El primer viaje de Trump en imágenes

Trump huyó de Washington. Literalmente. El Air Force One estaba despegando de Andrews cuando las noticias sobre los lazos de su campaña con Rusia seguían explotando. Arabia Saudí, Israel, el Vaticano y Bruselas. Su primer tour internacional nos deja imágenes para la posteridad.

El baile de la espada

Para el presidente del “America First” seguro que ponerse a bailar esto en la ceremonia de bienvenida le pareció algo raro. Trump participó en el baile de la espada en la ceremonia que le brindó el rey Salmán ben Abdelaziz al Saúd. Pero no lo olvidemos, Trump ante todo es un showman.

Contigo no bicho

Trump nos recordó al famoso y cruel viral en los albores de internet. Fue en la llegada a Israel, a pie de pista. Trump le ofreció la mano a esposa Melania Trump en la ceremonia de bienvenida, pero ella se escapó con un brusco gesto. Contigo no bicho.

En boca cerrada no entran moscas

Esta imagen se ha hecho más que viral y dice tantas, tantas, tantas cosas. Es la comparación entre el mensaje en el libro de visitas del Museo del Holocausto entre Trump y el entonces senador Obama. El presidente dejó este escueto mensaje: “Es un gran honor para mí estar aquí con todos mis amigos. Es increíble. ¡Nunca no lo olvidaré!”. Obama, justo lo contrario. Sería una comparación banal si no fuera por los antecedentes de la administración Trump con el Holocausto. Su portavoz dijo que Assad era peor que Hitler por gasear a su población -Hello?- y en la nota de prensa del día del Holocausto, ni se mencionó a la comunidad judía.

¿Sigue ahí?

Este gif de la visita al Vaticano ha dado la vuelta al mundo. El Papa Francisco ha hecho en esta visita el mayor troleo de la gira a Trump. En el tradicional intercambio de regalos, le dió una copia de su encíclica sobre el cambio climático. A Trump. Al que se va a cargar la EPA. Épico. Ese gif muestra la incomodidad del Papa con el presidente.

America First

En la cumbre de la OTAN Trump empujó al presidente de Montenegro para estar en primera fila. Y no lo hizo con un “¿por favor señor, puede dejarme pasar?”, no, lo hizo con un brusco empujón. America First.

El vacile de Macron

Macron representó a toda la oposición a Trump y mostró que si él opta por “America First”, para el nuevo presidente francés esto es “Europe First”. Macron camina hacia Trump, pero en el último minuto, se gira hacia Merkel y la saluda. Luego al secretario general de la OTAN. Sigue saludando. Y finalmente, a Trump. No contento con eso, Macron le para bruscamente su famoso saludo. Todos somos Macron.

El impeachment de Donald Trump

No importa cuando leas esto. La evidencia de la presidencia de Donald Trump nos dice que ante cualquier nuevo giro dramático de los acontecimientos en los que se ha convertido su presidencia, alguien se estará preguntando si Donald Trump será destituido durante su mandato. Vemos qué es y cómo funciona el impeachment.

¿Qué es el impeachment?

El impeachment es el proceso de destitución del presidente de los Estados Unidos cuando éste ha podido cometer algún delito. Es uno de los poderes atribuidos por la constitución de Estados Unidos al Congreso.

¿Es como nuestra moción de censura?

No, en absoluto. España tiene un sistema parlamentario. Estados Unidos es uno presidencial. Así que para empezar, eso es distinto. El impeachment se activa cuando el presidente ha podido cometer algún delito y el Congreso lo juzga. La moción de censura no funciona así ni por esos temas. Es una moción política y en nuestro caso, constructiva, proponiendo un nuevo presidente. Porque el Congreso de los Diputados elige al presidente.

¿Bueno, y cómo funciona el impeachment en Estados Unidos?

Imaginemos que (introduce aquí el escándalo de Trump de esta semana) pudiera ser constitutivo de un delito. Cuando eso ocurre, el proceso puede empezar.

Según la constitución, el Congreso puede destituir al presidente si este ha cometido algún delito de “traición, soborno o de otros crímenes y delitos menores”. Como ves, es bastante general… lo que hace que ese juicio pueda iniciarse si las condiciones políticas se dan.

El impeachment se inicia en la Cámara de Representantes. Vota los artículos del impeachment y si alguno sale aprobado por mayoría, el presidente será sujeto de ese impeachment. Para que eso ocurra, se necesita mayoría simple de votos. Cuando la Cámara vota a favor del impeachment, el presidente pasa a estar acusado.

Cuando eso ocurre, el proceso pasa al Senado. Ahí se celebra el juicio para destituir o no al presidente. O sea, la cámara se convierte en algo así como un juzgado. ¿Quién juzga? El presidente del Tribunal Supremo. ¿Quién es el fiscal? Un equipo legal de la Cámara de Representantes que se conoce como los managers. ¿Quién defiende al presidente? Sus abogados. ¿Y quién es el jurado? Los senadores.

Ese jurado formado por los 100 senadores tiene que votar por una mayoría de dos terceras partes la destitución.

¿Si el Senado lo destituye, qué ocurre?

Si el Senado vota con la mayoría necesaria, el presidente es destituido y el vicepresidente asume el cargo hasta el final del mandato presidencial.

¿Qué as tiene en la manga Trump si se inicia un impeachment?

El principal as que tiene en la manga son las propias reglas del proceso. No hay unas reglas claras. Cuando llega al Senado, esta cámara aprueba una resolución con las normas y dependiendo de las mayorías, puede ser más o menos favorable a los intereses del presidente. Por ejemplo, el equipo de Trump está trabajando ya con el impeachment de Clinton como posible escenario y se está defendiendo en base a esas normas y a lo ocurrido.

¿Se puede destituir a Trump así?

En principio sí. Pero para que ello ocurra, hay varias incógnitas a despejar:

  1. Lo primero, que el escándalo que te haya llevado hasta este artículo sea realmente un delito y que pueda estar bajo los supuestos de “traición, soborno o de otros crímenes y delitos menores”. Si Trump ha cometido obstrucción a la justicia con la destitución de Comey y se puede probar que le pidió que dejara de investigar a Flynn, podría ser objeto de este proceso.
  2. Lo segundo, aunque haya podido cometer un delito, este juicio tiene una carga política evidente. Y como tal, precisa de mayorías políticas. Por ejemplo, en esta legislatura, el partido del presidente tiene 238 representantes. La mayoría necesaria para iniciar el proceso está en 218 votos, con lo que el partido Republicano puede matar de facto el proceso antes de llegar al Senado. Ahí, los intereses del partido Republicano son una clave importantísima. ¿Está dispuesto el Partido Republicano a cargarse a su presidente cuando en noviembre del año que viene tienen que renovar su mayoría?
  3. Por último, Trump es la propia incógnita. ¿Hasta qué punto ha cometido un delito? ¿Puede haber cometido varios bajo su imprevisible conducta? ¿Puede el partido Republicano sostener mucho tiempo a una presidencia que se hunde sistemáticamente en las encuestas? El propio Trump es un argumento de peso para que la mayoría que le apoya en el Congreso decida o no darle la espalda. Si hacen cálculos y una presidencia de Pence podría ayudarles, lo harán. Aunque a día de hoy es bastante improbable.

 

¿El contexto es favorable a un impeachment?

Un proceso como este es muy serio. Y sus consecuencias son graves. Para muestra, la situación que vive Brasil desde la destitución de Dilma… Algunos analistas políticos de Estados Unidos apuntan a que ante una división del país tan grande desde la llegada al poder de Trump, un proceso como este acabaría teniendo consecuencias aún peores para el país, algo así como abrir el cajón de mierda. Eso sin olvidar la cuestión relativa a las mayorías necesarias en el Congreso y a lo que opina la propia opinión pública o cómo puede ir variando a medida que se vayan conociendo más cosas sobre el tema ruso o cualquier otra cosa nueva que pueda surgir.

Tampoco olvidemos la solvencia de las firmas que están desvelando tantas informaciones. Vienen de los mejores periodistas del país, que están poniendo su reputación en juego ante la importancia de lo que están descubriendo.

Si no hay impeachment, ¿Trump puede respirar tranquilo?

La verdad es que no. Trump debería ir con cuidado con la posibilidad de invocar la 25ª enmienda. Se puede apartar al presidente por incapacidad. Imaginemos que todo esto de Rusia se vuelve una historia que daña muchísimo a la presidencia y que Trump, en vez de rectificar, la sigue liando parda. Y que las cámaras no ven el impeachment… pero que hay una revuelta palaciega para acabar con el presidente. Si Pence, el vicepresidente, quisiera liderarlo, necesitaría que él y la mayoría del gabinete de Trump está con el, podrían invocar la enmienda aduciendo su incapacidad para ser presidente. Pence se convertiría de forma inmediata en presidente en funciones.

Trump entonces podría enfrentarse a ello. Pero si dos tercios de los miembros de las dos cámaras están con Pence, el vicepresidente sería el presidente para el resto del mandato. Y sí, esto es aún más improbable que el impeachment. Aunque con Trump, lo improbable siempre es un posible.

Volvamos al impeachment, ¿han acabado con la presidencia de alguien?

Aún no. O por lo menos no de forma directa. Tres presidentes de los 45 que ha tenido el país han pasado por el proceso: Andrew Johnson en 1868, Richard Nixon en 1974 y Bill Clinton en 1998 y 1999. Johnson y Clinton pasaron por todo el proceso, pero finalmente fueron absueltos. El de Nixon superó el voto en la Cámara de Representantes pero nunca llegó a culminar porque dimitió antes. Todo hacía indicar que el Senado hubiese votado por su destitución.

Los 100 primeros días de Trump: lo nunca visto.

La presidencia de Donald J. Trump es lo nunca visto. Ha roto todos los esquemas. Ha entrado como un elefante en la mayor cacharrería del mundo. Una presidencia con una falta notable de estrategia, visión y aliados. Pero ahí está Trump. En su despacho soñado. Gobernando el país más poderoso del mundo a golpe de tweet y desafiando predicciones, ritos y convenciones.

Estas 10 fotos ilustran los grandes momentos de los primeros 100 días de mandato de Trump. Antes de seguir, te dejo el enlace a lo que escribí haces unos años sobre la importancia de los 100 primeros días de mandato. ¿De dónde viene? ¿Por qué es importante? Aquí tienes respuestas. Y ahora, al lío. Los 100 primeros días de Trump. Lo nunca visto.

En guerra con los medios

Ni se tomó el fin de semana. La toma de posesión de Trump fue en viernes y sus planes pasaban por tomarse el fin de semana. No lo hizo. Ese mismo sábado visitó la CIA y desde el memorial a los caídos inició una guerra con los medios. Bueno, la guerra ya estaba en marcha, pero era la primera vez que lanzaba ataques tras el sello presidencial.

Esa misma tarde, su secretario de prensa, Sean Spicer, atacó a los medios por, según la administración Trump, manipular con las cifras de asistentes a la toma de posesión. Solo fue la primera taza de caldo de un ataque constante y sin precedentes a la prensa. Ataques que siguieron con Kellyanne Conway hablando de “hechos alternativos”.

La presidencia de Trump desprecia a los medios y el propio presidente marca la agenda desde sus tweets.

Una Casa Blanca manga por hombro

La gestión de la propia Casa Blanca está llegando a límites insospechados. Uno de los primeros escollos que tuvo que sortear la propia adminsitración Trump empezaron antes de tomar posesión. ¿Cómo separar los intereses de un rico empresario de los de la nación? Días antes de tomar posesión se anunció que Trump dejaba sus negocios. Que la reforma fiscal que quiere aprobar sea una perita en dulce para sus empresas parece ser una casualidad según su mundo de hechos alternativos…

El segundo escollo fue su equipo. Trump confía como nadie en su hija Ivanka Trump. La quería a su lado. El presidente puede elegir a su equipo. Los asesores del presidente pasan a ser empleados del gobierno y tienen que jurar cumplir con las leyes. Mientras que su yerno lo hizo, durante meses su hija era asesora… sin estar a nómina del gobierno. Ni jurar nada. Ni comprometerse a no interferir en sus intereses personales.

Pero Ivanka no pasaba por ahí un ratito. Es una de las personas que más influencia ejerce en el presidente. Más con la ausencia de la primera dama. Aunque en realidad Ivanka es una presidenta en la sombra.

Cuando accedió a tener despacho y móvil de la administración el escándalo fue mayúsculo. Finalmente ha sido contratada como empleada.

Esto es solo un ejemplo del caos que se vive en la Casa Blanca. Esta administración aún no ha podido cubrir todos los empleos. No todo el mundo quiere servir en este gobierno. Durante los 100 primeros días se han producido filtraciones importantes desde la Casa Blanca, lo que ha llevado casi a un estado policial y orwelliano para evitarlas.

Las tensiones en el inner circle

Por no hablar de la bicefalia entre el jefe de gabinete y Bannon, la mano que mece la cuna. En un movimiento sin precedentes, Trump decidió nombrar a su consejero miembro del Consejo de Seguridad Nacional. Algo inaudito. Un espacio limitado a los grandes expertos en seguridad y militares de alta graduación. No solo era un civil en ese mundo, era un civil con ideas de extrema derecha cuya experiencia se limitaba a editar un panfleto casi fascista. El escándalo fue mayúsculo.

Al cabo de unos meses fue relegado del cargo. Entre las sospechas, que a Trump no le gusta que alguien pueda tener más poder que él. Y de eso iban los rumores en Washington. Que en realidad el presidente era Bannon. Y por ahí Trump no pasa.

Las tensiones con Bannon no han hecho más que crecer. En el círculo más cercano del presidente, el llamado inner circle, ha vivido tremendos enfrentamientos ideológicos entre él y el yerno de Trump.

Los días libres de Trump

La propiedad de Trump en Palm Beach en Florida, Mar-a-Lago, ha sido un escenario sin el que es imposible entender los 100 primeros días de Trump. Ha pasado en ella una quinta parte de su mandato. Y casi siempre, jugando a golf.

Esto ha dado lugar a ciertas polémicas. Es el presidente que más días libres se ha tomado respecto a sus predecesores y la llamada “Winter White House” ha sido el escenario de momentos bastante raros, desde las fiestas para VIPs/donantes en los que han tenido acceso a momentos sensibles para la seguridad nacional a usarla para visitas de mandatarios extranjeros. Esto último ha sido más común en otros presidentes.

Un país dividido

Trump está gobernando un país dividido. Muy dividido. Esa división ya se notó desde los días posteriores al shock por la derrota de Clinton, cuando miles de personas protestaron en las calles de las principales ciudades del país.

Trump no llevaba ni un mes en la Casa Blanca cuando la chapuza legal que presentó en el llamado “muslim ban” hizo que los principales aeropuertos del país se llenaran de manifestantes protestando por la nueva política migratoria de Trump. Días en los que se vivió el primer gran choque con la justicia y el llamado check and balances entró en escena.

La oposición se moviliza como nunca en las calles. El nivel de movilización y organización de un sinfín de corrientes es inusual en el país. Como lo es el momento político que vive el Partido Demócrata, que durante estos 100 días ha visto como cambiaba su líder. Tom Perez, secretario de Trabajo con Obama y latino es el nuevo presidente del DNC.

Una derrota increíble

Es bastante inusual que el presidente reciba grandes derrotas políticas en los 100 primeros días de gobierno. Trump ha sufrido una increíblemente grande: la reforma del Obamacare. La reforma del sistema de salud fue una de sus banderas electorales, especialmente decisiva en muchos estados clave que le dieron la victoria. Por eso Trump quería aprobarlo cuanto antes, para coger el impulso necesario para salir de las valoraciones más negativas nunca vistas en un presidente.

No puedo acordar su reforma ni con su propio partido. Las tensiones con una alianza rara que le llevó a la presidencia afloraron. La movilización de los demócratas, que presionaron a los miembros del Congreso como nunca, hicieron que la reforma descarrilara. Trump tuvo que retirarla para evitar una segunda derrota.

La madre patria rusa

Por no estar en la Guerra Fría, Rusia ha tenido mucho protagonismo en estos primeros 100 días de gobierno. Trump prometió en campaña que él sería mucho mejor tratando con Rusia y Putin que Clinton. Pero Rusia ha acabado siendo una piedra en el zapato.

En primer lugar, Trump decidió nombrar al teniente general Mike Flynn como Consejero de Seguridad Nacional. Un personaje controvertido que tuvo que salir por la puerta de atrás de la administración Obama. Polémico y crítico con Obama, lo tenía todo para darle carácter a la administración Trump. Pero el 13 de febrero se vio forzado a dimitir por haber ocultado al vicepresidente información sobre sus contactos con el embajador ruso. Solo duró 24 días.

Rusia ha estado siempre ahí. Las investigaciones a las ayudas recibidas por la campaña de Trump de parte de los rusos siguen su curso y no solo han protagonizado grandes momentos durante estos 100 primeros días, sino que siguen siendo una gran amenaza para Trump.

Cuando sonó presidencial

Los 100 primeros días de Trump han tenido dos momentos en los que la opinión pública ha sido bastante unánime en señalar apoyo o creer que estaba siendo presidencial. El primero es el ataque a Siria del 6 de abril. Fue la primera operación militar de esta envergadura. 59 misiles tomahawk atacaron la base siria desde la que se ordenó el ataque con armas químicas a civiles en el que murieron decenas de personas, incluyendo a bebés. El momentum de Trump tras el ataque puso de manifiesto, eso sí, la ausencia de una estrategia clara en su modo de hacer política.

El segundo momento fue durante el discurso que dirigió a las dos cámaras del Congreso. Lo hizo sin saltarse el teleprompter que tanto odia. Sonó presidencial. Y la noticia fue precisamente esa, que el presidente sonaba presidencia.

El ataque a Obama

Parecía que la transición con Obama había sido correcta y llena de educación. Que por lo menos eso estaba como siempre en los Estados Unidos. Hasta que una buena mañana, desde su Twitter, Trumo decidió atacar al expresidente. Afirmó que bajó su orden el FBI le había espiado en la Trump Tower.

El director del FBI, el famoso Comey que tanto ayudó a Trump a ganar las elecciones con su “October surprise” lo negó y aprovechó para cargar con los lazos rusos.

Mientras, la popularidad de Obama sigue siendo increíblemente alta. Más que la de su sucesor en el cargo.

Sigue en campaña

Estos 100 primeros días en el cargo también han mostrado que Trump sigue obsesionado con las elecciones. Aún no lo ha superado. Como si tuviera que justificarse siempre. Las menciones a Hillary Clinton en ruedas de prensa sigue siendo constante. De hecho, ayer mismo entregó a varios periodistas mapas con su resultado electoral. El ánimo de revancha nos ha dado momentos como la foto que ves encima de estas líneas. No solo sigue anclado en noviembre, sigue en campaña. Es el presidente que ha protagonizado más mítines electorales en sus primeros 100 días. Ya está en campaña.

Trump va al Congreso esta noche. Y así la puede liar parda.

Esta noche, Trump va al Congreso. El presidente se dirigirá a las dos cámaras en una sesión conjunta. ¿Es el tradicional discurso del estado de la Unión? No. ¿Es una sesión de control parlamentario? No. ¿Es un acto de reconciliación nacional? Ni de coña. Esto es lo que debes saber del discurso de esta noche.

“He shall, from time to time”

Rajoy puede envidiar a Trump en algo. Trump no tiene que verle las caras al Rufián de turno cada dos por tres y dar explicaciones parlamentarias. Su sistema es distinto, no es un sistema parlamentario en el que el Congreso marca el ritmo. Es un sistema presidencial. Así, la constitución americana establece en su artículo II que el presidente debe ir, de vez en cuando, al Congreso a contar cómo está el país:

He shall from time to time give to Congress information of the State of the Union and recommend to their Consideration such measures as he shall judge necessary and expedient.

 

George Washington fue el primero en hacerlo el 8 de enero de 1790. Desde entonces, esa práctica se ha ido repitiendo. Algunas veces en persona, otras enviando un texto. Pero el discurso de esta noche no es el discurso sobre el estado de la Unión.

Discurso de segunda

Siguiendo con las tradiciones, también es habitual que el presidente recién inaugurado, vaya al Congreso a dirigirse a las cámaras durante su primer año de mandato. Así, el discurso no tiene el rango vital que el discurso del estado de la Unión tiene en la política norteamericana. Pero va más allá del trámite. Trump dará su primer discurso del estado de la Unión en 2018. Hoy podrá calibrar cómo están los ánimos entre poderes.

En otras presidencias, este discurso no ha sido más que la constatación de una luna de miel presidencial. No será el caso de Trump, que está en guerra con todos y contra todos.

Máxima expectación

Trump no es un presidente tradicional. Para los presidentes anteriores, momentos como estos han sido oportunidades para reconciliar las dos almas del país, proyectar su liderazgo y actuar como estadistas. Trump no sigue esa estela. Su discurso inaugural fue duro, oscuro y tenebroso. Más parecido a un mitin electoral que a un discurso para empezar una presidencia.

No se puede esperar que Trump cambie de la noche a la mañana. No, la moderación no llegará esta noche. Hablará de todas las acciones que ya ha llevado a cabo y de la visión de “America First” que ya anunció el 20 de enero. Veremos si el tono cambia o por el contrario se recrudece, teniendo en cuenta que necesita que el Congreso apoye sus medidas.

Hoy veremos qué camino sigue Trump. Y no parece que vaya a ir por lo convencional.

Pompa y circunstancia

Sí, en Estados Unidos la pompa y circunstancia republicana llega también al Congreso. Aunque no sea un discurso sobre el estado de la Unión, el protocolo rige. Será algo así:

Primero llegan los miembros del Congreso. Sobre las 20:30h los miembros de la cámara baja, la Cámara de Representantes, están ya en la sala. El speaker, o sea, el presidente de la cámara, anuncia entonces la llegada del vicepresidente y de los senadores. Todo el Congreso está ya reunido. El vicepresidente es el “presidente” del Senado, por ello esta noche los verás justo detrás de Trump en la tribuna.

El speaker anuncia la llegada de otros cuerpos del Estado, como los miembros del Tribunal Supremo, los Jefes del Estado Mayor o los propios miembros del gobierno, el gabinete.

Falta lo más importante: el presidente. Pasadas las 9, la Cámara se preparar para la llegada. Verás que siempre hay un señor que grita la llegada del presidente. Ese es lo que llaman el “Sergeant at Arms” de la Cámara. La verdad es que no sé encontrar una traducción para ese cargo, pero se encarga, entre otras cosas, del protocolo.

Esta figura encabeza la comitiva del presidente, formada además por miembros del Congreso encargados de recibir al presidente. Y el propio presidente, claro. Cuando todo está listo, el speaker de la Cámara llama al orden y entonces escuchamos a auténtica voz en grito: “Mister/Madam Speaker, the President of the United States!”

El presidente es recibido por aplausos y tiene que cruzar un pasillo que se hace eterno. El presidente saluda a los congresistas que están ahí y mientras se acerca a la tribuna de oradores, al resto de cargos presentes.

Justo al llegar a la tribuna de oradores y estar preparado para empezar, el speaker lo anuncia oficialmente: “Members of Congress, I have the high privilege and the distinct honor of presenting to you the President of the United States.” Más aplausos.

Prepárate para contar

Todo cuenta, todo es importante y los comentaristas políticos se fijan hasta en el último detalle.
Si lo ves esta noche fíjate: los aplausos cuentan. De hecho, se cuentan hasta los minutos de aplausos que recibe el presidente. Cuenta las historias que relata el presidente. Las personas a las que menciona. Los invitados que están en la Cámara de Representantes, quién se siente junto a quién… todo.

El superviviente designado

Esta noche en el Capitolio estará en pleno la línea de sucesión a la presidencia. En el hemiciclo coincidirán Trump, Pence y Ryan. Si esta noche pasa una desgracia, la línea de sucesión a la presidencia se habría terminado en cuestión de segundos.

Aunque sea ficción, este tipo de situaciones no se prestan al azar. Como en casi todos los regímenes políticos, la sucesión de un cargo está perfectamente definida en la Constitución americana. No sólo por la vía que antes ya hemos intuído (Presidente, Vicepresidente y speaker de la Cámara de Representantes), sino por la designación de un superviviente. El llamado designated survivor o designated successor.

Esta noche, uno de los miembros del gabinete presidencial (nuestro consejo de ministros) se mantendrá a una distancia física, segura y prudencial del Congreso. Un miembro del ejecutivo que cumpla las mismas condiciones que debe cumplir un candidato a la presidencia (haber nacido en Estados Unidos y haber cumplido 35 años) es designado como la persona que, en caso de desastre fatal y de destrucción de la línea natural de sucesión, aseguraría la continuidad del gobierno.

En Netflix podemos ver ya esa ficción en una serie que empieza tras el ataque al Congreso durante un discurso sobre el estado de la Unión.

La respuesta demócrata

Los analistas no sólo se fijarán en los aplausos. No sólo contarán momentos. No sólo hablarán del discurso del presidente. También contarán la respuesta de la oposición. Pero no es como en España. Tras el presidente no saldrá alguien de la oposición demócrata a rebatir el discurso de Trump. Se hace después, en una alocución a la nación que no se hace desde la tribuna de oradores.

Los responsables de responder a Trump serán el ex gobernador de Kentucky Steve Beshear. Habrá una versión en español. Irá a cargo de la activista sobre inmigración Astrid Silva. Silva nació en México y es una “Dreamer”. Llegó a Estados Unidos siendo niña con sus padres con cuatro años y se hizo activista al saber que estaba indocumentada. Todo un mensaje de la oposición demócrata.

¿Cómo ver el discurso?

El discurso es a las 21h en la costa este, o sea, las 3 de la mañana en España (las 2 en Canarias). Se podrá ver en las grandes cadenas como CNN o FOX News y seguramente lo podrás ver en streaming por Youtube, como en la C-Span. La web de la Casa Blanca lo dará también en streaming.

Busqué en Madrid el bolígrafo de Trump y esto es lo que pasó

Me quedé fascinado con el chorro de Trump. Con el chorro de tinta del bolígrafo con el que firma las órdenes ejecutivas que han desordenado el mundo. Las órdenes del odio. ¿Era una pluma? ¿Un bolígrafo? ¿Un rotulador? Quería saber con qué firmaba Trump. Cómo se conseguía ese grueso trazo. Y lo más importante, si podía conseguir uno para mi. Me puse a buscar el bolígrafo de Trump por Madrid y esto es lo que pasó.

Google tiene la respuesta. Una búsqueda rápida nos da los datos clave. Trump, como en administraciones anteriores, usa bolígrafos de la marca Cross. A.T. Cross es una empresa estadounidense fundada en Rhode Island. Una compañía clásica que fabrica bolígrafos clásicos para gente clásica. De hecho, cuando yo era un adolescente de lo más repelente, usaba estos bolígrafos para tomar mis apuntes de bachillerato. Si queréis saber más, hacemos un Deluxe.

http://zorrasbasicas.tumblr.com/post/155589291623

Al lío. Tenía ya la marca y el modelo. El Century II. Pero ese cartucho… ¿Cómo consigue Trump ese chorro? Con estos detalles lo tenía todo para mi aventura. Conseguir encontrar el bolígrafo de Trump en la capital de España. Ese va a ser mi plan de domingo.

Montado en un Cabify de camino a un acto empiezo por lo obvio: Wallapop. Varias búsquedas me llevan a Sara, una chica que vende un bolígrafo azul bastante similar pero no especifica el modelo. Otro usuario, en las afueras de Madrid, vende uno en metálico. Sara acepta ofertas, no pide un precio fijo. El otro usuario, lo vende muy por debajo de su precio de venta. Nuevo, cuesta unos 110€. Ese usuario lo vende por 40.

La Casa Blanca ha hecho ya un pedido de 150. Echad cuentas. El modelo que ha pedido es negro con apliques bañados en oro de 23 quilates. Ninguno de los dos que encuentro en Wallapop se ajustan a lo que busco.

Por la tarde me acerco a El Corte Inglés de Callao. En la primera planta está la sección de papelería y Cross tiene un stand. Presto mucha atención a las vitrinas con ademanes de “por favor que venga alguien que quiero comprar algo”. Nadie se acerca. Pasan los minutos y ya me sé de memoria toda la oferta. Tienen unos de Star Wars la mar de monos. Y la verdad es que a Trump, como Darth Vader oficial del planeta, le pegaría más firmar con uno de ellos. Pasan los minutos y finalmente me acerco a la caja a preguntar a una de las dependientas. Una mujer de unos cuarenta años que no espera que le saquen una pantalla de un iPhone con la firma de Trump y le pregunten “¿Tienen el recambio de Cross con el que se ha firmado esto?”.

La dependienta empieza a hurgar en los cajones y encuentra un cartucho rojo. De punta roller. Se da cuenta de que eso no es lo que busco y decide pedir ayuda. Se acerca una mujer de unos sesenta años y su compañera le comunica los antecedentes. Me dice que cree que ese cartucho ya está descatalogado. Según ella, es de fieltro. Se seca muy rápidamente y por eso dejaron de producirlos. No los tienen en El Corte Inglés.

Y justo antes de despedirme me suelta que no soy el primero que va preguntando por el bolígrafo de Trump. No estoy solo. Cuando ya casi estoy en la escalera mecánica me recomienda que, si quiero firmar como Trump, lo haga con un Carioca. Tiene un paquete en la mano.

Suspendo la misión. En domingo sólo los grandes almacenes abren en el centro de la ciudad. La tienda de estilográficas de la Calle Mayor está cerrada. Acudo otro día de la semana y vuelvo a desenfundar el teléfono. Muestro el chorro de tinta del magnate y pido por ese recambio. El señor que me atiende se pierde en el almacén y aparece con un recambio. Es azul, no negro. Pero es ese. Me lo voy a llevar. Ya tengo una parte de la ecuación resuelta.

Ahora falta el bolígrafo. En Wallapop siguen sin responder y le pregunto si tiene el Century II. Yo no tengo un máster en bolígrafos. Siempre uso una estilográfica Lamy como la que usa la líder del PDeCAT, Marta Pascal. Mientras, el señor de la tienda vuelve del almacén con un bolígrafo fino. Cuando ve mi ademán de querer introducir el cartucho me dice que yo estoy buscando otra cosa, no eso. Vuelve a desaparecer y le oigo refunfuñar a lo lejos “la gente, comprando el bolígrafo del gilipollas ese”. Me trae uno dorado. No me lo voy a quedar. Y le cuento que estoy en una misión. No llega a disculpa.

Me voy a casa con mi cartucho. Pero sigue sin ser el cartucho negro. Ahí empieza la última parte de la misión. Como no había caído antes en Amazon. Amazon lo tiene todo. Pero sin referencias. Hago una primera compra de lo que se supone que son rotuladores. Llegan al día siguiente. Pero no son todos rotuladores. Solo uno lo es… pero fino. Vuelvo a Amazon y sigo la búsqueda. Mientras, vuelvo a El Corte Inglés y finalmente me hago con un Century II lacado negro con apliques en oro. Ya tengo el bolígrafo. Ya tengo el cartucho localizado. Ahora solo falta esperar.

Casi una semana más tarde por fin llega el repartidor a la oficina con el cartucho del chorro del odio. Al llegar a casa lo monto. Ya tengo el bolígrafo del gilipollas ese. Como diría el sabio tendero. Y ya puedo firmar como Trump:

Buy American, hire American

En su discurso inaugural, Trump dijo iniciar una nueva era para su país guiado por esta regla: compra americano, contrata americano. Cross es una empresa estadounidense… pero no todo lo fabrica en Estados Unidos. De hecho, los Century II se hacen con partes fabricadas en China.

Los bolígrafos se compraron a un distribuidor local y están personalizados con la firma del presidente en el capuchón.

¿Qué lío se llevan en Estados Unidos con los bolígrafos presidenciales?El bolígrafo presidencial es uno de los souvenirs políticos más preciados de Estados Unidos. Más que los M&M’s del Air Force One. La Casa Blanca de Trump pidió 150 bolígrafos porque estos bolígrafos se regalan una vez los ha usado el presidente para firmar órdenes ejecutivas o leyes.

Es costumbre que en los actos de firma de órdenes ejecutivas o leyes varias personalidades acompañen al presidente. Pueden ser miembros de su equipo, personas que han inspirado una ley o los congresistas que la han hecho posible. Cuando el presidente los firma, regala esos bolígrafos.

Las órdenes ejecutivas suelen ser firmadas una sola vez, pero en las leyes, el presidente firma letra por letra para poder regalar esos bolígrafos. No está muy clara de dónde viene la tradición, pero parece que ya Franklin D. Roosevelt solía utilizar varias estilográficas para firmar las leyes y así poder regalar esas plumas a personas que hubiesen hecho algo relevante por la consecución de esas políticas. Así, el presidente entregaba un detalle de gran valor histórico, político y sentimental a personas clave.

A veces, el número de bolis coincide con las letras del nombre del presidente. Otras no. Por ejemplo, Obama tuvo que hacer dos trazos por letra para poder completar su firma con todos los bolígrafos cuando firmó la reforma sanitaria con 22 bolígrafos. En esa ocasión, 20 personas –los otros dos bolis fueron a los archivos- fueron las elegidas para conservar los bolígrafos con los que se firmó una de las leyes más importantes de la Administración Obama. Que ahora se está desmantelando.

Se desconoce el número máximo de bolígrafos usados en una ley, pero Bill Clinton parece ostentar el récord: llegó a usar 41 en una firma durante su presidencia. En cuanto lo sepa Trump, que se prepare.

El acto de rúbrica de una ley es todo un acontecimiento político y mediático en Estados Unidos. Trascendencia en los medios y en conseguir ese preciado tesoro; muy alejada de la firma de las leyes, como acto debido, del rey Felipe VI.

Todo lo que debes saber de la inauguration de Donald Trump

45. Donald J. Trump se convertirá en el presidente número 45 de la historia de los Estados Unidos. Y así se titula la publicación que te presento. El 20 de enero tras unas elecciones presidenciales, Washington D.C se viste de gala para investir al nuevo presidente de los Estados Unidos. Una ceremonia de pompa y circunstancia conocida como inauguration. Y así nos vamos a referir a ella en la publicación que puedes descargar o leer desde esta entrada. Cada cuatro años, un nuevo mandato presidencial empieza bajo la atenta mirada del mundo.

A las 12 del mediodía del próximo 20 de enero, Donald J. Trump será investido como el 45 presidente de los Estados Unidos de América. El presidente del Tribunal Supremo le tomará juramento. Su mujer estará junto a él. Y muchas cosas pasarán este día. Con esta publicación podrás seguir todo lo que ocurra en la 58 inauguration de la historia del país. Desde los eventos, la historia a los datos de esta tradición desarrollada de forma ininterrumpida desde 1789.

Ya puedes leer en esta entrada o descargarte esta publicación que te ayudará a seguir todos los actos de la inauguration de Donald Trump y un recorrido histórico por sus principales tradiciones. Descubre que es lo que no te puedes perder de su inauguration, recorre las principales tomas de posesión de la historia, conoce datos curiosos. Todo eso y más en esta publicación:

 

El Colegio Electoral vota a Trump en un país en estado de shock

El primer lunes después del segundo miércoles de diciembre. Ese es el día en el que los electores del Colegio Electoral se reúnen en sus respectivos estados para elegir al presidente y al vicepresidente de los Estados Unidos. Así va a ser elegido Donald Trump.

Una elección indirecta

En realidad al presidente y al vicepresidente no los elige el pueblo de forma directa. Los eligen los electores del Colegio Electoral. Y además no se hace con una circunscripción única. Se hace en base a los estados. Cada estado tienen un número de electores, en base a su población. Y luego son estos electores los que votan al presidente y al vicepresidente.

Y lo hacen, además, siguiendo el sistema mayoritario. Es decir, si un estado como Pensilvania tiene 20 electores, estos 20 electores votarán en bloque al candidato que haya ganado la mitad más uno de los votos del estado. Es el sistema conocido como “winner takes it all”. Que no tiene nada que ver con la canción de ABBA.

Así, los electores del Colegio Electoral se reúnen en sus estados el primer lunes después del segundo miércoles de diciembre tras las elecciones, cuando todos los votos ya han sido contados, y eligen formalmente al presidente y vicepresidente. El candidato necesita, para ganar, 270 votos de los 538 que tiene el Colegio Electoral.

¿Por qué 538 votos?

El Colegio Electoral está formado por 538 electores. Cada estado tiene un número de electores, que son la suma de los dos senadores de cada estado y los miembros que cada estado tienen en la Cámara de Representantes. El Distrito de Columbia no es un estado, pero tiene representación en el Colegio. No puede tener más electores que el estado más pequeño. En este caso es Wyoming, así que tiene los mismos electores que ese estado, tres.

¿Quiénes son los electores?

Cada estado, bajo el liderazgo de los dos grandes partidos, elige a los electores en los meses anteriores a la elección. Y como ocurre para casi todo en la federación, cada estado tiene sus propias normas. Así, hay estados en los que se celebran primarias para elegirlos y otros en los que son elegidos por las convenciones de los partidos (como en Oklahoma, Virginia o Carolina del Norte) y en otros, como en Pensilvania, los comités de campaña los eligen para evitar que haya ovejas descarriadas que no voten lo que deben votar.

Cada estado determina cómo se eligen a los electores de cada estado, pero hay límites establecidos en la constitución: cualquier persona que tenga un cargo federal, ya sea por elección o por nominación, no puede ser un elector. En todo caso, cada cámara puede votar, por dos tercios, permitir que alguien pueda ser elector aunque tenga un cargo federal.

Estos electores solo tienen un cometido: votar al presidente y vicepresidente. Los padres de la constitución querían que fuera así. Al principio se pensó en que el Congreso votará al presidente, tal y como ocurre en países como España. Pero pensaron que eso era peligroso porque el Congreso sería un cuerpo en el que sus miembros no serían renovados con asiduidad, con lo que se podrían generar dinámicas negativas. Con la misma idea de que el presidente fuera elegido por una mezcla de población y estados (el pueblo y los estados), decidieron optar por el Colegio Electoral. Así, una vez voten, este cuerpo ya no tendrá sentido. Y no se generarán, según los padres de la constitución, dinámicas perversas.

¿Qué votan el 19 de diciembre?

Los electores votan únicamente al presidente y al vicepresidente. Votarán a los candidatos y se mandarán seis certificados firmados por todos ellos.

¿Y si no quieren votar a Trump?

En realidad la constitución no obliga a los electores a votar por el candidato que ha ganado el estado. 29 estados y el Distrito de Columbia han aprobado leyes para evitar lo que se conoce como “faithless electors”. Así que, formalmente, los electores de los 20 estados restantes podrían no votar al ganador en su estado si lo quisieran. Y según algunos expertos en derecho constitucional, si se llevara la prohibición de los 30 estados restantes a los tribunales, se podría ganar porque podría ser totalmente inconstitucional.

De hecho, está pasando ahora mismo en Colorado, donde se ha llevado esta prohibición a la justicia y esto podría abrir la puerta a declararlo inconstitucional. Por eso, el equipo de Trump ha debido personarse y luchar contra esta maniobra legal. Un precedente podría abrir la puerta a que los electores no voten a Trump. Es bastante improbable, pero es importante lo que está ocurriendo.

¿Qué pasa si nadie llega a los 270 votos?

Para ser elegido presidente o vicepresidente, los candidatos deben tener la mayoría absoluta de los 538 votos. Es decir 270 votos. El resultado electoral ha dado a Trump 306 votos del Colegio Electoral, con lo que con toda seguridad será elegido.

Pero podrían o pueden pasar dos cosas: en primer lugar, las elecciones podrían haber dado un resultado en el que ni Trump ni Clinton hubiesen llegado a los 270 votos por la irrupción de algún tercer partido. Pero no ha pasado. Lo segundo, los electores que no están sujetos a leyes que les obligan a votar al candidato del partido, podrían votar a un candidato alternativo del partido republicano. Si 35 electores votan a otro candidato, nadie tendría mayoría. De hecho, el republicano John Kasich emitió un comunicado pidiendo que no le votaran a él.

¿Puede pasar?

Es bastante improbable. Aunque hay fuertes rumores de un motín en el partido republicano, públicamente solo se conoce el caso de un elector de Texas que no quiere votar a Trump. Por lo que lo más seguro es que todo vaya como está escrito.

En todo caso, los electores han pedido tener un briefing de seguridad nacional antes de votar por las más que creíbles sospechas de que Rusia ha interferido en el proceso electoral para apoyar a Trump.

Si ocurriese y nadie tuviese la mayoría absoluta, la elección del presidente pasaría al Congreso. La 12ª enmienda establece que si nadie llega a los 270 votos, se convoca inmediatamente una sesión de urgencia. La Cámara de Representantes debería votar, entre los tres candidatos que más votos electorales han obtenido en el Colegio Electoral, al presidente. Así, cada delegación del estado en la cámara vota en bloque a un candidato. Y gana el candidato que tenga la mayoría absoluta de 16 votos. El Distrito de Columbia no votaría. Si nadie gana, se sigue votando. El presidente se eligió así en 1801 y en 1825.

Al vicepresidente lo elegiría el Senado. Lo hará entre los dos candidatos con más votos en el Colegio Electoral. Aquí se necesita la mayoría absoluta del Senado, es decir, 51 votos. Sólo ocurrió en 1837.

Esta parece ser la elección más controvertida del Colegio Electoral. Seguramente impere la práctica habitual y nada se salga del guión establecido, pero el estado de shock del país se refleja como nunca en la elección del lunes.

¿Tiene sentido el Colegio Electoral?

La América revolucionaria se refleja en el Colegio Electoral. El miedo a que el Congreso pueda votar al presidente sin el referente de los estados o del voto popular, las diferencias de población e influencia de los estados, la esclavitud en el sur, la lejanía del poder de varios estados… por todas esas cuestiones en los Federalist Papers se pueden leer interesantes debates sobre por qué esa fórmula se considera la mejor en ese momento de la historia.

Ser ganador del voto popular no cuenta en una elección así. Casi siempre coincide, pero no siempre. Así, en estas elecciones hemos visto como Clinton ha ganado por un amplísimo margen el voto popular. Pero no el del Colegio Electoral, que es el que vale. Por ello, empieza a aparecer con fuerza la idea de que en pleno siglo XXI, con el derecho a voto totalmente extendido, el poder de varios estados clave que no tienen porqué ser los más poblados, es mayor que el de otros en los que vive mucha gente. Así, el voto de los ciudadanos de California o Nueva York cuenta mucho menos, en términos de influencia, en unas elecciones presidenciales. Quizás no tenga ya mucho sentido… pero Estados Unidos es un país amante de las tradiciones. Y no hay nada más tradicional que el Colegio Electoral.

¿Por qué en Estados Unidos se vota en martes?

Martes 8 de noviembre de 2016. Más de 200 millones de personas están llamados a las urnas. Sí, un martes. Y no es un martes festivo. Estados Unidos trabaja. Los niños van a la escuela. Es un día normal. Pero no es cualquier martes. No en cualquier mes. Las elecciones presidenciales siempre son el primer martes después del primer lunes de noviembre de año bisiesto. Y todo tiene una explicación.

En 1845 se fijó la ley que establece esta fórmula para celebrar las elecciones presidenciales. Un único día, porque hasta la fecha cada estado votaba en un día distinto. El motivo tiene que ver con el transporte, la religión y la economía.

Hace dos siglos, para votar, los electores debían ir a la capital del condado. Eso suponía desplazarse y hacerlo tenía efectos en la economía y en las observancias religiosas. Si las elecciones eran en sábado o domingo, afectaba al culto. Por ello, se optó por ponerlo el martes. Para que los electores pudieran viajar en lunes.

¿Y por que en noviembre? ¿Y por que el primer martes después del primer lunes? Ahí entran las razones económicas. En noviembre la cosecha ya ha terminado y en un país agrícola eso era importante. Y también se esgrime a que no fuera el primer día de noviembre si caía en martes para permitir cerrar balances del mes anterior a las empresas.

Votar entre semana cambia los rituales electorales a los que estamos tan acostumbrados en países como España. En Estados Unidos los ciudadanos deben hacer un plan para votar. Deben pensar en qué momento del día van a ir a votar, de qué manera van a ir al centro de votación, dónde van a aparcar, etc. Algo que Joe Biden ya ha hecho:

Que las elecciones sean en día laborable lleva a que haya ciertas horas, especialmente las últimas o las primeras del día, en las que hay mucha cola en los colegios electorales. La mayoría de los estados permiten votar si al cierre de los centros, la persona está en fila. Y también, en algunos estados, los colegios abren muy pronto. Tan pronto como a las seis de la mañana.

La condición de día laboral tiene implicaciones directas en la participación. Si a eso le sumamos la obligatoriedad de estar registrado previamente, podemos explicar la baja participación en las elecciones presidenciales. Algo que está llevando a muchos a organizarse. Desde los grupos que reclaman cambiar el día de las elecciones a cambios que permiten el voto anticipado o los que reclaman que todo el mundo vote por correo.

Ya puedes ir apuntando la fecha de la siguiente elección 3 de noviembre de 2020. Quizás nosotros no tenemos que hacer plan para votar, pero si podemos ir planeando la siguiente elección.

El índice electoral 7-Eleven

La cadena de tiendas de proximidad 7-Eleven tienen una curiosa manera de entrar en la narrativa electoral en Estados Unidos. Desde hace años, cuando se acercan las elecciones presidenciales, sus clientes pueden elegir el vaso de plástico en el que tomar el café: el rojo republicano o el azul demócrata. Cada uno tiene un código de barras distinto, con lo que la cadena puede hacer una encuesta en directo de las preferencias de sus clientes. Están en todo el país.

La encuesta no es muy científica, eso está claro, pero es una manera divertida de participar en una. Además, recuerda a sus clientes la importancia de votar y es una buena oportunidad comercial para la marca. Es normal que repitan y que se haya convertido ya en casi una tradición electoral que empezó en 2000.

vasos2012

Desde entonces, han acertado todos los años. Este 2016 viene con novedades. Los clientes pueden elegir entre tres opciones: azul para Clinton, rojo para Trump y morado para indecisos. Y por primera vez, los clientes de 7-Eleven se están decantando por la tercera opción. El nombre de los candidatos no aparece en los vasos. Sí aparecía otros años.

La cadena ha llegado a un acuerdo con The Onion y puedes ver los resultados día a día y por estados en su web. Que la mayoría prefiera no elegir a nadie, dice mucho del momento que vive Estados Unidos. Y si nos centramos en los dos candidatos, Clinton tiene una ligera ventaja que, por cierto, se ha incrementado en los últimos días.

7-Eleven, de forma poco científica, nos está diciendo mucho este año. En primer lugar, la negación de los candidatos al no aparecer sus nombres en los vasos. La aparición de una tercera opción en un país de bipartidismo perfecto es cuanto menos sorprendente. Y la victoria en los resultados de esa tercera opción da cuenta del hastío que vive el país. Este el índice electoral 7-Eleven y parece que más o menos funciona. Veremos si lo hace también este año.

5 rituales de la campaña electoral que no pasan en Estados Unidos

No puede haber nada más diferente a una campaña electoral española que la campaña presidencial en Estados Unidos. Las diferencias son tan abismales que cuando pensamos en la lógica española y la intentamos trasladar a Estados Unidos fracasamos de forma estrepitosa. Porque estas son unas elecciones tan distintas que nada aplica. Pero hay cinco cosas que nos llaman especialmente la atención y que al hablar con tantos colegas y periodistas en España estos días he visto que hay casi una barrera insalvable. Te las cuento en este artículo.

1. ¿Oye, cuándo empieza la campaña oficial?

pegadacartelesEstados Unidos lleva casi dos años en campaña electoral. Primero fueron las primarias y luego la campaña entre los dos candidatos a la presidencia. Y no hay fecha oficial para ello.

Cuando un candidato está haciendo campaña para las primarias, también intenta aprovechar todas esas relaciones para la campaña final. Y si un candidato ya tiene asegurado el apoyo del partido, empieza a hacer campaña mucho antes de que el partido le confirme oficialmente en julio-agosto en la convención.

Así que no, aquí no hay pegada de carteles, ni una ley que establezca que la campaña dura 15 días.

2. ¿Y cuál es el último día para publicar encuestas?

encuestas

En Estados Unidos no existe una prohibición tan absurda como la que tenemos en España para la publicación de encuestas electorales. Se pueden publicar hasta el último minuto. Así que podrás seguir los trackings de los candidatos hasta el propio 8 de noviembre. No tendrás que recurrir al mercado secundario de frutas y verduras del país vecino.

3. ¿Y sabes ya qué van a hacer los candidatos en la jornada de reflexión?

jornadareflexion

Aquí no hay jornada de reflexión. Los candidatos y los partidos pueden pedir el voto hasta el último minuto y las candidaturas trabajan hasta que se cierra el centro de votación. Aquí no hay una fecha límite para hacer campaña, la ley electoral solo te pide, en algunos estados, que no puedes hacer campañas a ciertos metros de un colegio electoral. Nada más. Así que no te extrañes si recibes correos o sms de los candidatos en jornada electoral.

Tampoco hay un mitin de cierre de campaña como lo entendemos nosotros. Los candidatos suelen hacer un discurso muy relevante el lunes anterior a la elección, pero no tiene el aire de chimpún que tienen en España. La campaña sigue.

4. No se vota en domingo.

votarendomingo

En Estados Unidos se vota en martes. De hecho, se vota el primer martes después del primer lunes. Así que la gente tiene que organizar su día para poder votar. En algunos estados se dan muchas aglomeraciones y colas, por lo que hay mucha gente que no tiene muchos incentivos para votar. Así que aquí en las noticias no leerás nada sobre el “bonito día que hacía para pasear y votar” o la gente que va a votar después de misa o antes del vermú.

5. ¿Y en la sede del partido quien sale a hablar?

sedeelectoral

En Estados Unidos los partidos ocupan un lugar menos central que en España. Aquí las campañas son de los candidatos. Literalmente. Son los candidatos los que son nominados, pero los que organizan e incluso pagan su campaña. El ejemplo más claro el de Trump, que está pagando de su bolsillo el tramo final de la campaña. Así que las sedes nacionales de los partidos no valen para nada en la noche electoral.

Washington D.C, en este sentido, tiene un interés informativo tirando a cero en la noche electoral. Las sedes de campaña suelen estar en los estados nativos de los candidatos. En esta elección, las dos están en Nueva York. Trump, en la Trump Tower en la 5ª Avenida y la de Clinton en Brooklyn.

Las noches electorales giran entorno a las fiestas/eventos que crean las campañas. En ellas, el candidato da un discurso, ya sea de victoria o de derrota. Pero no en la sede del partido, ni sale el presidente del partido a dar una rueda de prensa, ni nada por el estilo.

Spain is different. O bueno, esto es different.