“Our Nixon”, la película de sus colaboradores

El proceso del caso Watergate no solo se llevó las grabaciones de la Casa Blanca por delante. También supuso la confiscación de horas y horas de grabaciones en vídeo doméstico de los hombres del presidente. Casi 37 años después de la dimisión de Nixon, salen a la luz en forma de película.

Es el proyecto de dos creadores de cine experimental, Penny Lane y Brian Frye, que están a punto de lanzar la película “Our Nixon”, hecha a partir de esas grabaciones de los miembros del equipo presidencial. Una película que, además, busca financiación.

A través de Kickstarter, cualquier usuario con 1.000 dólares en el bolsillo puede convertirse en productor de la película. Aunque los donativos van desde un dólar, con una postal de la película enviada a tu correo, a ese máximo, pasando por donativos de 25, 50 o 500 dólares con varios productos por donativo; desde chapas a copias de la película.

Es, sin duda, una curiosa iniciativa que nos acercará a otra visión más de las bambalinas del poder y de uno de los hombres menos amados de la historia de Estados Unidos. Tenéis más información en The New Yorker y en los Apuntes de Jorge Orlando Mera.

Publicidad política en los cines

En 2009, el Observatorio Audiovisual Europeo anunciaba que la asistencia a salas de cine en España había caído un 7,6% y era la cuarta consecutiva. La realidad es que el sector no pasa uno de sus mejores momentos. Cuesta llenar las salas de cine, especialmente por los efectos de la crisis económica. Pese a ello, insertar publicidad electoral en las salas no deja de ser una opción por la que han apostado algunos partidos políticos.

Quizás ese sea el principal punto débil de este formato publicitario. El número potencial de personas a las que puede llegar el mensaje es mucho menor a las inserciones en prensa o a los propios spots en televisión. Aunque estos últimos solo pueden emitirse en las televisiones públicas y durante la campaña.

Aunque ese sea el principal escollo, y es una barrera importante, encontramos ejemplos interesantes de partidos que han decidido optar por los puntos fuertes de la publicidad en el cine. La principal ventaja es la imposibilidad de los espectadores por obviar el anuncio: no pueden avanzar la visión ni cambiar de canal. Las personas que estén en la sala lo verán sí o sí. Por lo tanto, la exposición está asegurada.

Además, sigue siendo novedoso encontrarse con un vídeo político en el cine. Aunque en el fondo, se corre el riesgo de ser invasivo y mezclar política con una actividad concebida como ocio. Y pagada a precios bastante elevados.

La familia Spera

En abril de 2006, Italia celebró las elecciones que llevaron a Prodi al poder y desbancaron a Berlusconi. Durante una larga precampaña, L’Ulivo –la coalición que lideraba Prodi- insertó anuncios en los cines italianos mostrando la vida diaria, los sueños y las dificultades de la familia Spera. La familia Spera no puede ir a cenar fuera por culpa de la difícil situación económica de muchas familias en 2006. Una familia que sufre la manipulación informativa del gobierno Berlusconi o que tiene miedo de los ataques a la constitución.

La familia Spera era la muestra de cómo combinar los issues de campaña en una serie de spots que tenían unidad, coherencia y, lo más importante para cuando se concebían para ser proyectados en salas de cine, un punto de estética cinematográfica, narración y entretenimiento. Si los espectadores verán el anuncio, impactar para ser recordados.

PSC y PSPV, en las salas

En enero de 2010, el PSC anunció una campaña para explicar la gestión del gobierno del president Montilla y situar el entorno en el que se disputarían las elecciones: una crisis generalizada que pedía una buena gestión. Para ello, optaron por una serie de acciones bajo el lema de “Temps difícils. Gent seriosa.” (tiempos difíciles. Gente seria).

Uno de los materiales fue un vídeo en el que aparecía una larga secuencia de imágenes negativas, a un ritmo frenético, y que terminaba con el lema de la campaña. Con el movimiento y la naturaleza de las imágenes se buscaba generar en el espectador preocupación por lo que ocurre y la parte final, mostrar la solución a los problemas.

Más reciente es la decisión del PSPV. Durante este mes, 255 salas de cine de la Comunidad Valenciana mostrarán el vídeo que ha grabado el partido de cara a las elecciones autonómicas del próximo mes de mayo. En el vídeo encontramos al candidato del partido, Jorge Alarte, dirigiéndose a los espectadores. En el afirma que quizás no le conocen porque no sale en Canal 9 y remata que para la que Comunidad cambie, depende del espectador.

Seguramente, tanto Alarte como el PSC consiguieron más repercusión por las noticias en medios y por la difusión en Youtube que por las proyecciones en cine, ejemplo de un modo antiguo de concebir la inserción publicitaria. Pero, como se suele decir, lo importante es que hablen de uno. Apaguen sus teléfonos móviles y disfruten de la película.

El discurso del Rey (The King’s Speech)

Esta es la historia de un hombre que no nació para ser rey pero que estaba predestinado para serlo. Bautizado con el nombre de Albert, Bertie para la familia, algo presagiaba que sería él el que llegaría al trono. Quizás su abuela materna lo intuyó, cuando escribió que esperaba que su último nombre, George, acabara substituyendo el que consideraba era menos favorecedor.

El camino al trono no era el más esperado. A la muerte de su padre, su hermano mayor ascendió al trono. Pero su relación con una norteamericana divorciada en dos ocasiones le empujó a abdicar. Así, Albert, Duque de York, llegó a ser George VI a las puertas de la Segunda Guerra Mundial. Un rey tartamudo en la era de la radio.

“The King’s Speech” es la película que muestra los esfuerzos de George VI por minimizar los efectos de su tartamudez en una época en que los jefes del Estado, los líderes nacionales, deben pasar del papel a la voz. Es una muestra viviente de la importancia de la comunicación y del poder de las palabras.

Con la llegada de un nuevo medio de comunicación, la familia real británica debe dar el paso. Debe entrar en las casas de sus súbditos. Pero además, en el contexto de una guerra mundial en ciernes, su monarca debe ser la voz de un pueblo. La película nos muestra esa lucha titánica por controlar los problemas en la voz de un pueblo y liderar la respuesta alemana desde el poder de las palabras.

Más allá de la portentosa actuación de Colin Firth, una ambientación excelente, buen ritmo y un buen guión, “The King’s Speech” hará las delicias de muchos lectores de este blog por las referencias al valor de la palabra, a la necesidad de comunicar algo más que mensaje en un discurso y al poder del lenguaje no verbal. Por ello, este film es imprescindible y deberíamos añadirlo a la lista de las 20 mejores películas políticas.

Las 20 mejores películas políticas

A mí me gusta el cine político. Creo que no os descubro un mundo, pero es evidente que disfruto con una buena película de este género, ya sea ficción o recreación de la realidad. De hecho, prefiero las primeras. La razón es muy sencilla: cuando un guionista o un director plasma la realidad política en un film de ficción política, nos da mucha información del modo en qué escenificamos la política, el poder y la comunicación política en el día a día.

Hace unos días vi en el Twitter de Caja Mediterráneo que estaban organizando en el Aula CAM de Alicante el “Ciclo Color Obama”, con proyecciones de varias películas políticas y charlas con personajes tan interesantes como Enric González o John Carlin. Por un lado, sentí una profunda envidia por no asistir al ciclo… y por el otro, la necesidad de compartir con vosotros mis veinte películas políticas favoritas (sin ningún orden en particular).

  1. El Presidente y Miss Wade: creación de Aaron Sorkin que es el embrión de The West Wing. Un presidente demócrata viudo se enamora de una activista ecologista en el ecuador del mandato. Turbulencias políticas en Washington y un fiel reflejo de la presidencia americana. Y ver al presidente Bartlett ser jefe de gabinete no tiene precio.
  2. In the loop: las vicisitudes del aparato de comunicación del gobierno británico. Un ministro bocazas y unos aliados norteamericanos deseosos de buscar el mejor adjetivo para una guerra en Irak. Ironía fina. Divertida y sorprendente.
  3. Dr. Strangelove or: How I learned to stop worrying and love the bomb: un clásico del cine y una visión un tanto característica de la Guerra Fría. Una película tan imprescindible, que hasta se muestra en la Universidad… ¡mítico teléfono rojo!
  4. JFK: la recreación de Oliver Stone del asesinato del presidente Kennedy y el juicio tras el magnicidio. Kevin Costner se sale en este clásico de los noventa.
  5. La vida de los otros: el principio del fin del régimen comunista en la Alemania del Este se refleja en esta película. Los creadores y los artistas, la libertad y la fidelidad al partido: la tensión que te mantiene alerta y sorprendido en toda la película. La Stasi en estado puro.
  6. Ciudadano Kane: suele aparecer en los rankings. No ya los de películas políticas, sino en el de mejores películas de la historia. Welles nos muestra a un hombre poderoso. Con todo lo que eso conlleva.
  7. Todos los hombres del presidente: la historia de la investigación que llevó a Nixon a dimitir, con cuatro Oscar a sus espaldas.
  8. Nixon: Oliver Stone siguió reflejando las biografías de los presidentes americanos con este film dedicado al primer y único presidente dimisionario de Estados Unidos. Anthony Hopkins se sale.
  9. Primary Colors: John Travolta y la historia de unas elecciones primarias. El voto hasta el último minuto. Inspirado en el matrimonio Clinton, con esa mezcla de política y faldas.
  10. Kamchatka: la dictadura argentina y una infancia que se trunca, desvanece, desaparece. La ansiedad del escondite, de huir. De empezar de nuevo por un mundo que ya no existe.
  11. 28 semanas después: secuela de “28 días después”. Un virus ha devastado el Reino Unido y empieza la repoblación del centro de Londres bajo mandato de la OTAN. Decisiones difíciles. El ser humano, la organización de la sociedad en estado puro.
  12. Invictus: ya tuvo su protagonismo en este blog en su momento. El libro de John Carlin llevado al cine, el relato del esfuerzo de Nelson Mandela por hacer del rugby el instrumento para unificar un país.
  13. Wag the dog: cartel de lujo, con Dustin Hoffman, Robert de Niro y Anne Heche. Una película rápida, muy rápida. Pero buena. Muy buena.
  14. L’Auberge Espagnol: uno de los programas de la Unión Europea –de la Comisión, para ser exactos- más exitosos, el Erasmus, tiene su película. Europeos en Barcelona comparten experiencias, orgasmus, preocupaciones… y una manera de entender Europa que compartimos todos los Erasmus.
  15. Good bye Lenin: ¿y si despertaras de un coma y tu país hubiese cambiado de régimen? Divertida, sensible e interesante película.
  16. The Queen: impresionante Helen Mirren y excelente narración de la semana que cambió el reinado de Isabel II. Interesante papel para Blair en la película, con recreaciones de momentos clave de la política británica del fin de siglo.
  17. Aprile: Nanni Moretti cuenta pedazos de su vida que coinciden con el ascenso de la izquierda al poder en los 90 tras décadas de democracia cristiana.
  18. La pelota vasca: el documental de Julio Medem no dejó a nadie indiferente. Trató un tema tabú y dio voz a un variopinto espectro político e ideológico. Una realización magnífica y una visión de Euskadi imperdible.
  19. Salvador: la historia de Salvador Puig Antich, uno de los últimos ejecutados del franquismo, llevada a la gran pantalla.
  20. La Ola: ¿y si un experimento para explicar qué es el fascismo deriva en una ola fanática peligrosa?

¿Y las vuestras? ¿Qué películas políticas marcaríais como imprescindibles?

Los juicios paralelos del cine: Blair y Garzón

La causa contra el juez Baltasar Garzón está generando una tormenta política considerable que, de hecho, pone de manifiesto la importancia del juicio paralelo que se registra en la calle. En los medios. En la Red. Mientras que en la sala del Supremo se le encausa por supuestos casos de prevaricación, el debate en la calle es otro: se le juzga por haber intentado juzgar a los responsables de la represión fascista en España.

La causa real, la que está en los tribunales, podrá terminar con Garzón saliendo de la judicatura por la puerta de atrás y con una condena bajo el brazo. Pero la condena de la calle es más dura: la democracia española revive sus fantasmas y observa cuán coja fue su transición. El juez que puede investigar las dictaduras chilenas o argentinas, no puede hacer lo propio con la de su país.

El caso pone de manifiesto esa debilidad de la democracia española y aviva un debate que nunca ha cesado y nunca cesará: la doble vara en lo referente a lo acaecido tras el golpe de 1936. Así, lo que la justicia no ha podido –o no ha querido- investigar y juzgar, lo ha hecho otro. Ya sea el cine, la música, la literatura, el teatro. O la televisión. Debemos quedarnos con la revisión histórica del cine, con películas como Las 13 rosas o Libertarias ante la ausencia de una condena a atrocidades y crímenes contra la humanidad.

En ese campo la izquierda sí ha sabido ganar su particular batalla. Pero aunque las consciencias de las nuevas generaciones retengan esos crímenes, esa falta de libertad, en España las calles dedicadas a generales golpistas, al dictador o a otras personalidades del régimen, se encuentran por doquier. Al igual que los miles de cuerpos que yacen en fosas, en cunetas o bajo autopistas. ¿De qué sirve ese juicio paralelo si no hay justicia?

Esa misma tendencia la vemos alrededor de la figura del ex primer ministro británico Tony Blair. El laborista, que se fue acosado por la Guerra de Irak y su incondicional apoyo a una guerra ilegal auspiciada por los Estados Unidos, está viendo como su figura es juzgada en el cine. El séptimo arte acusa lo que no pueden hacer los tribunales internacionales.

En el último año, hemos visto como dos títulos han alzado el dedo acusador. In the loop, un film que gusta por su trato diferente de este arte, muestra los entresijos de la comunicación y de la estrategia de los apoyos en una situación que recuerda demasiado a la Guerra de Irak. Recurrir al humor e incluso al absurdo, es la particular manera de Armando Iannucci de denunciar la locura de la guerra.

Más dura es The Ghost Writer de Polanski, traducida como El escritor en España, que relata las vicisitudes del biógrafo de un ex primer ministro que recuerda demasiado a Blair y que protagoniza Pierce Brosnan.

La oposición a Blair parece querer ganar el juicio a la figura del primer ministro laborista más exitoso de todos los tiempos. Un brillante político que consiguió lo inimaginable: ganar tres elecciones seguidas en el Reino Unido. Pero sobretodo, parece como si el cine no quisiera dejar sin contestar la implicación del premier en la invasión iraquí.

¿Debe llegar el cine dónde no llega la justicia? ¿Debe llegar la política dónde no llegan las togas?

Obama se lo pone difícil a Hollywood

“El Águila se mueve”. Seguramente estamos más familiarizados con el nombre en clave que el presidente de los Estados Unidos tiene en el cine y la televisión que con algunos protocolos de nuestros políticos. De hecho, el mundo audiovisual ha jugado un papel esencial en el conocimiento general de la figura del presidente y ha generado, sin duda, el deseo de muchos de llegar a ser presidente. Pero este patrón, esta imagen está cambiando: la Casa Blanca de Hollywood está de reformas.

Obama ha llegado a la Casa Blanca, y con él el mundo del cine deberá buscar una nueva manera de reflejar la presidencia: los típicos encuadres cinematográficos del presidente sexagenario, WASP de pelo canoso y pose altiva chirría con la realidad que hoy se vive en el 1600 de la avenida Pensilvania.

Ser presidente de Estados Unidos tiene mucho que ver con el cine y la televisión. Estos medios se han encargado durante muchos años de abrir las puertas de la Casa Blanca a los ciudadanos que, a su vez, se han generado una imagen muy determinada de lo que es o debe ser un comandante en jefe.

Hagan memoria de algunas películas que seguramente hayan visto, desde “Air Force One”, donde Harrison Ford salva su propio avión que ha sido secuestrado a “El Presidente y Miss Wade” una romántica historia del viudo mandatario que encarna Michael Douglas. Ambos tienen mucho en común con los papeles que protagonizaron Peter Sellers, Jack Nicholson, Jim Curley o Kelsey Grammer.

Si deciden ver el último film de Kevin Costner, “El último voto”, observaran como el presidente que intenta convencerle para que lo vote guarda muchos parecidos con el que protege el duro Clint Eastwood en la mil veces vista en televisión “En la línea de fuego”. Y si hacen memoria, los ejemplos les afloraran casi sin querer.

Hollywood deberá encontrar la nueva manera de reflejar lo que supone ser presidente en el siglo XXI. En realidad el cambio tiene más que ver con la juventud, las formas y el impulso de este presidente que con su color de piel: Obama está haciendo una labor extraordinaria en rejuvenecer la presidencia, como concepto. Desde el huerto en la mansión presidencial a las escapadas a Nueva York del matrimonio más famoso de América. Desde la diferente historia de un perro de perrera a los horarios y el protocolo en el Ala Oeste.

El reto de encarnar una presidencia del siglo XXI para el espectáculo del siglo XXI está encima de la mesa. Como lo sería si Hillary Clinton hubiese sido nominada candidata demócrata y elegida presidenta. El cine americano también tiene sus propios clichés para las mujeres que ejercen algún cargo en el ejecutivo: desde el bajo perfil de algunas vicepresidentas de la ficción al extraño encaje del personaje de la presidenta Mackenzie Allen de la serie de televisión “Commander in Chief”, que muestra el ascenso sin querer de una vicepresidenta independiente tras la muerte de un presidente republicano. Papeles que muestran a presidentas más dependientes que los presidentes; aunque también se han atrevido a caracterizar el ejercicio femenino de la política con figuras extremadamente violentas, como la vicepresidenta Caroline Reynolds en la famosa serie “Prison Break”.

El impulso de la nueva presidencia hará llegar sus tentáculos también al mundo de la ficción: ya lo hizo la presidencia de Clinton, ejerciendo una gran influencia en la premiada y reconocida serie “El Ala Oeste de la Casa Blanca”. No sólo en su trama, sino también en la proximidad del papel que hizo de Martin Sheen el comandante en jefe más querido de la televisión. Aunque ese camino no es unidireccional, algunos apuntan a la extremada coincidencia entre esta misma serie y la presidencia de Barack Obama.

Sea como sea esa relación, apuesto a que pueden decirme diez películas donde salga un presidente americano, pero no podrán hacerlo lo mismo con nuestro cine o nuestra televisión. Aunque les recomiendo que estén atentos a identificar estos cambios: no tardarán en notarse, porque el águila seguirá moviéndose.

Publicado hoy en La Vanguardia