Impuestos: la Guerra de Irak de Zapatero

El gobierno socialista de Rodríguez Zapatero acaba de vivir su particular Guerra de Irak. La subida de impuestos anunciada, pero sobretodo el modo en que ha sido anunciada es, seguramente, uno de esos momentos clave que inciden en la percepción de mucho votantes y van moldeando la propia opinión ante una opción política.

Para entendernos, no votamos sólo por un conjunto de medidas o datos. Las hojas de servicio no sirven de nada si no van acompañadas del convencimiento en lo realizado y, sobretodo, por un vínculo emocional con el votante. De poco servirá haber retirado las tropas de Irak, haber igualado los derechos de las personas homosexuales con los heterosexuales, poner en marcha el cuarto pilar del Estado del bienestar o incluso haber asegurado cobertura a muchos ciudadanos en un momento muy duro; si la percepción mayoritaria de la ciudadanía es que somos objeto de un gran engaño.

¿Es la subida de impuestos un fraude masivo? No soy economista y sí, la política fiscal es de los pocos instrumentos que le quedan al Gobierno en un contexto como el que nos ha tocado vivir. Es lógico que se barajen todas las posibilidades y se opte incluso por medidas impopulares, pero… ¿han calibrado bien el movimiento?

Una de las herencias del aznarismo ha sido un cambio muy profundo en la mentalidad de la ciudadanía. Si durante los años de gobierno de Felipe González un 40% de los ciudadanos estaba dispuesto a aceptar una subida de impuestos si el contexto lo solicitaba, tras el paso del castellano-leonés, el porcentaje bajó al 20%. Y los que creían que se podían bajar los impuestos sin tocar el Estado del bienestar, el 65%. En 2008, el porcentaje era del 59%. Es más, la encuesta del CIS sobre fiscalidad de 2008 también mostraba que tocar los impuestos puede no ser una buena idea. La misma encuesta mostraba que el 78% de los españoles creen que los impuestos no son justos.

La estrategia electoral no lo recomendaba ni lo recomienda. Pese a ello, los socialistas se han aventurado a tocar los tributos. Lícito e incluso coherente… si no fuera por dos aspectos clave:

  • Zapatero ha defendido a capa y a espada durante los últimos cinco años que no subiría los impuestos. La última vez, en junio de este año.
  • En vez de promover una subida de impuestos a las rentas más altas (la jubilación del consejero delegado del BBVA nos muestra que hay gente y empresas que parecen ajenas a la crisis), la subida del IVA afecta directamente a las clases medias y trabajadoras, con un impuesto indirecto que no es proporcional. Lo más alejado a la doctrina socialdemócrata.

Estos dos aspectos nos muestran varias de las claves que deberemos añadir al hecho que a nadie le gusta que le toquen los impuestos. Aspectos que la medida comunica, como improvisación, búsqueda de la inmediatez sin pensar las consecuencias, sensación de engaño, fraude masivo. Muchos ciudadanos se sienten directamente atacados y los votantes más ideológicos se ven en la difícil tesitura de defender a un gobierno que se ha tragado sus principios.

Si a eso le sumamos la incapacidad del gobierno para explicar el porqué de la medida, el cóctel está servido. Es un momento clave, es su particular guerra de Irak. La subida de impuestos va a ser lo que embarranque el coche socialista en el rally hacia las elecciones de 2012. Porque aunque se pudiera mejorar la comunicación, el problema está en el fondo en las ideas. Aunque, para que no queden dudas, trataremos las opciones que podría haber barajado Moncloa al anunciar la subida de tributos. Pero eso, será en otra ocasión.

De izquierdas, culé. Merengue, de derechas.

Las aficiones de los ciudadanos pueden darnos valiosas pistas para conocer sus preferencias políticas. En Estados Unidos, tener un arma de fuego y pertenecer a la NRA marca casi tanto como ser mujer y llevar a los hijos al fútbol. Se pueden establecer clústers entre estos perfiles a lo que dirigir nuestros mensajes que nos lleven a una victoria electoral.

En nuestro país, uno de estos niveles es el fútbol. Puede parecer una tontería, pero el CIS ha estudiado en un sondeo la pertenencia a un club y la adscripción ideológica. Buscando, pues, la relación entre futbol y política. Aunque creo que el invento no funciona tan bien como en el caso de las soccer mums y los afiliados a la NRA…

De este modo, según el sondeo, los aficionados del Barça son mayoritariamente de izquierdas, mientras que los del Real Madrid, de derechas. Podéis leer la noticia, que apareció hace unas semanas, en este enlace.

Del estudio del CIS me vienen a algunas preguntas a la mente, que no sé si me podréis responder. ¿Qué viene antes, la adscripción política o la futbolística? ¿Uno es de izquierdas porque es del Barça, o es del Barça porque es de izquierdas? ¿Uno es de derechas porque es del Valencia, o es de derechas porque vive, mayoritariamente, en Valencia?

Pongo estas preguntas porque a mi juicio, este estudio no deja de ser un reflejo de la realidad política de las zonas de influencia en las que hay más seguidores de un determinado club de fútbol. Aunque tampoco deja de resultar curioso que Aznar sea un merengue declarado y Zapatero un acérrimo culé.

¿Podemos apelar al fútbol, en España, para moldear nuestros mensajes electorales? No lo recomendaría, aunque no debemos olvidar que durante la legislatura 2000-2004 Zapatero se comparaba con el Barça: el suyo era el proyecto del equipo alejado del establishment, con valores e ideales, que había luchado siempre contra la tiranía. Y ganó las elecciones 2 veces, pese a que también hay merengues entre las filas socialistas…

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El Pati Descobert

¿Zapatero ganó el debate?

Como decíamos esta semana, el Debate del estado de la Nación tiene importancia porque de sus valoraciones se resiente el liderazgo político y la capacidad de impulso. Se resiente positiva y negativamente: puede salvar una carrera a la presidencia o puede hundirla.

Tras el debate, decenas de encuestas se pusieron en marcha en varios medios digitales, pero también se puso en marcha el ente demoscópico por excelencia en nuestro país, el CIS. Según lo que se desprende de los resultados, Zapatero ganó el debate, aunque con la menor diferencia en sus cuatro debates de estas características con Rajoy.

Pero, ¿realmente Zapatero ganó el debate? Si neutralizamos la ventaja que da en estos debates el hecho de ser presidente y tener más exposición a la opinión pública que la oposición, nos queda un dato esencial en esta encuesta: los ciudadanos creen que Zapatero sabe comunicar, pero que Rajoy conoce los problemas reales de los ciudadanos.

En un contexto normal esto podría ser nimio, pero no en un contexto de grave crisis com la actual. Ese dato nos muestra que cada vez son más las personas que pueden ver en el PP una alternativa plausible. Son las semillas que pueden alimentar una victoria electoral del PP el próximo 7 de junio y las que podrían crecer si la situación económica empeora y el Gobierno sólo ofrece acciones reactivas.

Porque no debemos olvidar una cosa, Zapatero ganó porque Rajoy perdió los papeles. Rajoy confundió dureza con menosprecio. Presión al presidente con insulto. Un candidato a presidente debe, no sólo atacar, sino ofrecer una alternativa. Vimos al Rajoy menos presidencial de los últimos tiempos y ese fue el gran error del líder la oposición.

No creo que las propuestas del presidente le salven: vienen tarde. La mayoría de españoles ya entienden en su subconsciente que la situación política y económica es grave, que la han negado y que sus propuestas vienen tarde. Si Rajoy hubiese «leído» mejor esa realidad (en vez de afirmar que los socialistas que representan a más de 10 millones de españoles no saben leer) seguramente hubiese dado una estocada mortal al Gobierno de Zapatero.

Pero no pasó. Por eso, más gente cree que el debate no lo ganó nadie que creer que lo ganó Rajoy. Lo importante, en ambos equipos, debe ser pasar de la euforia tras el debate y centrar las prioridades para superar la crisis, aunque seguramente ahora está todo concentrado en la campaña de las elecciones europeas. Vienen tiempos, sin duda, emocionantes.