La humillación de Peña Nieto. Y la de México.

Pocas veces un jefe de estado se humilla en vivo en televisión. A veces ocurre. En la ficción, como cuando el primer ministro británico en “Love Actually” se enfrenta al presidente de Estados Unidos. Hugh Grant le suelta en directo todo un discurso patriótico en un momento en el que confunde los celos por la mujer que quiere al verla con el presidente americano con un ataque a Gran Bretaña. Y en la realidad, como cuando Juan Carlos I no pudo mantener el secreto de su cacería africana al caer y tener que ser intervenido de urgencia. Todos recordamos su disculpa pública. Y cómo se aceleró el ocaso de su reinado.

Un jefe de estado no es solo una persona. No es solo un líder. Encarna al conjunto de la nación. Para bien y para mal. A veces un jefe de estado no está a la altura de los acontecimientos. Por las circunstancias o por la propia capacidad. Pero muy pocas veces es un jefe de estado el que se tiende una trampa a sí mismo. Enrique Peña Nieta, presidente de los Estados Unidos Mexicanos, lo hizo la semana pesada.

Los mexicanos y las mexicanas llevan años asistiendo a un auténtico vodevil presidencial. Casos como el escándalo de la “casa blanca” de su mujer, la actriz de telenovelas Angélica Rivera. Según lo publicado por Aristegui Noticias, la lujosa mansión de la primera dama era legalmente propiedad de la empresa Ingeniería Inmobiliaria del Centro, parte de Grupo Higa, que realizó varias obras de infraestructura cuando Peña Nieto era gobernador del estado de México. O como el que salió a la luz hace apenas unas semanas: el presidente plagió su tesis de grado.

En ese contexto, Peña Nieto ha tenido que hacer auténticos malabares para sobrevivir a los envites de su mandato. Y para ello, se ha valido siempre de la televisión. Para muchos, Peña Nieto es un presidente televisivo. Un presidente que, se llegó a creer, fue creado por la televisión. En 2012 el periódico británico The Guardian denunció unos supuestos acuerdos de Peña Nieto con el Grupo Televisa para favorecer a su candidatura en la cobertura de las elecciones a la presidencia. Algo que llegó a inspirar la película de Luis Estrada “La Dictadura Perfecta”.

No es extraño pensar que Peña Nieto pensaba que realmente su presidencia necesitaba un buen golpe de efecto mediático para apuntalar su gestión. No es extraño pensar que si el presidente se enfrenta al mayor enemigo público de la república, podía ganar enteros. No es extraño pensar que mostrar la fortaleza del Estado a quién lleva meses insultando a los mexicanos podría llegar a tener sentido.

No es extraño pensarlo. Lo extraño es que haya salido tan mal. O no, quizás la maltrecha gestión de Peña Nieto solo podía augurar lo que finalmente pasó. El mayor desastre de un jefe de estado en años.

31 de agosto de 2016. Los Pinos. El presidente mexicano recibe en su residencia, de forma oficial, al candidato republicano Donald Trump. El que quiere construir un muro en la frontera con México. Y que lo pague México. Durante 40 minutos departen sobre los temas de la visita. Se supone que el famoso muro. Se supone que el presidente va a defender el honor de los mexicanos. Minutos más tarde en el salón Adolfo López Mateos de la casa presidencial, comparecen los dos. Uno, elegido por los mexicanos. Jefe de Estado. Máxima representación del país y comandante en jefe del ejército. El otro, aspirante a serlo en las elecciones del próximo ocho de noviembre. Por el momento, magnate multimillonario y candidato de un partido político. Y se formó la gozadera. Un error monumental formado de varios errores que repasamos a continuación. Sin orden ni concierto.

Error #1: La escenografía.

La escenografía es impresionante. Bajo el escudo nacional del águila y la serpiente, la bandera de la federación y dos atriles presidenciales. De un plumazo, Peña Nieto trata igual a quién no lo es. Le da el rango de jefe de estado de otra nación. Le da empaque para que así se presente él en su país. Lo que no deja de ser sorpresivo si ese candidato va en contra de los intereses nacionales de México. Le da a Trump el escenario perfecto para ser percibido como líder. Peña Nieto se presta a ello. La reunión será privada. Pero es en la sede de la presidencia.

Error #2: El discurso.

No, Peña Nieto no hizo como Hugh Grant. No repasó las increíbles virtudes del pueblo mexicano y le espetó a Trump un buen zas en toda la boca. No. Asintió, rebajó el tono y no aclaró si defendió a México como todos esperaban. Por el contrario, cantinfleó sobre economía, relaciones bilaterales…

Error #3: El resultado.

Las críticas a Peña Nieto no han dejado de crecer. Los mexicanos se sienten humillados, no ya por Trump, sino por su presidente. Se han convocado protestas, las redes sociales han mostrado la repulsa a los actos del presidente… Ni Peña Nieto defendió con firmeza a México ni Trump ha dejado de insultar a los mexicanos desde su visita. Al contrario, horas después de regresar de México insistía en que ese país pagaría el muro. Un éxito, no fue.

Error #4: El momento.

El fallido encuentro con Trump se dió el día antes del Día del informe de gobierno del Presidente de la República. El 1 de septiembre el presidente mexicano da cuentas de las acciones de su gobierno en cumplimiento del artículo 69 de la constitución. Un momento político de altísimo nivel que muestra resultados. Momento con gran carga política y de comunicación. Momento empañado por la polémica generada por la fallida visita.

Error #5: La reacción.

En los días posteriores a la reunión y a la comparecencia con Trump, Peña Nieto tuvo que matizar y ha llegado a afirmar que en la reunión fue tajante con Trump respecto al muro. Algo que los mexicanos no vieron en la comparecencia. El presidente ha llegado a escudarse en la cortesía con el invitado y ha tenido que entrar en directo en el telediario para matizar su acción.

Esta visita no será olvidada. Es muy poco frecuente ver a un jefe de estado tomando un riesgo tan grande y con un resultado tan fallido. Nada será igual en la presidencia de Peña Nieto tras esta reunión. Y sólo el resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos dejará esto en una funesta anécdota o en el primer acto de una tragedia que puede acabar muy mal para los ciudadanos y ciudadanas de México.

¿Qué hacen los candidatos en una feria de granjeros?

Si lo tuyo es la ciudad, te gusta el cine en versión original y quieres que te cobren una millonada por un corte de pelo, no se te ha perdido nada en Iowa. Si encima eres multimillonario, tienes jet privado o te has pasado tu vida en los despachos del poder de Washington, en Iowa estás más perdido que Wally. Pero si tu intención es ser presidente de Estados Unidos en 2016 o, como mínimo, conseguir la nominación de tu partido, eres un temerario si no estás en Iowa y sí en Martha’s Vineyard.

Iowa es un estado del Medio Oeste, del bastión de voto conservador, de misa dominical, tractor y cerveza, nada de gintonic. Es un estado agrícola -para que te hagas una idea, es el mayor productor de soja y etanol de los Estados Unidos- y es muy pequeño. Apenas llega a los tres millones de habitantes. Elige a 7 votos del colegio electoral que nombra al presidente. California da 55. Como comprenderás, su peso para elegir al próximo presidente es mínimo. Pero pese a ello, todo gira alrededor de Iowa.

¿Por qué? Muy sencillo: Iowa es el primer estado en celebrar primarias. Y aunque su peso en delegados para los candidatos es mínimo, ganar en Iowa te puede dar el empujón necesario para ganar la nominación. Por ello, la mayoría de las candidaturas llevan meses trabajando en este estado y los meses de verano nos permiten verlo en su máximo apogeo.

Y ahí es donde entra en juego la feria del estado. Estos días se está celebrando este evento en la capital del estado, Des Moines. Se espera la presencia de más de un millón de visitantes -y te recuerdo que la población del estado no llega a tres- y de entre todos ellos, la presencia de todos los candidatos a la presidencia por ambos partidos.

Las campañas usan este momento para hablar con todo el mundo y conseguir apoyos de cara a las primarias de enero. Hace unos meses te hablaba de cómo funcionan esas primarias y por ello es tan importante tener gente en el terreno, que los ciudadanos de Iowa puedan ver, sentir, tocar y hasta oler a los candidatos. Porque en las primarias, un solo voto puede fastidiarlo todo.

Por ello, estos días podemos ver a los hijos de la aristocracia política, los candidatos más ricos o a los más socialistas arengando a los ciudadanos del estado en busca de su apoyo. Y de su dinero. Porque es un momento propicio para conseguir más donaciones para sostener sus campañas. Y eso convierte a una feria de granjeros en un acto político de primer nivel en Estados Unidos.

Pero más allá de la importancia estratégica para las campañas, la feria también tiene su importancia por todo lo que la política supone en la época del infotainment. Todos los medios están buscando un error, un enfrentamiento o una oportunidad única para llenar horas de emisión. Y en la feria, a veces, ocurre.

Para la periodista de ese estado, O. Kay Henderson, todos los candidatos deben llevar dinero en el bolsillo, porque no van a entrar gratis. Y una vez dentro verán como su mundo y el de los granjeros son como agua y aceite. No es un público fácil y muchas veces se han visto enfrentamientos entre la gente y los candidatos. Mitt Romney lo sufrió dos veces.

Las primarias no se ganan en enero. La gran presencia de candidatos es muestro de ello. Las máquinas electorales van a todo ritmo y esto ya no lo hay quien lo pare.

Un año para Iowa

No es por agobiar a nadie, pero la carrera presidencial de 2016 se pone seria. Y es que, si no se adelanta ningún estado -que todo puede pasar- y no hay cambios en las previsiones, en un año estaremos presenciando ya el pistoletazo de salida de las primarias en Estados Unidos. Primera parada, Iowa.

Según las previsiones, el lunes 18 de enero de 2016 el estado de Iowa será el primero. Aunque cabe recordar que en las primarias de 2008 y 2012 el caucus en este estado se adelantó varios días, justo al inicio del año. Ese día conoceremos qué candidato o candidata de los dos grandes partidos se lleva los delegados de ese estado.

El hecho de que hable de este estado en este artículo no es casualidad. Iowa es el primer estado en decidir sus delegados. De hecho, de 1972 se ha convertido en un acto político de primer orden en Estados Unidos. El mundo entero mira a Iowa en año electoral. Y eso que los ciudadanos de este frío estado solo deciden un 1% de todos los delegados en las convenciones de los partidos.

¿Por qué es importante Iowa, pues? Precisamente por el poder mediático y de tracción que tiene para las campañas. La apuesta estratégica de Obama, por aquel entonces un candidato prometedor pero poco probable, era ganar en Iowa para conseguir el empujón mediático que necesitaba. Pero ni todos los candidatos que ganan en Iowa consiguen la nominación ni todos los que consiguen ganar en Iowa consiguen la presidencia.

Por ejemplo, desde 1972 Carter, Mondale, Kerry, Obama, Dole y George W. Bush consiguieron ganar en Iowa y la nominación de sus partidos. Solo Carter, George W. Bush y Obama también llegaron a la presidencia. Iowa nos deja cosas curiosas, como el 2,8% de los votos conseguido por Clinton en 1992.

Iowa no es solo el primer estado en abrir el melón de la carrera por la nominación presidencial, es uno de los pocos estados en elegir a sus delegados mediante caucus (asamblea). Los caucus no es un modo de elección tradicional con papeletas y urnas. Lo que ocurre en ellos es que los partidos reúnen a la gente que apoya a los diferentes candidatos. Y, siguiendo una fórmula matemática, se asignan los delegados por la cantidad de apoyos recibidos.

¿Cómo es el caucus republicano? Los votantes de las primarias republicanas votan en una papeleta en blanco, donde ponen el nombre del candidato al que apoyan después de haber escuchado sus ideas.

¿Y los demócratas? Es algo más complicado. Los ciudadanos se sitúan en la parte de la sala donde está su candidato (o sus representantes, que los candidatos no están en todas las salas, aún no tienen el don de la ubicuidad). Tras ello, se abre un turno de 30 minutos en los que los activistas de cada campaña intentan convencer a sus vecinos para que apoyen a su candidato, esfuerzos dirigidos especialmente a los indecisos que ocupan un espacio en la sala. Tras esos 30 minutos, se cuentan los apoyos a cada candidato. Tras ello, se abre otra ventana de 30 minutos para que las personas que apoyan a los candidatos con menos apoyos puedan, si quieren, apoyar a candidatos más viables. Esa es la gran diferencia con una elección primaria tradicional.

Los equipos de los futuros candidatos ya están pensando en Iowa. Ya están vislumbrando el calendario y ya saben lo que tienen que hacer. Aunque muchos de ellos aún no hayan anunciando que se presentan a las primarias. Queda un año para Iowa. Un año para que empiece el espectáculo.