¿Por qué funcionan los anuncios electorales en Estados Unidos?

En 2004, un spot electoral directo a la yugular de John Kerry le costó las elecciones. En 2008, un vídeo musical de Barack Obama le ayudó a conectar con millones de personas. En 1964, un spot electoral hizo que todo un país votara por miedo. En Estados Unidos los spots electorales son algo más que un soporte publicitario. Son auténticas armas en una guerra sin cuartel. ¿Por qué funcionan los spots en Estados Unidos y en España no dejan de ser un compromiso?

Los anuncios electorales son básicos en una campaña electoral en Estados Unidos. Son algo más que un ritual. Son armas. Armas para doblegar al enemigo y llevarse el mayor botín de guerra: sus votos. Y eso es así porque en Estados Unidos se dan tres cuestiones que no se dan en nuestro país. En primer lugar, son parte central de la estrategia de campaña. En segundo lugar, por la liberalización de los espacios comerciales. Y en tercer lugar, porque en una campaña presidencial se mueve mucho, mucho dinero.

Los anuncios son parte de la estrategia. No del ritual de campaña. Los anuncios se entienden como munición de ataque y de construcción de liderazgo. Se administran. Tanto en tiempo como en forma y lugar. Las campañas identifican en qué estados se lo están jugando todo y aplican una estrategia casi quirúrgica. Emitir anuncios en los estados clave, en las horas clave y segmentándolos para las audiencias clave. Y se emiten en el momento adecuado. Por ejemplo, en las últimas semanas Donald Trump ha expresado en más de una ocasión que su campaña está en mejor forma que la de Clinton porque aún no ha tenido que gastar dinero en anuncios y que lo hará cuando la campaña esté más avanzada.

Este primer factor no sería posible sin la liberalización existente en los espacios comerciales. En España, los spots electorales solo se pueden emitir en los bloques de publicidad electoral de las televisiones públicas. Y esos bloques están reglados y se reparten en base al resultado electoral en las elecciones anteriores. Un partido no puede comprar un espacio de publicidad en Telecinco durante la emisión de un Sálvame Deluxe para tener un spot de 30 segundos contando por qué deben votarle.

En Estados Unidos, las campañas pueden anunciarse en las cadenas que quieran y cuando quieran. No hay límite de tiempo. Un spot puede emitirse durante las primarias. E incluso el día de las elecciones. Eso sí, los spots deben ir firmados. Se debe informar de quién paga el anuncio. Así, los anuncios oficiales pagados por la campaña incluyen un rótulo en el que dice que ha sido pagado por la campaña: “Paid for by Hillary for America”. Y el candidato graba un pequeño mensaje “I’m Mitt Romney and I approve this message”.

En España, solo en las televisiones públicas, en bloques electorales y durante los días de campaña se pueden emitir los spots. Durante el día de reflexión y la jornada electoral están prohibidos. Los spots sólo pueden ser oficiales y de la campaña.

Y eso vale dinero. Muchísimo dinero. Las campañas son máquinas perfectamente engrasadas para conseguir fondos que se destinan en una gran proporción para pagar anuncios en televisión. No hay nada más caro como la publicidad en televisión. Pero, a día de hoy, es efectivo.

Estos factores llevan a las campañas electorales en Estados Unidos a una explosión de creatividad y de efectividad. Si un spot debe servir a un objetivo concreto, puede emitirse en el momento en el que la campaña lo decide y cuesta dinero, esos anuncios son buenos. Muy buenos.

Pero llevan a algo más: los spots alimentan el ciclo de información política. Antes de Youtube, la viralidad se conseguía hablando de ellos en las noticias. Un spot hace que los periodistas hablen de él, de lo que quería y del mensaje que lleva. Y eso amplifica su efecto. Por ejemplo, durante la campaña presidencial de 2004 en la que el actual secretario de Estado John Kerry se enfrentó a Bush, el spot pagado por una asociación de veteranos de guerra favorable a Bush puso en duda su lealtad a sus compañeros soldados y eso nubló su campaña. Llevó a que el electorado se preguntara si podía ser comandante en jefe.

Este tipo de modelo también lleva a una gran cantidad de estilos en los anuncios electorales. Desde anuncios negativos, a otros en tono de humor o de construcción del candidato. Pero no da pie a monólogos sin sentido del candidato, a bellas construcciones poéticas o alardes musicales. Los spots deben ser efectivos. Porque son caros. Y porque están pensados para quién los consume.

Por eso los anuncios electorales funcionan en Estados Unidos. Por eso son tan importantes. Por eso, los amantes de la publicidad y la comunicación los observamos con detenimiento. Y por eso algunos seguimos pensando que en España tenemos mucho por hacer.

V Jornadas de Comunicación en la Universidad de Valladolid

Las Jornadas de Comunicación Política de la Universidad de Valladolid llegan a su quinta edición. Bajo el título “¿Cómo ganar elecciones?”, hemos podido ver en Segovia varios aspectos necesarios en una campaña electoral.

Las jornadas, organizadas por Ignacio Martín Granados y Miguel Vicente, han contado con la participación de Javier del Rey Morató, Fermín Bouza, Josué González, Alfredo Arceo, Juan Luis Manfredi, Alfredo Matesanz, María Victoria Domínguez, Miguel Ángel López, Aurelio Martín y yo mismo.

Esta fue mi presentación que nos sirvió para reflexionar sobre el papel de Internet para ganar (o no) elecciones:

Manifiesto: Los límites del 2.0 en los procesos políticos

En los últimos años hemos observado como el fenómeno de la política 2.0 iba adquiriendo peso en los debates que se producen en las redes y fuera de ellas. Para algunos, el activismo político y social 2.0 abría una oportunidad y auguraba una transformación de la política tal y como la conocíamos. Parecía que se rompían los paradigmas de verticalidad y control central de las organizaciones políticas, de la construcción del mensaje político y el dominio de la agenda.

No cabe duda de que ha habido logros. Nadie puede negar que crece la desintermediación de la relación entre políticos y ciudadanía; aumenta la posibilidad de debates cruzados entre activistas de distintos colores con un creciente peso de la argumentación sobre el eslogan; y, en general, se ha abierto un espacio para un mayor protagonismo del ciudadano, del individuo a la hora de producir debates y construir liderazgos de opinión que escapan al control centralizado y vertical de las organizaciones clásicas.

Puede parecer que estos logros nos abren una nueva forma de acción política y social, pero ¿es tan brillante el escenario del activismo político y social 2.0? ¿Internet han hecho obsoletas las organizaciones e instituciones políticas a la hora de realizar cambios en la sociedad?

Porque la realidad es contundente y tozuda: al igual que los logros enumerados, resulta igualmente difícil contradecir el hecho de que el activismo en la red por sí solo es estéril y no es capaz de conseguir cambios ni transformaciones sin una acción “fuera de la red” en muchas ocasiones dependiente de alguna de estas organizaciones o instituciones clásicas. Se puede comprobar fácilmente cómo parte del debate y la estrategia política en la red está aportando confrontación, con las organizaciones políticas intentando imponer su estructura vertical y su mensaje centralizado en las redes sociales, haciendo que parte de la conversación política en la red sea un mero cruce de eslogans. Entonces resulta que ese gran debate colectivo de ideas no se produce con la horizontalidad que se había anunciado: la red no es una gran ágora, sino un conjunto de habitaciones ideológicas con estrechos pasillos poco poblados donde interaccionar.

La serie de artículos que acompañan a este manifiesto acude a los extremos en los que los logros se han estrellado contra las paredes y se han visto colapsados en esos estrechos pasillos. Su objetivo es profundizar en los límites del activismo político y social 2.0, de las transformaciones anunciadas y de las expectativas generadas.

Los autores de estos artículos somos actores de esta acción política y social 2.0: creemos en ella, trabajamos en ella y estamos comprometidos en su divulgación, asumiendo sus éxitos y luchando por lograr otros. Pero, para conseguirlo, pensamos que lo primero es ser conscientes de que el alba de la nueva era tiene sus zonas oscuras. Conocer esos límites, saber que internet no nos proporciona una varita mágica capaz de resolver todos los problemas, es lo que realmente hará crecer nuestra capacidad de utilizar la red para hacer de la política un mejor instrumento de cambio.

Descarga el documento.

¿Esto es lo 2.0? Esta fue la pregunta/reflexión que lanzó Edgar Rovira -no en estas palabras exactas, pero por ahí iba el tema- en Twitter hace unas semanas. De esa reflexión nace este manifiesto y el documento que presentamos. Una obra de conjunto, coordinada por Rovira, en la que mostramos varias reflexiones sobre los límites del 2.0 en los procesos políticos. Participamos en él Jorge Galindo, Carlos Guadián, Guillem López-Bonafont, Xavier Peytibí, José Rodríguez, Edgar Rovira, Roger Senserrich y un servidor.

La política chocolate

Si la política pudiera comerse, debería ser de chocolate. Y no es cuestión de imaginarse el ejercicio del poder como si de la fábrica de Charlie se tratará: la política debería ser de chocolate porque necesitamos algo que nos guste, nos excite y que nos salve de la depresión. Especialmente en un momento como este.

Las propiedades del chocolate (del cacao, vaya) son muy conocidas. De hecho, sus beneficios han sido descubiertos en numerosos estudios y nutricionistas, expertos y médicos de todo el mundo conocen lo que un poco de chocolate puede aportarnos.

Sabemos que es un antioxidante más que probado: dos cucharadas de cacao tienen una dosis de antioxidantes más grande que el encontrado en otros alimentos como el te verde o el vino. De hecho, el punto clave, es que el cacao tiene como su antioxidante principal los flavonoides que ayudan a aumentar el riego sanguíneo hacia el cerebro. Así que si queremos ayudar a comunicar nuestra opción política, ¿por qué no hacerlo con chocolate que nos ayude a pensar? Negro, por supuesto.

La política, de ser un alimento, debería ser chocolate. No sólo porque gusta a grandes y pequeños, por el placer que nos produce comerlo o por ser un alimento prohibido para los que se ponen a dieta. La política debería ser chocolate porque…

… es afrodisíaco. El cacao mejora el estado de ánimo gracias a la serotonina, que produce placer en el cerebro. Por eso se suele decir que la segregación de esta sustancia en la ingesta del chocolate lo hace afrodisíaco y placentero. La política debería producir eso también y la buena comunicación política debería ayudar a ello. Construir una sociedad mejor, ayudar a los ciudadanos, etc. debería ser una fuente de serotonina. Tanto para el político que vota una ley como para el ciudadano que introduce la papeleta en la urna.

… es antidepresivo. El chocolate tiene varias sustancias que producen sustancias en el cerebro que son un potente antidepresivo, como la serotonina –que ya hemos visto sus efectos- o la dopamina. Neurotransmisores que tienen mucha implicación en los estados de ánimo. La política debería actuar en el mismo sentido, más en un momento de crisis y desafección como el actual. Curarnos esta depresión e ilusionarnos. Para ello, necesitamos líderes que nos produzcan estas sustancias con la ilusión y la esperanza, y una buena comunicación política que ponga en valor esas cualidades.

… protege. Los antioxidantes del cacao y otros nutrientes y propiedades protegen nuestra salud. Pese a haber sido condenado por dentistas y nutricionistas durante épocas, sus beneficios son cada vez más conocidos. Más o menos como la política. Pese a ser denostada, criticada y considerada un mal para nuestra sociedad, la verdad es que el ejercicio de la política y la democracia nos protegen. Son la vía para resolver pacíficamente los conflictos y por ello la comunicación debe poner en valor ese servicio a la sociedad.

La política debería saber a chocolate. Deberíamos sentir placer en cada una de las intervenciones de nuestros líderes. Nos debería ayudar a reponernos del bache y a proteger nuestro sistema democrático como si fuera nuestro sistema inmunológico. Sí, la política debería ser chocolate. Pero seguro que, a día de hoy, os recuerda a otro alimento. ¿A cuál?

Foto de eisenrah

Twitter puede arruinarte la vida

Twitter puede arruinarte la vida. Al menos la online. Y depende de cómo lo hagas, también tu vida pública o profesional. Que se lo pregunten al político británico Stuart MacLennan del partido Laborista. Este dirigente político no dudó en usar la plataforma de microblogging para lanzar improperios, insultos y hacer de lo políticamente incorrecto su principal fuente de inspiración.

No es necesario llegar a su extremo. Estamos demasiado en pañales como para ver si realmente un desliz ante 600 seguidores es tan grave como un micrófono abierto, pero lo que está claro es que el hecho que lo que hacemos, decimos y manifestamos en la Red permanece, nos obliga a entender los límites. Los riesgos y por supuesto las oportunidades, pero los límites que debemos aplicarnos.

El límite no debe entenderse como una censura –o una autocensura, mejor dicho-, al contrario, el límite debe ser ese punto de entender lo qué ocurre en la Red cuando Diego dice digo.

Así que si no quieres que Twitter arruine tu prometedora vida política (ya sea porque pases de concejal a diputado o de ministra a presidenta del Gobierno), no pierdas de vista estas cinco pistas para evitar el hundimiento de tu reputación online:

  1. La honestidad como bandera: no es ya citar el caso de Rosa Díez, que mientras actualizaba su Twitter respondía preguntas en TVE, entendemos que ese estadio lo hemos superado. No sólo debemos dejar claro si nuestro Twitter lo actualizo yo o mi equipo (como hace Esperanza Aguirre), sino que debemos ser honestos con nuestros principios, nuestras ideas y nuestra personalidad. No tiene sentido vender una idea equivocada de nosotros o que esté a años luz de la que mostramos ante los medios. Como dice el anuncio de una conocida tienda, “yo no soy tonto”. Y las personas que te siguen, tampoco.
  2. Esto es una conversación, ¡aporta!: en Twitter, como en otros espacios de la red participativa, la gente comparte, discute, conversa, aporta. Tu deberías hacer lo mismo. Durán i Lleida, el político más reputado en España, es el ejemplo de un mal uso de la herramienta cuando pega enlaces sin texto, no responde a las preguntas o martillea con esos enlaces sin ancla. Por tanto, si no quieres ser ninguneado por el resto de usuarios, entiende qué puede interesar a tus seguidores y construye la conversación con ellos. Aquí los argumentarios de partido no mandan, sólo ayudan. Los medios pueden querer una cosa, pero los seguidores otra. Entiende el cambio de óptica.
  3. Si preguntas, tenlo en cuenta: quizás oyendo a algún asesor, habrás planteado en más de una ocasión preguntas al aire. Sí, es un sano ejercicio. Pero si actúas como si fuera una pregunta retórica vas por el mal camino. Preguntar a los usuarios puede ser un buen ejercicio para tomarle el pulso a lo que opina la gente de a pie, pero para que el proceso sea completo, los que estamos al otro lado de la barrera debemos ver que el tiempo que te hemos dedicado sirve para algo. Agradece las participaciones y cuenta qué haces con ellas. Si tienes un blog, puede ser una buena idea hacer un post. Si no, no dudes en comentarlo con, por ejemplo, “acabo de citar algunos de vuestros ejemplos en el Pleno. ¡Gracias!”.
  4. Una cuestión de formas: como sabes, en comunicación no sólo hablan tus ideas. Hablar de corrupción cuando en tu partido hasta el apuntador está bajo lupa o hablar de respeto institucional cuando la lías en el Senado son incoherencias que el ciudadano percibe. En la Red, más de lo mismo. Incluso más. El uso personal de las redes significa que muchos usuarios te invitan a participar de su entorno más propio. Por ello, el tono, el respeto, las formas… son importantes. No queremos ver como te desahogas en insultos con alguien que no piensa como tu. Tampoco te queremos ver replicando consignas tribuneras. No estás ni en los toros ni en el fútbol. Dice más el cómo lo dices que lo que dices. La credibilidad no te la da ni el cargo ni el partido: se la ganan tus tweets.
  5. Por los siglos de los siglos: el contenido permanece. Lo que digas va a estar ahí por los siglos de los siglos… más si la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos se encarga de ello. Aunque lo borres, un tweet puede ser copiado y ver la luz. Por ello, piensa bien qué escribes. Cada vez que lo haces, pones negro sobre blanco de tus ideas, tus opiniones. Tenlo en cuenta.

¿Me he dejado algún consejo? ¡No dudes en participar en los comentarios!

Los libros de comunicación imprescindibles

Hoy es un día revolucionario: los libros toman las calles y plantan sus barricadas en forma de paradita. La cultura toma las calles y, al menos en Catalunya, todo huele a rosas. Sant Jordi es uno de los días más bonitos del año, aunque con él también llegan esas típicas preguntas de “¿Qué libro regalo?” “¿Qué libro me compro?”…

Para dar algunas ideas, presentamos hoy una lista colaborativa de los libros imprescindibles en comunicación política y online. Políticos, asesores y consultores nos recomiendan sus particulares obras imprescindibles:

  • “Micropolítica” de Antoni Gutierrez-Rubi. “Convierte algo tan áspero como la comunicación pública en un ejercicio de defensa de la belleza. Comunicar en política tambien puede ser sencillo, breve y bello.” César Calderón, asesor de comunicación.
  • “Comunicación y poder” de Manuel Castells. “El profesor Castells, eminencia mundial y catedrático de sociología en la UOC, explora en este libro las nuevas relaciones entre el poder y la comunicación, poniendo atención a los cambios del nuevo entorno comunicativo surgido con Internet y los dispositivos móviles y analizando procesos políticos y movimientos sociales que han marcado el mundo contemporáneo. Un buen libro para entender el mundo-red en que vivimos.” Ernest Benach, president del Parlament de Catalunya.
  • “Comunicación y poder” de Manuel Castells. “Un único y sintético pero vital motivo es el que hace de este libro una lectura obligada para todos aquellos que vivan en, de o para la Red. Con las mismas palabras del autor … “si no conocemos las formas de poder en la sociedad red, no podremos neutralizar el ejercicio injusto de dicho poder; y si no sabemos exactamente quienes tienen el poder y dónde encontrarlos, no podremos desafiar su oculta pero decisiva dominación”” Guillem López-Bonafont, asesor de comunicación.
  • “El arte de la prudencia” de Baltasar Gracián. “Pese a su edad, un buen tratado por su enfoque práctico de plena vigencia sobre cómo triunfar en un mundo competitivo y hostil. Son trescientos aforismo comentados de normas, instrucciones y explicaciones de la conducta humana que todo candidato o político debiera tener presente en su acción política”. Ignacio Martín Granados, director del Gabinete de Alcaldía del Ayuntamiento de Segovia
  • “L’immagine del leader. Quanto conta per gli elettori?”, de Mauro Barisione.“¿Es necesario un candidato carismático y buen comunicador para ganar unas elecciones? ¿La imagen hace verdaderamente la diferencia? Este interesante libro recorre, a través de grandes políticos de ayer y de hoy, las cualidades personales y estrategias de comunicación que convierten una buena proyección de la imagen pública en la clave para una victoria en las urnas.” Yuri Morejón, asesor de comunicación.
  • “El sol, el genoma e internet. Las tres cosas que revolucionarán el siglo XXI: la energía solar, la ingeniería genética y la comunicación mundial.” de Freeman J. Dyson. “El libro plantea cuáles son los retos y oportunidades más importantes que tendremos como sociedad durante el actual siglo. Dyson trata el fenómeno de la comunicación global (el libro es del año 2000 y habla sólo de la World Wide Web y no de redes sociales) como fenómeno que alterará nuestra forma de relacionarnos, de trabajar y de crear, y lo hace con su estilo ameno y, alguna vez, desordenado. El libro también explica la importancia que él cree tendrán las energías renovables, el mapa del genoma humano, la exploración del espacio y la inteligencia artificial. Más que un libro es una recopilación de conferencias y artículos divulgados por Dyson a finales de los años 90 del siglo pasado, pero que siguen teniendo una vigencia propia de un hombre de su talento.” Ignasi Llorente, secretario de imagen y comunicación de ERC.
  • “El nuevo príncipe” de Dick Morris. “Campaña electoral permanente, formas de idealismo, nueva agenda política… Morris prueba de explicar cómo debe comportarse el nuevo príncipe de Maquiavelo, actualizado al siglo XXI”. Xavier Peytibí, asesor de comunicación.
  • “Señales honestas: el lenguaje que gobierna el mundo” de Alex Pentland. “La comunicación pasa por acercarse al individuo y mirarle a los ojos; en este libro el profesor Pentland vuelve a lo básico, a la persona, a las emociones y a lo que nos motiva a hacer las cosas… para acercanos a la inteligencia en red más genuina, a la ciencia de las redes.” Millán Berzosa, DirCom y Community Manager de Ideas4All.
  • “Lo real” de Belén Gopegui. “Trata de cómo la gestión de la información y de la comunicación genera poder. Y de qué peligroso puede ser éste y el camino que lleva hasta él.” Juan Pedro Molina Cañabate, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid.
  • “White House Ghosts” de Robert Schlesinger. “Ahora que aún tenemos en cartelera la interesantísima The Ghost Writer, última película de Roman Polanski, con Pierce Brosnan haciendo de ex primer ministro británico (muy Blair) y con Ewan McGregor haciendo de “negro”, recomiendo recuperar este libro publicado hace cosa de un año, que es un retrato muy atractivo del nacimiento, consolidación y explosión de la figura de los speechwriters (escritores de discursos) de la Casa Blanca. Habitantes del Ala Oeste antes incluso de que este existiera!”. Toni Aira, profesor de la UOC.
  • “The Art of Community. Building the New Age of Participation” de Jono Bacon. “El Community Manager de Ubuntu, la mayor distribución del sistema operativo Linux, nos ofrece las claves sobre como construir una comunidad éxitosa usando los ejemplos de una de las comunidades más grandes de la red: la de los desarrolladores, traductores, testeadores y demás participantes del proyecto Ubuntu. La verdad es que este libro nos ha encantado no sólo porque su enfoque es eminentemente práctico (y, por cierto, está muy bien escrito) sino porque los casos usados son bastante divertidos y realmente se aprende mucho sobre comunidades online gracias a él. Por cierto, para complementar la parte teórica de este tema nos ha gustado mucho Conectados de Nicholas A. Christakis, sociólogo y médico, y James H. Fowler, profesor de Ciencias Políticas, publicado por Taurus.” Alberto Vicente y Silvano Gozzer, editores de Anatomía de la Edición, uno de los blogs más influyentes en la edición española.
  • “Moon Shoots for Management” de Gary Hamel. “Mi propuesta viene en forma de artículo extenso. Lo escribió en 2008 uno de los profesores que ayudó a orientar el management del siglo XX, y que en éste habla de la Gestión 2.0 y sus implicaciones. No tiene desperdicio”. Adolfo Corujo, director senior de comunicación online en LLORENTE & CUENCA.
  • “Ser Digital” de Nicholas Negroponte. “A pesar de tener mas de 10 años (1995), continúa estando de plena actualidad. La evolución de la digitalización a través de los tiempos, la predicción del futuro y la transición de un mundo de átomos (material) hacia un mundo de bits (información), hacen de “Ser Digital” un libro esencial para cualquier persona interesada en la Web 2.0”. Cristina Cifuentes, vicepresidenta de la Asamblea de Madrid.
  • “Divertirse hasta morir ” de Neil Postman. “Un análisis imprescindible para entender la sociedad del entretenimiento y el lenguaje que debe utilizar la política en esta sociedad mediática.” Pau Canaleta, asesor de comunicación y director del CCAII.
  • “La herencia del olvido” de Reyes Mate. “No es un libro de comunicación … habla de la razón compasiva, de la razón comprensiva del sufrimiento … pero lo encuentro pertinente, mucho, para abordar los retos de la comunicación actual. Me hace pensar -y trabajo- en la idea de una comunicación que no sólo busque la relación o la seducción (el convencimiento), sino la comprensión del otro. Una comunicación basada no sólo en el diálogo, sino en la escucha comprensiva, en la escucha que nos hace poner en la piel de los demás, en la comunicación que comprende.” Antoni Gutiérrez-Rubí, asesor de comunicación.
  • “Los discursos del poder, palabras que cambiaron el curso der la historia” con introducción de Sabino Fernandez Campo. “No es un libro de o sobre comunicación política, es comunicación política en estado puro… y contrastada. Los mejores asesores son los clásicos.” Marc Rius, director general de Participación Ciudadana de la Generalitat de Catalunya.
  • “La política y el arte de actuar” de Arthur Miller. “¡Porque sigo creyendo en la política!” Jaume Collboni, jefe de campaña del PSC.
  • “Palabras que cambiaron el mundo. 50 discursos que han hecho historia”, de varios autores. “El prólogo del libro que recomiendo comienza con la siguiente frase: “Un gran discurso no sólo refleja la verdad de una época; también puede reflejar una gran mentira”. Y esa es la grandeza de este libro. En él no solamente se recogen los grandes discursos de la historia por todos conocidos sino también las palabras de líderes miserables, mentirosos y perversos. Un libro para comprobar que la retórica nada tiene que ver con los valores y por lo tanto conocer de la retórica su valor.” Francisco Polo, emprendedor social.
  • “1984” de George Orwell. “Un clásico. Pero de un extraordinario valor. La ciencia ficción se mezcla con la política. Con la teoría política y con la práctica también. Con el lenguaje, con la comunicación. El mundo que dibuja Orwell nos lleva a la reflexión sobre el valor de la libertad y la amenaza del miedo. Nos alerta de la importancia del lenguaje y del control del relato. Una pieza imprescindible en la mesa de toda persona preocupada por la comunicación.” Albert Medrán.

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Libros para ganar elecciones en la Red

En unos meses, Catalunya celebrará sus elecciones. Antes, veremos comicios para la presidencia del Barça y, aunque parezca que están a años luz, en poco más de un año volveremos a elegir alcaldes y la mayoría de presidentes de comunidad autónoma. Y con la que está cayendo en la Red –y no, no me refiero a lo de la LES y la institucionalización de la censura en la Red por parte del Gobierno-, es lógico pensar que Internet jugará un papel central. O debería. El calado del papel, dependerá de cómo se aplique.

En Catalunya ya se están dando pasos muy decisivos, especialmente en CiU que como ya reseñamos en otros artículos, cuenta con su propia red social. Para el resto de partidos, tanto catalanes como los candidatos de cualquier pueblo o ciudad de la geografía española, quizás sea buena idea echar un vistazo a algunos de estos libros.

El president del Parlament de Catalunya, Ernest Benach, que ha sido el claro ejemplo de liderazgo para introducir nuevas rutinas en sede parlamentaria, ha escrito “#Política 2.0” contando la experiencia y dando interesantes claves sobre lo qué debe ser la política 2.0 y por qué Internet puede salvar la distancia cada vez mayor entre políticos y ciudadanos. Es un excelente manuscrito que va camino de convertirse en libro de cabecera para los que quieran cambiar. De momento está en catalán y puede comprarse en formato electrónico, además del papel.

Del otro lado del charco nos llega un interesante relato en primera persona de la campaña electoral más exitosa hasta el momento en Internet. Sí, hablamos de Obama. Y sí, hablamos de la traducción al castellano del “Yes, we did” de la canadiense Rahaf Harfoush. Rahaf, que estuvo el año pasado en España para deleitarnos con su experiencia, la presenta por escrito en un libro en que encontraremos varias claves que debemos atender. Eso sí, con la distancia necesaria: nuestro sistema no tiene nada que ver con el americano. El libro lo edita Gestión 2000, del Grupo Planeta.

Lo que saben las Girl Scouts

“Hola, me llamo Wild A. Freeborn y necesito comprar algunas galletas porque quiero vender 12.000 cajas”. Cuando Wild, una niña de ocho años residente en Carolina del Norte lanzó este mensaje en YouTube hace poco más de un año, se intuía que algo estaba cambiando –y de forma muy profunda- en la sociedad americana. Una niña de tan sólo ocho años entendía que tenía a su disposición una vía más para conseguir su objetivo: ser la girl scout que más galletas vendía.

Si Internet acompaña en el día a día a esta generación de nativos digitales, ¿por qué no debería hacerlo en una de las tradiciones norteamericanas más comunes? ¿Si Internet les ayuda a hacer los deberes, por qué no a conseguir sus objetivos?

El precedente sentado por Freeborn fue una auténtica revelación. Aunque el vídeo se retiró de YouTube (el de este post no es la fuente original), la apuesta de esa niña ha llevado a varias asociaciones de Girl Scouts a plantearse la posibilidad de hacer de Internet un efectivo canal de venta. No iban desencaminados: ¿qué ocurre cuando esas mismas niñas de 11 años se dan cuenta que tienen otras poderosas herramientas para vender sus galletas? La respuesta es asombrosa: mueven anualmente 700 millones de dólares en comercio de galletas online.

Lo hemos visto centenares de veces en el cine y la televisión. Una de las tradiciones norteamericanas que muestra a niños y niñas pasando su tiempo libre y formándose en valores en los Boy Scouts y Girl Scouts. Niñas que recorren el vecindario, puerta a puerta, ofreciendo galletas con el objetivo de recaudar fondos para acciones benéficas. Una enseñanza desde tierna edad de la importancia del marketing directo, sin duda. No es de extrañar que los propios sujetos que la mantienen año a año vean en Internet una clave de presente.

Estas niñas han llevado la batuta. Han entendido que los medios sociales son útiles para conseguir su objetivo y han puesto su empeño para llevar a la Red su modo tradicional de vender galletas.

En realidad este artículo debería tener un título más largo: lo que saben las Girl Scouts y aún no han aprendido muchos políticos, muchos directores de comunicación de partidos y candidaturas. Porque aunque parezca extraño, el ejemplo de las niñas americanas, con su uniforme y sus galletas, tienen mucho que enseñarnos. Aunque su edad destile inocencia y candidez, no es inocente su apuesta. Tampoco es inocencia quedarse al margen. Internet acerca la política a los ciudadanos. Y los ciudadanos a la política. El que se apea del camino, el que prefiere verlo todo desde el despacho –hace ya tiempo que algunos dejaron de llamar a la puerta como las niñas con sus galletas-, da pasos decisivos hacia su propio abismo. Que aprendan de las Girl Scouts.

Entrevista al President de la Generalitat

Tras las nevadas, TV3 entrevistó al president de la Generalitat de Catalunya, José Montilla. La entrevista ha sido muy comentada, especialmente por la imagen de fatigado que mostró el president y por el tono de la directora de TV3, la periodista Mònica Terribas, que hizo gala de un estilo poco habitual en las entrevistas de este tipo: no se cortó en hacer preguntas incómodas.