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18 Dic

Homer Simpson será presidente de Estados Unidos

president-simpsonEn Estados Unidos la política se lleva en el ADN. Gusta, se vive desde la infancia. Si a ello le sumamos ese gusto por el espectáculo, llegamos al propio espectáculo de la democracia, el showbusiness de la política. Las campañas a lo grande, los grandes anuncios electorales, el dominio de la imagen, una política para todos los sentidos. Y casi, para todos los públicos.

Quizás por ello, el mundo del entretenimiento no es ajeno a la política. Desde una gran cantidad de títulos cinematográficos dedicados a los inquilinos de la Casa Blanca a la mítica serie ambientada en la zona de trabajo, el Ala Oeste de la Casa Blanca. Presidentes más o menos convincentes ante las cámaras, pero también de amarillo y en animación.

La familia más famosa de América, The Simpsons, cumple 20 años. Y como buena familia americana, también lleva la política en su ADN, aunque Homer sea el típico ciudadano alejado de ella. Esta serie de éxito, que cuenta con un humor inteligente y unos guiones muy trabajados, llega en buena forma a su aniversario y echando la vista atrás podemos darnos cuenta hasta que punto la política ha sido una parte central del show.

Tras miles de episodios, 12 presidentes han “actuado” para los Simpson. Desde el padre fundador, George Washington, a George W. Bush. Pero además, escenas, frases y discursos célebres de la política norteamericana se han colado casi sin avisar en muchas escenas de la familia amarilla: el bebé Maggie imitó a la niña del famoso spot de L.B. Johnson, Daisy. Y Bart jugó con el spot “Rats” de George W. Bush. O Homer proncundiado la palabra “nuclear” como Eisenhower.

Estas son las 10 mejores escenas presidenciales en The Simpsons:

George Washington
En el marco del bicentenario de la ciudad de Springfield (con fuertes connotaciones al propio aniversario de la nación celebrado años antes), Lisa descubre el terrible secreto de su fundador. En la recreación del mismo, el primer presidente americano forcejea con el hombre que da nombre a la ciudad. Y descubrimos porque a su retrato oficial le falta un pedazo.

George H.W. Bush
El primer presidente Bush se muda a Springfield tras dejar la presidencia. La razón es simple, es la ciudad de América con menos interés por la política. La pareja presidencial se instala delante de la casa de los Simpson e inicia una tensa relación vecinal con Homer. Con guiños a “Daniel el Travieso”, Bart juega también un gran papel.

John Fritzgerald Kennedy
El abuelo Simpson descubre durante la Segunda Guerra Mundial que JFK es, en realidad, un nazi. ¿Por qué? En un bote de guerra recita las famosas palabras “ich bin ein berliner” y Abe Simpson ordena la carga contra él.

Richard Nixon
Durante un capítulo de Halloween, Homer vende su alma al diablo por una rosquilla. La familia exige un juicio justo, formado por un terrorífico jurado de asesinos y seres diabólicos. Incluido Richard Nixon.

Thomas Jefferson
Airado por ser un segundo plato en los memorials de Washington, el presidente Jefferson se niega a dar consejo a Lisa cuando sufre una falta de fe en la democracia al descubrir un caso de soborno a un congresista.

Abraham Lincoln
Aunque aparece alguna escena, la más famosa es un gran homenaje. Cuando Lisa llega a presidenta de los Estados Unidos en un salto al futuro, Homer y Marge se instalan en la Casa Blanca. Homer se pasará todo el capítulo buscando el oro de Lincoln que acabará siendo un verso.

Jimmy Carter
Los Simpson ayudan al expresidente en su fundación construyendo casas para los más desfavorecidos.

Gerald Ford
En el mismo capítulo de la tensión vecinal con Bush, Ford acaba instalándose en la misma casa y congenia rápidamente con Homer: futbol y cervezas son la clave.

Ronald Reagan
El actor tuvo su momento en los Simpsons al ser invitado a la fiesta de cumpleaños del pérfido republicano local: el señor Burns.

Bill Clinton
Quizás uno de los presidentes que más veces ha visitado a los Simpson. Homer contestó la llamada que hizo a los vencedores de la Superbowl, intentó seducir a Marge en varias ocasiones y visitó a la pequeña Lisa.

Y queda reseñar la aparición de dos presidentes más (Franklin D. Roosevelt y Andrew Jackson) y la mención expresa a Obama: Homer intentó votar por él pero lo hizo por McCain.

Así que quizás por ello, los productores de los Simpsons no dejan de hacer gestiones para conseguir que Obama sea el primer presidente que presta su voz para un capítulo. A ver si lo consiguen. Y que lo podamos ver durante muchos años más con esta excéntrica familia. Y si no es posible, quién sabe, quizás Homer llegue a Presidente…

17 Nov

¿Cómo detectar si un político miente?

Si en alguna ocasión tu pareja te suelta un “Cariño, te juro que entre nosotros no ha pasado nada”, quizás sea el momento de pedirle a nuestros sentidos que presten más atención de la habitual a escudriñar toda la información no verbal que podamos para detectar si debemos empezar a desconfiar de la palabra dada. Quizás en eso, las relaciones de pareja y la política se parezcan más de lo que podamos creer.

En ambos casos se establece una relación de un enorme vínculo emocional que puede llevarnos a cambios muy importantes en nuestra percepción. Como ya comentábamos en este post, cuando una persona es simpatizante de un partido político, tiende a buscar el modo de justificar cualquier cosa, incluida la mentira. Algo muy parecido al síndrome de Estocolmo que podemos sentir cuando imaginamos que nos han sido infieles pero no queremos creerlo.

Estamos, como decía Sebastià Serrano, sin lugar a dudas, en uno de los grandes momentos de la comunicación: el arte de la mentira, el engaño, el disimulo… para algunos la política es el arte de estas malas prácticas. Quizás porque es tan antiguo como el ser humano, mentir sea pecado en varias religiones y la honestidad una virtud en tantas otras culturas. Y quizás por ello también, tal y como señala Eduard Punset, estamos más preparados para descubrir a un mentiroso que para encontrar la verdad.

De hecho, esa virtud que, según Punset, tenemos los humanos, no es una especie de radar o sexto sentido, sino la capacidad de detectar cambios en los estados emotivos en el discurso verbal de la persona que miente. Algo así como lo que hacen los detectores de mentiras tan explotados en televisión: observar los cambios fisiológicos que nuestras emociones generan.

Aunque la distancia física con nuestros políticos suela ser insalvable y solo la televisión o internet nos abran una ventana a estos líderes, muchas veces sus reacciones nos dan una información muy valiosa. Aunque por si alguna vez –especialmente en campaña electoral- algún político te da la mano y conversa contigo, te sugiero que prestes atención a estos cambios fisiológicos:

  • Cuando una persona miente, su tono de voz cambia. Algunos expertos señalan que la subimos una octava, más o menos.
  • El ritmo de respiración se acelera.
  • En algunas ocasiones, el color de la cara puede cambiar. Es muestra de embarazo por la posibilidad de ser descubierto, así como reacción al mayor ritmo de respiración.
  • La mirada suele delatarnos, ya que se suele dar un cambio en ella, en el movimiento de los ojos.
  • Disminuyen los gestos, ya que nuestro cerebro está más ocupado en dar consistencia al mensaje verbal y dedica menos atención a nuestra gesticulación.

Además de estas señales de alerta, la cara suele ser un reflejo muy claro de lo que estamos haciendo. Quizás por miedo, vergüenza o culpa, nuestro rostro suele cambiar y estas emociones pueden generar una contradicción aparente entre lo que decimos y lo que creemos.

Hablando del poder de esos gestos, para muchos el que hizo Richard Nixon durante las entrevistas con el periodista británico Frost en 1977 fue tan revelador como un proceso de impeachment. En el minuto 1:27 del siguiente vídeo se muestra el poder de un gesto:

Quizás, la próxima vez que escuchemos a un político afirmar que “yo sólo dije la verdad” debamos atender a estas pistas. O a las hemerotecas, que nunca fallan –quizás por ello, el régimen del Gran Hermano de Orwell tenía tanto interés en corregir las noticias para que nunca se mostraran los errores. Y así finalmente, no saber qué era cierto y que no. Por si las moscas, estos consejos.

16 Oct

Los políticos hacen teatro

Era difícil saber donde terminaba la política y empezaba la farándula

Los políticos, como los buenos actores, deben exponerse ante grandes audiencias. Los políticos, como los buenos actores, interpretan un papel que quiere ser el más convincente. Mientras que unos quieren el sentido homenaje de su público con un gran aplauso, los otros buscan el apoyo necesario para ganar unas elecciones y convertirse en gobernantes. Quizás por sus similitudes, un personaje de la obra que recuerda las entrevistas entre David Frost y Richard Nixon se exprese del modo que inicia este post.

Al fin y al cabo, los políticos que son sometidos al escrutinio y al foco de forma continua están representando un papel, su papel. Tienen todos los atributos de un personaje y se desenvuelven como en una obra de ficción. Aunque es real.

A veces, la realidad política llega a superar el talento de grandes autores como Shakespeare: la trama Gürtel ha llegado a mezclar elementos de Hamlet con Romeo y Julieta. Lo de Camps y Costa se asemeja mucho a la historia de los jóvenes Capuleto y Montesco, aunque sólo uno de ellos murió en Valencia. Aunque la reacción de las últimas horas en Génova sea más parecida a Fuenteovejuna. Para Cospedal, quizás quedaría lo de la “Vida es sueño” a cuenta de la supuesta persecución al partido que, tras el levantamiento del sumario Gürtel, se tornó más una ensoñación que una vía discursiva efectiva.

Si hace unas semanas afirmábamos que los políticos tienen mucho cuento –o deberían tenerlo-, ahora es el turno de la necesidad de los políticos de representar el papel de su vida. Ese que te llega casi sin avisar, cuándo un director te ofrece ser el protagonista en una obra en las tablas de un gran teatro de Madrid, en el TNC en Barcelona o en cualquier gran templo de Londres o Nueva York. A veces, tras papeles menores, alguien ve en ti las cualidades para ser el protagonista de una obra que tiene por objetivo conquistar el poder.

Uno de estos granes actores fue Richard Nixon. El único presidente dimisionario de los Estados Unidos entendió lo que suponía representar su papel hasta el final, pero como todos los grandes personajes, tenía un giro dramático final para no dejar a ningún espectador indiferente. Eso mismo recoge Àlex Rigola en su último trabajo en el Teatre Lliure de Barcelona.

Rigola adapta la obra de Peter Morgan que plasma la serie de entrevistas que el periodista británico David Frost realizó al presidente años después de dejar el Despacho Oval. Como novedad, Rigola presenta dos versiones de la misma obra: una con escenografía clásica y otra llamada “unplugged”, dónde una sobria puesta en escena se conjuga con el uso de elementos audiovisuales, que le dan a la obra un aire más televisivo. Y con subtítulos en castellano e inglés.

Precisamente la reflexión sobre el poder de la televisión sobre la política es una de las constantes en la obra que presenta a uno de las primeras víctimas de este medio: todos recordamos el debate electoral entre Nixon y JFK en 1960 que ganó el presidente asesinado por dar mejor en televisión. Aunque la televisión también nos dio lo que no pudo mostrar ningún tribunal, el gesto delator de la culpabilidad de Nixon, pese al perdón presidencial de Ford.

El Lliure muestra una gran obra. La soberbia actuación de los actores, especialmente de Lluís Marco que da vida a Nixon, la perfecta conjugación de la interpretación con los recursos audiovisuales, un montaje excelente y una historia apasionante son los elementos que hacen de “Nixon-Frost” uno de los éxitos de la temporada teatral barcelonesa.

Porque en el fondo queda esa idea que Richard Milhouse Nixon fue prisionero del propio papel que quiso o le tocó interpretar. El del malo… pero porque lo era. Quizás por ello, resultó tan creíble. Ya sabéis, teatro, lo tuyo es puro teatro…

4 Ago

El día que Camps no fue Nixon

¿Y los que no son ni del PP ni del PSOE, qué? Esta es la pregunta que me hago tras el alud de reacciones a la decisión del TSJV de archivar la causa por cohecho contra Francisco Camps. ¿Qué pasa con ellos?

Llego a este punto porque lo que podemos aprender de lo ocurrido durante estos meses son varias cosas, pero todas nos llevan a un mismo punto, la importancia de las percepciones. Nuestra manera de recibir, elaborar e interpretar las informaciones y los estímulos que recibimos para formarnos una opinión y, en última instancia, actuar.

Para los populares, se demuestra que la estrategia de aguantar hasta las últimas consecuencias, funciona. Que da igual de donde vengan los envites, lo importante es mantenerse, sembrar dudas y esperar que la justicia no vea indicio de delito en recibir unos caros regalos.

Para los socialistas, confiar en que por unos trajes se podría hacer caer a uno de los varones populares en, quizás, el territorio más abonado para la perpetuidad del poder es, cuanto menos, ingenuo. Ingenuo, como lo fue su estrategia durante los meses iniciales del escándalo: el centro de la cuestión no eran los trajes, sino esclarecer a cambio de qué se regalaron. Justo lo que el Tribunal no ha investigado. ¿Qué hubiese ocurrido si los socialistas hubieran hecho de esto el centro de la batalla desde el primer momento?

Tal y como expliqué en este post, los partidarios de una u otra opción política responden del mismo modo a las mismas situaciones. Da igual que nuestro líder se vea envuelto en un caso de corrupción, en una contradicción grave (como decir que te pagaste tus trajes y luego saber que no lo hiciste), etc. nuestro cerebro tendirá a reafirmar lo que creemos y a activar respuestas positivas a nuestro líder que nos reafirmen. También ha pasado con Chaves en el bando socialista, no lo olvidemos.

¿Y a los que están en el centro de la batalla política? ¿Los indecisos? Pues para ellos todo esto es un berenjenal que demuestra las debilidades de la Justicia en nuestro país. No pongo en tela de duda la decisión acordada por el Tribunal, las decisiones judiciales se acatan, pero para una persona que no quiera ver esto con tintes partidistas, saber que uno de los jueces encargados del caso es “más que un amigo” de Francisco Camps no sólo le sorprende, sino que le repugna.

Más le repugna al ciudadano de a pie el uso más que partidista de los medios. De las filtraciones interesadas al Grupo Prisa a la inexistencia de cobertura del caso en Canal 9 –excepto ayer, claro está-, a las editoriales de hoy en los medios de la derecha mediática. Más de lo mismo, si la decisión es buena para los que me gustan, la Justicia funciona. Si no, es un desastre. ¿Dónde está el papel de los medios? ¿Cómo pueden acusar, investigar, informar si sirven a intereses partidistas?

Ojalá esto nos llevará a una reflexión más profunda sobre el caso. Dudo que ocurra, pero ojalá estuviera en nuestra mano hacerlo. No se pueden recibir trajes y no investigar a cambio de qué. No se puede afirmar alegremente que es normal que los políticos reciban regalos. No se puede tolerar que los amigos juzguen a los amigos. Y esto debería ser defendido no sólo por los no partidistas, sino por las muchas personas en ambos partidos que entienden que todo esto mina el sistema democrático.

Hace unos días Obama almorzó con los CEO de varias grandes compañías. Al finalizar el ágape, el camarero pidió las tarjetas de crédito de los asistentes: cada uno se pagó lo suyo para que nunca se diga que el presidente adoptó una u otra decisión. Si en Estados Unidos por una comida hay dudas, ¿unos trajes, unos bolsos Louis Vuiton, los regalos a la consejera de Turismo… no son motivos suficientes para creer que había algo más?

En marzo de 1974 el Gran Jurado Federal de los Estados Unidos consideró que el presidente Nixon había sido copartícipe del caso de espionaje en la sede del partido Demócrata del hotel Watergate. Nixon no tuvo cargos formales. El 8 de agosto de ese mismo año, dimitía mediante este famoso discurso.

Francisco Camps ha sido imputado y su credibilidad debería estar minada. Algunos medios dicen que ya hablarán las urnas. Ni él, ni Costa ni muchos otros se han atrevido a hacer lo mismo que Nixon. Que luego no nos vengan con que la gente se separa de la política o que la gente no cree en la política. Cosas así no ayudan.