Un fotógrafo para Zapatero

Urgentemente. La presidencia del Gobierno necesita los servicios de un fotógrafo que vaya más allá de las típicas fotografías que encontramos en el sitio web de La Moncloa. Lo necesita, porque del mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, quedará en el recuerdo su foto de la cumbre de Bucarest. Aquella en la que estaba absolutamente solo mientras sus colegas charlaban al fondo. Lo necesita porque una imagen vale más que mil palabras y una foto puede ser el legado de una presidencia.

De hecho, tras preguntar a casi cien personas qué foto les viene a la mente cuando piensan en Zapatero, el 45% piensa en la foto de Bucarest. El 55% restante se fragmenta, siendo esa la fotografía recordada por más gente en una pregunta abierta. De hecho, las personas que piensan en la foto de sus hijas, o la de Mr. Bean, representan un 10% en ambos casos.

Para el 35%, la foto que asocian con Aznar es la de las Azores, seguido por un 24% que lo hace con la foto del presidente con los pies en la mesa en presencia de George Bush. En el caso de Rajoy, la respuesta más repetida, con más de un 40% de respuestas es que no tienen una imagen clara, seguida de su foto con un puro o la del helicóptero, ambas con un 14% de respuestas. Rajoy también lo necesita.

Esta pequeña investigación nos permite observar la importancia de facilitar las imágenes de nuestros líderes a los medios y al público en general. Las fotografías resultantes de Zapatero, Aznar o Rajoy no son las que desearían sus equipos. Son las que consiguieron colocar los medios. Dejamos en manos de terceros la difusión y los resultados no siempre son los esperados.

¿Fotos? ¿Para qué?

Elegir las fotos que llegarán al público es de suma importancia. Incluir el cuidado por este aspecto en la comunicación de un candidato o un líder es importante porque nos aseguramos que controlaremos lo que comunique esa foto. De hecho, tal y como comenta Xavier Peytibí, si lo hacemos, las fotografías serán “escogidas por el propio gabinete del político. Por supuesto el político siempre sale perfecto”. O lo que es lo mismo, podemos dar coherencia al mensaje con la imagen elegida.

La Moncloa, como tantos centros de poder, tiene fotógrafos entre su personal. Reflejan la actividad del presidente a nivel institucional e inmortalizan los momentos de ciudadanos y ciudadanas con el presidente. Fotografías que después llenan despachos y salas de estar. Pero La Moncloa, como tantos gobiernos autonómicos o centros de poder de otros países, olvida el poder de la fotografía en vistas al gran público.

Zapatero no puede estar constantemente ante una cámara de televisión. De hecho, hay gestiones de un presidente que no pueden ser grabadas por una cámara. Pero sí inmortalizadas por una foto. La Casa Blanca lo sabe bien. Cuando Obama llama por teléfono a cualquier líder extranjero durante una crisis o gestiona un desastre, tenemos la foto de Souza que muestra el modo de trabajar del presidente. ¿Tenemos alguna foto de Zapatero gestionando la crisis de los controladores?

Belleza, poder y vida cotidiana. Los frutos del full-access

Los casos paradigmáticos del uso de la fotografía para reforzar el mensaje y contribuir a la imagen de liderazgo de los líderes políticos, los encontramos en Estados Unidos y Reino Unido. Peter Souza y Andrew Parsons son, respectivamente, los fotógrafos que cubren el día a día de Barack Obama y David Cameron. Consiguen, mediante el acceso total a sus mandatarios, reflejar la importancia de las tareas que lleva a cabo un líder en esa posición.

Souza y Parsons consiguen reflejar con gran belleza y con un talento por captar los detalles, lo que supone el trabajo de un líder. Consiguen que miles de personas entren en la intimidad del poder, al mismo tiempo que reflejan la dignidad del cargo. Tarea nada fácil.

Internet es, en esto, un gran aliado. Tanto la Casa Blanca como el 10 de Downing Street suben a sus perfiles en Flickr esas fotos, permitiendo que sean esas y no otras las que puedan elegir, propagar y consumir los usuarios. Hacen de Internet una poderosa herramienta para ganar la batalla de la imagen en un mundo saturado de información.

Los detalles cuentan. Las imágenes cuentan. Las fotografías hablan sin necesidad de palabras. Entender eso es de vital importancia para los que velan por el mensaje, por los atributos y por lo que comunicamos cuando no decimos nada. ¿Seguirá la imagen del presidente en manos de terceros?

11M: el discurso de José María Aznar

Esta semana hemos recordado, un año más, los trágicos atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Un año más, actos marcados por el dolor y la división. En la sección semanal de discursos de este blog, recordamos hoy la primera comparecencia del presidente Aznar ese día:

“Han matado a muchas personas por el mero hecho de ser españoles”

“Buenas tardes a todos.

El 11 de marzo de 2004 ocupa ya su lugar en la historia de la infamia. Esta mañana, en Madrid, los terroristas han hecho explotar varias bombas colocadas en trenes de cercanías que circulaban llenos de ciudadanos.

En este momento de tristeza tan honda mis primeras palabras son para las víctimas de estos incalificables atentados. Son ya más de un centenar de personas muertas y muchas más heridas, cientos de familias a las que el luto les ha llegado hoy sin avisar, miles que están viviendo horas de inquietud y de incertidumbre. Quiero decirles que siento como propia su terrible angustia. Quiero que sepan que, en estas horas de dolor y de firmeza democrática, el Gobierno de la Nación está con todas ellas, como lo está la inmensa mayoría de los españoles. Sé bien que hoy las palabras no bastan para consolar su dolor. Estamos y vamos a estar con todas ellas para todo lo que necesiten, hoy y siempre, y no olvidaremos lo que ha pasado.

Estamos viviendo horas difíciles, pero también hemos tenido ocasión de apreciar cómo muchas personas anónimas han ofrecido lo mejor de sí mismas. La respuesta ciudadana está siendo excepcional. La colaboración espontánea para auxiliar a las víctimas, para trasladar a heridos o para donar sangre ha sido digna del máximo reconocimiento.

En nombre del Gobierno quiero expresar mi más profunda gratitud a todas esas personas. Igualmente, quiero agradecer su trabajo abnegado a los miembros de los servicios de emergencia sanitaria, del Cuerpo de Bomberos, de la Policía Municipal y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, así como a las autoridades judiciales, locales, autonómicas y del Gobierno, por su eficacia y por su sentido de la responsabilidad y del deber.

El Gobierno de la Nación ha tomado todas las medidas a su alcance para garantizar la seguridad de los ciudadanos y para restablecer los servicios públicos afectados. En colaboración con las instituciones de Madrid se ha puesto en marcha el mecanismo de evacuación de heridos y de atención a las víctimas y a sus familiares. Por supuesto, las investigaciones policiales para perseguir a los asesinos han comenzado de inmediato.

He informado a Su Majestad el Rey. He hablado con los líderes de los principales partidos políticos, así como con representantes de diferentes instituciones. Se han decretado tres días de luto oficial, como expresión pública del dolor que hoy compartimos todos los españoles de bien. He recibido muestras de solidaridad y de dolor de numerosos gobernantes de países aliados y amigos. En nombre del pueblo español he agradecido esos testimonios y he recalcado la importancia de una lucha internacional firmemente determinada a derrotar al terrorismo.

Los terroristas han querido provocar todo el daño posible. Se trata de un asesinato masivo que, como todo ataque terrorista, carece de cualquier justificación. Pero el terrorismo no es ciego. Han matado a muchas personas por el mero hecho de ser españoles. Todos sabemos que este asesinato masivo no es la primera vez que se intenta. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad han impedido varias veces que viviéramos esta tragedia. Hoy quiero expresar el más sólido respaldo del Gobierno a todos sus componentes y a los mandos de la lucha antiterrorista. Gracias a su espléndida tarea los terroristas tienen su capacidad operativa más debilitada que nunca.

Su instinto asesino y su voluntad de someter a España a sus dictados permanecen, sin embargo, trágicamente activos. Les derrotaremos. Que no tenga nadie ninguna duda. Lograremos acabar con la banda terrorista con la fuerza del Estado de Derecho y con la unidad de todos los españoles. Acabaremos con ellos con leyes fuertes, con unas fuerzas de seguridad y con unos Tribunales de Justicia firmemente respaldados y decididamente resueltos a aplicar la Ley. Los criminales que hoy han causado tantos muertos serán detenidos. Serán juzgados y condenados por tribunales que sólo están sometidos al imperio de la Ley. Cumplirán íntegramente sus condenas y no tendrán otro horizonte que el de ver amanecer todos los días entre los muros de prisión. Estamos del lado de las víctimas. Es a ellas a quienes hay que respaldar y a quienes debemos dar voz. Las familias de quienes hoy han sido asesinados contarán siempre con el apoyo y la ayuda del Gobierno y de las instituciones. Tendrán también el cariño de la inmensa mayoría de los españoles. Ninguna institución ni grupo social puede regatearles el reconocimiento y el respeto que merecerán siempre.

Estamos del lado de la Constitución. Es el pacto de la inmensa mayoría de los españoles que garantiza las libertades y los derechos de todos. Es también el gran acuerdo sobre nuestro régimen político, y es la expresión de nuestra España unida y plural. No vamos a cambiar de régimen ni porque los terroristas maten ni para que dejen de matar. Por eso les digo a todos los españoles que no debemos aspirar a nada que no sea la completa derrota del terrorismo, la derrota completa y total, su rendición sin condiciones de ninguna clase. No hay negociación posible ni deseable con estos asesinos que tantas veces han sembrado la muerte por toda la geografía de España. Que nadie se llame a engaño: sólo con firmeza podremos lograr que acaben los atentados, una firmeza que debe estar presente, tanto en la propia lucha antiterrorista, como en la rotunda oposición a los objetivos finales que los terroristas pretenden alcanzar.

Para defender estas causas el Gobierno pide a los españoles que se manifiesten mañana en las calles de toda España. Bajo el lema “Con las víctimas, con la Constitución y por la derrota del terrorismo” han sido convocadas manifestaciones en todas las ciudades españolas, mañana viernes, a las siete de la tarde. Deseo que esas manifestaciones sean tan abrumadoras como el dolor que sentimos hoy, tan cívicas como el patriotismo que nos hace sentirnos solidarios con todos aquellos que sufren las consecuencias de la acción del terrorismo. Somos una gran nación, somos una gran nación cuya soberanía reside en todos los españoles. Quien decide es el pueblo español. Nunca permitiremos, no vamos a permitir nunca, que una minoría de fanáticos nos imponga nuestras decisiones sobre nuestro futuro nacional.

Muchas gracias a todos por su atención y muy buenas tardes.”

Fuente: Discursos. La historia a través de los discursos de sus líderes.

La vuelta a la política de Aznar

El bigote de Aznar es una metáfora sobre su personaje político: parece que no está, pero ahí sigue, como comentaba alguien en Twitter este fin de semana. Por ello, deberíamos preguntarnos si realmente Aznar se fue alguna vez de la política. Ha sido, sin duda, el ex presidente más incómodo de la democracia española. Es más, cada vez que entra en escena, no deja a nadie indiferente. No deja de ser relevante preguntarse hasta qué punto le beneficia al Partido Popular que el ex presidente se cuele en la foto. Como tampoco deja de ser un juego político preguntarse qué pasaría si volviera a presentarse ¿El Aznar de 2010 ganaría como en 1996?

Es más lo que se puede perder (o no ganar) el Partido Popular que lo que puede aportar el presidente de la FAES. El discurso de Aznar no es, en absoluto, moderado. Es un discurso profundamente ideológico, duro, conservador y nacionalista. Justo aquello de lo que se desprendió para conquistar el poder. El Aznar de los noventa consiguió doblar los votos del partido (de los cinco millones en 1989 a casi diez en 1996) gracias a la unión del voto conservador y un viaje al centro.

La unión del electorado de derechas, fragmentado durante los ochenta, es lo que le ha permitido al Partido Popular mantener el nivel alcanzado por Aznar. Por ello, a ese electorado, que Aznar hable o calle ya le importa poco. Sus valores se identifican totalmente con los del partido. Pero… ¿qué pasa con aquellos que llegaron por el viaje al centro?

Esos son los electores clave. Llegaron en 1996 y muchos lo hicieron llegando del PSOE. Y se fueron en 2004. La moderación de la primera legislatura de Aznar y la crisis en el PSOE se tradujo en un aumento de la abstención y en los mejores resultados hasta la fecha del Partido Popular. Aznar gobernó con una mayoría absoluta que le fue alejando de esa mágica combinación.

El Aznar que hemos visto esta semana poco tiene de moderado. Y la historia electoral en España ha mostrado como es necesaria la conquista del centro para ganar unas elecciones. Carles Castro lo muestra con maestría en su “Relato Electoral de España 1977-2007”, un análisis en profundidad de la historia electoral española que muestra como la conquista de ese centro político, de esa moderación es la clave de la victoria en España.

Aznar dejó la presidencia con un elevado grado de desconfianza por parte de los españoles. Según el CIS, en enero de 2004, meses antes de las elecciones que llevaron al PSOE al gobierno y antes de los trágicos sucesos del 11M, el 60% de los españoles tenía poca o ninguna confianza en él. Apunte a pie de página, en el barómetro de octubre de 2010, el 81% de los españoles desconfiaba del presidente Rodríguez Zapatero. Rajoy le superaba por medio punto.

Ante ese contexto, Aznar refuerza los votos conservadores. Compacta un voto ya fiel y movilizado –no debemos olvidar que Rajoy obtuvo más votos en 2008 que en 2004, superando los diez millones de electores- Pero no atrae a nuevos votos. No atrae el centro. De hecho, los atrae la propia situación económica del país y el desatino en las políticas del gobierno. No Aznar.

Lo que sí puede hacer Aznar es despertar a un electorado en shock: el socialista. Las duras reformas emprendidas por Zapatero, en contra de lo dicho y lo esperado por los suyos, ve en Aznar el enemigo común que despierta a mucho votante atolondrado.

Rajoy lo tiene todo de cara. Tiene el partido más o menos controlado y no parece que los escándalos de corrupción hagan mella en el electorado. Si las encuestas no mienten, el 22 de mayo será un contundente rechazo al PSOE y el PP encarará la recta final de las elecciones de 2012 más reforzado que nunca. Solo queda esa metáfora de Aznar sobre el aire. Ese bigote que está y no está… pero que cuando aparece despierta los temores de desandar lo andado.

Las interferencias del hijo de Aznar

¿Qué le pasaba a Alonso Aznar cuando viajó a Melilla con su padre hace unas semanas? El hijo menor del presidente parecía enfadado. Ensimismado en sus pensamientos. Como quién está a disgusto en un lugar… parecía que ese era un castigo del presidencial progenitor al benjamín de la familia. ¿Lo era? Y lo más importante: ¿por qué estoy reflexionando sobre ello en este blog? Algo ha fallado en el proceso de comunicación. Este post es la prueba.

Lo de Aznar en Melilla fue ampliamente comentado y este artículo no va sobre si el Carter particular de la democracia española –por lo de ex presidente viajero dispuesto a mediar… aunque con un tono opuesto al del de Georgia- debería haber ido o no a Melilla. Pero sí del detalle que supuso observar al fondo de las imágenes de la visita de Aznar a su hijo de brazos cruzados y con el ceño fruncido. Una interferencia en comunicación de las que a menudo ocurren.

Aznar no ha sido el primero ni será el último. Atender a los detalles del fondo de nuestra photo-op es vital. No sólo por lo estético, sino por lo que comunica. Los humanos somos así: cuando tenemos ante nosotros una imagen, un marco, una situación, lo analizamos todo y nos quedamos con los detalles. Y esperamos coherencia. Si un líder se presenta como la energizante alternativa a otro, una serie de bostezos en las personas que aparecen tras ella nos envían un mensaje poco halagüeño. Como Alonso.

De hecho, George W. Bush no dudaba en recalcar el mensaje clave de sus comparecencias más importantes con paneles traseros que repetían una y otra vez ese mensaje. “Mejor sanidad”, “Misión cumplida”, “Asegurando el futuro”. Si quieres que esa sea la idea que el público retenga, explicítala. Aunque el socio de Aznar también sufrió los efectos de espontáneas reacciones de su retaguardia: durante la campaña de reelección un niño que asistía a un mitin del presidente no escatimaba en bostezos… y los medios no dudaron en sacar punta al lápiz.

Obama tampoco se escapa. Había perdido las primarias de New Hampshire pero su discurso fue electrizante. El público en pie, exultante, como si estuviera celebrando una victoria y no la derrota ante Hillary Clinton en el segundo asalto de la carrera por la nominación demócrata. “Yes, we can” dijo Obama. Y Will.i.am, cantante de The Black Eyed Peas, le dio forma en un vídeo que unía música y el que es, quizás, el discurso más famoso del presidente americano. Ya saben que fue un éxito. Pero, ¿repararon que no todas las personas del recinto parecían igual de energizadas?

El joven que está tras Obama, a nuestra izquierda, parece ausente durante todo el discurso. Como si eso no fuera con él. Y dirán ¿Y qué tiene que ver eso con el éxito del discurso? En este caso poco, los medios apenas recabaron en ello, pero cualquier espectador, al verlo, acaba escrutando con la mirada toda la escena y se da cuenta de ello. En ese momento aparece la interferencia en el mensaje. Los humanos somos así, así canalizamos los impactos y así procesamos toda la información. ¿En qué estaría pensando ese chico? No es casual que no aparezca en el video de la canción…

Frank Luntz comenta esta cuestión de todo aquel espectador que tiene ante sí cualquier imagen. Esa necesidad de ocupar un espacio y controlarlo cuando sea posible. Y la verdad, los partidos y los políticos lo hacen. Los asistentes de las filas situadas tras el atril suelen estar bien escogidas: personas que representen el mensaje del candidato. Aunque un bostezo se convierta en noticia.

¿Y qué pasa con las fotos? Pues más de lo mismo. Es habitual observar en la política angolsajona a políticos rodeados de carteles pidiendo el voto. Parece que la candidata Trini se ha aplicado el cuento… Evitar interferencias como ese ceño fruncido de Alonso Aznar.

Poner el acento en el acento

A Montserrat Nebrera, ex diputada del PP catalán, no le gustaba el acento de la ex ministra de Fomento, Magdalena Álvarez. Juan Soler, portavoz adjunto del PP en la Asamblea de Madrid, cree que el acento andaluz de Trinidad Jiménez no es el más apropiado para una candidata a presidir la comunidad. Y mientras, todos recordamos la facilidad de Aznar de imitar acentos. “Estamos trabajando en ello”. Le salió del alma en un auténtico deje tejano que dejó a todos asombrados. ¿Tienen, los de Génova, algún problema serio con los acentos?

Seguramente no. Son casos aislados que muestran como en el calor de la batalla política a veces la exaltación nos lleva a la crítica burda y vacía de contenido político. Una persona no es mejor ni peor en la tarea de gobernar por uno u otro acento. Pero si comentarios de este tipo llegan a levantar ampollas es porque los acentos tienen una gran importancia en el proceso comunicativo.

Los acentos escuecen porque son importantes en la comunicación. Lo hemos visto en más de una ocasión: cuando lanzamos un mensaje es casi más importante lo que lo rodea que el mensaje en sí. O sea, que cuando hablamos, nuestra voz, nuestro tono, el acento, el ritmo, etc. conforman elementos que son más importantes para nuestro interlocutor que lo que estamos diciendo. Damos más información sobre la intención real de nuestro mensaje con ello.

La misma Álvarez a la que criticaba Nebrera no dudó en exigir al diputado de ICV Joan Herrera que si la imitaba, lo hiciera correctamente. Antes partía que doblá no era lo mismo que partida o doblada. Artur Mas afirma en el libro de Pilar Rahola que desearía tener un acento particular, un defecto en el habla; algo característico que le hubiese evitado la sátira del programa Polònia. Y puede que Montilla vea en su enigmático acento un punto de sorpresa que puede hasta favorecerle: el cordobés que en Madrid tiene acento catalán y cuando habla en catalán, un marcado acento castellano. Pese a él, llegó a Presidente.

Recapitulemos. ¿Sería lo mismo Felipe González sin su acento sevillano? ¿Sería su oratoria, su carisma y su personalidad política lo mismo sin ese deje sureño? Seguramente no. ¿Tenerlo le convierte en peor o mejor político? No. ¿Le convierte en mejor orador? Ni sí, ni no. Pero le marca. ¿Quería decir Soler que un candidato a la presidencia de Madrid debe hablar como los madrileños? Parece que sí. Y si era eso lo que quería decir, se equivocaba.

Por eso, introducir esa arista en el debate tiene su parte de miga. Madrid tiene ese punto de eclosión de acentos, sensibilidades y procedencia. Un lugar en el que rápidamente sabes que eres diferente, pero tan diferente como todos los que te rodean. No importa tu marcado acento catalán, porque el que te hable seguramente lo hará con la impronta de sus raíces gallegas. Y el que nos escuche, guardará en sus adentros un deje gaditano inconfundible. Así es Madrid. El que vota a Esperanza Aguirre también. Millones de votos que no saben de laísmos.

El hecho está en que los madrileños y madrileñas, gatos o de adopción, de paso o echando raíces, poca importancia le dan a ello. Por ello, se equivocan los que quieren convertir eso en un debate sobre la identidad, los genes, y las raíces. Pero no se equivocan al intuir la importancia de un acento en política, en establecer vínculos emocionales con los ciudadanos. Un acento envuelve un mensaje, una idea, una propuesta. ¿Quizás teman la dulzura de Trinidad contra el seco acento de Esperanza?

¿Seguirá Aznar los pasos de Take That?

Take That fue un éxito de ventas en los 90. La primera de las boybands de la década que se ganaron el corazón de millones de fans a lo largo de esa década y durante los primeros años del siglo XXI. Lo del grupo de Manchester fue una auténtica locura. Tanto, que su separación no dejó de tener tintes traumáticos para muchas adolescentes. La noticia de la vuelta a la banda, 15 años después, de Robbie Williams no ha pasado inadvertida. Tras rumores se ha consumado. ¿Podría darse algún caso similar en la política española?

Puede parecer extraño, pero la propia historia del grupo puede parecerse a la de un grupo excepcional de políticos que unió a la derecha española tras el franquismo. No es que Aznar tenga dotes de cantante, pero su liderazgo al frente del PP en los 90 puede asimilarse a los Take That. Consiguieron todo lo que se propusieron y se diluyeron sin alzar la voz. Aznar anunció que se iba como Williams lo hizo en 1995.

Tanto los Take That como el PP de Aznar dejaron a millones de huérfanos. Millones de españoles que siguen pensando que nadie volverá a dirigir el partido y el país como José María Aznar. Quizás por ello, ante las cíclicas crisis del partido, no se han dejado de sentir voces que, o bien reclamaban la vuelta del líder o abiertamente pedían que el de Valladolid volviera a la escena política.

La realidad es que las carreras en solitario de Williams y Aznar han sido exitosas. El primero, recorrió medio mundo con sus álbumes en solitario. Una de las figuras más importantes del pop británico de los últimos años. Aznar, en cambio, es un conferenciante habitual al otro lado del Atlántico, ha escrito varios libros y sigue siendo una pieza fundamental de la derecha española. El primero ya ha anunciado su vuelta a los ruedos. Aznar, no parece estar por la labor.

Pero ese espíritu de volver al grupo –los Take That se unieron de nuevo en 2006- parece que no está muerto en el PP. Viejos miembros de la banda piden turno para volver a tocar. Es el caso del ex vicepresidente del Gobierno, Francisco Álvarez Cascos, que está haciendo lo imposible por ser el candidato del PP en Asturias. El partido se ha rebelado contra ello, pero las maniobras ahí están. A la espera de que el garante del grupo, Mariano Rajoy -que aguanta pese a Gürteles, espionajes o envites de la Lideresa- se manifieste.

La marcha de Aznar, vinculada a la promesa de no estar más de dos mandatos en el cargo, tuvo mucho de esa marcha de Williams justo cuando estaban saboreando las mieles del éxito. Y seguro que en más de una ocasión el ex presidente haya pensado que su decisión fue un error. Pero seguro que la nostalgia no sería el principal motivo de su vuelta.

Por el momento, el retorno no parece estar sobre la mesa o su proyecto personal. Pero, si Take That ha vuelto a unirse tras tantos años, ¿seguiría siendo algo descabellado creer que Aznar, ahora con abdominales marcadas, pudiera volver a la política?

YouTube: cinco años de videopolítica

Han pasado sólo cinco años. Sólo cinco. Ese es el tiempo desde el lanzamiento de YouTube hasta el día de hoy en que difícilmente podemos entender Internet sin el mayor archivo de vídeos de la historia. Sin este espacio global de vídeos que ha hecho del nuestro un mundo más pequeño. En YouTube lo han expresado de esta forma con el vídeo conmemorativo:

YouTube ha hecho más pequeño el mundo de la política. Ha aproximado a políticos y ciudadanos, para bien y para mal. En cinco años hemos visto como este espacio podía servir para introducir temas en la agenda política, como en las preguntas que llegaron a los candidatos a las elecciones presidenciales de 2008 en Estados Unidos.

Dirigentes de hoy que ayer abrieron las puertas de su casa para darse a conocer, como David Cameron, que desde hace sólo unos años, ha establecido contacto con los británicos a través de sus vídeos.

Mas y Rajoy no han dudado en subirse al carro a esa tendencia.

Las cámaras digitales y la posibilidad de acceso a todos nos han convertido en autores en potencia, aunque los creadores sean sólo una parte muy pequeña de todos los usuarios en YouTube. Así, nos llegaron las imágenes de un Aznar enfadado cuando es sorprendido en un avión.

YouTube ha sido el aliado de la viralidad y del fin del control de muchos equipos de comunicación de gafes, como “el coñazo del desfile” de Rajoy o las supuestas copas de más de Sarkozy tras una reunión con una delegación rusa en una cumbre. O el president Montilla firmando un libro de honor con una chuleta. Incluso ha servido para dar a conocer la tarea de los diputados que vienen en pack en una lista y valorar su idoneidad para el cargo, como el caso de la diputada aragonesa más famosa en la Red.

El vídeo del “Yes, we can!” de Obama batió todos los récords y pulverizó el poder de los circuitos comerciales convencionales en televisión. Y la campaña americana fue, en esencia, una campaña de vídeos.

La burla a Mayor Oreja a través de una serie en YouTube fue un éxito, aunque no consiguió batirle en las elecciones europeas del pasado año. Y el efecto del “Confidencial.cat” de CiU en las elecciones de 2006 se amplificó en la Red cuando esto casi iba en pañales.

Gracias a YouTube, los vídeos de los mítines llegan a cualquier usuario. Si el mitin muere, YouTube le da bocanadas de aire.

Cinco años que, en definitiva, han servido para dar más visibilidad a la política, hacerla más próxima y, por qué no, más transparente.

En español, ¡coño!

Ha llovido mucho desde la primera visita oficial del ya coronado Juan Carlos I a Barcelona en 1976. A propósito de la muerte de Juan Antonio Samaranch pudimos recordar al joven monarca dirigiendo unas palabras en catalán desde el Palau de la Generalitat, por aquel entonces, sede de la Diputación de Barcelona que presidía el traspasado presidente del CIO. Fue una sorpresa y un gesto cargado de significado político en los meses posteriores a la muerte del dictador.

Un gesto. Como tantos otros hemos visto a lo largo de los últimos treinta años en todo lo relacionado con las lenguas que se hablan en España. Un gesto que al cabo de pocos meses se plasmó en el reconocimiento constitucional de la diversidad lingüística, la oficialidad del catalán, el euskera y el gallego. Que supuso el desarrollo de una convivencia lingüística que se ha vivido y se vive en las calles. Pero que no siempre ha sido reflejada del mismo modo en la política española.

Este ha sido y es, sin duda, un tema espinoso. Países como Canadá –con versiones de su himno en francés e inglés- o Suiza –con presencia de todas sus lenguas en sellos, monedas y billetes- han sabido reconocer su pluralidad lingüística a nivel oficial, legal, constitucional… pero también en el haber de la simbología. En los gestos cotidianos que han ayudado a no temer a lo que hablan los otros. En 2001, tras 150 años de historia postal española, sólo 46 de los 3.731 sellos emitidos lo fueron en alguna de las lenguas hoy oficiales. Hasta que el primer gobierno de Zapatero promovió el uso de las lenguas oficiales en espacios como los sellos o el registro civil.

Zapatero empezó también con un gesto su relación con Catalunya tras ser investido presidente. Un gesto menos frívolo que el de Aznar al afirmar que hablaba catalán en la intimidad. Al igual que Juan Carlos I, se dirigió en catalán durante la inauguración del Fòrum de les Cultures, en la primavera de 2004. Aunque el gesto que, como hemos visto, se tradujo en ciertos avances hacia el reconocimiento de la pluralidad lingüística, no fue todo lo profundo que se hubiese podido esperar: las lenguas oficiales no fueron reconocidas en el Congreso de los Diputados, en una crispada legislatura que dio lugar a una batalla incesante del presidente de la cámara, Manuel Marín, contra su uso.

El gesto tampoco se plasmó en avances significativos en Europa: pedir la oficialidad de las lenguas es responsabilidad de cada Estado. Así, países como Irlanda han llevado a la oficialidad de lenguas como el gaélico a la Unión. Y ahí el gesto del ejecutivo español se quedó a medias.

Los gestos, gestos son. Pero tras ello y su carga en lo simbólico, en lo emocional, se debe trabajar en algún modo. Por eso, el revuelo mediático causado por la intervención de Leire Pajín en el Senado nos devuelve a una realidad que no podemos obviar. Con un hemiciclo enfurecido por el uso de las lenguas oficiales por parte de la senadora, Pajín relató su vinculación personal y familiar con el euskera, su conocimiento del valenciano, que le permite entenderse con catalanes y baleares, y el respeto y admiración por el gallego. Un gesto que se inscribe en el reconocimiento de las lenguas, con treinta años de retraso, en la eterna candidata a ser la cámara de representación territorial.

Pajín sorprendió, y ese fue su triunfo comunicativo. Pero sobretodo, según relatan las crónicas parlamentarias, nos puso frente a una realidad que no por ignorarla, va a desaparecer: a muchos aún les sigue molestando el reconocimiento a la pluralidad. Comportamientos que subyacen en el imaginario colectivo de muchos, que impregna las actitudes hacia lo nuevo, lo plural y lo distinto. Tintes herederos de una España vieja y aislada durante siglos en lo social, en lo político y en lo cultural. Quizás la misma sustancia que impregna la incapacidad de varios presidentes a expresarse en inglés o en francés.

El papel de la televisión en la política

La niña de Rajoy, Artur Mas haciendo la gallina, González y Aznar. De los reporteros de CQC a Salvados. El Ala Oeste de la Casa Blanca y la televisión en la cultura política americana. Nixon y Kennedy… la figura del debate. Y en todo ello, el papel de la televisión. Interesante programa de TV3 sobre el papel de la televisión en la política. Os lo recomiendo.

Y tras ver el reportaje… ¿cuál es vuestro programa relacionado con la política favorito?

La peineta de Aznar

Aznar no ha sorprendido a nadie. El gesto que dedicó a los estudiantes en Oviedo es algo que cabía esperar del ex presidente. Es la consecuencia lógica de la escalation que lleva experimentando durante los últimos seis años. Su imagen pública se nutre de ello: un personaje sin complejos que no se corta ni un pelo.

Lo de Aznar no es sólo la peineta. Son los ataques al país desde su posición. No lo olvidemos, un ex presidente sigue teniendo un papel clave en política. Sigue desplegando su influencia y sigue teniendo relevancia. Por ello, la agenda propia que ha intentado marcar es el propio origen del gesto.

El dedo de Aznar viene a reafirmar posiciones. Los que siempre le han defendido –incluso cuando el delirio de una guerra ilegal, el resultado de la famosa foto de las Azores- ven en esa reacción la natural de quién está cansado de los gritos de siempre. La defensa y empatía de los que creen que nadie puede ser objeto del insulto de otros. Pero en vez de defender su posición superior por no recurrir al insulto, aceptan que el ex presidente se ponga a la misma altura que los que tanto denuestan.

Para los contrarios al ex presidente, ésta es la expresión máxima de su desbocada presencia pública. La última consecuencia de un síndrome de La Moncloa demasiado agudo. Pero sobretodo, la falta de respecto de quien debe servir a su país incluso tras abandonar el cargo. Es parte esencial de su historia reciente y por ello, tiene una responsabilidad con el país.

Seguramente, la posición de partida marque mucho el análisis que unos y otros hagan de la peineta, por lo que, en el fondo, el gesto del ex presidente tampoco tendrá más consecuencias de las que ya ha tenido. Con la que está cayendo, no serán muchos los españoles los que se cuestionarán su apoyo al PP por el gesto de su antiguo líder. Los que ya iban a votar por ellos lo seguirán haciendo. Y los que no, no harán lo propio.

Cualquier persona tiene derecho a que nadie lesione su honor. También Aznar, evidentemente. Los insultos no pueden ser gratuitos, y en política lo son demasiado a menudo. Pero también en los campos de fútbol o a manos de un volante. Por ello, lo inconcebible es responder con la misma moneda. Ese fue el auténtico patinazo de Aznar que a los que están en el medio de la trifulca política, ha fallado.

Viene en el cargo. Por suerte o por desgracia, pero viene en el cargo. Por ello, ponerse a la altura de los que profieren los insultos no es la mejor salida. No ya por qué no se consigue nada con ello –bueno sí, una explosión personal de placer, de dopamina, por desahogarse-, sino por el daño que puede generar en los menos afectos a la figura del que dedica peinetas. Aunque sea el Jefe del Estado.