Mariano Rajoy no es presidente electo

¿Podemos llamar a Mariano Rajoy presidente electo de España Por mucho que las fórmulas norteamericanas nos parezcan más o menos atractivas, lo cierto es que, por el momento, Mariano Rajoy será uno de los 350 miembros del Congreso de los Diputados cuando tome posesión de su escaño.

Futuro presidente, presidente electo… pequeñas diferencias, casi imperceptibles en su significado para el ciudadano de a pie pero que, como toda palabra, no puede despegarse de sus importantes matices. Mariano Rajoy, como cualquiera de los presidentes de comunidades autónomas solo son elegidos presidentes por sus respectivas cámaras. La sesión de investidura les convierte el presidentes y lo son oficialmente desde el momento en que el BOE y los diarios oficiales de cada comunidad publican su nombramiento.

Eso es así porque, a diferencia de regimenes presidenciales como el de Estados Unidos, la ciudadanía no elige directamente a su presidente. Aunque en ese mismo país los ciudadanos eligen a un colegio electoral que nombrará al presidente, es una elección de un candidato u otro. Así, Barack Obama fue designado presidente electo desde la noche del 4 de noviembre hasta que juró el cargo en la escalinata del Capitolio en Washington D.C.

El término president-elect se usa de este modo, aunque no siempre ha sido así. Se solía designar al presidente de ese modo cuando el colegio electoral lo había elegido formalmente y hasta su toma de posesión, pero la práctica se impuso. En sistemas parlamentarios como el británico, por ejemplo, tampoco existe la denominación de primer ministro electo. Resulta forzado, ya que es el jefe del Estado quien lo designa. Así, Prime Minister-designate, Prime Minister-in-waiting o incoming Prime Minister son términos usados similares al lacónico “futuro presidente”.

Hasta su investidura, seguiremos escuchando ese efectivo apelativo.  Es, precisamente, la naturaleza de nuestro sistema político la que nos lleva a tener cuidado con las etiquetas. Los trámites parlamentarios están para las duras y para las maduras.

 

Adaptación del post “Artur Mas no es presidente electo” publicado en 2010.

Si quieres mi voto, enseña los gráficos

Volveremos a ver momentos como este en el debate de esta noche. Volverán los datos, los recortes de periódico y los gráficos volverán a ser los floretes en este particular duelo. Los gráficos en un debate son de un gran valor: los datos, las ideas y las abstracciones, de golpe, se pueden tocar. Pero… ¿de dónde vienen esos datos?

El uso de gráficos en un debate tiene un porqué. También lo tiene el modo de presentarlos. Es fácil que un debate como el que viviremos esta noche se pierda en la inmensidad de cifras que no alcanzamos a comprender o imaginar. Por ello, la necesidad de representarlas y tocarlas exige su uso. Pero no solo eso: su uso debe ser compatible con la velocidad de la televisión y con los planos de televisión. Alguien desde casa debe identificar de un vistazo que lo que el candidato defiende, se comprueba en los gráficos.

Las opciones de fraude o de no representar fielmente la realidad están al alcance de los equipos de campaña. Un gráfico extremadamente generoso en la escala, la generalización de los datos o el amparo del poco tiempo en que un documento está en pantalla puede inducirnos a creer a pies juntillas lo que un candidato muestra. Especialmente porque creemos que esos gráficos son una prueba veraz. Pero… ¿y si no lo es? Por ello, el reto que creó Jesús Encinar en Actuable cobra una importancia especial.

Encinar pidió a los candidatos que se comprometieran a publicar en internet los gráficos que usaran en el debate. Puedes leer más sobre ello en este post de Actuable. Y ambos candidatos respondieron afirmativamente -y con mucha rapidez- a la propuesta del fundador de idealista.com. En sus canales de Twitter afirmaron que publicarían los gráficos que hoy usarán en el debate (Rajoy y Rubalcaba).

Es algo necesario. Sano. Vital. Los ciudadanos y ciudadanas debemos poder comprobar los datos. Conocer la fuente. Buscar los datos originales. Comparar. Nuestra democracia, que no está en sus mejores momentos, precisa de acciones como esta. Y ahí, el poder de la red es clave. Nos permite llegar a más información y contrastar -por mucho que algunos políticos sigan pensando que eso no pasa- y nos permite hacer llegar nuestras inquietudes a nuestros representantes. El caso de este victorioso reto, es una prueba.

El tamaño importa

Parece que el tamaño importa. En las nubes de tags, sin ir más lejos, donde la repetición de un concepto hace crecer su cuerpo. Si una idea tiene más o menos peso según su tamaño, las prioridades del Partido Popular quedan claras: mucho empleo y poca educación.

La realidad es tan compleja que necesitamos representarla para entenderla. Por eso las infografías son tan útiles. Representan temas complejos de manera que podamos entenderlo observando, por ejemplo, un gráfico. La representación nos ayuda a comprender. Y no es un arte fácil. Para muestra, el vídeo de la reciente convención del Partido Popular en Málaga.

En apenas un minuto, 15 personas -5 hombres y 10 mujeres- sostienen 13 mensajes en unas cartulinas. Los 13 mensajes del Partido Popular en esta precampaña. Empleo, pensiones, educación, administración, vivienda, la clase política… los temas se suceden mientras esas 15 personas levantan sus carteles.

Un vídeo de estas características es lo más parecido a una infografía en movimiento. A querer poner carne y hueso a los grupos target a los que se dirige una campaña. Y a querer poner por escrito las propuestas que deben hacer la diferencia con los competidores.

Y ahí es donde volvemos al tamaño. Esa infografía en movimiento no da a todos los mensajes la misma importancia según el tamaño. Si identificamos lo grande como lo más importante, la prioridad del Partido Popular es el empleo -que tiene tres mensajes con carteles muy grandes- y lo menos importante, la educación o que los políticos no engañen, ambos con carteles pequeños. Si el tamaño importa, quedan claros los temas que importan -y los que no- para el Partido Popular.

Cambio, esperanza y los conceptos clásicos de la campaña en positivo

“Empieza el cambio”. Así inicia el Partido Popular la campaña electoral para asaltar la Moncloa el próximo 20 de noviembre. El eslogan de precampaña, copiado del usado por Convergència i Unió en las pasadas elecciones catalanas, busca un clásico en las campañas electorales: construir y proyectar elementos positivos. Mover el marco y fijarlo en una idea esencial: algo va a cambiar. No son los primeros. Ni serán los últimos.

Clausewitz, el estratega militar prusiano que es uno de los autores más citados y estudiados desde el mundo castrense a Wall Street, defendía que en la guerra es más difícil construir que destruir. Defender que atacar. El mejor ataque es, para el prusiano, la propia defensa. Por ello, aunque la política del miedo sea quizás más fácil de enarbolar –una cosa bien distinta es valorar su efectividad según los casos- la política en positivo precisa de más elementos para su éxito: el entorno, el mensaje y el candidato.

Antes de plantear una campaña electoral en tono positivo es necesario atender al contexto político, social y económico en el que se va a desarrollar la campaña. En momentos de crisis, con una corriente de pesimismo, se deben calibrar muy bien los pasos a dar para no ser percibido como un proyecto frívolo o alejado de la realidad. Las encuestas nos aportan información sobre el sentir de la sociedad: ¿son optimistas sobre su futuro? ¿Creen que el país necesita un cambio? ¿Creen que alguien puede solucionar sus problemas? La campaña del PP o antes la de CiU muestran esa reflexión.

Atendiendo a este contexto, el mensaje debe ser lo suficientemente alentador como para sintonizar con él. En general, la política en positivo suele construirse alrededor de conceptos como el cambio, el progreso, la prosperidad o la esperanza. Las apelaciones al futuro también tienen un espacio muy considerable.

De hecho, 7 de los 24 eslóganes usados por los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos de ambos partidos han apelado a estos valores desde 1952 (como muestra Luntz en “Words that work: It ‘s not what you say, it’ s what people hear”). Del “A Leader, for a Change” de Jimmy Carter al “America needs a Change” de Mondale. Sin olvidar el famoso “Hope for the change we need” de Barack Obama. Obama supo dar significado a la palabra “Change” y la conjugó con un aliado inseparable “Hope”. Estos conceptos parecen ser talismanes, catalizadores de la voluntad existente, por ello es tan necesario saber leer bien el sentir general de la ciudadanía.

En España, ha sido tradicionalmente el PSOE quién ha hecho uso de este tipo de conceptos, incluso al plantear campañas de reelección. Si en 1982 González llegó a la presidencia con un escueto, pero lleno de significado “Por el cambio”, en 1989 llegó a defender “El cambio del cambio”. “La España en positivo” de 1996 o “Por el buen camino” de 1986 son otros ejemplos del uso de eslóganes en positivo que marcan esa concepción del modo de hacer campañas de los socialistas españoles.

La personalidad del candidato y las percepciones que genere son también esenciales para entender una política en positivo. Hay líderes que, bien por su experiencia personal y política o por su propia personalidad, tienden a evocar emociones negativas. Rajoy, con sus datos de baja valoración es ejemplo de ello. En cambio, algunos parecen dotados para desplegar al máximo esa política en positivo. No es extraño que a la vista de esto, los presidentes norteamericanos más recordados y admirados del siglo XX sean líderes que supieron inspirar a su generación y a las venideras con una mezcla casi perfecta de firmeza y esperanza. Teddy Roosevelt, Franklin Delano Roosevelt, John Fritzgerald Kennedy, Ronald Reagan o Bill Clinton supieron dar con un mensaje de cambio y esperanza en momentos difíciles, emocionando al electorado y con discursos positivos.

La idea de futuro, progreso y prosperidad es encarnada por estos líderes es el revulsivo de su mensaje. Franklin D. Roosevelt consiguió superar la peor crisis financiera del siglo XX con su New Deal cargado de esperanza –tal y cómo hemos visto, acuñó la famosa frase de “a lo único que debemos temer es al miedo”-. JFK puso una nueva frontera hacia el futuro. Reagan y Clinton supieron dar un empuje a la rica sociedad civil para renacer tras años de crisis en el liderazgo americano a nivel político y económico. Pero todos ellos supieron tender un puente al futuro. La política en positivo piensa en el futuro, no en el pasado, y supera los miedos y reticencias del presente. Felipe González fue uno de estos líderes, encarnando el cambio durante su presidencia y con constantes apelaciones al futuro. Así, durante la campaña de 1982 no dudó en cerrarla de este modo:

“Si hay un pasado que fue de ellos, el futuro es nuestro, de nuestra libertad consciente. El futuro es de la mayoría que quiere el cambio. Adelante. Conquistaremos el futuro en paz. Conquistaremos en libertad. Dejemos a nuestros hijos una España mejor, con el esfuerzo solidario de todos. Adelante y a ganar. España y el futuro es nuestro”.

En Génova saben que tienen el camino allanado para ese asalto a la presidencia del Gobierno. Precisamente por ello, el back to the basics es una apuesta segura. Poco arriesgada. No innova en los conceptos ni mucho menos en el eslogan, pero esa apuesta segura muestra el deseo de no querer hacer de la campaña un elemento de riesgo. La niña de Rajoy costó disgustos en su momento. El cambio empieza por no caer en errores pasados.

 

Muy recomendable el post de Xavier Peytibí “Empieza el cambio, el eslogan”

En el fondo, la fortaleza de Rajoy

Fortaleza. Robustez. Seguridad. En tiempos de crisis, buscamos esto. En todo lo que hacemos y en todo lo que pensamos. Un cambio laboral: ¿es seguro? Un nuevo coche: ¿es robusto? Una nueva relación: ¿será fuerte? La incertidumbre de la crisis nos lleva a elegir aquellas opciones que nos aportan seguridad. Que nos hacen sentir seguros. No es extraño que Rajoy inicie curso político a los pies de un castillo.

En más de una ocasión hemos discutido la importancia de cuidar los fondos desde los que realizamos un acto. Como el fondo puede ser un espacio de distracción, contradicción o, por el contrario, un elemento que refuerce el mensaje. La elección del castillo de Soutomaior (Galicia) para el inicio de curso del PP es uno de esos ejemplos en que el entorno comunica tanto o más que el propio mensaje.

Rajoy tiene el reto de parecer robusto y seguro en dos ámbitos distintos: en el programático y en el de campaña. Carlos E. Cué y Luis R. Aizpolea lo analizaban ayer en El País: la victoria popular está ya tan digerida que el resultado solo puede empeorar. Para ello, vender seguridad es una prioridad. Rajoy ha salido fortalecido, gracias a la reforma constitucional, en el primer ámbito. En el segundo, la campaña dirá.

Por ello, la estampa de Soutomaior envuelve el mensaje y lo refuerza. A modo heráldico, el castillo gallego viene a representar la fortaleza, la grandeza y la virtud. Conceptos ambiciosos que el Partido Popular aspira a asociar a su oferta política.

La situación no es parecida en las filas socialistas. Ni fuertes, ni robustos, ni seguros. La marca PSOE cotiza a la baja y va camino de ser la marca blanca –Rubalcaba- la que compita por neutralizar el previsible descalabro electoral. Rubalcaba no busca ser fuerte –ya lo es-, quiere ser claro. Tan claro como los dos fondos elegidos por su campaña para enmarcar sus apariciones. Azules, otrora blancos, con su eslogan de precampaña omnipresente.

Pero el PSOE tiene otro fondo menos controlado. No es el de los actos ni el de las intervenciones. Es el fondo del partido. De la militancia. Un complicado fondo tejido por las reacciones a la reforma constitucional, los anuncios de ministros y diputados que no irán en las listas o la propia estampa de Rodiezmo. Empieza una larga y atípica campaña. Y empieza cargada –o cargándose- símbolos. Esto no ha hecho más que empezar.

¿De verdad ha ganado Rubalcaba?

 

El pasado sábado Borja Ventura publicaba este artículo en Lainformación.com centrándose en Alfredo Pérez-Rubalcaba, quién seguramente sea el candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno. En el artículo, Ventura me entrevistó junto a Xavier Peytibí, Rafa Rubio y Jordi Rodríguez Virgili. Este es el artículo:

 

¿De verdad ha ganado Rubalcaba?

Rubalcaba es Rasputín, la mano que mece la cuna, el hombre que urde todas las estrategias del socialismo español, el estratega, el cerebro. El que más poder concentra en el Gobierno después del propio presidente. Quizá incluso por encima del presidente. Es vicepresidente primero y, como ministro del Interior, la voz al frente de los servicios de inteligencia. Es, despejada la incógnita Chacón, el candidato in pectore del PSOE para batirse con Rajoy. Es el ‘top dog’, el candidato mejor colocado en el idioma de los politólogos ¿Seguro?

La renuncia de Chacón elimina a la que se postulaba como su principal rival en unas eventuales primarias, pero no parece haber calmado las aguas del socialismo. Las redes sociales eran este jueves un hervidero de comentarios criticando la supuesta ‘mano negra’ que habría obligado a la ministra de Defensa a renunciar a una candidatura para evitar la división interna del partido, como antes se especulaba con la ‘mano negra’ de Rubalcaba tras la petición de Patxi López de celebrar un Congreso Extraordinario.

En el PSOE el debate ya no era entre partidarios de Chacón y partidarios de Rubalcaba, sino directamente entre quienes pedían primarias para intentar cerrar la crisis rápidamente y quienes pedían un Congreso Extraordinario, es decir, la cabeza de Zapatero.

El vicepresidente “sale reforzado, más que beneficiado”, cree Albert Medrán, consultor de comunicación política. “Llega al comité sin la adversaria que podía hacerle más sombra y con una necesidad imperiosa de cerrar este capítulo cuanto antes”. Por su parte Xavier Peytibi, consultor político, considera que sale beneficiado sólo en parte porque “termina la guera interna en el PSOE” y “probablemente será el candidato”, pero advierte que el beneficio será “a corto plazo, pero no sé si lo será a medio plazo”.

También Jordi Rodríguez-Virgili, subdirector del máster en Comunicación Política de la Universidad de Navarra, incide en la cuestión de los plazos: “A corto plazo le beneficia”, dice, porque “le despeja el camino como candidato sin el desgaste de una primarias competidas, desgaste de tiempo, de esfuerzos, de divisiones… pero se siembran dudas, sospechas y desconfianzas sobre Rubalcaba, lo que podrá afectarle más a largo plazo”.

Ataque al vicepresidente

El discurso de Chacón fue, en su opinión, “un ataque muy duro” porque, aunque no lo citase, “cuando habló de movimientos internos que han amenazado la estabilidad del Gobierno y la autoridad de su presidente, la mayoría ha pensado en él”. En opinión de Rodríguez-Virgili, el movimiento de la ministra de Defensa “no solo refuerza la imagen de Rubalcaba como un político maquivélico, que maneja los hilos entre bambalinas, sino que proyecta la idea de un candidato capaz de amenazar la estabilidad del Gobierno y el partido en beneficio propio”.

Rafa Rubio, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense, es más pesimista con las consecuencias de la retirada de Chacón en la imagen de Rubalcaba: “Le ha posicionado al lado de la estructura, le ha cerrado cualquier posibilidad de presentarse como renovador, como un agente del cambio”.

Y ahí es donde entra Chacón. Pocos hablaban ayer de él, porque la ministra de Defensa centró los flashes. Los barones y cargos del partido hablan de su “generosidad”, de una renuncia que ayuda al PSOE en un momento difícil. Las redes sociales vivieron lo que los analistas llaman ‘efecto underdog’, es decir, un arrebato de simpatía por el candidato perdedor. Rubalcaba es ahora el ‘top dog’, el mejor situado, pero tiene un reto según Medrán: “Debe tener la capacidad de superar las brechas que esta situación haya causado” en el partido. Si no, Chacón aguarda agazapada en el futuro.

Un discurso cargado de intenciones

“Chacón gana enteros como futura líder, vista como una persona de partido después de su movimiento estratégico de un paso atrás y por su edad. Además, no se verá salpicada por lo que suceda el año próximo”, comenta Peytibi. “A partir de marzo de 2012, en caso de que el PSOE pierda las elecciones, estará en primera línea como la potencial salvadora y nueva líder”.

El “paso atrás” de Chacón deja solo al frente a Rubalcaba, pero si no tiene oponente no tendrá el refrendo de unas primarias para aglutinar a las federaciones a su alrededor. Hasta este jueves era un candidato sólido que aportaba experiencia y peso político, y ahora es un candidato impuesto, el nombre que el aparato del partido ha escrito en las papeletas de las primarias buscando una aclamación poco creíble.

¿Es posible que alguien dé el paso y quiera competir con el vicepresidente en las primarias? “Siempre hay la opción de que aparezca alguien, pero sería una verdadera sorpresa. Sería ir contra Rubalcaba y arriesgarse a terminar su carrera política como candidato de futuro”, advierte Peytibi. Pero sacrificar a un ‘hombre de paja’ podría devolver el lustre a la hipotética candidatura de Rubalcaba, tocada por el discurso de Chacón, lleno de cosas que “quería” hacer y que dio la imagen de que no le dejaban llevar a cabo.

Algún barón socialista hablaba de posibles “sorpresas” en el Comité Federal. Toda conspiración es poca para quienes ven en Rubalcaba a un Maquiavelo moviendo los hilos.

 

Chacón, la Esperanza del PSOE

Ha dicho muchas cosas. Su rostro, muchas más. La decisión “autónoma, individual y personal” de Carme Chacón dibuja un nuevo escenario en la crisis del PSOE que no tiene atisbos de ser corta: decide no optar a ser la candidata del partido en las difíciles elecciones de 2012. Decide hacerlo por preservar la unidad del partido y la estabilidad del Gobierno. Pero su voz, su postura y, sobretodo, su mirada, dicen lo contrario.

Mujer. Catalana. Española. Fiel a Zapatero y orgullosa socialista. Son las banderas con las que ha roto moldes en la política española de la primera década del siglo XXI. Con el paso que ha tomado hoy, prepara la segunda. El gesto es inequívoco. Se inmola. O así lo ha comunicado. Su discurso es lo que dice: España y el partido están por encima y ella está a su servicio. Su mirada, en cambio, habla de lo que no se ha visto ni se verá. Habla del enfrentamiento entre las familias del PSOE que están en pie de guerra.

Esa guerra es la clave. La contundente derrota electoral del domingo cambia la música pero no los músicos. Las tensiones internas han llevado a Chacón a leer sus posibilidades a medio y largo plazo. En un entorno con tan elevado voltaje, sus opciones se veían reducidas. Si el Comité Federal del sábado llega a un acuerdo y no fuerza un Congreso extraordinario, Chacón se resguarda para luchar su guerra. La de verdad. La sucesión de Zapatero en la secretaría general.

Se abre un periodo incierto. Un camino que, si lleva al 38º Congreso Federal de 2012, dejará a Chacón siendo la Esperanza del PSOE. Lo más parecido a esa figura antagónica que es Esperanza Aguirre en el Partido Popular. Con todo lo que ello conlleva. Con la posibilidad de ser la secretaria general que suceda a Zapatero o quedando como la figura aglutinadora de una corriente distinta que llegue a tener poder en el partido pero no el suficiente para imponerse en él.

La Esperanza del PSOE, con un perfil propio, diferenciado y diferente. Con un relato personal –que ha apuntalado hoy con un defining moment en su carrera-, unos objetivos claros y una mentalidad distinta. La alternativa, desde los que hoy tienen el poder, a los que quieren ser alternativa siendo de la vieja guardia.

No fueron bien las cosas. De hecho, tras perder casi millón y medio de votos en las elecciones del pasado domingo y ver como el mapa del poder autonómico se teñía de azul, la tensión se ha precipitado. La cita de 2012 –si finalmente es entonces- será dura. Complicada. El Congreso se prevé complicado y Chacón es ya la candidata a la secretaría general. Dar un paso atrás para… dar un paso al frente cuando toque.

Un debate con Rajoy

“Señor Rajoy, le emplazo a debatir en un cara a cara sus propuestas para España”. El candidato o candidata que elijan los militantes del PSOE debería pronunciar una frase similar a esta, si no en la noche electoral, en la primera semana de campaña. Rubalcaba o Chacón podrían sacar ventaja en un eventual cara a cara con el líder de la oposición. Y para ello, deberían conseguir un compromiso antes de que las encuestas puedan desaconsejarlo, especialmente en Génova 13.

Rajoy aceptó debatir con el presidente del Gobierno en dos ocasiones durante los días previos a las elecciones de 2008. No se producía un debate de estas características desde 1993. En un país en el que los debates electorales son la excepción y no la norma, el componente estratégico del cara a cara tiene mucha relevancia. Y ahí, a priori, el PSOE saldría con ventaja.

La estrategia de debates del PP en 2008 no tuvo el efecto deseado. Ni el debate de Pizarro con Solbes ni los dos de Rajoy con Zapatero ayudaron a convencer al acotado sector del electorado que decide el voto gracias a este tipo de cara a cara. De ellos, Rajoy repetirá como candidato.

Si el candidato o candidata socialista pide debatir y el PP se niega, tendrán en ello un argumento de campaña para atacar al candidato que va en cabeza. Si Rajoy acepta debatir y sigue la estela de 2008, podrán atestarle un golpe importante. El PSOE lo necesita.

Dos debates interesantes

Si tomamos a los dos candidatos que se cree pueden ganar las primarias, Rubalcaba y Chacón, los debates con el líder de la oposición mostrarían matices muy interesantes. Un debate con Rubalcaba daría pie a un enfrentamiento intenso. El socialista es uno de los mejores oradores de la política española y lo demuestra en sus intervenciones en las Cortes.
Chacón, sin embargo, daría paso a una imagen muy parecida a la del debate de Ségolène Royal con Sarkozy en 2007. La diferencia principal es que Sarkozy fue mucho mejor en ese debate que Rajoy en los cara a cara con Zapatero en 2008. En todo caso, ambos debates mostrarían dos tipos de candidatos muy diferentes y, a priori, superiores al candidato del Partido Popular.

La decisión de Rajoy

Si el candidato o candidata socialista le pide un debate, ¿qué debe hacer Rajoy? Declinar la invitación puede ser arriesgado, pero más puede serlo exponerse a los pobres resultados de 2008. Si no tiene la seguridad de poder mejorar, anunciar su decisión sin tapujos y volver a centrar la campaña en sus temas es lo más aconsejable.

Sin embargo, Rajoy puede hacer de la necesidad, virtud. Cualquier análisis de debilidades constata sus dificultades en un cara a cara. Por ello, una buena preparación y una buena estrategia de debate podría tener buenos resultados. En su partido tiene precedentes: el primer cara a cara de Aznar con González mostró como un buen juego de expectativas y una preparación intensa decantaron la balanza hacia el conservador. ¿Estará preparado para ello?

Los debates como tema de campaña

La campaña de las elecciones catalanas de 2010 es un claro ejemplo de cómo los debates pueden convertirse en un tema de campaña. PSC y CiU no llegaron a un acuerdo para la celebración de debates cara a cara entre José Montilla y Artur Mas. La oferta del PSC incluía un debate en castellano y en una televisión privada. El acuerdo no fue posible. Durante el debate a seis celebrado en TV3, Montilla reprochó a Mas que no se hubiera celebrado el cara a cara y, en su cierre del debate, emplazó a Mas a celebrarlo. El moderador del debate, Josep Cuní, se ofreció a celebrarlo en ese mismo momento y la discusión entre los candidatos tras el debate dejó una imagen para el recuerdo.

Los días posteriores al debate a seis, el cara a cara estaba en el aire. Los análisis sobre ese tema desviaron la atención de lo que realmente había ocurrido en el debate celebrado –nada favorecedor para Montilla- y dejó que ese tema dominara la agenda de dos días enteros de campaña.

Los debates, como los clásicos de futbol entre Barça y Madrid se empiezan a jugar mucho antes del pitido del árbitro. Rajoy lo sabe. Y el futuro candidato o candidata del PSOE también. Un debate con Rajoy puede ser el tema.

¿Se ha preparado Rajoy para ser presidente?

Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Citar este verso de Machado no puede ser más ocurrente al hablar de Mariano Rajoy. Tras la renuncia de Zapatero y las voces que señalan que la estrategia popular podría verse dañada, es necesario preguntarse algo. ¿Ha hecho camino Rajoy? ¿Se ha preparado para ser presidente? Quizás la respuesta sorprenda.

Rajoy no ha preparado bien su carrera presidencial. Quizás la gane, pero no lo hará debido a una gran preparación por su parte. Cuando el 78,8% de la población confía poco o nada en ti, tienes un problema. Y Rajoy lo tiene. La alternativa al Gobierno no gusta a los españoles. No les da confianza. De hecho, según los mismo datos del barómetro de enero del CIS, el 62,3% cree que si Rajoy fuera presidente, lo haría igual o peor que Zapatero.

Estos datos muestran que el Partido Popular tiene un candidato débil para las elecciones de 2012. Y la interpretación de estos datos nos permite observar porqué Rajoy ni es proactivo, ni propositivo… ni protagonista. La debilidad es tal, que lo mejor es no arriesgarse. No asistir a la manifestación de las víctimas del terrorismo de este sábado, es una muestra más.

Rajoy, a verlas venir

No han sido años fáciles en el Partido Popular. La derrota electoral de 2004, pero especialmente la de 2008, generaron tensiones internas. Movimientos lógicos en un partido político que no hubieran tenido más importancia si no fuera por los graves casos de corrupción que han salpicado al partido.

Las tramas Gürtel, Brugal y los casos de espionaje en la Comunidad de Madrid, entre otros, han sido un auténtico vodevil. Rajoy no ha podido o querido aplicar la mano dura y es cómplice de los efectos de la obra que da lugar a momentos tan esperpénticos como la firma de Camps de un compromiso contra la corrupción sin que Rajoy tenga las agallas para pararlo. Rajoy ha aceptado una lista con 11 implicados por casos de corrupción en la Comunidad Valenciana y no ha sabido o querido ser proactivo.

La prensa ha llevado la batuta y el líder popular se ha escondido bajo las ruedas de prensa sin preguntas y dejando en otros portavoces la lucha contra estos temas más espinosos. Es un líder débil que no ha sabido o querido dar un puñetazo en la mesa.

Las propuestas de Rajoy

Rajoy ha vivido una tormenta perfecta que puede beneficiarle. La crisis económica es tal, que los propios indicadores macroeconómicos, unidos al recuerdo de la gestión económica de Aznar, le llevan hacia la Moncloa. Así lo marcan las encuestas. Pero a diferencia de otros líderes como Cameron o Obama, el detalle de sus propuestas es una gran incógnita.

Rajoy no tiene un gobierno en la sombra. Ni un programa claro al que aferrarse. La diferencia con Artur Mas, que conmemora sus 100 primeros días en el gobierno catalán, es abismal. Ambos líderes comparten muchas cosas: optar al mandato por tercera vez, compitiendo con líderes socialistas muy mal valorados y con un contexto de crisis. El catalán preparó a conciencia su campaña durante 4 años. Propuso y explicó, por ejemplo, con las DOC Sessions, lo que quería hacer en Catalunya. Rajoy, no.

Muchos líderes con gran carisma no necesitan la parte más racional o propositiva para arrastrar votos. Pero con un 78,8% de desconfianza, Rajoy necesita contar qué va a hacer y por qué. Saber por qué, como reza su eslogan, podemos confiar.

Muchos gallos en el corral

La situación está mucho más controlada que en otros momentos recientes. Pero en algunos momentos, a Rajoy le han hecho sombra desde el partido. El enfrentamiento con Esperanza Aguirre o el papel protagonista de Camps en el congreso de Valencia son el peaje que Rajoy está pagando.

La debilidad interna de Rajoy es evidente y el equilibrio que ha conseguido necesita la victoria electoral de 2012 como agua de mayo. Esta realidad explica decisiones relevantes que el partido ha tomado, como en las listas electorales, así como para entender el propio papel mediático de Rajoy y la necesidad de confiar en el papel de Alberto Nuñez Feijoo y Alicia Sánchez-Camacho para que el partido no ponga en tela de juicio su gestión.

Rajoy lleva años sin prepararse. Camina, no corre sus kilómetros diarios para preparar la maratón de las elecciones de 2012. Hace unas semanas analizaba en este post el vídeo de presentación de Mariano Rajoy en la Convención de Sevilla. La metáfora del camino y del andar. Una gran pieza de comunicación que mostraba el nivel de preparación de la maquinaria de comunicación de los populares. Una pieza en la que Rajoy afirmaba estar preparado. Parece que más que caminar, siga desde el 15 de marzo de 2004 sentado en su despacho, fumando un puro, esperando que caiga Zapatero.

5 reflexiones sobre las primarias

“Os propongo que sea el Comité Federal, en la próxima reunión que tengamos, después de las elecciones autonómicas y municipales, el que fije el momento de activar el proceso de primarias previsto en los Estatutos del partido para elegir nuestra candidatura a las próximas elecciones generales.” De esta manera, Zapatero ha puesto las primarias en el punto de mira tras anunciar que no será candidato a la reelección. Tras este anuncio, observamos algunas reflexiones sobre el proceso:

1. El PSOE es el partido de las primarias

Si finalmente se dan las condiciones para celebrar un proceso de primarias que culmine con la elección del candidato o candidata a la presidencia del Gobierno, el PSOE habrá demostrado que es el partido de las primarias. Aunque no es el único partido que las celebre, es el único de los dos grandes partidos que lo hace. A diferencia de Rajoy, que en su día fue designado sucesor a dedo, el candidato socialista habrá sido elegido por los votos directos de los militantes. No será la única experiencia. En el recuerdo quedan las primarias para elegir el candidato a las elecciones del año 2000 –aunque el final no fue el esperado- y en la memoria reciente, las primarias en la Comunidad de Madrid o en Barcelona; entre otras.

2. Un verano con monopolio informativo

Todo apunta a que el 28 de mayo se fijará el calendario de las primarias y que podrían celebrarse antes de que termine julio. Cuando se celebren 11 años de la elección de Zapatero como secretario general del PSOE (22 de julio) el partido puede tener ya un candidato. Aunque no un nuevo secretario general. En todo caso, el PSOE marcará la agenda mediática de este verano. Tanto por el proceso como por el despegue del nuevo candidato que culminaría en septiembre con la vuelta al curso político, la atención que recibiría el PSOE podría ser muy bien aprovechada. Y esta vez de verdad: hablamos de primera división y no de los efectos que se esperaban en otras primarias como en la Comunidad de Madrid.

3. Ruido. ¿Resultados?

El PSOE puede sacar tajada del aumento de atención y comentarios. Si elije a un buen candidato y diseña bien los pasos hasta la convocatoria de elecciones, estar en el centro de la agenda le puede beneficiar. Pero para ello, debe huir del triunfalismo. Es cierto, esta vez va en serio. Va a tener a toda la opinión pública pendiente, pero ser más notorio no significa que los problemas que han llevado al PSOE al lugar que ocupan en las encuestas desaparezcan de un plumazo.

4. ¿Quién controla el partido?

En la Comunidad de Madrid y en Barcelona, los candidatos que controlaban los aparatos del partido ganaron. ¿Quién controla el PSOE? Los candidatos que se postulen, ¿qué apoyos tendrán? Seguramente esa sea la clave de las primarias. Y ahí radicará el gran punto de diferencia respecto a esas experiencias previas: ¿votarán los socialistas en clave de querer una victoria electoral o buscarán alguien de transición próximo al aparato?

5. Un líder que no sabe a quién atacar. Pero un líder al fin y al cabo

Algunos apuntan a que el gran perdedor de este contexto es el Partido Popular. De hecho, personas próximas al PSOE se manifiestan de este modo. La verdad es que en estos momentos, el único de los dos grandes partidos que tiene claro su liderazgo es el PP. Puede que no tener a alguien a quién atacar sea una debilidad para los populares, pero ellos tienen a un líder dispuesto a atacar. La euforia no puede nublar los datos que se tienen en estos momentos sobre la mesa: una abismal diferencia en intención de voto a favor de los populares y un líder dispuesto a ser presidente.