Elecciones alemanas: Yes, Angela Can!

Angela Merkel ha conseguido en 4 años ser un referente para los conservadores europeos. Respetada y admirada más allá de sus fronteras, hoy despejará algunas incógnitas básicas para entender su futuro político. Si no hay sorpresas –y nada las presagia- la cancillera alemana repetirá en el cargo aunque seguramente lo hará con nuevos compañeros de viaje.

Tras las dificultades de la CDU y el SPD para formar gobierno por separado en 2005, se formo la gran coalición con estos dos partidos. Un movimiento político necesario para asegurar la gobernabilidad del país, pero tremendamente incómodo para los dos equipos. Así, como suele pasar en el mundo de las coaliciones, saber repartir los éxitos y fracasos no siempre es fácil.

Todo apunta a que esta gran coalición no será necesaria. Su rival, y hasta ahora vicecanciller federal, el socialdemócrata Frank Walter Steinmeier, no ha conseguido sobreponerse a la ola de apoyos que Merkel ha cosechado, tal y como indicaba Gutiérrez-Rubí esta semana en Público. Steinmeier no sólo organizó un gobierno en la sombra al propio gobierno en el que estaba, antes del verano, sino que ha tenido que hacer frente a la oposición de sectores tradicionalmente afines, como los sindicatos.

Ante este contexto, los liberales pueden ser el sustento de Merkel en la etapa que empezará el próximo lunes.

Merkel es la dirigente político más influyente del mundo, pese a tener un perfil comunicativo bajo y reservado y hacer gala de una timidez poco habitual en un mundo político tan centrado en los impactos mediáticos. Pese a ello, seguramente los alemanes y alemanas vean con buen ojos su resolución, determinación y eficiencia. Pese a que, tal y como corresponde con su ideología, eso signifique poner en duda las coberturas sociales de un país como Alemania.

Otra de las cuestiones interesantes de lo que ocurra hoy será observar la participación electoral en un contexto de crisis económica y con dos candidatos que no son, precisamente, un ejemplo de conexión con el electorado. Berlín vivió un momento histórico con el discurso de Obama que difícilmente podrían protagonizar Merkel o Steinmeier.

Europa observa atenta a lo que ocurra en Alemania, no es para menos.

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La cuenta atrás de Montilla

El Gobierno de la Generalitat hace frente a un problema comunicativo desde el otoño de 2003: explicar la acción de gobierno de una coalición. Después de 23 años de gobierno de Jordi Pujol, y algunos más de gobiernos de un solo partido en La Moncloa, nos enfrentábamos con un escenario nuevo para la mayoría de ciudadanos, un gobierno en coalición que nacía de una mayoría parlamentaria que no hacía presidente del país al partido con más escaños. Cataluña perdía la virginidad en el mundo de las coaliciones.
Un aspecto esencial en todo gobierno de coalición es saber quién será la cara y la voz de éste. La política de comunicación es un caballo de batalla entre los partidos y Cataluña no fue una excepción de esta norma: está en juego saber quién capitalitzará la acción de gobierno. Y más allá de la historia de la primera y la segunda etapa de los gobiernos tripartitos, con todos sus altibajos y episodios más o menos conocidos; la tensión por saber quién debía capitalizar los activos del mismo es la propia historia del tripartito.
Sólo así puede entenderse la ausencia de un portavoz del Gobierno con más protagonismo del que Aurora Massip tiene. Sólo así se pueden llegar a comprender las diferencias de velocidad entre los tres partidos y su desigual acción ante los medios. Sólo así se puede entender que escuchemos un mensaje en Barcelona y uno muy diferente en Madrid.
De hecho, la ausencia de una mejor política de comunicación tiene su parte de responsabilidad en los resultados de la encuesta que La Vanguardia publicaba este domingo. Es cierto: una política de comunicación no sustituye la política en sí misma. Pero una buena política de comunicación sí que sirve para neutralizar los elementos que amenazan el gobierno, maximizar los puntos fuertes y aprovechar todas las oportunidades que se presenten. Y esto no es responsabilidad de Massip o de Ribas, sinó del difícil equilibrio de una situación política.
Leo en el blog de Saüll Gordillo que nos recomienda el artículo de Miquel Martín en El Singular Digital. Martín fue director de comunicación del grupo parlamentario de ERC en Madrid y apunta a la ausencia de una política de comunicación más fuerte y proactiva como origen de muchos males del gobierno tripartito.
Pero volvamos a la encuesta. Es destacable que con un año de diferencia veamos un cambio de tendencia tan importante: el tripartito no sumaría. Montilla tiene más confianza de los ciudadanos que el jefe de la oposición, pero los propios ciudadanos prefieren a Mas como presidente de la Generalitat. Lo que hay que hacer notar es que entre los electores de Esquerra, la mayoría preferirían a Montilla sobre Mas, por si alguien empieza a pensar en escenarios post-electorales o si después del vídeo de los dos años de gobierno que presentó CiU, aún tiene ganas de hacer otros Confidencial.cat …
Pero no todo son malas noticias para el presidente Montilla: recibe más aprobación que desaprobación; son algunos más los que piensan que la tarea del presidente es buena o muy buena. Pero si observamos la foto de conjunto, el presidente ha perdido 6 puntos de aprobación durante el último año. Si preguntamos por la acción del Gobierno, los resultados son aún peores: hay más rechazo que apoyos.
Esta encuesta marca, no un cambio de tendencia, sino la profundización de esta: el Gobierno tiene un problema grave para ser aprobado por los ciudadanos y ciudadanas. Tiene un problema grave para justificar una reelección y el contexto económico no ayuda. Con ausencia de crisis económica el debate puede ser claramente de valores (un gobierno de izquierda contra un gobierno de derechas, un gobierno catalanista o la Cas Gran del catalanisme, por ejemplo), pero con los graves problemas que afronta el país no sería extraño que las opciones que reclaman un gobierno más fuerte sean cada vez más plausibles.
Para Montilla empieza una cuenta atrás; le quedan dos años para demostrar que se ha ganado la confianza del país. Tiene dificultades más que observables y la falta de elementos como el carisma, un discurso emocional y una política de comunicación adecuada. Pero claro, en un gobierno de coalición el margen de maniobra ya se ha visto que es más limitado.
La experiencia la sabremos valorar con el tiempo, estoy seguro. Las coaliciones fortalecen nuestra salud democrática, por mucho que nos haya parecido que la creciente desafección haya dañado nuestro sistema. No es fácil gobernar en coalición. Nada. Pero a diferencia de otros países o territorios, conocer la experiencia ha abierto las mentes de muchos ciudadanos y nos ha empujado a un ejercicio importante para el sistema: tener conciencia de que el nuestro es un sistema parlamentario, y que por mucho que al final hablamos de dos candidatos, la pluralidad se expresa a los escaños de nuestro Parlamento.