Cameos políticos impensables: Super Mario primer ministro y una reina enrollada

Los Juegos de Barcelona marcaron un antes y un después para el olimpismo. No solo cambiaron el modelo de Juegos que Samaranch lideró durante la década de los 80 hacia el profesionalismo del deporte, la entrada de las grandes empresas y la ampliación del foco hacia algo más que deporte; también cambiaron el lenguaje y la comunicación de la mayor cita deportiva del mundo. Cuando Barcelona dijo “Hola” al mundo en su ceremonia de inauguración, cambió la historia de la comunicación de los Juegos. Y esa semilla no para de germinar.

El cameo del primer ministro japonés, Shinzō Abe, en la ceremonia de clausura de Rio 2016 es una muestra más de cómo en las ceremonias olímpicas siempre se puede llegar más lejos. Durante la presentación al mundo de Tokyo 2020, la próxima ciudad olímpica presentó un vídeo cargado de referentes de marca-país en el que los videojuegos, el desarrollo tecnológico y la tradición asiática se fundieron con el deporte. Y en ese mix de repente apareció el primer ministro. Mejor que lo veas:

Pero la aparición estelar del primer ministro no es el único que nos han dado los Juegos. En Londres 2012 la llegada de la reina Isabel II al estadio olímpico fue de lo menos ortodoxa. Si en Barcelona 92 el comité organizador tuvo que idear una carambola protocolaria para evitar los pitidos al rey Juan Carlos I usando el himno catalán en la entrada de los reyes al estadio, la prima del monarca español se prestó a un sorprendente cameo 100% británico con otro icono del país, James Bond:

Estos son muy buenos ejemplos de cameos de líderes políticos. Una aparición breve representándose a sí mismo. Pero lo que es más importante, en un contexto totalmente alejado de los atributos que se esperan de él. Eso genera sorpresa, simpatía y proximidad. Y al generar esos estados, se incrementa el impacto. En estos dos casos, apuntalar o ampliar la popularidad.

De hecho, es especialmente significativo el acercamiento de la casa real británica a este tipo de acciones. En la promoción de los Invictus Games, la competición deportiva creada por el príncipe Harry para veteranos militares con discapacidad, la reina Isabel II, el príncipe Harry, Barack y Michelle Obama y el primer ministro canadiense Justin Trudeau grabaron vídeos retándose entre ellos. El príncipe cuenta cómo lo consiguió.

Pero ojo, si crees que este artículo va a acabar diciendo que tenemos mucho que aprender de los anglosajones y que cameos similares no se darían en España, estás muy equivocado. Quizás la Casa de Su Majestad el Rey, que ha hecho un buen trabajo con los tweets de ánimo a los deportistas españoles en los Juegos de Río no se haya atrevido en estas lides. Pero sí hay ejemplos de políticos españoles haciendo cameos en series de televisión.

Es más, si tras ver a Obama haciendo su “boom” te has dicho que “esto Rajoy no lo hace ni de coña”, vuelves a estar equivocado. En el año 2000 Mariano Rajoy se interpretó a él mismo en un capítulo de “Jacinto Durante Representante”, una serie de Televisión Española, cuando era ministro de Educación y Cultura en el gobierno de José María Aznar. Aquí la prueba:

Y no es el único caso. En la décima temporada de la popular serie “Cuéntame cómo pasó”, Santiago Carrillo fue entrevistado por Toni Alcántara. El Carrillo de 2008 interpretó al Carrillo de 1976. Carrillo también salió en “7 vidas”. Esta serie contó con cameos de Alfonso Guerra, Javier Arenas y Carod Rovira. Y su primer protagonista, Toni Cantó, acabó siendo diputado por dos partidos distintos (UPyD y Ciudadanos…). Pero eso es otro tema.

La lista de políticos que han pasado por el “Polònia” de TV3 es casi imposible de reproducir aunque en ese contexto su visita es más que esperada y el papel de sorpresa se ve amortiguado.

A veces es necesario salir del contexto habitual. De lo que se espera de uno. Para sorprender y conectar. Y mejor hacerlo cuando nadie lo espere y no reservarlo solo a la campaña electoral. Que el cameo no se convierte en un punto más de la agenda del día.

Pd: te dejo un bonus track. El cameo de Donald Trump en “Solo en Casa 2”. Sí, cuando Kevin McAllister se perdió en Nueva York, Trump ya estaba ahí.

Un Nobel de intenciones

Publicado hoy en La Vanguardia

Nunca llueve a gusto de todos y el veredicto del Nobel de la Paz es buena muestra de ello. Las opiniones sobre el honor otorgado al Presidente Obama dividen al mundo, entre quienes encuentran en la tarea realizada elementos suficientes para tal reconocimiento y los que, por el contrario, sostienen que el comité noruego de la Academia ha sido objeto del embaucamiento del icono actual más poderoso del planeta. En realidad, estamos ante un interesante debate entre la razón y la emoción, otro episodio más de esta dialéctica que no parece encontrar un término medio.

El problema viene cuando aplicamos al Nobel la lógica racional seguida en la mayoría de ocasiones: A realiza una serie de acciones durante X tiempo, tienen un efecto positivo sobre Y, cambian una injusta realidad y merece ser reconocida para que, en un futuro más o menos próximo, sea un ejemplo para otras experiencias. Una lógica de acción-recompensa que en esta ocasión no se ha dado. El Nobel a Obama –el cuarto presidente norteamericano en recibirlo, y el tercero en hacerlo mientras está en el cargo-, como ya han indicado varias voces, es un premio a la esperanza.

Muchos han encontrado casi pornográfico que al Presidente del cambio se le concediera este importante premio cuando no hace ni 10 meses que ocupa el sillón del despacho oval. Según estas voces, lo conseguido no merece un premio. Pero, ¿realmente es así? ¿Aplicando la lógica antes descrita Obama no tendría méritos? La verdad es que las acciones emprendidas en tan corto espacio de tiempo han supuesto, si no una pequeña revolución, las bases para un cambio más que relevante a escala internacional. El acercamiento al mundo musulmán, el cierre de Guantánamo, la decisión de terminar en cuanto sea posible con la presencia en Irak y, sobretodo, el fin del desgobierno internacional de la era Bush son méritos que se han puesto encima de la mesa.

La Academia, sin embargo, parece haber aplicado un criterio más emocional. Completamente válido, aunque incomprendido para muchos, yo incluido durante las primeras horas del anuncio. El Nobel de Obama es el reconocimiento que otro mundo es posible, incluso si el esfuerzo viene de la superpotencia que menos interés tiene en cambiar un statu quo. El Nobel premia la esperanza y la visión positiva, el aliento para que las reformas planteadas sean una realidad que ponga las bases de un presente y un futuro en paz y estabilidad.

Pero sin duda, lo que fue de Nobel fue la reacción de Obama. El discurso que dirigió el mismo viernes por la mañana desde la Casa Blanca fue un acierto a nivel comunicativo y un broche de oro al honor concedido. La primera reacción ante un tema tan peliagudo –más cuando en la Vieja Europa los comentarios y análisis se habían multiplicado en las últimas horas, aprovechando la diferencia horaria- es de una importancia vital. Obama presentó, no solo un discurso comedido, sino la razón por la que debe recoger el galardón en Oslo. Si el hombre más poderoso del mundo acepta su limitación “soy consciente que no merezco este premio” –afirmó-, su dosis de humildad y el planteamiento de los importantes retos que se trabajan desde la Casa Blanca mostraron al mundo por qué el presidente no deja de ser merecedor del Nobel.

Sí, el Nobel de la paz de este año es un premio de intenciones. Pero de unas intenciones de un calado que este tiempo no puede permitirse dejar de lado. La limitación de los arsenales nucleares, la paz y la estabilidad entre Oriente y Occidente, el cambio climático, etc. son objetivos irrenunciables para quien ame este planeta y desee dejar un mundo habitable para las próximas generaciones; nuestra deuda para con ellos. Un Nobel a nobles intenciones, pero también a los decisivos pasos ya tomados. Pero también el espaldarazo a alguien que, casi de un plumazo, ha conseguido revertir la imagen de Estados Unidos en el mundo.

Dicen que este galardón casi premia más la ausencia de Bush que la presencia de Obama, pero créanme, si hoy McCain ocupara el lugar de Obama este premio no se hubiese producido. La intención del cambio, pero los pasos puestos para conseguirlo, son mérito del presidente, una llamada a la acción y a su responsabilidad. Pero también el modo de comunicar, de Noruega al mundo, que hay esperanza para construir un mundo diferente que aspira a ser mejor.

En busca del Obama europeo

¿Puede afectar la comparación con la campaña de Obama a la abstención en las europeas? ¿La ausencia de un candidato como Obama evita un voto masivo en las elecciones del domingo? Hoy publico este artículo en La Vanguardia.

En busca del Obama europeo

Es bastante frecuente que ante una cita electoral los politólogos recibamos algunas preguntas de amigos y conocidos sobre ella. Las dudas varían, desde los que esperan que acertemos el resultado, como si fuéramos astrólogos, a las preguntas sobre el porqué de la elección. Otros directamente esperan de ti una recomendación de voto. Aunque ya saben que eso del voto es algo personal e intransferible…

En los últimos días, alguna amistad me ha comentado el desapego con los comicios que tendrán lugar el próximo domingo –a hilo de esto, les recomiendo el artículo de Dídac Gutiérrez-Peris en esta misma casa-. Un desapego formado por una mezcla de desconocimiento, hastío e indeterminación. Me sorprendió, no obstante, una observación que me hicieron: de entre el elenco de candidatos de las distintas formaciones políticas no hay ningún Obama. No hay nadie que levante la ilusión por un voto masivo en estas elecciones europeas.

La realidad es que todo juega en contra de la búsqueda de ese Obama europeo. En estas elecciones votamos a los miembros del Parlamento Europeo que tienen por misión desarrollar la actividad legislativa de la Unión… pero a diferencia de nuestros sistemas políticos nacionales, no habrá una elección de un jefe de Gobierno posterior. Tampoco es un plebiscito directo para elegir a algún tipo de líder, lo que dificulta el surgimiento de ese Obama europeo.

La identificación con las personas es un hecho cada vez más relevante en política. Las técnicas de comunicación y el interés de los medios así lo han acentuado. Es lo que se ha venido a llamar la “americanización” de la política, por lo que no es extraño que las comparaciones con nuestros procesos nacionales o con el espectáculo democrático vivido en Estados Unidos el pasado noviembre estén a la orden del día. Esa identificación con los candidatos tiene particularmente en España un escollo difícil de salvar: la circunscripción única. La identificación con los diputados que nos representarán se dificulta con estos distritos electorales tan grandes.

Pero, ¿un Obama europeo puede ser posible? Parece improbable que en una organización como la Unión Europea, construida sobre acuerdos y consensos, a veces más débiles, a veces más fuertes, tal cosa florezca. Y para muestra, la presidencia de la Comisión Europea. Si de antemano sabemos que el Partido Popular Europeo y el Partido Socialista Europeo votarán al mismo candidato y a la misma Comisión, ¿de dónde saldría el necesario componente de chispa política para despertar el interés ciudadano?

No encontraremos esa chispa en este artículo. Ni seguramente en las elecciones del domingo. La chispa la vivirá cada partido que gane en cada Estado miembro. Especialmente en aquellos en que la lectura nacional prevalga sobre la europea, como en el nuestro.

Pero deberíamos buscar esa chispa. La misma que hace que el 78% de los europeos apruebe la gestión de Obama. Por mucho que a los europeos no les afecte la nominación de la primera magistrada hispana del Tribunal Supremo, por decir alguna de las últimas decisiones del presidente norteamericano, su aprobación no se ve resentida.

Según esta encuesta de Harris Interactive, la aprobación del presidente es incluso mayor en España (82%) que la media de los seis países europeos encuestados. Los españoles también rompemos la media en la valoración del propio presidente: mientras que Obama, Brown o Sarkozy obtienen mejor valoración en el extranjero que en casa, Zapatero sí es profeta en su tierra. Me temo que seguiremos buscando la chispa, sin pausa pero sin prisa y mientras, por el camino, seguiremos viendo y aprobando desde la distancia al presidente del cambio.

La sombra de Sorkin en la Casa Blanca

Antes de empezar a leer, os recomiendo el visionado de este vídeo:

El Presidente Obama ha interrumpido una sesión de briefing de su secretario de prensa, Robert Gibbs, para informar directamente a los medios de la conversación que ha mantenido con el juez del Tribunal Supremo, Souter, que ha anunciado su intención de retirarse tras dos décadas de servicio. Hace algunas semanas reflexionábamos en este post sobre la posibilidad de Obama de modular un nuevo Tribunal.

Pero lo importante de esta imagen son los detalles que se intuyen. En primer lugar, el ambiente directo entre los medios y el portavoz de la Casa Blanca. Los corresponsales de los medios en el Ala Oeste se rige por unas normas muy distintas a las que tenemos aquí.

Acto seguido, ante la irrupción de Obama, todos los corresponsales se levantan y no toman asiento hasta que el presidente lo ordena. No debemos olvidar que Obama es el Jefe del Estado y ocurre lo mismo que con el Rey en España.

Tras ello, Obama distiende el ambiente generado por la interrupción al Secretario: con humor araña carcajadas y sonrisas y pasa a explicar el contenido de la llamada con Souter.

Un dominio de la escena a retener, sin duda. Ahora bien, lo que me parece más curioso es la coincidencia con el mago de la televisión Aaron Sorkin. Sorkin, creador de la mítica serie The West Wing no sólo intuyó en su producto el cambio político vivido, sino que conoce fielmente el mundo de la comunicación política.

Si recordáis la película de Sorkin que dio origen a The West Wing, “El Presidente y Miss Wade” (The American President en inglés), hay una escena en que el presidente Shepperd (Michael Douglas) aparece en la sala de prensa e interrumpe a su Secretaria de Prensa para explicar los motivos de su caída de popularidad, acción que revierte la situación.

La entrada de Obama en la Sala de Prensa (por cierto, con un estilismo renovado tras la etapa de Bush, con una nueva escenografía en el atril, una pantalla y un fondo distinto), ha sido milimetrada, casi estudiada. Y si quieren un detalle más que muestre la improvisación, fíjense que en el atril no aparece el escudo o sello presidencial, que siempre reina en las tribunas del presidente. Aunque sea en un ensayo.

Nombre propio #1: Barack Obama

No podemos ir en contra de la revista Time. Ni de El País, ni La Vanguardia. Tampoco podemos plantar cara al Washington Post, a la CNN … el nombre propio del 2008 es un nombre africano que significa esperanza y se llama Barack Obama.

No hay espacio para la originalidad cuando se trata de recoger el hito que este hombre ha conseguido. Está (casi) todo dicho sobre él cuando queda menos de un mes para que tome posesión de su cargo, pero nos atrevemos a marcar las 10 puntos que hacen de Obama el nombre propio del 2008:

1. Barack Obama es el primer presidente electo afroamericano, a pesar de tener una historia atípica y no proceder de los típicos círculos de poder.
2. Ha conseguido articular una campaña exitosa donde internet ha jugado un papel fundamental.
3. Ha sabido dar un tono trascendente a su mensaje, donde la superación de las diferencias y la inspiración juegan un papel central.
4. Obama ha conseguido acabar con un período republicano y romper las estadísticas.
5. La decisión del presidente-electo de alejarse de los grupos de presión le ha dado el favor de los ciudadanos.
6. Obama representa la política del siglo XXI, tanto por objetivos como por medios usados y discurso utilizado.
7. El presidente-electo ha sabido crear uno de los mejores equipos de campaña de la historia electoral americana.
8. Ha conseguido un récord de participación en un país tradicionalmente abstencionista.
9. Nuevos sectores sociales han entrado al sistema electoral y han expresado su opinión.
10. Ha sabido dar esperanza, como su nombre indica, no sólo en su país, sino a millones de personas en todo el mundo.