Sadam Husein y Bin Laden: dos modos de comunicar su captura

Osama bin Laden y Sadam Husein. Sadam y Bin Laden. Dos figuras clave para entender la primera década del siglo XXI. Dos enemigos de los Estados Unidos sobre los que cayó toda la fuerza del país más poderoso del mundo.

La guerra contra el terrorismo tiene en ellos dos momentos clave. La detención de Sadam en diciembre de 2003 y el asesinato de Osama bin Laden esta misma semana. Con estos dos momentos clave, surge la necesidad de comunicar a los norteamericanos y al mundo lo sucedido.

George W. Bush se dirigió al mundo desde el Cabinet Room (la sala donde se reúne el Gabinete o gobierno de los Estados Unidos), en un discurso corto de casi cuatro minutos. En él, anuncia la detención de Sadam Husein, vivo, y enmarca su detención como un paso más en la lucha contra el terror y en las operaciones en la guerra de Irak. Centra el discurso en la contribución de este hecho para el futuro de la guerra y la seguridad de los Estados Unidos.

Obama, en cambio, lo hace desde el East Room, la sala más grande de la Casa Blanca, reservada a grandes eventos comunicativos. Con un discurso mucho más largo –casi diez minutos- el presidente eleva el tono. No solo anuncia la muerte de Bin Laden, utiliza el discurso para hablar de valores, justificar la ejecución del líder terrorista e intentar cerrar el ciclo de guerra contra el terror iniciado diez años antes. El tono es distinto y la intencionalidad, en cierto modo, también.

No deja de ser necesario constatar los momentos en los que llegan los discursos: ambos durante el año anterior a la reelección presidencial. Diciembre de 2003 en el caso de Bush y mayo de 2011 en caso de Obama. Dos maneras muy parecidas de marcar el tempo de la campaña con un, a ojos de los ciudadanos, gran éxito.

El mensaje está en el fondo

Hazlo. Comunícalo. Escenifícalo. Escríbelo. Compártelo. Esa debería ser la secuencia de la comunicación. Pensar en un proceso global. No vale solo con hacerlo. Ni con decirlo pero no escenificarlo. Debemos hacer lo posible por no dejar que el mensaje se pierda. Estas reflexiones vienen al hilo de la inauguración del AVE Madrid-Valencia y al atril usado para los discursos del rey y del presidente del Gobierno.

En la estación de Valencia se dispuso un atril con una escueta leyenda bajo el escudo de España: “ALTA VELOCIDAD. MADRID-VALENCIA”. A las espaldas de los oradores, una cristalera con vistas a los andenes y la misma leyenda en relieve, casi ininteligible por el translúcido de los cristales. El equipo de comunicación entendió la necesidad de dotar al hecho de un escenario. De escribirlo para que quedara en la mente de los ciudadanos… pero erraron en la forma.

Una tipografía demasiado pequeña, un fondo en el atril poco atractivo y los cristales dejaron sin efecto ese esfuerzo por subrayar lo que se estaba realizando en ese acto. Puede parecer un detalle sin importancia, pero es más clave de lo que pensamos.

Es bueno recalcar lo que se dice y el cómo se dice. El mensaje escrito queda. Por ello, escribir en un panel la idea central de tu discurso es una buena idea. En eso, el equipo de George W. Bush demostró una gran pericia. El ejemplo paradigmático es el anuncio del fin de la guerra de Irak, en un portaviones, con el sello presidencial en el atril y un cartel a su espalda con un claro “Mission acomplished”. Misión cumplida.

Por ello, el equipo encargado de la inauguración no puede decir lo mismo que Bush. Se desaprovechó el atril y el panel de fondo para hacer llegar el mensaje. No vale una descripción, se necesita un mensaje. “Conectando España”, “España, a alta velocidad para el futuro”, “El progreso llega a alta velocidad”… mensajes de ejemplo que tienen calado. Un buen mensaje, con un mayor tamaño y con un fondo adecuado permiten recordar esa estampa, entender qué se está diciendo ahí y llegar a la mente del ciudadano por todos los flancos posibles: por lo que efectivamente dice el presidente en el acto y por el fondo que, de manera sigilosa, te cuenta lo que pasa.

Hace años de este acto sobre el sistema sanitario, durante la presidencia de Bush. Sin ese fondo, hoy no sabríamos de qué se hablo y qué se hizo. Pero no solo encontramos buenos ejemplos del uso del fondo y del escenario para encuadrar un mensaje. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, es uno de los líderes politicos españoles que no duda en recurrir a estos elementos con asiduidad. Un análisis de las fotos de su galería nos da una visión de conjunto de su capacidad para personalizar el atril según el acto o encontrar elementos escénicos para reforzar su imagen. Lo hizo en la recepción a Alberto Contador, el acto de retiro de barracones en un colegio público, la recepción al Atlético de Madrid tras su victoria en la Europa League o en la presentación de los abonos de transporte. Aunque quizás sea la foto que aparece bajo estas líneas, en un acto sobre seguridad, el que une mensaje y fondo como pocos.

El gobierno de la Generalitat de Catalunya, tanto bajo la presidencia de Maragall como de Montilla, ha recurrido con asiduidad a entender el valor del fondo. Sin ir más lejos, la propia firma del Pacto del Tinell que suponía la formación del gobierno de izquierdas, contó con un fondo propio. El mensaje, sin duda, está en el fondo.

Las interferencias del hijo de Aznar

¿Qué le pasaba a Alonso Aznar cuando viajó a Melilla con su padre hace unas semanas? El hijo menor del presidente parecía enfadado. Ensimismado en sus pensamientos. Como quién está a disgusto en un lugar… parecía que ese era un castigo del presidencial progenitor al benjamín de la familia. ¿Lo era? Y lo más importante: ¿por qué estoy reflexionando sobre ello en este blog? Algo ha fallado en el proceso de comunicación. Este post es la prueba.

Lo de Aznar en Melilla fue ampliamente comentado y este artículo no va sobre si el Carter particular de la democracia española –por lo de ex presidente viajero dispuesto a mediar… aunque con un tono opuesto al del de Georgia- debería haber ido o no a Melilla. Pero sí del detalle que supuso observar al fondo de las imágenes de la visita de Aznar a su hijo de brazos cruzados y con el ceño fruncido. Una interferencia en comunicación de las que a menudo ocurren.

Aznar no ha sido el primero ni será el último. Atender a los detalles del fondo de nuestra photo-op es vital. No sólo por lo estético, sino por lo que comunica. Los humanos somos así: cuando tenemos ante nosotros una imagen, un marco, una situación, lo analizamos todo y nos quedamos con los detalles. Y esperamos coherencia. Si un líder se presenta como la energizante alternativa a otro, una serie de bostezos en las personas que aparecen tras ella nos envían un mensaje poco halagüeño. Como Alonso.

De hecho, George W. Bush no dudaba en recalcar el mensaje clave de sus comparecencias más importantes con paneles traseros que repetían una y otra vez ese mensaje. “Mejor sanidad”, “Misión cumplida”, “Asegurando el futuro”. Si quieres que esa sea la idea que el público retenga, explicítala. Aunque el socio de Aznar también sufrió los efectos de espontáneas reacciones de su retaguardia: durante la campaña de reelección un niño que asistía a un mitin del presidente no escatimaba en bostezos… y los medios no dudaron en sacar punta al lápiz.

Obama tampoco se escapa. Había perdido las primarias de New Hampshire pero su discurso fue electrizante. El público en pie, exultante, como si estuviera celebrando una victoria y no la derrota ante Hillary Clinton en el segundo asalto de la carrera por la nominación demócrata. “Yes, we can” dijo Obama. Y Will.i.am, cantante de The Black Eyed Peas, le dio forma en un vídeo que unía música y el que es, quizás, el discurso más famoso del presidente americano. Ya saben que fue un éxito. Pero, ¿repararon que no todas las personas del recinto parecían igual de energizadas?

El joven que está tras Obama, a nuestra izquierda, parece ausente durante todo el discurso. Como si eso no fuera con él. Y dirán ¿Y qué tiene que ver eso con el éxito del discurso? En este caso poco, los medios apenas recabaron en ello, pero cualquier espectador, al verlo, acaba escrutando con la mirada toda la escena y se da cuenta de ello. En ese momento aparece la interferencia en el mensaje. Los humanos somos así, así canalizamos los impactos y así procesamos toda la información. ¿En qué estaría pensando ese chico? No es casual que no aparezca en el video de la canción…

Frank Luntz comenta esta cuestión de todo aquel espectador que tiene ante sí cualquier imagen. Esa necesidad de ocupar un espacio y controlarlo cuando sea posible. Y la verdad, los partidos y los políticos lo hacen. Los asistentes de las filas situadas tras el atril suelen estar bien escogidas: personas que representen el mensaje del candidato. Aunque un bostezo se convierta en noticia.

¿Y qué pasa con las fotos? Pues más de lo mismo. Es habitual observar en la política angolsajona a políticos rodeados de carteles pidiendo el voto. Parece que la candidata Trini se ha aplicado el cuento… Evitar interferencias como ese ceño fruncido de Alonso Aznar.

“O están con nosotros. O están con los terroristas”

El 20 de septiembre de 2001, nueve días más tarde del ataque terrorista a las Torres Gemelas en Nueva York, el presidente Bush se dirigió al Congreso en sesión conjunta. El tejano, que había sido elegido bajo la duda del fraude electoral y que era percibido como un novato sin experiencia en política exterior y defensa, dio el paso adelante que necesitaba su presidencia. En ese discurso marcó la política exterior norteamericana para su mandato. La lucha contra el terror, como pretexto para tantos abusos como luego cometieron, tuvo su puesta de largo en este impresionante discurso de George W. Bush.

“We Are a Country Awakened to Danger and Called to Defend Freedom.”

Mr. Speaker, Mr. President Pro Tempore, members of Congress, and fellow Americans, in the normal course of events, presidents come to this chamber to report on the state of the union. Tonight, no such report is needed; it has already been delivered by the American people.

We have seen it in the courage of passengers who rushed terrorists to save others on the ground. Passengers like an exceptional man named Todd Beamer. And would you please help me welcome his wife, Lisa Beamer, here tonight?

We have seen the state of our union in the endurance of rescuers working past exhaustion.

We’ve seen the unfurling of flags, the lighting of candles, the giving of blood, the saying of prayers in English, Hebrew and Arabic.

We have seen the decency of a loving and giving people who have made the grief of strangers their own.

My fellow citizens, for the last nine days, the entire world has seen for itself the state of our union, and it is strong.

Tonight, we are a country awakened to danger and called to defend freedom. Our grief has turned to anger and anger to resolution. Whether we bring our enemies to justice or bring justice to our enemies, justice will be done.

I thank the Congress for its leadership at such an important time.

All of America was touched on the evening of the tragedy to see Republicans and Democrats joined together on the steps of this Capitol singing “God Bless America.”

And you did more than sing. You acted, by delivering $40 billion to rebuild our communities and meet the needs of our military. Speaker [Dennis] Hastert, Minority Leader [Richard] Gephardt, Majority Leader [Thomas] Daschle and Senator [Trent] Lott, I thank you for your friendship, for your leadership and for your service to our country.

And on behalf of the American people, I thank the world for its outpouring of support.

America will never forget the sounds of our national anthem playing at Buckingham Palace, on the streets of Paris and at Berlin’s Brandenburg Gate.

We will not forget South Korean children gathering to pray outside our embassy in Seoul, or the prayers of sympathy offered at a mosque in Cairo.

We will not forget moments of silence and days of mourning in Australia and Africa and Latin America.

Nor will we forget the citizens of 80 other nations who died with our own. Dozens of Pakistanis, more than 130 Israelis, more than 250 citizens of India, men and women from El Salvador, Iran, Mexico and Japan, and hundreds of British citizens.

America has no truer friend than Great Britain.

Once again, we are joined together in a great cause.

I’m so honored the British prime minister had crossed an ocean to show his unity with America. Thank you for coming, friend.

On September the 11th, enemies of freedom committed an act of war against our country. Americans have known wars, but for the past 136 years they have been wars on foreign soil, except for one Sunday in 1941. Americans have known the casualties of war, but not at the center of a great city on a peaceful morning.

Americans have known surprise attacks, but never before on thousands of civilians.

All of this was brought upon us in a single day, and night fell on a different world, a world where freedom itself is under attack.

Americans have many questions tonight. Americans are asking, “Who attacked our country?”

The evidence we have gathered all points to a collection of loosely affiliated terrorist organizations known as al Qaeda. They are some of the murderers indicted for bombing American embassies in Tanzania and Kenya and responsible for bombing the USS Cole.

Al Qaeda is to terror what the Mafia is to crime. But its goal is not making money, its goal is remaking the world and imposing its radical beliefs on people everywhere.

The terrorists practice a fringe form of Islamic extremism that has been rejected by Muslim scholars and the vast majority of Muslim clerics, a fringe movement that perverts the peaceful teachings of Islam.

The terrorists’ directive commands them to kill Christians and Jews, to kill all Americans and make no distinctions among military and civilians, including women and children.

This group and its leader, a person named Osama bin Laden, are linked to many other organizations in different countries, including the Egyptian Islamic Jihad [and] the Islamic Movement of Uzbekistan.

There are thousands of these terrorists in more than 60 countries.

They are recruited from their own nations and neighborhoods and brought to camps in places like Afghanistan, where they are trained in the tactics of terror. They are sent back to their homes or sent to hide in countries around the world to plot evil and destruction.

The leadership of al Qaeda has great influence in Afghanistan and supports the Taliban regime in controlling most of that country. In Afghanistan we see al Qaeda’s vision for the world. Afghanistan’s people have been brutalized, many are starving and many have fled.

Women are not allowed to attend school. You can be jailed for owning a television. Religion can be practiced only as their leaders dictate. A man can be jailed in Afghanistan if his beard is not long enough.

The United States respects the people of Afghanistan — after all, we are currently its largest source of humanitarian aid — but we condemn the Taliban regime.

It is not only repressing its own people, it is threatening people everywhere by sponsoring and sheltering and supplying terrorists.

By aiding and abetting murder, the Taliban regime is committing murder. And tonight the United States of America makes the following demands on the Taliban:

Deliver to United States authorities all of the leaders of al Qaeda who hide in your land.

Release all foreign nationals, including American citizens, you have unjustly imprisoned. Protect foreign journalists, diplomats and aid workers in your country. Close immediately and permanently every terrorist training camp in Afghanistan. And hand over every terrorist and every person and their support structure to appropriate authorities.

Give the United States full access to terrorist training camps, so we can make sure they are no longer operating.

These demands are not open to negotiation or discussion. The Taliban must act and act immediately. They will hand over the terrorists or they will share in their fate.

I also want to speak tonight directly to Muslims throughout the world. We respect your faith. It’s practiced freely by many millions of Americans and by millions more in countries that America counts as friends. Its teachings are good and peaceful, and those who commit evil in the name of Allah blaspheme the name of Allah.

The terrorists are traitors to their own faith, trying, in effect, to hijack Islam itself.

The enemy of America is not our many Muslim friends. It is not our many Arab friends. Our enemy is a radical network of terrorists and every government that supports them.

Our war on terror begins with al Qaeda, but it does not end there.

It will not end until every terrorist group of global reach has been found, stopped and defeated.

Americans are asking, “Why do they hate us?”

They hate what they see right here in this chamber: a democratically elected government. Their leaders are self-appointed. They hate our freedoms: our freedom of religion, our freedom of speech, our freedom to vote and assemble and disagree with each other.

They want to overthrow existing governments in many Muslim countries such as Egypt, Saudi Arabia and Jordan. They want to drive Israel out of the Middle East. They want to drive Christians and Jews out of vast regions of Asia and Africa.

These terrorists kill not merely to end lives, but to disrupt and end a way of life. With every atrocity, they hope that America grows fearful, retreating from the world and forsaking our friends. They stand against us because we stand in their way.

We’re not deceived by their pretenses to piety. We have seen their kind before. They’re the heirs of all the murderous ideologies of the 20th century. By sacrificing human life to serve their radical visions, by abandoning every value except the will to power, they follow in the path of fascism, Nazism and totalitarianism. And they will follow that path all the way to where it ends in history’s unmarked grave of discarded lies.

Americans are asking, “How will we fight and win this war?”

We will direct every resource at our command — every means of diplomacy, every tool of intelligence, every instrument of law enforcement, every financial influence, and every necessary weapon of war — to the destruction and to the defeat of the global terror network.

Now, this war will not be like the war against Iraq a decade ago, with a decisive liberation of territory and a swift conclusion. It will not look like the air war above Kosovo two years ago, where no ground troops were used and not a single American was lost in combat.

Our response involves far more than instant retaliation and isolated strikes. Americans should not expect one battle, but a lengthy campaign unlike any other we have ever seen. It may include dramatic strikes visible on TV and covert operations secret even in success.

We will starve terrorists of funding, turn them one against another, drive them from place to place until there is no refuge or no rest.

And we will pursue nations that provide aid or safe haven to terrorism. Every nation in every region now has a decision to make: Either you are with us or you are with the terrorists.

From this day forward, any nation that continues to harbor or support terrorism will be regarded by the United States as a hostile regime. Our nation has been put on notice. We’re not immune from attack. We will take defensive measures against terrorism to protect Americans.

Today, dozens of federal departments and agencies, as well as state and local governments, have responsibilities affecting homeland security.

These efforts must be coordinated at the highest level. So tonight, I announce the creation of a Cabinet-level position reporting directly to me, the Office of Homeland Security.

And tonight, I also announce a distinguished American to lead this effort, to strengthen American security: a military veteran, an effective governor, a true patriot, a trusted friend, Pennsylvania’s Tom Ridge.

He will lead, oversee and coordinate a comprehensive national strategy to safeguard our country against terrorism and respond to any attacks that may come.

These measures are essential. The only way to defeat terrorism as a threat to our way of life is to stop it, eliminate it and destroy it where it grows.

Many will be involved in this effort, from FBI agents, to intelligence operatives, to the reservists we have called to active duty. All deserve our thanks, and all have our prayers.

And tonight a few miles from the damaged Pentagon, I have a message for our military: Be ready. I have called the armed forces to alert, and there is a reason.

The hour is coming when America will act, and you will make us proud.

This is not, however, just America’s fight. And what is at stake is not just America’s freedom.

This is the world’s fight. This is civilization’s fight. This is the fight of all who believe in progress and pluralism, tolerance and freedom.

We ask every nation to join us.

We will ask and we will need the help of police forces, intelligence services and banking systems around the world. The United States is grateful that many nations and many international organizations have already responded with sympathy and with support — nations from Latin America to Asia to Africa to Europe to the Islamic world.

Perhaps the NATO charter reflects best the attitude of the world: An attack on one is an attack on all. The civilized world is rallying to America’s side.

They understand that if this terror goes unpunished, their own cities, their own citizens may be next. Terror unanswered can not only bring down buildings, it can threaten the stability of legitimate governments.

And you know what? We’re not going to allow it.

Americans are asking, “What is expected of us?”

I ask you to live your lives and hug your children.

I know many citizens have fears tonight, and I ask you to be calm and resolute, even in the face of a continuing threat.

I ask you to uphold the values of America and remember why so many have come here.

We’re in a fight for our principles, and our first responsibility is to live by them. No one should be singled out for unfair treatment or unkind words because of their ethnic background or religious faith.

I ask you to continue to support the victims of this tragedy with your contributions. Those who want to give can go to a central source of information, libertyunites.org, to find the names of groups providing direct help in New York, Pennsylvania and Virginia.

The thousands of FBI agents who are now at work in this investigation may need your cooperation, and I ask you to give it. I ask for your patience with the delays and inconveniences that may accompany tighter security and for your patience in what will be a long struggle.

I ask [for] your continued participation and confidence in the American economy. Terrorists attacked a symbol of American prosperity; they did not touch its source.

America is successful because of the hard work and creativity and enterprise of our people. These were the true strengths of our economy before September 11th, and they are our strengths today.

And finally, please continue praying for the victims of terror and their families, for those in uniform and for our great country. Prayer has comforted us in sorrow and will help strengthen us for the journey ahead.

Tonight I thank my fellow Americans for what you have already done and for what you will do.

And, ladies and gentlemen of the Congress, I thank you, their representatives, for what you have already done and for what we will do together.

Tonight we face new and sudden national challenges.

We will come together to improve air safety, to dramatically expand the number of air marshals on domestic flights and take new measures to prevent hijacking.

We will come together to promote stability and keep our airlines flying with direct assistance during this emergency.

We will come together to give law enforcement the additional tools it needs to track down terror here at home.

We will come together to strengthen our intelligence capabilities to know the plans of terrorists before they act and to find them before they strike.

We will come together to take active steps that strengthen America’s economy and put our people back to work.

Tonight, we welcome two leaders who embody the extraordinary spirit of all New Yorkers, Governor George Pataki and Mayor Rudolph Giuliani. As a symbol of America’s resolve, my administration will work with Congress and these two leaders to show the world that we will rebuild New York City.

After all that has just passed, all the lives taken and all the possibilities and hopes that died with them, it is natural to wonder if America’s future is one of fear.

Some speak of an age of terror. I know there are struggles ahead and dangers to face. But this country will define our times, not be defined by them.

As long as the United States of America is determined and strong, this will not be an age of terror. This will be an age of liberty here and across the world.

Great harm has been done to us. We have suffered great loss. And in our grief and anger we have found our mission and our moment.

Freedom and fear are at war. The advance of human freedom, the great achievement of our time and the great hope of every time, now depends on us.

Our nation, this generation, will lift the dark threat of violence from our people and our future. We will rally the world to this cause by our efforts, by our courage. We will not tire, we will not falter and we will not fail.

It is my hope that in the months and years ahead life will return almost to normal. We’ll go back to our lives and routines, and that is good.

Even grief recedes with time and grace.

But our resolve must not pass. Each of us will remember what happened that day and to whom it happened. We will remember the moment the news came, where we were and what we were doing.

Some will remember an image of a fire or story or rescue. Some will carry memories of a face and a voice gone forever.

And I will carry this: It is the police shield of a man named George Howard who died at the World Trade Center trying to save others.

It was given to me by his mom, Arlene, as a proud memorial to her son. It is my reminder of lives that ended and a task that does not end.

I will not forget the wound to our country and those who inflicted it. I will not yield, I will not rest, I will not relent in waging this struggle for freedom and security for the American people.

The course of this conflict is not known, yet its outcome is certain. Freedom and fear, justice and cruelty, have always been at war, and we know that God is not neutral between them.

Fellow citizens, we’ll meet violence with patient justice, assured of the rightness of our cause and confident of the victories to come.

In all that lies before us, may God grant us wisdom and may He watch over the United States of America.

Thank you.

Homer Simpson será presidente de Estados Unidos

president-simpsonEn Estados Unidos la política se lleva en el ADN. Gusta, se vive desde la infancia. Si a ello le sumamos ese gusto por el espectáculo, llegamos al propio espectáculo de la democracia, el showbusiness de la política. Las campañas a lo grande, los grandes anuncios electorales, el dominio de la imagen, una política para todos los sentidos. Y casi, para todos los públicos.

Quizás por ello, el mundo del entretenimiento no es ajeno a la política. Desde una gran cantidad de títulos cinematográficos dedicados a los inquilinos de la Casa Blanca a la mítica serie ambientada en la zona de trabajo, el Ala Oeste de la Casa Blanca. Presidentes más o menos convincentes ante las cámaras, pero también de amarillo y en animación.

La familia más famosa de América, The Simpsons, cumple 20 años. Y como buena familia americana, también lleva la política en su ADN, aunque Homer sea el típico ciudadano alejado de ella. Esta serie de éxito, que cuenta con un humor inteligente y unos guiones muy trabajados, llega en buena forma a su aniversario y echando la vista atrás podemos darnos cuenta hasta que punto la política ha sido una parte central del show.

Tras miles de episodios, 12 presidentes han “actuado” para los Simpson. Desde el padre fundador, George Washington, a George W. Bush. Pero además, escenas, frases y discursos célebres de la política norteamericana se han colado casi sin avisar en muchas escenas de la familia amarilla: el bebé Maggie imitó a la niña del famoso spot de L.B. Johnson, Daisy. Y Bart jugó con el spot “Rats” de George W. Bush. O Homer proncundiado la palabra “nuclear” como Eisenhower.

Estas son las 10 mejores escenas presidenciales en The Simpsons:

George Washington
En el marco del bicentenario de la ciudad de Springfield (con fuertes connotaciones al propio aniversario de la nación celebrado años antes), Lisa descubre el terrible secreto de su fundador. En la recreación del mismo, el primer presidente americano forcejea con el hombre que da nombre a la ciudad. Y descubrimos porque a su retrato oficial le falta un pedazo.

George H.W. Bush
El primer presidente Bush se muda a Springfield tras dejar la presidencia. La razón es simple, es la ciudad de América con menos interés por la política. La pareja presidencial se instala delante de la casa de los Simpson e inicia una tensa relación vecinal con Homer. Con guiños a “Daniel el Travieso”, Bart juega también un gran papel.

John Fritzgerald Kennedy
El abuelo Simpson descubre durante la Segunda Guerra Mundial que JFK es, en realidad, un nazi. ¿Por qué? En un bote de guerra recita las famosas palabras “ich bin ein berliner” y Abe Simpson ordena la carga contra él.

Richard Nixon
Durante un capítulo de Halloween, Homer vende su alma al diablo por una rosquilla. La familia exige un juicio justo, formado por un terrorífico jurado de asesinos y seres diabólicos. Incluido Richard Nixon.

Thomas Jefferson
Airado por ser un segundo plato en los memorials de Washington, el presidente Jefferson se niega a dar consejo a Lisa cuando sufre una falta de fe en la democracia al descubrir un caso de soborno a un congresista.

Abraham Lincoln
Aunque aparece alguna escena, la más famosa es un gran homenaje. Cuando Lisa llega a presidenta de los Estados Unidos en un salto al futuro, Homer y Marge se instalan en la Casa Blanca. Homer se pasará todo el capítulo buscando el oro de Lincoln que acabará siendo un verso.

Jimmy Carter
Los Simpson ayudan al expresidente en su fundación construyendo casas para los más desfavorecidos.

Gerald Ford
En el mismo capítulo de la tensión vecinal con Bush, Ford acaba instalándose en la misma casa y congenia rápidamente con Homer: futbol y cervezas son la clave.

Ronald Reagan
El actor tuvo su momento en los Simpsons al ser invitado a la fiesta de cumpleaños del pérfido republicano local: el señor Burns.

Bill Clinton
Quizás uno de los presidentes que más veces ha visitado a los Simpson. Homer contestó la llamada que hizo a los vencedores de la Superbowl, intentó seducir a Marge en varias ocasiones y visitó a la pequeña Lisa.

Y queda reseñar la aparición de dos presidentes más (Franklin D. Roosevelt y Andrew Jackson) y la mención expresa a Obama: Homer intentó votar por él pero lo hizo por McCain.

Así que quizás por ello, los productores de los Simpsons no dejan de hacer gestiones para conseguir que Obama sea el primer presidente que presta su voz para un capítulo. A ver si lo consiguen. Y que lo podamos ver durante muchos años más con esta excéntrica familia. Y si no es posible, quién sabe, quizás Homer llegue a Presidente…

¿Y si violaran a tu mujer?

“Y la siguiente pregunta es para el señor Rajoy. Señor Rajoy, si su hijo dejara embarazada a su novia con 16 años, ¿aceptaría que ella abortara?”

Imaginemos que en un debate electoral en 2012 el moderador o moderadora preguntara a bocajarro esta pregunta a Mariano Rajoy. Aunque sus posturas lo hayan sido a lo largo de la legislatura, incluso a lo largo de su vida, si no consigue articular una respuesta emocional, sincera, que pudiese hacer cualquier padre o madre.

Aunque quizás, tal y como se plantean los debates electorales en nuestro país, esta pregunta podría aparecer en “Tengo una pregunta para usted”. En este programa ya vimos algo parecido a esa incapacidad de conectar en algunas de las preguntas más complejas… Pero siempre es un riesgo enfrentarse a preguntas tan directas.

Quizás el ejemplo más claro es el de Michael Dukakis, el candidato demócrata que perdió las elecciones ante George Bush en 1988. Dukakis era gobernados de Massachussets y había defendido siempre una postura muy concreta ante la pena de muerte. Contrario a la pena capital, su campaña electoral se vio empañada por un ataque de Bush con el famoso vídeo sobre la historia de Willie Horton, un oscuro episodio de su etapa como gobernador. Willie Horton, un convicto afroamericano por asesinato, gozó de un permiso penitenciario en el que violó y atacó a una pareja. El video, mostraba la que llamaron “política de Dukakis sobre el crimen”.

Así, en el debate presidencial, con el crimen sobre la mesa, el moderador preguntó:

“Governor, if Kitty Dukakis [su mujer] were raped and murdered, would you favor an irrevocable death penalty for the killer?”

Dukakis respondió:

“No, I don’t, Bernard. And I think you know that I’ve opposed the death penalty during all of my life. I don’t see any evidence that it’s deterrent and I think there are better and more effective ways to deal with violent crime”

A partir de ahí, Dukakis desplegó una respuesta pormenorizada de sus razones, con una ausencia total de apelaciones emocionales. Para muchos americanos, la falta de emoción en algo que estremece a cualquiera fue suficiente para retirarle el apoyo. Las encuestas mostraron como su apoyo bajo del 49% al 42%. Había empezado las elecciones con 20 puntos de ventaja sobre Bush.

A veces una sola respuesta puede hacer tambalear toda una carrera política. Dicen que Ted Kennedy no llegó a presidente –entre otras cosas- porque no supo responder a la pregunta de por qué quería ser presidente.

Quizás por ello, los políticos tienen tanto miedo a ser preguntados. Pero a veces, hablar desde el corazón puede ser la mejor respuesta.

La política del miedo en 30 segundos

Uno de los estados emocionales que una estrategia política puede generar de forma consciente es el miedo, ya que las reacciones que genera son tremendamente poderosas a la hora de mover al electorado a la acción.

No podemos buscar racionalidad en ello, es una estrategia dirigida a las emociones y como tal, si funciona, no nos permitirá discernir entre la objetividad o no de los datos. Cuando algo se analiza desde la emoción, difícilmente podremos apelar a esa capacidad de raciocinio que, en frío, se tornará una revelación.

La sensación de miedo nos predispone a buscar la solución más contundente a los problemas planteados en pro de nuestro propia supervivencia o de mantener nuestro status quo. Plantear disyuntivas bajo el prisma del miedo nos llevará a tomar decisiones que, en otras situaciones, consideraríamos drásticas.

No hay modo de expresar mejor esa intencionalidad de hacer del miedo una baza política que los spots electorales. Generar una emoción en menos de 30 segundos, como un ataque fulminante a nuestra amígdala que nos pondrá en tensión. Anuncios que harán uso de la música –in crescendo, gritos, alarmas, graves…-, el color –tonos oscuros, poca luz-, el movimiento de la imagen y la metáfora como gran expresión.

Estos son algunos ejemplos de los mejores anuncios de la política del miedo.

Daisy

Un clásico de la campaña electoral de Johnson en 1964. Sólo se emitió una vez, pero las cadenas de noticias se encargaron de repetirlo una y otra vez. En él, una niña inocente deshoja una margarita tras lo cual empieza una cuenta atrás que lleva a una explosión nuclear. La frase final del presidente es demoledora: “These are the stakes! To make a world in which all of God’s children can live, or to go into the dark. We must either love each other, or we must die.” La amenaza nuclear, pero sobretodo la amenaza extremista de un candidato republicano que se enorgullecía de ello… Tras la crisis de los mísiles de Cuba el contexto no estaba para andarse con chiquitas…

The Bear

Los últimos años de la Guerra Fría estuvieron marcados por la llamada “Guerra de las Galaxias”. En ella, el delirio norteamericano de un rearme soviético –completamente infundando para llevar a la URSS a la bancarrota- es el contexto para este anuncio de Reagan. Si hay un oso ahí fuera, ¿es mejor estar preparado para batirlo si ataca, o no? Sencillo, fácilmente comprensible, sin decir ni una palabra sobre política exterior o defensa. Una obra maestra.

Los lobos de Bush

Muy inspirado en el anuncio del oso, el presidente George W. Bush planteó así la cuestión de la seguridad nacional tras Irak y los ataques del 11S. Vivimos en un mundo de lobos y debemos estar preparados.

Las 3 de la mañana

Hillary, pese a no tener experiencia en ningún cargo político, atacó a Obama de este modo durante las primarias. Si suena el teléfono de la Casa Blanca a las 3 de la mañana, ¿quién prefieres que maneje la situación? El uso de una imagen familiar, una cama con niños, es el elemento que decanta la balanza.

El dóberman del PSOE

Aunque es más largo y quizás menos sofisticado que los americanos, es nuestro gran anuncio de la política del miedo. La campaña de las generales de 1996 llevó al PSOE a poner toda la carne en el asador para contrarrestar el desgaste político tras años de crisis económica, paro y corrupción. El mensaje era contraponer la visión de dos Españas, la positiva del PSOE y la negativa del PP. El anuncio causó un revuelo enorme en la España de 1996 y se llegó a acusar al PSOE de usar publicidad subliminal… aunque en realidad de subliminal no tiene nada…

El vídeo biográfico

Mañana se celebrará el primer aniversario de la aceptación de la nominación de Barack Obama como candidato del Partido Demócrata para las elecciones de 2008. De hecho, es tradición en las convenciones (demócrata y republicana) que el nominado aparezca en el escenario tras una presentación en un vídeo biográfico.

Es un momento importante. Especialmente en aquellas elecciones que el candidato, pese a ser conocido, hasta el momento ha sido expuesto a los propios, a los seguidores. No era el caso de Obama, desde luego, pero es necesario marcar ese momento en que el candidato se presenta a todos los ciudadanos y ciudadanas.

Os dejo con el de Obama:

El de McCain:

Con el de Bush en 2004:

Obama regala gestos por su cumpleaños

El cumpleaños de Obama nos dio una imagen que quiero compartir con vosotros. Me ha parecido todo un gesto del presidente (gesto, que nos evoca a la comunicación no verbal) con una pionera del periodismo como Helen Thomas.

El azar quiso que el presidente Obama y la periodista más veterana de la Casa Blanca nacieran el mismo día. Evidentemente, no del mismo año, Helen Thomas cumplió ayer 89 años y Obama se quedó en los 48. El presidente entró por sorpresa en la sala de prensa (no es la primera vez que lo hace) con pastel en mano y vela encendida y rindió homenaje a uno de los mitos del periodismo americano.

Las imágenes destilan ternura y nos dan un gesto curioso: el día del cumpleaños del presidente más mediático de los últimos tiempos, éste decide ceder el protagonismo a una anciana periodista. Como el nieto que toda abuela quisiera tener y que refuerza aún más todos los inputs emocionales que nos dio su historia personal con la abuela que murió días antes de su victoria.

Pero el gesto de ayer es más trascendente de lo que parece. Fue el reconocimiento casi trivial, aparentemente improvisado (aunque de improvisación, poca) de la Casa Blanca a una de las personas que más han trabajado en ella.

Esta periodista fue la primera mujer en ser corresponsal en la Casa Blanca y también fue la primera en ingresar en numerosas asociaciones, la única mujer periodista que viajó con Nixon en el histórico encuentro en China, etc.

Thomas es un referente para el periodismo y la política norteamericanos. Ha visto pasar a 10 presidentes por la Casa Blanca y ha sido un referente para tantos profesionales. Además, ha llegado a las pantallas de medio mundo porque siempre aparecía en la primera fila de la sala de prensa más famosa del mundo.

Bueno, no siempre. En la presidencia de George W. Bush, descrito por ella como “el peor presidente de la historia de Estados Unidos”, fue relegada a la última fila y, al dejar de trabajar para una agencia, perdió el “derecho” de preguntar siempre en primer lugar. Siempre terminaba las ruedas de prensa con su famoso “gracias, señor presidente”, hasta que dejó de hacerlo con Bush.

Thomas vuelve a estar en la primera fila y ayer fue la protagonista de la photo-op del día. No hubieron ni Marilyn (quizás hoy sería Scarlett Johanson volviendo a cantar para Obama) con “Happy Birthday Mr. President” ni pasteles gigantes para el presidente, aunque Domino’s, sí, la pizzeria de los mocos, regaló pasteles gratis por la onomástica presidencial. Hubo una sencilla tarta en un plato, un sentido abrazo y una franca sonrisa.

Mr. Obama goes to Washington

Hoy publico el siguiente artículo en La Vanguardia:

 

Quizás alguna edición de periódico en algún lugar del mundo tituló a inicios de esta semana con “Mr. Smith goes to Washington”, el título de la famosa película de Frank Capra, la llegada del presidente-electo de los Estados Unidos a su capital federal. Podríamos relatar ese momento con un tono épico, como el que sabía utilizar Federico Trillo al hablar de la reconquista del islote Perejil, pero pese a llegar en un avión de la Air Force igual que los que utiliza el presidente, no se trataba de ninguna operación de rescate para darle ese tono.

Lo que sí supone la llegada de Obama a Washington es un momento histórico, como todos los pequeños hitos que estamos viviendo desde el pasado 4 de noviembre. La toma de posesión se acerca y poco a poco se intensifica esta carga simbólica-histórica que rodea al presidente-electo. Hablemos un poco de este período. Soy consciente de la dificultad en comprender un proceso de transición de poder tan largo: en nuestro sistema político vemos como, en cuanto hay una mayoría parlamentaria que sustente al presidente (ya sea del gobierno español o de cualquier comunidad autónoma) éste se somete a una votación de investidura que lo convertirá en jefe del ejecutivo. Jurará o prometerá su cargo y formará su gobierno. Hay casos y casos, pero no nos situamos en los casi dos meses y medio de período entre administraciones que se da en el país del Tío Sam.

¿Por qué se produce este período tan extenso? Hay razones históricas y políticas. El sistema diseñado por los padres fundadores tenía poco espacio a la improvisación y todas las decisiones tenían una razón de ser. La más imperiosa, sin duda, se refiere a la necesidad de cambiar completamente la Administración, o sea, del nombramiento de más de 2.000 cargos durante este tiempo. Algunos cargos son de aprobación directa del presidente, pero otros deben ser ratificados por el Senado. Esta es otra muestra de la voluntad de tener poderes separados y que se controlen entre sí por parte de los fundadores. Es una cuestión operativa: no es fácil borrar del día a la mañana a 2.000 cargos gubernamentales.

Más allá de las razones políticas también existen razones históricas. Hasta 1937, la investidura tenía lugar el 4 de marzo siguiente a las elecciones. Este excepcional período de tiempo respondía a lo que podían tardar los miembros del colegio electoral en emitir sus votos presidenciales y desplazarse por el país. Afortunadamente, la revolución en los medios de transporte ha dejado ya en una mera consideración de operativa política el extenso período.

Durante estos dos meses y medio, el papel del presidente-electo no es fácil, como tampoco lo es el del presidente saliente. Estos meses sirven para que el primero forme su ejecutivo, presente a sus miembros y dé pistas sobre sus acciones futuras, tal y como hemos visto hacer a Obama desde su victoria electoral. El segundo, suele usar este tiempo para pasar leyes más impopulares o incómodas. Seguramente Bush, como otros presidentes, haga uso de su poder de indulto antes de abandonar el Despacho Oval y utilice las últimas bocanadas de aire de su presidencia para pensar en aprobar otras medidas impopulares: ahora ya no necesita una reelección.

La política y la economía mundial se resienten de esta situación. El hecho que la persona al mando de la mayor potencia del mundo tenga ya una fecha de caducidad, merma su poder e influencia, tal y como estamos viendo en la crisis de Gaza. Tampoco hay muchas esperanzas que Estados Unidos ejerza una presión tal contra Israel para que considere sus ataques. Tampoco ocurriría con Obama en el Despacho Oval, pero sin duda la indefinición del momento es más palpable que nunca.

La Transición también tiene efectos en la confianza de los inversores y consumidores. Aunque el contexto está más enrarecido que nunca, es probable que reciban a Obama con un aumento en la confianza del sistema, pues se espera de él -y no porque sea mejor que otros, sino porque será la persona al mando- que dé los primeros pasos hacia la recuperación.

Para bien o para mal, la toma de posesión se acerca de manera imperiosa. Los preparativos que ya estaban en marcha en noviembre, con una vista del Capitolio llena de andamios y maderas, así como el ala norte de la Casa Blanca, están llegando a su fin. Las entradas para el juramento de Obama están agotadas y los bailes presidenciales se ultiman. The Blair House, la casa de invitados de la Casa Blanca, aún no ha sido cedida a los Obama por parte del presidente Bush, un retraso que tiene mucho de político. Así que los Obama vivirán en el famoso hotel Hay Adams como residencia. Este hotel está situado en la calle 16 y sólo un parque lo separa de la residencia presidencial. El edificio que, dicen, alberga un fantasma, es el lugar usado por la prensa internacional para dar sus crónicas desde la capital americana. Seguramente se habrán fijado en muchas ocasiones que tras el periodista aparece la Casa Blanca y el monumento a Washington en una perspectiva impresionante. Pues bien, está tomada desde el hotel que hoy aloja a Obama.

En Estados Unidos todo lo relacionado con la presidencia tiene un aire a ritual que maravilla. Estamos a pocas semanas de experimentar uno de sus momentos clímax, la toma de posesión. La semana que viene les daré más detalles de esta ceremonia que guarda el espíritu de la tradición, la solemnidad y el poder político de la carga que tiene un discurso inaugural.