10 Nov

¿Miente Sarkozy en su Facebook?

El presidente de la República Francesa, Nicolás Sarkozy, tiene una página en Facebook que siguen algo más de 180.000 personas. No sólo es el primer presidente galo en tener un pie en esta red social, sino que, seguramente, es de los pocos jefes de Estado presentes en el canal.

Sorprende del presidente la actualización más o menos constante de contenidos. Aunque se nota la mano de su gabinete, no deja de sorprender que una persona con su cargo esté dispuesta a abrir un espacio a los usuarios con el riesgo que conlleva. Aunque ya sabemos que Sarkozy no se esconde. No es su estilo.

Quizás por este motivo, una nueva polémica acaba de estallar en el Elíseo y tiene su origen en Facebook. Este domingo subía una nueva foto a su muro, en la que podemos ver como pone su parte para derribar otro Muro. Es su particular forma de conmemorar la caída de la barrera que separaba Berlín, con su propia experiencia personal.

Hasta ahí todo correcto, si no fuera por las dudas que ha levantado la versión publicada por Sarkozy. Según podemos leer en su foto, el mismo 9 de noviembre por la mañana, ante los rumores de la caída del Muro, Sarkozy y Alain Juppé –que fue primer ministro años más tarde-, entre otros, decidieron ir a Berlín a vivir de cerca el momento histórico.

Souvenirs de la chute du Mur de Berlin, le 9 novembre 1989.

J’étais alors secrétaire général adjoint du RPR. Le 9 novembre au matin, nous nous intéressons aux informations qui arrivent de Berlin, et semblent annoncer du changement dans la capitale divisée de l’Allemagne. Nous décidons de quitter Paris avec Alain Juppé pour participer à l’événement qui se profile. Arrivés à Berlin ouest, nous filons vers la porte de Brandebourg où une foule enthousiaste s’est déjà amassée à l’annonce de l’ouverture probable du mur. Là, par le plus grand des hasards, nous croisons un jeune élu français que nous connaissions, à l’époque spécialiste des questions de défense : François Fillon. Nous filons ensuite vers Check Point Charlie pour passer du côté est de la ville, et enfin confronter ce mur dans lequel nous avons pu donner quelques coups de pioche. Autour de nous, des familles se rassemblaient pour abattre le béton. Certaines venaient nous parler pour nous expliquer leurs sentiments, leurs ambitions nouvelles, et partager leurs émotions après des décennies de séparation. La nuit s’est poursuivie dans l’enthousiasme général : les retrouvailles du peuple allemand sonnaient la fin de la guerre froide et le début d’une période de grande liberté en Europe.

C’est cette liberté que nous défendons toujours avec l’Europe, et que nous fêtons 20 ans après.

Los casi 800 comentarios a la foto han puesto en duda esa versión. ¿Podía saber Sarkozy esa mañana que los pasos fronterizos se abrirían cuando no lo sabía ni la propia policía del Este? Lo significativo es que el primer comentario viene de un periodista de Libération que cubrió la caída del Muro y niega que un político local de la Francia de 1989 pudiese tener acceso a esa información cuando ni embajadores ni el propio Helmut Kolh la tenían.

La documentación presentada por Sarkozy tras la polémica sigue dejando algunas dudas: cobra fuerza que Sarkozy viajara a Berlín durante los días posteriores, pero no parece muy claro que estuviera ahí la noche del 9 de noviembre. Sobre todo porque el propio Juppé se ha negado a confirmarlo.

Otra vez es una foto la que desata polémica. De los michelines borrados a un joven francés martilleando un muro de hormigón. Pero la pregunta que se hace parte de la sociedad francesa y que compartimos es, ¿por qué intentar mentir con la foto? ¿Por qué intentar colgarse una medalla que quizás no tiene? ¿Por qué dar espacio a los contrincantes políticos con una polémica inútil? ¿Por qué arriesgarse a una crisis de reputación?

Sí, muchos mienten en Facebook o en los sitios de contactos para conseguir una cita. Pero… ¿debe hacerlo también el hombre más poderoso de Francia?

9 Nov

Un muro que se hizo souvenir

No puedo empezar este post evocando lo que hacía ese 9 de noviembre de 1989 porque mi memoria no alcanza para tanto. De esa época, sólo guardo en los pliegos de mi cerebro algunas imágenes aisladas de un abuelo ejecutado –que años más tarde comprendí que era Ceaucescu, el tirano rumano-, unos señores rompiendo una pared pintada y muchos fuegos artificiales. En esa época, con poco más de cinco años de edad, creía que el golpe de Estado que sufrió Gorbachov fue el causante de su mancha en la frente…

Yo formo parte de esa generación de europeos que ha consumido el relato de la caída del Muro de Berlín. Porque su caída –o su derrumbe o como se le quiera llamar- tiene todos los elementos para ser un gran relato, un gran transmisor de valores para toda una generación de europeos. Una historia emocionante de superación y de defensa de la libertad.

Es una gran historia europea. Del conflicto a la pacificación, de las heridas profundas a sanarlas –quizás tarde- pero superarlas al fin y al cabo. Esa idea de que en Europa hoy es posible un espacio de paz y libertad sin precedentes. Este aniversario debe servirnos para reflexionar sobre ello y defender este relato que, al final, tuvo un final feliz.

En el otro lado de la balanza están los años de división, sufrimiento y desolación. Las historias de las familias separadas y los cadáveres que el muro dejó a ambos lados. Para ello, la visita al museo que se encuentra en el antiguo Checkpoint Charlie es extremadamente enriquecedora e ilustrativa. Y sobretodo, el testimonio más fiel de un mundo dividido por un telón de acero que había empezado a desmoronarse años antes de ese día del otoño berlinés, pero que aceleró su desplome al paso de los berlineses de ambos lados por los pasos fronterizos.

Esta historia europea tiene también su historia de comunicación. O de como a veces un procedimiento establecido no tiene otra alternativa que no aplicarse. No quiero abundar sobre la historia de ese momento, para ello hoy prácticamente todos los medios dedican grandes espacios a esta efeméride, pero me parece especialmente llamativo el modo en que la frontera cedió y se abrió de par en par.

Ese día de noviembre, el gobierno de la RDA anunció el cambio en la política de viajes al exterior, que fue el tema que derivó de forma inmediata en la caída del muro. Esa política, que entraba en vigor a las 4am del 10 de noviembre, fue anunciada en una rueda de prensa por Günter Schabowski que fue retransmitida en directo por la televisión de la RDA. Todas las restricciones de circulación habían sido eliminadas:

“Los viajes privados al extranjero se pueden autorizar sin la presentación de un justificante — motivo de viaje o lugar de residencia. Las autorizaciones serán emitidas sin demora. Se ha difundido una circular a este respecto. Los departamentos de la Policía Popular responsables de los visados y del registro del domicilio han sido instruidos para autorizar sin retraso los permisos permanentes de viaje, sin que las condiciones actualmente en vigor deban cumplirse. Los viajes de duración permanente pueden hacerse en todo puesto fronterizo con la RFA.”

Aunque el proyecto aún estaba a esas horas pendiente del análisis del Comité Central, a las 18:57 terminó la rueda de prensa en la que un periodista italiano pregunto sobre el momento en que entraría en vigor esa trascendental decisión. Schabowski consultó sus notas y afirmó que lo había hecho de forma inmediata.

Desde ese momento, los berlineses se agolparon a lado y lado del muro. Los policías aún no habían recibido instrucción alguna, pues la medida entraría en vigor al día siguiente y, de hecho la decisión del Consejo de Ministros aún no era definitiva.

Pero el anuncio por un medio como la televisión, en directo, desplegó tal expectación que las fronteras se abrieron de par en par –a las 23 horas de esa noche se abría el primer puesto fronterizo- y los ciudadanos, sin el miedo a ser tiroteados, empezaron a derrumbar ese muro con todo lo que tenían a mano.

La apertura de las fronteras cerró una oscura etapa de la historia europea al mismo tiempo que caía el muro. Inauguraba una etapa distinta, para un mundo distinto. Un mundo en que el muro pasó a ser el símbolo de la división, el miedo y la falta de libertad a ser el baluarte de los aires del cambio. Un nuevo mundo en que ese muro pasaría a ser un souvenir que hoy está repartido por el mundo. Incluida mi habitación.