5 Mar

El PSOE desprecia a Rajoy

El ministro de Fomento, José Blanco, no quería hablar de Rajoy. Lo dijo el pasado sábado en Zaragoza: “Vengo con la intención de no hablar de Mariano Rajoy, que dice que hablo demasiado de él, y no lo voy a hacer para no darle ni una excusa para que no participe en el acuerdo”. Pero lo hizo, vaya si lo hizo.

Blanco volvió sobre una tesis bastante extendida entre las filas socialistas: ojalá Rajoy sea el candidato del PP en las próximas elecciones generales. Es más, desean que ni Gürtel, ni Losantos ni Aznar puedan con el líder del PP. Creen que Rajoy es un rival que se puede derrotar, pese a estar sumidos en la mayor crisis económica. De hecho, afirman, no ha ganado nada. Que las debilidades de Rajoy son tan profundas que se puede borrar de un plumazo el debe en números rojos de la gestión socialista.

Pero este argumento no es nuevo. En Ferraz se mostraban contentos el pasado 7 de junio pese haber sido derrotados en las elecciones europeas. Uno de los efectos de la primera victoria popular en años era mantener a Rajoy en el puesto. Y eso era motivo de celebración. Pero las encuestas que mes tras mes llegan a los despachos de Génova y Ferraz no son motivo para la celebración en esta última.

Por ello, sigue sorprendiendo la tesis socialista. Aunque lo que más sorprende es que Blanco lo cuente ante los medios sin ningún tipo de rubor. No sé que diría Rosa Díez de este ataque de sinceridad… En todo caso, quizás en Ferraz deban hacer más caso a uno de los principios que el publicista Joaquín Lorente recoge en su libro “Piensa, es gratis”.

Para Lorente, “a la competencia siempre hay que odiarla, pero jamás despreciarla”. En el PSOE llevan mucho tiempo despreciando al ex vicepresidente y, aunque muchos aspectos puedan inducirles a hacerlo, el desprecio que muestran es una vulnerabilidad para los socialistas.

Quizás para el electorado más movilizado y convencido, el poco valor atribuido a Rajoy, incluso con sorna o sarcasmo, les reafirme en lo que creen. Pero para el votante que lo tiene menos claro, esa postura de los socialistas puede incluso ser mala para su imagen. A nadie le gusta percibir la falsa modestia, la soberbia. Los que miran por encima del hombro no gustan. Y en esto, muchas opiniones socialistas van en esa dirección.

Sólo el tiempo y las urnas pondrán a todos en su lugar, pero hay una realidad sobre la mesa: aunque Rajoy no guste, hoy ganaría unas elecciones. Aunque en Ferraz se alegren de que siga al mando, si todo sigue a este ritmo, podría ser el próximo presidente. Como diría Laporta, ¡al loro!

1 Feb

El Casio de Bin Laden

Solemos afirmar que el tiempo en política es el complemento inevitable de la estrategia. Que la unión de estos dos nos traza el camino. Que son el fundamento de una campaña electoral, de la gestión de la comunicación en el gobierno y la hoja de ruta de quien está en la oposición. Como diría Jarabe de Palo, curioso elemento el tiempo.

Pero no sólo de tiempo teórico, del de la planificación, vive el político. Si a veces por la boca muere el pez, el político también puede morir por el peso de las horas, los días y los meses. Un error de planificación –o su ausencia- puede tocar gravemente una propuesta. Para una muestra, el escepticismo que ha levantado la propuesta de los Juegos Olímpicos de Invierno Barcelona-Pirineus 2022, envuelta en un halo de precipitación. O la sensación que el gobierno Zapatero ha tardado 6 años en darse cuenta que gobernar también es atajar las cuestiones más espinosas, desde la subida de impuestos al anuncio del inicio de las discusiones para retrasar la edad de jubilación hasta los 67 años. Más tiempo. Tic, tac.

A veces, el tiempo político es algo más mundano. George H.W. Bush lo sabe muy bien. No sólo porque un joven Bill Clinton le desalojó del poder antes de lo que él tenía previsto, sino porque un gesto suyo durante la campaña delató un comportamiento que no gustó nada a los ciudadanos. Fue durante un debate electoral, un cara a cara con Clinton y Perot donde respondían a las preguntas de ciudadanos. Mientras una ciudadana preguntaba sobre la recesión, las cámaras le enfocaron consultando sin contemplaciones las agujas de su reloj. Ese gesto delator, que todos hacemos cuando tenemos prisa por hacer otra cosa, generó en muchos ciudadanos la sensación que no eran importantes para el presidente. Tenía mejores cosas que hacer que responder sus preguntas.

Si en ese momento su reloj hizo correr ríos de tinta, hoy es el turno de un popular modelo que puede esconder una auténtica revelación para muchos. Muchos se han cuestionado por qué Osama Bin Laden suele aparecer con un reloj Casio en su muñeca. El terrorista, miembro de una rica familia, usa un modelo barato, un clásico de los relojes digitales, que no denota ningún tipo de lujo… pero tampoco de una excesiva precisión. El modelo de Casio –una curiosa empresa japonesa que es el resultado de una historia de visión- ha sido el primer reloj de varias generaciones y muy popular por su bajo coste y resistencia.

Bin Laden usaría este reloj para no dar pistas de su paradero. Según algunas fuentes, el terrorista saudí usa el popular modelo porque es posible encontrarlo en casi cualquier lugar del mundo, ya sea original o falsificado. Llevar un Rolex, un Omega o un Tag Heuer, podría dar pistas, indicios… migas de pan para dar con su paradero.

Obama desearía que el hombre más buscado del planeta hubiese preferido hacer ostentación de algo más que su antiamericanismo. El líder del mundo libre ve pasar los segundos y los minutos desde un reloj que ha sido récord de ventas en su país. Parece que todo en Obama tiene un por qué y también la capacidad de generar auténticas tendencias. El presidente, lejos de usar alguna de las grandes marcas de lujo, usa desde hace años un curioso reloj de 300 dólares. Fabricado por otra empresa japonesa competidora del de Bin Laden, Citizen, Obama luce un Jorg Gray 6500 negro. Este reloj fue un regalo de sus guardaespaldas cuando celebró su 46º cumpleaños.

Desde entonces, Obama ha guardado su Tag Heuer y sólo luce este modelo de tres esferas que lleva el emblema del Servicio Secreto. Y eso ha despertado la curiosidad y el interés del gran público. Y desde entonces, en Jorg Gray no han dejado de venderlos. Aunque en este caso, es más fácil seguir el rastro… Obama se sirve de un reloj popular poco conocido. Osama, de uno popular muy conocido. La cara y la cruz, pero ambos, del país del Sol Naciente.

Esta historia de relojes nos recuerda lo importante que es invertir –que no gastar- algo de tiempo en pensar las repercusiones que tiene llevar una cosa u otra en la muñeca. No es lo mismo lucir un Omega como el que Kennedy vende después de muerto –los suizos apostaros por su imagen en la campaña del Speedmaster con motivo del 40º aniversario de la llegada del hombre a la Luna- que un reloj más asequible. No es lo mismo aparecer en un debate electoral con una gran pieza de relojería, que taparlo con la camisa o no llevar. Y si no que se lo digan a Mariano Rajoy, que en el primer debate con Zapatero lució un aparatoso reloj. Pero ello no quitó que el gallego diera con una de las mejores frases del debate: “Usted no le ha dado cuerda al reloj y el reloj se ha parado”.

Todos intentan ganar tiempo. Unos, como Bin Laden, para seguir perdidos en montañas y desiertos lejanos. Otros, como Obama, para dar caza a esos escondidos. Y otros, como Zapatero, para que la crisis amaine y la factura de 25.000 euros de un Franck Muller que supuestamente recibió Ricardo Costa sea una tabla de salvación para que los fantasmas de Gürtel le den el aire que las encuestas muestran que no tiene. Grande, Pau Donés: curioso elemento el tiempo.

22 Dic

¡Me ha tocado el Gordo!

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Es una sensación extraña. Una mezcla de excitación y un abismo bajo tus pies. Emociones contrariadas. La necesidad de exteriorizarlo, pero también mantenerlo en secreto por el que dirán. Pero no, no hablo de la lotería, sino de todos aquellos que durante el año han tenido que soportar algún premio gordo de difícil solución. Especialmente en el mundo de la política. ¿Echamos un vistazo a los diez premios gordos de este 2009?

  1. Montilla, Saura y los Mossos: al president de la Generalitat le cayó el Gordo el día que los Mossos d’Esquadra cargaron contra los estudiantes que habían ocupado durante semanas el rectorado de la Universitat de Barcelona. El caos vivido en Barcelona, con periodistas y ciudadanos agredidos, genero una enorme crisis política y de comunicación que sólo la división en áreas por partidos pudo remediar.
  2. Ibarretxe: quizás es uno de los grandes premios del año. El lehendakari ganó las elecciones en Euskadi con casi 7 puntos de margen y 5 diputados más que el PSE-PSOE. Sin embargo, no pudo formar mayoría y el PNV se vio en la oposición. Sin premio de consolación.
  3. Rajoy y su Gürtel: más que el Gordo, ha sido como ir ganando la primitivia y la quiniela, más alguna euromillones, a lo largo del año. El goteo incansable de noticias relacionadas con la trama Gürtel, con sórdidas revelaciones como la oferta a Camps para ser fotografiado con Obama, fue (y es) un auténtico reto para Rajoy y su liderazgo. La cosa incluso se tornó más rara cuando a Cospedal le dio por denunciar el complot del Estado y del Gobierno contra el PP, con espías y todo…
  4. Aminatu Haidar: la lucha de la activista saharaui no ha sido el único premio gordo para el ministro Moratinos este año, pero las consecuencias de la crisis internacional abierta con Marruecos y la incapacidad de España de resolverla por sí misma merecen estar en esta clasificación.
  5. Un caso llamado Trias Fargas: cuando se descubrió el pastel que Félix Millet había robado del Palau de la Música Catalana, ya de por sí los premios gordos de años y años de lotería; se conocieron los detalles de la financiación de la fundación del Palau a la fundación de Convergència Democràtica. La aparición del caso Pretorio acalló las voces que cayeron sobre CDC: ¿es lícito que una fundación financiada con dinero público financie a su vez a una organización política?
  6. Alakrana: el secuestro del pesquero fue un premio redondo para el Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero. Tan grande fue, que no sabían si repartirlo entre ministerios o centralizar la gestión en el presidente. Tras semanas de cautiverio y el pago de un rescate, los pescadores volvieron a casa y el pequero volvió a faenar.
  7. Un blog de 300.000 euros: cuando el coste del blog de Jordi Hereu llegó a la prensa, el Gordo cayó en el departamento de comunicación del Ajuntament de Barcelona. ¿Cómo explicar el gasto estratosférico en un año de crisis?
  8. Bono y la Ley del Aborto: la tramitación de la Ley del Aborto (en realidad, tiene un título más largo e inclusivo) fue un premio para aquellos diputados y diputadas socialistas más creyentes que tuvieron que ver como los obispos les amenazaban con excomulgarlos si votaban a favor. Una de esas presiones políticas que es casi tan fuerte como la de los bancos que llaman a tu puerta el 23 de diciembre…
  9. Un fantasma llamado abstención: el premio gordo que ganó el Parlamento Europeo y las instituciones europeas es de los más grandes; ya que las elecciones del pasado 7 de junio se cerraron con un manto de abstención tan grande que muchos aún no saben qué más se puede hacer. Para ello están Ashton y Van Rompuy, ¿no?
  10. La omnipresente Rosa Díez: sin duda, uno de los premios gordos más estrafalarios para un departamento de comunicación. ¿Cómo explicar que la cabeza visible de tu partido puede estar actualizando su Twitter y respondiendo una entrevista en televisión al mismo tiempo?

Seguiremos atentos a los premios gordos del 2010… y también a ver si tenemos más suerte en el sorteo del año próximo. Aunque jugando 10 euros, tampoco se puede llegar muy lejos, ¿no?

2 Nov

¿Relevo en el PP y el PSOE?

En el fondo, el PP sigue manteniendo la ventaja política en el actual contexto. Tanto PP como PSOE han cometido dos de los grandes pecados que se pueden cometer en política: dejar que la ciudadanía crea que se improvisa en el ejercicio del poder y mostrar una gran división interna y falta de liderazgo. Por suerte para los conservadores, lo segundo tiene cura. Lo primero, no tanto.

Para el ciudadano medio, el gobierno debe ser una fuente de estabilidad, un lugar donde depositar la confianza, especialmente en los momentos más duros e inestables, como el actual. Debe ser el garante, alguien en quién creer y a quién presuponer sensatez en sus decisiones. En definitiva, creer que hay alguien que sabe como funciona todo esto, que tiene respuestas y que pone en marcha su acción de gobierno para conseguir resultados.

Cuando esta concepción falla, para muchos se hace impensable mantener al ejecutivo. Así, no es buena noticia para los socialistas el dato que publicaba ayer El País: el 76% de los encuestados cree que el presidente del Gobierno improvisa sobre la marcha. Y esta es una debilidad grave. Las percepciones del electorado se verán muy mediatizadas por esta concepción que parece estar generalizada. ¿Cómo se puede conseguir algún beneficio de la acción de Gobierno si la gente cree que no se sigue ningún objetivo particular?

El reto que tiene ante sí Moncloa es muy grande. No se trata únicamente de recuperar la iniciativa política, sino romper con una imagen que le lastra de forma profunda. No es sólo esperar a que vengan tiempos mejores, es prepararse para borrar la imagen de improvisación: la recuperación sólo puede ser objeto de un concienzudo plan y de las mejores prácticas, no fruto de la improvisación. Ese es el difícil hueso de roer del presidente y mucho tendrá que hacer para cambiar la dinámica.

Rajoy también tiene ante sí esa necesidad clara, la de cambiar el ciclo en el que se ve envuelto el PP desde su derrota electoral. La larga serie de parches que han venido aplicando en Génova se han desbaratado tras los escándalos de Gürtel. Rajoy está más contestado que nunca, dentro y fuera del partido y los ciudadanos, en la misma encuesta, muestran una gran desconfianza hacia él, incluso entre sus votantes. Y ese es su gran pecado, no poder desplegar todas las armas opositoras en un momento clave para construir una imagen de cambio y alternancia.

Pero el PP lo tiene más fácil. Si consigue superar de una vez por todas la crisis interna puede recuperar la iniciativa política. Llegan tarde, lo han hecho mal y eso ha cuajado en el ánimo de muchos, pero no lo tienen todo perdido. Tienen márgen de maniobra, desde el líder a los apoyos a éste. La justícia es lenta y la amnesia de muchos ciudadanos implacable.

Aunque la resurección en política puede darse siempre en varias direcciones, a día de hoy es más fácil poner la locomotora popular otra vez en marcha que decidir la ruta que debe tomar la socialista. Es más fácil cambiar el maquinista en uno que en el otro, aunque, quién sabe, quizás en unos meses veamos una lucha de maquinistas, así, en femenino. Si Rajoy no despega y sólo un tercio de los votantes socialistas creen que Zapatero puede volver a ganar; ¿veremos un duelo femenino en la cumbre? Todos imaginamos nombres, pero a partir de aquí, lo dejo a vuestra imaginación…

14 Oct

¿Quién manda en el PP?

Ricardo Costa ha puesto en evidencia a Mariano Rajoy cómo pocas personas han hecho en los últimos años. Ayer el castellonense fue el director de una extraña puesta en escena que mantiene ha mantenido en vilo a gran parte del país.

Costa jugó muy bien sus papeles y demostró eso que la venganza es un plato que se sirve frío. Su retiro por el Camino de Santiago le ha permitido ser el contador de una gran historia que tendrá efectos graves en el Partido Popular.

Por lo pronto, muchos ciudadanos, especialmente los que serán decisivos para ganar las elecciones, se preguntaron “¿Quién manda en el PP?”, porque la cantidad de mensajes contradictorios que estan recibiendo les ha llevado sin duda alguna a esa reflexión. Y Costa fue el máximo instigador de esos mensajes, con un Francisco Camps que no sabe muy bien qué hacer.

A nivel comunicativo, el órdago de Costa rozó la perfección. Hizo valer como pocas veces se han visto la máxima de Clausewitz: la mejor defensa, es la defensa misma. Y urdió la trama que todos más o menos conocemos.

Pero me parecen especialmente interesantes algunos elementos del relato que nos presentó el ya ex-secretario general del PPCV:

El tempo

Ricardo Costa manejó a su antojo el tiempo informativo de los medios y la opinión online. El comunicado que leyó antes de la reunión que debía certificar su defunción política aumentó la temperatura política. Uno de esos giros inesperados cuando todo el mundo daba por sentado que su marcha era ya un mero trámite. Pero no, alimentó la tensión y revalorizó su propia persona en vistas a la reunión. Él no se marchaba, sino que le echaban. Y no estaba dispuesto a hacerlo sin llevarse a alguien por delante.

Tras la reunión, mantuvo el tempo. No sólo hizo una gran maniobra de distracción para evitar que la prensa acosara al president Camps, sino que tras la reunión compareció para informar que él no se marchaba. Y si lo hacía, era con varias condiciones.

La pelota en el tejado de Camps y Rajoy. Camps no ha hecho los deberes y Génova tiene que confirmar que Costa ya no es secretario general de los populares valencianos

El lenguaje no verbal

Costa comunicó perfectamente lo que quería hacer sin necesidad de decir nada. Su entrada a la sede del PP era toda una declaración de intenciones. Paso firme, sonrisa de oreja a oreja. Aparece sin corbata, relajado. Algo hace presagiar que no va a ser una presa fácil.

Su pose, ya con corbata, mientras lee el comunicado es otro libro abierto. De frente, con firmeza, en la primera línea de fuego. Y tras ello, las fotos que trascienden del cónclave popular, con francas sonrisas, rostro relajado y otra vez sin corbata. Una contradicción enorme entre la historia oficial y lo que comunicaba su persona.

El mensaje

El mensaje de Costa ha sido muy claro. No se va, le echan. Y no sólo eso, sino que amenaza de facto con tirar de la manta. La comisión de investigación que ha propuesto va por ese camino, y el vericueto relatado tras la reunión sobre tal comisión y su suspensión sólo si ésta se forma, es una forma única de enviar un mensaje claro: él tiene la sartén por el mango.

Pero también es un mensaje de la propia situación del PP, en que Camps anuncia su destitución a Génova, pero Costa niega que esto haya ocurrido. Un mensaje en toda regla de qué la nave popular no sabe quien la gobierna. Aunque el PPCV se esfuerce en mostrar en la home de su web un mensaje como “El PPCV sale más unido y reforzado tras la celebración del CER”, con una foto de Camps y Costa sonrientes.

Tras analizar estos elementos, el lío Gürtel se enreda más de lo que se podía esperar. No sólo se evita una acción contundente que dé aire a Rajoy y Camps, sino que la acción tiene los efectos contrarios: sembrar más dudas. ¿Por qué Camps sigue apoyando a Costa mientras anuncia a Rajoy que todo terminó?

El efecto más inmediato es la demostración pública de la fortaleza de Costa. Ha sabido jugar muy bien sus cartas y ha demostrado una sangre fría que asusta. Si alguien es capaz de escenificar así su muerte política ¿de qué no será capaz?

7 Oct

La factura pendiente de Rajoy

Hace algún tiempo, cuando la construcción aún vivía su momento álgido y los anuncios en radio los protagonizaban empresas auxiliares de este sector, una conocida marca ofrecía las bondades de sus sistema de aislamiento de tejas. Bajo teja para evitar filtraciones, para aguantar el chaparrón… ¿habrá instalado ese sistema el PP en su sede central en Génova?

La tormenta no ha estallado, hace ya demasiado tiempo que llueve sobre mojado aunque en el PP no se haya movido nadie. Lo que sí ha cambiado es la táctica –que no estrategia, pues sigue siendo la misma: evitar que la tormenta se lleve al patrón por la borda-, desapareció de sopetón la manía persecutoria que este verano enarboló María Dolores de Cospedal –sin aportar ni una sola prueba, ni una sola dimisión- pero no desapareció el oscurantismo para con los ciudadanos.

Si por algo se caracterizó el PP al llegar al Gobierno en 1996 fue de acabar con la corrupción socialista que tanto había escandalizado al país a mediados de los 90. Prometieron regeneración y se apropiaron, no sólo del centro ideológico, sino de la concepción de ser un partido limpio y honrado. Hoy, las portadas de todos los periódicos, los titulares de todos los noticiarios y los comentarios en todas las tertulias muestran que la sombra de duda es ya una acusación vox populi a que algo huele a podrido en el PP.

Pese a todo, la estrategia de comunicación del PP está siendo exitosa: tras más de 9 meses de trama nadie se ha movido de la silla. Los cambios en el discurso están tan pensados que la sociedad aún no se ha plantado. Y eso es lo grave.

  • Primero fue el mensaje de que los trajes de Camps no eran importantes y que la justicia lo exculparía. Así fue.
  • Luego vino lo de la conspiración que no ha sido, pero para muchos ciudadanos siempre quedara la idea que todo esto es capricho de algún juez…
  • Vino la reunión secreta de Camps y Rajoy. Para “hablar de Madrid 2016″. Sin informar a Cospedal o al partido.
  • Y ahora la percepción que los Gürtel parecen los Dalton, yerno de un presidente incluído.

La estrategia de salvar los muebles etapa por etapa parece que funciona, pero también es el motivo por el que las encuestas no muestran una victoria por goleada en intención de voto. Esta manera de entender la gestión de una crisis es la que explica el apabullante suspenso de Rajoy en los sondeos.

La pregunta es, ¿hasta cuándo podrá aguantar Rajoy sin exigir, al menos, una dimisión? ¿Hasta cuándo podrá permanecer inmóvil el PP cuando las investigaciones apuntan a que la red de financiación ilegal es más profunda de lo que parece y más extendida por la geografía española? Rajoy aún puede reaccionar. Aún puede apuntalar su liderazgo con un golpe contundente encima de la mesa. Pero, ¿está dispuesto a hacerlo? ¿Puede hacerlo? ¿Tiene alguna factura pendiente con los Gürtel?

6 Oct

¿Y si violaran a tu mujer?

“Y la siguiente pregunta es para el señor Rajoy. Señor Rajoy, si su hijo dejara embarazada a su novia con 16 años, ¿aceptaría que ella abortara?”

Imaginemos que en un debate electoral en 2012 el moderador o moderadora preguntara a bocajarro esta pregunta a Mariano Rajoy. Aunque sus posturas lo hayan sido a lo largo de la legislatura, incluso a lo largo de su vida, si no consigue articular una respuesta emocional, sincera, que pudiese hacer cualquier padre o madre.

Aunque quizás, tal y como se plantean los debates electorales en nuestro país, esta pregunta podría aparecer en “Tengo una pregunta para usted”. En este programa ya vimos algo parecido a esa incapacidad de conectar en algunas de las preguntas más complejas… Pero siempre es un riesgo enfrentarse a preguntas tan directas.

Quizás el ejemplo más claro es el de Michael Dukakis, el candidato demócrata que perdió las elecciones ante George Bush en 1988. Dukakis era gobernados de Massachussets y había defendido siempre una postura muy concreta ante la pena de muerte. Contrario a la pena capital, su campaña electoral se vio empañada por un ataque de Bush con el famoso vídeo sobre la historia de Willie Horton, un oscuro episodio de su etapa como gobernador. Willie Horton, un convicto afroamericano por asesinato, gozó de un permiso penitenciario en el que violó y atacó a una pareja. El video, mostraba la que llamaron “política de Dukakis sobre el crimen”.

Así, en el debate presidencial, con el crimen sobre la mesa, el moderador preguntó:

“Governor, if Kitty Dukakis [su mujer] were raped and murdered, would you favor an irrevocable death penalty for the killer?”

Dukakis respondió:

“No, I don’t, Bernard. And I think you know that I’ve opposed the death penalty during all of my life. I don’t see any evidence that it’s deterrent and I think there are better and more effective ways to deal with violent crime”

A partir de ahí, Dukakis desplegó una respuesta pormenorizada de sus razones, con una ausencia total de apelaciones emocionales. Para muchos americanos, la falta de emoción en algo que estremece a cualquiera fue suficiente para retirarle el apoyo. Las encuestas mostraron como su apoyo bajo del 49% al 42%. Había empezado las elecciones con 20 puntos de ventaja sobre Bush.

A veces una sola respuesta puede hacer tambalear toda una carrera política. Dicen que Ted Kennedy no llegó a presidente –entre otras cosas- porque no supo responder a la pregunta de por qué quería ser presidente.

Quizás por ello, los políticos tienen tanto miedo a ser preguntados. Pero a veces, hablar desde el corazón puede ser la mejor respuesta.

5 Oct

Cabreo nacional

Los españoles están muy enfadados. Tan enfadados que no aprueban a ninguno de los dos líderes que pueden hacer algo con la crisis: el presidente Zapatero y el líder de la oposición Mariano Rajoy. Los españoles están tan enfadados, que están dispuestos a que uno de los dos pague por los platos rotos… y al parecer piensan que debe hacerlo el presidente.

Así lo han mostrado las encuestas de Metroscopia para El País y Noxa para La Vanguardia, realizadas tras el anuncio de subida de impuestos y en pleno otoño caliente para el presidente. Según estás encuestas, el 61% de los españoles no aprueba la gestión de Zapatero y el PP aventajaría al PSOE en casi 4 puntos si ayer se hubieran celebrado elecciones. Pese a lo favorable para los conservadores, el 69% también suspende a Rajoy.

Llegados a este punto, los españoles quizás estén muy enfadados por la situación del país. Tanto por la crisis como por el nubarrón que tiene el PP justo encima y que responde al nombre de Gürtel. Benjamin Franklin afirmaba que “siempre hay razones para estar enfadados, pero ésas rara vez son buenas”. Por lo que sea, el enfado se acrecienta. Aunque quizás, en el fondo, los españoles estén muy enfadados porque no encuentran ningún líder que pueda salvarles.

El enfado es una emoción muy particular. Apuntan varios expertos que es un estado de ánimo muy persistente, difícil de controlar. En nuestro interior se produce una especie de monólogo interior que hace que el enojo se haga cada vez mayor. A todos nos ha pasado, empezar cabreados por algo, darle vueltas y hacer la pelota cada vez más grande…

A diferencia de emociones como el miedo, el enfado aparece cuando nos sentimos amenazados de forma simbólica. Como podría ser la subida de impuestos, por ejemplo. A partir de ahí, nuestro cerebro experimenta unas auténticas explosiones de actividad que acaban generando acciones. Como no votar al partido del gobierno.

La política del enfado es más importante de lo que parece. Muestra más corrientes de fondo de lo que nos podría parecer a simple vista. ¿Os suena eso de la venganza se sirve en plato frío? Pues eso, la venganza es una de las múltiples expresiones del enfado y lo que nos muestran las encuestas en que se está tramando algo.

La singularidad de esta política del enfado es que no la dirigen los partidos. Ni los que gobiernan ni la oposición. Ocurre. Son percepciones del electorado –alimentadas, claro está, por medios y partidos- pero que cuecen en el subconsciente del elector. Hasta que ocurre algo muy grave –como el 11M- o llega el día de las elecciones. Entonces la corriente se hace realidad en un vuelco electoral o en un castigo contundente. Aunque parece que aún queda un largo trecho para ello.

El enfado de los españoles crece y crece. Y parece que va para largo.

29 Sep

Que los speechwriter salgan del armario

Difícilmente podemos imaginar lo que William Safire debió sentir el 9 de agosto de 1974. No fue el encargado de escribir el discurso de dimisión del presidente Nixon, pero fue uno de los speechwriters más celebres de la presidencia del republicano, que contó con varios profesionales como Ray Price –el escritor de facto del discurso-. William Safire, personaje muy conocido en Estados Unidos, que contó con una columna en el New Tork Times murió este domingo.

Al conocer esta noticia, y pese a no tener la celebridad de Sorensen –la pluma de JFK-, las reacciones de duelo en la sociedad americana no se han hecho esperar. Pero, ¿pasaría algo similar aquí? En un país donde hablar en público es una práctica denostada y que atemoriza a casi todos, los escritores de discursos no alcanzarán la gloria

La pregunta de fondo es, ¿quién escribe los discursos a nuestros políticos? Generalmente, los miembros de sus gabinetes. Zapatero no tiene, al parecer, a un escritor asignado para ello –aunque según este artículo siempre apostilla a través del móvil el sentido de sus intervenciones. La pluma de Felipe González tiene voz propia ahora en el Parlamento Europeo, aunque durante muchos años restó en la sombra mientras daba forma y palabras a las ideas del presidente.

Quizás los speechwriters nunca se ganen la gloria en España. Quizás aún no hemos conocido del paso “a la vida civil” de ninguno de ellos al estilo de Safire, con una columna en un prestigioso diario durante más de 30 años. Y seguramente ese no deba ser el motivo que impulse a una nueva generación de escritores a hacer que lo que dicen nuestros políticos sea menos tosco para ser más musical.

Sí, necesitamos speechwriters para que no escuchemos en boca de un presidenciable que lo más grave de la subida de impuestos del Gobierno es que “subirá el precio de los chuches”. Que salgan del armario. En definitiva, necesitamos escritores que puedan inspirar a una generación entera como llegan al alma las palabras que Favreau pone en boca de Obama. Me ofrezco voluntario.

9 Sep

El PSOE del puño en alto

Rodiezmo siempre nos deja alguna imagen que comentar. Si el año pasado fue la excesiva gesticulación de Zapatero, que mostraba su enfado y su hastío, como si la situación le sobrepasara, este año ha sido la foto del puño en alto.

No por méritos propios de la plana mayor de los socialistas, sino por el uso del photoshop de El Mundo. Como suele decir Toni Aira, con una portada se puede hacer mucha política y sólo hay que ver la intención del rotativo con esta foto en portada: el PSOE sube los impuestos y se aferra a sus símbolos.

Dejo para otro día el análisis de la subida de impuestos y las mentiras de Zapatero (tanto el misterio de los clicks de la web del PP como las contradicciones del Gobierno), pero no puedo dejar de colgar esta foto. Si la estrategia socialista pasa por seducir a la izquierda, han encontrado en Pedro J. a un aliado. Aunque me pregunto si es lícito manipular una foto para conseguir tal efecto. Aunque claro, también manipulan con el photoshop las portadas de Men’s Health o Interviú, ¿no?

En todo caso, la foto entra en el debate político. Rajoy se ha expresado en estos términos en el encuentro con los lectores del diario que publicó la foto:

“Me parece antiguo y me parece triste que personas que apenas superan los 30 años estén con el puño en alto. ¿Qué pasaría si apareciese alguno con la mano extendida? Le diré que jamás he tenido un pariente franquista, aunque si lo hubiera tenido lo hubiera querido igual. Hay que mirar al futuro y dejarse de levantar el puño”.

Para Aguirre, el saludo de ideologías totalitarias.

¿Qué oponaís? ¿Tienen razón Aguirre y Rajoy? ¿Debería abandonar el PSOE el puño en alto? ¿Por qué los presidentes socialistas ya no lo levantan?

Sabíamos que la comunicación no verbal era importante, pero no imaginábamos que el curso político lo movería un sólo gesto…