17 Feb

El punto G

El punto G, ese espacio casi sacrosanto de la excitación sexual, puede que exista. O puede que no. Lo que sí existe es el punto G de la política. Y en este, el ginecólogo Ernst Gräfenberg tiene poco que decir.

El punto G de la política es el que nos excita para votar. Es el que nos empuja a las urnas, el que despierta nuestro interés por lo que dicen los candidatos. Es el que nos puede llevar a acaloradas discusiones en una mesa, a militar en un partido o a asistir a un mitin. El punto G de la política está alojado en la amígdala. Porque el punto G de la política está vestido de emociones.

Para encontrarlo, debemos ir hasta el sistema límbico, ya que, en él residen las emociones. Tanto el sistema emocional como el valorativo están ubicados en la misma parte del cerebro y juegan un papel básico en la toma de decisiones. Desde saltar o no al agua en una piscina a evitar el ahogo de un niño a ir o no a votar. Por ejemplo, el sistema valorativo es el resultado de la relación que existe entre los lóbulos pre-frontales y las amígdalas cerebrales en el llamado hipocampo.

El elemento clave del sistema límbico es la amígdala. Esta zona, que toma el nombre por su parecido con una almendra, corresponde al conjunto de núcleos de neuronas localizadas en la profundidad de los lóbulos temporales. Entre sus funciones está la de regular muchos procesos emocionales: identificar y responder expresiones emocionales de otros, crear intensidad de una experiencia emocional, generar y enlazar sentimientos a experiencias que nos asustan, etc. Clave en la inteligencia social y emocional. Juega un papel esencial en enlazar pensamiento y emoción, particularmente en usar reacciones emocionales para guiar el proceso de toma de decisiones. No sorprende que esté situada en una zona neuronal densa, en los circuitos emocionales frontales.

La amígdala no siempre responde de forma consciente a los estímulos que se reciben. Es el caso de los impactos subliminales, ya sea porque percibimos la imagen de algo que nos recuerda a una serpiente sin darnos cuenta y nuestro recuerdo evolutivo nos hace ponernos en guardia a realizar acciones bajo los efectos de la publicidad subliminal.

De hecho, tal y como señala Goleman, el autor de inteligencia Emocional, esta es una rémora de nuestra evolución: nuestro cerebro emocional procesa de forma más rápida la información que nos llega por el hipocampo y predispone nuestro cuerpo a una respuesta mucho más rápida que la que dará nuestro “cerebro pensante”.

Muchas de las decisiones que tomamos en nuestra vida están capitaneadas por nuestras emociones. Por lo que ocurre en esa almendra, en la amígdala. Por ello, si queremos ganar –que esto sí empieza por ge- debemos entender que es necesario excitar ese punto G de nuestro electorado a través de las emociones.

Por ello, es necesario invertir tiempo en entender cómo funciona nuestro cerebro, sobretodo entender qué emociones despliega nuestro candidato o candidata, nuestro mensaje. Nuestra política. La política de las emociones necesita tener un relato que nos lleve al estado emocional deseado y que tenga resonancia en este cerebro político que explica muchas de las acciones que llevamos a cabo en política. Después de todo, el punto G ya no es tan mito. Al menos, en política, sabemos dónde está. Otra cosa bien distinta es saber si los partidos saben excitarlo…

23 Sep

La política del miedo en 30 segundos

Uno de los estados emocionales que una estrategia política puede generar de forma consciente es el miedo, ya que las reacciones que genera son tremendamente poderosas a la hora de mover al electorado a la acción.

No podemos buscar racionalidad en ello, es una estrategia dirigida a las emociones y como tal, si funciona, no nos permitirá discernir entre la objetividad o no de los datos. Cuando algo se analiza desde la emoción, difícilmente podremos apelar a esa capacidad de raciocinio que, en frío, se tornará una revelación.

La sensación de miedo nos predispone a buscar la solución más contundente a los problemas planteados en pro de nuestro propia supervivencia o de mantener nuestro status quo. Plantear disyuntivas bajo el prisma del miedo nos llevará a tomar decisiones que, en otras situaciones, consideraríamos drásticas.

No hay modo de expresar mejor esa intencionalidad de hacer del miedo una baza política que los spots electorales. Generar una emoción en menos de 30 segundos, como un ataque fulminante a nuestra amígdala que nos pondrá en tensión. Anuncios que harán uso de la música –in crescendo, gritos, alarmas, graves…-, el color –tonos oscuros, poca luz-, el movimiento de la imagen y la metáfora como gran expresión.

Estos son algunos ejemplos de los mejores anuncios de la política del miedo.

Daisy

Un clásico de la campaña electoral de Johnson en 1964. Sólo se emitió una vez, pero las cadenas de noticias se encargaron de repetirlo una y otra vez. En él, una niña inocente deshoja una margarita tras lo cual empieza una cuenta atrás que lleva a una explosión nuclear. La frase final del presidente es demoledora: “These are the stakes! To make a world in which all of God’s children can live, or to go into the dark. We must either love each other, or we must die.” La amenaza nuclear, pero sobretodo la amenaza extremista de un candidato republicano que se enorgullecía de ello… Tras la crisis de los mísiles de Cuba el contexto no estaba para andarse con chiquitas…

The Bear

Los últimos años de la Guerra Fría estuvieron marcados por la llamada “Guerra de las Galaxias”. En ella, el delirio norteamericano de un rearme soviético –completamente infundando para llevar a la URSS a la bancarrota- es el contexto para este anuncio de Reagan. Si hay un oso ahí fuera, ¿es mejor estar preparado para batirlo si ataca, o no? Sencillo, fácilmente comprensible, sin decir ni una palabra sobre política exterior o defensa. Una obra maestra.

Los lobos de Bush

Muy inspirado en el anuncio del oso, el presidente George W. Bush planteó así la cuestión de la seguridad nacional tras Irak y los ataques del 11S. Vivimos en un mundo de lobos y debemos estar preparados.

Las 3 de la mañana

Hillary, pese a no tener experiencia en ningún cargo político, atacó a Obama de este modo durante las primarias. Si suena el teléfono de la Casa Blanca a las 3 de la mañana, ¿quién prefieres que maneje la situación? El uso de una imagen familiar, una cama con niños, es el elemento que decanta la balanza.

El dóberman del PSOE

Aunque es más largo y quizás menos sofisticado que los americanos, es nuestro gran anuncio de la política del miedo. La campaña de las generales de 1996 llevó al PSOE a poner toda la carne en el asador para contrarrestar el desgaste político tras años de crisis económica, paro y corrupción. El mensaje era contraponer la visión de dos Españas, la positiva del PSOE y la negativa del PP. El anuncio causó un revuelo enorme en la España de 1996 y se llegó a acusar al PSOE de usar publicidad subliminal… aunque en realidad de subliminal no tiene nada…

25 Jun

La política necesita sentido del humor

Siempre me he preguntado por qué en nuestros bares y restaurantes la televisión que suele estar encendida no tiene subtítulos: en lugares con tanto ruido ambiente o con el aparato silenciado, es imposible seguir la actualidad. Eso sí, nos permite hacer un excelente ejercicio de lenguaje no verbal.

Si alguna vez os veis en esta tesitura, observaréis como la expresión de políticos de otros países suele ser más agradable. La política americana es la decana de ello, el recurso al humor como forma de comunicación tiene mucho que ver.

Sabemos que el humor es una forma de comunicación humana más. Se suele afirmar que es una herencia de la evolución: la risa es algo que nos separa del resto de animales, a excepción de algunos homínidos. ¿Por qué somos diferentes al resto de animales? ¿Por qué tenemos sentido del humor? Parece ser que es una respuesta de nuestro cuerpo similar a las lágrimas, tiene un punto catártico. Y como ya sabéis, existen muchos tipos de humor distintos: no todos reímos de lo mismo ni del mismo modo.

En todo caso, no es extraño observar claramente que los políticos americanos están, muchas veces, de buen humor. El uso recurrente a algunos chistes, a respuestas que incluyan algún chascarrillo o alguna autocrítica envuelta con una gracia; no sólo defienden a quién habla sino que genera empatía.

Este último punto es especialmente relevante, ya que algunos estudios muestran como nuestro humor condiciona la percepción de nuestro cerebro. En otras palabras, si estamos de mejor humor, percibimos más detalles, prestamos más atención a ciertas cosas y nuestro cerebro recoge más información. Por el contrario, si estamos de peor humor, percibimos menos información.

¿Significa eso que la política debe comunicarse de forma banal y cómica? No, ni mucho menos. Pero sí que observamos la necesidad de tener en cuenta esta situación. En multitud de ocasiones el mensaje político del día nos llega a través de una tremenda bronca en una sesión parlamentaria. Si el emisor está airado, la efectividad del mensaje no será la misma que si lo realiza generando un clima agradable.

Cabe decir que esta situación no puede darse siempre: el protocolo, las ocasiones, la realidad piden al quién se asoma a una tribuna hacerlo con el rigor que la situación merece.

Pero quedémonos con la copla: los rictus crispados no ayudan a que nuestro mensaje llegue. Debemos tener en cuenta el humor en la comunicación, sin forzar tampoco lo que no se tiene. Por ejemplo, no sería aconsejable dejar a Montilla solo ante una audiencia de corresponsales de prensa haciendo un discurso como el de Barack Obama este fin de semana.

Aunque algunos podrán asegurar que los límites entre humor y política no quedan muy claros en países como Estados Unidos, es bien cierto que el humor puede (y debe) ser más un aliado que una amenaza. Algunos lo verán como el abrazo de lo frívolo para captar la atención en un contexto muy concurrido, pero la realidad es que lo necesitamos. El risueño Berlusconi venció al gris Veltroni. La empatía de Obama se sobrepuso a la convencional Hillary.

Aunque en los bares no podamos leer lo que dicen, ver cómo dicen lo que dicen, no pasamos por alto, todos, sin distinción, el poder de comunicar con una sonrisa.