¿Un Obama español?

La semana pasada participé en el programa Aula Abierta de Radio Andalucía a propósito del famoso gesto de Aznar a los estudiantes de la Universidad de Oviedo. Tras comentar lo inapropiado de la peineta, reflexiones sobre la comunicación política siguieron la conversación. ¿Tenemos algún Obama en España?

No existe. Hay oradores buenos, gente que puede llegar a conectar bien con el electorado. Candidatos que se defienden. Pero candidatos y líderes que apenas consiguen no mermar los votos en sus bases y que esperan que la propia situación desangre el electorado del otro. No, no existe un Obama español. No ya por las dotes oratorias, la importancia que pueda llegar a otorgar a la comunicación o por el papel que el ex senador de Illinois dio a la política de las emociones. No existe porque la base está en el cambio de concepción de la relación del candidato con el votante.

El Obama de campaña es precisamente eso, el cambio en la concepción con el votante. La campaña del senador no lo tenía fácil. Se enfrentaba a la candidata oficial del partido que había tejido a lo largo de los años una extensa red de contactos a lo largo y ancho del país. Él era un senador en primera legislatura, conocido sobretodo por un discurso. El reto para Plouffe, Axelrod y compañía era enorme: ¿como concebir una campaña presidencial para Obama y no morir en el intento?

Y ahí es donde entra en juego el factor diferencial. Lo que hace que no tengamos Obamas en España. Para superar esas barreras (esas eran las de Obama, pero un candidato aquí tendría las propias) diseñaron una campaña basada en el votante. El votante debía tener autonomía, debía participar. Debía ser el centro. Una campaña basada en el ciudadano y no en el votante.

Así, Obama desplegó ese movimiento de grassroots en los 4 primeros estados de las primarias: quería tener su momentum desafiando a Clinton con armas no convencionales. Y triunfó.

A Obama le llamaron loco. Loco por querer romper con la campaña mercantilista en Carolina del Sur (tu me pagas y yo te consigo votos) y pasar a la acción escuchando y dando la palabra a los votantes. Porque ofreciendo una manera distinta de hacer política podía llevar a las urnas a los sectores que nunca votan y que eran necesarios para vencer a Clinton o Edwards.

Y funcionó. Internet ayudó de forma decisiva, pero también decisiones estratégicas como mimar a los donantes de cantidades pequeñas tanto como a los grandes donantes. Funcionó.

¿Tenemos un Obama en España? No, creo que no. Porque parece que los candidatos, aunque entiendan que la desafección es la barrera, que podrían ganar acercando a la política a los que se alejan de ella, no se atreven a hacer ese cambio. No se trata de abrir una web. Ni de buscar un buen eslogan. Es cambiar la relación de políticos y votantes. Saltar la barrera. Y de eso, no tenemos.

Canciones de campaña

En Estados Unidos existe una ya larga tradición de dotar a sus campañas electorales con canciones de campaña. Temas, algunos populares y otros menos conocidos, que vienen a apoyar el mensaje y la imagen del propio candidato. Si en España existiera esa tradición, quizás Zapatero escogería el hit eurovisivo de Remedios Amaya y cantaría aquello de “ay quién maneja mi barca, que a la deriva me lleva”. Rajoy podría atrevirse con el Aserejé de las Ketchup: una canción festiva y alegre –ya se ven en Moncloa- pero inteligible, como sus promesas de mejora sin saber bien qué hará.

Para algunos esto puede ser una tontería. Un amago de genialidad más de asesores políticos que no tiene ningún fundamento, pero la realidad es que, vistos los efectos que la música tiene en las personas, parece no ser una tontería el hecho de atender a ella. Es el íntimo juego de la música y la comunicación política, entender que algo tan básico en la vida como la música puede y debe ser un elemento más de campaña.

Pitágoras enseñaba a sus alumnos algo genial y casi mágico: cambiar los comportamientos de las personas, sus respuestas –incluso acelerar procesos de curación- a través de la música. Hace unos meses reflexionaba sobre el papel de la música en los anuncios electorales, como un determinado ritmo puede crear o sostener estados emocionales en la dirección del mensaje político y de los objetivos de comunicación. Reflexión que hicieron muchas campañas electorales.

En todo caso, la elección de temas de campaña no está exento de polémica. Dos candidatos –y presidentes- republicanos recibieron quejas de los artistas a quienes tomaron prestadas las canciones. Ronald Reagan, tras su famoso “California here we come” usado en la campaña que le llevó a la Casa Blanca, no dudó en hacerse con el hit de 1984 para su reelección. El “Born in the USA” de Bruce Springsteen fue el himno del antiguo actor. Por su parte, George W. Bush se opuso a Al Gore con el tema de un fan del vicepresidente más ecologista: “I won’t back down” de Tom Peety. Ambos artistas, reconocidos demócratas.

Aunque otro tipo de polémicas no viene tanto por la filiación política del artista sino por su nacionalidad. Si Bill y Hillary Clinton hacían de actores emulando a Los Soprano para presentar el tema de la campaña de ésta, la recepción del tema fue menos halagüeña que el propio vídeo. Hillay hechó mano de una mujer, la titanizada Céline Dion, que le prestó el tema “You and I”. Muchos americanos se preguntaron el por qué de la elección de una canadiense… y otros tantos, el sentido político de la canción.

Mejor sintonia tuvieron los Fletwood Mac con Bill Clinton. Incluso hoy el ex gobernador de Arkansas es reconocido por el “Don’t stop thinking about tomorrow”. Aún puede escucharse esa canción como presentación del presidente en actos como las Convenciones demócratas. La asociación, pues, entre tema y candidato puede llegar a ser muy íntima.

Otros candidatos han puesto toda la carne en el asador y han aprovechado todas las aristas emocionales y de comunicación de la música. Barack Obama apeló a la América que debe renacer tras el 11S con el hit de U2 “The city of blinding lights”, que le acompañó en momentos mágicos de su campaña, como en su salida al atril durante su discurso de aceptación en la Convención. El timbre y la potencia de Aretha Franklin contribuyó con su “Think”, que sonó en numerosos mítines, como al finalizar el célebre discurso de New Hampshire. Sinnerman de Nina Simone, Gimme Shelter de los Rolling Stones o la conocida versión musical del propio discurso de New Hampshire son otras piezas de la banda sonora de la campaña del presidente.

Pero no olvidemos los clásicos. JFK apeló a las grandes esperanzas de los americanos con el “High hopes” de Frank Sinatra. Y otro clásico entre los clásicos, Neil Diamond, prestó su “Coming to America” a Dukakis… aunque perdió. Bruce Springsteen puso su grano de arena en otra campaña que no llegó a buen puerto. Kerry tuvo “No Surrender” entre sus canciones de campaña y la presencia del artista en numerosos conciertos de apoyo al cambio que no llegó.

Seguramente Pitágoras echaba mano de otro tipo de recursos, pero en una sociedad plagada de información y de impactos como la actual, los artistas ayudan a comunicar proyectos. Más allá de las canciones que pudiesen elegir hoy Rajoy o Zapatero -aunque no se rodearían de John Cobra-, aquí también sabemos de qué va eso de la música. Quizás con menos tradición, pero no olvidemos que Tequila pedía que “no, no, que el tiempo no te cambie”. Algo que los socialistas entendieron era el mensaje de la juventud a Zapatero. Rajoy nos pedía el voto con el ballenato y… ¿a quién no se le ha pegado el himno del PP?

Enlaces de interés:
Escucha algunas de las canciones de este post en esta lista de Spotify.

Comunicación política online en el Máster ICPS-UAB

Este viernes mantuvimos una interesante conversación en el máster en Marketing Político del ICPS-UAB. Me invitaron a dar una clase a la que tuve la osadía de titular “¡Ay Karmele! Internet más allá de los frikis”. Aunque tras la primera diapositiva, ni Karmele ni los frikis aparecieron por ningún lado…

En cerca de cuatro horas de clase pudimos iniciar el recorrido en la importancia de Internet como medio estratégico para terminar dando con un decálogo de pasos imprescindibles para dar con una buena estrategia de comunicación política online y ejecutarla correctamente.

En el camino, nos detuvimos en los diferentes modos de actuar y participar, qué entraña cada espacio y, sobretodo, en los nuevos roles que los actores están desempeñando. De hecho, la clase se inscribía en el módulo de actores y observar cómo los políticos, los partidos, los militantes y las administraciones deben hacer frente a un auténtico cambio de modelo tenía su interés. Así, el político conversador, el político altavoz… el que no ha entendido nada y el que sigue sin entenderlo hicieron acto de presencia.

Espero que los consejos de un auténtico maestro como Iván Pino sirvieran para que, los que por un día fueron mis alumnos, pensaran que la sesión mereció la pena y puedan aplicar algo en sus experiencias profesionales.

Comunicación política online. Fue un auténtico placer debatir estas y otras cuestiones, desde entusiastas hasta escépticas, con una clase muy activa y bien despierta. La nueva generación de la comunicación política sigue creciendo.

Pau Canaleta

Para algunos de vosotros será un descubrimiento. Y para otros, es uno de los referentes en vuestros feeds. Hablo de Pau Canaleta, una de las personas que más conoce la estrategia política y electoral en este país. Su blog ha sido un testimonio de la actualidad política y de los cambios en la comunicación política, y ahora se muda a un nuevo dominio y se presenta con una nueva imagen.

Pau Canaleta, desde Figueres, nos habla de estrategia. Nos descubre claves imprescindibles para entender por qué hacen lo que hacen nuestros políticos. Os invito a que lo conozcáis, porque a partir de ahora, también lo podréis leer en castellano.

Los nombres propios de 2009

Turrones, décimos de Navidad y felicitaciones. Electrónicas o por correo postal, a gusto del consumidor. Colas en casi todas las tiendas, centros urbanos a rebosar. Frío y algo así como buen rollo generalizado aunque tu horizonte más cercano sean interminables comidas familiares. Una tras otra. Y los resúmenes del año. Sí, estamos en Navidad. Y a punto de cerrar este 2009.

Para seguir con las tradiciones, ahí van los 10 nombres propios del mundo de la comunicación online, comunicación política y… la política en sí misma. Cada día, uno nuevo

El día que lloró Jesse Jackson

Publicado en La Vanguardia

El día que lloró Jesse Jackson

El día que lloró Jesse Jackson parecía que todo había cambiado. Que el aire era más fresco, la noche más hermosa y menos fría. El día que el reverendo lloró, lo hicieron con él miles de norteamericanos. Como las parejas que se abrazaban en un bar de Washington. El día que lloró Jesse Jackson, America acababa de elegir a un nuevo presidente que prometía cambio y esperanza.

El día que lloró Jesse Jackson, muchas calles del país más poderoso del mundo estallaron de júbilo. El parque Lafayette de Washington, justo en frente de la Casa Blanca, se llenó de jóvenes espontáneos que celebraban el cambio político. El día que lloró Jesse Jackson, hispanos, blancos, negros y asiáticos se abrazaban por las calles.

El día que lloró Jesse Jackson, Obama hizo su mejor discurso. Puso palabras e imágenes a los sentimientos de millones de personas, con o sin pasaporte azul. Con menos canas que hoy y quizás menos cansado, prometió a todos la esperanza de un mañana mejor. Pero alertó que no se llegaría en un año. Quizás tampoco en un mandato.

El día que lloró Jesse Jackson, nadie imaginaba que Obama ganaría el Nobel, que en Estados Unidos acabaría la discriminación de salario por razón de sexo. Que se pondría en marcha una reflexión sobre la cobertura sanitaria. Que se hablaría con Cuba. Ese día, pocos imaginaban que el país más poderoso del mundo dejaría de ir por libre.

El día que lloró Jesse Jackson, pocos creían que Obama no gobernaría solo. Que sus llamamientos a buscar el apoyo de todos irían en serio. Un año más tarde, el presidente ha sabido revalorizar la política y demostrar que los apoyos siempre suman, implican y representan. Obama entendió ese día que no se puede gobernar solo. Y no lo ha hecho.

El día que lloró Jesse Jackson, muchos pensaron que el delirio del cambio moriría. Pero lo prometido es deuda y desde el minuto uno su presidencia ha intentado aplicar el pacto contraído con los votantes. Desde la reforma sanitaria a las inversiones en energía sostenible. Y eso no ha gustado a muchos, quizás porque creían que un gobierno siempre actúa del mismo modo.

El día que lloró Jesse Jackson, el discurso que escuchaba era una declaración de intenciones. Si JFK pusó en marcha un ambicioso programa espacial, Obama podía devolver la fe y la esperanza a los americanos. Una tarea inmensa en un momento de crisis, casi tan difícil como ir a la luna. Pero el tiempo ha venido a demostrar que en el presidente hay hechos. Y palabas.

El día que lloró Jesse Jackson, lo hizo con el corazón. Porque Obama hablaba desde el fondo de su corazón. Pero su presidencia ha seguido una estrategia ganadora: gobernar con cabeza. Y corazón. Saber que su presidencia no sólo busca reducir el paro, sino inspirar a una generación entera para ser mejores.

El día que lloró Jesse Jackson, yo lloré con él.

Un año con Obama

Hace un año, los americanos elegían a su nuevo presidente. Washington amanecía con una mezcla de nubes y sol que dejarían un chubasco importante en las horas centrales del día. Las colas para votar empezaban en muchas ciudades del país y los ciudadanos que lo hacían lucían de forma orgullosa la pegatina que acreditaba su deber ciudadano.

Un año con Obama. Y tras este año, mucho se ha escrito sobre él. También en este blog. Así que os propongo echar un poco la vista atrás a estos 365 días con Obama.

No hubo efecto Bradley y Obama venció. Luchando por los últimos votos, la duda del pasado 4 de noviembre era si tras 8 años los americanos se irían a dormir con un claro vencedor. Y así fue: Obama ganó y sus seguidores estallaron en júbilo. Yes we did!

¿Por qué ganó Obama? Analicemos:
¿El mensaje? ¿La música? ¿El sentido del humor? ¿Los anuncios? Bueno, mejor el contenido de las “Lecciones Obama” para entenderlo… Pero fue una campaña de transición. Que algunos han querido contar.

Obama se plantó en Washington, juró su cargo con un gran discurso y llegó el cambio.

Y las cosas cambiaron en la Casa Blanca. También en Internet, mostrando que Obama no desapareció de la Red el día después de ganar las elecciones. Aunque su ejemplo no cuajó en Europa. Tuvo problemas con su BlackBerry, aunque responde a cartas manuscritas. Incluso flirteó con Hollywood, dominó los gestos.

Ha trabajado duro durante todo el año. Aprobando legislación y nominando jueces. Y a nivel internacional también. Y varios bloggers y consultores repasamos de forma conjunta sus primeros 100 días de Gobierno.

Le compararon con Lincoln. Triunfó en Europa. Aunque en Europa no tengamos un Obama. Su influencia llegó a Islandia y a Convergència.

Se acercó a España. Y al presidente Zapatero.

Tuvo -y tiene- escollos con la reforma sanitaria. Llegó a perder la etiqueta. Pero ganó el Nobel de la Paz.

Vamos a por el año 2…

Los partidos políticos necesitan un community manager

El community manager del PP me ha respondido esta mañana que Rajoy prepara la destitución de Bárcenas. En el PSOE, en cambio, me han comentado que están preparando una acción en protesta por la tardanza en adoptar esta decisión. Ambos son dos tipos muy majos, y siempre están disponibles para cualquier pregunta que tenga…

Sí, esto es ficción. Porque en nuestro país lo más normal es asistir a la defunción de blogs o cuentas de Twitter tras unas elecciones: parece que toda la actividad en la Red se muere la jornada de reflexión, hace un amago de resucitar con la valoración de los resultados y pasa definitivamente a mejor vida tras ello.

Y las dudas, tras ello, entre los usuarios son legítimas. No es cuestión de creerse más importante que nadie, se trata de ver como alguien que decía escucharte y contar contigo, desaparece de la faz de la tierra para esconderse en un despacho y hablar a través de notas de prensa.

Ante esta situación los partidos políticos deben preguntarse qué hacer para evitar este desencanto y maximizar su presencia en la Red. Y ello debe pasar por la adopción de un community manager dentro de sus organizaciones.

Esta palabreja suena aún extraña en algunos partidos políticos consultados, y es que los partidos aún no se han decidido a hacer lo que compañías como el BBVA, HP o Ford tienen: una persona encargada de construir, hacer crecer y gestionar las comunidades que se mueven alrededor de una organización en la Red. Y los partidos, por su actividad y por su objetivo, se relacionan cada día con varias…

¿Qué debería hacer el community manager de un partido político?

  1. Conversar: y para ello es necesario escuchar y luego hablar. Debe estar atento a qué se dice sobre el partido y los candidatos en la Red, identificar amenazas, pero también oportunidades. Mantener una conversación ágil, normal y accesible a todos es básico para tener una buena reputación en la Red.
  2. Informar: dar la información que realmente necesitan o desean los usuarios a los que se dirige. Por ejemplo, que hoy algunas cuentas de Twitter de partidos informen de las agendas informativas del día de varios cargos es inútil; ¿para qué quiero saber yo que el diputado de Soria da una rueda de prensa si no soy un medio y no me van a acreditar? Además, debe informar según los mensajes o argumentos que se elaboren para ello, sin olvidar el papel esencial que debe jugar en marcar la agenda… dentro de lo posible en un contexto pull.
  3. Poner en contacto: si detecta que algún usuario es especialmente belicoso con un tema, puede ponerlo en contacto con un experto del partido. O sea, aprovechar el capital humano, el talento y los torrentes de información de los partidos para dar respuesta a las cuestiones de los usuarios.
  4. Seguir conversando: es la máxima de su trabajo, escuchar, conversar, escuchar y conversar…

Además, a diferencia de los community manager de organizaciones orientadas a la venta de productos o servicios, en la esfera política aparecen nuevas necesidades a las que el perfil debe dar respuesta:

  1. Movilizar: los partidos disponen de una gran cantidad de seguidores. Algunos de ellos se han ido organizando en la Red de forma anárquica. Han sido la voz cantante del partido en la Red (por encima de la oficial del partido, porque no ha hablado el mismo lenguaje), pero no siempre han compartido objetivos de comunicación con la dirección de una campaña electoral o la agenda fijada por un dirigente político. En esta esfera, el community manager debe poder movilizar a los diferentes colectivos según las necesidades del momento.
  2. Representar: a nadie le escandaliza que los partidos tengan directores de comunicación o portavoces. Saben que son la voz autorizada del partido y la escuchan. En la Red debe pasar lo mismo, un community manager representa a la organización y sabe de lo que habla. Por ello, los partidos deben tener en cuenta dos aspectos:
    • La necesidad de que el community manager esté identificado, tenga nombres y apellidos en la Red y no se esconda bajo las siglas del partido.
    • El community manager debe estar presente en las reuniones de estrategia electoral, reuniones de diseño de mensajes, etc.

Según las fuentes consultadas, este perfil no existe como tal hoy en la política española. Algunas de sus tareas se realizan en varios departamentos del partido, sin existir una unidad de acción o coherencia con los objetivos de comunicación. La escucha no es sistemática y la participación se circunscribe a quien tiene nombre y apellidos: los candidatos que suelen dejar morir su presencia online.

El camino para tener este perfil en las estructuras de los partidos no será fácil. Las reticencias en esas mismas estructuras se prevén elevadas; se preguntaran ¿poner en el foco público a quién no tiene cargos ejecutivos?. Y la respuesta debe ser sí, con toda la confianza del mundo, pero sí, debe haberlo.

Tomar posesión de un cargo, ¿con Dios o sin Dios?

La polémica sobre la toma de posesión de Patxi López como lehendakari no ha traspasado el ámbito vasco. Los argumentos esgrimidos por los medios de comunicación y opinadores españoles ha sido clara: López no podía jurar ante Dios ni lo podía hacer humillado.

Vayamos por partes. Desde que el lehendakari Aguirre tomara posesión de su cargo en 1936, todos los presidentes vascos (hasta ahora del PNV) han usado su misma fórmula, hasta la toma de Patxi López que ha cambiado la mención a Dios y ha introducido referencias a la Constitución y al Estatuto:

“Ante Dios humillado; de pie sobre la tierra vasca; con el recuerdo de los antepasados; bajo el árbol de Gernika, juro cumplir fielmente mi mandato.”

Unido a una ceremonia simbólica enraizada en lo vasco, bajo el árbol de Gernika; este ha sido uno de los primeros mensajes de cambio en Euskadi. Sin embargo, del debate echo de menos una cuestión esencial: ¿debe haber presencia o mención alguna a elementos religiosos en la toma de posesión de cargos públicos?

En el Palacio de la Zarzuela y en muchos actos de toma de posesión de cargos en comunidades autónomas y ayuntamientos, el crucifijo es un invitado más a la escena. Los cargos juran o prometen su cargo (según consciencia), ante la Constitución, Estatuto o texto legal al uso… y la presencia de un símbolo religioso, de un modo completamente normalizado. Así lo hemos visto en la Comunidad de Madrid o en Galicia, por ejemplo.

Muchos podrán pensar que el debate sobre la presencia de elementos religiosos responde a una naturaleza coyuntural, pero no es cierto. España no tiene confesión oficial desde 1978, pero sus gentes no siempre han sido católicos practicantes. Ceuta y Melilla, ciudades autónomas, tienen un buen grueso de población musulmana que hoy engrosan los inmigrantes y sus hijos que ya son ciudadanos de pleno derecho. La nuestra es una sociedad plural y la aconfesionalidad del Estado debe primar sobre todas las cosas.

La cuestión, en el fondo, no ha sido religiosa sino nacionalista. El cambio, teñido bajo argumentos como “un laico no puede jurar ante Dios”, tenía más por objetivo desterrar la simbología nacionalista que la divina. Porque ese argumento de laicidad o agnosticismo del tomador del cargo no se ha visto a escala nacional. No hemos visto nunca a ningún jefe del ejecutivo socialista o ministro prometiendo su cargo sin la presencia de la cruz, o al menos manifestando públicamente su deseo de hacerlo.

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