15 Jul

Rajoy no es Iniesta. Ni Zapatero, Casillas

La vida tiene estas cosas: un día estás arriba y otro abajo. Es una montaña rusa, y tantas otras imágenes que constituyen lugares comunes cuando hablamos de esa inestabilidad de las cosas. De esa velocidad del cambio. Del éxito al fracaso en cuestión de segundos. De la euforia a la triste realidad en menos de lo que canta un gallo. España no es distinta. La celebración por el éxito de la Roja ha dado paso a la constatación del liderazgo ausente del país.

Ni Zapatero convenció ni Rajoy arrasó. Ambos desaprovecharon sus oportunidades. El presidente podría haber hecho de su intervención un acto de sinceridad, de desgranar el porqué de tantas decisiones, devaneos e improvisaciones. No lo hizo. Al contrario, su discurso no terminó de entusiasmar aunque lo estructuró, preparó e incluso se permitió el lujo de darse a la poesía y a la motivación. Pero no convenció (¿será que el problema es el mensajero?)

Rajoy calculó mal el discurso. No supo gestionar las expectativas y se hundió con su errónea estrategia. Su discurso fue durísimo. Incluso convincente, especialmente entre todas aquellas personas que creen que Zapatero es un lastre para el país. Pero no goleó como hoy titula La Razón. Pecó de ingenuo. Quizás en Génova creían que Zapatero sería el líder gris y abatido que ha aparecido en la tribuna del Congreso en los últimos y trascendentales debates. Y seguramente se fueron a comer con esa idea tras ver al presidente. Pero el cara a cara entre Rajoy y Zapatero, de una extrema dureza, mostró que el envite -que no el debate- lo ganó el presidente. No se pueden pedir elecciones sin postularse como alternativa. Rajoy no la presentó y Zapatero le puso contra las cuerdas.

Pero eso no cuenta. A estas alturas del partido la sociedad española no está por la enésima pelea infantil entre el presidente y el líder de la oposición. La sociedad demanda liderazgo y ninguno de ellos está en condiciones de ofrecerlo. Ayer sólo se excitaron las bancadas. Y por ello, perdió España. Se constató una vez más que ni PSOE ni PP tienen una visión clara de qué hacer. El presidente se comprometió a tomar todas las decisiones que sean necesarias, aunque sean difíciles. Y el líder de la oposición a no apoyarlas, aunque sean las que teóricamente defiende. Todo en manos de una convocatoria de elecciones anticipada o una moción de censura que no llegará. Esa es la triste realidad del debate.

Pero como esto es una montaña rusa, la realidad es que tampoco es para tanto. La situación política evidenciada en el Congreso deja paso a una sociedad española que aún está de resaca –Forges lo borda con la viñeta que ilustra este post-, de vacaciones… e incluso de festival de música –curioso que El País dé más relevancia al FIB que al debate-. Y por ello, las consecuencias de esta no victoria de ninguno de ellos tampoco es tan relevante. Porque este debate es lo más parecido a un debate electoral al uso: muchos lo ven –tomaremos el muchos por un sensible aumento de audiencia respecto a los debates ordinarios-, pero muchos son ya convencidos. Los populares vieron muy bien a Rajoy y los socialistas, la resurrección de su líder. Pero pocas percepciones se habrán movido entre los indecisos.

Ayer se cumplió con un trámite. Esa es la sensación. Ni se ganó ni se goleó. Rajoy no es Iniesta. Ni Zapatero, Casillas. La furia de la Roja dejó paso a la triste realidad de una política española sin rumbo, por mucho que los dos capitanes digan ser excelentes al timón. Si no supieron llevar su propio discurso a su orilla, ¿cómo pretenden llevar al país a buen puerto?

30 Jun

Fetos y pulseras contra Zapatero: el nuevo merchandising político

Nadie se libra de haber tenido alguna vez entre sus manos un objeto de merchandising político. Desde unos dulces caramelos con el logotipo del partido de turno en el envoltorio a globos o bolígrafos. Las chapas volvieron con fuerza desde mediados de esta década y con el reciclaje de carteles de vinilo, llegaron las bolsas con la cara de Chacón. No, nadie se libra de haber tenido algo de esto entre sus manos.

Pero una cosa es tener algo que te regalan cuando los partidos se echan a conquistar la calle en campaña y otra cosa es rascarse el bolsillo para conseguir un producto relacionado con la política. Si los partidos nos regalan algo, estamos dispuestos hasta ir a la playa con una gorra de “Felipe 82” o una bufanda de “Aznar 96”… pero si tenemos que pagar, la cosa cambia.

Quizás por ello, cuando visitamos ciudades como Washington DC nos sorprendemos al ver la cantidad de productos de merchandising en tiendas de souvenirs, hoteles, aeropuertos, etc. Cualquier producto relacionado con la política está a la venta. Su precio puede incluso variar según la condición de favorito de uno u otro candidato. La política se vive de otra manera, sin duda, y el hecho que los candidatos lo usen como forma de financiación alimenta a una extensa industria.

Por ello, que en España se haga oposición a Zapatero con este tipo de productos de pago no deja de tener un punto de sorpresa. Primero fueron los Bebé-Aído, unas reproducciones en plástico de un feto de 12 semanas que podía comprarse por Internet. Por 20€, los usuarios pueden comprar cuatro fetos para protestar por los cambios legislativos introducidos respecto a la interrupción voluntaria del embarazo.

Gracias a estos muñecos, el grupo de profesionales de la medicina, la enfermería, la psicología, la economía y el derecho que está en contra de las medidas tomadas con Beatriz Molina a la cabeza, ha conseguido su espacio en los medios para hacer llegar su mensaje. Del mismo modo, han hecho llegar el muñeco a la ministra de Igualdad, al Ministerio de Justicia, a Moncloa, al Palacio de Miravent…

Pero la oposición no se queda ahí. En la Red se comercializa una pulsera que emula el boom que tuvo la Lifestrong, aquel brazalete amarillo que Nike y Lance Armstrong pusieron a la venta para conseguir fondos para la lucha contra el cáncer. En esta ocasión, el trozo de plástico es de color rojo y es un símbolo para eximir de responsabilidades a los que no votaron a Zapatero. “Yo no voté a ZP” puede comprarse por 2 euros a la empresa de eventos Impak Comunicación.

En ambos casos no queda claro quién está realmente detrás de las dos propuestas ni dónde terminan los fondos recaudados. De hecho, al no ser de titularidad política se escapa del control fiscal -en la óptica de si se está financiando a algún partido-. Pero no queda duda que son dos acciones visibles para mostrar la oposición al Gobierno y, por tanto, hacer política de un modo distinto. Parece que llegamos a ese punto en que nos empezamos a atrever, no ya con la compra, sino en idear productos vendibles con un carácter intrínsecamente político.

18 Jun

El discurso de Charles de Gaulle el 18 de junio de 1940

El 18 de junio de 1940, el joven y recién ascendido a general, Charles de Gaulle, se dirigió a Francia desde su exilio en Londres. Había llegado un día antes y gracias a la intervención de Churchill, primer ministro británico, pudo decir al pueblo francés que Francia no estaba aún derrotada, pese al armisticio del gobierno colaboracionista de Pétain. Las palabras que cambiaron la historia tomaron cuerpo en un breve pero intenso discurso:

Los líderes que, desde hace muchos años, están a la cabeza de los ejércitos franceses, han formado un gobierno. Este gobierno alegando la derrota de nuestros ejércitos, se ha puesto en contacto con el enemigo para el cese de las hostilidades.

Es cierto que hemos sido y seguimos estando sumergidos por la fuerza mecánica terrestre y aérea al enemigo. Infinitamente más que su número, son los carros, los aviones y la táctica de los alemanes, los que nos hacen retroceder. Son los carros, los aviones y la táctica de los alemanes, los que han sorprendido a nuestros líderes hasta el punto de llevarle a donde ahora se encuentran.

Pero ¿se ha dicho la última palabra? ¿Debe perderse la esperanza? ¿Es definitiva la derrota? ¡No!

Creedme a mí que os hablo con conocimiento de causa y os digo que nada está perdido para Francia. Los mismos medios que nos han vencido pueden traer un día la victoria.

¡Porque Francia no está sola! ¡No está sola! ¡No está sola! Tiene un vasto imperio tras ella. Puede formar un bloque con el Imperio británico que domina los mares y continua la lucha. Puede, como Inglaterra, utilizar ilimitadamente la inmensa industria de Estados Unidos.

Esta guerra no está limitada al desdichado territorio de nuestro país. Esta guerra no ha quedado decidida por la batalla de Francia. Esta guerra es una guerra mundial. Todas las faltas, todos los retrasos, todos los padecimientos no impiden que existan, en el universo, todos los medios para aplastar un día a nuestros enemigos. Fulminados hoy por la fuerza mecánica, podemos vencer en el futuro por una fuerza mecánica superior: va en ello el destino del mundo.

Yo, general De Gaulle, actualmente en Londres, invito a los oficiales y soldados franceses que se encuentren o pasen a encontrase en territorio británico, con sus armas o sin ellas, invito a los ingenieros y a los obreros especialistas de las industrias de armamento que se encuentren o pasen a encontrarse en territorio británico, a poner se en contacto conmigo. Ocurra lo que ocurra la llama de la resistencia francesa no debe apagarse y no se apagará.

Ni Zapatero es Roosevelt ni Sarkozy, De Gaulle. No obstante, en el Elíseo han sabido encontrar en la conmemoración del 70º aniversario del famoso discurso del general De Gaulle una oportunidad para hacer frente a la crisis económica… al menos a nivel discursivo.

Si el “Appel du 18 juin” del presidente fue un momento cumbre en la política francesa, si ese discurso dio entidad al que posteriormente sería presidente de la República y dio cuerpo al propio relato de Francia; no es inteligente prescindir de lo que, 70 años más tarde, puede aportar el General –su discurso- al ánimo general del país.

Ante ello, la pregunta parece clara: ¿a quién puede desempolvar Zapatero? ¿A qué líder podemos remitirnos? ¿A qué punto de resistencia y unidad puede referirse el Gobierno? Ahí nuestra historia nos vuelve a poner en nuestro sitio. Aunque sea una exageración y no represente a lo que opinan realmente los españoles, no es extraño escuchar en airadas conversaciones eso de “esto con Franco no pasaba”. O “todos los políticos son unos chorizos, necesitamos un dictador”. Calentones del momento, sin duda. Pero ahí están.

Y la historia nos devuelve a nuestro lugar por la ausencia de esas figuras que encarnen la lucha democrática. Corrijo, no es ausencia: porque las tenemos. Es olvido, indiferencia. Que recordemos antes las frases lapidarias de Roosevelt –sólo debemos tener miedo del propio miedo-, Kennedy –no preguntes lo que tu país puede hacer por ti: pregúntate qué puedes hacer tú por tu país- o al propio De Gaulle -la llama de la resistencia francesa no debe apagarse y no se apagará-.

Los grandes líderes trascienden a su tiempo. Siguen inspirando a generaciones futuras. El discurso inaugural de Obama era un reconocimiento a Lincoln, Roosevelt, Kennedy y Clinton. ¿A quién reconocía Aznar? ¿A quién lo hacía Zapatero? No lo harán de Companys, que tiene en una de sus citas más famosas el canto a la resistencia que esta crisis exige: “Volveremos a luchar, volveremos a sufrir y volveremos a vencer”.

17 Jun

Zapatero se quedó sin palabras

Los banqueros han huido de sus altos puestos en el templo de nuestra civilización. Ahora podemos restaurar ese templo con las verdades que conocíamos antes de la crisis.

La medida de la restauración está en la medida en que aplicamos los valores sociales más nobles que el simple beneficio monetario.

La felicidad no radica en la mera posesión de dinero, se encuentra en la alegría del logro, en la emoción del esfuerzo creativo.

La recuperación pide, sin embargo, no solo cambios en la ética. Esta nación pide acción, y la pide ahora.

Nuestra tarea principal es poner a la gente a trabajar. Esto no es un problema insoluble si lo enfrentamos con sabiduría y valentía.

La recuperación puede acompañarse, en parte, mediante la contratación directa por el propio gobierno, el tratamiento de esto como si fuera una emergencia de guerra, pero al mismo tiempo, a través de este empleo, el cumplimiento de proyectos muy necesarios para estimular y reorganizar el uso de nuestros recursos.

Puede acompañarse con la actuación sin demora de todos los gobiernos; el nacional, los autonómicos y los locales. La exigencia que recortemos sus costes considerablemente.

Puede acompañarse con la unidad de acción en las medidas de recuperación, a menudo dispersas, antieconómicas y desiguales.

Hay muchas maneras en las que se puede ayudar, pero nunca se puede terminar con la crisis sólo hablando de ello.

Debemos actuar, y actuar con rapidez.

Zapatero no ha anunciado la reforma laboral con palabras parecidas a estas. Tampoco lo hizo cuando anunció las medidas: sus palabras fueron frías. Su discurso pareció el de un médico que anuncia un funesto diagnóstico. Guardando las distancias, como si la cosa no fuera con él.

Esas palabras son del discurso de investidura de Franklin D. Roosevelt, cuando debía enfrentar la durísima crisis económica tras el crack del 29, adaptadas –muy adaptadas, permítanme el juego- y recortadas. Pero muestran la importancia de un líder de elegir bien las palabras.

George Lakoff, que asiste al encuentro internacional de ACOP que empieza hoy en Bilbao, afirmaba ayer en un acto de la Fundación Ideas que “el relato, la narrativa, tiene enlaces directos con la emoción. La emoción se construye con ella”. Y ese es el punto clave. Porque sin entender el poder de las palabras, del discurso y del relato en una situación política, económica y comunicacionalmente difícil como esta, no se puede plantear un escenario de mejora.

Porque la realidad es, ¿para quién habla Zapatero? ¿Lo hace para los ciudadanos? ¿Para sus votantes? ¿Sólo para los mercados financieros? Esa es la pregunta clave, a nivel de comunicación. Con toda la incertidumbre que rodea la situación económica actual es necesario que los líderes hablen claro. Por eso, ¿para quién habla Zapatero?

Esa respuesta, no la tengo. Lo que es, si cabe, más preocupante. Si el lenguaje, las palabras, activan circuitos y emociones en nuestro cerebro –que conducen al voto, pero también nos pueden conducir a la quiebra del sistema-, elegirlas debe ser una prioridad. Tanto como saber a quién y para qué les hablamos.

No es de extrañar que el propio Zapatero aceptara ayer en el Congreso que su propio Gobierno es el que menos ha ayudado a la credibilidad del país. ¿Recuerdan cuando, deliberadamente se optaba por no decir la palabra crisis?

Las palabras no cambian la realidad. Pero si la percepción de lo que ocurre. Sí afectan a la confianza en el líder, en la recuperación y en el país. Y esa batalla, Zapatero la ha perdido. No ha sido consciente de lo que despierta el lenguaje. Lo que generan las palabras. Y se quedó sin ellas.

7 Jun

La maldición de Zapatero

La maldición de Zapatero parece que no tiene fin. Primero fue una ceguera para no ver lo que todos veían. Luego, la incomprensión cuando tomó las medidas que precisaba el país. La oposición que pedía pan, cuando dio pan, se puso a pedir circo. Y cada vez se quedó más solo. La maldición de Zapatero parece que no remite. Y tendrá un punto álgido el próximo 16 de junio.

El presidente quiere tener su reforma laboral sí o sí ese día. No es casualidad que sea el día en que España jugará su primer partido en el Mundial de fútbol, sin duda. El presidente quiere un acuerdo, pero si no lo tiene, optará por utilizar un decreto. Y aquí paz y después gloria.

No he podido evitar echar una mirada a Grecia. Sí, a Grecia. No me refiero a la Grecia de la bancarrota, el rescate financiero al país. No me refiero al estado miembro de la Unión Europea que ha encendido las alarmas. No. No a esa G de los PIGS. A la Grecia clásica. A la cuna de la democracia, la filosofía y la sabiduría. A esa me refiero. Y ahí, aparece Esquilo.

Esquilo y sus coetáneos, creían que los hombres poderosos eran profundamente envidiados por los dioses. Envidiaban su éxito. Por ello, éstos, ávidos de venganza, enviaban a esos hombres poderosos una maldición. La mala suerte en forma de hibris que se dirigía a esos hombres de éxito en el punto álgido de su poder.

Quizás hoy ya hemos dejado de creer en dioses. En maldiciones. Pero no nos deja de asombrar el misticismo que rodea el síndrome de la Moncloa. ¿Es esa hibris moderna la que se da en los jefes del ejecutivo español? ¿Es esa desmesura la que nos ha llevado a la situación actual?

Más allá de creencias en lo mitológico, Zapatero tiene una hibris sobre la mesa difícil de resolver. Esa reforma laboral puede terminar en huelga general si no se llega a un acuerdo con sindicatos y patronal. Un paro que no tendría un resultado claro; son demasiados interrogantes los que rodean esa convocatoria: ¿y si los trabajadores no la secundan? ¿Y si la secundan pero no sé consigue mover una coma de la reforma? ¿Y si, sea como sea, los sindicatos pierden?

Lo curioso del caso es que, si a Zapatero le convocan, finalmente, una huelga general, lo de Esquilo volverá a tener sentido. Quizás el inquilino de Moncloa no vive sólo de su síndrome: sería el tercer presidente de la democracia en sufrir una huelga general a los seis años de iniciar su mandato. González la vivió en 1988, Aznar en 2002 y… ¿Zapatero en 2010?

27 May

El Gobierno tiene mucha cara

Parole, parole, parole… en el debate parlamentario de esta mañana, en el que gracias a la abstención de CiU evita que el decreto del Gobierno se tramite como Proyecto de Ley –complicando la adopción del tijeretazo-, se han usado muchas palabras. Muchas. Frases, titulares. De reproche de unos y de otros. Pero ¿los votantes nos quedamos con eso?

Pasemos de las palabras a los números. Según la escuela de comunicación de Palo Alto (California), el 80% de un mensaje depende de nuestro cuerpo y nuestra voz. ¿El 20% restante? Las palabras. Sí, parole, parole, parole. Es más, algunos especialistas creen que la contribución de esas palabras al mensaje es incluso inferior: un 7%. Aunque también hay quien cree que la influencia de nuestra pose es del 55%. Pero en ambos casos, número arriba o número abajo, es más importante el cómo que el qué. O quizás, que el cómo acaba siendo el qué.

El País nos ofrece una imagen que es, en sí misma, un caso práctico de lo visto. La fotografía de la bancada del Gobierno es más importante que el qué (el sí a las medidas por un voto) porque escenifica la situación política del país de una manera fidedigna. Supera al discurso. Supera a lo defendido en la tribuna de oradores.

Si el lenguaje no verbal tiene la capacidad de evocar reacciones emocionales, deberíamos preguntarnos qué evoca esta foto. Sin duda, un ejercicio interesante. Porque observamos cansancio, agotamiento, se ven superados… en definitiva, genera emociones de inseguridad. Si el que toma las decisiones se muestra así, ¿cómo deben estar las personas que peor lo pasan en esta crisis? Ese tipo de juicios son los que genera la fotografía.

Este perfecto caso de estudio nos sirve para repasar los elementos que juegan un papel esencial en este proceso comunicativo: postura, expresión facial, gestos y mirada:

  • Postura: los ministros aparecen hundidos en sus escaños, muestra de la inseguridad y el miedo que les produce la situación. Esas posturas comunican ese temor. Justo lo contrario de lo que se quiere comunicar a los mercados y al conjunto de la ciudadanía. Sólo el presidente está erguido, aunque su semblante es un poema. Mantener una postura de acuerdo al mensaje que un líder comunica es esencial para asegurar una correcta interpretación del mismo. El mensaje del Gobierno colisiona con lo que se desprende de sus posturas.
  • Expresión facial: lo acabamos de comentar, la cara de Zapatero es un poema. Semblante serio, de circunstancias… potentes transmisores de información. Defender las medidas para fortalecer la economía con un gesto fruncido o apagado transmite lo contrario de lo que se pretende construir. Según señala Sebastià Serrano “el escenario más atractivo de los diferentes paisajes corporales dibujados por las emociones es el paisaje facial, de las caras”. El del Gobierno tiene poco atractivo.
  • Gestos: Salgado y Chaves se tocan el mentón, representación de la preocupación. Moratinos se sostiene la frente con la mano… gestos que en la mayoría de ocasiones son producidos por el cuerpo de forma inconsciente y, de ese modo, exterioriza las emociones. Difíciles de controlar, ahí radica el poder de la imagen y la autenticidad del momento.
  • Mirada: Moratinos la esconde. Zapatero y Caamaño tienen su mirada perdida en un horizonte complicado. Chaves parece mirar con miedo, como si no quisiera ver lo que está pasando. Los ojos pueden proporcionar las señales más reveladoras y exactas de toda la comunicación humana porque son un punto focal del cuerpo y las pupilas trabajan de forma independiente. Zapatero estuvo a punto de pedirnos en 2004 que le miráramos a los ojos “Mírame a los ojos y dime que eres de derechas”, en un prototipo de cartel electoral. Hoy era él el que no quería mirar a los ojos a los españoles.

Este Gobierno tiene mucha cara. Tanta, que la información que desprende es más reveladora que sus medidas o sus discursos. O, al menos, eso es lo que perciben la mayoría de ciudadanos. Por algo, antes del desbarajuste, el 75% de los ciudadanos no confiaba en su presidente. Veremos que dice el próximo barómetro del CIS…

26 May

No les pagamos para esto

Podemos diseñar estrategias de comunicación eficientes. Dar con mensajes. Explicar bien las cosas. O podemos hacer justo lo contrario y convertir el hemiciclo en un ruedo y dejar que los ciudadanos sigan creyendo que la política no sirve para nada.

No. No les pagamos para esto.

12 May

Recorte de credibilidad

No, la causa del suicidio político de Zapatero no es la llamada de Obama. Al menos, no de esa. El recorte planteado no se concibe en una tarde –aunque ya sabemos que para el presidente, esto de la economía son dos tardes- y es fruto de una mayor planificación. Pero para la mayoría de los ciudadanos, la idea es esa. Zapatero se repliega a los postulados de la oposición y lo hace por la llamada del líder del mundo libre.

Esa es una situación que todos podemos comprender: todos hemos sido alumnos. Y todos hemos llegado a un examen sin la suficiente preparación. Sabemos lo que se siente cuando el maestro te llama la atención. Cuando no has hecho los deberes. Cuando acabas asumiendo que eso de “te lo advertí”, es una realidad. Y eso es lo que ha pasado esta mañana en el Congreso de los Diputados.

No soy economista y desconozco si el recorte del déficit a costa de niveles de protección social será o no efectivo. Su suicidio político viene por haber perdido la batalla de las percepciones. De esa percepción en particular de alumno díscolo. Pero no lo olvidemos, son otras las ideas sobre el presidente que nutren el rechazo a su gestión del 75% de los españoles. Como para pensarse si seguir o no.

Esas ideas se han ido alimentando a lo largo de los dos últimos años con palabras y hechos. Pero sobretodo, por no cumplir la palabra dada. Del “Zapatero no nos falles” a la subida de impuestos indirectos como el IVA. De prometer el pleno empleo y negar la crisis, al 20% de paro.

Pero sobretodo, esa idea de improvisación que todo lo cubre. E incluso de la holgazanería del ejemplo del alumno que citábamos anteriormente. ¿Por qué esas medidas hoy y no hace unos meses? ¿Por qué el recorte ahora y no cuando el mundo tomaba medidas? Esa es la gran pregunta que debe responder Zapatero. Y sus palabras no han dado respuestas a ello.

Hace un año, el PSOE hablaba de brotes verdes. Hace unas horas, Zapatero ha aceptado que la crisis siguió su curso y son el motivo de las medidas tomadas hoy. Unos brotes verdes parecidos a la sensación de euforia que se vivió tan sólo unas horas atrás en las filas socialistas a cuenta del empate en intención de voto. Quizás esos brotes vuelvan a enterrarse a cuenta del harakiri de Zapatero y de un Rajoy que, pese a no ofrecer salidas a la crisis, ha actuado como el maestro gruñón y, como Obama, le ha dicho “te lo advertí”.

Las medidas afectan a bases electorales del PSOE: funcionarios, pensionistas y soccer mums. Pero sobretodo, decepciona a su electorado por abrazar el programa de la oposición. Aunque algunos de sus seguidores vean en el gesto valentía y sentido de Estado.

La clave, como siempre, en los que se alejan de los fanatismos. En los del medio, los del centro. Los que deciden elecciones. Los que seguramente están hartos de Zapatero y de Rajoy, pero que, visto lo visto, quizás se planteen un cambio.

Aunque la política es el único lugar desde donde los muertos resucitan, no pinta un buen panorama para el presidente. El líder que, para muchos ha actuado tarde y mal. La persona que prometió no mentir y acabó cayendo en la trampa.

3 May

En español, ¡coño!

Ha llovido mucho desde la primera visita oficial del ya coronado Juan Carlos I a Barcelona en 1976. A propósito de la muerte de Juan Antonio Samaranch pudimos recordar al joven monarca dirigiendo unas palabras en catalán desde el Palau de la Generalitat, por aquel entonces, sede de la Diputación de Barcelona que presidía el traspasado presidente del CIO. Fue una sorpresa y un gesto cargado de significado político en los meses posteriores a la muerte del dictador.

Un gesto. Como tantos otros hemos visto a lo largo de los últimos treinta años en todo lo relacionado con las lenguas que se hablan en España. Un gesto que al cabo de pocos meses se plasmó en el reconocimiento constitucional de la diversidad lingüística, la oficialidad del catalán, el euskera y el gallego. Que supuso el desarrollo de una convivencia lingüística que se ha vivido y se vive en las calles. Pero que no siempre ha sido reflejada del mismo modo en la política española.

Este ha sido y es, sin duda, un tema espinoso. Países como Canadá –con versiones de su himno en francés e inglés- o Suiza –con presencia de todas sus lenguas en sellos, monedas y billetes- han sabido reconocer su pluralidad lingüística a nivel oficial, legal, constitucional… pero también en el haber de la simbología. En los gestos cotidianos que han ayudado a no temer a lo que hablan los otros. En 2001, tras 150 años de historia postal española, sólo 46 de los 3.731 sellos emitidos lo fueron en alguna de las lenguas hoy oficiales. Hasta que el primer gobierno de Zapatero promovió el uso de las lenguas oficiales en espacios como los sellos o el registro civil.

Zapatero empezó también con un gesto su relación con Catalunya tras ser investido presidente. Un gesto menos frívolo que el de Aznar al afirmar que hablaba catalán en la intimidad. Al igual que Juan Carlos I, se dirigió en catalán durante la inauguración del Fòrum de les Cultures, en la primavera de 2004. Aunque el gesto que, como hemos visto, se tradujo en ciertos avances hacia el reconocimiento de la pluralidad lingüística, no fue todo lo profundo que se hubiese podido esperar: las lenguas oficiales no fueron reconocidas en el Congreso de los Diputados, en una crispada legislatura que dio lugar a una batalla incesante del presidente de la cámara, Manuel Marín, contra su uso.

El gesto tampoco se plasmó en avances significativos en Europa: pedir la oficialidad de las lenguas es responsabilidad de cada Estado. Así, países como Irlanda han llevado a la oficialidad de lenguas como el gaélico a la Unión. Y ahí el gesto del ejecutivo español se quedó a medias.

Los gestos, gestos son. Pero tras ello y su carga en lo simbólico, en lo emocional, se debe trabajar en algún modo. Por eso, el revuelo mediático causado por la intervención de Leire Pajín en el Senado nos devuelve a una realidad que no podemos obviar. Con un hemiciclo enfurecido por el uso de las lenguas oficiales por parte de la senadora, Pajín relató su vinculación personal y familiar con el euskera, su conocimiento del valenciano, que le permite entenderse con catalanes y baleares, y el respeto y admiración por el gallego. Un gesto que se inscribe en el reconocimiento de las lenguas, con treinta años de retraso, en la eterna candidata a ser la cámara de representación territorial.

Pajín sorprendió, y ese fue su triunfo comunicativo. Pero sobretodo, según relatan las crónicas parlamentarias, nos puso frente a una realidad que no por ignorarla, va a desaparecer: a muchos aún les sigue molestando el reconocimiento a la pluralidad. Comportamientos que subyacen en el imaginario colectivo de muchos, que impregna las actitudes hacia lo nuevo, lo plural y lo distinto. Tintes herederos de una España vieja y aislada durante siglos en lo social, en lo político y en lo cultural. Quizás la misma sustancia que impregna la incapacidad de varios presidentes a expresarse en inglés o en francés.

12 Abr

El papel de la televisión en la política

La niña de Rajoy, Artur Mas haciendo la gallina, González y Aznar. De los reporteros de CQC a Salvados. El Ala Oeste de la Casa Blanca y la televisión en la cultura política americana. Nixon y Kennedy… la figura del debate. Y en todo ello, el papel de la televisión. Interesante programa de TV3 sobre el papel de la televisión en la política. Os lo recomiendo.

Y tras ver el reportaje… ¿cuál es vuestro programa relacionado con la política favorito?