La forma de comunicar de Antonio Basagoiti, el líder del PP vasco, es cuanto menos desconcertante. Es el político de esta formación que más influencia ha tenido en el gobierno vasco desde la restauración de la autonomia y, pese a ello, su credibilidad está en seria duda por su peculiar forma de crear titulares polémicos.
Según el consultor político vasco Yuri Morejón, Basagoiti prepara a concienca todos y cada uno de estos titulares. Parece que sabe lo que persigue. Por ello, Morejón no duda en constatar que el líder vasco consigue parecer “improvisadamente natural” aunque a la vista de los efectos de sus polémicas de declaraciones, el ciudadano de a pie pueda empezar a dudar si esa supuesta naturalidad, esa forma de hablar sin pelos en la lengua, es lo que esperamos ver en un político.
Si lo que esperamos en nuestros líderes es templanza, capacidad crítica, moderación e inteligencia, los vascos y las vascas no podrán encontrar en las excentricidades del conservador esos atributos. No ya por la calidad del lenguaje, con abuso de terminos coloquiales y despectivos, sino por la propia lógica de algunos juicios.
Alguién podría argumentar que ese lenguaje banal del líder del PP es una forma de conectar con los electores. Que esa naturalidad supuesta es un valor positivo para acercarse a las masas alejadas de la política y hastiadas por el críptico lenguaje de muchos representantes. Pero, quizás, lo de Basagoiti se pase de castaño oscuro.
Estas son algunas de las “perlas” de Antonio Basagoiti. Algunas de las declaraciones que en los últimos meses le han puesto en el ojo del huracán. Quizás para reclamar su cuota de protagonismo olvidada. Quizás fruto de la preparación a la que elude Morejón o como resultado de una manera muy distinta de entender la comunicación y el abono de su propia crebilidad:
“Es normal que una televisión pública regional sea del color de quien gobierna” en declaraciones a María Teresa Campos en Telecinco.
“El Faisán es aún más grave que el GAL, porque el GAL en teoría, y solo en teoría, era para acabar con unos terroristas; es grave lo que hizo el GAL, pero decían que lo planteaban para acabar con ETA”. Declaraciones a periodistas en Valladolid.
“Euskadi tendría un problema menos” si los presos de ETA se pusieran en huelga de hambre.“Por mí, como si ponen todos en huelga de hambre, con Otegi el primero, y llegan hasta el final. Ninguna pena me da”.
La exposición “Fragments d’un any – 2009″, organizada por la Unió de Periodistes Valencians en el Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat (MuVIM) ha sido retirada. Según indican desde la Unió, se han sentido censurados por la Diputació de València, gobernada por el Partido Popular. La exposición muestra varias instantáneas políticas del 2009, entre ellas, algunas relacionadas con la trama Gürtel
Pero estas son las fotografías retiradas. Aunque muchas ya las habrás visto, el PP no quiere que las veas:
El ministro de Fomento, José Blanco, no quería hablar de Rajoy. Lo dijo el pasado sábado en Zaragoza: “Vengo con la intención de no hablar de Mariano Rajoy, que dice que hablo demasiado de él, y no lo voy a hacer para no darle ni una excusa para que no participe en el acuerdo”. Pero lo hizo, vaya si lo hizo.
Blanco volvió sobre una tesis bastante extendida entre las filas socialistas: ojalá Rajoy sea el candidato del PP en las próximas elecciones generales. Es más, desean que ni Gürtel, ni Losantos ni Aznar puedan con el líder del PP. Creen que Rajoy es un rival que se puede derrotar, pese a estar sumidos en la mayor crisis económica. De hecho, afirman, no ha ganado nada. Que las debilidades de Rajoy son tan profundas que se puede borrar de un plumazo el debe en números rojos de la gestión socialista.
Pero este argumento no es nuevo. En Ferraz se mostraban contentos el pasado 7 de junio pese haber sido derrotados en las elecciones europeas. Uno de los efectos de la primera victoria popular en años era mantener a Rajoy en el puesto. Y eso era motivo de celebración. Pero las encuestas que mes tras mes llegan a los despachos de Génova y Ferraz no son motivo para la celebración en esta última.
Por ello, sigue sorprendiendo la tesis socialista. Aunque lo que más sorprende es que Blanco lo cuente ante los medios sin ningún tipo de rubor. No sé que diría Rosa Díez de este ataque de sinceridad… En todo caso, quizás en Ferraz deban hacer más caso a uno de los principios que el publicista Joaquín Lorente recoge en su libro “Piensa, es gratis”.
Para Lorente, “a la competencia siempre hay que odiarla, pero jamás despreciarla”. En el PSOE llevan mucho tiempo despreciando al ex vicepresidente y, aunque muchos aspectos puedan inducirles a hacerlo, el desprecio que muestran es una vulnerabilidad para los socialistas.
Quizás para el electorado más movilizado y convencido, el poco valor atribuido a Rajoy, incluso con sorna o sarcasmo, les reafirme en lo que creen. Pero para el votante que lo tiene menos claro, esa postura de los socialistas puede incluso ser mala para su imagen. A nadie le gusta percibir la falsa modestia, la soberbia. Los que miran por encima del hombro no gustan. Y en esto, muchas opiniones socialistas van en esa dirección.
Sólo el tiempo y las urnas pondrán a todos en su lugar, pero hay una realidad sobre la mesa: aunque Rajoy no guste, hoy ganaría unas elecciones. Aunque en Ferraz se alegren de que siga al mando, si todo sigue a este ritmo, podría ser el próximo presidente. Como diría Laporta, ¡al loro!
Una mala tarde la puede tener cualquiera. Podríamos pensar eso de la primera pregunta que la senadora y secretaria general del PP, Maria Dolores de Cospedal, dirigió a la ministra de Defensa. Sí, una mala tarde la puede tener cualquiera. El problema es cuando las malas tardes son la tónica y no la excepción.
Quizás de Cospedal ha tenido un gran problema al no saber medir las expectativas generadas y cumplir con ellas. Apareció en un momento de crisis máxima en el seno del PP –la misma que a día de hoy no les permite despegar y sacar buena tajada de la crisis económica- y su nombramiento fue algo parecido a la nominación de John McCain: el PP se dotaba en un cargo tan importante como la secretaría general de una representante atípica del partido. Un mensaje de cambio y de aproximación al centro. Sin embargo, como McCain, no convenció a los del medio y tiene que buscar refugio en los extremos.
Por ello, las expectativas no se han cumplido y episodios recientes han terminado por minar su credibilidad. Si hace unos meses se inventó una teoria de la conspiración de jueces y policias contra su partido, ahora es el turno a las preguntas vacías de contenido en el Senado.
Ayer, de Cospedal preguntó a Carme Chacón sobre el uso militar por parte de Estados Unidos del aeropuerto de Ciudad Real. Lo había leído en la prensa. La respuesta de la ministra fue clara y dejó en evidencia la falta de preparación de la senadora, que basaba en la prensa su postura. Ante ello, Chacón desgranó argumentos y un afilado ataque que provocó la estupefacción de su compañero de escaño, Pío García Escudero.
De Cospedal necesita urgentemente un asesor. Que le diga que no puede lanzar acusaciones desde la playa. Que le diga que no puede presentarse en su primera pregunta en el Senado tras 22 meses de legislatura con un sólo recorte de prensa. Que le aconseje que la coherencia y la sinceridad son los mejores atributos que debe tener un político. Y que debe comunicar. Quién sabe, quizás ese asesor pueda ayudarla y conseguir que tras unas expectativas tan dañadas, su imagen y su trabajo puedan salir a flote.
Una mala tarde la puede tener cualquiera, pero el espectáculo en el Senado merece una reflexión profunda en el equipo de Cospedal.
El vídeo completo de la intervención, en el blog de Francisco Polo.
En la plaza de la Madeleine de París se encuentra la iglesia homónima que, sin duda, no deja a nadie indiferente. Por sus dimensiones y su clara inspiración griega, pero sobretodo por observar como esa impresionante iglesia fue terminada por los gobiernos republicanos del siglo XIX. De hecho, se terminó la construcción del templo sin tener claro para qué serviría: ¿albergaría la Asamblea Nacional? ¿La Bolsa? Finalmente, fue consagrada como templo católico. Un espacio dónde, por cierto, la coronación de Napoleón está representada en el ábside.
La separación entre iglesia y Estado no ha sido nunca fácil. Ni en la atea Francia. Aunque allí, pese a este tipo de representaciones históricas, parece que existe una separación –al menos oficial- más intensa y marcada que en España. Quizás porque es un país más plural –no sólo hay una iglesia, sino que conviven muchas más religiones desde hace más tiempo- y menos religiosamente oficial, el presidente Sarkozy ha tardado bastante en hablar sobre la polémica de los minaretes en Suiza. Quizás también por esa dependencia histórica, hay debates superados. Como el de los crucifijos en las escuelas o las lecciones de religión.
La Iglesia católica, por su parte, no ha cesado de intervenir en el debate público a raíz de los avances en la conocida como Ley del Aborto (aunque abarca un campo mucho más amplio), llegando a amenazar con excomunión a todo político que peque por apoyar este tipo de leyes que no se dirigen a un sector religioso determinado de la sociedad, sino a su globalidad.
El caso parece bien claro: la fe es un asunto espinoso para Zapatero. En la católica España, enarbolar la bandera del laicismo tiene un coste y sus beneficios no parecen muy claros. Aunque cada vez sean menos los católicos de misa dominical, culturalmente el apego a la iglesia sigue siendo un bastión. Incluso en las filas socialistas.
Carles Castro, uno de los mejores analistas políticos del país, señalaba hace unos meses que los barómetros del CIS marcan una tendencia muy clara que explicaría el quiero y no puedo del Gobierno. O sea, liderar la reforma de los supuestos para permitir el aborto, pero a la vez dar marcha atrás en otros. O lanzar el globo sonda de los crucifijos para luego nadar y guardar la ropa. Y es que a la luz de los números, el Gobierno no sabe a ciencia cierta qué puede generar en su electorado sus decisiones.
Despenalizar el aborto, retirar las cruces de las aulas, evitar menciones a fiestas religiosas católicas en un país religiosamente plural, etc. pueden parecer propuestas en la línea de una visión laica de la vida y la sociedad. Sin embargo, el apoyo a la despenalización del aborto es mayor entre el electorado de CiU –de base más católica y conservadora- que entre el del PSOE. Así, sólo un 28,9% de los votantes socialistas está a favor de una despenalización total del aborto; frente al 32% de los de CiU. De hecho, el 60% del electorado de CiU está a favor de la despenalización con pocos límites ante el 45,5% de los socialistas.
Aunque el tema de los crucifijos en las aulas o las fiestas religiosas no se vea en las encuestas, existen ciertos datos generales sobre los símbolos religiosos. Por ejemplo, los votantes de izquierdas, pese a ser en teoría más proclives a la laicización del Estado, son mas tolerantes con el velo musulmán en las aulas que los votantes de derechas e independentistas catalanes (por encima del 50% en las izquierdas contra un 60% en el PP y ERC y un 70% en el caso de CiU).
Tal y como muestra Castro, las diferencias respecto a este tipo de temas muestra en realidad un interesante debate alrededor de la religiosidad. Pero sobretodo, las contradicciones propias de un país de profunda tradición católica oficial y que vivió 40 años bajo una dictadura nacionalcatólica. El laicismo no triunfa. Por ello, apoderarse de ese espacio es peligroso. Para muchos ciudadanos, incluso de su partido, Zapatero es un radical ateo que pone en peligro las bases religiosas del país. Aunque sólo vayan a misa para las bodas. Quizás por ello, podemos entender esa marcha atrás constante en todo lo que tenga que ver con la fe. Globos sonda que parece que quieran hacer comulgar con ruedas de molino.
“La música despierta en nosotros diversas emociones, pero no las más terribles, sino más bien los sentimientos dulces de ternura y amor.” Charles Darwin
El arte de las musas, la música, nos acompaña a lo largo de la vida. Una melodía puede activar nuestra memoria para recordar un momento feliz, un episodio memorable de nuestra vida. La canción del primer amor, la nana que nos cantaba nuestra madre o la solemnidad del “Gaudeamus Igitur” el día de la graduación. Como rezaba una campaña publicitaria de los 90, es imposible vivir sin música.
Pero sobretodo la música es un enorme generador de emociones. La melodía, la letra, la armonía o el ritmo saben arañar en nuestra fibra sentimientos que guían nuestras acciones. Nos predisponen a estados emocionales que tienen mucha importancia en nuestra conducta. La música amansa las fieras, se suele decir.
La relación entre música y política ha tenido numerosos episodios y tiene varias dimensiones a tener en cuenta. Esa relación incluso está caricaturizada en la famosa frase del cineasta Woody Allen “cuando oigo a Wagner, me entran ganas de invadir Polonia”, cuando se refería a los gustos musicales de Adolf Hitler y del Tercer Reich. Tal y como indica Antoni Gutiérrez-Rubí“La utilización de la música en la política (sobre todo en campaña electoral), ayuda a la conexión emocional con el ciudadano, a la identificación de un partido, de un candidato…de manera muy efectiva.”. Desde los sentimientos que un himno nacional puede generar (junto a la bandera, símbolos que promueven una gran cantidad de sentimientos y con una carga emotiva muy importante), al uso político de la música, hay un gran espacio para estas relaciones.
Desde la comunicación política existen numerosos ejemplos del uso de la música para conseguir convencer y movilizar al electorado. Tal y como indica Ted Brader, la música “ni completa o substituye el mensaje verbal, pero afila su efectividad alterando como se recibe el mensaje” (Brader, T. Campaigning for hearts and minds. How emotional appeals in political ads work. The University of Chicago Press, Chicago 2006.).
Los anuncios electorales han sido uno de los campos en que la música ha desplegado toda su efectividad. Los anuncios que han apelado al miedo, han usado notas discordantes, sintonías que han subido en intensidad buscando la tensión en el receptor y no han dudado en utilizar sirenas, llantos o gritos. En la campaña electoral de las elecciones generales de 1996, el PSOE emitió el que a día de hoy es el spot electoral más famoso de la democracia española: el anuncio del dóberman. En un típico anuncio de contraposición, la España en positivo, colorida y positiva del presidente González se oponía al proyecto conservador del PP. Las imágenes asociadas a este último, además de mostrar a hombres en gabardina como si fueran policías de la antigua brigada político-social del franquismo, también mostraban un dóberman bordando, a punto de atacar. Pero sobretodo, era el uso de esos sonidos lúgubres los que conseguían una sensación de miedo y tensión en el receptor.
La música también tiene importancia para generar las emociones adversas. Optimismo, alegría o ilusión le deben mucho al uso de las melodías. En Estados Unidos, spots como los de Ronald Reagan en su campaña de reelección en 1984, titulados “It’s morning again in America”, combinaban a la perfección lenguaje verbal, el uso de imágenes y colores y, sobretodo, el recurso musical. Las fanfarrias, con toques militares, son un modo muy eficiente de dar solemnidad e importancia a un mensaje, especialmente cuando el que lo hace es el comandante en jefe. Pero no sólo existe esta relación en los spots, las campañas electorales norteamericanas suelen tener una canción de campaña que va más allá de crear una relación emocional, sino que adquiere un auténtico significado.
Barack Obama recurrió a los irlandeses U2 para hacer de su “City of blinding lights” su tema de campaña. La canción, compuesta en homenaje a la ciudad de Nueva York tras los atentados del 11 de septiembre, era una auténtica declaración de intenciones del ahora presidente al elegir una canción que quería marcar la reconstrucción, el rearme del país de optimismo para encarar el futuro tras un negro pasado. Lo mismo que él defendió para el país entero tras los 8 años de presidencia republicana. Clinton echó mano en 1992 del tema “Don’t stop” de Fletwood Mac, una declaración de intenciones para dejar atrás 12 años de gobiernos republicanos. Ronald Reagan no dudó en hacer del hit de 1984 “Born in the USA” de Bruce Springsteen su himno, aunque el mítico artista quizás no hubiese querido tener ese honor, ya que ha sido uno de los artistas más beligerantes con el establishment republicano a lo largo de los años. Obama y Kerry también echaron mano del Boss durante sus campañas, tanto en los conciertos para el cambio como en el uso de una de las canciones más políticas de Springsteen: The Rising.
Atendiendo a lo que nos dice una canción cuando la enmarcamos en un contexto político, ¿qué mensaje mandaban en Ferraz al elegir las canciones del costoso -200.000 euros- acto político del pasado domingo? La big band que estuvo presente tocó varios temas que sirvieron de marco para las apariciones de los ministros. Entre ellas sorprenden especialmente dos: Waterloo de ABBA para la vicepresidente económica Salgado y Mack the knife para un buen nutrido grupo de ministros.
Si Waterloo, la canción con la que los suecos ganaron Eurovisión y se lanzaron al estrellato mundial, evoca a la mítica derrota de Napoleón que supuso el inicio de su final, Mack the knife nos habla de las vicisitudes de un asesino. La derrota, el colapso y la violencia como elementos referenciales. No sé si es fruto del azar o del descuido –que viene a ser lo mismo en política-, pero las casualidades han dado pie a una cierta ironía. Al menos, a más de uno se le debió atragantar el aperitivo al ver a Salgado entrar con una referencia a un emperador que lo tuvo todo y lo perdió todo.
Tras lo de Rosa Díez, la crisis abierta por el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Juan José Güemes, es la más grave en lo que a reputación online se refiere de un político en nuestro país. La publicación de un post titulado “El progresí”, un diccionario de neologismos plagado de insultos hacia varios sectores sociales -mujeres, homosexuales, etc.-, su posterior eliminación y el conjunto de excusas ofrecidas por el autor han puesto de manifiesto que cuando un político decide dar el primer paso en la Red, debe atenderse a las consecuencias de sus actos.
Pero la pregunta que debemos hacernos en este momento es, ¿podemos establecer algunas lecciones de lo ocurrido esta semana con Güemes? ¿Cómo podemos evitar que una mala gestión de la presencia online afecte a nuestra reputación personal?
1. Internet no va por libre.
Antes de tomar la decisión de abrir un blog o una cuenta en Twitter debemos preguntarnos: “¿Para qué?”. Es una pregunta estratégica, pues nuestra participación en la Red no sigue un camino distinto al habitual. Así, si dedicamos un post plagado de insultos en un lenguaje sectario, no es de extrañar que eso interfiera en la propia imagen del político. O lo que es lo mismo, no se puede decir blanco en televisión y negro en Internet. Güemes lo ha intentado y no le ha salido bien.
2. La coherencia es la piedra filosofal.
Aunque el contenido del post puede ser coherente con la imagen que transmite el consejero, no lo es con el cargo de representación política que ocupa. Tampoco lo ha sido su respuesta: él no escribió el post, se actualizó sólo, no filtró los comentarios… la gestión de la crisis ha puesto de manifiesto su problema de coherencia, tanto hacia el propio medio –borrando el post, por ejemplo- como en el terreno personal y político.
3. Sin humildad no puede haber una rectificación.
Si algo tiene el mundo online es que en política borra las poltronas del poder casi de un plumazo. Los usuarios están acostumbrados a ver como presidentes de Comunidades Autónomas, presidentes de Parlamentos, diputados y diputadas, alcaldes y concejales; participan en plano de igualdad en las conversaciones de la Red. Estas conversaciones son útiles para ambas partes y ayudan a desmontar muchos mitos. Güemes, por ejemplo, sigue en su mayor parte sólo a miembros del PP en Twitter. Puso restricciones en su cuenta de Twitter y ha manifestado su aislamiento de la conversación con la publicación del polémico post. La mayoría de políticos que usan las herramientas de la web social comparten una característica, son humildes. Güemes no lo transmite y sus explicaciones –con nota de prensa- son la antítesis a otros compañeros de su partido o de otros partidos.
4. Tirar la piedra y esconder la mano.
El affaire Güemes no es grave sólo por el contenido del post, también lo es por el uso del medio. Verter un post con el explosivo contenido del post para luego reaccionar borrando las pruebas –aunque el caché de Google es como la resurrección de Lázaro-, acudiendo a los medios tradicionales, bloqueando su cuenta de Twitter o aportando rocambolescas explicaciones sobre unos comentarios filtrados no es la mejor manera. Güemes podría haber dado la cara desde el minuto 1 en las propias conversaciones en la Red. No creo que no lo hiciera por cobarde como se ha comentado, quizás es por desconocimiento de lo que se cuece en la Red. Con lo que volvemos al primer punto de estas lecciones…
5. La credibilidad no la da el cargo.
Entroncando con la tercera lección, en la Red no se le presupone a nadie su credibilidad por el cargo que ocupe. Y Güemes es el claro ejemplo: a izquierda y a derecha, su modo de usar la Red y su propia manera de reaccionar han puesto de manifiesto su falta de credibilidad. En Internet, no existe esa crónica de periódico que suaviza las limitaciones de un político en un discurso, por ejemplo. Son los usuarios los que perciben directamente si un diputado, un consejero o un presidente son sinceros, creíbles y si merece la pena seguirlos. Y ahí el cargo sólo ayuda a darse a conocer, pero no a ser respetado y creíble per se.
Porque, en el fondo, la pregunta que nos hemos hecho todos es si el propio consejero hubiese dicho lo que escribió en una entrevista en un programa de máxima audiencia de televisión. La respuesta, seguramente, sería no.
En el fondo, el PP sigue manteniendo la ventaja política en el actual contexto. Tanto PP como PSOE han cometido dos de los grandes pecados que se pueden cometer en política: dejar que la ciudadanía crea que se improvisa en el ejercicio del poder y mostrar una gran división interna y falta de liderazgo. Por suerte para los conservadores, lo segundo tiene cura. Lo primero, no tanto.
Para el ciudadano medio, el gobierno debe ser una fuente de estabilidad, un lugar donde depositar la confianza, especialmente en los momentos más duros e inestables, como el actual. Debe ser el garante, alguien en quién creer y a quién presuponer sensatez en sus decisiones. En definitiva, creer que hay alguien que sabe como funciona todo esto, que tiene respuestas y que pone en marcha su acción de gobierno para conseguir resultados.
Cuando esta concepción falla, para muchos se hace impensable mantener al ejecutivo. Así, no es buena noticia para los socialistas el dato que publicaba ayer El País: el 76% de los encuestados cree que el presidente del Gobierno improvisa sobre la marcha. Y esta es una debilidad grave. Las percepciones del electorado se verán muy mediatizadas por esta concepción que parece estar generalizada. ¿Cómo se puede conseguir algún beneficio de la acción de Gobierno si la gente cree que no se sigue ningún objetivo particular?
El reto que tiene ante sí Moncloa es muy grande. No se trata únicamente de recuperar la iniciativa política, sino romper con una imagen que le lastra de forma profunda. No es sólo esperar a que vengan tiempos mejores, es prepararse para borrar la imagen de improvisación: la recuperación sólo puede ser objeto de un concienzudo plan y de las mejores prácticas, no fruto de la improvisación. Ese es el difícil hueso de roer del presidente y mucho tendrá que hacer para cambiar la dinámica.
Rajoy también tiene ante sí esa necesidad clara, la de cambiar el ciclo en el que se ve envuelto el PP desde su derrota electoral. La larga serie de parches que han venido aplicando en Génova se han desbaratado tras los escándalos de Gürtel. Rajoy está más contestado que nunca, dentro y fuera del partido y los ciudadanos, en la misma encuesta, muestran una gran desconfianza hacia él, incluso entre sus votantes. Y ese es su gran pecado, no poder desplegar todas las armas opositoras en un momento clave para construir una imagen de cambio y alternancia.
Pero el PP lo tiene más fácil. Si consigue superar de una vez por todas la crisis interna puede recuperar la iniciativa política. Llegan tarde, lo han hecho mal y eso ha cuajado en el ánimo de muchos, pero no lo tienen todo perdido. Tienen márgen de maniobra, desde el líder a los apoyos a éste. La justícia es lenta y la amnesia de muchos ciudadanos implacable.
Aunque la resurección en política puede darse siempre en varias direcciones, a día de hoy es más fácil poner la locomotora popular otra vez en marcha que decidir la ruta que debe tomar la socialista. Es más fácil cambiar el maquinista en uno que en el otro, aunque, quién sabe, quizás en unos meses veamos una lucha de maquinistas, así, en femenino. Si Rajoy no despega y sólo un tercio de los votantes socialistas creen que Zapatero puede volver a ganar; ¿veremos un duelo femenino en la cumbre? Todos imaginamos nombres, pero a partir de aquí, lo dejo a vuestra imaginación…
Para de Cospedal, Rajoy “estuvo muy correcto”, porque según su opinión, de haber sido más agresivo, al ser él un hombre, hubiera quedado como cuando “un chico le pega a una chica en el colegio”. Rajoy “se esforzó para no ser agresivo”, concluyó.
Parece que, a veces, los políticos se olvidan de su papel pedagógico. De cómo lo que dicen y lo que hacen crean un modelo que es importante para muchos ciudadanos. Que un político se mueva, en la medida de lo posible –sobretodo por medidas de seguridad- en transporte público, use servicios públicos como la sanidad o la educación o incluso que utilice un cierto lenguaje, tienen efectos en millones de personas.
Cuando Zapatero formó un gobierno formado por más mujeres que hombres tenía en mente precisamente eso; la necesidad de dar ejemplo, mostrar que un órgano tan importante para el país como el ejecutivo, el poder podía ser en femenino. Porque como muy bien relata Antoni Gutiérrez-Rubí en una obra que debería ser de cabecera, Políticas, el poder en femenino tiene unas cualidades muy distintas.
En ese sentido, que María Dolores de Cospedal haya descubierto la estrategia de comunicación del PP no sirve a esta causa. Para muestra la cita que abre este post: según la secretaria general del partido, Rajoy no fue más agresivo en el debate sobre el proyecto de presupuestos para evitar dar una imagen de abusón, de hombre contra una mujer que, según se entiende por lo que dice de Cospedal, no estarían en plano de igualdad.
Lo sorpresivo es que sea la propia de Cospedal la que explique esta estrategia de comunicación. Una mujer. Que ocupa un lugar de mucha responsabilidad en uno de los partidos más importantes del país. El mensaje no puede ser más demoledor. Tanto por la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres como para el propio PP. Las declaraciones de la secretaria general van contra la línea de flotación del discurso de igualdad del PP, pero sobretodo, es perverso para el propio Rajoy. ¿Acaso significa que Rajoy no se atreve con una mujer?
El debate público exige que sea de la mayor calidad en argumentos. No en el sexo de los políticos. Si el proyecto de presupuestos presentado por el Gobierno es malo, el debate debe centrarse en ello y los ataques deben ser fundados en ello. No pueden establecerse a tenor de si quién los presenta es un hombre o una mujer.
Las mujeres no lo tienen fácil para romper con el techo de cristal y seguramente lo ocurrido en el Congreso de los Diputados se repite diariamente en los pocos consejos de administración presididos por mujeres. Es un flaco favor a la igualdad, pero sobretodo, es un flaco favor al partido que acoge a políticas de la talla de Esperanza Aguirre, Cristina Cifuentes, Alicia Sánchez-Camacho o la propia de Cospedal.
Pero más allá de los valores, ¿es una buena estrategia de comunicación lo realizado por Rajoy? ¿Debe un hombre variar el tono para no parecer agresivo ante una mujer? ¿Un líder de la oposición debe cambiar su tono para oponerse al mismo gobierno, aunque sea con un miembro –que no miembra- del sexo opuesto? Espero vuestras respuestas…
Si hacemos caso a las encuestas, estamos en las puertas de un escenario de cambio, aunque las elecciones generales se vislumbren a dos años vista. Pese a ello, la oposición ya se friega las manos con una victoria que está a tocar. En Barcelona, una alternativa real –por primera vez en 30 años de democracia- al PSC genera el mismo ímpetu en las filas de CiU. Partido que, a su vez, encara 2010 como el año que puede llevarle de nuevo al Palau de la Generalitat.
Sin embargo, aunque se pueda percibir ese contexto, el modo de configurar la estrategia de comunicación es la clave para alimentar esas ansias de cambio o matarlas de golpe. Y una de esas decisiones, tras adoptar el mensaje y la propia estrategia, nos lleva de forma inexorable a pensar en cómo deben ser los spots electorales.
La decisión no es baladí. La nueva fórmula de spots electorales adoptada tras las generales de 2008, con un formato más publicitario, y el uso cada vez más extendido de la Red, harán de estos vídeos caballos de batalla en los que apostar.
La historia electoral nos ha dejado varios ejemplos que muestran estas maneras distintas de encarnar esa idea de cambio. Eso sí, todos con elementos comunes:
Uso de música alegre y optimista
Colores cálidos
Mensajes positivos
Imágenes como metáforas de cambio
El poder de la imagen
El PSOE presentó en 1982 un spot electoral en que una serie de ventanas de varios lugares de España se abrían al cambio. Una metáfora visual acompañada del himno del partido. Sin palabras, el propio spot encarnaba la idea de abrir la ventana para dejar entrar aire fresco que limpiara el cargado ambiente de la España posterior al franquismo y al 23-F.
En la misma línea de usar imágenes como mensajes, el PP presentó un anuncio en 1996 plagado de referencias al empleo y a un país que funciona, justo la antítesis política real del momento. El anuncio, con una narración que lo acompaña y con alocución del candidato Aznar, no apunta a la esperanza sino que reclama un país que funcione.
El medio es el mensaje
Aunque no lo diseñara el equipo de Obama, cuando se puso música al famoso discurso de la primaria de New Hampshire, el éxito fue rotundo. Música pegadiza, el apoyo de artistas y famosos… una contemporánea forma de mostrar que el cambio empieza en el propio anuncio, pero sobretodo en el modo de predicarlo a todos, incluidos los jóvenes: a través de la música.
La figura del líder
El anuncio de los laboristas para las elecciones del cambio de 1997 buscaba, sobretodo, centrar la atención en los atributos positivos del líder. Más joven, jovial y próximo que John Mayor, Blair simbolizaba la aspiración de su nuevo laborismo y la Tercera Vía. Es una opción cuando el líder es alguien fuerte, el propio activo del partido.
Apuntar a las contradicciones
El cambio debe hacerse de dos formas: generando elementos positivos hacia nuestra candidatura, pero alimentando los negativos hacia la otra. Este es un ejemplo claro de la campaña de Clinton en 1992: apuntar a las contradicciones del presidente Bush.