Nombre propio #7: Dilma Rousseff

Cristina Kirchner, Michele Bachelet… América Latina ha estrenado el siglo XXI con mujeres en los más altos cargos en varios países. Este 2010 Brasil ha visto como elegía a una mujer presidente por primera vez en su historia. Dilma Roussef entraba en la historia como la primera presidenta electa del país el pasado 31 de octubre tras imponerse en segunda vuelta.

Roussef es la heredera natural de Lula, un icono sin el que no se podrá entender la primera década de siglo en Brasil y el gran impulsor de reformas importantes y con éxitos notables. Es imprescindible el artículo de análisis de Olga Cuenca en El País el pasado mes de noviembre.

La misma Cuenca apunta, a propósito de Roussef, que “ella no sólo es la depositaria del legado de Lula, sino que recoge el testigo para seguir ahondando en el progreso, en la democracia y en la consecución de los derechos civiles.”

Roussef tiene ante sí el reto de gobernar un país en expansión. Un país que quiere ser más y mejor. A las dificultades intrínsecas a lo arduo de la tarea, se le suma la sombra de Lula, que si bien ha sido decisivo para su victoria, quizás pueda serlo también para su éxito o fracaso como presidenta. En enero de 2011, asumirá el cargo.

Brasil lleva el debate electoral a la Red

No es país para debates. Por mucho que se empeñen algunos, España no es un país dado a los debates. Nuestra historia democrática nos muestra los cuatro debates en las elecciones generales como una anécdota más que una norma. Así, no es de extrañar que en algo que sí se han puesto de acuerdo los dos grandes partidos es, precisamente, en no regular este punto. Seguiremos a merced de la voluntad de los candidatos. Mejor, de las necesidades de la estrategia de cada partido.

Así, mientras España sigue sin dotarse de un consejo que los organice, de un acuerdo mayoritario para promoverlos; observamos con atención –y por qué no, cierta envidia- de experiencias en otros países que hacen del debate electoral una oportunidad de oro para conocer cómo razonan, cómo reaccionan, qué piensan y qué proponen los líderes políticos.

Y en ese nuevo mapa de los debates electorales, Internet es ya una parte destacada del nuevo escenario. Si los debates son básicos en una democracia, que éstos recurran a la Red para hacerlos más abiertos es una excelente noticia. Lo vimos en Estados Unidos durante la campaña presidencial, pero la última experiencia en Brasil es, sencillamente, impresionante.

Si durante la campaña en Estados Unidos YouTube facilitó a muchos ciudadanos poner preguntas sobre la mesa, el reciente debate en la Red entre los candidatos a suceder a Lula da Silva llegó a registrar más de un millón de conexiones, sin tener en cuenta el ruido generado en otros espacios. Y la cosa tiene su miga, porque el mercado potencial de seguidores en Brasil alcanza los 66 millones de usuarios.

El debate se retransmitió en directo por la Red –algo parecido a lo que el viceprimer ministro británico hizo esta semana- durante una hora y media, y pudo seguirse en la página de Folha –el medio organizador-, Twitter y Facebook. Tuvo seis bloques diferenciados. Al final del acto, varios usuarios pudieron poner sus preguntas en el centro del debate. Y los comentarios de periodistas enriquecieron el análisis.

La experiencia no es simple y tiene un punto interesante. No ya por lo novedoso que resulta que, algo tan importante como un debate electoral en unas elecciones trascendentales, se dé en un medio que no es el tradicional; sino también por la posibilidad que ese debate se haga más rico, más plural y más prolongado en el tiempo gracias a la propia conversación.

Cada vez son más este tipo de experiencias, la capacidad de agolpar nuevas audiencias en la Red y hacer que esas mismas personas puedan participar, no ya con las preguntas a los candidatos, sino en los debates paralelos que aumentan el impacto deseado. Pero sobretodo, aumentan la participación ciudadana en los asuntos públicos.

¿Llegaremos a debates similares en las próximas contiendas electorales en casa?

Nombre propio #2: Lula da Silva

La historia del presidente brasileño es un relato de superación y aspiración. El mismo relato que tiene hoy Brasil, uno de los países más dinámicos de América Latina que está marcando su senda de crecimiento y progreso. Y además, se está encaminando con paso decisivo a ser una de las potencias económicas mundiales.

2009 ha sido un año dulce para Brasil. Y para Lula. Si cuando el presidente llegaba al poder en 2003 afirmaba “E eu, que durante tantas vezes fui acusado de não ter um diploma superior, ganho o meu primeiro diploma, o diploma de presidente da República do meu país.”, ese año su país ha ganado uno de los grandes diplomas mundiales: organizar los Juegos Olímpicos de 2016.

Es muy destacable observar como una persona humilde como Lula consiguió enmudecer al mundo entero con su defensa de la candidatura de Río de Janeiro, demostrando que la gestión de las emociones es clave en comunicación, es necesario para persuadir y es algo casi obligatorio para convencer.

Lula tiene por delante los dos últimos años de su mandato. Dos años para hacer real su misión: “Si al final de mi mandato los brasileños pueden desayunar, almorzar y cenar cada día, entonces habré realizado la misión de mi vida”.

La pasión pudo con la corazonada

El carro de Platón se quedó ayer en la cuneta. Para el filósofo nuestra mente es como un carruaje tirado por dos caballos –la emoción- y guiado por la razón. Si los dos caballos no se ponen de acuerdo, la razón es la responsable de sacar el látigo y devolver el carruaje a su senda. Pero ayer –de hecho, como siempre- la razón no pudo controlarlo y se quedó en el camino.

La sesión del CIO mostró, una vez más, que el aspecto emocional ocupa un lugar preeminente en la toma de decisiones. Sólo así puede entenderse el hecho que la mejor candidatura, Madrid, no se llevará los Juegos. En frío, la capital española presentaba la mejor apuesta: el 70% de las instalaciones construidas, un sólido apoyo gubernamental y popular, una apuesta segura para el movimiento olímpico. Pero fue el fondo emocional de Río de Janeiro lo que se llevó el gato al agua.

La corazonada de Madrid funcionó: hoy Madrid es una ciudad más cohesionada que nunca, con un mayor orgullo de ser madrileños y con un proyecto que ha unido durante los últimos 8 años a la ciudad por un objetivo común. Pero al parecer, esa corazonada no logró penetrar en los corazones del centenar de miembros del CIO que debían tomar la decisión.

No sólo la apuesta de Madrid era perfecta, su presentación fue impecable. Y el apoyo de Samaranch impagable. Pero nadie pudo hacer frente a un relato ganador como el que presentó Lula, un hombre enamorado de su tierra, emocionado con su proyecto y comprometido con reparar injusticias.

Precisamente por su relato personal, un presidente de éxito que ha obrado un auténtico milagro en Brasil, podía apelar y defender como nadie la reparación de una injusticia histórica: llevar los Juegos allí donde nunca se habían celebrado. Sólo él, por su historia personal, podía pedir a los miembros del organismo olímpico que enmendaran su omisión.

Lula habló desde el corazón como nadie. Todo él fue emoción. Sus ojos vidriosos, su voz quebrada. Emanaba pasión, deseo y compromiso como nadie. Da igual si no tienen la mejor candidatura técnica. Da igual si no tienen tantas instalaciones, hoteles o infraestructuras: el corazón de Lula dejó en el banquillo a la razón que lleva las riendas del carro.

El presidente brasileño dio lo mejor de sí, pero Río no ganó sólo por él: se lo merecía. El presidente supo transmitir los deseos y la voluntad de todo un pueblo y supo poner valor a la apuesta del comité organizador. Una candidatura así no la ganan los políticos, la ganan las emociones, la sensaciones y lo que comunican sus deseos. “Somos un pueblo apasionado por el deporte, apasionado por la vida”, no sólo él: todo un pueblo.

¿Alguien duda aún que la emoción debe ser denostada?

Revista de prensa (19/10)

Entre mariposas, mosca, abejas, dolor de garganta y el espectáculo del Pirineo ante mis ojos, os recomiendo algunos artículos de la prensa de este domingo:

Soledad Gallego-Díaz nos relata que el continente más machista tiene dos presidentas y podría tener tres si Lula decide optar por Rousseff como sustituta a la presidencia del Brasil. Hoy, en El País.

ABC nos hablra de la imitadora más famosa de la candidata a vicepresidenta del partido Republicano, Sarah Palin, la humorista Tina Fey, que ha hecho del Saturday Night Show uno de los puntales de esta campaña con unas imitaciones perfectas de la governadora de Alaska.

En el Washington Post encontramos un artículo reflexionando sobre la difícil transición que tendrá cualquiera de los dos candidatos.