26 Feb

Las 10 mejores cosas de ser presidente de los Estados Unidos

  1. Tener un cine en casa
  2. Tener avión propio

  3. Y un helicóptero para los viajes cortos
  4. Te invitan a lanzar la pelota en los partidos de baseball
  5. Perdonar pavos para Acción de Gracias
  6. Ser el jefe de todo esto. Del Ejército también
  7. Que tu “sala de juegos” sea la Situation Room
  8. Trabajar en el despacho más famoso del mundo
  9. Firmar las leyes con una pluma distinta para cada letra de tu nombre
  10. Formar parte de un selecto grupo: presidentes de Estados Unidos
  11. Fotos del Flickr de la Casa Blanca

22 Feb

La peineta de Aznar

Aznar no ha sorprendido a nadie. El gesto que dedicó a los estudiantes en Oviedo es algo que cabía esperar del ex presidente. Es la consecuencia lógica de la escalation que lleva experimentando durante los últimos seis años. Su imagen pública se nutre de ello: un personaje sin complejos que no se corta ni un pelo.

Lo de Aznar no es sólo la peineta. Son los ataques al país desde su posición. No lo olvidemos, un ex presidente sigue teniendo un papel clave en política. Sigue desplegando su influencia y sigue teniendo relevancia. Por ello, la agenda propia que ha intentado marcar es el propio origen del gesto.

El dedo de Aznar viene a reafirmar posiciones. Los que siempre le han defendido –incluso cuando el delirio de una guerra ilegal, el resultado de la famosa foto de las Azores- ven en esa reacción la natural de quién está cansado de los gritos de siempre. La defensa y empatía de los que creen que nadie puede ser objeto del insulto de otros. Pero en vez de defender su posición superior por no recurrir al insulto, aceptan que el ex presidente se ponga a la misma altura que los que tanto denuestan.

Para los contrarios al ex presidente, ésta es la expresión máxima de su desbocada presencia pública. La última consecuencia de un síndrome de La Moncloa demasiado agudo. Pero sobretodo, la falta de respecto de quien debe servir a su país incluso tras abandonar el cargo. Es parte esencial de su historia reciente y por ello, tiene una responsabilidad con el país.

Seguramente, la posición de partida marque mucho el análisis que unos y otros hagan de la peineta, por lo que, en el fondo, el gesto del ex presidente tampoco tendrá más consecuencias de las que ya ha tenido. Con la que está cayendo, no serán muchos los españoles los que se cuestionarán su apoyo al PP por el gesto de su antiguo líder. Los que ya iban a votar por ellos lo seguirán haciendo. Y los que no, no harán lo propio.

Cualquier persona tiene derecho a que nadie lesione su honor. También Aznar, evidentemente. Los insultos no pueden ser gratuitos, y en política lo son demasiado a menudo. Pero también en los campos de fútbol o a manos de un volante. Por ello, lo inconcebible es responder con la misma moneda. Ese fue el auténtico patinazo de Aznar que a los que están en el medio de la trifulca política, ha fallado.

Viene en el cargo. Por suerte o por desgracia, pero viene en el cargo. Por ello, ponerse a la altura de los que profieren los insultos no es la mejor salida. No ya por qué no se consigue nada con ello –bueno sí, una explosión personal de placer, de dopamina, por desahogarse-, sino por el daño que puede generar en los menos afectos a la figura del que dedica peinetas. Aunque sea el Jefe del Estado.

18 Dic

Homer Simpson será presidente de Estados Unidos

president-simpsonEn Estados Unidos la política se lleva en el ADN. Gusta, se vive desde la infancia. Si a ello le sumamos ese gusto por el espectáculo, llegamos al propio espectáculo de la democracia, el showbusiness de la política. Las campañas a lo grande, los grandes anuncios electorales, el dominio de la imagen, una política para todos los sentidos. Y casi, para todos los públicos.

Quizás por ello, el mundo del entretenimiento no es ajeno a la política. Desde una gran cantidad de títulos cinematográficos dedicados a los inquilinos de la Casa Blanca a la mítica serie ambientada en la zona de trabajo, el Ala Oeste de la Casa Blanca. Presidentes más o menos convincentes ante las cámaras, pero también de amarillo y en animación.

La familia más famosa de América, The Simpsons, cumple 20 años. Y como buena familia americana, también lleva la política en su ADN, aunque Homer sea el típico ciudadano alejado de ella. Esta serie de éxito, que cuenta con un humor inteligente y unos guiones muy trabajados, llega en buena forma a su aniversario y echando la vista atrás podemos darnos cuenta hasta que punto la política ha sido una parte central del show.

Tras miles de episodios, 12 presidentes han “actuado” para los Simpson. Desde el padre fundador, George Washington, a George W. Bush. Pero además, escenas, frases y discursos célebres de la política norteamericana se han colado casi sin avisar en muchas escenas de la familia amarilla: el bebé Maggie imitó a la niña del famoso spot de L.B. Johnson, Daisy. Y Bart jugó con el spot “Rats” de George W. Bush. O Homer proncundiado la palabra “nuclear” como Eisenhower.

Estas son las 10 mejores escenas presidenciales en The Simpsons:

George Washington
En el marco del bicentenario de la ciudad de Springfield (con fuertes connotaciones al propio aniversario de la nación celebrado años antes), Lisa descubre el terrible secreto de su fundador. En la recreación del mismo, el primer presidente americano forcejea con el hombre que da nombre a la ciudad. Y descubrimos porque a su retrato oficial le falta un pedazo.

George H.W. Bush
El primer presidente Bush se muda a Springfield tras dejar la presidencia. La razón es simple, es la ciudad de América con menos interés por la política. La pareja presidencial se instala delante de la casa de los Simpson e inicia una tensa relación vecinal con Homer. Con guiños a “Daniel el Travieso”, Bart juega también un gran papel.

John Fritzgerald Kennedy
El abuelo Simpson descubre durante la Segunda Guerra Mundial que JFK es, en realidad, un nazi. ¿Por qué? En un bote de guerra recita las famosas palabras “ich bin ein berliner” y Abe Simpson ordena la carga contra él.

Richard Nixon
Durante un capítulo de Halloween, Homer vende su alma al diablo por una rosquilla. La familia exige un juicio justo, formado por un terrorífico jurado de asesinos y seres diabólicos. Incluido Richard Nixon.

Thomas Jefferson
Airado por ser un segundo plato en los memorials de Washington, el presidente Jefferson se niega a dar consejo a Lisa cuando sufre una falta de fe en la democracia al descubrir un caso de soborno a un congresista.

Abraham Lincoln
Aunque aparece alguna escena, la más famosa es un gran homenaje. Cuando Lisa llega a presidenta de los Estados Unidos en un salto al futuro, Homer y Marge se instalan en la Casa Blanca. Homer se pasará todo el capítulo buscando el oro de Lincoln que acabará siendo un verso.

Jimmy Carter
Los Simpson ayudan al expresidente en su fundación construyendo casas para los más desfavorecidos.

Gerald Ford
En el mismo capítulo de la tensión vecinal con Bush, Ford acaba instalándose en la misma casa y congenia rápidamente con Homer: futbol y cervezas son la clave.

Ronald Reagan
El actor tuvo su momento en los Simpsons al ser invitado a la fiesta de cumpleaños del pérfido republicano local: el señor Burns.

Bill Clinton
Quizás uno de los presidentes que más veces ha visitado a los Simpson. Homer contestó la llamada que hizo a los vencedores de la Superbowl, intentó seducir a Marge en varias ocasiones y visitó a la pequeña Lisa.

Y queda reseñar la aparición de dos presidentes más (Franklin D. Roosevelt y Andrew Jackson) y la mención expresa a Obama: Homer intentó votar por él pero lo hizo por McCain.

Así que quizás por ello, los productores de los Simpsons no dejan de hacer gestiones para conseguir que Obama sea el primer presidente que presta su voz para un capítulo. A ver si lo consiguen. Y que lo podamos ver durante muchos años más con esta excéntrica familia. Y si no es posible, quién sabe, quizás Homer llegue a Presidente…

2 Dic

Presidente por su cara bonita

Aunque en nuestra familia aún nos extrañamos, mi hermana es tremendamente presumida y puede tardar horas en peinarse, maquillarse, vestirse… Digo que nos extrañamos porque durante toda su infancia fue una defensora a ultranza del cabello bien corto, la ropa deportiva y el fútbol. Hoy, los tacones y los vestidos copan su armario. Quizás no haya leído ningún estudio, pero conoce a la perfección la importancia de causar una buena primera impresión.

Mi hermana trata diariamente con muchas personas. Sabe que su sonrisa o el modo de mirar a un nuevo cliente son tan claves como el producto que tiene entre manos. Aunque no haya leído nada que lo corrobore, lo sabe. Y no va desencaminada: la escuela de Palo Alto cifró en su mítico 80% la contribución de aspectos no verbales en la formación de un mensaje. Y en ese 80%, la cara tiene mucho que ver.

La cara es el espejo del alma. Sólo con ver la expresión de alguien podemos intuir que algo le pasa (indisposición o algún estado emocional como la ira, la rabia o la sorpresa). La información que nos aporta es valiosa y tiene un papel más relevante del que creemos en la toma de decisiones.

¿Influye el rostro de los candidatos a nivel político? ¿Podemos llegar a predecir la victoria de un candidato por su cara? Varias teorías apuntan a ello. Según Mark van Vugt, los electores tienden a buscar en el rostro de una persona mayor su candidato en las elecciones en periodos de estabilidad. En cambio, los candidatos con un rostro joven, sus rasgos y sus características faciales, tienden a aglutinar más apoyos en épocas de cambio. Quizás esa sea una de las explicaciones para el resultado de las elecciones presidenciales norteamericanas de 2008. Pero también sería la base para explicar el ascenso meteórico del entonces líder de la oposición en España, Rodríguez Zapatero. O de Cameron en el Reino Unido hoy.

Lo que apunta Van Vugt tiene mucho que ver con las atribuciones del propio liderazgo que muestran las características personales (y por tanto, las faciales) de los candidatos. En la misma línea va un interesante estudio de la Universidad de Princeton. Según éste, existe una fuerte correlación entre estos elementos y los resultados electorales. Los investigadores de esta prestigiosa universidad llevaron a cabo un estudio con los ganadores y perdedores a las elecciones a la Cámara de Representantes y Senado de los Estados Unidos durante las elecciones de 2000, 2002 y 2004. Se mostraron sólo fotografías, por pareja de ganador y perdedor, de circunscripciones desconocidas para los sujetos del estudio. Se les pedía que puntuaran a cada candidato según la competencia, credibilidad, honestidad, etc. que les profería cada imagen. Sólo visualizando una foto –no conocían el nombre, partido o resultado de cada uno de ellos- los resultados mostraron que podían predecir en un 70% de los casos los resultados reales de las diferentes contiendas. La cara es, sin duda, el gran aparador de los signos visuales.

No es sólo una cuestión de belleza –algo realmente subjetivo-, sino de lo que transmite el rostro de un político. De los atributos que es capaz de generar. O lo que es lo mismo, no vale con hacer un casting para buscar al político más guapo. Pero tengamos en cuenta que, a nivel general, no sólo valen los argumentos en un cara a cara. Nunca mejor dicho.

Enlaces interesantes

The New Yorker publica un interesante artículo interactivo sobre las fotos que hizo Platon en la última Asamblea General de Naciones Unidas. Estas fotos del poder, además de alucinantes, se acompañan de comentarios del fotógrafo. Los rostros del poder en un clic.

20 Nov

Consejos para pasar desapercibido: una Europa a parches

Estaban ahí por haber sido elegidos. Estaba escrito que debían ser ellos los que decidieran quién tomaría el mando, quien sería la cabeza visible. Resguardados de todos, en una sala cerrada para preservar el trascendente momento, finalmente se llegó a un acuerdo. Todos, provenientes de los países más variopintos, hablando varias lenguas pero compartiendo una visión de la vida, eligieron al que debía ser un nuevo líder. Sólo faltaba anunciarlo, que todo el mundo lo supiera.

Podría estar hablando de un conclave papal. Pero no, me refiero a la elección del nuevo presidente de la UE. Por si no lo saben. Más que nada, porque parece que en el momento de la historia en que tenemos más acceso a información, algunos ámbitos siguen estando alejados de la gente. ¿No es una auténtica paradoja?

Ayer, el Consejo de la Unión Europea decidió el nombre de las dos figuras que deben tomar un mayor protagonismo en esta Europa a parches que ha creado el Tratado de Lisboa. Herman Van Rompuy es el nuevo presidente electo de la Unión Europea. Elegido por los Estados miembros, ostentará un papel que irá creciendo y que pretende dar a Europa una mayor estabilidad institucional para mejorar su papel en el mundo. Catherine Ashton, hasta ahora Comisaria de Comercio, pasa a ser la superministra de Asuntos Exteriores. También elegida por los Estados y será la vicepresidenta de otra institución no elegida por los ciudadanos, la Comisión Europea.

Pero, ¿no es una paradoja que en este gran espacio de democracia y libertad que es Europa, el mayor cargo lo ostente alguien a quién no hemos votado? ¿No es una paradoja que el sistema de elección sea más parecido al del Papa que al de Obama?

Lo peor es que los Estados han elegido a una Europa de bajo perfil. En un momento trascendente, optan por el gris. De la lista han caído nombres como Blair o González –aunque debo reconocer que la idea de tener a Blair como presidente no me resultaba muy cómoda-, a favor de dos personas que deben demostrar ahora qué es lo que pueden aportar al proceso europeo.

Sin duda, esto no ayuda a acercar a Europa a los ciudadanos. No ayuda que el presidente sea un total desconocido, que no ha sido elegido y del que todos nos avisan ya que es un gran gestor pero sin empatía. Tampoco nos sirve que a Ashton la llamen superministra: un gran eufemismo para referirse a quién está con los otros ministros, no por encime de.

Europa tiene un gran problema para acercarse a los ciudadanos. Lo ha tenido siempre y lo sigue teniendo ahora. Quizás la presidencia nos dé estabilidad en el mundo, pero dudo que los estonios, los lituanos, los españoles, los alemanes o los mismos belgas puedan ver en Van Rompuy una figura que encarne lo que es Europa.

En el fondo, tenemos un problema de simbolismo. Ya sé que las comparaciones con Estados Unidos son, además de odiosas, fuera de lugar porque no son comparables. Pero parece que muchos aspiran a ello. Independientemente del modelo, envidio profundamente el simbolismo de los norteamericanos. No surge el mismo efecto en el visitante estar en Bruselas que en Washington. Aunque los valores sean muy parecidos, los iconos americanos son muy fuertes. De hecho, una Unión en que el 9 de mayo no es festivo, ¿cómo puede aspirar a que todos sintamos a Van Rompuy como nuestro presidente?

Ni Van Rompuy es Obama ni Ashton, Clinton. Ni Europa, Estados Unidos. Pero si queremos aspirar a tener un papel más relevante en el mundo, a liderar la conquista de derechos humanos, la lucha contra el cambio climático o poner nuestro granito para la estabilidad económica mundial, necesitamos perfiles más parecidos a ellos que los que nos han elegido. Justo lo contrario de lo que es esta guía de consejos para pasar desapercibido que es el Tratado de Lisboa.

Podemos satisfacernos con ver que, al fin, Europa tiene un presidente. Sí, para mi es ya mi presidente, aunque crea que debería ser mi derecho poder votarle. Aunque crea que una Europa democrática no puede contradecir su mensaje con cargos elegidos al estilo Vaticano. Será el presidente de nuestra Unión Europea. Pero me gustaría ver en un futuro no muy lejano una auténtica campaña electoral, con ideas, con propuestas, con posturas sobre Europa. Con varios candidatos a presidir nuestra Unión.

Hace 76 años, las mujeres votaban por primera vez en España. Entonces, una utopía. Hoy, desear poder elegir a los altos cargos de la UE también lo es… ¿Cuánto deberemos esperar?

5 Ago

Obama regala gestos por su cumpleaños

El cumpleaños de Obama nos dio una imagen que quiero compartir con vosotros. Me ha parecido todo un gesto del presidente (gesto, que nos evoca a la comunicación no verbal) con una pionera del periodismo como Helen Thomas.

El azar quiso que el presidente Obama y la periodista más veterana de la Casa Blanca nacieran el mismo día. Evidentemente, no del mismo año, Helen Thomas cumplió ayer 89 años y Obama se quedó en los 48. El presidente entró por sorpresa en la sala de prensa (no es la primera vez que lo hace) con pastel en mano y vela encendida y rindió homenaje a uno de los mitos del periodismo americano.

Las imágenes destilan ternura y nos dan un gesto curioso: el día del cumpleaños del presidente más mediático de los últimos tiempos, éste decide ceder el protagonismo a una anciana periodista. Como el nieto que toda abuela quisiera tener y que refuerza aún más todos los inputs emocionales que nos dio su historia personal con la abuela que murió días antes de su victoria.

Pero el gesto de ayer es más trascendente de lo que parece. Fue el reconocimiento casi trivial, aparentemente improvisado (aunque de improvisación, poca) de la Casa Blanca a una de las personas que más han trabajado en ella.

Esta periodista fue la primera mujer en ser corresponsal en la Casa Blanca y también fue la primera en ingresar en numerosas asociaciones, la única mujer periodista que viajó con Nixon en el histórico encuentro en China, etc.

Thomas es un referente para el periodismo y la política norteamericanos. Ha visto pasar a 10 presidentes por la Casa Blanca y ha sido un referente para tantos profesionales. Además, ha llegado a las pantallas de medio mundo porque siempre aparecía en la primera fila de la sala de prensa más famosa del mundo.

Bueno, no siempre. En la presidencia de George W. Bush, descrito por ella como “el peor presidente de la historia de Estados Unidos”, fue relegada a la última fila y, al dejar de trabajar para una agencia, perdió el “derecho” de preguntar siempre en primer lugar. Siempre terminaba las ruedas de prensa con su famoso “gracias, señor presidente”, hasta que dejó de hacerlo con Bush.

Thomas vuelve a estar en la primera fila y ayer fue la protagonista de la photo-op del día. No hubieron ni Marilyn (quizás hoy sería Scarlett Johanson volviendo a cantar para Obama) con “Happy Birthday Mr. President” ni pasteles gigantes para el presidente, aunque Domino’s, sí, la pizzeria de los mocos, regaló pasteles gratis por la onomástica presidencial. Hubo una sencilla tarta en un plato, un sentido abrazo y una franca sonrisa.

3 Ago

¡Quiero tener los abdominales de Aznar!

Si nos preguntaran a cualquiera de nosotros “¿Cree usted que política y deporte deben estar separados?”, todos responderíamos al unísono: sí, por favor. No tendríamos ninguna duda en su necesaria separación, como creemos en la separación de poderes o en que entre Iglesia y Estado debe correr el aire. Pero en todos estos casos, el espacio que los separa es un estrecho campo lleno de minas…

Pero hoy no voy a reflexionar sobre ello, entraríamos en un terreno pantanoso de selecciones nacionales vs. selecciones autonómicas, abucheos al himno, presidentes de clubes de fútbol que tienen en mente dar el salto a la política o, como no, las luces y sombras de los maletines repletos de millones que se intercambian para favorecer una recalificación de terrenos, blanquear unos capitales, etc.

Todos conocemos las virtudes del deporte, hacer ejercicio es sano tanto para nuestro cuerpo como para nuestra mente. Quizás por ello, la mayoría de mandatarios hacen deporte de forma regular. Seguramente, para soportar mejor el nivel de estrés al que están sometidos, pero sobretodo porque el mensaje que envían es el de ser personas que se cuidan.

Transmitir esa imagen es esencial: si yo me cuido, puedo cuidar bien del país. Los gabinetes de comunicación no tienen reparos en ofrecernos alguna imagen de los diferentes líderes haciendo algo de ejercicio, rodeados de guardaespaldas a su ritmo.

Aznar, con sus 2.000 abdominales diarias (a un ritmo de una cada dos segundos, ahí queda eso), es conocido como “el macho”. El ex presidente ya puso de moda otros deportes, el pádel le debe casi todo a él en su implantación en nuestro país. De él también guardamos otras imágenes para el recuerdo (y no hablo de sus baños en Oropesa), como las carreras con adolescentes en Moncloa. Ahora nos deleita con esta imagen que poco tiene que ver con aquella de un castellano en aguas mediterráneas y que se acerca peligrosamente a Terminator.

Otros líderes han sido más discretos. Obama practica deporte regularmente, con una tabla de ejercicios a su medida desde las primarias. Su foto de torso desnudo dio la vuelta al mundo y pudieron comprobarse los avances de su rutina. Quién también tiene una rutina es Sarkozy, que según dice, favorece la actividad sexual. El presidente francés sufrió un síncope tras practicar deporte hace unos días. De Sarkozy también nos quedaron unas fotos para el recuerdo en que sus michelines y el photoshop fueron el centro de la polémica.

Volviendo a España, Zapatero suele practicar jogging, además de ser un aficionado al baloncesto e hincha del Barça. Varios ministros y ministras también tienen en el deporte su válvula de escape, quizás a Salgado la inspiración para la negociación de la financiación le llegó en una de sus clases semanales de yoga… En Moncloa tuvieron la oportunidad de conseguir esta foto del presidente, si no recuerdo mal, en la costa onubense y de hacerla aparecer en un dominical. Pese a ello, los neocons de este país siguen teniendo mejores abdominales que los socialdemócratas.

Decía Esperanza Aguirre que “El deporte favorece algo importante para los políticos como es aprender a ganar y a perder”. Quizás por ello los símiles entre política y deporte están a la orden del día, en primer lugar porque se complementan bastante y en segundo lugar porque es una vía fácil para que la mayoría de los ciudadanos nos entiendan.

Pero cuidado; si tu alcalde, presidente o candidato no es muy dado al mundo del deporte, tampoco hay que forzar una photo-op que se nos pueda volver en contra: no hay nada peor que verlo completamente ahogado o embutido en un chándal en el que no se siente cómodo. Como tampoco podemos abusar de las metáforas deportivas si se ha pasado la vida entre libros y esa es precisamente su fortaleza. O ni una cosa ni la otra.

En todo caso, hacer deporte es bueno, y comunicarlo también. Podríamos dejarlo en la intimidad, pero tener una imagen corriendo vale su peso en oro. Quizás no sea necesario llegar a los abdominales de Aznar pero, puestos a pedir, ¿quién no quisiera tener sus abdominales?

8 Jul

Anchoas en una biblioteca presidencial

Las declaraciones de Rita Barberá han dado lugar a todo tipo de comentarios y han alimentado decenas de tertulias: ¿está aceptando que Camps recibió regalos al equipararlo con las anchoas que recibió Zapatero de manos del presidente de Cantabria? ¿O la comparación no llega a tanto?

En todo caso, la comparación es muy desafortunada, independientemente de lo que quisiera decir. En el debate ya se ha introducido el primer análisis: la aceptación tácita de una ilegalidad y la defensa del presidente de la Generalitat con un débil argumento. En todo caso, las anchoas cántabras, en tanto que regalo institucional, me dan pie a introducir una costumbre americana.

Al finalizar el mandato de un presidente, la Oficina de Bibliotecas Presidenciales (Office of Presidential Libraries), órgano de los Archivos Nacionales, recopila y sistematiza la documentación y los regalos que un presidente ha recibido para ser archivados y expuestos en las llamadas Presidential Libraries.

No son bibliotecas strictu senso, pero si un espacio donde toda la documentación asociada a un presidente es conservada y puede ser consultada. En la actualidad existen 13 bibliotecas (generalmente en los estados natales de los presidentes) repartidas por todo el país y George W. Bush tendrá la suya construida hacia 2013, con un presupuesto de 200 millones de dólares, en el campus de la Universidad Metodista de Dallas. En ella, por cierto, se contendrá también la pistola de Sadam Hussein, uno de los 40.000 regalos recibidos durante su mandato.

Unas anchoas cántabras no pueden compararse a la pistola de Hussein, como tampoco a unos trajes recibidos por un particular con intereses en la actividad del gobierno de la Generalitat Valenciana. Por mucho que Barberá pretenda hacer pasar ese regalo por institucional.

No sé qué ocurre cuando un cargo público recibe un regalo institucional –más allá de unas perecederas anchoas que bien merecerán ser catadas con un poco de pa amb tomàquet- pero lo que seguro que no conllevan son contrapartidas. Aunque tampoco merezcan un archivo al estilo americano.

No sé hasta qué punto convendría adoptar un sistema como el americano para un problema –el de los regalos institucionales- que nunca hemos tenido. Lo que sí es conveniente es conservar la memoria y la actividad de los presidentes, más tras el fallecimiento de Calvo Sotelo o la enfermedad de Suárez. En Catalunya nuestros expresidentes cuentan con sendos centros de estudios, que mantienen la actividad institucional de estos servidores públicos. Aunque, claro está, nosotros no tendríamos nunca un Air Force One dentro de uno de estos centros.

1 Jul

Obama se lo pone difícil a Hollywood

“El Águila se mueve”. Seguramente estamos más familiarizados con el nombre en clave que el presidente de los Estados Unidos tiene en el cine y la televisión que con algunos protocolos de nuestros políticos. De hecho, el mundo audiovisual ha jugado un papel esencial en el conocimiento general de la figura del presidente y ha generado, sin duda, el deseo de muchos de llegar a ser presidente. Pero este patrón, esta imagen está cambiando: la Casa Blanca de Hollywood está de reformas.

Obama ha llegado a la Casa Blanca, y con él el mundo del cine deberá buscar una nueva manera de reflejar la presidencia: los típicos encuadres cinematográficos del presidente sexagenario, WASP de pelo canoso y pose altiva chirría con la realidad que hoy se vive en el 1600 de la avenida Pensilvania.

Ser presidente de Estados Unidos tiene mucho que ver con el cine y la televisión. Estos medios se han encargado durante muchos años de abrir las puertas de la Casa Blanca a los ciudadanos que, a su vez, se han generado una imagen muy determinada de lo que es o debe ser un comandante en jefe.

Hagan memoria de algunas películas que seguramente hayan visto, desde “Air Force One”, donde Harrison Ford salva su propio avión que ha sido secuestrado a “El Presidente y Miss Wade” una romántica historia del viudo mandatario que encarna Michael Douglas. Ambos tienen mucho en común con los papeles que protagonizaron Peter Sellers, Jack Nicholson, Jim Curley o Kelsey Grammer.

Si deciden ver el último film de Kevin Costner, “El último voto”, observaran como el presidente que intenta convencerle para que lo vote guarda muchos parecidos con el que protege el duro Clint Eastwood en la mil veces vista en televisión “En la línea de fuego”. Y si hacen memoria, los ejemplos les afloraran casi sin querer.

Hollywood deberá encontrar la nueva manera de reflejar lo que supone ser presidente en el siglo XXI. En realidad el cambio tiene más que ver con la juventud, las formas y el impulso de este presidente que con su color de piel: Obama está haciendo una labor extraordinaria en rejuvenecer la presidencia, como concepto. Desde el huerto en la mansión presidencial a las escapadas a Nueva York del matrimonio más famoso de América. Desde la diferente historia de un perro de perrera a los horarios y el protocolo en el Ala Oeste.

El reto de encarnar una presidencia del siglo XXI para el espectáculo del siglo XXI está encima de la mesa. Como lo sería si Hillary Clinton hubiese sido nominada candidata demócrata y elegida presidenta. El cine americano también tiene sus propios clichés para las mujeres que ejercen algún cargo en el ejecutivo: desde el bajo perfil de algunas vicepresidentas de la ficción al extraño encaje del personaje de la presidenta Mackenzie Allen de la serie de televisión “Commander in Chief”, que muestra el ascenso sin querer de una vicepresidenta independiente tras la muerte de un presidente republicano. Papeles que muestran a presidentas más dependientes que los presidentes; aunque también se han atrevido a caracterizar el ejercicio femenino de la política con figuras extremadamente violentas, como la vicepresidenta Caroline Reynolds en la famosa serie “Prison Break”.

El impulso de la nueva presidencia hará llegar sus tentáculos también al mundo de la ficción: ya lo hizo la presidencia de Clinton, ejerciendo una gran influencia en la premiada y reconocida serie “El Ala Oeste de la Casa Blanca”. No sólo en su trama, sino también en la proximidad del papel que hizo de Martin Sheen el comandante en jefe más querido de la televisión. Aunque ese camino no es unidireccional, algunos apuntan a la extremada coincidencia entre esta misma serie y la presidencia de Barack Obama.

Sea como sea esa relación, apuesto a que pueden decirme diez películas donde salga un presidente americano, pero no podrán hacerlo lo mismo con nuestro cine o nuestra televisión. Aunque les recomiendo que estén atentos a identificar estos cambios: no tardarán en notarse, porque el águila seguirá moviéndose.

Publicado hoy en La Vanguardia

29 Jun

¿Conocimiento o confianza?

¿Qué es más importante para gobernar, tener una carrera o saber gestionar equipos? ¿Ser licenciado o generar confianza? ¿La empatía se forja con un máster? En muchas ocasiones, aflora la formación académica de nuestros políticos en artículos o tertulias. A veces, puede ser un tema de la campaña. En otras ocasiones aparecerá durante la legislatura.

Lo importante es conocer de qué modo podemos dar respuesta al planteamiento del debate. Es una labor que debe hacerse al plantear la campaña electoral y debe tener encaje en nuestra estrategia de comunicación: si generamos una mala percepción, la imagen del candidato puede verse afectada.

Esto es especialmente importante si el candidato no juega en igualdad de condiciones con su oponente. Por ejemplo, el president de la Generalitat, José Montilla, tiene estudios en Economía y Derecho por la UB, pero no finalizó ninguna de ellas. Montilla es el único presidente, de la restaurada Generalitat que no está licenciado. Pujol, es licenciado en Medicina y doctor, y Maragall, licenciado en Economía Internacional y Urbana y doctor por la UAB.

¿Cuál fue la respuesta socialista? Presentar a Montilla como un gran gestor avalado por sus años de servicio; el famoso “Fets, no paraules” (Hechos, no palabras). Presentar su gestión pese a no estar licenciado, como si lo estaban sus adversarios políticos.

El planteamiento del PSC responde a lo que algunos estudios muestran: la confianza puede ser más decisiva que el conocimiento. La confianza en la persona puede ser más decisiva que su trayectoria académica. El estudio de Don Moore de la Carnegie Mellon University en Pittsburg (USA), pese a no centrarlo en la arena política, nos da una pista sobre la conducta humana de fiarse más por la confianza que nos pueda dar una persona a sus conocimientos teóricos.

Quizás por ello, Bush llegó a presidente de los Estados Unidos. Bush supo tejer un auténtico personaje a su alrededor. El tejano no era tan tonto como su campaña hizo creer al mundo: estudió en Yale y en Harvard. Pero Karl Rove entendió que la baza del joven Bush era la proximidad, la simpatía y el igualarse al ciudadano medio norteamericano que no puede estudiar en universidades tan prestigiosas.

No es de extrañar, pues, que su imagen pivotara sobre intangibles como la confianza y la cercanía. Que hiciera más gala del humor y de la desinhibición que de la persona instruida que un estudiante en estas universidades debería ser. En esa línea encontramos este fragmento de un discurso que Bush hizo en el acto de graduación de Yale en mayo de 2001:

Most important, congratulations to the class of 2001. To those of you who received honors, awards, and distinctions, I say, well done. And to the C students I say, you, too, can be President of the United States. [Laughter] A Yale degree is worth a lot, as I often remind Dick Cheney—[laughter] —who studied here but left a little early. So now we know: If you graduate from Yale, you become President; if you drop out, you get to be Vice President. [Laughter]

Este fragmento, que reseña Drew Westen en “The Political Brain”, nunca hubiera sido leído por el ficticio presidente Bartlet, premio Nobel de economía y dado a las disertaciones más profundas.

Para algunos políticos, su carisma puede ser el principal activo y puede ser suficiente, pero la realidad es que la mayoría de líderes tienen una formación académica más o menos completa. Todos los presidentes de la España posterior al franquismo son licenciados. Leopoldo Calvo Sotelo fue el presidente más formado, con un doctorado por la Universidad Politécnica de Madrid. También fue el presidente más políglota, con el dominio de 6 idiomas. El resto de presidentes son licenciados en Derecho por varias Universidades del país.

No es necesario un título para ser presidente: es contrario al espíritu de la democracia y así se contiene en nuestro ordenamiento jurídico. Por ello, lo más importante es tener al frente personas capaces de establecer prioridades y solucionar los problemas. La formación académica a veces no prepara al líder para los retos que le esperan al desarrollar su actividad, por ello no podemos olvidar la necesidad de generar confianza.