3 Ago

No me gusta que a los toros te pongas el cinturón

La decisión del Parlament de Catalunya de prohibir las corridas de toros en el territorio catalán ha iniciado un debate con múltiples aristas. Algunos razonamientos, fundados en el interés de promover un sosegado debate. Otras –las más- salpicadas por la demagogia más rancia. Y en medio, algunas ingeniosas estampas que no han pasado desapercibidas. Como el último vídeo de Rajoy. ¿Se pueden mezclar toros y la seguridad vial sin salir corneado?

Resulta curioso. Más allá de los gestos del nacionalismo español que encarna el PP, con el anuncio de llevar al Congreso una resolución para proteger la fiesta nacional, el debate a raíz de la decisión del Parlament ha discurrido en el ámbito del binomio libertad-prohibición. La libertad de elegir ir o no ir a los toros contra la prohibición de la muerte y tortura de un animal para regocijo de los asistentes. Rajoy nos recuerda su postura, sin decir nada, en su vídeo prevacacional: los toros de Osborne que decoran centenares de carreteras en España son el símbolo de esa defensa de la fiesta.

Pero también en el mismo vídeo vemos a Rajoy, que fue ministro del Interior, sin el perceptivo cinturón de seguridad. Muchos nos hemos quedado con eso que el líder de la oposición haga caso omiso de las normas y ponga en riesgo su vida y la de sus acompañantes, pero pocos parecen haber recabado en un debate existente en varios países, especialmente en Estados Unidos. ¿Atenta contra la libertad individual el uso obligatorio del cinturón?

Y ahí es donde llega el detalle sublime de ese vídeo que, seguramente, no tenía intención de llegar a las cotas de popularidad y polémica que ha alcanzado, con disculpas públicas del propio Rajoy por infringir de forma manifiesta. La defensa velada de ese derecho a la libertad en el caso de los toros pero el sometimiento en lo que respecta al cinturón. En un caso la libertad está por encima del espectáculo de la muerte pero en el otro no.

El tema del cinturón de seguridad no es un issue en España como sí lo es en Estados Unidos o Argentina. Ahí existen movimientos que afirman que llevar el cinturón de seguridad atenta contra la libertad del individuo, aunque el riesgo más inminente pueda ser la muerte. De hecho, en 2008 se salvaron 13.000 vidas en la UE gracias a este mecanismo. ¿En qué momento, para las personas, prevalece el derecho a la seguridad a la propia libertad para el PP y no para los animales en la fiesta nacional?

Estas pueden ser algunas de las perversiones en el debate cuando dejamos al azar algunos detalles importantes al elaborar una pieza de comunicación, como esa ausencia del cinturón en Rajoy. Pero no nos alarmemos. El aspirante a suceder a Zapatero en la Moncloa no es el único político español que no usa el cinturón. De hecho, estoy convencido que muchos de los que le han saltado a la yugular tampoco lo usan. En estos vídeos podemos ver a Saura en un spot de campaña de 2003 sin él. Y en este otro corte, a Pujol en su coche oficial también haciendo caso omiso de este elemento de seguridad.

Rajoy ni ganará ni perderá las elecciones por esta anécdota. Tampoco las ganará o las perderá Montilla por llevar a sus hijos a un colegio privado y defender políticamente a la escuela pública. Muchas se han rasgado las vestiduras estos días a cuenta de esto sin ver lo que hacen ello o lo que hacen los suyos. Pero quizás en el fondo lo que más se ha echado de menos es una voz como la de Mas que cree que los políticos deben dar ejemplo, tal y como se desprende del libro de Pilar Rahola. Dar ejemplo.

Quizás Rajoy debería empezar usando el cinturón, sin duda. Pero sería más importante que empezará por dar ejemplo de debates sosegados y fundamentados en el sí de su partido. ¿Por qué debe prevalecer la libertad en ir a ver los toros y no en llevar o no el cinturón sin miedo a ser sancionados? Dar ejemplo, sin duda.

20 Jul

¿Seguirá Aznar los pasos de Take That?

Take That fue un éxito de ventas en los 90. La primera de las boybands de la década que se ganaron el corazón de millones de fans a lo largo de esa década y durante los primeros años del siglo XXI. Lo del grupo de Manchester fue una auténtica locura. Tanto, que su separación no dejó de tener tintes traumáticos para muchas adolescentes. La noticia de la vuelta a la banda, 15 años después, de Robbie Williams no ha pasado inadvertida. Tras rumores se ha consumado. ¿Podría darse algún caso similar en la política española?

Puede parecer extraño, pero la propia historia del grupo puede parecerse a la de un grupo excepcional de políticos que unió a la derecha española tras el franquismo. No es que Aznar tenga dotes de cantante, pero su liderazgo al frente del PP en los 90 puede asimilarse a los Take That. Consiguieron todo lo que se propusieron y se diluyeron sin alzar la voz. Aznar anunció que se iba como Williams lo hizo en 1995.

Tanto los Take That como el PP de Aznar dejaron a millones de huérfanos. Millones de españoles que siguen pensando que nadie volverá a dirigir el partido y el país como José María Aznar. Quizás por ello, ante las cíclicas crisis del partido, no se han dejado de sentir voces que, o bien reclamaban la vuelta del líder o abiertamente pedían que el de Valladolid volviera a la escena política.

La realidad es que las carreras en solitario de Williams y Aznar han sido exitosas. El primero, recorrió medio mundo con sus álbumes en solitario. Una de las figuras más importantes del pop británico de los últimos años. Aznar, en cambio, es un conferenciante habitual al otro lado del Atlántico, ha escrito varios libros y sigue siendo una pieza fundamental de la derecha española. El primero ya ha anunciado su vuelta a los ruedos. Aznar, no parece estar por la labor.

Pero ese espíritu de volver al grupo –los Take That se unieron de nuevo en 2006- parece que no está muerto en el PP. Viejos miembros de la banda piden turno para volver a tocar. Es el caso del ex vicepresidente del Gobierno, Francisco Álvarez Cascos, que está haciendo lo imposible por ser el candidato del PP en Asturias. El partido se ha rebelado contra ello, pero las maniobras ahí están. A la espera de que el garante del grupo, Mariano Rajoy -que aguanta pese a Gürteles, espionajes o envites de la Lideresa- se manifieste.

La marcha de Aznar, vinculada a la promesa de no estar más de dos mandatos en el cargo, tuvo mucho de esa marcha de Williams justo cuando estaban saboreando las mieles del éxito. Y seguro que en más de una ocasión el ex presidente haya pensado que su decisión fue un error. Pero seguro que la nostalgia no sería el principal motivo de su vuelta.

Por el momento, el retorno no parece estar sobre la mesa o su proyecto personal. Pero, si Take That ha vuelto a unirse tras tantos años, ¿seguiría siendo algo descabellado creer que Aznar, ahora con abdominales marcadas, pudiera volver a la política?

15 Jul

Rajoy no es Iniesta. Ni Zapatero, Casillas

La vida tiene estas cosas: un día estás arriba y otro abajo. Es una montaña rusa, y tantas otras imágenes que constituyen lugares comunes cuando hablamos de esa inestabilidad de las cosas. De esa velocidad del cambio. Del éxito al fracaso en cuestión de segundos. De la euforia a la triste realidad en menos de lo que canta un gallo. España no es distinta. La celebración por el éxito de la Roja ha dado paso a la constatación del liderazgo ausente del país.

Ni Zapatero convenció ni Rajoy arrasó. Ambos desaprovecharon sus oportunidades. El presidente podría haber hecho de su intervención un acto de sinceridad, de desgranar el porqué de tantas decisiones, devaneos e improvisaciones. No lo hizo. Al contrario, su discurso no terminó de entusiasmar aunque lo estructuró, preparó e incluso se permitió el lujo de darse a la poesía y a la motivación. Pero no convenció (¿será que el problema es el mensajero?)

Rajoy calculó mal el discurso. No supo gestionar las expectativas y se hundió con su errónea estrategia. Su discurso fue durísimo. Incluso convincente, especialmente entre todas aquellas personas que creen que Zapatero es un lastre para el país. Pero no goleó como hoy titula La Razón. Pecó de ingenuo. Quizás en Génova creían que Zapatero sería el líder gris y abatido que ha aparecido en la tribuna del Congreso en los últimos y trascendentales debates. Y seguramente se fueron a comer con esa idea tras ver al presidente. Pero el cara a cara entre Rajoy y Zapatero, de una extrema dureza, mostró que el envite -que no el debate- lo ganó el presidente. No se pueden pedir elecciones sin postularse como alternativa. Rajoy no la presentó y Zapatero le puso contra las cuerdas.

Pero eso no cuenta. A estas alturas del partido la sociedad española no está por la enésima pelea infantil entre el presidente y el líder de la oposición. La sociedad demanda liderazgo y ninguno de ellos está en condiciones de ofrecerlo. Ayer sólo se excitaron las bancadas. Y por ello, perdió España. Se constató una vez más que ni PSOE ni PP tienen una visión clara de qué hacer. El presidente se comprometió a tomar todas las decisiones que sean necesarias, aunque sean difíciles. Y el líder de la oposición a no apoyarlas, aunque sean las que teóricamente defiende. Todo en manos de una convocatoria de elecciones anticipada o una moción de censura que no llegará. Esa es la triste realidad del debate.

Pero como esto es una montaña rusa, la realidad es que tampoco es para tanto. La situación política evidenciada en el Congreso deja paso a una sociedad española que aún está de resaca –Forges lo borda con la viñeta que ilustra este post-, de vacaciones… e incluso de festival de música –curioso que El País dé más relevancia al FIB que al debate-. Y por ello, las consecuencias de esta no victoria de ninguno de ellos tampoco es tan relevante. Porque este debate es lo más parecido a un debate electoral al uso: muchos lo ven –tomaremos el muchos por un sensible aumento de audiencia respecto a los debates ordinarios-, pero muchos son ya convencidos. Los populares vieron muy bien a Rajoy y los socialistas, la resurrección de su líder. Pero pocas percepciones se habrán movido entre los indecisos.

Ayer se cumplió con un trámite. Esa es la sensación. Ni se ganó ni se goleó. Rajoy no es Iniesta. Ni Zapatero, Casillas. La furia de la Roja dejó paso a la triste realidad de una política española sin rumbo, por mucho que los dos capitanes digan ser excelentes al timón. Si no supieron llevar su propio discurso a su orilla, ¿cómo pretenden llevar al país a buen puerto?

7 Jul

¿En qué momento se jodió nuestro Perú?

Mi amigo Pau Canaleta suele usar una de las frases más famosas de la política peruana para referirse a ese momento en que una situación parece haber perdido el norte. “¿En qué momento se jodió el Perú?” es la frase que Mario Vargas Llosa puso en boca de los personajes de Conversación en la Catedral y que podría aplicar perfectamente para la situación política en España.

¿En qué momento se jodió nuestro Perú? ¿Cuándo se hizo de la insubordinación la manera de hacer y comunicar la política en este país? Esa parece ser la pregunta que deberíamos hacernos a estas alturas a cuenta de la oposición que ejerce el Partido Popular, instalada en la inaplicación constante de varias leyes. Pero quizás antes deberíamos cuestionarnos en qué momento dejamos de creer que cumplir las reglas del juego era importante.

Desconozco cuál fue ese momento. Sólo sé que salió rentable. Al menos políticamente. Quizás la bronca en la que estamos instalados, la polarización de la política y la dificultad de tender puentes, pero sobretodo de entender que en democracia la mayoría gana; nos han llevado a caer en la tentación de creer que conductas antidemocráticas se pueden aceptar si se hace daño al adversario.

Los estrategas del Partido Popular podrán creer que instalarse en el torpedeo casi automático a todo lo que aprueban las Cortes –donde no tienen mayoría-, es la mejor manera de llevar a Rajoy a Moncloa. Las encuestas, más por otras cosas que por esta, les dan la razón. Pero llegarán habiendo jodido el Perú. Nuestro Perú.

Y este Perú nuestro particular lo jodimos cuando ante la insubordinación, no apareció una desaprobación mayoritaria. Cuando la gente decidió no censurar algo que no puede permitirse en democracia: pasar de las reglas del juego.

Los presidentes autonómicos insumisos, ya sea con la interrupción voluntaria del embarazo, los ordenadores en las aulas u otros ejemplos, hacen un flaco favor a la democracia mientras apuntalan sus liderazgos. Como estrategia de comunicación no tiene parangón: nuestro Perú está tan jodido que sólo vemos fortaleza donde en realidad está la cobardía de no aceptar la regla de la mayoría.

17 May

YouTube: cinco años de videopolítica

Han pasado sólo cinco años. Sólo cinco. Ese es el tiempo desde el lanzamiento de YouTube hasta el día de hoy en que difícilmente podemos entender Internet sin el mayor archivo de vídeos de la historia. Sin este espacio global de vídeos que ha hecho del nuestro un mundo más pequeño. En YouTube lo han expresado de esta forma con el vídeo conmemorativo:

YouTube ha hecho más pequeño el mundo de la política. Ha aproximado a políticos y ciudadanos, para bien y para mal. En cinco años hemos visto como este espacio podía servir para introducir temas en la agenda política, como en las preguntas que llegaron a los candidatos a las elecciones presidenciales de 2008 en Estados Unidos.

Dirigentes de hoy que ayer abrieron las puertas de su casa para darse a conocer, como David Cameron, que desde hace sólo unos años, ha establecido contacto con los británicos a través de sus vídeos.

Mas y Rajoy no han dudado en subirse al carro a esa tendencia.

Las cámaras digitales y la posibilidad de acceso a todos nos han convertido en autores en potencia, aunque los creadores sean sólo una parte muy pequeña de todos los usuarios en YouTube. Así, nos llegaron las imágenes de un Aznar enfadado cuando es sorprendido en un avión.

YouTube ha sido el aliado de la viralidad y del fin del control de muchos equipos de comunicación de gafes, como “el coñazo del desfile” de Rajoy o las supuestas copas de más de Sarkozy tras una reunión con una delegación rusa en una cumbre. O el president Montilla firmando un libro de honor con una chuleta. Incluso ha servido para dar a conocer la tarea de los diputados que vienen en pack en una lista y valorar su idoneidad para el cargo, como el caso de la diputada aragonesa más famosa en la Red.

El vídeo del “Yes, we can!” de Obama batió todos los récords y pulverizó el poder de los circuitos comerciales convencionales en televisión. Y la campaña americana fue, en esencia, una campaña de vídeos.

La burla a Mayor Oreja a través de una serie en YouTube fue un éxito, aunque no consiguió batirle en las elecciones europeas del pasado año. Y el efecto del “Confidencial.cat” de CiU en las elecciones de 2006 se amplificó en la Red cuando esto casi iba en pañales.

Gracias a YouTube, los vídeos de los mítines llegan a cualquier usuario. Si el mitin muere, YouTube le da bocanadas de aire.

Cinco años que, en definitiva, han servido para dar más visibilidad a la política, hacerla más próxima y, por qué no, más transparente.

12 May

Recorte de credibilidad

No, la causa del suicidio político de Zapatero no es la llamada de Obama. Al menos, no de esa. El recorte planteado no se concibe en una tarde –aunque ya sabemos que para el presidente, esto de la economía son dos tardes- y es fruto de una mayor planificación. Pero para la mayoría de los ciudadanos, la idea es esa. Zapatero se repliega a los postulados de la oposición y lo hace por la llamada del líder del mundo libre.

Esa es una situación que todos podemos comprender: todos hemos sido alumnos. Y todos hemos llegado a un examen sin la suficiente preparación. Sabemos lo que se siente cuando el maestro te llama la atención. Cuando no has hecho los deberes. Cuando acabas asumiendo que eso de “te lo advertí”, es una realidad. Y eso es lo que ha pasado esta mañana en el Congreso de los Diputados.

No soy economista y desconozco si el recorte del déficit a costa de niveles de protección social será o no efectivo. Su suicidio político viene por haber perdido la batalla de las percepciones. De esa percepción en particular de alumno díscolo. Pero no lo olvidemos, son otras las ideas sobre el presidente que nutren el rechazo a su gestión del 75% de los españoles. Como para pensarse si seguir o no.

Esas ideas se han ido alimentando a lo largo de los dos últimos años con palabras y hechos. Pero sobretodo, por no cumplir la palabra dada. Del “Zapatero no nos falles” a la subida de impuestos indirectos como el IVA. De prometer el pleno empleo y negar la crisis, al 20% de paro.

Pero sobretodo, esa idea de improvisación que todo lo cubre. E incluso de la holgazanería del ejemplo del alumno que citábamos anteriormente. ¿Por qué esas medidas hoy y no hace unos meses? ¿Por qué el recorte ahora y no cuando el mundo tomaba medidas? Esa es la gran pregunta que debe responder Zapatero. Y sus palabras no han dado respuestas a ello.

Hace un año, el PSOE hablaba de brotes verdes. Hace unas horas, Zapatero ha aceptado que la crisis siguió su curso y son el motivo de las medidas tomadas hoy. Unos brotes verdes parecidos a la sensación de euforia que se vivió tan sólo unas horas atrás en las filas socialistas a cuenta del empate en intención de voto. Quizás esos brotes vuelvan a enterrarse a cuenta del harakiri de Zapatero y de un Rajoy que, pese a no ofrecer salidas a la crisis, ha actuado como el maestro gruñón y, como Obama, le ha dicho “te lo advertí”.

Las medidas afectan a bases electorales del PSOE: funcionarios, pensionistas y soccer mums. Pero sobretodo, decepciona a su electorado por abrazar el programa de la oposición. Aunque algunos de sus seguidores vean en el gesto valentía y sentido de Estado.

La clave, como siempre, en los que se alejan de los fanatismos. En los del medio, los del centro. Los que deciden elecciones. Los que seguramente están hartos de Zapatero y de Rajoy, pero que, visto lo visto, quizás se planteen un cambio.

Aunque la política es el único lugar desde donde los muertos resucitan, no pinta un buen panorama para el presidente. El líder que, para muchos ha actuado tarde y mal. La persona que prometió no mentir y acabó cayendo en la trampa.

12 Abr

El papel de la televisión en la política

La niña de Rajoy, Artur Mas haciendo la gallina, González y Aznar. De los reporteros de CQC a Salvados. El Ala Oeste de la Casa Blanca y la televisión en la cultura política americana. Nixon y Kennedy… la figura del debate. Y en todo ello, el papel de la televisión. Interesante programa de TV3 sobre el papel de la televisión en la política. Os lo recomiendo.

Y tras ver el reportaje… ¿cuál es vuestro programa relacionado con la política favorito?

5 Mar

El PSOE desprecia a Rajoy

El ministro de Fomento, José Blanco, no quería hablar de Rajoy. Lo dijo el pasado sábado en Zaragoza: “Vengo con la intención de no hablar de Mariano Rajoy, que dice que hablo demasiado de él, y no lo voy a hacer para no darle ni una excusa para que no participe en el acuerdo”. Pero lo hizo, vaya si lo hizo.

Blanco volvió sobre una tesis bastante extendida entre las filas socialistas: ojalá Rajoy sea el candidato del PP en las próximas elecciones generales. Es más, desean que ni Gürtel, ni Losantos ni Aznar puedan con el líder del PP. Creen que Rajoy es un rival que se puede derrotar, pese a estar sumidos en la mayor crisis económica. De hecho, afirman, no ha ganado nada. Que las debilidades de Rajoy son tan profundas que se puede borrar de un plumazo el debe en números rojos de la gestión socialista.

Pero este argumento no es nuevo. En Ferraz se mostraban contentos el pasado 7 de junio pese haber sido derrotados en las elecciones europeas. Uno de los efectos de la primera victoria popular en años era mantener a Rajoy en el puesto. Y eso era motivo de celebración. Pero las encuestas que mes tras mes llegan a los despachos de Génova y Ferraz no son motivo para la celebración en esta última.

Por ello, sigue sorprendiendo la tesis socialista. Aunque lo que más sorprende es que Blanco lo cuente ante los medios sin ningún tipo de rubor. No sé que diría Rosa Díez de este ataque de sinceridad… En todo caso, quizás en Ferraz deban hacer más caso a uno de los principios que el publicista Joaquín Lorente recoge en su libro “Piensa, es gratis”.

Para Lorente, “a la competencia siempre hay que odiarla, pero jamás despreciarla”. En el PSOE llevan mucho tiempo despreciando al ex vicepresidente y, aunque muchos aspectos puedan inducirles a hacerlo, el desprecio que muestran es una vulnerabilidad para los socialistas.

Quizás para el electorado más movilizado y convencido, el poco valor atribuido a Rajoy, incluso con sorna o sarcasmo, les reafirme en lo que creen. Pero para el votante que lo tiene menos claro, esa postura de los socialistas puede incluso ser mala para su imagen. A nadie le gusta percibir la falsa modestia, la soberbia. Los que miran por encima del hombro no gustan. Y en esto, muchas opiniones socialistas van en esa dirección.

Sólo el tiempo y las urnas pondrán a todos en su lugar, pero hay una realidad sobre la mesa: aunque Rajoy no guste, hoy ganaría unas elecciones. Aunque en Ferraz se alegren de que siga al mando, si todo sigue a este ritmo, podría ser el próximo presidente. Como diría Laporta, ¡al loro!

1 Feb

El Casio de Bin Laden

Solemos afirmar que el tiempo en política es el complemento inevitable de la estrategia. Que la unión de estos dos nos traza el camino. Que son el fundamento de una campaña electoral, de la gestión de la comunicación en el gobierno y la hoja de ruta de quien está en la oposición. Como diría Jarabe de Palo, curioso elemento el tiempo.

Pero no sólo de tiempo teórico, del de la planificación, vive el político. Si a veces por la boca muere el pez, el político también puede morir por el peso de las horas, los días y los meses. Un error de planificación –o su ausencia- puede tocar gravemente una propuesta. Para una muestra, el escepticismo que ha levantado la propuesta de los Juegos Olímpicos de Invierno Barcelona-Pirineus 2022, envuelta en un halo de precipitación. O la sensación que el gobierno Zapatero ha tardado 6 años en darse cuenta que gobernar también es atajar las cuestiones más espinosas, desde la subida de impuestos al anuncio del inicio de las discusiones para retrasar la edad de jubilación hasta los 67 años. Más tiempo. Tic, tac.

A veces, el tiempo político es algo más mundano. George H.W. Bush lo sabe muy bien. No sólo porque un joven Bill Clinton le desalojó del poder antes de lo que él tenía previsto, sino porque un gesto suyo durante la campaña delató un comportamiento que no gustó nada a los ciudadanos. Fue durante un debate electoral, un cara a cara con Clinton y Perot donde respondían a las preguntas de ciudadanos. Mientras una ciudadana preguntaba sobre la recesión, las cámaras le enfocaron consultando sin contemplaciones las agujas de su reloj. Ese gesto delator, que todos hacemos cuando tenemos prisa por hacer otra cosa, generó en muchos ciudadanos la sensación que no eran importantes para el presidente. Tenía mejores cosas que hacer que responder sus preguntas.

Si en ese momento su reloj hizo correr ríos de tinta, hoy es el turno de un popular modelo que puede esconder una auténtica revelación para muchos. Muchos se han cuestionado por qué Osama Bin Laden suele aparecer con un reloj Casio en su muñeca. El terrorista, miembro de una rica familia, usa un modelo barato, un clásico de los relojes digitales, que no denota ningún tipo de lujo… pero tampoco de una excesiva precisión. El modelo de Casio –una curiosa empresa japonesa que es el resultado de una historia de visión- ha sido el primer reloj de varias generaciones y muy popular por su bajo coste y resistencia.

Bin Laden usaría este reloj para no dar pistas de su paradero. Según algunas fuentes, el terrorista saudí usa el popular modelo porque es posible encontrarlo en casi cualquier lugar del mundo, ya sea original o falsificado. Llevar un Rolex, un Omega o un Tag Heuer, podría dar pistas, indicios… migas de pan para dar con su paradero.

Obama desearía que el hombre más buscado del planeta hubiese preferido hacer ostentación de algo más que su antiamericanismo. El líder del mundo libre ve pasar los segundos y los minutos desde un reloj que ha sido récord de ventas en su país. Parece que todo en Obama tiene un por qué y también la capacidad de generar auténticas tendencias. El presidente, lejos de usar alguna de las grandes marcas de lujo, usa desde hace años un curioso reloj de 300 dólares. Fabricado por otra empresa japonesa competidora del de Bin Laden, Citizen, Obama luce un Jorg Gray 6500 negro. Este reloj fue un regalo de sus guardaespaldas cuando celebró su 46º cumpleaños.

Desde entonces, Obama ha guardado su Tag Heuer y sólo luce este modelo de tres esferas que lleva el emblema del Servicio Secreto. Y eso ha despertado la curiosidad y el interés del gran público. Y desde entonces, en Jorg Gray no han dejado de venderlos. Aunque en este caso, es más fácil seguir el rastro… Obama se sirve de un reloj popular poco conocido. Osama, de uno popular muy conocido. La cara y la cruz, pero ambos, del país del Sol Naciente.

Esta historia de relojes nos recuerda lo importante que es invertir –que no gastar- algo de tiempo en pensar las repercusiones que tiene llevar una cosa u otra en la muñeca. No es lo mismo lucir un Omega como el que Kennedy vende después de muerto –los suizos apostaros por su imagen en la campaña del Speedmaster con motivo del 40º aniversario de la llegada del hombre a la Luna- que un reloj más asequible. No es lo mismo aparecer en un debate electoral con una gran pieza de relojería, que taparlo con la camisa o no llevar. Y si no que se lo digan a Mariano Rajoy, que en el primer debate con Zapatero lució un aparatoso reloj. Pero ello no quitó que el gallego diera con una de las mejores frases del debate: “Usted no le ha dado cuerda al reloj y el reloj se ha parado”.

Todos intentan ganar tiempo. Unos, como Bin Laden, para seguir perdidos en montañas y desiertos lejanos. Otros, como Obama, para dar caza a esos escondidos. Y otros, como Zapatero, para que la crisis amaine y la factura de 25.000 euros de un Franck Muller que supuestamente recibió Ricardo Costa sea una tabla de salvación para que los fantasmas de Gürtel le den el aire que las encuestas muestran que no tiene. Grande, Pau Donés: curioso elemento el tiempo.

22 Dic

¡Me ha tocado el Gordo!

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Es una sensación extraña. Una mezcla de excitación y un abismo bajo tus pies. Emociones contrariadas. La necesidad de exteriorizarlo, pero también mantenerlo en secreto por el que dirán. Pero no, no hablo de la lotería, sino de todos aquellos que durante el año han tenido que soportar algún premio gordo de difícil solución. Especialmente en el mundo de la política. ¿Echamos un vistazo a los diez premios gordos de este 2009?

  1. Montilla, Saura y los Mossos: al president de la Generalitat le cayó el Gordo el día que los Mossos d’Esquadra cargaron contra los estudiantes que habían ocupado durante semanas el rectorado de la Universitat de Barcelona. El caos vivido en Barcelona, con periodistas y ciudadanos agredidos, genero una enorme crisis política y de comunicación que sólo la división en áreas por partidos pudo remediar.
  2. Ibarretxe: quizás es uno de los grandes premios del año. El lehendakari ganó las elecciones en Euskadi con casi 7 puntos de margen y 5 diputados más que el PSE-PSOE. Sin embargo, no pudo formar mayoría y el PNV se vio en la oposición. Sin premio de consolación.
  3. Rajoy y su Gürtel: más que el Gordo, ha sido como ir ganando la primitivia y la quiniela, más alguna euromillones, a lo largo del año. El goteo incansable de noticias relacionadas con la trama Gürtel, con sórdidas revelaciones como la oferta a Camps para ser fotografiado con Obama, fue (y es) un auténtico reto para Rajoy y su liderazgo. La cosa incluso se tornó más rara cuando a Cospedal le dio por denunciar el complot del Estado y del Gobierno contra el PP, con espías y todo…
  4. Aminatu Haidar: la lucha de la activista saharaui no ha sido el único premio gordo para el ministro Moratinos este año, pero las consecuencias de la crisis internacional abierta con Marruecos y la incapacidad de España de resolverla por sí misma merecen estar en esta clasificación.
  5. Un caso llamado Trias Fargas: cuando se descubrió el pastel que Félix Millet había robado del Palau de la Música Catalana, ya de por sí los premios gordos de años y años de lotería; se conocieron los detalles de la financiación de la fundación del Palau a la fundación de Convergència Democràtica. La aparición del caso Pretorio acalló las voces que cayeron sobre CDC: ¿es lícito que una fundación financiada con dinero público financie a su vez a una organización política?
  6. Alakrana: el secuestro del pesquero fue un premio redondo para el Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero. Tan grande fue, que no sabían si repartirlo entre ministerios o centralizar la gestión en el presidente. Tras semanas de cautiverio y el pago de un rescate, los pescadores volvieron a casa y el pequero volvió a faenar.
  7. Un blog de 300.000 euros: cuando el coste del blog de Jordi Hereu llegó a la prensa, el Gordo cayó en el departamento de comunicación del Ajuntament de Barcelona. ¿Cómo explicar el gasto estratosférico en un año de crisis?
  8. Bono y la Ley del Aborto: la tramitación de la Ley del Aborto (en realidad, tiene un título más largo e inclusivo) fue un premio para aquellos diputados y diputadas socialistas más creyentes que tuvieron que ver como los obispos les amenazaban con excomulgarlos si votaban a favor. Una de esas presiones políticas que es casi tan fuerte como la de los bancos que llaman a tu puerta el 23 de diciembre…
  9. Un fantasma llamado abstención: el premio gordo que ganó el Parlamento Europeo y las instituciones europeas es de los más grandes; ya que las elecciones del pasado 7 de junio se cerraron con un manto de abstención tan grande que muchos aún no saben qué más se puede hacer. Para ello están Ashton y Van Rompuy, ¿no?
  10. La omnipresente Rosa Díez: sin duda, uno de los premios gordos más estrafalarios para un departamento de comunicación. ¿Cómo explicar que la cabeza visible de tu partido puede estar actualizando su Twitter y respondiendo una entrevista en televisión al mismo tiempo?

Seguiremos atentos a los premios gordos del 2010… y también a ver si tenemos más suerte en el sorteo del año próximo. Aunque jugando 10 euros, tampoco se puede llegar muy lejos, ¿no?