7 Mar

Discurso: John McCain admite su derrota

Nos sorprendió. El bar de Washington D.C en el que seguíamos la noche electoral enmudeció. De respeto y admiración al senador McCain y, especialmente, por el discurso de concesión que el de Arizona hizo esa noche.

En política hay formas y formas. Y su forma de aceptar la derrota y felicitar al ganador es un ejemplo que muchos deberían seguir.

1 Mar

¿Un Obama español?

La semana pasada participé en el programa Aula Abierta de Radio Andalucía a propósito del famoso gesto de Aznar a los estudiantes de la Universidad de Oviedo. Tras comentar lo inapropiado de la peineta, reflexiones sobre la comunicación política siguieron la conversación. ¿Tenemos algún Obama en España?

No existe. Hay oradores buenos, gente que puede llegar a conectar bien con el electorado. Candidatos que se defienden. Pero candidatos y líderes que apenas consiguen no mermar los votos en sus bases y que esperan que la propia situación desangre el electorado del otro. No, no existe un Obama español. No ya por las dotes oratorias, la importancia que pueda llegar a otorgar a la comunicación o por el papel que el ex senador de Illinois dio a la política de las emociones. No existe porque la base está en el cambio de concepción de la relación del candidato con el votante.

El Obama de campaña es precisamente eso, el cambio en la concepción con el votante. La campaña del senador no lo tenía fácil. Se enfrentaba a la candidata oficial del partido que había tejido a lo largo de los años una extensa red de contactos a lo largo y ancho del país. Él era un senador en primera legislatura, conocido sobretodo por un discurso. El reto para Plouffe, Axelrod y compañía era enorme: ¿como concebir una campaña presidencial para Obama y no morir en el intento?

Y ahí es donde entra en juego el factor diferencial. Lo que hace que no tengamos Obamas en España. Para superar esas barreras (esas eran las de Obama, pero un candidato aquí tendría las propias) diseñaron una campaña basada en el votante. El votante debía tener autonomía, debía participar. Debía ser el centro. Una campaña basada en el ciudadano y no en el votante.

Así, Obama desplegó ese movimiento de grassroots en los 4 primeros estados de las primarias: quería tener su momentum desafiando a Clinton con armas no convencionales. Y triunfó.

A Obama le llamaron loco. Loco por querer romper con la campaña mercantilista en Carolina del Sur (tu me pagas y yo te consigo votos) y pasar a la acción escuchando y dando la palabra a los votantes. Porque ofreciendo una manera distinta de hacer política podía llevar a las urnas a los sectores que nunca votan y que eran necesarios para vencer a Clinton o Edwards.

Y funcionó. Internet ayudó de forma decisiva, pero también decisiones estratégicas como mimar a los donantes de cantidades pequeñas tanto como a los grandes donantes. Funcionó.

¿Tenemos un Obama en España? No, creo que no. Porque parece que los candidatos, aunque entiendan que la desafección es la barrera, que podrían ganar acercando a la política a los que se alejan de ella, no se atreven a hacer ese cambio. No se trata de abrir una web. Ni de buscar un buen eslogan. Es cambiar la relación de políticos y votantes. Saltar la barrera. Y de eso, no tenemos.

26 Feb

Las 10 mejores cosas de ser presidente de los Estados Unidos

  1. Tener un cine en casa
  2. Tener avión propio

  3. Y un helicóptero para los viajes cortos
  4. Te invitan a lanzar la pelota en los partidos de baseball
  5. Perdonar pavos para Acción de Gracias
  6. Ser el jefe de todo esto. Del Ejército también
  7. Que tu “sala de juegos” sea la Situation Room
  8. Trabajar en el despacho más famoso del mundo
  9. Firmar las leyes con una pluma distinta para cada letra de tu nombre
  10. Formar parte de un selecto grupo: presidentes de Estados Unidos
  11. Fotos del Flickr de la Casa Blanca

29 Ene

¿Y si hubiesen atentado contra el Capitolio?

Podría haber pasado. Un fallo de coordinación entre los controladores del Reagan y de Dulles. Un malentendido entre el Pentágono y la Situation Room de la Casa Blanca. O sencillamente, lo inesperado. De golpe, cuando algunos congresistas demócratas tomaban asiento tras levantarse para mostrar su apoyo al presidente, el techo podría haberse desplomado. O un gas podría haber fulminado a Obama. Y con él a Biden y a Pelosi. La línea de sucesión a la presidencia se habría terminado en cuestión de segundos.

Aunque sea ficción, este tipo de situaciones no se prestan al azar. Como en casi todos los regimenes políticos, la sucesión de un cargo está perfectamente definida en la Constitución americana. No sólo por la vía que antes ya hemos intuído (Presidente, Vicepresidente y speaker de la Cámara de Representantes), sino por la designación de un superviviente. El llamado designated survivor o designated successor.

Este miércoles, uno de los miembros del gabinete presidencial (nuestro consejo de ministros) se mantuvo a una distancia física, segura y prudencial del Congreso. Un miembro del ejecutivo que cumpla las mismas condiciones que debe cumplir un candidato a la presidencia es designado como la persona que, en caso de desastre fatal y de destrucción de la línea natural de sucesión, aseguraría la continuidad del gobierno.

Shaun Donovan, Secretario de Urbanismo, fue el designated survivor mientras Obama se dirigía al Senado y a la Cámara de Representantes. Durante el discurso del estado de la Unión, Donovan fue protegido con el mismo nivel de seguridad que el presidente y tuvo el famoso ayudante con el maletín con las claves nucleares.

Por suerte, no pasó nada y Donovan no tuvo que dirigir los designios del planeta. Aunque seguramente Donovan tampoco estuvo al cargo de la gestión del correo electrónico. Lo digo porque los discursos como el de este miércoles no se ganan sólo en la arena parlamentaria. Tampoco el debate sobre el estado de la Nación en España o los debates de política general en los parlamentos autonómicos. El debate se gana de verdad cuando se discute quién es el ganador ante la opinión pública.

Para ello, los poderosos gabinetes de comunicación siempre han tenido mucho cuidado en darse como vencedores ante los medios minutos después de finalizar los discursos o debates. Así ha funcionado y así seguirá funcionando. Pero… ¿qué ocurre con los que, por ejemplo, no han visto el debate en televisión ni lo van a hacer?

El correo electrónico parece haber sido la estrategia de esta Casa Blanca. Pero también de los Republicanos. Si David Axelrod, cuando faltaban apenas tres horas para el discurso, envió un correo a la base de datos del Ala Oeste, dando un adelanto de las líneas del discurso, fue el propio Obama –bueno, ya se entiende que no fue él- quien al finalizarlo envió un correo con un claro objeto: We don’t quit –no nos rendimos-.

Con este tipo de acciones demuestran un control de pequeñeces que no son tan pequeñas: ofrecer la visión propia de un tema importante con tus mensajes clave y la percepción que deseas generar. Lo mismo que McCain hizo con un mensaje grabado en vídeo que envió por correo con los problemas a los que se enfrenta América. La batalla de los correos.

Decididamente, Donovan no tuvo nada que ver. Seguro que Obama no le comentó nada sobre ellos. De hecho, quizás no tuvieron la tierna escena que la primera temporada de The West Wing crea con un designated survivor. Os la recomiendo (tranquilos, no se desvela ninguna línea argumental).

22 Ene

Game Change: algo más que un relato

Eso de que las campañas electorales en Estados Unidos son largas no es un mito. Incluso un año después de celebrarse, la campaña puede ser noticia; incluso entrar en la agenda política. Y no es para menos.

Se ha lanzado el libro sobre la campaña presidencial de 2008 que han escrito los periodistas Mark Halperin y John Heilemann: Game Change. Y en él, hay para todos. Demócratas y Republicanos. Los candidatos que finalmente disputaron la carrera presidencial y los que cayeron en las primarias.

Entre el mar de nombres propios, destaca el de los Clinton. Según el manuscrito, el presidente Clinton mantenía una relación con una amante durante las primarias. Una relación algo más seria que la que mantuvo con la ex becaria Lewinsky durante su mandato. Para estos periodistas, esta relación fue una amenaza constante en la campaña e incluso fue tema de discusión cuando Obama le ofreció a la ex senadora el cargo de Secretaria de Estado. Y en una interesante reunión, Hillary comentó que su marido, Bill, era una amenaza. Pero Obama la necesitaba para acometer todas sus reformas.

Pero la agenda política ha estado muy marcada por el libro. El líder demócrata Reid se refirió de forma racista al presidente Obama durante la campaña. No creía que podría llegar a presidente alguien con su color de piel y uso unas palabras muy desafortunadas. Los líderes republicanos han pedido su dimisión y el presidente ha aceptado sus disculpas.

“Game Change” dará mucho que hablar. Quizás vaya siendo hora de pedirlo a Amazon… Aunque la temporada de libros no ha hecho más que comenzar.

29 Dic

Nombre propio #3: Barack Obama

Al igual que Esperanza Aguirre, Obama repite. No, no hay intento de atar sus destinos… El presidente norteamericano empezó su mandato con energía y en poco menos de un año ha conseguido poner en marcha la reforma del sistema sanitario en Estados Unidos. Nada más y nada menos. Pero también ha terminado con la desigualdad de salario en el país por cuestión de sexos, ha hecho avances para terminar con la segregación de LGBT, ha trabajado por superar la crisis financiera, por acercar posturas con Cuba, Irán y Corea del Norte…

Obama recordará el 2009 por muchas cosas. Y una de ellas será la decisión del tribunal noruego del Nobel al otorgarle el premio Nobel de la Paz. Un galardón que levantó críticas y ampollas. Especialmente por lo agridulce de su comunicación: si la aceptación del galardón, con un discurso perfecto en la Casa Blanca, le salvó del bochorno mundial; el discurso en Oslo fue como ver al mismo Clausewitz recogiendo el Nobel de la Paz.

En todo caso, Obama ha demostrado que no es un bluff. Que puede gustar más o menos (no puede esperarse que los republicanos le amen, desde luego), pero que está aplicando lo que prometió en la larga campaña presidencial.

Cierra el año, pues, con un balance agridulce. Con avances sociales en el haber y encontronazos a cuenta de las guerras, la CIA o la gestión del último intento de atentado en el debe. Con una bajada paulatina –algo comprensible- en las encuestas a lo largo del año.

18 Dic

Homer Simpson será presidente de Estados Unidos

president-simpsonEn Estados Unidos la política se lleva en el ADN. Gusta, se vive desde la infancia. Si a ello le sumamos ese gusto por el espectáculo, llegamos al propio espectáculo de la democracia, el showbusiness de la política. Las campañas a lo grande, los grandes anuncios electorales, el dominio de la imagen, una política para todos los sentidos. Y casi, para todos los públicos.

Quizás por ello, el mundo del entretenimiento no es ajeno a la política. Desde una gran cantidad de títulos cinematográficos dedicados a los inquilinos de la Casa Blanca a la mítica serie ambientada en la zona de trabajo, el Ala Oeste de la Casa Blanca. Presidentes más o menos convincentes ante las cámaras, pero también de amarillo y en animación.

La familia más famosa de América, The Simpsons, cumple 20 años. Y como buena familia americana, también lleva la política en su ADN, aunque Homer sea el típico ciudadano alejado de ella. Esta serie de éxito, que cuenta con un humor inteligente y unos guiones muy trabajados, llega en buena forma a su aniversario y echando la vista atrás podemos darnos cuenta hasta que punto la política ha sido una parte central del show.

Tras miles de episodios, 12 presidentes han “actuado” para los Simpson. Desde el padre fundador, George Washington, a George W. Bush. Pero además, escenas, frases y discursos célebres de la política norteamericana se han colado casi sin avisar en muchas escenas de la familia amarilla: el bebé Maggie imitó a la niña del famoso spot de L.B. Johnson, Daisy. Y Bart jugó con el spot “Rats” de George W. Bush. O Homer proncundiado la palabra “nuclear” como Eisenhower.

Estas son las 10 mejores escenas presidenciales en The Simpsons:

George Washington
En el marco del bicentenario de la ciudad de Springfield (con fuertes connotaciones al propio aniversario de la nación celebrado años antes), Lisa descubre el terrible secreto de su fundador. En la recreación del mismo, el primer presidente americano forcejea con el hombre que da nombre a la ciudad. Y descubrimos porque a su retrato oficial le falta un pedazo.

George H.W. Bush
El primer presidente Bush se muda a Springfield tras dejar la presidencia. La razón es simple, es la ciudad de América con menos interés por la política. La pareja presidencial se instala delante de la casa de los Simpson e inicia una tensa relación vecinal con Homer. Con guiños a “Daniel el Travieso”, Bart juega también un gran papel.

John Fritzgerald Kennedy
El abuelo Simpson descubre durante la Segunda Guerra Mundial que JFK es, en realidad, un nazi. ¿Por qué? En un bote de guerra recita las famosas palabras “ich bin ein berliner” y Abe Simpson ordena la carga contra él.

Richard Nixon
Durante un capítulo de Halloween, Homer vende su alma al diablo por una rosquilla. La familia exige un juicio justo, formado por un terrorífico jurado de asesinos y seres diabólicos. Incluido Richard Nixon.

Thomas Jefferson
Airado por ser un segundo plato en los memorials de Washington, el presidente Jefferson se niega a dar consejo a Lisa cuando sufre una falta de fe en la democracia al descubrir un caso de soborno a un congresista.

Abraham Lincoln
Aunque aparece alguna escena, la más famosa es un gran homenaje. Cuando Lisa llega a presidenta de los Estados Unidos en un salto al futuro, Homer y Marge se instalan en la Casa Blanca. Homer se pasará todo el capítulo buscando el oro de Lincoln que acabará siendo un verso.

Jimmy Carter
Los Simpson ayudan al expresidente en su fundación construyendo casas para los más desfavorecidos.

Gerald Ford
En el mismo capítulo de la tensión vecinal con Bush, Ford acaba instalándose en la misma casa y congenia rápidamente con Homer: futbol y cervezas son la clave.

Ronald Reagan
El actor tuvo su momento en los Simpsons al ser invitado a la fiesta de cumpleaños del pérfido republicano local: el señor Burns.

Bill Clinton
Quizás uno de los presidentes que más veces ha visitado a los Simpson. Homer contestó la llamada que hizo a los vencedores de la Superbowl, intentó seducir a Marge en varias ocasiones y visitó a la pequeña Lisa.

Y queda reseñar la aparición de dos presidentes más (Franklin D. Roosevelt y Andrew Jackson) y la mención expresa a Obama: Homer intentó votar por él pero lo hizo por McCain.

Así que quizás por ello, los productores de los Simpsons no dejan de hacer gestiones para conseguir que Obama sea el primer presidente que presta su voz para un capítulo. A ver si lo consiguen. Y que lo podamos ver durante muchos años más con esta excéntrica familia. Y si no es posible, quién sabe, quizás Homer llegue a Presidente…

5 Nov

El día que lloró Jesse Jackson

Publicado en La Vanguardia

El día que lloró Jesse Jackson

El día que lloró Jesse Jackson parecía que todo había cambiado. Que el aire era más fresco, la noche más hermosa y menos fría. El día que el reverendo lloró, lo hicieron con él miles de norteamericanos. Como las parejas que se abrazaban en un bar de Washington. El día que lloró Jesse Jackson, America acababa de elegir a un nuevo presidente que prometía cambio y esperanza.

El día que lloró Jesse Jackson, muchas calles del país más poderoso del mundo estallaron de júbilo. El parque Lafayette de Washington, justo en frente de la Casa Blanca, se llenó de jóvenes espontáneos que celebraban el cambio político. El día que lloró Jesse Jackson, hispanos, blancos, negros y asiáticos se abrazaban por las calles.

El día que lloró Jesse Jackson, Obama hizo su mejor discurso. Puso palabras e imágenes a los sentimientos de millones de personas, con o sin pasaporte azul. Con menos canas que hoy y quizás menos cansado, prometió a todos la esperanza de un mañana mejor. Pero alertó que no se llegaría en un año. Quizás tampoco en un mandato.

El día que lloró Jesse Jackson, nadie imaginaba que Obama ganaría el Nobel, que en Estados Unidos acabaría la discriminación de salario por razón de sexo. Que se pondría en marcha una reflexión sobre la cobertura sanitaria. Que se hablaría con Cuba. Ese día, pocos imaginaban que el país más poderoso del mundo dejaría de ir por libre.

El día que lloró Jesse Jackson, pocos creían que Obama no gobernaría solo. Que sus llamamientos a buscar el apoyo de todos irían en serio. Un año más tarde, el presidente ha sabido revalorizar la política y demostrar que los apoyos siempre suman, implican y representan. Obama entendió ese día que no se puede gobernar solo. Y no lo ha hecho.

El día que lloró Jesse Jackson, muchos pensaron que el delirio del cambio moriría. Pero lo prometido es deuda y desde el minuto uno su presidencia ha intentado aplicar el pacto contraído con los votantes. Desde la reforma sanitaria a las inversiones en energía sostenible. Y eso no ha gustado a muchos, quizás porque creían que un gobierno siempre actúa del mismo modo.

El día que lloró Jesse Jackson, el discurso que escuchaba era una declaración de intenciones. Si JFK pusó en marcha un ambicioso programa espacial, Obama podía devolver la fe y la esperanza a los americanos. Una tarea inmensa en un momento de crisis, casi tan difícil como ir a la luna. Pero el tiempo ha venido a demostrar que en el presidente hay hechos. Y palabas.

El día que lloró Jesse Jackson, lo hizo con el corazón. Porque Obama hablaba desde el fondo de su corazón. Pero su presidencia ha seguido una estrategia ganadora: gobernar con cabeza. Y corazón. Saber que su presidencia no sólo busca reducir el paro, sino inspirar a una generación entera para ser mejores.

El día que lloró Jesse Jackson, yo lloré con él.

4 Nov

Un año con Obama

Hace un año, los americanos elegían a su nuevo presidente. Washington amanecía con una mezcla de nubes y sol que dejarían un chubasco importante en las horas centrales del día. Las colas para votar empezaban en muchas ciudades del país y los ciudadanos que lo hacían lucían de forma orgullosa la pegatina que acreditaba su deber ciudadano.

Un año con Obama. Y tras este año, mucho se ha escrito sobre él. También en este blog. Así que os propongo echar un poco la vista atrás a estos 365 días con Obama.

No hubo efecto Bradley y Obama venció. Luchando por los últimos votos, la duda del pasado 4 de noviembre era si tras 8 años los americanos se irían a dormir con un claro vencedor. Y así fue: Obama ganó y sus seguidores estallaron en júbilo. Yes we did!

¿Por qué ganó Obama? Analicemos:
¿El mensaje? ¿La música? ¿El sentido del humor? ¿Los anuncios? Bueno, mejor el contenido de las “Lecciones Obama” para entenderlo… Pero fue una campaña de transición. Que algunos han querido contar.

Obama se plantó en Washington, juró su cargo con un gran discurso y llegó el cambio.

Y las cosas cambiaron en la Casa Blanca. También en Internet, mostrando que Obama no desapareció de la Red el día después de ganar las elecciones. Aunque su ejemplo no cuajó en Europa. Tuvo problemas con su BlackBerry, aunque responde a cartas manuscritas. Incluso flirteó con Hollywood, dominó los gestos.

Ha trabajado duro durante todo el año. Aprobando legislación y nominando jueces. Y a nivel internacional también. Y varios bloggers y consultores repasamos de forma conjunta sus primeros 100 días de Gobierno.

Le compararon con Lincoln. Triunfó en Europa. Aunque en Europa no tengamos un Obama. Su influencia llegó a Islandia y a Convergència.

Se acercó a España. Y al presidente Zapatero.

Tuvo -y tiene- escollos con la reforma sanitaria. Llegó a perder la etiqueta. Pero ganó el Nobel de la Paz.

Vamos a por el año 2…

13 Oct

Un Nobel de intenciones

Publicado hoy en La Vanguardia

Nunca llueve a gusto de todos y el veredicto del Nobel de la Paz es buena muestra de ello. Las opiniones sobre el honor otorgado al Presidente Obama dividen al mundo, entre quienes encuentran en la tarea realizada elementos suficientes para tal reconocimiento y los que, por el contrario, sostienen que el comité noruego de la Academia ha sido objeto del embaucamiento del icono actual más poderoso del planeta. En realidad, estamos ante un interesante debate entre la razón y la emoción, otro episodio más de esta dialéctica que no parece encontrar un término medio.

El problema viene cuando aplicamos al Nobel la lógica racional seguida en la mayoría de ocasiones: A realiza una serie de acciones durante X tiempo, tienen un efecto positivo sobre Y, cambian una injusta realidad y merece ser reconocida para que, en un futuro más o menos próximo, sea un ejemplo para otras experiencias. Una lógica de acción-recompensa que en esta ocasión no se ha dado. El Nobel a Obama –el cuarto presidente norteamericano en recibirlo, y el tercero en hacerlo mientras está en el cargo-, como ya han indicado varias voces, es un premio a la esperanza.

Muchos han encontrado casi pornográfico que al Presidente del cambio se le concediera este importante premio cuando no hace ni 10 meses que ocupa el sillón del despacho oval. Según estas voces, lo conseguido no merece un premio. Pero, ¿realmente es así? ¿Aplicando la lógica antes descrita Obama no tendría méritos? La verdad es que las acciones emprendidas en tan corto espacio de tiempo han supuesto, si no una pequeña revolución, las bases para un cambio más que relevante a escala internacional. El acercamiento al mundo musulmán, el cierre de Guantánamo, la decisión de terminar en cuanto sea posible con la presencia en Irak y, sobretodo, el fin del desgobierno internacional de la era Bush son méritos que se han puesto encima de la mesa.

La Academia, sin embargo, parece haber aplicado un criterio más emocional. Completamente válido, aunque incomprendido para muchos, yo incluido durante las primeras horas del anuncio. El Nobel de Obama es el reconocimiento que otro mundo es posible, incluso si el esfuerzo viene de la superpotencia que menos interés tiene en cambiar un statu quo. El Nobel premia la esperanza y la visión positiva, el aliento para que las reformas planteadas sean una realidad que ponga las bases de un presente y un futuro en paz y estabilidad.

Pero sin duda, lo que fue de Nobel fue la reacción de Obama. El discurso que dirigió el mismo viernes por la mañana desde la Casa Blanca fue un acierto a nivel comunicativo y un broche de oro al honor concedido. La primera reacción ante un tema tan peliagudo –más cuando en la Vieja Europa los comentarios y análisis se habían multiplicado en las últimas horas, aprovechando la diferencia horaria- es de una importancia vital. Obama presentó, no solo un discurso comedido, sino la razón por la que debe recoger el galardón en Oslo. Si el hombre más poderoso del mundo acepta su limitación “soy consciente que no merezco este premio” –afirmó-, su dosis de humildad y el planteamiento de los importantes retos que se trabajan desde la Casa Blanca mostraron al mundo por qué el presidente no deja de ser merecedor del Nobel.

Sí, el Nobel de la paz de este año es un premio de intenciones. Pero de unas intenciones de un calado que este tiempo no puede permitirse dejar de lado. La limitación de los arsenales nucleares, la paz y la estabilidad entre Oriente y Occidente, el cambio climático, etc. son objetivos irrenunciables para quien ame este planeta y desee dejar un mundo habitable para las próximas generaciones; nuestra deuda para con ellos. Un Nobel a nobles intenciones, pero también a los decisivos pasos ya tomados. Pero también el espaldarazo a alguien que, casi de un plumazo, ha conseguido revertir la imagen de Estados Unidos en el mundo.

Dicen que este galardón casi premia más la ausencia de Bush que la presencia de Obama, pero créanme, si hoy McCain ocupara el lugar de Obama este premio no se hubiese producido. La intención del cambio, pero los pasos puestos para conseguirlo, son mérito del presidente, una llamada a la acción y a su responsabilidad. Pero también el modo de comunicar, de Noruega al mundo, que hay esperanza para construir un mundo diferente que aspira a ser mejor.