Ich bin ein Berliner

El 26 de junio de 1963 el mundo estaba dividido en dos polos. Dos potencias antagónicas que se encontraban en uno de los momentos más álgidos de su larga Guerra Fría. El presidente norteamericano John Fritzgerald Kennedy viajó a Berlín para defender al sector occidental y dirigió uno de sus discursos más famosos.

Con motivo del 20 aniversario de la caída del Muro, publiqué en La Vanguardia este artículo que se refería en estos términos al discurso de JFK: “Un precioso canto a la libertad que inició una constante en la línea política y discursiva norteamericana: cualquier persona que se sienta libre, es un berlinés. La capital alemana como expresión de la libertad y sus sacrificios.

En esa misma alocución ante el ayuntamiento de la parte occidental berlinesa, el presidente tomó el pulso a la retórica bipolar sobre qué sistema merecía tener el apelativo de ser el mejor. Para él, la democracia no era perfecta pero, tal y como señaló con enérgica voz, “nunca hemos debido construir un muro para mantener a la gente dentro”.

Kennedy invitó al mundo a ir a Berlín para conocer las diferencias entre los dos mundos, “let them come to Berlin”. Para observar el espacio de libertad ante el de la tiranía, “Dejad que vengan a Berlín”. Todos los hombres son ciudadanos de Berlín, dijo. Él mismo era un berlinés. Años más tarde, Reagan llegó a una conclusión similar: cada hombre es un berlinés. Cada ser humano puede sentirse separado del resto de los hombres ante una Puerta de Brandenburgo cerrada y vallada.”

48 años después, recordamos hoy este histórico discurso. Y recuerda, si este verano viajas a Berlín, cuando llegues a la Puerta de Brandenburgo cierra los ojos e intenta recordar las palabras de JFK.

Two thousand years ago the proudest boast was “civis Romanus sum.” Today, in the world of freedom, the proudest boast is “Ich bin ein Berliner.”

I am proud to come to this city as the guest of your distinguished Mayor, who has symbolized throughout the world the fighting spirit of West Berlin. And I am proud to visit the Federal Republic with your distinguished Chancellor who for so many years has committed Germany to democracy and freedom and progress, and to come here in the company of my fellow American, General Clay, who has been in this city during its great moments of crisis and will come again if ever needed.

Two thousand years ago the proudest boast was “civis Romanus sum.” Today, in the world of freedom, the proudest boast is “Ich bin ein Berliner.”

I appreciate my interpreter translating my German!

There are many people in the world who really don’t understand, or say they don’t, what is the great issue between the free world and the Communist world. Let them come to Berlin. There are some who say that communism is the wave of the future. Let them come to Berlin. And there are some who say in Europe and elsewhere we can work with the Communists. Let them come to Berlin. And there are even a few who say that it is true that communism is an evil system, but it permits us to make economic progress. Lass’ sic nach Berlin kommen. Let them come to Berlin.

Freedom has many difficulties and democracy is not perfect, but we have never had to put a wall up to keep our people in, to prevent them from leaving us. I want to say, on behalf of my countrymen, who live many miles away on the other side of the Atlantic, who are far distant from you, that they take the greatest pride that they have been able to share with you, even from a distance, the story of the last 18 years. I know of no town, no city, that has been besieged for 18 years that still lives with the vitality and the force, and the hope and the determination of the city of West Berlin. While the wall is the most obvious and vivid demonstration of the failures of. the Communist system, for all the world to see, we take no satisfaction in it, for it is, as your Mayor has said, an offense not only against history but an offense against humanity, separating families, dividing husbands and wives and brothers and sisters, and dividing a people who wish to be joined together.

Freedom is indivisible, and when one man is enslaved, all are not free.

What is true of this city is true of Germany—real, lasting peace in Europe can never be assured as long as one German out of four is denied the elementary right of free men, and that is to make a free choice. In 18 years of peace and good faith, this generation of Germans has earned the right to be free, including the right to unite their families and their nation in lasting peace, with good will to all people. You live in a defended island of freedom, but your life is part of the main. So let me ask you, as I close, to lift your eyes beyond the dangers of today, to the hopes of tomorrow, beyond the freedom merely of this city of Berlin, or your country of Germany, to the advance of freedom everywhere, beyond the wall to the day of peace with justice, beyond yourselves and ourselves to all mankind.

Freedom is indivisible, and when one man is enslaved, all are not free. When all are free, then we can look forward to that day when this city will be joined as one and this country and this great Continent of Europe in a peaceful and hopeful globe. When that day finally comes, as it will, the people of West Berlin can take sober satisfaction in the fact that they were in the front lines for almost two decades.

All free men, wherever they may live, are citizens of Berlin, and, therefore, as a free man, I take pride in the words “Ich bin ein Berliner!”

Un muro que se hizo souvenir

No puedo empezar este post evocando lo que hacía ese 9 de noviembre de 1989 porque mi memoria no alcanza para tanto. De esa época, sólo guardo en los pliegos de mi cerebro algunas imágenes aisladas de un abuelo ejecutado –que años más tarde comprendí que era Ceaucescu, el tirano rumano-, unos señores rompiendo una pared pintada y muchos fuegos artificiales. En esa época, con poco más de cinco años de edad, creía que el golpe de Estado que sufrió Gorbachov fue el causante de su mancha en la frente…

Yo formo parte de esa generación de europeos que ha consumido el relato de la caída del Muro de Berlín. Porque su caída –o su derrumbe o como se le quiera llamar- tiene todos los elementos para ser un gran relato, un gran transmisor de valores para toda una generación de europeos. Una historia emocionante de superación y de defensa de la libertad.

Es una gran historia europea. Del conflicto a la pacificación, de las heridas profundas a sanarlas –quizás tarde- pero superarlas al fin y al cabo. Esa idea de que en Europa hoy es posible un espacio de paz y libertad sin precedentes. Este aniversario debe servirnos para reflexionar sobre ello y defender este relato que, al final, tuvo un final feliz.

En el otro lado de la balanza están los años de división, sufrimiento y desolación. Las historias de las familias separadas y los cadáveres que el muro dejó a ambos lados. Para ello, la visita al museo que se encuentra en el antiguo Checkpoint Charlie es extremadamente enriquecedora e ilustrativa. Y sobretodo, el testimonio más fiel de un mundo dividido por un telón de acero que había empezado a desmoronarse años antes de ese día del otoño berlinés, pero que aceleró su desplome al paso de los berlineses de ambos lados por los pasos fronterizos.

Esta historia europea tiene también su historia de comunicación. O de como a veces un procedimiento establecido no tiene otra alternativa que no aplicarse. No quiero abundar sobre la historia de ese momento, para ello hoy prácticamente todos los medios dedican grandes espacios a esta efeméride, pero me parece especialmente llamativo el modo en que la frontera cedió y se abrió de par en par.

Ese día de noviembre, el gobierno de la RDA anunció el cambio en la política de viajes al exterior, que fue el tema que derivó de forma inmediata en la caída del muro. Esa política, que entraba en vigor a las 4am del 10 de noviembre, fue anunciada en una rueda de prensa por Günter Schabowski que fue retransmitida en directo por la televisión de la RDA. Todas las restricciones de circulación habían sido eliminadas:

“Los viajes privados al extranjero se pueden autorizar sin la presentación de un justificante — motivo de viaje o lugar de residencia. Las autorizaciones serán emitidas sin demora. Se ha difundido una circular a este respecto. Los departamentos de la Policía Popular responsables de los visados y del registro del domicilio han sido instruidos para autorizar sin retraso los permisos permanentes de viaje, sin que las condiciones actualmente en vigor deban cumplirse. Los viajes de duración permanente pueden hacerse en todo puesto fronterizo con la RFA.”

Aunque el proyecto aún estaba a esas horas pendiente del análisis del Comité Central, a las 18:57 terminó la rueda de prensa en la que un periodista italiano pregunto sobre el momento en que entraría en vigor esa trascendental decisión. Schabowski consultó sus notas y afirmó que lo había hecho de forma inmediata.

Desde ese momento, los berlineses se agolparon a lado y lado del muro. Los policías aún no habían recibido instrucción alguna, pues la medida entraría en vigor al día siguiente y, de hecho la decisión del Consejo de Ministros aún no era definitiva.

Pero el anuncio por un medio como la televisión, en directo, desplegó tal expectación que las fronteras se abrieron de par en par –a las 23 horas de esa noche se abría el primer puesto fronterizo- y los ciudadanos, sin el miedo a ser tiroteados, empezaron a derrumbar ese muro con todo lo que tenían a mano.

La apertura de las fronteras cerró una oscura etapa de la historia europea al mismo tiempo que caía el muro. Inauguraba una etapa distinta, para un mundo distinto. Un mundo en que el muro pasó a ser el símbolo de la división, el miedo y la falta de libertad a ser el baluarte de los aires del cambio. Un nuevo mundo en que ese muro pasaría a ser un souvenir que hoy está repartido por el mundo. Incluida mi habitación.

Turismo político: Berlín

Berlín seguramente sea el destino turístico en que la historia y la política juguetean más con el visitante. En la capital alemana todo huele a historia. En cada paso resuenan los vestigios de un pasado con luces y sombras. En cada esquina se respira el inevitable peso de lo vivido y la enorme responsabilidad de seguir marcando la pauta política para, al menos, sus vecinos del continente.

Si estás pensando en visitar Berlín este verano, espero que en este post puedas tomar ideas para diseñar tu ruta, aunque ya te aviso de una cosa: vayas donde vayas, estarás en algún lugar histórico. Y seguramente, en cuanto pongas los pies en la capital federal, sentirás lo que se ha acuñado como Ostalgie, la nostalgia de la RDA, algo que en una ciudad tantos años dividida es imposible evitar.

Vayamos por partes: para recomendar los mejores sitios que visitar, seguro que habrás leído mil guías de viajes, así que no esperes algo pormenorizado en este post. Eso sí, voy a darte algunas claves que harán más placentera tu visita.

En primer lugar, te recomiendo un juego que hicimos con mi hermana cuando estuvimos en la ciudad: intentar adivinar en qué parte de Berlín estamos. Para ello, te servirá fijarte en los famosos semáforos de Berlín Oriental. El Ampelmännchen, o hombrecillo del semáforo, es el símbolo de las luces de tráfico de la antigua RDA. Con la caída del Muro, se intentó homogeneizar los semáforos en toda Alemania, pero la oposición de los alemanes del Este fue tan fuerte que se mantuvo. De hecho, algunos distritos de Berlín Occidental lo han tomado prestado… ahí radica la dificultad del juego.

La segunda clave es recorrer el antiguo Muro. Será una constante en tu visita, así que no te costará encontrarlo. Pero presta especial atención al pasar por Postdamer Platz: un lugar que durante la Guerra Fría no existía. También es especialmente emotivo pasar por la Puerta de Brandenburgo e imaginar el lugar exacto en que el Muro se erigía imponente. Para seguir con este recorrido, tienes el museo del Checkpoint Charlie, con una completa historia de la separación y los intentos de cruzarlo, así como la galeria de arte al aire libre que tiene en el Muro su soporte; precisamente en el lugar en que se ha conservado un mayor tramo de la barrera.

La visita al Berlín político no es tal sin una vista atrás a los oscuros años del nazismo. Para ello, te propongo que empieces la visita en el Bundestag; el mismo que sufrió el incendio que llevó a Hitler al poder. De allí, tras observar las vistas de la capital y ver la Cancillería, puedes visitar los solares donde estuvo la Gestapo o caminar hasta la Puerta de Brandenburgo, el corazón del Berlín más histórico. Cerca de la puerta está el impresionante monumento erigido en memoria de las víctimas del holocausto. De allí, puedes coger un tren hasta el campo de concentración de Sachsenhausen. Al pasar por el tren, fíjate en la gran cantidad de casitas que tienen la bandera alemana en el jardín, al más puro estilo americano.

Otra parte esencial de tu viaje debería ser la Ostalgie. Y en Berlín no te vas a quedar corto. En primer lugar, es interesante ver las grandes diferencias entre los dos Berlines, pero dentro de la parte oriental, entre la más cercana a Alexanderplatz y los distritos más alejados: veréis como más al este el paisaje es más gris y más pobre. En el distrito oriental no os podéis perder la zona de Alexanderplatz, la torre de la televisión y la zona del ayuntamiento Rojo y el monumento a Karl Marx y Engels. De allí, podéis optar por pasear por Karl Mark Alee y observar los edificios de un marcado realismo socialista hasta acercaros al parque de Treptower. Ahí se esconde el impresionante y vasto monumento soviético a la victoria en la Segunda Guerra Mundial y cementerio de combatientes. No pierdas oportunidad de compararlo con el erigido en la zona occidental. Para seguir con la visita al Este alemán, podéis visitar tanto el Kulturbrauerei y su barrio, el museo de la Stasi o el búnker nuclear de Honecker a unas horas de Berlín.

Y por lo demás, disfruta de una maravillosa ciudad. No te pierdas su gastronomía y sus cervezas, el paseo por sus parques y, si ya eres mitómano al máximo, el lugar desde donde Barack Obama dio su discurso a Europa hace poco menos de un año.

¡Ah! Otro pequeño consejo: llévate impresos o en tu iPod los discursos de Kennedy y Reagan ante la Puerta de Brandenburgo. Escuchálos allí mismo y siente como se te encoge el alma…

Fotos de todo lo hablado: en mi Flickr!