¿Se ha preparado Rajoy para ser presidente?

Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Citar este verso de Machado no puede ser más ocurrente al hablar de Mariano Rajoy. Tras la renuncia de Zapatero y las voces que señalan que la estrategia popular podría verse dañada, es necesario preguntarse algo. ¿Ha hecho camino Rajoy? ¿Se ha preparado para ser presidente? Quizás la respuesta sorprenda.

Rajoy no ha preparado bien su carrera presidencial. Quizás la gane, pero no lo hará debido a una gran preparación por su parte. Cuando el 78,8% de la población confía poco o nada en ti, tienes un problema. Y Rajoy lo tiene. La alternativa al Gobierno no gusta a los españoles. No les da confianza. De hecho, según los mismo datos del barómetro de enero del CIS, el 62,3% cree que si Rajoy fuera presidente, lo haría igual o peor que Zapatero.

Estos datos muestran que el Partido Popular tiene un candidato débil para las elecciones de 2012. Y la interpretación de estos datos nos permite observar porqué Rajoy ni es proactivo, ni propositivo… ni protagonista. La debilidad es tal, que lo mejor es no arriesgarse. No asistir a la manifestación de las víctimas del terrorismo de este sábado, es una muestra más.

Rajoy, a verlas venir

No han sido años fáciles en el Partido Popular. La derrota electoral de 2004, pero especialmente la de 2008, generaron tensiones internas. Movimientos lógicos en un partido político que no hubieran tenido más importancia si no fuera por los graves casos de corrupción que han salpicado al partido.

Las tramas Gürtel, Brugal y los casos de espionaje en la Comunidad de Madrid, entre otros, han sido un auténtico vodevil. Rajoy no ha podido o querido aplicar la mano dura y es cómplice de los efectos de la obra que da lugar a momentos tan esperpénticos como la firma de Camps de un compromiso contra la corrupción sin que Rajoy tenga las agallas para pararlo. Rajoy ha aceptado una lista con 11 implicados por casos de corrupción en la Comunidad Valenciana y no ha sabido o querido ser proactivo.

La prensa ha llevado la batuta y el líder popular se ha escondido bajo las ruedas de prensa sin preguntas y dejando en otros portavoces la lucha contra estos temas más espinosos. Es un líder débil que no ha sabido o querido dar un puñetazo en la mesa.

Las propuestas de Rajoy

Rajoy ha vivido una tormenta perfecta que puede beneficiarle. La crisis económica es tal, que los propios indicadores macroeconómicos, unidos al recuerdo de la gestión económica de Aznar, le llevan hacia la Moncloa. Así lo marcan las encuestas. Pero a diferencia de otros líderes como Cameron o Obama, el detalle de sus propuestas es una gran incógnita.

Rajoy no tiene un gobierno en la sombra. Ni un programa claro al que aferrarse. La diferencia con Artur Mas, que conmemora sus 100 primeros días en el gobierno catalán, es abismal. Ambos líderes comparten muchas cosas: optar al mandato por tercera vez, compitiendo con líderes socialistas muy mal valorados y con un contexto de crisis. El catalán preparó a conciencia su campaña durante 4 años. Propuso y explicó, por ejemplo, con las DOC Sessions, lo que quería hacer en Catalunya. Rajoy, no.

Muchos líderes con gran carisma no necesitan la parte más racional o propositiva para arrastrar votos. Pero con un 78,8% de desconfianza, Rajoy necesita contar qué va a hacer y por qué. Saber por qué, como reza su eslogan, podemos confiar.

Muchos gallos en el corral

La situación está mucho más controlada que en otros momentos recientes. Pero en algunos momentos, a Rajoy le han hecho sombra desde el partido. El enfrentamiento con Esperanza Aguirre o el papel protagonista de Camps en el congreso de Valencia son el peaje que Rajoy está pagando.

La debilidad interna de Rajoy es evidente y el equilibrio que ha conseguido necesita la victoria electoral de 2012 como agua de mayo. Esta realidad explica decisiones relevantes que el partido ha tomado, como en las listas electorales, así como para entender el propio papel mediático de Rajoy y la necesidad de confiar en el papel de Alberto Nuñez Feijoo y Alicia Sánchez-Camacho para que el partido no ponga en tela de juicio su gestión.

Rajoy lleva años sin prepararse. Camina, no corre sus kilómetros diarios para preparar la maratón de las elecciones de 2012. Hace unas semanas analizaba en este post el vídeo de presentación de Mariano Rajoy en la Convención de Sevilla. La metáfora del camino y del andar. Una gran pieza de comunicación que mostraba el nivel de preparación de la maquinaria de comunicación de los populares. Una pieza en la que Rajoy afirmaba estar preparado. Parece que más que caminar, siga desde el 15 de marzo de 2004 sentado en su despacho, fumando un puro, esperando que caiga Zapatero.

Agua para todos, ¿votos para todos?

El agua en la política española es como el Guadiana: aparece y desaparece. Podríamos tomar esta afirmación como cierta, si no fuera porque incurro en dos errores de bulto. Ni el Guadiana aparece y desaparece –según algunos expertos la parte en que se producen las filtraciones aún no es el Guadiana propiamente dicho-, ni el agua deja de ser un tema con una fuerte implicación política.

Eso es así porque una de los principales cometidos de la política es gestionar los recursos de un territorio. ¿Qué recurso puede haber más importante que el agua? Si en puntos calientes del planeta la gente llega a las armas por este oro líquido, ¿no tendrá sus efectos en la política… en un país que también sufre los efectos de un bien escaso?

Y en esa guerra, política en el caso de España, la comunicación ha jugado un papel importantísimo. Os propongo repasar tres ejemplos recientes que muestran hasta qué punto el agua ha marcado la batuta de la política y la comunicación en España.

El trasvase del Ebro

Cuando en 2001 el Partido Popular promovió el Plan Hidrológico Nacional, que tenía como proyecto principal el trasvase del agua de la desembocadura del Ebro a otras zonas del este peninsular como Castellón, Valencia, Alicante o Murcia; se desató la guerra del agua. El apoyo de CiU en el Congreso a la medida supuso que la zona agredida, el Delta del Ebro, viviera los efectos de un auténtico movimiento Nimby que tuvo mucho que decir.

La oposición al PHN se organizó e hizo ruido. Supo tejer las complicidades con el territorio, las fuerzas de la oposición y con los medios. Tanto, que dieron con la fuerza de un símbolo que aún hoy es referente en las Terres de l’Ebre: la tubería anudada.

El activismo y la comunicación llevada a cabo tuvieron sus efectos en las elecciones catalanas de 2003 y en las generales de 2004, con un ascenso de las fuerzas de izquierda en el territorio. Tanto, que el gobierno socialista de Zapatero dio marcha atrás en el trasvase del Ebro en 2005.

El azul característico del movimiento, el candado y el famoso “no al transvasament”, quedarán como los ejemplos más visibles de los efectos de un Nimby bien organizado.

La guerra del agua

Paralelamente, en Murcia y Valencia, los barones del PP en estos territorios iniciaron una guerra sin cuartel para generar en la opinión pública el apoyo al trasvase que promovía el PHN. Usaron uno de los eslóganes que mejor han funcionado en los últimos años y que es la muestra de cómo el poder del lenguaje es una parte esencial de toda batalla política. ¿Quién puede oponerse a alguien que pide “agua para todos”?

La guerra del agua tuvo su segundo episodio tras la derogación del trasvase del Ebro: Camps y Valcárcel se convirtieron en arietes de la oposición al PSOE y usaron en sus comunidades la cuestión hídrica para aumentar sus bases electorales y hacer oposición a los socialistas en el terreno nacional. A juzgar por los resultados –salpicados a su vez por numerosos casos de corrupción-, funcionó.

La sequía y la gestión política

Ahora que encaramos las semanas finales de la legislatura en Catalunya, a las puertas de unas trascendentales elecciones, el agua no deja de colarse en la campaña. El president Montilla tiene en su discurso una referencia clara a la puesta en marcha de desaladoras, como la de El Prat, que inauguró durante su mandato. El president afirma que el suministro está asegurado en Catalunya gracias a este tipo de políticas.

Sin embargo, pasa de puntillas por uno de los episodios que merecen un estudio profundo a nivel comunicativo. Cuando los catalanes vivían una tremenda sequía, la Generalitat empezó a dar los pasos para comunicar la gravedad de la situación y pedir la colaboración ciudadana. No lo hicieron mal.

Con esa crisis, llegaron las opciones: los trasvases. Ese fue el primer reto, ya que los partidos que se opusieron al trasvase del Ebro, ahora optaban por trasvasar agua del mismo río a Barcelona. Y ahí entró de nuevo el poder de las palabras, pasando de un trasvase a una “captación temporal de agua”.

Con el concepto se desataron los acontecimientos y la descoordinación entre lo que dijo el Gobierno y lo que sentía la gente puso de manifiesto las limitaciones de la situación. Sin ir más lejos, el día que llegaba el primer barco con agua de Tarragona, el consejero de medio ambiente insinuaba que se podrían volver a llenar piscinas. El mismo que llegó a encomendarse a la moreneta para solucionar la sequía.

Quién diga que el agua es irrelevante, miente. Es un issue político de primer orden. No sólo porque a río revuelto ganancias de pescadores -¿votos para todos?-, sino por la importancia estratégica del liquido elemento para la economía y la calidad de vida. No está de más que con estos tres ejemplos reflexionemos sobre ello, especialmente en un día como hoy en que la blogosfera está llamada a pensar en esto. Por ello, este blog se suma a la iniciativa del Blog Action Day que este año Actuable organiza en España.

Foto de Manel Zaera.

Turismo político: la Valencia de Gürtel

No todo va a ser la Ciutat de les Arts i les Ciències. Ni la horchata y los fartons, la Llotja o el impresionante Mercat Central. En Valencia hay algunas rutas turísticas que no pasan por el palacio del Marqués de Dos Aguas. Sobretodo las rutas de turismo político y ahora mismo en la capital del Túria, la ruta tiene nombre de caso judicial.

Lo hemos visto en la televisión, en medios… en fotos que han sido portada. Los lugares clave de la trama en Valencia. Así que si te pasas por la ciudad, no está de más saber que están en los lugares donde, supuestamente, se urdió la trama. Lo de llevar traje o no es opcional.

El primer escenario es el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana. En el Paseo homónimo se encuentra la puerta por la que Camps y Barberá –que vive cerca de allí- entraron al Palacio para que le tomaran declaración al primero. El president y la alcaldesa recibieron un auténtico baño de masas y apoyo en ese lugar.

Tras él, podemos movernos hasta el propio Palau de la Generalitat, un precioso edificio medieval situado en pleno centro histórico. Encontraréis información del edificio en este enlace. Lo curioso de Valencia es la proximidad del edificio con otros dos puntos clave: la puerta de los Apóstoles, donde vimos a Camps en el Tribunal de las Aguas en los momentos más críticos de la crisis y el palacio de las Corts, el parlamento valenciano. El paseo es corto y agradable, además de estar en la zona de la catedral, el Miquelet, etc.

Un poco más alejado, en la plaza del Ayuntamiento, encontramos otro punto de este recorrido: la farmacia de la esposa de Camps. Al parecer, la reforma de la farmacia El Miguelete la gestionó el “Bigotes” y el president afirmó que pagó los trajes con efectivo del establecimiento. Terminando el periplo, os podéis acercar al lugar en el que Costa puso en escena su particular manera de “dimitir”: la sede popular de la calle Quart.

Habrá que ir pensando en hacer también la ruta Santa Coloma o visitar el bar Faisán…

¿Quién manda en el PP?

Ricardo Costa ha puesto en evidencia a Mariano Rajoy cómo pocas personas han hecho en los últimos años. Ayer el castellonense fue el director de una extraña puesta en escena que mantiene ha mantenido en vilo a gran parte del país.

Costa jugó muy bien sus papeles y demostró eso que la venganza es un plato que se sirve frío. Su retiro por el Camino de Santiago le ha permitido ser el contador de una gran historia que tendrá efectos graves en el Partido Popular.

Por lo pronto, muchos ciudadanos, especialmente los que serán decisivos para ganar las elecciones, se preguntaron “¿Quién manda en el PP?”, porque la cantidad de mensajes contradictorios que estan recibiendo les ha llevado sin duda alguna a esa reflexión. Y Costa fue el máximo instigador de esos mensajes, con un Francisco Camps que no sabe muy bien qué hacer.

A nivel comunicativo, el órdago de Costa rozó la perfección. Hizo valer como pocas veces se han visto la máxima de Clausewitz: la mejor defensa, es la defensa misma. Y urdió la trama que todos más o menos conocemos.

Pero me parecen especialmente interesantes algunos elementos del relato que nos presentó el ya ex-secretario general del PPCV:

El tempo

Ricardo Costa manejó a su antojo el tiempo informativo de los medios y la opinión online. El comunicado que leyó antes de la reunión que debía certificar su defunción política aumentó la temperatura política. Uno de esos giros inesperados cuando todo el mundo daba por sentado que su marcha era ya un mero trámite. Pero no, alimentó la tensión y revalorizó su propia persona en vistas a la reunión. Él no se marchaba, sino que le echaban. Y no estaba dispuesto a hacerlo sin llevarse a alguien por delante.

Tras la reunión, mantuvo el tempo. No sólo hizo una gran maniobra de distracción para evitar que la prensa acosara al president Camps, sino que tras la reunión compareció para informar que él no se marchaba. Y si lo hacía, era con varias condiciones.

La pelota en el tejado de Camps y Rajoy. Camps no ha hecho los deberes y Génova tiene que confirmar que Costa ya no es secretario general de los populares valencianos

El lenguaje no verbal

Costa comunicó perfectamente lo que quería hacer sin necesidad de decir nada. Su entrada a la sede del PP era toda una declaración de intenciones. Paso firme, sonrisa de oreja a oreja. Aparece sin corbata, relajado. Algo hace presagiar que no va a ser una presa fácil.

Su pose, ya con corbata, mientras lee el comunicado es otro libro abierto. De frente, con firmeza, en la primera línea de fuego. Y tras ello, las fotos que trascienden del cónclave popular, con francas sonrisas, rostro relajado y otra vez sin corbata. Una contradicción enorme entre la historia oficial y lo que comunicaba su persona.

El mensaje

El mensaje de Costa ha sido muy claro. No se va, le echan. Y no sólo eso, sino que amenaza de facto con tirar de la manta. La comisión de investigación que ha propuesto va por ese camino, y el vericueto relatado tras la reunión sobre tal comisión y su suspensión sólo si ésta se forma, es una forma única de enviar un mensaje claro: él tiene la sartén por el mango.

Pero también es un mensaje de la propia situación del PP, en que Camps anuncia su destitución a Génova, pero Costa niega que esto haya ocurrido. Un mensaje en toda regla de qué la nave popular no sabe quien la gobierna. Aunque el PPCV se esfuerce en mostrar en la home de su web un mensaje como “El PPCV sale más unido y reforzado tras la celebración del CER”, con una foto de Camps y Costa sonrientes.

Tras analizar estos elementos, el lío Gürtel se enreda más de lo que se podía esperar. No sólo se evita una acción contundente que dé aire a Rajoy y Camps, sino que la acción tiene los efectos contrarios: sembrar más dudas. ¿Por qué Camps sigue apoyando a Costa mientras anuncia a Rajoy que todo terminó?

El efecto más inmediato es la demostración pública de la fortaleza de Costa. Ha sabido jugar muy bien sus cartas y ha demostrado una sangre fría que asusta. Si alguien es capaz de escenificar así su muerte política ¿de qué no será capaz?

La factura pendiente de Rajoy

Hace algún tiempo, cuando la construcción aún vivía su momento álgido y los anuncios en radio los protagonizaban empresas auxiliares de este sector, una conocida marca ofrecía las bondades de sus sistema de aislamiento de tejas. Bajo teja para evitar filtraciones, para aguantar el chaparrón… ¿habrá instalado ese sistema el PP en su sede central en Génova?

La tormenta no ha estallado, hace ya demasiado tiempo que llueve sobre mojado aunque en el PP no se haya movido nadie. Lo que sí ha cambiado es la táctica –que no estrategia, pues sigue siendo la misma: evitar que la tormenta se lleve al patrón por la borda-, desapareció de sopetón la manía persecutoria que este verano enarboló María Dolores de Cospedal –sin aportar ni una sola prueba, ni una sola dimisión- pero no desapareció el oscurantismo para con los ciudadanos.

Si por algo se caracterizó el PP al llegar al Gobierno en 1996 fue de acabar con la corrupción socialista que tanto había escandalizado al país a mediados de los 90. Prometieron regeneración y se apropiaron, no sólo del centro ideológico, sino de la concepción de ser un partido limpio y honrado. Hoy, las portadas de todos los periódicos, los titulares de todos los noticiarios y los comentarios en todas las tertulias muestran que la sombra de duda es ya una acusación vox populi a que algo huele a podrido en el PP.

Pese a todo, la estrategia de comunicación del PP está siendo exitosa: tras más de 9 meses de trama nadie se ha movido de la silla. Los cambios en el discurso están tan pensados que la sociedad aún no se ha plantado. Y eso es lo grave.

  • Primero fue el mensaje de que los trajes de Camps no eran importantes y que la justicia lo exculparía. Así fue.
  • Luego vino lo de la conspiración que no ha sido, pero para muchos ciudadanos siempre quedara la idea que todo esto es capricho de algún juez…
  • Vino la reunión secreta de Camps y Rajoy. Para “hablar de Madrid 2016”. Sin informar a Cospedal o al partido.
  • Y ahora la percepción que los Gürtel parecen los Dalton, yerno de un presidente incluído.

La estrategia de salvar los muebles etapa por etapa parece que funciona, pero también es el motivo por el que las encuestas no muestran una victoria por goleada en intención de voto. Esta manera de entender la gestión de una crisis es la que explica el apabullante suspenso de Rajoy en los sondeos.

La pregunta es, ¿hasta cuándo podrá aguantar Rajoy sin exigir, al menos, una dimisión? ¿Hasta cuándo podrá permanecer inmóvil el PP cuando las investigaciones apuntan a que la red de financiación ilegal es más profunda de lo que parece y más extendida por la geografía española? Rajoy aún puede reaccionar. Aún puede apuntalar su liderazgo con un golpe contundente encima de la mesa. Pero, ¿está dispuesto a hacerlo? ¿Puede hacerlo? ¿Tiene alguna factura pendiente con los Gürtel?

El gesto contundente de Camps

Aunque no lo tengamos presente, el tacto tiene un papel importante en política. No somos conscientes, ya que no solemos tener la ocasión de charlar directamente con nuestros representantes, cara a cara, pudiendo estrecharle la mano o observar si el discurso de preocupación por la crisis lo acompaña con algún gesto de recogimiento y comprensión. Pese a ello, el lenguaje político está repleto de expresiones que nos evocan a este vital sentido.

Coincidimos en la necesidad de tener tacto en la dirección de la política exterior y la diplomacia. Mano izquierda en la lucha contra el crimen. Tender la mano al adversario político para los temas de Estado. Abrazar una medida que ayude a las familias a mejorar su bienestar… También el tacto se evoca al pedir, con tacto, medidas sobre algo concreto. Por ejemplo, un gesto contundente a Camps.

Aunque la causa contra el president de la Generalitat valenciana se archivó hace unos meses, el cerco a su entorno y al Partido Popular de esa comunidad no ha terminado. Con un gesto de fuerza, la dirección nacional del partido fijó el rumbo hacia la negación de todo lo ocurrido y la afirmación, casi desesperada, de una trama organizada por el Gobierno para perseguir a su partido en los tribunales. Ya sea por ello, o porque los cuerpos y fuerzas de seguridad y la Justicia hacen su trabajo, los nuevos informes aparecidos apuntan directamente al exculpado Ricardo Costa y al mismo Camps. Y los nubarrones de un Filesa en el PPCV amenazan lluvia. No lo digo yo, lo dice El Mundo, ni más ni menos.

Ante un aumento de la tensión en las últimas horas y con el debate sobre el estado de la región en marcha, desde Génova se ha pedido un gesto contundente. Una muestra inequívoca de que lo que se dice es falso, incluso la búsqueda de un nuevo modo de explicar las cosas pero… ¿cómo pueden explicarse mejor las cosas si las filtraciones son tan crudas? ¿Puede explicarse mejor un presunto caso de financiación ilegal?

El tacto es un sentido que nos da una cantidad de información muy rica y que podemos procesar de modo eficiente. La presión de las manos al tocarnos, una caricia… información en tiempo real del estado de ánimo de una persona. El gesto que pide Rajoy, ¿qué información nos debe dar?

Descendemos de unos primates que dedicaban el 15% de su tiempo a tocarse. Gracias a ello no podemos entender un mundo sin tacto. Quizás haya llegado el momento de que ese gesto contundente sea real y claro para los valencianos y valencianas, pero también para la política en general. Un gesto que promueva la producción de endorfinas, que nos encienda las áreas sensibles de la piel y que nos haga creer otra vez en la política. De un modo contundente debe encontrarse una salida a una cuestión que puede lastrar a Rajoy… aunque con una subida de impuestos, dirimir lo que ocurre con Orange Market seguramente pase a un segundo plano.

El día que Camps no fue Nixon

¿Y los que no son ni del PP ni del PSOE, qué? Esta es la pregunta que me hago tras el alud de reacciones a la decisión del TSJV de archivar la causa por cohecho contra Francisco Camps. ¿Qué pasa con ellos?

Llego a este punto porque lo que podemos aprender de lo ocurrido durante estos meses son varias cosas, pero todas nos llevan a un mismo punto, la importancia de las percepciones. Nuestra manera de recibir, elaborar e interpretar las informaciones y los estímulos que recibimos para formarnos una opinión y, en última instancia, actuar.

Para los populares, se demuestra que la estrategia de aguantar hasta las últimas consecuencias, funciona. Que da igual de donde vengan los envites, lo importante es mantenerse, sembrar dudas y esperar que la justicia no vea indicio de delito en recibir unos caros regalos.

Para los socialistas, confiar en que por unos trajes se podría hacer caer a uno de los varones populares en, quizás, el territorio más abonado para la perpetuidad del poder es, cuanto menos, ingenuo. Ingenuo, como lo fue su estrategia durante los meses iniciales del escándalo: el centro de la cuestión no eran los trajes, sino esclarecer a cambio de qué se regalaron. Justo lo que el Tribunal no ha investigado. ¿Qué hubiese ocurrido si los socialistas hubieran hecho de esto el centro de la batalla desde el primer momento?

Tal y como expliqué en este post, los partidarios de una u otra opción política responden del mismo modo a las mismas situaciones. Da igual que nuestro líder se vea envuelto en un caso de corrupción, en una contradicción grave (como decir que te pagaste tus trajes y luego saber que no lo hiciste), etc. nuestro cerebro tendirá a reafirmar lo que creemos y a activar respuestas positivas a nuestro líder que nos reafirmen. También ha pasado con Chaves en el bando socialista, no lo olvidemos.

¿Y a los que están en el centro de la batalla política? ¿Los indecisos? Pues para ellos todo esto es un berenjenal que demuestra las debilidades de la Justicia en nuestro país. No pongo en tela de duda la decisión acordada por el Tribunal, las decisiones judiciales se acatan, pero para una persona que no quiera ver esto con tintes partidistas, saber que uno de los jueces encargados del caso es “más que un amigo” de Francisco Camps no sólo le sorprende, sino que le repugna.

Más le repugna al ciudadano de a pie el uso más que partidista de los medios. De las filtraciones interesadas al Grupo Prisa a la inexistencia de cobertura del caso en Canal 9 –excepto ayer, claro está-, a las editoriales de hoy en los medios de la derecha mediática. Más de lo mismo, si la decisión es buena para los que me gustan, la Justicia funciona. Si no, es un desastre. ¿Dónde está el papel de los medios? ¿Cómo pueden acusar, investigar, informar si sirven a intereses partidistas?

Ojalá esto nos llevará a una reflexión más profunda sobre el caso. Dudo que ocurra, pero ojalá estuviera en nuestra mano hacerlo. No se pueden recibir trajes y no investigar a cambio de qué. No se puede afirmar alegremente que es normal que los políticos reciban regalos. No se puede tolerar que los amigos juzguen a los amigos. Y esto debería ser defendido no sólo por los no partidistas, sino por las muchas personas en ambos partidos que entienden que todo esto mina el sistema democrático.

Hace unos días Obama almorzó con los CEO de varias grandes compañías. Al finalizar el ágape, el camarero pidió las tarjetas de crédito de los asistentes: cada uno se pagó lo suyo para que nunca se diga que el presidente adoptó una u otra decisión. Si en Estados Unidos por una comida hay dudas, ¿unos trajes, unos bolsos Louis Vuiton, los regalos a la consejera de Turismo… no son motivos suficientes para creer que había algo más?

En marzo de 1974 el Gran Jurado Federal de los Estados Unidos consideró que el presidente Nixon había sido copartícipe del caso de espionaje en la sede del partido Demócrata del hotel Watergate. Nixon no tuvo cargos formales. El 8 de agosto de ese mismo año, dimitía mediante este famoso discurso.

Francisco Camps ha sido imputado y su credibilidad debería estar minada. Algunos medios dicen que ya hablarán las urnas. Ni él, ni Costa ni muchos otros se han atrevido a hacer lo mismo que Nixon. Que luego no nos vengan con que la gente se separa de la política o que la gente no cree en la política. Cosas así no ayudan.

Anchoas en una biblioteca presidencial

Las declaraciones de Rita Barberá han dado lugar a todo tipo de comentarios y han alimentado decenas de tertulias: ¿está aceptando que Camps recibió regalos al equipararlo con las anchoas que recibió Zapatero de manos del presidente de Cantabria? ¿O la comparación no llega a tanto?

En todo caso, la comparación es muy desafortunada, independientemente de lo que quisiera decir. En el debate ya se ha introducido el primer análisis: la aceptación tácita de una ilegalidad y la defensa del presidente de la Generalitat con un débil argumento. En todo caso, las anchoas cántabras, en tanto que regalo institucional, me dan pie a introducir una costumbre americana.

Al finalizar el mandato de un presidente, la Oficina de Bibliotecas Presidenciales (Office of Presidential Libraries), órgano de los Archivos Nacionales, recopila y sistematiza la documentación y los regalos que un presidente ha recibido para ser archivados y expuestos en las llamadas Presidential Libraries.

No son bibliotecas strictu senso, pero si un espacio donde toda la documentación asociada a un presidente es conservada y puede ser consultada. En la actualidad existen 13 bibliotecas (generalmente en los estados natales de los presidentes) repartidas por todo el país y George W. Bush tendrá la suya construida hacia 2013, con un presupuesto de 200 millones de dólares, en el campus de la Universidad Metodista de Dallas. En ella, por cierto, se contendrá también la pistola de Sadam Hussein, uno de los 40.000 regalos recibidos durante su mandato.

Unas anchoas cántabras no pueden compararse a la pistola de Hussein, como tampoco a unos trajes recibidos por un particular con intereses en la actividad del gobierno de la Generalitat Valenciana. Por mucho que Barberá pretenda hacer pasar ese regalo por institucional.

No sé qué ocurre cuando un cargo público recibe un regalo institucional –más allá de unas perecederas anchoas que bien merecerán ser catadas con un poco de pa amb tomàquet- pero lo que seguro que no conllevan son contrapartidas. Aunque tampoco merezcan un archivo al estilo americano.

No sé hasta qué punto convendría adoptar un sistema como el americano para un problema –el de los regalos institucionales- que nunca hemos tenido. Lo que sí es conveniente es conservar la memoria y la actividad de los presidentes, más tras el fallecimiento de Calvo Sotelo o la enfermedad de Suárez. En Catalunya nuestros expresidentes cuentan con sendos centros de estudios, que mantienen la actividad institucional de estos servidores públicos. Aunque, claro está, nosotros no tendríamos nunca un Air Force One dentro de uno de estos centros.

Si eres partidario de Camps tu cerebro te ordenará que le votes

En algún punto del camino se unieron los trajes de sastre y las bellas chicas de televisión. El algún punto, un valenciano, un milanés y un checo compartieron el foco de atención de la opinión pública. En algún momento, el hilo y las agujas se mezclaron con el champagne y las maduras erecciones. Ese momento unió las historias de Silvio Berlusconi y Francisco Camps, y por caprichos del destino, ambos tuvieron el mismo resultado: ser salvados por las urnas.

Poco pareció importar a los italianos que su primer ministro organizara fiestas repletas de jóvenes bellezas en su mansión de Cerdeña. Tampoco importó que los aviones oficiales sirvieran para transportar a los invitados de estas fiestas. Los valencianos respondieron al planteamiento de su Molt Honorable presidente: o estáis conmigo o contra mí. La palabra de un presidente que aseguraba haber comprado siempre su ropa contra la de un sastre que denunciaba lo que más tarde supondría la acusación de cohecho del presidente de la Generalitat.

Las elecciones europeas sirvieron para dar respuesta a la gran pregunta que todos teníamos en mente en Italia y aquí: ¿mostrarán las urnas un castigo a las conductas de ambos presidentes? Y las urnas hablaron con victorias aplastantes de los partidos de los dos presidentes en unas elecciones en las que no figuraban en el cartel pero a las que de facto se presentaban.

Quizás la explicación más plausible a la conducta del electorado la encontremos en una respuesta de nuestras emociones, ya que no actuamos del mismo modo cuando nos sentimos muy próximos a los líderes a cuando nos sentimos alejados. Para entendernos, las urnas no hubieran dicho lo que dijeron si entre los electores no existiera un amplio sentido de pertenencia a esa opción política.

Tanto el PP en la Comunitat Valenciana como el partido de Berlusconi han sabido tejer a lo largo de los años una relación muy cercana a su electorado, de este modo la mayoría de la sociedad se han vuelto auténticos partidarios de sus opciones política. Y ese es el elemento clave: el grado de partidismo existente.

¿Por qué? Porque algunas investigaciones han demostrado que la respuesta de los partidarios políticos a cuestiones como la corrupción o la contradicción es inversamente proporcional a la razón. Es decir, dan una respuesta emocional a este envite.

Según estos estudios, cuando un partidario (en este caso, un votante del PP valenciano) es expuesto a un supuesto delito de cohecho de su presidente, en vez de castigarlo electoralmente lo justificará y activará partes de su cerebro que permitirán una respuesta positiva junto a la defensa del sujeto. Así se demostró en partidarios de Kerry y Bush simulando contradicciones graves en sus discursos, y seguramente sería una respuesta plausible a lo vivido en las últimas elecciones.

El hecho es que el magistrado que instruye la causa contra Camps, Flors, ha observado suficientes indicios racionales que pueden ser constitutivos de un delito de cohecho. Por ello, sentará a Camps otra vez en el banquillo de los acusados al presidente. Eso será el próximo 15 de julio y podremos ver si la moral de los partidarios sigue intacta.

Porque a juzgar por la respuesta del PP en las últimas horas, esta batalla no se dejará hasta tener una sentencia en firme (una sentencia que, por otra parte no lo llevaría a la cárcel, ya que el delito está tipificado con un máximo de 6 meses de prisión y ante la ausencia de antecedentes se vería eximido) o sólo cuando la proximidad de esa sentencia afectase al partido.

Hace unas semanas señalábamos el extraordinario estado de forma de Rajoy respecto a hace un año. Por ello, los movimientos que sigan a esta cuestión serán esenciales para ver si la mantiene o si le afecta el nuevo escenario. En todo caso, pase lo que pase se pondrán otra vez de manifiesto los errores de manual cometidos en la comunicación de esta crisis; para ello os recomiendo este post del compañero Carlos Ruiz. Unos errores de manual que no han afectado a los partidarios, pero que quizás hayan marcado el camino que, hace 35 años, llevó a Nixon a subir por última vez al Marine One.