Debate Macron – Le Pen: todo lo que debes saber

El próximo domingo Francia elige a su presidente. A un lado, un candidato sin partido. Al otro, la candidata de la extrema derecha. Otra batalla por la salvación de la Unión Europea. El mundo contiene la respiración. Esta noche se celebra el único cara a cara entre los dos candidatos y aquí tienes los datos para seguirlo.

Debates en Francia

Francia tiene una gran tradición en debates electorales presidenciales. Se han venido celebrando de forma casi ininterrumpida desde 1974. Recordemos que en Estados Unidos, el otro país en el que estos debates gozan de tradición y buena salud, se vivió un parón desde los primeros en 1960 hasta las elecciones de 1976. En Francia, los dos candidatos se han enfrentado desde 1974 a excepción de 2002.

Hora

El debate se celebrará esta noche a las 21h (una hora menos en Canarias). Los candidatos debatirán durante dos horas y veinte minutos. Lo podrás ver con seguridad en France 24 si tienes Movistar TV y en TV5 Monde en Vodafone TV. Es probable que algunos medios digitales españoles den la señal.

¿Dónde?

El debate se emitirá en directo desde Studios 107 en Plaine Saint-Denis, París.

¿Cómo es el plató?

Los candidatos estarán sentados, cara a cara, como ya es tradición en Francia. Estarán separados por dos metros y medio, que es el ancho de la mesa. Los moderadores estarán en medio.

La mesa está rodeada por unas pantallas circulares en las que se puede ver la fachada del palacio del Elíseo, la sede de la presidencia.

¿Quién modera?

Este debate contará con dos moderadores. Nathalie Saint-Cricq, jefa de política de France 2 y Cristophe Jakubyszyn, jefe de política de TF1. Ellos son los encargados de preguntar. Se han elegido una docena de grandes temas. Los candidatos no conocen las preguntas.

Tiempos y turnos

Los candidatos se repartirán el tiempo y en pantalla podremos ver el contador de ambos candidatos. Le Pen será la encargada de abrir el debate y Macron el último en concluir.

La normalización de la extrema derecha

Le Pen ya ha ganado algo en este debate. En 2002 no hubo debate presidencial. El presidente Chirac se negó a medirse con Jean-Marie Le Pen, el padre de la candidata. En 2002 la extrema derecha consiguió por primera vez pasar a segunda vuelta y se activó el frente republicano contra ese partido. No llegó ni al 20% de los votos en segunda vuelta. Hoy la historia es muy distinta. Marine Le Pen puede superar el 40% de los votos y esta noche estará sentada en el plató. Macron no se ha negado a debatir. Algo que, seguramente, le hubiese hecho más daño. Los tiempos han cambiado y la normalización de la extrema derecha se percibe también en el hecho de que esta noche haya debate.

Los grandes momentos de los debates presidenciales

La gran tradición francesa en cuanto a debates presidenciales nos ha dejado grandes momentos que han pasado a la historia de los debates electorales a nivel mundial. El primero, pasó en 1988. En esas elecciones se enfrentaban François Mitterrand, el primer presidente socialista de Francia con su primer ministro, el representante de la derecha Jacques Chirac, en aquel momento primer ministro.

Llegaron al debate tras dos años de cohabitación. Se lo jugaban todo. El momento más famoso marcó escuela. Chirac quería igualarse a Mitterrand y dar la idea de que esa noche solo eran dos hombres iguales compitiendo en igualdad. Pero Mitterrand era ya presidente. Y como afirmó algún sabio, los presidentes de Francia no caminan, levitan.

Chirac le espetó: “Deje que diga que esta noche yo no soy el primer ministro y usted no es el presidente de la República: somos dos candidatos, iguales, que se someten al juicio de los franceses. Es lo único que cuenta. Por ello, deje que me dirija a usted como señor Mitterrand”.

Y el presidente respondió. Y de qué manera: “Tiene usted toda la razón, señor primer ministro”.

Chirac perdió esas elecciones.

En 2007, por primera vez en la historia, una mujer llegó a la segunda ronda. Era la candidata del Partido Socialista francés, Ségolène Royal. Ante ella, Nicolas Sarkozy, el heredero de la derecha francesa a Chirac.

Royal sufrió en sus carnes un ejemplo clarísimo de machismo. En uno de los momentos más álgidos del debate, la candidata defendió con fuerza sus ideas cuando hablaban de cuestiones sociales. Dijo estar cabreada. Sarkozy no se enfrentó y directamente le pidió que se calmara. Como si estuviera perdiendo los estribos. Claramente machista. Royal afirmó que no se calmaría. Y él le espetó que un presidente debía mantener la calma. Fue devastador para Royal. Sarkozy llega a decir que “ha perdido los nervios”.

Veremos que nos depara esta noche. Un nuevo capítulo en la historia de los debates presidenciales franceses se escribe.

La investidura de Rajoy: 144 horas para tener gobierno

¿Qué va a pasar cuando el Congreso le dé la confianza a Mariano Rajoy mañana por la tarde? ¿Cómo van a ser las 144 horas posteriores a la votación y que culminarán con un gobierno para España? Lo repasamos a continuación, en un guión aproximado atendiendo a la práctica de las últimas tomas de posesión. Que en un país como España poco significa, por lo que puede haber cambios importantes. Te dejo con estas 144 horas para tener gobierno.

Hora 0. Sábado 29 de octubre de 2016, 21h -aprox-

Los 350 diputados y diputadas del Congreso votan por segunda vez. Rajoy consigue la confianza de la cámara con la mayoría simple de los votos. Es decir, más síes que noes. Al finalizar la votación Ana Pastor lee los resultados. Dice que la confianza al candidato Rajoy queda otorgada y que comunicará la decisión al Rey. Desde ese momento, Rajoy es ya presidente electo de España. Aunque en realidad él ya es presidente. En funciones.

El portavoz socialista seguramente sea el primero en cruzar el hemiciclo para felicitar personalmente al presidente electo, que recibe una ovación cerrada de su bancada. Varios diputados irán a saludarle y felicitarle. Previsiblemente, los primeros serán el resto de portavoces.

En cuanto Ana Pastor comunique al Rey la decisión, Zarzuela fijará la hora en la que Rajoy jurará el cargo. Puede jurar o prometer, pero suponemos que repetirá la fórmula usada en 2011. Presumiblemente será mañana.

Hora 110. Domingo 30 de octubre de 2016, 11h -aprox-

En la sala de audiencias del Palacio de la Zarzuela, Felipe VI, la reina Letizia, Rafael Catalá como ministro de Justicia en funciones y notario mayor del Reino, Ana Pastor como presidenta del Congreso, Pío García-Escudero como presidente del Senado, Carlos Lesmes como presidente del Tribunal Supremo y Francisco Pérez de los Cobos como presidente del Tribunal Constitucional son testigos del juramento de Mariano Rajoy.

Estas personalidades estan en fila en un extremo del Salón. Los reyes a la altura de la mesa que se instala para la ceremonia. Más alejados, el resto. Y en el otro extremo perpendicular de la sala, espera Mariano Rajoy.

El jefe de Protocolo de la Casa de Su Majestad el Rey inicia la ceremonia leyendo el Real Decreto por el que se nombra a Rajoy presidente del Gobierno. En cuanto termine su lectura, Mariano Rajoy se aproxima a la mesa. Es la primera vez que Felipe VI ve jurar a un presidente de Gobierno en su reinado.

Y como primera vez, el protocolo de Zarzuela cambia. Aunque en este caso seguramente no lo haga. En el reinado de Felipe VI las personas que acuden al palacio a jurar o prometer su cargo pueden elegir si quieren que en la mesa se dispongan símbolos religiosos como el crucifijo y la Biblia.

Nada parece indicar que Rajoy pida que se quiten, así que cuando el presidente electo se disponga a jurar su cargo, en la mesa se encontrarán esos símbolos. La cruz dorada que ha sido testigo de innumerables ceremonias y una biblia de 1791, editada en Valencia, abierta por el libro de los Números. Empezará jurando sobre ella, con la mano sobre los evangelios. Y cuando jure hacer guardar la Constitución, cambiará y posará su mano sobre la carta magna, abierta por su artículo 99. Que es el artículo sobre el presidente del Gobierno.

La fórmula que utiliza es esta:

Juro [o prometo] por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de presidente del Gobierno con lealtad al rey, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, así como mantener el secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros.

 

Tras ello, hace una reverencia al Rey y vuelve al fondo del Salón de Audiencias. Tras ello, los reyes se acercan y le saludan. Los medios toman una foto de ese momento.

Hora 112. Jueves 3 de noviembre de 2016, 13h -aprox-

Cuando acaba esta corta ceremonia, Rajoy vuelve a Moncloa ya como presidente. Tras casi un año, dejará de ser presidente en funciones.

Hora 115. Jueves 3 de noviembre de 2016, 16h -aprox-

Rajoy podría acudir a Zarzuela el lunes por la mañana para comunicarle al Rey la formación de su gobierno.

Hora 117. Jueves 3 de noviembre de 2016, 18h -aprox-

Rajoy volverá a Moncloa y convocará a los medios para comunicar la formación de su gobierno.

Hora 134. Viernes 4 de noviembre de 2016, 11h -aprox-

Los nuevos ministros, los nuevos y los que repiten, irán a Zarzuela al día siguiente para jurar sus cargos. La ceremonia es muy parecida. En un extremo, los Reyes, el presidente del Gobierno, la presidenta del Congreso, el presidente del Senado, el presidente del Tribunal Supremo y el presidente del Tribunal Constitucional serán los testigos del acto. En el lado perpendicular, aguardan los ministros.

Se volverán a leer los Decretos Ley de nombramiento de los ministros, que se colocarán por el orden protocolario de juramento, que es el mismo por el que se sientan en el Congreso: por la antigüedad del ministerio. Salvo por una excepción. El primer ministro en jurar o prometer el cargo será el de Justicia, que ejercerá de notario mayor del Reino durante el resto de la ceremonia. Tras jurar o prometer, se situará a la izquierda del Rey, delante de la mesa.

Los ministros serán llamados uno a uno y jurarán o prometerán el cargo. La fórmula es la misma que la que usó Rajoy el día anterior, pero con la mención al cargo que van a ocupar. La Constitución está abierta por el artículo 100, sobre el nombramiento del Gobierno.

Tras el juramento o promesa, los periodistas pueden hacer la primera fotografía del nuevo gobierno.

Hora 136. Viernes 4 de noviembre de 2016, 13h -aprox-

Los ministros acuden a Moncloa para celebrar el primer Consejo de Ministros. Foto de grupo

Hora 139. Viernes 4 de noviembre de 2016, 16h -aprox-

Tras el Consejo de Ministros, los ministros van directos a su ministerio para la ceremonia del cambio de carteras. Los ministros salientes entregan la cartera al nuevo ministro o ministra en una ceremonia que suele ser bastante emotiva, especialmente para los ministros salientes. Suelen darse discursos de los dos ministros.

Muchos ministros tienen en ese momento a otros ministros apadrinando el acto, por lo que las ceremonia se van celebrando a lo largo de la tarde.

Hora 144. Divendres 4 de noviembre de 2016, 21h -aprox-

A esa hora las ceremonias habrán acabado ya y el ejecutivo estará plenamente en funciones. España ya tendrá presidente y Gobierno. La pregunta es hasta cuando.

¿Por qué funcionan los anuncios electorales en Estados Unidos?

En 2004, un spot electoral directo a la yugular de John Kerry le costó las elecciones. En 2008, un vídeo musical de Barack Obama le ayudó a conectar con millones de personas. En 1964, un spot electoral hizo que todo un país votara por miedo. En Estados Unidos los spots electorales son algo más que un soporte publicitario. Son auténticas armas en una guerra sin cuartel. ¿Por qué funcionan los spots en Estados Unidos y en España no dejan de ser un compromiso?

Los anuncios electorales son básicos en una campaña electoral en Estados Unidos. Son algo más que un ritual. Son armas. Armas para doblegar al enemigo y llevarse el mayor botín de guerra: sus votos. Y eso es así porque en Estados Unidos se dan tres cuestiones que no se dan en nuestro país. En primer lugar, son parte central de la estrategia de campaña. En segundo lugar, por la liberalización de los espacios comerciales. Y en tercer lugar, porque en una campaña presidencial se mueve mucho, mucho dinero.

Los anuncios son parte de la estrategia. No del ritual de campaña. Los anuncios se entienden como munición de ataque y de construcción de liderazgo. Se administran. Tanto en tiempo como en forma y lugar. Las campañas identifican en qué estados se lo están jugando todo y aplican una estrategia casi quirúrgica. Emitir anuncios en los estados clave, en las horas clave y segmentándolos para las audiencias clave. Y se emiten en el momento adecuado. Por ejemplo, en las últimas semanas Donald Trump ha expresado en más de una ocasión que su campaña está en mejor forma que la de Clinton porque aún no ha tenido que gastar dinero en anuncios y que lo hará cuando la campaña esté más avanzada.

Este primer factor no sería posible sin la liberalización existente en los espacios comerciales. En España, los spots electorales solo se pueden emitir en los bloques de publicidad electoral de las televisiones públicas. Y esos bloques están reglados y se reparten en base al resultado electoral en las elecciones anteriores. Un partido no puede comprar un espacio de publicidad en Telecinco durante la emisión de un Sálvame Deluxe para tener un spot de 30 segundos contando por qué deben votarle.

En Estados Unidos, las campañas pueden anunciarse en las cadenas que quieran y cuando quieran. No hay límite de tiempo. Un spot puede emitirse durante las primarias. E incluso el día de las elecciones. Eso sí, los spots deben ir firmados. Se debe informar de quién paga el anuncio. Así, los anuncios oficiales pagados por la campaña incluyen un rótulo en el que dice que ha sido pagado por la campaña: “Paid for by Hillary for America”. Y el candidato graba un pequeño mensaje “I’m Mitt Romney and I approve this message”.

En España, solo en las televisiones públicas, en bloques electorales y durante los días de campaña se pueden emitir los spots. Durante el día de reflexión y la jornada electoral están prohibidos. Los spots sólo pueden ser oficiales y de la campaña.

Y eso vale dinero. Muchísimo dinero. Las campañas son máquinas perfectamente engrasadas para conseguir fondos que se destinan en una gran proporción para pagar anuncios en televisión. No hay nada más caro como la publicidad en televisión. Pero, a día de hoy, es efectivo.

Estos factores llevan a las campañas electorales en Estados Unidos a una explosión de creatividad y de efectividad. Si un spot debe servir a un objetivo concreto, puede emitirse en el momento en el que la campaña lo decide y cuesta dinero, esos anuncios son buenos. Muy buenos.

Pero llevan a algo más: los spots alimentan el ciclo de información política. Antes de Youtube, la viralidad se conseguía hablando de ellos en las noticias. Un spot hace que los periodistas hablen de él, de lo que quería y del mensaje que lleva. Y eso amplifica su efecto. Por ejemplo, durante la campaña presidencial de 2004 en la que el actual secretario de Estado John Kerry se enfrentó a Bush, el spot pagado por una asociación de veteranos de guerra favorable a Bush puso en duda su lealtad a sus compañeros soldados y eso nubló su campaña. Llevó a que el electorado se preguntara si podía ser comandante en jefe.

Este tipo de modelo también lleva a una gran cantidad de estilos en los anuncios electorales. Desde anuncios negativos, a otros en tono de humor o de construcción del candidato. Pero no da pie a monólogos sin sentido del candidato, a bellas construcciones poéticas o alardes musicales. Los spots deben ser efectivos. Porque son caros. Y porque están pensados para quién los consume.

Por eso los anuncios electorales funcionan en Estados Unidos. Por eso son tan importantes. Por eso, los amantes de la publicidad y la comunicación los observamos con detenimiento. Y por eso algunos seguimos pensando que en España tenemos mucho por hacer.

La humillación de Peña Nieto. Y la de México.

Pocas veces un jefe de estado se humilla en vivo en televisión. A veces ocurre. En la ficción, como cuando el primer ministro británico en “Love Actually” se enfrenta al presidente de Estados Unidos. Hugh Grant le suelta en directo todo un discurso patriótico en un momento en el que confunde los celos por la mujer que quiere al verla con el presidente americano con un ataque a Gran Bretaña. Y en la realidad, como cuando Juan Carlos I no pudo mantener el secreto de su cacería africana al caer y tener que ser intervenido de urgencia. Todos recordamos su disculpa pública. Y cómo se aceleró el ocaso de su reinado.

Un jefe de estado no es solo una persona. No es solo un líder. Encarna al conjunto de la nación. Para bien y para mal. A veces un jefe de estado no está a la altura de los acontecimientos. Por las circunstancias o por la propia capacidad. Pero muy pocas veces es un jefe de estado el que se tiende una trampa a sí mismo. Enrique Peña Nieta, presidente de los Estados Unidos Mexicanos, lo hizo la semana pesada.

Los mexicanos y las mexicanas llevan años asistiendo a un auténtico vodevil presidencial. Casos como el escándalo de la “casa blanca” de su mujer, la actriz de telenovelas Angélica Rivera. Según lo publicado por Aristegui Noticias, la lujosa mansión de la primera dama era legalmente propiedad de la empresa Ingeniería Inmobiliaria del Centro, parte de Grupo Higa, que realizó varias obras de infraestructura cuando Peña Nieto era gobernador del estado de México. O como el que salió a la luz hace apenas unas semanas: el presidente plagió su tesis de grado.

En ese contexto, Peña Nieto ha tenido que hacer auténticos malabares para sobrevivir a los envites de su mandato. Y para ello, se ha valido siempre de la televisión. Para muchos, Peña Nieto es un presidente televisivo. Un presidente que, se llegó a creer, fue creado por la televisión. En 2012 el periódico británico The Guardian denunció unos supuestos acuerdos de Peña Nieto con el Grupo Televisa para favorecer a su candidatura en la cobertura de las elecciones a la presidencia. Algo que llegó a inspirar la película de Luis Estrada “La Dictadura Perfecta”.

No es extraño pensar que Peña Nieto pensaba que realmente su presidencia necesitaba un buen golpe de efecto mediático para apuntalar su gestión. No es extraño pensar que si el presidente se enfrenta al mayor enemigo público de la república, podía ganar enteros. No es extraño pensar que mostrar la fortaleza del Estado a quién lleva meses insultando a los mexicanos podría llegar a tener sentido.

No es extraño pensarlo. Lo extraño es que haya salido tan mal. O no, quizás la maltrecha gestión de Peña Nieto solo podía augurar lo que finalmente pasó. El mayor desastre de un jefe de estado en años.

31 de agosto de 2016. Los Pinos. El presidente mexicano recibe en su residencia, de forma oficial, al candidato republicano Donald Trump. El que quiere construir un muro en la frontera con México. Y que lo pague México. Durante 40 minutos departen sobre los temas de la visita. Se supone que el famoso muro. Se supone que el presidente va a defender el honor de los mexicanos. Minutos más tarde en el salón Adolfo López Mateos de la casa presidencial, comparecen los dos. Uno, elegido por los mexicanos. Jefe de Estado. Máxima representación del país y comandante en jefe del ejército. El otro, aspirante a serlo en las elecciones del próximo ocho de noviembre. Por el momento, magnate multimillonario y candidato de un partido político. Y se formó la gozadera. Un error monumental formado de varios errores que repasamos a continuación. Sin orden ni concierto.

Error #1: La escenografía.

La escenografía es impresionante. Bajo el escudo nacional del águila y la serpiente, la bandera de la federación y dos atriles presidenciales. De un plumazo, Peña Nieto trata igual a quién no lo es. Le da el rango de jefe de estado de otra nación. Le da empaque para que así se presente él en su país. Lo que no deja de ser sorpresivo si ese candidato va en contra de los intereses nacionales de México. Le da a Trump el escenario perfecto para ser percibido como líder. Peña Nieto se presta a ello. La reunión será privada. Pero es en la sede de la presidencia.

Error #2: El discurso.

No, Peña Nieto no hizo como Hugh Grant. No repasó las increíbles virtudes del pueblo mexicano y le espetó a Trump un buen zas en toda la boca. No. Asintió, rebajó el tono y no aclaró si defendió a México como todos esperaban. Por el contrario, cantinfleó sobre economía, relaciones bilaterales…

Error #3: El resultado.

Las críticas a Peña Nieto no han dejado de crecer. Los mexicanos se sienten humillados, no ya por Trump, sino por su presidente. Se han convocado protestas, las redes sociales han mostrado la repulsa a los actos del presidente… Ni Peña Nieto defendió con firmeza a México ni Trump ha dejado de insultar a los mexicanos desde su visita. Al contrario, horas después de regresar de México insistía en que ese país pagaría el muro. Un éxito, no fue.

Error #4: El momento.

El fallido encuentro con Trump se dió el día antes del Día del informe de gobierno del Presidente de la República. El 1 de septiembre el presidente mexicano da cuentas de las acciones de su gobierno en cumplimiento del artículo 69 de la constitución. Un momento político de altísimo nivel que muestra resultados. Momento con gran carga política y de comunicación. Momento empañado por la polémica generada por la fallida visita.

Error #5: La reacción.

En los días posteriores a la reunión y a la comparecencia con Trump, Peña Nieto tuvo que matizar y ha llegado a afirmar que en la reunión fue tajante con Trump respecto al muro. Algo que los mexicanos no vieron en la comparecencia. El presidente ha llegado a escudarse en la cortesía con el invitado y ha tenido que entrar en directo en el telediario para matizar su acción.

Esta visita no será olvidada. Es muy poco frecuente ver a un jefe de estado tomando un riesgo tan grande y con un resultado tan fallido. Nada será igual en la presidencia de Peña Nieto tras esta reunión. Y sólo el resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos dejará esto en una funesta anécdota o en el primer acto de una tragedia que puede acabar muy mal para los ciudadanos y ciudadanas de México.

Cameos políticos impensables: Super Mario primer ministro y una reina enrollada

Los Juegos de Barcelona marcaron un antes y un después para el olimpismo. No solo cambiaron el modelo de Juegos que Samaranch lideró durante la década de los 80 hacia el profesionalismo del deporte, la entrada de las grandes empresas y la ampliación del foco hacia algo más que deporte; también cambiaron el lenguaje y la comunicación de la mayor cita deportiva del mundo. Cuando Barcelona dijo “Hola” al mundo en su ceremonia de inauguración, cambió la historia de la comunicación de los Juegos. Y esa semilla no para de germinar.

El cameo del primer ministro japonés, Shinzō Abe, en la ceremonia de clausura de Rio 2016 es una muestra más de cómo en las ceremonias olímpicas siempre se puede llegar más lejos. Durante la presentación al mundo de Tokyo 2020, la próxima ciudad olímpica presentó un vídeo cargado de referentes de marca-país en el que los videojuegos, el desarrollo tecnológico y la tradición asiática se fundieron con el deporte. Y en ese mix de repente apareció el primer ministro. Mejor que lo veas:

Pero la aparición estelar del primer ministro no es el único que nos han dado los Juegos. En Londres 2012 la llegada de la reina Isabel II al estadio olímpico fue de lo menos ortodoxa. Si en Barcelona 92 el comité organizador tuvo que idear una carambola protocolaria para evitar los pitidos al rey Juan Carlos I usando el himno catalán en la entrada de los reyes al estadio, la prima del monarca español se prestó a un sorprendente cameo 100% británico con otro icono del país, James Bond:

Estos son muy buenos ejemplos de cameos de líderes políticos. Una aparición breve representándose a sí mismo. Pero lo que es más importante, en un contexto totalmente alejado de los atributos que se esperan de él. Eso genera sorpresa, simpatía y proximidad. Y al generar esos estados, se incrementa el impacto. En estos dos casos, apuntalar o ampliar la popularidad.

De hecho, es especialmente significativo el acercamiento de la casa real británica a este tipo de acciones. En la promoción de los Invictus Games, la competición deportiva creada por el príncipe Harry para veteranos militares con discapacidad, la reina Isabel II, el príncipe Harry, Barack y Michelle Obama y el primer ministro canadiense Justin Trudeau grabaron vídeos retándose entre ellos. El príncipe cuenta cómo lo consiguió.

Pero ojo, si crees que este artículo va a acabar diciendo que tenemos mucho que aprender de los anglosajones y que cameos similares no se darían en España, estás muy equivocado. Quizás la Casa de Su Majestad el Rey, que ha hecho un buen trabajo con los tweets de ánimo a los deportistas españoles en los Juegos de Río no se haya atrevido en estas lides. Pero sí hay ejemplos de políticos españoles haciendo cameos en series de televisión.

Es más, si tras ver a Obama haciendo su “boom” te has dicho que “esto Rajoy no lo hace ni de coña”, vuelves a estar equivocado. En el año 2000 Mariano Rajoy se interpretó a él mismo en un capítulo de “Jacinto Durante Representante”, una serie de Televisión Española, cuando era ministro de Educación y Cultura en el gobierno de José María Aznar. Aquí la prueba:

Y no es el único caso. En la décima temporada de la popular serie “Cuéntame cómo pasó”, Santiago Carrillo fue entrevistado por Toni Alcántara. El Carrillo de 2008 interpretó al Carrillo de 1976. Carrillo también salió en “7 vidas”. Esta serie contó con cameos de Alfonso Guerra, Javier Arenas y Carod Rovira. Y su primer protagonista, Toni Cantó, acabó siendo diputado por dos partidos distintos (UPyD y Ciudadanos…). Pero eso es otro tema.

La lista de políticos que han pasado por el “Polònia” de TV3 es casi imposible de reproducir aunque en ese contexto su visita es más que esperada y el papel de sorpresa se ve amortiguado.

A veces es necesario salir del contexto habitual. De lo que se espera de uno. Para sorprender y conectar. Y mejor hacerlo cuando nadie lo espere y no reservarlo solo a la campaña electoral. Que el cameo no se convierte en un punto más de la agenda del día.

Pd: te dejo un bonus track. El cameo de Donald Trump en “Solo en Casa 2”. Sí, cuando Kevin McAllister se perdió en Nueva York, Trump ya estaba ahí.

Los escenarios del poder: el despacho del presidente del Gobierno

El despacho oval de la Moncloa ni es oval ni tiene decenas de réplicas en todo el mundo (desde museos a ricos obsesionados en tener uno igual en casa. Me consta que en España alguien lo ha hecho). El despacho oval de la Moncloa es algo más tímido, mucho más ecléctico y seguramente represente menos el poder y sea más funcional. Nos sumergimos en un escenario del poder casi desconocido.

Los españoles apenas conocen cómo es el despacho en el que trabaja su presidente. Y no es solo por la maldita confusión entre partido y gobierno. Seguramente beba mucho del propio destino, casi en lo universal, del propio palacio de la Moncloa. La casa palaciega del siglo XVII que hoy es sede de los edificios gubernamentales, pasó de finca agrícola a ser adquirida por Carlos IV en 1802. Fue casi destruido por completo durante la Guerra Civil, fue reconstruido y durante el franquismo fue la residencia para las visitas de mandatarios extranjeros.

De esa reconstrucción vienen las 12 columnas del llamado Salón de Columnas, provenientes del claustro del Palacio Arzobispal de Arcos de la Llana, en el valle burgalés del río Cavia. Fue un regalo a Franco.

Adolfo Suárez fue el primer presidente en usar la Moncloa. Desde 1977, se convierte en residencia oficial y sede de la presidencia del Gobierno. Desde entonces, el uso dado a edificios ha ido creciendo hasta dar con el conocido hoy como complejo de la Moncloa, el lugar en el que el ejecutivo gobierna España.

El despacho oval español está situado en la planta baja del palacio. Es la planta pública, ya que se reserva a usos oficiales. El despacho de trabajo del presidente está entrando a mano izquierda. Para llegar a él hay que pasar por una biblioteca y tiene un ventanal sobre el jardín trasero.

El presidente tiene en su despacho de trabajo dos zonas muy diferenciadas. La zona de trabajo y la zona de visitas.

Por un lado, su mesa de trabajo, con sillas para poder despachar sus asuntos desde ahí. Las sillas son de Eames, presentes en muchos despachos de nuestro país. Hay dos mesas de madera oscura, una a modo de despacho y la otra para el ordenador. Completa la zona de trabajo una mesa de reuniones situada a la izquierda desde el sillón del presidente.

Y por otro, una zona para recibir visitas con un sofá y sillones junto a una mesita. En esa zona encontramos una alfombra blanca.

El estilo de decoración lleva el sello de Sonsoles Espinosa, la mujer del presidente Zapatero, que llevó a cabo la reforma más radical del Palacio. Tras esa reforma desaparecieron los muebles de estilo clásico y se optó por muebles y diseños contemporáneos, con un estilo mucho más ecléctico.

El despacho del presidente es un escenario muy neutro, elegante y moderno. Contrasta con otros escenarios más cargados de la vida política e institucional española, donde los tapices y las maderas son las protagonistas. Por el contrario, aquí nos encontramos con techos altos, suelos de madera y paredes en gris. El despacho oval de la Moncloa se parece más al despacho de un consejero delegado del Ibex que al despacho del Rey.

La decoración del despacho está protagonizada por las obras de arte que cuelgan de sus paredes y los estandartes de España y de la Unión Europea. Sin olvidar algunas fotografías enmarcadas y un ordenador personal que en todas las fotos tomadas al presidente Rajoy en su luce aparcado en un rincón de la mesa.

No hay espacio para obras clásicas en el despacho del presidente. Encima del ordenador cuelga “10 nostalgias y un olvido” del pintor sevillano Luis Rodríguez Gordillo. Se puede comprar una reproducción de ese grabado por unos 500€. Tras el presidente cuelga una obra de Joan Miró, “Le grand sorcier”.

El despacho tiene luz natural gracias al ventanal que da al jardín del palacio. Tiene dos puertas de acceso, una desde el vestíbulo y otra que da a una gran sala de reuniones. Por cierto, debe tener problemas de aclimatación porque un radiador eléctrico portátil descansa en el pequeño pasillo que separa la sala de reuniones del despacho presidencial.

Este no es el único despacho que tiene el presidente en Moncloa. Desde la entrada, a mano derecha, encontramos el despacho oficial del presidente, para actos más protocolarios, en el que encontramos la vieja mesa de despacho del general Narváez, regalada por Juan Carlos I a Adolfo Suárez. Hay pocas fotos disponibles de ese despacho, una de las pocas, con Zapatero como presidente, muestra una gran sala rectangular, en tonos grises, con un gran cuadro de Barceló.

Hay, de hecho, pocas imágenes del presidente en su despacho de trabajo u oficial. Al contrario de lo que ocurre con el despacho más famoso del mundo -que hasta es mencionado así en anuncios de Ikea– las imágenes públicas son pocas. De hecho, la grabación del famoso programa de Bertín Osborne “En tu casa o en la mía” con el presidente Rajoy nos dejó un buen fondo documental de imágenes de la planta pública del Palacio de la Moncloa.

David y Goliat

El primer ministro italiano, Matteo Renzi, ha recibido a la cancillera alemana Angela Merkel en su ciudad, Florencia, para una cumbre entre los dos países. Y la cumbre nos ha dejado esta imagen para la posteridad. Los dos mandatarios a los pies del David de Miguel Ángel. Una imagen bella y poderosa.

Al ver el escenario elegido por los italianos para la rueda de prensa entre los dos dirigentes no he podido hacer otra cosa que recordar este artículo que escribí tras la inauguración del AVE Madrid-Valencia en 2010. La importancia del fondo, del escenario, de lo que envuelve al mensaje. Porque eso también es mensaje.

El gobierno de Renzi quizás le estaba mandando un mensaje a Merkel o incluso al mundo. La idea de que los Davides a veces ganan a los Goliats. O incluso que un David como Italia puede acomplejar al Goliat de Europa en un escenario tan impresionante como ese. Recuerdo sentirme muy pequeño la primera vez que vi ese David en la Academia florentina. Los escenarios reales también están pensados para amedrentar e impresionar a las personas que dirigen países. Y para muestra de ello, la ciudad de Washington.

De aquellos polvos, señor presidente, estos lodos

“Luis. Lo entiendo. Se fuerte. Mañana te llamaré. Un abrazo”. El Mundo había destapado en enero de 2013 las cuentas suizas de Luis Bárcenas. Y en el inicio de la mayor tormenta política de la democracia, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, le envió este sms al extesorero Popular, que está ya entre rejas. Supuestamente. ¿Es Mariano Rajoy tan insensato cómo para mantener la comunicación con Bárcenas hasta marzo de 2013 ocupando su banco azul?

Sinceramente, no lo sé. Desconozco si los sms son ciertos o falsos. Ni he visto los originales de la contabilidad B del Partido Popular que Pedro J. Ramírez entregó al juez ni conozco la instrucción del caso que está en las manos del juez Ruz. No tengo acceso a pruebas ni a mayor información. Como cualquier otro ciudadano, me gobiernan las percepciones.

Y aquí viene el punto interesante de todo este embrollo. ¿Es Rajoy tan insensato cómo para mandarse sms con Bárcenas después del tremendo lío montado tras la publicación de los papeles de Bárcenas que hizo El País? ¿En serio? Si los envió, ¿en una época en la que la información fluye sin cesar Rajoy creía que podía mantener en secreto esos sms? No lo sé.

No lo sé. No puedo saber si son ciertos. Lo único que sé es que lo puedo llegar a creer. Me puede llegar a cuadrar al ver cómo ha reaccionado el presidente del Gobierno a este lío. Y ahí no puedo más que echar mano del refranero popular: de aquellos polvos, estos lodos.

Los esfuerzos de Rajoy y de su entorno para defenderle han sido un estrepitoso fracaso. Desde negarse a responder a los periodistas, responder con chulería (“La segunda ya tal”), a evitar las Cámaras, usar pantallas de plasma para aparecer ante los medios o esperar con auténtico pasotismo a que la tormenta escampe.

Rajoy no ha querido defenderse. Y si no lo ha hecho será por algo. Esa es la idea con la que nos hemos quedado muchos ciudadanos, y esta ausencia de acción la ocupa la ofensiva de Bárcenas. Marca el ritmo y nos empuja a creer al extesorero antes que al presidente del Gobierno.

Nadie puede discutir la legalidad: Rajoy ni está imputado ni parece que vaya a estarlo. Rajoy es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Por cierto, de unos delitos que ya habrían prescrito (pero bueno, ese es otro tema). Pero la legitimidad (no la de las urnas, sino la de que una persona que habría cometido delitos debería ocupar la presidencia) sí está en juego. La confianza sí está en jaque. No solo por la estrategia de Bárcenas, también por el pasotismo flagrante de Rajoy.

Actuar o no actuar tiene sus costes. Y quizás la estrategia de Rajoy, más que el tiempo judicial, le cueste cara. No hay nada más fácil de perder que la confianza y a día de hoy el presidente del Gobierno va camino de perder incluso la de los propios. De aquellos polvos, señor presidente, estos lodos.

Hail to the Chief: el himno del presidente

El presidente de Estados Unidos tiene un himno propio: el “Hail to the Chief”. Saludos al jefe, aclamemos al jefe. El protocolo marca que cuando el presidente llegue a un acto, suene este himno. Una melodía conocida fuera y dentro de los Estados Unidos que muestra como pocas la esencia de la presidencia. Como no, este himno tiene su protagonismo en la toma de posesión.

Fíjate bien: el próximo 21 de enero, cuando se anuncie la llegada del presidente Obama a las escalinatas del Capitolio para ocupar su sitio, sonará este himno. Y lo hará porque el presidente ya es presidente. En enero de 2008, cuando Obama fue anunciado como último invitado en llegar a la toma de posesión no sonó. Aún no era presidente. Pero justo en cuanto terminó de jurar su cargo, cuando apenas había pronunciado “So help me God”, sonó el Hail to the Chief. Obama ya era presidente.

En muchas ocasiones, este himno está interpretado por “su” propia banda de música. La United States Marine Band que acompaña al presidente en los actos oficiales. De hecho, hubo cierta polémica al inicio del mandato de Obama porque el presidente decidió relajar el protocolo y usar la banda y el himno lo menos posible.

Cuando el Hail to the Chief suena para el presidente, suena un motivo introductorio tipo fanfarria, cuatro “ruffles and flourishes”. Son cuatro porque esta fanfarria se usa en otras ceremonias y dependiendo del grado de la persona en honor a la que suena, aumenta o disminuye su número. Así, suena la fanfarria, se anuncia al presidente y suenan las notas del Hail to the Chief.

Algunas fuentes indican que empezó a usarse de forma oficial para anunciar la presencia del presidente desde la presidencia de James K. Polk, tal y como indica el historiador William Seale: “Polk was not an impressive figure, so some announcement was necessary to avoid the embarrassment of his entering a crowded room unnoticed. At large affairs the band…rolled the drums as they played the march…and a way was cleared for the President.” En todo caso, no fue hasta el mandato de Truman en el que el Departamento de Defensa oficializó este homenaje al presidente.

“Polk was not an impressive figure, so some announcement was necessary to avoid the embarrassment of his entering a crowded room unnoticed. At large affairs the band…rolled the drums as they played the march…and a way was cleared for the President.”

El origen de la melodía se encuentra en la obra “The Lady of the Lake” de Sir Walter Scott, de gran éxito en el Reino Unido. Cuando la obra llegó a Nueva York en mayo de 1812, ya existían variaciones en el texto con “Hail to the Chief” como parte. Nuevas versiones que se popularizaron. Ese mismo año, el himno sonó en honor a George Washington y al fin de la guerra de 1812. En 1829 el presidente Jackson fue el primero en usarlo en su honor. Martin Van Buren y John Tyler lo usaron en sus tomas de posesión y sonó en la inauguración del canal de Chesapeake y Ohio a la que asisitó John Quincy Adams.

El himno tiene letra, aunque raramente se usa. Te recomiendo la versión de The Mormon Tabernacle Choir. La letra dice así:

Hail to the Chief we have chosen for the nation,
Hail to the Chief! We salute him, one and all.
Hail to the Chief, as we pledge cooperation
In proud fulfillment of a great, noble call.
Yours is the aim to make this grand country grander,
This you will do, that’s our strong, firm belief.
Hail to the one we selected as commander,
Hail to the President! Hail to the Chief!

Pero no creas que el presidente es el único en tener un himno. El vicepresidente de Estados Unidos también lo tiene: el “Hail, Columbia”. De hecho, es una canción patriótica que fue considerada uno de los himnos no oficiales del país, hasta que en 1931 se adoptó el “The Star-Spangled Banner” como himno.

También conocido como “The President’s March”, se usó en la primera toma de posesión de George Washington en Nueva York en 1789. El himno fue compuesto por Philip Phile y actualmente sirve con el mismo propósito que el Hail to the Chief para el vicepresidente. También va precedido por cuatro “ruffles and flourishes” y podrás ver como suena en cuanto el vicepresidente jura el cargo.

President, y ahora ¿qué?

Como una profecía. Como si estuviera ya escrito en un guión que se ha ido cumpliendo. No hace ni dos años, Artur Mas comió con bloggers en Barcelona a las puertas de las elecciones que le llevaron a la Generalitat. Lo que se comentó en esa comida, se ha cumplido a rajatabla. Como si en realidad, lo único que hubiera hecho Mas desde su llegada a la presidencia hubiese sido crear el marco.

No hay duda: Mas ha sido un maestro para crear el marco en el que se ha desarrollado y se desarrollará el debate político de los próximos meses en Catalunya y en España. La crónica de la muerte anunciada de un pacto fiscal que era imposible ha dejado a punto de nieve al país. Tiene la excusa que necesitaba para abrir los armarios de, al menos, Convergència. Porque en el fondo, de eso se trataba, de construir el marco que le permitiera exhibir sin complejos su apuesta por la independencia.

Ahí viene lo interesante, volviendo la vista atrás, a esa comida de noviembre de 2010. En realidad, Mas ha fracasado en lo que prometió. Ni ha conseguido sanear la Generalitat, ni ha conseguido estimular el crecimiento económico de Catalunya. Ni ha conseguido el pacto fiscal. Y creo que sabía perfectamente que fracasaría.

Pero parece que no lo ha hecho. Y ahí volvemos a la importancia del marco. A como la dialéctica de enfrentamiento por un proyecto que no iba a pasar le fortalece y puede ponerle en bandeja una mayoría absoluta -si decide adelantar las elecciones- porque el marco es el suyo.

No lo tiene fácil. Porque desconocemos si tras haber puesto hasta la última pieza de atrezzo, Mas seguirá representando la obra que los espectadores esperan -que CiU, o almenos CDC, den el paso definitivo hacia la independencia- o, por el contrario, cambiará el texto de la obra y volverá al tradicional tacticismo de CiU.

Pero Mas, amante de lo marinero, sabe que la corriente de fondo no es la de 2010. Aunque parezca mentira, el marco consigue superar a la cruel realidad de los indicadores macroeconómicos. Si bien esos mismos datos le auparon en 2010, ahora la corriente es otra. La que pide independencia. La que pide un nuevo estado en Europa. Nos quedamos expectantes, todos, con la misma pregunta en los labios: y ahora, ¿qué?

 

Fotografía de La Vanguardia