Una campaña en vídeos: la convención republicana

La primera semana de septiembre confirmó lo que todos sabíamos desde hacía meses: que John McCain seria nominado candidato del partido del elefante para defender un tercer mandato a la Casa Blanca. A continuación, encontraréis los discursos de John McCain, la sorpresa Sarah Palin, Cindy McCain, George Bush, Laura Bush, Joe Liebermann y el vídeo introductorio del senador de Arizona.

Bush y los zapatos. Calcetines con mensaje.

Dicen que los hombres se visten por los pies, un refrán arcaico que denota un cierto machismo (¿recuerdan que lo dijo Rajoy hace poco más de un mes al referirse a la ruptura con UPN?), aunque los pies son una de las partes más denostadas del cuerpo humano. Por mucho que sea una filia sexual para algunos.

Por este motivo, que un periodista iraquí haya atacado al Presidente Bush en su última visita al país que ocupó lanzando darle los zapatos, no es casual. En algunas culturas, este es un gesto de deshonra de los más grandes que se pueden hacer y así se lo ha mostrado el periodista iraquí al presidente de Estados Unidos.

Pero los pies también han sido protagonistas por otros líderes. Esperanza Aguirre nos hizo una muestra cuando se presentó con los calcetines del avión en la rueda de prensa en la sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid. Mucho se ha especulado sobre la intencionalidad o no del gesto, pero es evidente que estos calcetines es convirtieron en el símbolo de la supuesta heroicidad de la Presidenta.

No olvidemos tampoco la vez que, visitando una mezquita en Turquía, Paul Wolfovitz fue cazado por la prensa con dos agujeros en los calcetines. ¿Tenéis en mente el mensaje que enviaba la fotografía? Es que de hecho, uno de los hombres con más poder del mundo, que seguro se viste por los pies, fuera con aquellos calcetines era reseñable. Entre pies y calcetines, nos llega el mensaje.

La lucha por el último de los votos

Hoy publico en La Vanguardia online:

La lucha por el último de los votos
La semana que viene a estas alturas, sabremos ya quién será el 44º Presidente de los Estados Unidos. Se habrá decidido, pues el inquilino del Despacho Oval. El centro de poder más importante del mundo tendrá un nuevo huésped y se encontrará encima de la histórica mesa Resolute (que por cierto, está en pie en el despacho desde 1880 y está hecha con la madera de un navío británico) una difícil crisis financiera y económica a resolver.

Esto se dará con permiso de las máquinas emisoras de voto, los problemas legales y el sentido del voto en algunos estados clave, como Florida, Ohio y Pensilvania. Y será con su permiso porque ya tenemos experiencia de ver como las elecciones presidenciales han tenido como resultado un limbo político que mantuvo el mundo sumido en la más absoluta incertidumbre. ¿Recuerdan el otoño del año 2000? ¿Les suena de algo las papeletas mariposa, los escrutadores dejándose las dioptrías y una presidencia ganada en los tribunales?

Las elecciones dependerán de estos estados clave. Estados que tienen un número importante de votos en el Colegio Electoral y que el sistema mayoritario del país del Tío Sam hace que se pelee por cada voto. Existen dos fases de lucha por el voto: antes y después del escrutinio.

La primera fase la estamos viendo a estas alturas con una lucha acérrima entre la maquinaria de los dos partidos. Cada voto cuenta. Hay que perseguir cada voto. Esta es la consigna. Esto ha llevado a los candidatos a diseñar un fin de campaña muy parecido, concentrado en las mismas zonas y apelando al mismo tipo de votantes. Por ejemplo, en Ohio (estado que dio la victoria a Bush en 2004) la llave del despacho la tendrán los llamados joe sixpack, los hombres de clase media industrial, blancos, la mayoría sin estudios secundarios y que reciben este apelativo por su afición a los paquetes de seis latas de cerveza barata. No es un votante esencialmente demócrata, pero ante las dificultades económicas existe una gran posibilidad que el voto pueda decantarse hacia el senador de Illinois. Precisamente en este tipo de votantes es donde deberemos calibrar muy bien el impacto de la cuestión racial.

En todo caso, la dirección del mensaje de los dos candidatos está clara: a los indecisos. De ellos va a depender el resultado de las elecciones en los estados a los que nos referimos. Las bases ya están convencidas, ahora deben mantener la tensión y asegurarse de que los que les deben votar lo hagan. ¿Les suena esto a aquello que dijo el presidente Zapatero sobre la conveniencia de la tensión para asegurar una elevada participación? Resumiendo, lanzar mensajes a los que no saben qué votar pero que irán a votar, y asegurar que los que saben qué votar, lo hagan.

La segunda fase la veremos a partir de la noche del día 4, cuando legiones de abogados estarán dispuestos a reclamar cada uno de los votos para uno de los dos candidatos. Y es que una presidencia puede depender de un buen puñado de votos. Pero también puede depender de la reacción de los candidatos ante una situación de incertidumbre como la del año 2000. En ese sentido, si llegamos a tal extremo, otra variable que entrará en juego será el tono de los discursos de uno y otro candidato. Si parece que tiramos la toalla, quizá ya la habremos tirado antes de tiempo. Sin olvidar el papel de los medios: hace ocho años la cadena Fox News influyó decididamente en muchos americanos al otorgar la victoria electoral a Bush y no a Gore; aunque en pleno año 2008 donde deberemos concentrar la atención será en Internet, en lo que diga la blogosfera. Un terreno que, por cierto, Obama ha abonado mucho mejor que McCain; anticipándose estratégicamente a un medio que ha sido clave en esta campaña y donde el demócrata se ha manejado como pez en el agua.

La cuenta atrás está en marcha, y el consumo de los días y las horas se siente con más violencia que nunca. El peso de la historia se acerca con apresurado paso hacia los dos candidatos. Y esa sensación de ser testigos de un momento histórico se extiende por muchas partes del globo. No se pierdan la noche electoral del próximo martes, aunque lleguen con ojeras a sus puestos de trabajo el próximo miércoles. No se pierdan un momento como este… siempre y cuando no se tarde más de un mes en llamar alguno de estos estados para uno de los dos candidatos.

El poder de la oratoria

Aunque la nuestra no sea una sociedad demasiado dada a los discursos, el hecho de dirigirse al público puede tener efectos insospechados. Digo que no somos una sociedad demasiado dada a los discursos porque en nuestra vida cotidiana no tienen espacio: cuesta encontrar alguien que diga unas palabras en una cena de cumpleaños. No pensemos encontrarlo en una boda, en una inauguración y mucho menos en un funeral. Nos cuesta hacer discursos, no estamos acostumbrados.

No es extraño, pues, que hoy el país no se haya paralizado por el debate de Política General que comienza este 30 de septiembre en el Parlament de Catalunya, el segundo de José Montilla como 128º Presidente de la Generalitat. Tampoco nos debe extrañar que el comentario más escuchado en los hogares españoles cada verano, cuando el Debate sobre el estado de la Nación toma el Congreso, sea «¿y ahora ponen esto?». No hablamos tampoco de los debates de investidura. O las sesiones semanales en las cámaras.

No nos gustan los discursos. O al menos, no nos gustan estos discursos.

Nuestra historia nos ha dado grandes oradores. Precisamente, tres de los mejores oradores de la historia reciente estaban ayer en el Bages: Jordi Pujol, Miquel Roca y Felipe González. Pero parece que hoy la oratoria no está de moda.

Estoy de acuerdo con Manuel Campo Vidal cuando en su libro afirma que los españoles no saben comunicar: desde pequeños nos han desalentado a mejorar. La escuela y la universidad no son espacios para desarrollar algo tan esencial como la oratoria, las herramientas para expresarse bien en público. Y eso a la larga el país lo nota.

Hago esta reflexión porque ayer algunos analistas atribuían al discurso de Nancy Pelosi, la presidenta demócrata de la Cámara de Representantes norteamericana, la causa de la pérdida de 700 puntos en el Dow Jones y el del crack de 2008.

No creo en absoluto que la presidenta Pelosi haya tenido tal privilegio: el tono duro de su intervención no tiene la culpa de que ayer muchos congresistas (la mayoría republicanos) decidieran poner su escaño por delante de la crisis. Como tampoco se puede atribuir al discurso que el Presidente Bush ha hecho esta mañana el hecho de que el Dow Jones ha abierto con ligeras subidas.

Pero el hecho de que alguien les otorgue tal importancia ya es síntoma de que la oratoria y el poder de un buen discurso son algo a tener en cuenta, y sobre todo, una habilidad que el buen líder debería tener.

Y tú, ¿sabes hablar en público?