Una constitución participativa

Desde que empecé a trabajar en Change.org he tenido la oportunidad de reunirme con muchas instituciones para hablar de participación ciudadana. Y en esas reuniones me he encontrado con tres perfiles muy distintos. Desde las instituciones que creen honestamente que la participación ciudadana es necesaria y buscan el mejor modo de hacerlo, las que se empecinan en no moverse de la formalidad más absoluta y las que solo quieren cubrir expediente o te reciben por cortesía.

Por ello, no deja de sorprenderme lo que está pasando en estos momentos en Ciudad de México. Los ciudadanos están participando en la redacción de su nueva constitución con peticiones en Change.org.

El status político de la Ciudad de México (CDMX) ha cambiado. De hecho, tras la reforma política, ha dejado de ser DF (Distrito Federal) para convertirse en una entidad autónoma. Por ello, están redactando su nueva norma básica. Pero con una novedad: los ciudadanos pueden aportar directamente sus propuestas a través de una página de Movimientos en Change.org.

Un Movimiento es una de las funcionalidades que tiene Change.org. Es una página que aglutina peticiones sobre un mismo tema. El Grupo de Trabajo que redactará la Constitución gestiona esta página en la que los ciudadanos de CDMX pueden iniciar sus peticiones con los temas que les gustaría ver en su constitución.

Pero no solo pueden proponer lo que quieran, el Grupo de Trabajo que redactará la Constitución, se ha comprometido a responder a las peticiones alojadas en este movimiento, de la siguiente manera:

  • Al alcanzar 5.000 firmas, la Secretaría Técnica del Grupo de Trabajo responderá a través de su perfil verificado de Change.org directamente a los creadores y firmantes de la petición.
  • Al alcanzar 10.000 firmas, los creadores podrán presentar personalmente su iniciativa ante tres representantes del Grupo.
  • Cuando una propuesta alcance las 50.000 firmas, los creadores de la petición serán invitados a presentar su iniciativa ante el pleno del Grupo de Trabajo que redactará la Constitución.

Por el momento, se han creado 280 peticiones con las firmas de 85.000 usuarios. Esta experiencia es única y pionera. Es impresionante ver cómo las instituciones pueden pueden trabajar con la gente para mejorar la representación de la ciudadanía.

La brecha entre política y ciudadanía es cada vez más grande. El actual clima político en España, de hecho, no ayuda a superarla. Este ejemplo muestra a la perfección cómo se pueden complementar los elementos formales -la constitución sigue su redacción por vías más tradicionales- con la participación de los ciudadanos en aquellos espacios en los que ya están participando.

Hoy, más del 26% de los usuarios de internet en España usan Change.org en su día a día. Cada mes se crean 1.500 peticiones nuevas. En dos meses se crean más peticiones que todas las que recibió la comisión de peticiones del Congreso en la pasada legislatura. Quizás haya un camino con aquello que ocurre más allá de los mecanismos formales. Y Ciudad de México sienta un interesante precedente.

La podrida clase política española

Que nos jodamos. Que no se llega a fin de mes con 5.000€ de sueldo cuando casi se exige una prueba de ADN para que los que menos tienen cobren 400€ de ayudas. Que la salida a la crisis pasa por poner casinos o parques temáticos mientras se sangra a una clase media en peligro de extinción. Decir A para ganar elecciones y hacer B sin ruborizarse. Ni pedir perdón. La clase política española ni reflexiona, ni cambia. Ni se espera que lo haga.

El País publica hoy un interesante artículo de César Molinas (matemático y economista, ha sido académico, gobernante y banquero de inversión) en el que hace una radiografía interesante de la clase que nos gobierna. Una élite extractiva, como cita en su artículo. Aunque no coincida con Molinas en la solución -a mi juicio, incompleta y de brocha gorda- es interesante ver como se pone blanco sobre negro ante una clase -o casta- que ni ha pedido perdón ni lo va a hacer ante sus tejemanejes, los que nos han llevado hasta el día de hoy.

Recomiendo su lectura y me permito compartir algunas de sus ideas clave que es necesario leer. E interiorizar:

“Una élite extractiva, según la terminología popularizada por Acemoglu y Robinson. Los políticos españoles son los principales responsables de la burbuja inmobiliaria, del colapso de las cajas de ahorro, de la burbuja de las energías renovables y de la burbuja de las infraestructuras innecesarias.”

“El sistema electoral proporcional, con listas cerradas y bloqueadas, ha creado una clase política profesional muy distinta de la que protagonizó la Transición. Desde hace ya tiempo, los cachorros de las juventudes de los diversos partidos políticos acceden a las listas electorales y a otras prebendas por el exclusivo mérito de fidelidad a las cúpulas. Este sistema ha terminado por convertir a los partidos en estancias cerradas llenas de gente en las que, a pesar de lo cargado de la atmósfera, nadie se atreve a abrir las ventanas. No pasa el aire, no fluyen las ideas, y casi nadie en la habitación tiene un conocimiento personal directo de la sociedad civil o de la economía real. La política y sus aledaños se han convertido en un modus vivendi que alterna cargos oficiales con enchufes en empresas, fundaciones y organismos públicos y, también, con canonjías en empresas privadas reguladas que dependen del BOE para prosperar.”

“La clase política española se ha dedicado a colonizar ámbitos que no son propios de la política como, por ejemplo y sin ánimo de ser exhaustivo, el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial, el Banco de España, la CNMV, los reguladores sectoriales de energía y telecomunicaciones, la Comisión de la Competencia… El sistema democrático y el Estado de derecho necesitan que estos organismos, que son los encargados de aplicar la Ley, sean independientes. La politización a la que han sido sometidos ha terminado con su independencia, provocando una profunda deslegitimación de estas instituciones y un severo deterioro de nuestro sistema político.”

“El Congreso de los Diputados no es solo el lugar donde se elaboran las leyes; es también la institución que debe exigir la rendición de cuentas. Esta función del Parlamento, esencial en cualquier democracia, ha desaparecido por completo de la vida política española desde hace muchos años.”

“La clase política española no sólo se ha constituido en un grupo de interés particular, como los controladores aéreos, por poner un ejemplo, sino que ha dado un paso más, consolidándose como una élite extractiva, en el sentido que dan a este término Acemoglu y Robinson en su reciente y ya célebre libro Por qué fracasan las naciones. Una élite extractiva se caracteriza por:
– Tener un sistema de captura de rentas que permite, sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población en beneficio propio”.
– Tener el poder suficiente para impedir un sistema institucional inclusivo, es decir, un sistema que distribuya el poder político y económico de manera amplia, que respete el Estado de derecho y las reglas del mercado libre. Dicho de otro modo, tener el poder suficiente para condicionar el funcionamiento de una sociedad abierta -en el sentido de Popper- u optimista -en el sentido de Deutsch”.
-Abominar la ‘destrucción creativa’, que caracteriza al capitalismo más dinámico. En palabras de Schumpeter “la destrucción creativa es la revolución incesante de la estructura económica desde dentro, continuamente destruyendo lo antiguo y creando lo nuevo”

“Tal y como establece la teoría de las élites extractivas, los partidos políticos españoles comparten un gran desprecio por la educación, una fuerte animadversión por la innovación y el emprendimiento y una hostilidad total hacia la ciencia y la investigación. De la educación sólo parece interesarles el adoctrinamiento: las estridentes peleas sobre la Educación para la Ciudadanía contrastan con el silencio espeso que envuelve las cuestiones verdaderamente relevantes como, por ejemplo, el elevadísimo fracaso escolar o los lamentables resultados en los informes PISA. La innovación y el emprendimiento languidecen en el marco de regulaciones disuasorias y fiscalidades punitivas sin que ningún partido se tome en serio la necesidad de cambiarlas. Y el gasto en investigación científica, concebido como suntuario de manera casi unánime, se ha recortado con especial saña sin que ni un solo político relevante haya protestado por un disparate que compromete más que ningún otro el futuro de los españoles.”

La amenaza de Lego al Estado de Derecho

Una marea enfurecida con una sonrisa irrompible. No avanza pero planta cara. Desafía al poder. Se abre paso entre la nieve aunque no se mueva ni un ápice. Pide libertad. Pide que el Gobierno haga algo. Pide cambios. Son una amenaza para el Estado. Y no miden más que un palmo.

Lego amenaza al Estado. No la empresa, sus muñecos. Lego y simpáticos ositos. Adorables pingüinos. Decenas de muñecos portan pancartas pidiendo elecciones limpias y libres en Rusia. Fue el modo en que activistas rusos protestaron por el dudoso juego limpio en sus comicios electorales. ¿Es solo una forma de protesta? No, es algo más.

La policia de Barnaul, la localidad en la que tuvo lugar esta forma de protesta, pidió a la fiscalía que investigara la legalidad de esta manifestación. Parece increíble que pueda investigarse y ¿juzgar? a unos acusados que apenas llegan a los 10 centímetros de alto. Parece un sin sentido. Y lo es. Parece desproporcionado. Y lo es.

También lo parece, y seguramente lo sea, lo ocurrido en Valencia estos días. Aunque no sea el detonante de lo ocurrido en el Lluís Vives, algo tiene que ver la exagerada reacción del instituto de Almassora que expulsó al alumno que, con una foto en su Facebook, denunciaba la falta de calefacción en su instituto. Un gesto que expresa una nueva forma de protestar. Una nueva forma de dar a conocer los problemas. La denuncia pública y en tiempo real de las injusticias.

Ese impulso por defender la decencia seguramente sea la que llevo a los chavales del IES Lluís Vives a cortar una calle y protestar pacíficamente por los efectos que una sangría de recortes están dejando en la inversión en las nuevas generaciones. No parece proporcionado ahogar la mayor inversión que debe hacer un país: la educación de las generaciones que en el presente se preparan para el (nuestro) futuro.

Por el momento, quien investigará será el Síndic de Greuges. Y no investigará a muñecos de goma de un palmo que son el único modo de saltar la férrea censura y represión rusa. Investigará a esos policías que, recibiendo una orden política, se les fue la mano -y la porra- en la gestión de las protestas de adolescentes. De ese presente que se prepara para el futuro.

La comparación es desproporcionada. Lo digo antes de que cualquier avispado lector me lo recrimine. Pero algo me lleva a escribir este artículo. La creencia de que si cuestionamos día a día -como hacen algunos- el ejercicio de nuestras libertades más básicas; quizás en unos años deberemos recurrir a Lego para enfrentarnos al Estado.

Los derechos del mayor discurso sobre derechos

Es curioso: el discurso que puso más presión sobre Kennedy para que terminara con la discriminación en Estados Unidos, el discurso que es un auténtico canto a la libertad, el símbolo más claro de lo que es la lucha por la igualdad; no se puede compartir libremente. Martin Luther King tuvo un sueño el 28 de agosto de 1963. Y hoy miles de personas tienen otro: que ese discurso pertenezca al dominio público.

Uno de los discursos más famosos de la retórica norteamericana y uno de los iconos más claros en la lucha por el fin de las desigualdades tiene copyright. Así lo muestra Juanlu Sánchez en un excelente post sobre el tema: Sony y EMI tienen los derechos y cobra cada vez que alguien quiere reproducir este símbolo.

Ante ello, Yasmin Gabriel, una activista afroamericana por los derechos civiles ha iniciado una campaña -y miles de personas ya la han apoyado- en Actuable y en Change.org para pedir a estas dos discográficas que liberen los derechos del “I have a dream” y pase al dominio público de forma inmediata, sin tener que esperar al año 2038. De ese modo, se podrá escuchar sin barreras uno de los discursos más importantes en defensa de la igualdad y la difusión de unas palabras que tuvieron, tienen y tendrán tanto sentido no serán cortadas de este modo:

#UnfollowRajoy

He decidido dejar de seguir a Mariano Rajoy en Twitter. No suelo anunciar los unfollows pero este me parece de especial significado. ¿Tiene sentido seguir a un presidente que va a tardar 40 días en comparecer en la sede de la soberanía nacional? ¿Tiene sentido seguir a alguien en un espacio natural de conversación cuando se niega a dar explicaciones? No creo que lo tenga.

Hace poco escribí sobre lo que le espera a Rajoy. Le espera la ingente tarea de recuperar la confianza. No solo en la economía: en la política. Especialmente en la política. Y tiene ante él un contexto único. Un escenario al que nunca un presidente español se ha enfrentado. Un escenario en el que los ciudadanos y ciudadanas reclaman más participación. Y más transparencia. Y más información. Y más proximidad.

Rajoy se esconde. Rajoy no responde. El presidente muestra un desdén inusitado hacia las personas que le han elegido para ese cargo. ¿Tiene sentido mantener el seguimiento a alguien que no tiene ningún interés en explicar, en conversar, en crear confianza? Por ello, desde hoy, #UnfollowRajoy

Lo que le espera a Rajoy

No soy muy amante de las etiquetas, la verdad. El 1.0 contra el 2.0. O esa fiebre por añadir lo segundo a cualquier cosa. Como si ya con la etiqueta fuera mejor. Creo que lo hemos sufrido. Las llamadas campañas políticas 2.0 no nos han dejado, en la mayor parte de los casos, unos mejores políticos. ¿Y los que vienen?

En horas, nos fijaremos en detalles importantes. ¿Qué futuro tendrá el Twitter de campaña de Mariano Rajoy? ¿Y el Facebook? ¿Y la transición de los canales oficiales de la Administración? Son, todas ellas, preguntas interesantes. Muestras de los nuevos tiempos. Pero lo importante es el fondo. Lo que queda tras el guión clásico y perfecto de la investidura que acabamos de ver.

“La pregunta que debemos responder es qué papel vamos a tener los ciudadanos

Hace unas semanas pasé unas horas muy interesantes con varios alumnos de máster del IE. Me acerqué a reflexionar con ellos en una clase de su curso sobre las diferencias de la web 1.0 y la web 2.0 en la política. Otra vez las etiquetas. Fue un ejercicio estupendo. Porque en el fondo, por mucho que nos fijemos en las aplicaciones, en lo que se puede –y no se puede hacer con la web o con los canales- lo que importa es el motivo. El objetivo. El por qué.

Esa es la clave. Más allá de si Rajoy mantendrá su Twitter o su Facebook, la pregunta que debemos responder es qué papel vamos a tener los ciudadanos. Lo comentaba Francisco Polo en El País cuando hablaba de los “tecnoelectores”. Y no se cansa de repetirlo Antoni Gutiérrez-Rubí en obras tan importantes como “La política vigilada”. Lo revolucionario, a lo que no quiero poner etiquetas, es esa voluntad de no quedarnos de brazos cruzados de elección en elección.

La Política sigue replegada en su lenguaje, en sus corrillos.”

“Lo llaman política 2.0 y no lo es”, titulaba hace unos meses en este artículo. Y ahí vamos a tener mucho que ver en los próximos años. Me encanta citar el concepto de conversación del célebre Cluetrain Manifesto. Me gusta porque aún no hemos llegado a esa conversación. Estamos en ello. Dependemos mucho de la voluntad de algunos notables casos. Pero la Política sigue replegada en su lenguaje, en sus corrillos.

Lo que le espera a Rajoy es algo más que recortes en las cuentas. Le espera una valoración más que diezmada de lo que es la política por parte de los ciudadanos. Le espera desconfianza en la democracia. No es tarea fácil.

No soy amante de las etiquetas. Por ello, no me atrevo a pedir una legislatura en clave 2.0. Pero sí me atrevo a pedirle al nuevo presidente y los nuevos diputados y senadores que aprovechen una nueva oportunidad –otra más… u otra menos, según se mire- para entender la política como algo que trasciende a los pasillos enmoquetados. Sería revolucionario. De verdad.

 

Foto de Uly Martin en El País.

Si quieres mi voto, enseña los gráficos

Volveremos a ver momentos como este en el debate de esta noche. Volverán los datos, los recortes de periódico y los gráficos volverán a ser los floretes en este particular duelo. Los gráficos en un debate son de un gran valor: los datos, las ideas y las abstracciones, de golpe, se pueden tocar. Pero… ¿de dónde vienen esos datos?

El uso de gráficos en un debate tiene un porqué. También lo tiene el modo de presentarlos. Es fácil que un debate como el que viviremos esta noche se pierda en la inmensidad de cifras que no alcanzamos a comprender o imaginar. Por ello, la necesidad de representarlas y tocarlas exige su uso. Pero no solo eso: su uso debe ser compatible con la velocidad de la televisión y con los planos de televisión. Alguien desde casa debe identificar de un vistazo que lo que el candidato defiende, se comprueba en los gráficos.

Las opciones de fraude o de no representar fielmente la realidad están al alcance de los equipos de campaña. Un gráfico extremadamente generoso en la escala, la generalización de los datos o el amparo del poco tiempo en que un documento está en pantalla puede inducirnos a creer a pies juntillas lo que un candidato muestra. Especialmente porque creemos que esos gráficos son una prueba veraz. Pero… ¿y si no lo es? Por ello, el reto que creó Jesús Encinar en Actuable cobra una importancia especial.

Encinar pidió a los candidatos que se comprometieran a publicar en internet los gráficos que usaran en el debate. Puedes leer más sobre ello en este post de Actuable. Y ambos candidatos respondieron afirmativamente -y con mucha rapidez- a la propuesta del fundador de idealista.com. En sus canales de Twitter afirmaron que publicarían los gráficos que hoy usarán en el debate (Rajoy y Rubalcaba).

Es algo necesario. Sano. Vital. Los ciudadanos y ciudadanas debemos poder comprobar los datos. Conocer la fuente. Buscar los datos originales. Comparar. Nuestra democracia, que no está en sus mejores momentos, precisa de acciones como esta. Y ahí, el poder de la red es clave. Nos permite llegar a más información y contrastar -por mucho que algunos políticos sigan pensando que eso no pasa- y nos permite hacer llegar nuestras inquietudes a nuestros representantes. El caso de este victorioso reto, es una prueba.

Cambiando el mundo con Change.org

No es solo una crisis económica. Estamos viviendo una crisis mucho más profunda. Lo demuestra el hecho de que la confianza en las instituciones políticas, los medios de comunicación o el sistema financiero, cotice a la baja. Es una crisis muy profunda. Buscamos una salida. Especialmente con lo nuevo.

Los valientes, emprenden. Algunos alcanzan el éxito pese a la maldita crisis. Y no hablo solo de negocios. Hablo de aquellos que no se quedan de brazos cruzados y buscan una vía alternativa para solucionar aquello que les rodea y que no les gusta. Hablo de las personas –muchas- que quieren cambiar el mundo. Hablo de Actuable, de Change.org. Hablo de la gente que no se queda quieta y que pide cambio.

Actuable tiene historias en su haber de cambios conseguidos por la unión de miles de personas. No sé si el lazo será débil o fuerte, por citar a Gladwell, pero la realidad es que cuando miles de personas se unen para defender una causa justa, el cambio llega a barrios, ciudades y países. Que se lo digan a Antonio. Que se lo digan a Alicia.

Hace pocas semanas, durante el primer aniversario de Actuable, Francisco Polo anunció la unión con Change.org. La suma de dos plataformas de activismo online punteras para crear la mayor plataforma del mundo. Change.org tendrá un papel fundamental en España para conseguir cambios y luchar contra las injusticias.

Tengo el honor de ser el director de comunicación para España de Change.org. Trabajar para hacer de la comunicación una palanca para el cambio social. Me entusiasma poder unir mis dos grandes pasiones, la política y la comunicación, en esta nueva etapa profesional. Trabajar para provocar cambios en cualquier lugar, en cualquier momento.

Lo llaman política 2.0 y no lo es

¿De dónde salieron? Las miles de personas que llenaron las plazas, ¿quiénes son? ¿Por qué están y estaban ahí? ¿En qué momento decidieron salir a la calle y consiguieron captar toda la atención? Los partidos y los líderes políticos buscan respuestas y no logran encontrarlas. O quizás no quieran hacerlo. Pero en realidad, las tienen delante de sus narices.

A medida que el movimiento 15M avanza, podemos tomar distancia para destilar el fondo y la forma. Los objetivos, los éxitos y los fracasos. En ello, la respuesta del origen es casi tan importante como lo que pueda conseguir. Y el origen no está solo en una situación concreta, llamémosle crisis, ley electoral o el sistema financiero. El origen quizás debamos buscarlo en la relación de los ciudadanos con sus representantes, siempre en tensión. Y en la aparición de un medio de comunicación que ha cambiado ya demasiadas cosas. Y no va a dejar de hacerlo.

Las listas cerradas y bloqueadas, el papel de los partidos políticos y las barreras de entrada al espacio político, la imposibilidad durante años de contactar con los representados, la personalización de la política… son elementos importantes para entender como la llegada de un medio de comunicación como internet, puede tener efectos de calado en una relación que había caído en la rutina.

Reconozcámoslo: la política no gusta. Se puede entender su valor, pero no es algo que guste o despierte pasiones. Para la mayoría de la población, la participación cada cuatro años es más que suficiente y tampoco tienen pasión por introducir cambios. Pero el entorno de aquellos ciudadanos que sienten la política, la viven y, lo más importante, ven en ella la vía para cambiar las cosas; tienen en la red un aliado.

Organizaciones, asociaciones, grupos de interés y ciudadanos de a pie han entendido mejor que los políticos lo que se puede conseguir con internet. Son conscientes de la capacidad de propagación y organización. De cómo una buena idea, puede sumar seguidores. Conscientes de la posibilidad de terminar con las rémoras más pesadas de organizaciones y rutinas.

Acciones como estas desconciertan al poder tradicional. Actores más pequeños, más volátiles y menos reconocibles tienen capacidad para modificar la agenda.

Mientras muchos políticos se quedaron en la dimensión más básica de la política 2.0 –abrir un Twitter o un Facebook, participar lo justo o dejarlo en manos del becario-, muchos ciudadanos han entendido que se puede hacer política. Y vaya si lo han hecho.

La sorpresa llega a los centros de poder. Más cuando consiguen algo tan notorio como conseguir llenar las plazas de varias ciudades españolas antes de las elecciones. Acciones como estas desconciertan al poder tradicional. Actores más pequeños, más volátiles y menos reconocibles tienen capacidad para modificar la agenda.

Ahí viene el reto de los políticos y la política. ¿Cómo hacer frente a ello? Escuchar debe ser el primer paso. Escuchar las demandas y observar tanto el fondo como la forma. Escuchar para conocer si, aunque no se venga de la forma tradicional de participar en política, la política puede dar respuestas a tantas preguntas.

El movimiento 15M debió atragantar el desayuno de más de un líder político. ¿De dónde vienen? ¿Por qué protestan? ¿Qué quieren? Seguramente, se sintieron como cuando el profesor pone en un examen el tema que no te preparaste. No les falta razón cuando hablan de las formas tradicionales de hacer política y citan las reglas del juego existentes. Pero se quedan en la superficie.

La política 2.0 no puede quedarse en la mera apertura de canales. ¿De qué sirve que Mariano Rajoy tenga una página en Facebook si no escucha lo que proponen los ciudadanos?

Quizás esa superficie sea la que evita que las cosas cambien. La que hace que nuestros políticos ni escuchen ni vean los movimientos que nacen de la red como algo relevante. Sin ir más lejos, a las puertas de las elecciones municipales y autonómicas, Actuable y Avaaz recogieron más de 100.000 firmas para exigir a los partidos listas limpias de imputados por corrupción. Ningún dirigente de PP o PSOE se dignó a recogerlas y escuchar los motivos de los promotores.

No todos son así. En el Reino Unido, el viceprimer ministro Nick Clegg recibió y escuchó los argumentos de la gente que había apoyado la petición de 38 Degrees en defensa de la sanidad pública. Y se llevó, con sus propias manos, las cajas con las peticiones firmadas. Maneras distintas de entender que las cosas están cambiando.

Las cosas están cambiando. La política 2.0 no puede quedarse en la mera apertura de canales. ¿De qué sirve que Mariano Rajoy tenga una página en Facebook si no escucha lo que proponen los ciudadanos? La ciudadanía ha entendido el valor de las herramientas. Ha movilizado a miles de personas. Quizás de forma anárquica. Quizás con números pequeños.

Algunos políticos siguen diciendo que lo ocurrido con el 15M debe interpretarse. Debe estudiarse. En futuro. Sin ganas de atajarlo. Como si fueran animalitos que emiten sonidos extraños. Pero el tiempo apremia y no pueden demorarse más. Cuando las plazas se llenan, cuando más de 200.000 personas se unen en la red con una de las mayores peticiones online de la historia española; es que algo está cambiando.

Mientras los ciudadanos se movilizan, muchos políticos se escandalizan. La oportunidad de mejorar nuestra democracia está sobre el tapete. Está en la agenda de la calle. Tienen un Twitter, un Facebook y un blog. Hablan de ellos. Solo de ellos. Lo llaman política 2.0 y no lo es.

 

Entrada relacionada: “Manifiesto: Los límites del 2.0 en los procesos políticos”

 

Fotografía de Olmovich en Flickr.