Escenarios presidenciales

Dicen que la política tiene mucho que ver con el teatro. Algunos lo dicen porque les parece que la clase política tienen más de actores que de gobernantes. Otros, porque creen que todo ello no deja de ser la representación de un rol. Y otros, los más críticos, porque piensan que esto de la política no es más que una ficción. Cada cual con sus ideas …

Pero tomo la idea del teatro para hablar del escenario. Y no en el estricto significado político que evoca aquella situación que se puede dar. Me refiero al escenario de los latinos, el scaenarium, el lugar donde se desarrolla la acción dramática. Donde se colocan las decoraciones, ya sabéis. Por cierto, que deriva del latín pero en nuestra lengua lo tomamos del italiano.

Pongamos por caso dos personas que ocupan un cargo muy importante. De hecho, son las personas que ostentan los cargos de responsabilidad más elevados de sus respectivos países. Ambos son de partidos políticos que tienen sus raíces en el progresismo, por mucho que sean de países y tradiciones políticas muy diferentes. Pongamos que los dos han roto la misma barrera: ser el primer presidente que rompe la hegemonía existente en las características que habían tenido sus predecesores. Y pongamos también, por supuesto, que los momentum de sus presidencias no son exactamente iguales: uno lleva ya dos años en el cargo y el otro aún no lo ha jurado.

Ahora retomemos el escenario como el lugar donde pasan cosas y representamos algo. Ambos presidentes están representando su propio relato, su propia historia. Utilizan el escenario para proyectar la imagen que quieren que se tenga de su presidencia, la verdad, lo hacen de manera muy diferente. Vean estas dos fotos:


Son del mismo día. Obama, presentaba su equipo económico. Montilla, hacía balance de los dos primeros años de su gobierno. Sé que la comparación puede ser odiosa, que hay mil cosas que los separan, pero no deja de ser curiosa la concepción tan distinta que tienen del uso del escenario el uno y el otro.

Analicémoslo. Obama aparece en cada comparecencia desde que es presidente-electo en un cuidado entorno azul (color presidencial por excelencia, el color de su estandarte personal y, además, el color que identifica al Partido Demócrata) que, como dicen los entendidos, da muy bien en televisión. Banderas americanas llenan el fondo y en primer término encontramos un atril que evoca al usado por el Presidente, con el logotipo de la oficina del presidente-electo Obama. Obama aparece siempre de pie. Es la manera que tiene su cuerpo de comunicarnos que es el presidente. Aunque sea electo. Comparecer de pie permite que pueda comunicarse mejor verbalmente, además de dominar la situación-cosa que no siempre se puede hacer sentado.

Montilla, apareció en la esperada conferencia sentado, en un ambiente excesivamente oscuro y con una simple proyección donde se leía el título de la conferencia “Enfortir Catalunya“. La prensa podía tomar imágenes desde muy cerca, cosa siempre molesta y que acaba saliendo en algún modo de televisión. En la pantalla, nos da una sensación angosta, lugar pequeño -todo lo contrario del caso Obama-y los colores oscuros no captan la atención del espectador.

Realmente, ambos escenarios hablan por sí solos. Hablan mucho de la persona que se dispone a hablar.

Abro paréntesis: mire aquí el vídeo que ha preparado CiU para contraatacar el discurso del Presidente. Miradlo. Y ahora tiro algunas preguntas al aire que espero que alguien pueda responder. ¿Quien aguantará los 3 minutos de vídeo con este “ritmo trepidante”? ¿Dónde está la alternativa en la última parte del vídeo? ¿Dónde está la parte propositiva? Si en CiU quieren hacer anuncios negativos, que aprendan de vídeos como éste. Cierro paréntesis.

Los americanos son expertos en tener en cuenta este tipo de elementos y los efectos que tienen en la comunicación de los líderes. El presidente Reagan es recordado por haber hecho un uso excelente de los escenarios, saber dar imágenes que en televisión daban una imagen de conjunto muy positiva. Obama, como los Bush o Clinton, ha seguido practicando con el ejemplo. De hecho, una de las primeras cosas que Obama y Axelrod hicieron juntos fue contratar un escenógrafo. La diferencia con nuestro presidente, más que evidente.

No es una cuestión menor: el marco donde hacemos las cosas dice mucho de las cosas. El marco desde donde hablamos, habla por nosotros. No prestarle toda la atención (es injusto decir que no se han hecho las cosas bien a la Generalitat, pero sí que se podrían hacer mejor) a este tipo de detalles forma parte de esta lluvia fina que nos ayuda a proyectar una imagen que ayude a dar solidez a nuestro liderazgo. Y de eso, Obama, sabe.

Secretos de familia

La política y el amor tienen tantos puntos en común que sólo así podemos entender porque la pasión política deja una huella tan profunda en nuestras vidas. La política, como el amor, está llena de promesas que se hacen con el corazón y no con la cabeza, llena de pasión que a veces es más irracional que no otra cosa. Como en el amor, la seducción juega un papel central para sumar voluntades. Y como en el amor, también nos enfrentamos a toda clase de engaños, de ataques de cuernos, infidelidades

Estas pasiones muchas veces se intuyen, y en otras no son observables a los ojos del ciudadano medio. De hecho, la política está tan intrínsecamente ligada al comportamiento de las personas, que muchas veces podemos detectar los instintos más primigenios de nuestros líderes políticos. Pero, como digo, no son muchas las veces que podemos diseccionar estos comportamientos. El viernes vimos uno: Montilla, De Madre e Iceta hicieron una visita a Duran i Lleida que no será olvidada rápidamente.

La reunión entre las direcciones del PSC y Unió el pasado viernes en la sede de estos últimos es uno de esos momentos que marcan un antes y un después. Hemos asistido como auténticos espectadores de lujo a un movimiento desestabilizador de la propia Unió a su coalición con Convergència, y es difícil permanecer impasible ante un ejercicio de cálculo político tan dudoso. Sí, es un momento Ducruet: todos hemos sido testigos de un indicio de infidelidad manifiesto. Aunque se quiera decir lo contrario.

Los convergentes, ¿han picado el anzuelo socialista? ¿Unió ha marcado perfil? ¿El PSC conseguirá réditos? Preguntas que el tiempo responderá. Pero una cosa está clara: éste es lo que los americanos dirían “a defining moment”. No hará tambalear ni el gobierno ni la oposición, pero es una herida más que debilita una relación difícil. Y lo más importante, cambia las percepciones entre las bases de los dos partidos y dificulta la situación de la oposición.

De la reunión se dibujan muchos escenarios, que sería especular sobre ellos ampliarlos. Pero no los perdamos de vista. Esta reunión, aunque normal entre partidos, aparece en un momento muy concreto y, sobre todo, de una forma muy concreta. Así se entiende la reacción de Convergència y el “resultado” del no-encuentro de ayer entre los dos líderes de la coalición.

Los socialistas han puesto en práctica aquello del “divide et impera”. Y les ha salido bien: la crisis está en casa del otro partido. No sabemos cómo se traducirá en votos, que es lo que importa, pero es claro que no ayuda a que CiU despega, no ayuda a devolver la idea de que, como diría McCain, están preparados para liderar.

Es importante, a la hora de presentar una opción de gobierno, presentó un programa, un equipo y unidad. Faltan cosas. Y sin una tan básica como la unidad ganar elecciones es difícil. Y hacer coaliciones, más.