Seguramente no. Son casos aislados que muestran como en el calor de la batalla política a veces la exaltación nos lleva a la crítica burda y vacía de contenido político. Una persona no es mejor ni peor en la tarea de gobernar por uno u otro acento. Pero si comentarios de este tipo llegan a levantar ampollas es porque los acentos tienen una gran importancia en el proceso comunicativo.
Los acentos escuecen porque son importantes en la comunicación. Lo hemos visto en más de una ocasión: cuando lanzamos un mensaje es casi más importante lo que lo rodea que el mensaje en sí. O sea, que cuando hablamos, nuestra voz, nuestro tono, el acento, el ritmo, etc. conforman elementos que son más importantes para nuestro interlocutor que lo que estamos diciendo. Damos más información sobre la intención real de nuestro mensaje con ello.
La misma Álvarez a la que criticaba Nebrera no dudó en exigir al diputado de ICV Joan Herrera que si la imitaba, lo hiciera correctamente. Antes partía que doblá no era lo mismo que partida o doblada. Artur Mas afirma en el libro de Pilar Rahola que desearía tener un acento particular, un defecto en el habla; algo característico que le hubiese evitado la sátira del programa Polònia. Y puede que Montilla vea en su enigmático acento un punto de sorpresa que puede hasta favorecerle: el cordobés que en Madrid tiene acento catalán y cuando habla en catalán, un marcado acento castellano. Pese a él, llegó a Presidente.
Recapitulemos. ¿Sería lo mismo Felipe González sin su acento sevillano? ¿Sería su oratoria, su carisma y su personalidad política lo mismo sin ese deje sureño? Seguramente no. ¿Tenerlo le convierte en peor o mejor político? No. ¿Le convierte en mejor orador? Ni sí, ni no. Pero le marca. ¿Quería decir Soler que un candidato a la presidencia de Madrid debe hablar como los madrileños? Parece que sí. Y si era eso lo que quería decir, se equivocaba.
Por eso, introducir esa arista en el debate tiene su parte de miga. Madrid tiene ese punto de eclosión de acentos, sensibilidades y procedencia. Un lugar en el que rápidamente sabes que eres diferente, pero tan diferente como todos los que te rodean. No importa tu marcado acento catalán, porque el que te hable seguramente lo hará con la impronta de sus raíces gallegas. Y el que nos escuche, guardará en sus adentros un deje gaditano inconfundible. Así es Madrid. El que vota a Esperanza Aguirre también. Millones de votos que no saben de laísmos.
El hecho está en que los madrileños y madrileñas, gatos o de adopción, de paso o echando raíces, poca importancia le dan a ello. Por ello, se equivocan los que quieren convertir eso en un debate sobre la identidad, los genes, y las raíces. Pero no se equivocan al intuir la importancia de un acento en política, en establecer vínculos emocionales con los ciudadanos. Un acento envuelve un mensaje, una idea, una propuesta. ¿Quizás teman la dulzura de Trinidad contra el seco acento de Esperanza?
La decisión del Parlament de Catalunya de prohibir las corridas de toros en el territorio catalán ha iniciado un debate con múltiples aristas. Algunos razonamientos, fundados en el interés de promover un sosegado debate. Otras –las más- salpicadas por la demagogia más rancia. Y en medio, algunas ingeniosas estampas que no han pasado desapercibidas. Como el último vídeo de Rajoy. ¿Se pueden mezclar toros y la seguridad vial sin salir corneado?
Resulta curioso. Más allá de los gestos del nacionalismo español que encarna el PP, con el anuncio de llevar al Congreso una resolución para proteger la fiesta nacional, el debate a raíz de la decisión del Parlament ha discurrido en el ámbito del binomio libertad-prohibición. La libertad de elegir ir o no ir a los toros contra la prohibición de la muerte y tortura de un animal para regocijo de los asistentes. Rajoy nos recuerda su postura, sin decir nada, en su vídeo prevacacional: los toros de Osborne que decoran centenares de carreteras en España son el símbolo de esa defensa de la fiesta.
Pero también en el mismo vídeo vemos a Rajoy, que fue ministro del Interior, sin el perceptivo cinturón de seguridad. Muchos nos hemos quedado con eso que el líder de la oposición haga caso omiso de las normas y ponga en riesgo su vida y la de sus acompañantes, pero pocos parecen haber recabado en un debate existente en varios países, especialmente en Estados Unidos. ¿Atenta contra la libertad individual el uso obligatorio del cinturón?
Y ahí es donde llega el detalle sublime de ese vídeo que, seguramente, no tenía intención de llegar a las cotas de popularidad y polémica que ha alcanzado, con disculpas públicas del propio Rajoy por infringir de forma manifiesta. La defensa velada de ese derecho a la libertad en el caso de los toros pero el sometimiento en lo que respecta al cinturón. En un caso la libertad está por encima del espectáculo de la muerte pero en el otro no.
El tema del cinturón de seguridad no es un issue en España como sí lo es en Estados Unidos o Argentina. Ahí existen movimientos que afirman que llevar el cinturón de seguridad atenta contra la libertad del individuo, aunque el riesgo más inminente pueda ser la muerte. De hecho, en 2008 se salvaron 13.000 vidas en la UE gracias a este mecanismo. ¿En qué momento, para las personas, prevalece el derecho a la seguridad a la propia libertad para el PP y no para los animales en la fiesta nacional?
Estas pueden ser algunas de las perversiones en el debate cuando dejamos al azar algunos detalles importantes al elaborar una pieza de comunicación, como esa ausencia del cinturón en Rajoy. Pero no nos alarmemos. El aspirante a suceder a Zapatero en la Moncloa no es el único político español que no usa el cinturón. De hecho, estoy convencido que muchos de los que le han saltado a la yugular tampoco lo usan. En estos vídeos podemos ver a Saura en un spot de campaña de 2003 sin él. Y en este otro corte, a Pujol en su coche oficial también haciendo caso omiso de este elemento de seguridad.
Rajoy ni ganará ni perderá las elecciones por esta anécdota. Tampoco las ganará o las perderá Montilla por llevar a sus hijos a un colegio privado y defender políticamente a la escuela pública. Muchas se han rasgado las vestiduras estos días a cuenta de esto sin ver lo que hacen ello o lo que hacen los suyos. Pero quizás en el fondo lo que más se ha echado de menos es una voz como la de Mas que cree que los políticos deben dar ejemplo, tal y como se desprende del libro de Pilar Rahola. Dar ejemplo.
Quizás Rajoy debería empezar usando el cinturón, sin duda. Pero sería más importante que empezará por dar ejemplo de debates sosegados y fundamentados en el sí de su partido. ¿Por qué debe prevalecer la libertad en ir a ver los toros y no en llevar o no el cinturón sin miedo a ser sancionados? Dar ejemplo, sin duda.
Take That fue un éxito de ventas en los 90. La primera de las boybands de la década que se ganaron el corazón de millones de fans a lo largo de esa década y durante los primeros años del siglo XXI. Lo del grupo de Manchester fue una auténtica locura. Tanto, que su separación no dejó de tener tintes traumáticos para muchas adolescentes. La noticia de la vuelta a la banda, 15 años después, de Robbie Williams no ha pasado inadvertida. Tras rumores se ha consumado. ¿Podría darse algún caso similar en la política española?
Puede parecer extraño, pero la propia historia del grupo puede parecerse a la de un grupo excepcional de políticos que unió a la derecha española tras el franquismo. No es que Aznar tenga dotes de cantante, pero su liderazgo al frente del PP en los 90 puede asimilarse a los Take That. Consiguieron todo lo que se propusieron y se diluyeron sin alzar la voz. Aznar anunció que se iba como Williams lo hizo en 1995.
Tanto los Take That como el PP de Aznar dejaron a millones de huérfanos. Millones de españoles que siguen pensando que nadie volverá a dirigir el partido y el país como José María Aznar. Quizás por ello, ante las cíclicas crisis del partido, no se han dejado de sentir voces que, o bien reclamaban la vuelta del líder o abiertamente pedían que el de Valladolid volviera a la escena política.
La realidad es que las carreras en solitario de Williams y Aznar han sido exitosas. El primero, recorrió medio mundo con sus álbumes en solitario. Una de las figuras más importantes del pop británico de los últimos años. Aznar, en cambio, es un conferenciante habitual al otro lado del Atlántico, ha escrito varios libros y sigue siendo una pieza fundamental de la derecha española. El primero ya ha anunciado su vuelta a los ruedos. Aznar, no parece estar por la labor.
Pero ese espíritu de volver al grupo –los Take That se unieron de nuevo en 2006- parece que no está muerto en el PP. Viejos miembros de la banda piden turno para volver a tocar. Es el caso del ex vicepresidente del Gobierno, Francisco Álvarez Cascos, que está haciendo lo imposible por ser el candidato del PP en Asturias. El partido se ha rebelado contra ello, pero las maniobras ahí están. A la espera de que el garante del grupo, Mariano Rajoy -que aguanta pese a Gürteles, espionajes o envites de la Lideresa- se manifieste.
La marcha de Aznar, vinculada a la promesa de no estar más de dos mandatos en el cargo, tuvo mucho de esa marcha de Williams justo cuando estaban saboreando las mieles del éxito. Y seguro que en más de una ocasión el ex presidente haya pensado que su decisión fue un error. Pero seguro que la nostalgia no sería el principal motivo de su vuelta.
Por el momento, el retorno no parece estar sobre la mesa o su proyecto personal. Pero, si Take That ha vuelto a unirse tras tantos años, ¿seguiría siendo algo descabellado creer que Aznar, ahora con abdominales marcadas, pudiera volver a la política?
La vida tiene estas cosas: un día estás arriba y otro abajo. Es una montaña rusa, y tantas otras imágenes que constituyen lugares comunes cuando hablamos de esa inestabilidad de las cosas. De esa velocidad del cambio. Del éxito al fracaso en cuestión de segundos. De la euforia a la triste realidad en menos de lo que canta un gallo. España no es distinta. La celebración por el éxito de la Roja ha dado paso a la constatación del liderazgo ausente del país.
Ni Zapatero convenció ni Rajoy arrasó. Ambos desaprovecharon sus oportunidades. El presidente podría haber hecho de su intervención un acto de sinceridad, de desgranar el porqué de tantas decisiones, devaneos e improvisaciones. No lo hizo. Al contrario, su discurso no terminó de entusiasmar aunque lo estructuró, preparó e incluso se permitió el lujo de darse a la poesía y a la motivación. Pero no convenció (¿será que el problema es el mensajero?)
Rajoy calculó mal el discurso. No supo gestionar las expectativas y se hundió con su errónea estrategia. Su discurso fue durísimo. Incluso convincente, especialmente entre todas aquellas personas que creen que Zapatero es un lastre para el país. Pero no goleó como hoy titula La Razón. Pecó de ingenuo. Quizás en Génova creían que Zapatero sería el líder gris y abatido que ha aparecido en la tribuna del Congreso en los últimos y trascendentales debates. Y seguramente se fueron a comer con esa idea tras ver al presidente. Pero el cara a cara entre Rajoy y Zapatero, de una extrema dureza, mostró que el envite -que no el debate- lo ganó el presidente. No se pueden pedir elecciones sin postularse como alternativa. Rajoy no la presentó y Zapatero le puso contra las cuerdas.
Pero eso no cuenta. A estas alturas del partido la sociedad española no está por la enésima pelea infantil entre el presidente y el líder de la oposición. La sociedad demanda liderazgo y ninguno de ellos está en condiciones de ofrecerlo. Ayer sólo se excitaron las bancadas. Y por ello, perdió España. Se constató una vez más que ni PSOE ni PP tienen una visión clara de qué hacer. El presidente se comprometió a tomar todas las decisiones que sean necesarias, aunque sean difíciles. Y el líder de la oposición a no apoyarlas, aunque sean las que teóricamente defiende. Todo en manos de una convocatoria de elecciones anticipada o una moción de censura que no llegará. Esa es la triste realidad del debate.
Pero como esto es una montaña rusa, la realidad es que tampoco es para tanto. La situación política evidenciada en el Congreso deja paso a una sociedad española que aún está de resaca –Forges lo borda con la viñeta que ilustra este post-, de vacaciones… e incluso de festival de música –curioso que El País dé más relevancia al FIB que al debate-. Y por ello, las consecuencias de esta no victoria de ninguno de ellos tampoco es tan relevante. Porque este debate es lo más parecido a un debate electoral al uso: muchos lo ven –tomaremos el muchos por un sensible aumento de audiencia respecto a los debates ordinarios-, pero muchos son ya convencidos. Los populares vieron muy bien a Rajoy y los socialistas, la resurrección de su líder. Pero pocas percepciones se habrán movido entre los indecisos.
Ayer se cumplió con un trámite. Esa es la sensación. Ni se ganó ni se goleó. Rajoy no es Iniesta. Ni Zapatero, Casillas. La furia de la Roja dejó paso a la triste realidad de una política española sin rumbo, por mucho que los dos capitanes digan ser excelentes al timón. Si no supieron llevar su propio discurso a su orilla, ¿cómo pretenden llevar al país a buen puerto?
“Pues la Esperanza los tiene muy bien puestos” decía una mujer que debe disfrutar de su jubilación desde hace no más de dos o tres años. “Yo, la verdad, no voté a Mariano en las pasadas elecciones porque quería que le echaran. A ver si subía ésta.” Añadía otra. La tercera mujer que esperaba en el hall de un hotel madrileño hace unas semanas saltó con un interesante análisis, “A mí me dicen: esto lo ha dicho el PP. Y luego escucho a Aguirre y dice otra distinta. Y mira que a mi ella no me gustaba. Pero habla claro. Cada día me gusta más, oye”.
La muestra es pequeñísima, sin duda, pero es una muestra de lo que se comenta en muchos mentideros de Madrid: nadie en el PSOE o el PSM parece estar en disposición de toser a la Lideresa. La Presidenta. Nadie le hace sombra al otro lado y ni los graves casos de corrupción como la trama Gürtel –de la que se ha autodenominado descubridora- o la polémica de los espías han conseguido despeinarla. Y mucho menos lo va a conseguir la huelga de los trabajadores de Metro de Madrid.
Porque lo que ha ocurrido esta semana en Madrid es lo suficientemente grave como para cuestionar a fondo la gestión de Esperanza Aguirre y su Gobierno. Sí, la huelga ha sido salvaje. Sí, los trabajadores se han pasado por la torera los servicios mínimos y han hecho la vida muy difícil a millones de madrileños, yo incluido. Pero precisamente ese halo de la presidenta, ese carisma y ese control férreo de su imagen, sus acciones y sus declaraciones hacen que los únicos culpables sean los empleados y nadie repare en la causa de la huelga: el incumplimiento del Gobierno de la Comunidad de Madrid del convenio colectivo, haciendo algo ilegal.
No, los empleados del metro no son funcionarios. Esto viene por una decisión política de un Gobierno que es tan responsable de ello como los empleados que se saltan los servicios mínimos y hacen la vida muy difícil a la gente.
Pero parece que esto no le va afectar. El debate en los medios no es ese. El debate en la calle tampoco: los culpables sólo son los que no han llevado los trenes. Poco importa que la huelga estuviera convocada desde hace semanas y Madrid se haya colapsado, sin transporte alternativo o operativos perceptibles para el ciudadano. Nadie acusa a la responsabilidad del gobierno porque Tomás Gómez parece estar de huelga.
En el fragor de la crisis, uno no puede encontrar ni una declaración del líder de la oposición en la web de su partido. Cuando dos millones de madrileños ven directamente afectada su vida diaria, el PSM de Gómez sigue hablando del espionaje en la Comunidad. La búsqueda por apariciones en medios nos da algún resultado aislado y con una posición difícil. Eso sí, el PP no ha escatimado esfuerzos en fijar bien el marco hacia Gómez: “se ha erigido en piquete de la huelga salvaje”. Mientras, la presidenta ha fijado su mensaje en línea a lo que perciben todos los que nos hemos quedado sin medio de transporte: “Los representantes de 7.000 trabajadores no pueden poner en jaque a los madrileños”.
Los nervios se notaron cuando los celos del candidato del PSM a batirse en duelo con Aguirre surgieron a cuenta de la relación entre el Gobierno central y el de la Comunidad. Una crisis entre Ferraz y Callao –o sea, entre la ejecutiva federal del PSOE y el PSM- a cuenta de la posición del ministro de Fomento. Según se decía, el entorno de Gómez veía como la inversión del Estado en la Comunidad de Madrid y la aparición junto a Esperanza Aguirre en la foto con el ministro, minaban las posibilidades electorales del PSM.
¿Pero realmente Gómez y el PSM no despegan por este tipo de cosas? ¿O es su postura y su actuación la que falla? El liderazgo y la visión de una alternativa se forjan en momentos como la monumental crisis que ha vivido Madrid esta semana. Las elecciones se ganan a costa de las percepciones que se generan. Y tanto la emitida por Gómez en esta crisis como en la pueril lucha por lo del ministro no son nada halagüeñas para los socialistas. Las elecciones no pueden ganarse cuando el candidato está en huelga.
Podemos diseñar estrategias de comunicación eficientes. Dar con mensajes. Explicar bien las cosas. O podemos hacer justo lo contrario y convertir el hemiciclo en un ruedo y dejar que los ciudadanos sigan creyendo que la política no sirve para nada.
Baldessari, el artista conceptual que hasta hace unos días exponía en el Macba, afirmaba que no existe jerarquía entre el lenguaje y la imagen. Parece que el Partido Popular ha tomado buena nota de ello y ha entendido el poder de texto e imagen en un folleto que ha repartido por las calles de Badalona.
Las imágenes y el texto venían a decir eso del “yo no soy racista, pero”: “Yo no soy racista, pero no me gusta que haya rumanos en las calles de Badalona. Yo no soy xenófobo, pero los rumanos son todos unos ladrones. Yo no soy ni racista ni xenófobo, pero las calles de Badalona están sucias por culpa de los inmigrantes.” Esta parece ser la forma más efectiva de conseguir votos para el Partido Popular.
Podríamos creer que se trata de una estocada más del polémico García Albiol. Que es un caso extremo dentro del moderado partido conservador que siempre intenta dárselas de moderno en Catalunya. Que es algo ajeno a su líder, la siempre amable Alícia Sánchez Camacho. Pero cuando la candidata del partido a la presidencia de la Generalitat los reparte junto al radical, algo ocurre.
Sánchez Camacho está presentando una campaña que pretende llamar la atención. Recurriendo al arte, aunque no al conceptual de Baldessari sino a su efigie al estilo Warhol. Una cara amable de un partido que tiene una difícil papeleta: defender ser centralidad en Catalunya mientras recurre el Estatut al Constitucional y se niega a retirarlo.
Pero parece que la cara real no es ni artística ni amable. La cara real es la que criminaliza a rumanos como si de Berlusconi se tratara. La cara real del PP en Catalunya es la que mezcla inmigración con delincuencia. La que hace del racismo su baza para sumarse al carro de Plataforma per Catalunya.
Génova se ha desvinculado de esta acción y, mientras escribo este post, la dirección del partido en Catalunya no lo ha hecho. Supongo que si la candidata reparte ella misma los panfletos será por algo. Eso sí, el Twitter del partido en Catalunya respondió a mi pregunta sobre si apoyan a García Albiol y a las declaraciones que ha dado en varios medios en las últimas horas. La respuesta no puede ser más clara: “las imágenes del panfleto han sido usadas en otros medios”. Salir por la tangente para no condenar públicamente la deriva xenófoba del partido en Catalunya.
La inmigración será un tema central en la campaña catalana. El asunto de Vic lo mostró de forma clara. Tan clara como la forma de hablar de personajes como Anglada. Tan clara como la forma de decir no a rumanos, no a los inmigrantes, no a la delicuencia. Porque son lo mismo, ¿no?
Despreciable.
Actualización:
Según informa El Periódico, y tal y como enlaza el Twitter del PP de Catalunya, la candidata a la presidencia de la Generalitat pide perdón por lo ocurrido a los gitanos rumanos. ¿No era más fácil asegurarse de qué panfletos repartía? ¿Sabía que estaba alentando el racismo pero aún así decidió repartirlos? ¿Basta con una disculpa? ¿Seguirá García Albiol al frente del PP en Badalona? ¿Alguna de estas preguntas tendrá respuesta?
¿Existe alguna explicación biológica para que el PSOE el IU tengan más apoyos entre el colectivo de artistas que el PP, CiU o el PNV? ¿Ocurre algo en los cerebros de Pilar Bardem, Joaquín Sabina, Miguel Bosé o Ana Belén que explique su apoyo a los progresistas? Al parecer, según un estudio de la New York University, pueden establecerse algunas correlaciones lo bastante fuertes como para entender por qué las personas creativas tienden a sentirse identificadas con los partidos de izquierdas.
En 2008, el profesor de la NYU John Jost presentó su estudio “Big Five Models of Personality”. Un trabajo que pretendía establecer algunas diferencias en la personalidad de las personas conservadoras y progresistas a través de varios aspectos, tales como la creatividad o el orden. Así, la mayoría de las personas que se consideran creativas y que están abiertas a nuevas experiencias se definían también como progresistas. En el lado contrario, la mayoría de personas que se evaluaban con puntuaciones altas como personas ordenadas, también lo hacían como conservadores.
Aunque los resultados no permiten establecer una relación causal irrefutable –que se lo digan a artistas que han apoyado abiertamente al PP, comoJulio Iglesiaso Norma Duval y no por ello son menos creativos o abiertos a nuevas experiencias-, vienen a aportar más luz a algunas investigaciones que marcan esa relación del voto con la propia biología del individuo. Estudios que han mostrado como las personas con más aversión al miedo suelen definirse como conservadoras políticamente. Así, el nerviosismo, el miedo, la tensión, etc. podrían tener cierta influencia en la dirección del voto.
Lo interesante del estudio de Jost no es la conclusión sobre si lo que dijo, por ejemplo, Willy Toledo lo hizo por su condición de artista, de creativo, de mente abierta; o no. Lo relevante es que da con nuevos estudios que alimentan esa idea que nuestro cerebro, nuestra naturaleza, condiciona en cierto modo el voto. La decisión de qué papeleta ponemos en la urna no es un acto puramente racional. Por ello, los resultados de Jost dan pistas sobre la importancia de tener en cuenta las emociones que despliega la política.
Aviso a navegantes políticos que se atreven a entrar en la Red. Porque ya sabemos que esto de abrirse un perfil en Facebook o un blog, tiene su punto, pero hay que entender a qué nos exponemos. Con ánimo de recopilar algunos de esos errores empezamos con uno: no borres lo que has dicho. Porque ahí se queda.
Las palabras se las lleva el viento, aunque en Internet eso es más complicado. El contenido permanece y, si un político suele ser esclavo de sus palabras, en la Red esa dependencia a lo dicho es más patente que nunca. Ello debería llevar a cualquier político a tener más responsabilidad sobre lo que dice y hace, porque se someten más que nunca al escrutinio público. Por ello, borrar comentarios emitidos es un error. No ya porque no se evita el objetivo -hacer desaparecer algo dicho-, sino por la idea de fraude que eso lleva implícito. Si nos hemos equivocado con algo, debemos pedir disculpas. Argumentar el por qué de lo dicho o lo hecho.
Que se lo pregunten al consejero de Salud de la Comunidad de Madrid, Güemes, con la polémica encendida en su blog con su Progresí y la recuperación de lo que se publicó a través del caché; o el último ejemplo de un cargo del PSC en el Ajuntament de Barcelona, Miguel Ángel Martín, que borró los insultos que dirigió a la directora de TV3 Mònica Terribas tras la entrevista al president Montilla, comentarios en los que afirmaba que la periodista estaba “mal follada”. Pidió disculpas y explicó por qué borró los comentarios, pero varias webs se han hecho ya con los pantallazos… y ahí se quedarán.
No, las palabras en Internet no se las lleva el viento.
La forma de comunicar de Antonio Basagoiti, el líder del PP vasco, es cuanto menos desconcertante. Es el político de esta formación que más influencia ha tenido en el gobierno vasco desde la restauración de la autonomia y, pese a ello, su credibilidad está en seria duda por su peculiar forma de crear titulares polémicos.
Según el consultor político vasco Yuri Morejón, Basagoiti prepara a concienca todos y cada uno de estos titulares. Parece que sabe lo que persigue. Por ello, Morejón no duda en constatar que el líder vasco consigue parecer “improvisadamente natural” aunque a la vista de los efectos de sus polémicas de declaraciones, el ciudadano de a pie pueda empezar a dudar si esa supuesta naturalidad, esa forma de hablar sin pelos en la lengua, es lo que esperamos ver en un político.
Si lo que esperamos en nuestros líderes es templanza, capacidad crítica, moderación e inteligencia, los vascos y las vascas no podrán encontrar en las excentricidades del conservador esos atributos. No ya por la calidad del lenguaje, con abuso de terminos coloquiales y despectivos, sino por la propia lógica de algunos juicios.
Alguién podría argumentar que ese lenguaje banal del líder del PP es una forma de conectar con los electores. Que esa naturalidad supuesta es un valor positivo para acercarse a las masas alejadas de la política y hastiadas por el críptico lenguaje de muchos representantes. Pero, quizás, lo de Basagoiti se pase de castaño oscuro.
Estas son algunas de las “perlas” de Antonio Basagoiti. Algunas de las declaraciones que en los últimos meses le han puesto en el ojo del huracán. Quizás para reclamar su cuota de protagonismo olvidada. Quizás fruto de la preparación a la que elude Morejón o como resultado de una manera muy distinta de entender la comunicación y el abono de su propia crebilidad:
“Es normal que una televisión pública regional sea del color de quien gobierna” en declaraciones a María Teresa Campos en Telecinco.
“El Faisán es aún más grave que el GAL, porque el GAL en teoría, y solo en teoría, era para acabar con unos terroristas; es grave lo que hizo el GAL, pero decían que lo planteaban para acabar con ETA”. Declaraciones a periodistas en Valladolid.
“Euskadi tendría un problema menos” si los presos de ETA se pusieran en huelga de hambre.“Por mí, como si ponen todos en huelga de hambre, con Otegi el primero, y llegan hasta el final. Ninguna pena me da”.