3 Feb

El mitin ha muerto. Larga vida al mitin

El pasado mes de noviembre el PSOE se gastó 200.000 euros en un mitin que debía servir de impulso para presentar las “nuevas energías” del partido y era la antesala a la aprobación del decreto sobre la Ley de Economía Sostenible. Un acto criticado, no solo por su coste, sino por el alarde de frivolidad que supuso para el partido en el gobierno en tiempos durísimos. No es de extrañar que esa acción de marketing político poco sirviera para remontar el vuelo en las encuestas. Todo un Waterloo.

¿Estuvieron bien invertidos esos 200.000 euros? ¿Están bien invertidos todos y cada uno de los céntimos que se gastan los partidos en espectaculares mítines electorales? ¿El mitin electoral ha muerto, larga vida al mitin?

La relación de la comunicación política con los mítines es casi mística. Inevitable, con una fuerte correlación. Parece que queda en nuestro subconsciente colectivo la necesidad de entender que un político sólo está en campaña cuando se mezcla entre miles de personas en un espectáculo como ese. Los partidos lo saben y por eso, año tras año, elección tras elección, nadie se atreve a mover una coma del guión establecido. Como si fuera un pecado plantear cambios.

Existen ciertos espacios que guardan una relación casi mística con los partidos. Pabellones, palacios de deportes, plazas de toros… que son algo parecido a santuarios para muchos partidos políticos. Esos escenarios tienen la virtud de agolpar a los propios, de constituirse en retos (llenar el Sant Jordi de nuevo, se decía en las pasadas elecciones generales por parte del PSC). Aznar llenó Sevilla, una demostración de fuerza en el feudo de González. Y las batallas numéricas para ver quién llena más la plaza de toros de Valencia es un clásico en campaña.

Pero, ¿sirven los mítines para algo más? Para muchos políticos y no menos asesores, son un recurso que no puede obviarse y al que destinar cuantos recursos sean necesarios. Un minuto en televisión con una horda de simpatizantes bandera en mano no tiene precio. Poco importa que sea imposible trasladar la energía –para los propios, los convencidos, los que ya te van a votar- que se vive en ellos al otro lado de la pantalla. Para otros, menos políticos que asesores, el formato empieza a chirriar. Sobretodo cuando otras fuentes de información aparecen con fuerza y ese impacto en televisión ya no tiene el mismo valor que antes.

Nuevas fórmulas

Anxo Quintana, en las pasadas elecciones gallegas, exploró un nuevo formato de mitin: actos con poca gente, con el candidato de pie hablándoles sin atril. Montilla nos regaló imágenes similares en su campaña electoral, con spots que reproducían este formato.

En Estados Unidos, muchos de estos actos de campaña son pequeños discursos –en cierto modo, efecto de la rapidez con la que un candidato debe moverse por el país-, aunque no podemos olvidar que son los precursores de los mayores mítines de la historia: se llaman convenciones y duran cuatro días.

En todo caso, no dejan de ser una adaptación del modelo a formatos más comprimidos, igualmente superficiales para el resto del electorado y a merced de una pequeña dosis en los grandes medios de masas.

¿Es Internet el nuevo mitin?

A juzgar por lo que se vive en espacios como Twitter o las redes de blogs de algunos partidos, el espíritu del mitin se ha trasladado a Internet. Conversaciones entre convencidos, con exaltación –natural- de los valores propios. Espacios en que el foco está más en la autorealización o la afirmación propia, que en el propio objetivo de la comunicación en campaña: convencer, sumar.

Los usuarios dedican demasiado tiempo a reafirmarse en sus posiciones. El interés por el debate es residual. La oportunidad de desmontar los argumentos del otro se pierde entre tanto ruido.

Pongamos el caso de aquel votante indeciso que sigue a varios usuarios de una determinada facción. Este usuario recibirá el mismo impacto multiplicado por el efecto de RTs, entradas parecidas en los blogs… y en muchas ocasiones no podrá rascar más allá del eslogan. Como en un mitin. ¿Es la conversación el nuevo mitin?

24 Ene

Una CiU naífe se presenta en sociedad

Durante la presentación de su libro “Democràcia a sang freda”, David Madí dio unos sugerentes titulares a la prensa. Recuerdo especialmente uno en que afirmaba que el no había “matado a Kennedy”. Aquella mente fría, calculadora y agresiva, que al dar ese titular quería desempolvarse de esa imagen negativa tras el famoso DVD de CiU en las últimas elecciones al Parlament; quería rebelarse.

Y su turno llegó ayer. En el cine. CiU convocó a sus principales figuras –a excepción del candidato de la coalición, Artur Mas-, periodistas y bloggers al acto de presentación de su nueva imagen en Cinesa Diagonal. David Madí y Joana Ortega (la responsable de comunicación de Unió y diputada en el Parlament) presentaron la imagen más soft para estas elecciones.

Cualquiera diría que David Madí, la cabeza pensante del DVD que dibujó el caos en el país hace algo más de tres años, lideraría la presentación del look más blando y amable de CiU. Pero así fue. La coalición ha entendido que lo único que debe hacer para ganar las elecciones es no meterse en líos y para ello se dispone a ser la opción amable. Aunque corren el riesgo de vaciarse de contenido si se quedan en lo naíf. En lo superficial.

En todo caso, manteniendo la tipografía, han optado por la pureza del blanco y el poder de una sonrisa para evolucionar su logotipo a un símbolo. Una CiU que sonríe a todos para acoger a todos. Incluso al diseñador del logotipo de Obama, pues el círculo con la bandera catalana recuerda sospechosamente a las barras de la bandera americana que el presidente incluía en su símbolo.

Sería necesario reflexionar sobre un punto esencial. La política de las emociones no se consigue sólo con el uso de un símblo. No se consigue con sonrisas tipográficas o corazones con la bandera catalana como ya vimos en las últimas elecciones. La política de las emociones es alguna cosa más compleja y por mucho que se repita, esta no es una opción emocional. De momento.

Para CiU, esta precampaña de la precampaña se asemeja a empezar el colegio, el curso. Porque “Començar il·lusiona”, y con ello quiere enviar un mensaje optimista a la sociedad, aunque el contenido brille por su ausencia. Pero toman posiciones muy sólidas como lo que pretenden ser: un nuevo estilo de catch-all party que no se cierra a pactos con nadie. Aunque el mensaje pueda parecerse a este:

Durante la jornada de ayer también se presentó la gran arma de la coalición en la Red. CiU se adelanta a todos en Catalunya y es el primer partido político catalán con una Red Social propia. Cativistes.cat es el punto de referencia para todos aquellos nacionalistas que quieren hacer algo por su país desde la Red. La plataforma, elaborada por Cink, supondrá un antes y un después en la política catalana y quizás por ello, en CiU no han dudado en darle a su presentación aires épicos a lo Braveheart.

La campaña está ya en marcha y CiU se apropia de los mejores puestos. Los próximos meses serán los clave, tanto para CiU como para ver si su versión amable, soft y con un cierto aire naíf triunfan. Si ayudan a vertebrar esa alternativa política o si por el contrario, la falta de mensaje puede alimentar el efecto Carlos Sainz.

4 Dic

Jaque a Sinde

Foto de Jesús Encinar

Hace poco más de un mes, paseando por Valencia, vi como un adolescente se volvía loco, dando vueltas al buzón verde de carteros con un sobre en la mano. Buscaba una ranura donde tirar su carta, pero no la encontraba. No había enviado en su vida una carta postal. Ahí te das cuenta de que algo ha cambiado.

Hace unos días, el gobierno presentaba su anteproyecto de Ley de Economía Sostenible (LES). De repente, miles de ciudadanos empiezan a mostrar su descontento en la Red por una de las disposiciones que plantea un recorte de derechos preocupante. En pocas horas, un manifiesto congrega miles de voluntades (más de 78.000) a una velocidad pasmosa. Ahí te das cuenta de que algo ha cambiado.

Hace unas horas, un rumor se hace cierto en la Red. Varios líderes de opinión muy significativos que desempeñan su actividad en Internet son invitados a una reunión con la Ministra de Cultura para debatir sobre esa cuestión. Ahí te das cuenta de que algo ha cambiado.

Hace aún menos horas, mientras corres en el gimnasio, ves que algunos informativos abren su edición con la noticia de esa reunión y observas como unos cuantos bloggers son el centro de la actualidad informativa. Ahí te das cuenta de que algo ha cambiado.

Entonces, reflexionas sobre lo ocurrido y observas como existen contradicciones entre el Gobierno y su partido. Entre el presidente del Gobierno y su ministra. Lees rumores sobre una marcha atrás del Gobierno en ese punto y piensas que, en realidad, nada ha cambiado. Que para el Gobierno y el ministerio nada ha cambiado porque se sigue percibiendo a Internet como algo residual. Si no, no entiendo como permiten tal error político.

Sólo sin entender nada puede el Ministerio acceder a reunirse con personas que generan auténticos corrientes de opinión. Personas que, además, no han tenido ningún tapujo para contar qué ocurría en esa sala y transmitirlo en directo. No porque sean mejores o peores que otros, sino porque entienden que la comunicación con Internet es distinta. Sólo sin entender nada puede dejarse en manos de estos bloggers la creación de un issue en la agenda política. Sólo sin entender de qué va esto de Internet puede el Gobierno aventurarse a hacer mayor la bola de nieve que sus propuestas en la LES han generado.

Siguen sin entender nada cuando se da pie a rumores de marcha atrás en un proyecto tras la confusa reunión mantenida. Y sobretodo, parece que no han calibrado el efecto que ha tenido en los medios tradicionales la reunión en el Ministerio: vamos camino de las 24 horas con las imágenes de la reunión en informativos, prensa y comentarios en las radios. Porque no se trata de internautas contra el resto, como ha querido el Gobierno, sino de ciudadanos que se niegan a ver sus derechos cercenados. Como todos nos levantaríamos si se impusiera hoy la censura en radio, televisión o prensa. Ciudadanos, no internautas.

Porque en el fondo, todo esto va de asegurar que el chico de Valencia tiene sus derechos garantizados, envíe una carta postal o en Internet. Siguen sin darse cuenta que la Red no es un espacio alternativo para gente rara: es un espacio natural de comunicación. Su neutralidad debe ser defendida. Los derechos deben ser garantizados. Porque no puede haber diferencia entre el mail y el correo. Porque va siendo hora de que se den cuenta que todo esto ha cambiado y lo ha hecho de verdad.

Foto de la reunión en el Ministerio del Flickr de Jesús Encinar.

13 Nov

¿Qué hacen los ministros?

Un ministro es, en esencia, un relaciones públicas. Una figura que debe mantener un equilibrio en varias esferas, cosa que no es siempre fácil. Pero básicamente, un responsable ministerial tiene tres funciones:

1. Ser el relaciones públicas del ministerio, dar credibilidad y plausabilidad a lo que hacen los funcionarios.
2. Es el hombre en el parlamento, el que sabe lo que se dice y lo que se va a hacer en la cámara.
3. El encargado de luchar por el presupuesto de su ministerio en el consejo de ministros.

No lo digo yo, es una de las lecciones de Sir Humphrey, el eficaz secretario permanente del ministerio de Administraciones Públicas del Gobierno de Su Majestad en la popular serie de televisión de los ochenta “Yes, Minister!”. Una fina comedia –la favorita de la Dama de Hierro-, exponente del puro humor británico que hace gala de una ironía deliciosa, donde se narra el día a día del ministro y sus asesores que, de hecho, son funcionarios.

Aunque esta imagen sea simplificada y llevada al extremo, la serie da en el clavo: la necesidad de responder a varias audiencias desde un cargo político. Desde la gestión de los equipos a rendir cuentas directamente con los ciudadanos. Varias audiencias que, siempre, buscan el propio interés. Sir Humphrey muestra en la definición de lo que es un ministro aquello que más desea: tener libertad para poder fijar él mismo los temas del día a día y su ejecución. Pero eso no es lo mismo que espera un ciudadano. Ni mucho menos lo que quiere un periodista.

E Internet, ¿qué papel puede jugar en conciliar esas necesidades? Un papel muy importante. Desde la contribución que puede hacerse a la comunicación interna en ministerios y departamentos con herramientas útiles como wikis, blogs internos o la aplicación de cualquier instrumento que ataque las debilidades. Pero también es evidente que puede hacerse más visible la acción que se realice. Blogs, Twitter o Facebook pueden mostrarlo. Actualmente, tres ministros del Gobierno -Bibiana Aído, Moratinos y José Blanco- tienen y actualizan con cierta regularidad sus blogs.

Pero incluso tomando la descripción del secretario permanente, podríamos entender que desde una óptica ciudadana Internet permitiría a los ciudadanos considerar al ministro su propio relaciones públicas. La persona que encarna sus intereses porque el mismo ministro los conoce –gracias a la participación-, ser el hombre o la mujer en el parlamento –porque cuenta lo que pasa, lo que se hace o lo que se va a hacer- y, ya que es el encargado de luchar por el presupuesto; explicar a qué se va a destinar. También con su participación.

Quizás sólo de este modo podríamos empezar a ver como más gente conoce a ministros y ministras que parecen invisibles y ser testigos de una mayor puntuación en los ránking que las mismas encuestas muestran.

28 Sep

Flickr y las hijas de Zapatero: una lección para Moncloa

La crisis abierta por la difusión y publicación de la fotografía de las hijas del presidente Zapatero pone de manifiesto, entre otras cosas, la colisión de dos modos de entender la comunicación. No tanto por el hecho que Zapatero haya optado por proteger a sus hijas del foco de los medios y no lo hagan otros mandatarios, sino por el medio en que se ha dado este caso.

A diferencia de muchos comentarios que se han sucedido en los últimos días, este post no cubre los denigrantes insultos y vejaciones contra unas menores que se han propagado sin cesar. Tampoco es un comentario hipócrita sobre si una persona es mejor si va vestida de rosa y con lacitos. No va a ser una discusión sobre protocolo ni un alarde de patriotismo sobre la representación del Estado. Ni mucho menos un zafio comentario sobre si quién paga el viaje de la primera familia –bueno, la segunda, que primero viene la Familia Real-. El foco es el modo de entender la comunicación.

A excepción de la cuenta de Twitter @desdelamoncloa y alguna del Plan E, la presencia de Moncloa en la Red presenta grandes deficiencias. En comparación con el 10 de Downing Street, el Kremlin, la Casa Blanca o incluso el Vaticano, la comunicación del ejecutivo suspende en Internet.

Desconozco si tras la fotografía alguien del Gabinete del presidente, de la embajada o del Ministerio de Exteriores se preguntó si esa foto acabaría publicada en algún lugar, pero dentro de las opciones seguro que no estaba que apareciera en un lugar como Flickr. ¿Cómo contemplar un escenario así, si la Moncloa no está presente?

Me parece más interesante esta reflexión que no si el atuendo de dos adolescentes era el adecuado. Dar información, escuchar al ciudadano y participar de la conversación no es un lujo. Tampoco es una frivolidad ni, mucho menos, algo pasajero. Porque si esta es la concepción real de Moncloa, han sido tocados en la línea de flotación desde lo que desdeñan.

Creo que Moncloa debería plantearse muy seriamente hacia dónde quiere enfocar su presencia en la Red. ¿Es de recibo que no dispongan de un canal en YouTube para colgar los vídeos del presidente, las ruedas de prensa del Consejo de Ministros o el discurso de Zapatero en Naciones Unidas? ¿Por qué no están disponibles las fotografías de los actos de la presidencia para cualquier usuario que quiera usarlas en sus blogs?

Las crisis de las fotos ha dejado bien claro que en el contexto actual la decisión ya no es una opción: ya no vale con pensar si estamos o no estamos, es una necesidad. Para conocer las amenazas debe conocerse primero el terreno y el Flickr del Departamento de Estado ha dado una lección a más de uno.

7 Sep

Si entras en Facebook te quedarás ciego

But we must also admit that programs alone can’t replace parents; that government can’t turn off the television and make a child do her homework; that fathers must take more responsibility for providing the love and guidance their children need.
Barack Obama

Antes de Internet, la amenaza para los menores fue la televisión. Y seguro, que antes lo fueron las radionovelas. Y antes, los artículos de los diarios. Y antes, los charlatanes, los bufones y quien, sabe, quizás hasta los sermones de algunos curas. Todo cambio siempre ha sido una amenaza, más si el desconocimiento sobre todo lo que es nuevo nos envuelve con un halo de ignorancia difícil de comprender.

Una muestra más de esa ignorancia es la medida que el PP planteó la semana pasada en el Congreso de los Diputados en el marco de una serie de acciones propuestas para proteger a los menores. El principal partido de la oposición se ha marcado entre sus prioridades políticas enviar un mensaje muy claro a los padres: la protección de sus hijos debe pasar por votarles. Sólo así puede entenderse las propuestas planteadas, desde la rebaja de la edad penal a los 12 años o la prohibición de los menores de 14 años a participar en las redes sociales.

Estas propuestas tienen muchas caras. Como digo, una es la de estrategia electoral: conseguir recortar diferencias con el PSOE en este extracto apelando a una cierta política del miedo (no hay nada más emocionalmente potente que el instinto de protección de los padres) es una vía inteligente. Al menos, a corto plazo.

Y ahí es donde miedo e ignorancia entran en juego, ya que mientras las nuevas generaciones sólo entienden su vida con Internet y la Red es el medio para casi todo, para sus padres sólo es una amenaza más que no saben como combatir. Pero como decía Obama en su discurso en la Convención, el Gobierno no es quién debe apagar la televisión (o Internet), son los padres.

Si la estrategia del PP no fuera tan cortoplacista, volcaría sus esfuerzos en alertar a los padres de las amenazas, pero a acentuar las virtudes de la participación en la Red. Promovería acciones para que todo el mundo tuviera acceso a Internet, aprendiera a usarlo con acierto y a maximizar sus beneficios. Y lo más importante, adecuaría el mensaje de modernidad que ha empuñado en varias ocasiones, pero que echa por tierra al marcar con una letra escarlata a las Redes Sociales. Como usuarios, ¿cómo podemos confiar en los proyectos que presenta el PP si luego demoniza el medio?

Porque las Redes Sociales no son el problema. El problema es el desconocimiento, y señalar sin rubor a ello sólo acrecienta esta percepción. Así lo entienden las personas que dentro del PP conocen gracias a su participación activa este mundo, como Cristina Cifuentes constata en su blog.

En el fondo, la pregunta que nos deberíamos hacer es ¿son realmente tan peligrosas las Redes Sociales como para prohibir el acceso a los menores? ¿La prohibición es la solución? No hablemos ya de las dificultades técnicas para ello, ni tan siquiera de si legalmente sería posible.

Sorprende que los defensores de la tradición liberal (si es que alguna vez ha tenido fuerza real en este país) sean los que aboguen más por la prohibición que por el desarrollo. Sorprende que esa concepción la defienda más el PSOE que ellos. Y sobretodo, sorprende que el PP no vea auténticas oportunidades en el desarrollo de la Red.

Al fin y al cabo, su propuesta es heredera de la concepción que tiene el PP de la Red, un medio sin importancia, pero que sin embargo es el usado por las capas de nuevos votantes. Y que si dedicarán más tiempo a buscar la pedagogía, en nada sería el canal más usado por las generaciones de padres y madres que, con más conocimiento del que a día de hoy tienen, desbaratarían ese cóctel de miedo e ignorancia. Aunque mucho me temo que en otras circunstancias, esa propuesta podría haber sido presentada por cualquiera de los otros partidos…

13 Ago

¿Y qué pasa con los anuncios electorales en TVE?

Dentro de unos meses, la publicidad desaparecerá de Televisión Española. Durante los últimos meses, el debate sobre esta cuestión ha generado infinidad de comentarios: el sector publicitario mira con miedo la decisión por los efectos que pueda tener en su mercado, las cadenas privadas también lo miran con recelo. Y los anunciantes se preguntaban qué pasaría con sus contratos.

Ante esta situación, mis preocupaciones han ido por otra vía. Cuando la medida entre en vigor, ¿qué ocurrirá con los spots electorales? En tiempo de elecciones, ¿los espectadores de TVE sólo verán anuncios de esta clase?

No es una cuestión menor y estoy convencido que cuando se afirma “la obligación de incluir en su programación espacios donde se de cabida a los grupos políticos, sindicales y sociales, retransmisiones de los principales debates parlamentarios, programas infantiles con contenidos y horarios adecuados y debates electorales. También se avanzará en accesibilidad para las personas con discapacidad y en el apoyo y emisión de producción audiovisual europea” la cuestión de las campañas electorales estarán de algún modo contempladas.

En todo caso, no debemos olvidar lo que afirma Putnam: la presencia de anuncios electorales fuera del ciclo informativo (como ocurre en España desde las elecciones generales de 2008) tiene un efecto mucho mayor en el electorado que los propios impactos que se reciben en el mismo ciclo. O lo que es lo mismo, si no se contempla esta figura, o se diluye, ¿qué sentido tendrán los spots electorales? ¿Si dejan de existir como tales, qué harán los partidos para seguir con sus mensajes?

Me da a mí que la respuesta tiene mucho que ver con la Red…

11 Ago

¿Para cuándo el slideshare de Moncloa?

Cuando decimos que estar bien posicionados en la Red es esencial, no es una afirmación sin fundamento. Vivimos rodeados de información –algunos hablan del síndrome TMI, Too Much Information- y acceder de manera rápida a aquello que buscamos se vuelve un must.

Por eso, cuando una empresa, un partido, un candidato o una ley ni aparecen al ser buscadas, tenemos un problema. Pero también lo tenemos si los ciudadanos buscan algo en nuestras parcelas en la Red y no lo encuentran o tardan en encontrarlo.

Hace unas semanas, a raíz del anuncio del nuevo modelo de financiación, el Ministerio creó una presentación explicativa. Intenten entrar y buscarla, la encontrarán, pero les costará.

Para ello, existen herramientas que nos pueden facilitar este tipo de tareas. Si el Ministerio hace una presentación de naturaleza pública, ¿por qué no la cuelga en, por ejemplo, SlideShare?

Si lo hiciera, no sería el primero. La Casa Blanca ya se ha avanzado y pone a disposición de los ciudadanos y ciudadanas algunas presentaciones que pueden ser útiles para varios cometidos; desde los que investigan por temas académicos, a la prensa y, cómo no, para la ciudadanía.

No es un lujo más, innecesario, sino transmitir la misma vocación de servicio en la Red y facilitar la transmisión de información. ¿Para cuando uno aquí?

9 Jul

Los secretos de la campaña Obama

Algo extraño pasa en este país cuando aterriza un asesor de Obama: capta toda la atención mediática y se le dedican grandes espacios en los medios. Y no es para menos, porque la campaña que hizo al senador de Illinois presidente de los Estados Unidos ha marcado un antes y un después.

Podría decir que no entiendo el alboroto ante todos los asesores del presidente, pero mentiría: es comprensible. Lo es, porque creo que sentimos una sana envidia al ver como una campaña electoral puede pivotar única y exclusivamente en la gente. Porque no estamos acostumbrados a ser la parte central del debate político.

Mientras escuchaba a Harfoush reflexionaba sobre lo que estaba diciendo a quién dirigía su intervención. Nuestro modo de participar en la política no se semeja, ni por asomo, a ese milagro participativo conseguido en la campaña de las presidenciales de 2008. Cada anécdota que explicaba, escondida en los 13 millones de correos enviados desde Obama for America, dibujaba sonrisas y levantaba admiración. A mí me ha hecho viajar a la noche del 4 de noviembre, una noche mágica que intenté relatar en este post. Curiosamente, titulado igual que su libro.

Supongo que entre las personas que llenaban el auditorio del histórico edificio de Telefónica, se mezclaba ese sentimiento de envidia y la pregunta siguiente, ¿cómo podemos hacer algo similar aquí? Y la respuesta de Harfoush es la clave: no debemos tener miedo al medio. Solo son personas hablando con personas.

La campaña de Obama, la online y la offline, nos han enseñado muchas cosas. Quizás ha llegado el momento de no sorprendernos ante la visita de los artesanos de esa campaña y mostrar más interés en qué podemos cambiar de las nuestras. Como pasar del cara a cara Rajoy vs. Zapatero basado en el yo, yo y yo a campañas que hablen de nosotros. Como pasar de una estéril campaña en las europeas a sentir la necesidad de participar en el proceso porque alguien escucha.

Y ese camino deberá tejerse aquí, en la red. Aprendiendo de Harfoush, pero también de las campañas de grassroots, del uso de elementos emocionales y, puestos a pedir, de candidatos que nos hagan partícipes de su reto.

15 Jun

La baja penetración en Ciudad del Vaticano

Todo parece indicar que la próxima vez que un cónclave decida con sus votos la elección de un nuevo Papa, no tendremos una filtración al estilo alemán. Tampoco albergo ninguna esperanza en saber que más de un cardenal pueda twitear una solemne elección como esa. Por motivos obvios: existen ciertos ámbitos en que la tradición siempre pesará más que las nuevas herramientas de comunicación.

Pero la realidad es que aunque eso pudiera ser así, en el Vaticano lo tendrían difícil; tiene una de las tasas de penetración del uso de la red más bajas de Europa: sólo el 10% de la población de la Santa Sede accede a Internet. No es extraño atendiendo a la mediana de edad que se registra en este pequeño Estado, de unos 70 años, pero sí sorprendente atendiendo a su desarrollo económico.

Pero ya sabemos que lo del Estado Vaticano es harina de otro costal. Un Estado curioso a ojos de muchos, no ya por el halo religioso que todo lo envuelve y que es la razón de ser de este lugar, sino por la propia organización política. La Ciudad del Vaticano está gobernada por el Papa que tiene el poder absoluto, siendo así uno de los pocos estados absolutistas aún en vida y en medio de la democrática Europa.

Seguramente por el peso de la tradición, por ese ritmo descompasado de la evolución del resto de sociedades; quizás también la ausencia de una sociedad civil secular, sean los causantes de la poca penetración en este lugar.

Sin embargo, no deja de resultar curioso el salto entre el consumo interno de internet y la estrategia online de Su Santidad. Desde el canal de YouTube que puso en marcha en enero al perfil de Benedicto XVI en Facebook o a la aplicación de iPhone creada ad hoc, tal y como nos informaba hace unos días Xavier Peytibí.

El Vaticano entiende que su capacidad de conversión debe estar orientada al exterior y no al interior (dónde no sólo están todos ya convertidos, sino que además su modo de comunicarse es más espiritual que online), orientada a conseguir nuevos feligreses y comunicar su oferta de valor –sí, suena raro cuando hablamos de fe- hacía esos prospects que deseen salvar sus almas. Mientras, San Pedro parece tener las llaves para el acceso a la Red en las fronteras de su Estado…

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