pero también la base para entablar una relación más responsable. A suplir la relación poco sostenible con políticos psicópatas que ni sienten ni dejan sentir.

Ser un político psicópata sale caro a largo plazo. No tener a la ciudadanía en el centro de la acción y del mensaje acaba saliendo muy caro. No ponerse en la piel del otro acaba siendo una temeridad. Lo saben bien todos aquellos líderes que acabaron viendo como lo que antes fue apoyo, se tornó el más rotundo de los rechazos. Los que no saben sentir, los que no quieren sentir… los que no quieren sentir lo que otros sienten; lo pagan en las urnas.

Los políticos psicópatas