El discurso de dimisión de Adolfo Suárez
“Hay momentos en la vida de todo hombre en los que se asume un especial sentido de la responsabilidad.
Yo creo haberla sabido asumir dignamente durante los casi cinco años que he sido presidente del Gobierno. Hoy, sin embargo, la responsabilidad que siento me parece infinitamente mayor.
Hoy tengo la responsabilidad de explicarles, desde la confianza y la legitimidad con la que me invistieron como presidente constitucional, las razones por las que presento, irrevocablemente, mi dimisión como presidente del Gobierno y mi decisión de dejar la presidencia de la Unión de Centro Democrático.
No es una decisión fácil. Pero hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia de los pueblos en las que uno debe preguntarse, serena y objetivamente, si presta un mejor servicio a la colectividad permaneciendo en su puesto o renunciando a él.
He llegado al convencimiento de que hoy, y, en las actuales cirscunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia.
Me voy, pues, sin que nadie me lo haya pedido, desoyendo la petición y las presiones con las que se me ha instado a permanecer en mi puesto, con el convencimiento de que este comportamiento, por poco comprensible que pueda parecer a primera vista, es el que creo que mi patria me exige en este momento.
No me voy por cansancio. No me voy porque haya sufrido un revés superior a mi capacidad de encaje. No me voy por temor al futuro. Me voy porque ya las palabras parecen no ser suficientes y es preciso demostrar con hechos lo que somos y lo que queremos.
Nada más lejos de la realidad que la imagen que se ha querido dar de mí con la de una persona aferrada al cargo. Todo político ha de tener vocación de poder, voluntad de continuidad y de permanencia en el marco de unos principios. Pero un político que además pretenda servir al Estado debe saber en qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de la persona que encarna las mayores responsabilidades ejecutivas de la vida política de la nación.
Yo creo saberlo, tengo el convencimiento, de que esta es la situación en la que nos hallamos y, por eso, mi decisión es tan firme como meditada.
He sufrido un importante desgaste durante mis casi cinco años de presidente. Ninguna otra persona, a lo largo de los últimos 150 años, ha permanecido tanto tiempo gobernando democráticamente en España. Mi desgaste personal ha permitido articular un sistema de libertades, un nuevo modelo de convivencia social y un nuevo modelo de Estado. Creo, por tanto, que ha merecido la pena. Pero, como frecuentemente ocurre en la historia, la continuidad de una obra exige un cambio de personas y yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España.
Trato de que mi decisión sea un acto de estricta lealtad. De lealtad hacia España, cuya vida libre ha de ser el fundamento irrenunciable para superar una historia repleta de traumas y de frustaciones; de lealtad hacia la idea de un centro político que se estructure en forma de partido interclasista, reformista y progresista, y que tiene comprometido su esfuerzo en una tarea de erradicación de tantas injusticias como todavía perviven en nuestro país; de lealtad a la Corona, a cuya causa he dedicado todos mis esfuerzos, por entender que sólo en torno a ella es posible la reconciliación de los españoles y una patria de todos, y de lealtad, si me lo permiten, hacia mi propia obra.
Pero este profundo sentimiento de lealtad exige hoy también que se produzcan hechos que, como el que asumo, actúen de revulsivo moral que ayude a restablecer la credibilidad en las personas y en las instituciones.
Quizás los modos y maneras que a menudo se utilizan para juzgar a las personas no sean los más adecuados para una convivencia serena. No me he quejado en ningún momento de la crítica. Siempre la he aceptado serenamente. Pero creo que tengo fuerza moral para pedir que, en el futuro, no se recurra a la inútil descalificación global, a la visceralidad o al ataque personal porque creo que se perjudica el normal y estable funcionamiento de las instituciones democráticas. La crítica pública y profunda de los actos de Gobierno es una necesidad, por no decir una obligación, en un sistema democrático de Gobierno basado en la opinión pública. Pero el ataque irracionalmente sistemático, la permanente descalificación de las personas y de cualquier solución con que se trata de enfocar los problemas del país, no son un arma legítima porque, precisamente pueden desorientar a la opinión pública en que se apoya el propio sistema democrático de convivencia.
Querría transmitirles mi sentimiento de que sigue habiendo muchas razones para conservar la fe, para mantenerse firmes y confiar en nosotros los españoles. Lo digo con el ansia de quien quiere conservar la fuerza necesaria para fortalecer en todos sus corazones la idea de la unidad de España, la voluntad de fortalecer las instituciones democráticas y la necesidad de prestar un mayor respeto a las personas y la legitimidad de los poderes públicos.
Yo por mi parte, les prometo que como diputado y como militante de mi partido seguiré entregado en cuerpo y alma a la defensa y divulgación del compromiso ético y del rearme moral que necesita la sociedad española.
Todos podemos servir a este objetivo desde nuestro trabajo y desde la confianza de que, si todos queremos, nadie podrá apartarnos de las metas que, como nación libre y desarrollada nos hemos trazado.
Se puede prescindir de una persona en concreto. Pero no podemos prescindir del esfuerzo que todos juntos hemos de hacer para construir una España de todos y para todos.
Por eso no me puedo permitir ninguna queja ni ningún gesto de amargura. Tenemos que mantenernos en la esperanza, convencidos de que las circunstancias seguirán siendo difíciles durante algún tiempo, pero con la seguridad de que si no desfallecemos vamos a seguir adelante.
Algo muy importante tiene que cambiar en nuestras actitudes y comportamientos. Y yo quiero contribuir, con mi renuncia, a que este cambio sea realmente posible e inmediato.
Debemos hacer todo lo necesario para que se recobre la confianza, para que se disipen los descontentos y los desencantos. Y para ello es preciso convocar al país a un gran esfuerzo. Es necesario que el pueblo español se agrupe en torno a las ideas básicas, a las instituciones y las personas promovidas democráticamente a la dirección de los asuntos públicos.
Los principales problemas de España tienen hoy el tratamiento adecuado para darles solución. En UCD hay hombres capaces de continuar la labor de Gobierno con eficacia, profesionalidad y sentido del Estado y para afrontar este cambio con toda normalidad. Les pido que les apoyen y que renueven en ellos su confianza para que cuenten con el necesario margen de tiempo para poder culminar la labor emprendida.
Deseo para España, y para todos y cada uno de ustedes y de sus familias, un futuro de paz y bienestar. Esta ha sido la única justificación de mi gestión política y va a seguir siendo la razón fundamental de mi vida. Les doy las gracias por su sacrificio, por su colaboración y por las reiteradas pruebas de confianza que me han otorgado. Quise corresponder a ellas con entrega absoluta a mi trabajo y con dedicación, abnegación y generosidad. Les prometo que donde quiera que esté me mantendré identificado con sus aspiraciones. Que estaré siempre a su lado y que trataré, en la medida de mis fuerzas, de mantenerme en la misma línea y con el mismo espíritu de trabajo.
Muchas gracias a todos y por todo.
El día que Camps no fue Nixon
¿Y los que no son ni del PP ni del PSOE, qué? Esta es la pregunta que me hago tras el alud de reacciones a la decisión del TSJV de archivar la causa por cohecho contra Francisco Camps. ¿Qué pasa con ellos?
Llego a este punto porque lo que podemos aprender de lo ocurrido durante estos meses son varias cosas, pero todas nos llevan a un mismo punto, la importancia de las percepciones. Nuestra manera de recibir, elaborar e interpretar las informaciones y los estímulos que recibimos para formarnos una opinión y, en última instancia, actuar.
Para los populares, se demuestra que la estrategia de aguantar hasta las últimas consecuencias, funciona. Que da igual de donde vengan los envites, lo importante es mantenerse, sembrar dudas y esperar que la justicia no vea indicio de delito en recibir unos caros regalos.
Para los socialistas, confiar en que por unos trajes se podría hacer caer a uno de los varones populares en, quizás, el territorio más abonado para la perpetuidad del poder es, cuanto menos, ingenuo. Ingenuo, como lo fue su estrategia durante los meses iniciales del escándalo: el centro de la cuestión no eran los trajes, sino esclarecer a cambio de qué se regalaron. Justo lo que el Tribunal no ha investigado. ¿Qué hubiese ocurrido si los socialistas hubieran hecho de esto el centro de la batalla desde el primer momento?
Tal y como expliqué en este post, los partidarios de una u otra opción política responden del mismo modo a las mismas situaciones. Da igual que nuestro líder se vea envuelto en un caso de corrupción, en una contradicción grave (como decir que te pagaste tus trajes y luego saber que no lo hiciste), etc. nuestro cerebro tendirá a reafirmar lo que creemos y a activar respuestas positivas a nuestro líder que nos reafirmen. También ha pasado con Chaves en el bando socialista, no lo olvidemos.
¿Y a los que están en el centro de la batalla política? ¿Los indecisos? Pues para ellos todo esto es un berenjenal que demuestra las debilidades de la Justicia en nuestro país. No pongo en tela de duda la decisión acordada por el Tribunal, las decisiones judiciales se acatan, pero para una persona que no quiera ver esto con tintes partidistas, saber que uno de los jueces encargados del caso es “más que un amigo” de Francisco Camps no sólo le sorprende, sino que le repugna.
Más le repugna al ciudadano de a pie el uso más que partidista de los medios. De las filtraciones interesadas al Grupo Prisa a la inexistencia de cobertura del caso en Canal 9 –excepto ayer, claro está-, a las editoriales de hoy en los medios de la derecha mediática. Más de lo mismo, si la decisión es buena para los que me gustan, la Justicia funciona. Si no, es un desastre. ¿Dónde está el papel de los medios? ¿Cómo pueden acusar, investigar, informar si sirven a intereses partidistas?
Ojalá esto nos llevará a una reflexión más profunda sobre el caso. Dudo que ocurra, pero ojalá estuviera en nuestra mano hacerlo. No se pueden recibir trajes y no investigar a cambio de qué. No se puede afirmar alegremente que es normal que los políticos reciban regalos. No se puede tolerar que los amigos juzguen a los amigos. Y esto debería ser defendido no sólo por los no partidistas, sino por las muchas personas en ambos partidos que entienden que todo esto mina el sistema democrático.
Hace unos días Obama almorzó con los CEO de varias grandes compañías. Al finalizar el ágape, el camarero pidió las tarjetas de crédito de los asistentes: cada uno se pagó lo suyo para que nunca se diga que el presidente adoptó una u otra decisión. Si en Estados Unidos por una comida hay dudas, ¿unos trajes, unos bolsos Louis Vuiton, los regalos a la consejera de Turismo… no son motivos suficientes para creer que había algo más?
En marzo de 1974 el Gran Jurado Federal de los Estados Unidos consideró que el presidente Nixon había sido copartícipe del caso de espionaje en la sede del partido Demócrata del hotel Watergate. Nixon no tuvo cargos formales. El 8 de agosto de ese mismo año, dimitía mediante este famoso discurso.
Francisco Camps ha sido imputado y su credibilidad debería estar minada. Algunos medios dicen que ya hablarán las urnas. Ni él, ni Costa ni muchos otros se han atrevido a hacer lo mismo que Nixon. Que luego no nos vengan con que la gente se separa de la política o que la gente no cree en la política. Cosas así no ayudan.
La dimisión de Bermejo, clave
La dimisión de Fernández Bermejo, a pesar de llegar en el peor de los momentos, es la clave interpretativa necesaria para poner negro sobre blanco en todo el asunto de corrupción que afecta al PP. Es la clave porque ha sido hasta ahora el elemento distorsionador de una tormenta perfecta que hubiera podido generar más daño del generado al principal partido de la oposición.
En circunstancias normales, la situación hubiera sido clara: los dos principales feudos electorales del PP se ven inmersos en una corriente corrupta en los inicios de una campaña electoral. Más allá del hecho de que el proceso salte a la opinión pública en este momento preciso, los hechos son irrefutables:
• Más de 30 imputados, entre ellos el Presidente de la Generalitat Valenciana
• Trama de espionaje y financiación ilegal como hechos delictivos
• Ramificaciones y contactos con altas esferas del partido, aforados y cargos públicos
Pero la inoportuna cacería del ministro de Justicia con el juez instructor del caso hace que el marco que presupone la situación antes descrita se vaya al traste. De repente, aunque las investigaciones apunten a la existencia de esta red ilegal y en situaciones normales el PP se viera obligado a depurar responsabilidades; la cacería da alas a una estrategia de huida hacia adelante de los populares. Y sale bien: el partido aparece más unido que nunca, la lluvia fina de la idea de “proceso contra el PP” empieza a dar sus resultados … y el Gobierno y Bermejo permanecen impasibles.
La clave era la dimisión de Bermejo. O su destitución. Cómo y cuando eran la otra clave necesaria: durante la campaña electoral puede afectar a los resultados de PSdG y PSE-EE. Tras la cita con las urnas puede ser contraproducente: tarde y mal. Una destitución podía dar fuerza a Zapatero, pero también mostrar cómo se subyuga al PP. Y una dimisión del propio ministro podía parecer una decisión improvisada a tenor de los acontecimientos. Más aún en vista de la escenificación en el Congreso que él y el grupo Socialista hicieron la semana pasada. La dimisión, en todo caso, era necesaria.
Bermejo ¿ha dimitido o lo han dimitido?, como afirma hoy El Singular Digital. Venga de donde venga la intención, la dimisión era necesaria. Sin Bermejo, la estrategia popular pierde una parte de su justificación. Si Garzón se inhibe definitivamente del caso y con un nuevo ministro de justicia y un nuevo juez las investigaciones siguen adelante y se encuentran cada vez más evidencias de la trama corrupta, el PP se quedará sin argumentos y deberá enfrentar su propia regeneración de cargos. Tal y como exigían al PSOE hace más de 10 años. Pero si el proceso termina sin procesados ni responsables, el escándalo será de magnitudes imprevisibles en Ferraz y entonces se necesitaría algo más que la dimisión de un ministro de Justicia.
En todo caso, el bottleneck de este asunto ya no existe. Empieza la segunda parte de este partido y por la propia salud democrática del país esperamos no tener que presenciar los penaltis para entender qué ha pasado. Y para que esto suceda habrá que estar atentos a los movimientos que se están produciendo ahora mismo, con la prudencia que piden los dos procesos electorales abiertos, pero con decisión de ir hasta el final en las sedes de los dos partidos.
Algo más que un cambio de estilo
Hoy, el cambio y los Secretarios dimisionarios en La Vanguardia.
Nadie puede negar que Obama no lo tiene fácil. Las voces populares -que no tienen porqué ser certeras- alertan sobre unas expectativas demasiado elevadas rodeando la figura del presidente. Alertan o incluso desean su fracaso, el aumento del descontento y su desalojo del poder en cuatro años.
Esta ha sido la campaña y las elecciones del cambio. Y también será el mandato del cambio, con unas nuevas reglas, modos, usos y costumbres. Un cambio en la relación con los ciudadanos, pero también con los medios, con el modo de comunicar la acción política y en las formas de trabajar. Un cambio que los ciudadanos pueden percibir desde el minuto cero.
Los 100 primeros días son básicos para fijar percepciones sobre nuestras prioridades. Así lo ha hecho Obama, así lo han hecho sus predecesores. Pero lo que sorprende de el Presidente es lo arropado que ha estado siempre, en todas las apariciones públicas. Aunque existen algunos aspectos que debemos analizar y matizar.
Obama tiene un amplio apoyo de los norteamericanos, pese a ello, sigue alimentando su movimiento social sumando apoyos. Sólo así se explica la imagen de suma, unidad -valores positivos, como pueden observar- que imprime en todas las firmas de las grandes acciones políticas. Actos que suelen tener un alto componente emotivo, como la fotografía que recorrió el mundo hace unos días: Obama abrazado a una mujer que durante 19 años cobró menos que sus compañeros por ser mujer.
No obstante, Obama ha salido sólo cuando de los grandes datos negativos macroeconómicos se ha tratado. Sólo, como el líder que acepta el peso de una gran carga pero tiene la fe de poder acarrearla. Sólo, pese a haber presentado a su equipo económico en grupo, en Chicago hace unos meses. Pero no nos engañemos, nunca comunicó soledad al hacerlo. Al contrario, enfatizó su imagen de líder que, ungido por la voluntad popular, puede hacer un llamamiento a la solidez de los sindicatos o a arrimar el hombro de forma colectiva.
Quizás por esta combinación de unidad, contextos y marcos adecuados, actividad política sin titubeos, a la par que liderazgo y agallas; el país no se siente defraudado con Obama cuando Bill Richardson tuvo que arrojar la toalla antes de ser nombrado Secretario de Comercio o cuando Tom Daschle ha tenido que hacer lo mismo como Secretario de Salud. En su caso, le han pasado factura los más de 128.000 dólares en impuestos que dejó de pagar. El caso Richardson, fue saldado por Obama con la incorporación de un republicano, Judd Gregg.
Precisamente la incorporación de Gregg reafirma lo que a día de hoy podemos corroborar sin miedo a equivocarnos: el cambio no es una entelequia ni una promesa vacía de contenido. Algo ha cambiado, y algo está cambiando en América.



