De aquellos polvos, señor presidente, estos lodos

“Luis. Lo entiendo. Se fuerte. Mañana te llamaré. Un abrazo”. El Mundo había destapado en enero de 2013 las cuentas suizas de Luis Bárcenas. Y en el inicio de la mayor tormenta política de la democracia, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, le envió este sms al extesorero Popular, que está ya entre rejas. Supuestamente. ¿Es Mariano Rajoy tan insensato cómo para mantener la comunicación con Bárcenas hasta marzo de 2013 ocupando su banco azul?

Sinceramente, no lo sé. Desconozco si los sms son ciertos o falsos. Ni he visto los originales de la contabilidad B del Partido Popular que Pedro J. Ramírez entregó al juez ni conozco la instrucción del caso que está en las manos del juez Ruz. No tengo acceso a pruebas ni a mayor información. Como cualquier otro ciudadano, me gobiernan las percepciones.

Y aquí viene el punto interesante de todo este embrollo. ¿Es Rajoy tan insensato cómo para mandarse sms con Bárcenas después del tremendo lío montado tras la publicación de los papeles de Bárcenas que hizo El País? ¿En serio? Si los envió, ¿en una época en la que la información fluye sin cesar Rajoy creía que podía mantener en secreto esos sms? No lo sé.

No lo sé. No puedo saber si son ciertos. Lo único que sé es que lo puedo llegar a creer. Me puede llegar a cuadrar al ver cómo ha reaccionado el presidente del Gobierno a este lío. Y ahí no puedo más que echar mano del refranero popular: de aquellos polvos, estos lodos.

Los esfuerzos de Rajoy y de su entorno para defenderle han sido un estrepitoso fracaso. Desde negarse a responder a los periodistas, responder con chulería (“La segunda ya tal”), a evitar las Cámaras, usar pantallas de plasma para aparecer ante los medios o esperar con auténtico pasotismo a que la tormenta escampe.

Rajoy no ha querido defenderse. Y si no lo ha hecho será por algo. Esa es la idea con la que nos hemos quedado muchos ciudadanos, y esta ausencia de acción la ocupa la ofensiva de Bárcenas. Marca el ritmo y nos empuja a creer al extesorero antes que al presidente del Gobierno.

Nadie puede discutir la legalidad: Rajoy ni está imputado ni parece que vaya a estarlo. Rajoy es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Por cierto, de unos delitos que ya habrían prescrito (pero bueno, ese es otro tema). Pero la legitimidad (no la de las urnas, sino la de que una persona que habría cometido delitos debería ocupar la presidencia) sí está en juego. La confianza sí está en jaque. No solo por la estrategia de Bárcenas, también por el pasotismo flagrante de Rajoy.

Actuar o no actuar tiene sus costes. Y quizás la estrategia de Rajoy, más que el tiempo judicial, le cueste cara. No hay nada más fácil de perder que la confianza y a día de hoy el presidente del Gobierno va camino de perder incluso la de los propios. De aquellos polvos, señor presidente, estos lodos.

Política: cuestión de dinero

Leemos hoy en El País que la crisis financiera está empezando a afectar al crédito de los partidos políticos. Al parecer, las operaciones de los partidos con las entidades financieras se han desplomado este año.

La cuestión de la financiación de partidos es un punto clave que explica demasiados vicios de la práctica política en España que, a diferencia de otros países como Estados Unidos, financia públicamente a sus partidos como garantes del funcionamiento del sistema político. Es, de hecho, una consecuencia lógica del papel que les otorga la propia Constitución.

En España hemos visto como se han sucedido etapas en que se buscó la financiación mixta de los partidos (hasta 1985), únicamente pública (desde 1985 con la LOREG), y a partir de los 90 volvió una cierta corriente que reclamaba dar más protagonismo a la posibilidad de financiación privada.

Como sabéis, el resultado electoral es clave para fijar la financiación de los partidos. Se trata, pues de una forma clara de financiación pública directa que es la propia barrera de entrada a nuevos partidos en el sistema. De hecho, el caso de UPyD es una excepcionalidad en la reciente historia democrática. El partido de Rosa Diez ha sido el resultado de dos claves: tener el apoyo de un potente grupo de comunicación que evita el gasto excesivo en publicidad y la creación de novedosas formas de financiación con los préstamos de los militantes y simpatizantes.

Existen otras formas de financiación pública indirecta, cómo la cesión de espacios gratuitos de publicidad… pero también diversas formas de financiación privada. Desde las donaciones (con un máximo por persona física o jurídica). Precisamente, pese a existir la posibilidad de pedir donaciones como se hace normalmente en Estados Unidos, las peculiaridades de nuestro sistema político siembran numerosas dudas sobre la efectividad de campañas de fundraising en nuestro país.

Lo que parece claro es que internet puede jugar un papel clave en el desarrollo de este punto. Siempre y cuando los partidos tengan interés en empezar a recaudar fondos en esta esfera; más si la situación económica y financiera del país es la que es. Y son olvidar que deberemos observar si la desconfianza hacia la política (apuntalada por los grandes escándalos de financiación del PSOE en los 90 y de las nuevas dudas de financiación ilegal en el PP con la implicación de su tesorero en las redes de corrupción en Valencia y Madrid) sigue siendo un obstáculo hacia esas nuevas fórmulas de financiarse.