8 Mar

En política, guárdate las espaldas

Uno de los graffiti que aparecen en la célebre película Amélie reza una frase bien cierta: cuando un dedo apunta al cielo, el tonto mira al dedo. En política eso también ocurre muy a menudo. En muchas ocasiones, un pequeño detalle incontrolado se convierte en noticia y puede llegar a eclipsar lo que queríamos contar.

De hecho, desde la óptica de un consultor, el miembro de un gabinete o el de un asesor, intentar tener todos los detalles bajo control es esencial. Especialmente cuando organizamos un acto, como podría ser, por ejemplo, un discurso o una rueda de prensa. Concebir cómo se verá ese acto en televisión o en YouTube. Qué captaran las fotografías que saldrán en prensa. Controlar hasta el más mínimo detalle. Aunque un traspié acabe acaparando los flashes.

Un ejemplo de ese control de los detalles lo encontramos en numerosos equipos que han sabido entender lo que se juegan. Ronald Reagan, por ejemplo, concebía todos sus actos en esa óptica; ofrecer buenos marcos, buenas imágenes. Pero ese control puede llegar a ser más polémico.

Cuando en 2003 el Consejo de Seguridad tuvo que decidir si las pruebas presentadas por los Estados Unidos para atacar Irak eran suficientes o no, se vivió uno de esos momentos. Durante esa ronda de reuniones, el típico espacio para las ruedas de prensa a las puertas del Consejo de Seguridad se quedó pequeño. Lo habitual en Naciones Unidas, cuando hay más medios y más atención, es pasarse al lugar que ocupa un inmenso tapiz del Gernika de Picasso.

Ese tapiz, donado por Nelson Rockefeller, es muy famoso: lo hemos visto en numerosas ocasiones en televisión con mandatarios que se han ido sucediendo. Pero en 2003 y durante esos días, el tapiz fue cubierto por una tela azul con el logotipo de la organización. Aunque no se conozca con exactitud, parece ser que desde la Casa Blanca no se deseaba ver a Colin Powell o a otros miembros de la delegación defendiendo la necesidad de invadir Irak ante la obra que mejor representa los horrores de la guerra.

Hugo Chávez no precisó que le taparan nada para sufrir los males de un mal fondo. En 2008, durante una visita a Brasil, un fondo convirtió su bolivariana efigie en uno de los símbolos de la cultura americana por excelencia: Mickey Mouse.

Quizás para evitar esto, Joaquín Almunía, que fue candidato del PSOE en las elecciones generales de 2000, solía mirar hacia atrás cuando los periodistas le aguardaban en la calle para hacerle los célebres canutazos. Tal y como llego a afirmar, sus asesores le alertaron que antes de hablar, mirara que tenía detrás.

Controlarlo todo, por lo que pueda ocurrir.

9 Feb

Marketing político: ¿Cómo cambia mi vida si confío en ti?

El vídeo que acabáis de ver es el anuncio de Google que se emitió durante la Superbowl, el gran momento televisivo de la sociedad americana. Y parece que ha sorprendido, y mucho. Especialmente al otro lado del charco.

La verdad es que motivos no le faltan: cuenta una pequeña gran historia sin grandes alardes, sin querer ensombrecer a lo que realmente importa en ese spot, la historia de amor. Y en esa maravillosa historia, el producto –Google- es el gran aliado. Una manera perfecta de vender un producto sin venderlo; lo que importa es el beneficio en sí mismo. “¿Cómo cambia mi vida si confío en ti?” parece ser la pregunta. Y eso le da valor. No te hablo de lo bueno que soy, sino de lo buena que puede ser tu vida conmigo.

Eso mismo hizo Obama en su campaña. Cambió el foco del mensaje. Ese era el poder del we. “Estas elecciones no son sobre mi, sino sobre vosotros”. O lo que es lo mismo, no se trata de lo que yo te puedo ofrecer, sino de lo que tu vida puede mejorar si confías en mí.

El riesgo es evidente. Si el producto no satisface las expectativas, abonaremos el campo a la competencia. Quizás por ello ni Google ni Obama dejan de comunicar pese a ser líderes de sus mercados.

La comparación entre el marketing y la comunicación convencional con la política siempre es odiosa. No es lo mismo vender galletas o detergente que promocionar y comunicar una propuesta política. Pero precisamente porque el marketing de producto se enfrenta al escrutinio continuo de los consumidores, de la decisión de compra y la experiencia directa en casa, algo nos puede enseñar. No debemos desdeñarla tan rápidamente.

Un partido, un candidato, un modelo para una sociedad no es lo mismo que hablar de un buscador como Google. Pero si hiciéramos como ellos y pusiéramos al ciudadano en el centro de la comunicación y no al candidato, quizás otro gallo cantaría.

4 Feb

El Gobierno de la marcha atrás

Creo que muchos de los lectores de este blog tienen una vocación secreta que no quieren siempre aceptar… les gustaría ser C.J. Cregg. Bueno, nos gustaría. Saber qué se siente al estar ante la prensa más importante de Estados Unidos día a día como secretario o secretaria de prensa en la Casa Blanca. Tratar diariamente con esa élite del periodismo y hacer frente a la difícil tarea de entregar el mensaje adecuado ante las afiladas preguntas e investigaciones de un selecto grupo de profesionales.

Pero sobretodo, creo que nos gustaría por la interesante parte de jugar con el tiempo, de saber lo que importa en el largo plazo pero defenderlo en el día a día. Tratar con el presidente. Centralizar el mensaje. Proteger al Gobierno sin caer en la manipulación o la mentira. Quién no ha soñado con estar tras ese podio…

En muchas ocasiones, ya sea aquí o en charlas con buenos amigos, nos hemos cuestionado por qué en Moncloa no hay una C.J. Sí, está la vicepresidenta que hace una tremenda labor, pero De la Vega no es C.J. Tampoco Nieves Goicoechea. Tampoco Moncloa es el Ala Oeste.

Siempre he creído que eran múltiples factores los que evitaban tener un/a secretario/a de prensa en el Gobierno. Por un lado, la imposibilidad de una persona con ese rango de asistir al Consejo de Ministros. Por otro, la relación bastante diferente con los medios a ambas orillas del charco, seguido de una tradición democrática muy distinta… y así, todas la variables que podamos llegar a imaginar. Aunque en su tiempo, Aznar tuvo algo parecido a C.J, aunque con barba: Miguel Ángel Rodríguez.

Pero en el fondo, más allá de estas cuestiones estructurales, la realidad es que Zapatero no tiene una C.J. porque le hubiese durado dos días. Este es el gobierno de los gafes comunicativos. El ejecutivo de la marcha atrás. No creo que una profesional como C.J. pudiese aguantar mucho tiempo unos vaivenes que muestran la descoordinación en el mensaje. La pérdida del norte en la acción política. Cuando no se sabe ni lo que se quiere hacer, ¿cómo se puede comunicar algo? El último caso ha sido el de la base de cotización de las pensiones, pero han sido tantos otros…

C.J. hubiese dimitido a las primeras de cambio, no tengo duda. Pero lo que empieza a ser preocupante es que el Gobierno no atine a hacer nada a derecha (comunicativamente hablando) y nadie plantee una necesidad obvia: el país necesita una nueva dirección para no caer en el desastre. Pero sobretodo, confianza en aquello que le cuentan. Y con globos sonda en las pensiones, no se consigue. Ni se conseguirá. Aunque hoy Zapatero pida por ello en su Desayuno de la Oración.

Este gobierno de la marcha atrás tiene serios problemas comunicativos que se añaden a la ya maltrecha situación política y económica. El gobierno de la marcha atrás se levanta pensando una cosa, a mediodía cree otra y por la noche dice una distinta. Inconsistencia en las ideas e inconsistencia en el mensaje. Y por si fuera poco, contradicciones abiertas entre sus ministros… No, definitivamente no, C.J. Cregg nunca podría ser portavoz en Moncloa.

20 Dic

Los nombres propios de 2009

Turrones, décimos de Navidad y felicitaciones. Electrónicas o por correo postal, a gusto del consumidor. Colas en casi todas las tiendas, centros urbanos a rebosar. Frío y algo así como buen rollo generalizado aunque tu horizonte más cercano sean interminables comidas familiares. Una tras otra. Y los resúmenes del año. Sí, estamos en Navidad. Y a punto de cerrar este 2009.

Para seguir con las tradiciones, ahí van los 10 nombres propios del mundo de la comunicación online, comunicación política y… la política en sí misma. Cada día, uno nuevo

4 Dic

Jaque a Sinde

Foto de Jesús Encinar

Hace poco más de un mes, paseando por Valencia, vi como un adolescente se volvía loco, dando vueltas al buzón verde de carteros con un sobre en la mano. Buscaba una ranura donde tirar su carta, pero no la encontraba. No había enviado en su vida una carta postal. Ahí te das cuenta de que algo ha cambiado.

Hace unos días, el gobierno presentaba su anteproyecto de Ley de Economía Sostenible (LES). De repente, miles de ciudadanos empiezan a mostrar su descontento en la Red por una de las disposiciones que plantea un recorte de derechos preocupante. En pocas horas, un manifiesto congrega miles de voluntades (más de 78.000) a una velocidad pasmosa. Ahí te das cuenta de que algo ha cambiado.

Hace unas horas, un rumor se hace cierto en la Red. Varios líderes de opinión muy significativos que desempeñan su actividad en Internet son invitados a una reunión con la Ministra de Cultura para debatir sobre esa cuestión. Ahí te das cuenta de que algo ha cambiado.

Hace aún menos horas, mientras corres en el gimnasio, ves que algunos informativos abren su edición con la noticia de esa reunión y observas como unos cuantos bloggers son el centro de la actualidad informativa. Ahí te das cuenta de que algo ha cambiado.

Entonces, reflexionas sobre lo ocurrido y observas como existen contradicciones entre el Gobierno y su partido. Entre el presidente del Gobierno y su ministra. Lees rumores sobre una marcha atrás del Gobierno en ese punto y piensas que, en realidad, nada ha cambiado. Que para el Gobierno y el ministerio nada ha cambiado porque se sigue percibiendo a Internet como algo residual. Si no, no entiendo como permiten tal error político.

Sólo sin entender nada puede el Ministerio acceder a reunirse con personas que generan auténticos corrientes de opinión. Personas que, además, no han tenido ningún tapujo para contar qué ocurría en esa sala y transmitirlo en directo. No porque sean mejores o peores que otros, sino porque entienden que la comunicación con Internet es distinta. Sólo sin entender nada puede dejarse en manos de estos bloggers la creación de un issue en la agenda política. Sólo sin entender de qué va esto de Internet puede el Gobierno aventurarse a hacer mayor la bola de nieve que sus propuestas en la LES han generado.

Siguen sin entender nada cuando se da pie a rumores de marcha atrás en un proyecto tras la confusa reunión mantenida. Y sobretodo, parece que no han calibrado el efecto que ha tenido en los medios tradicionales la reunión en el Ministerio: vamos camino de las 24 horas con las imágenes de la reunión en informativos, prensa y comentarios en las radios. Porque no se trata de internautas contra el resto, como ha querido el Gobierno, sino de ciudadanos que se niegan a ver sus derechos cercenados. Como todos nos levantaríamos si se impusiera hoy la censura en radio, televisión o prensa. Ciudadanos, no internautas.

Porque en el fondo, todo esto va de asegurar que el chico de Valencia tiene sus derechos garantizados, envíe una carta postal o en Internet. Siguen sin darse cuenta que la Red no es un espacio alternativo para gente rara: es un espacio natural de comunicación. Su neutralidad debe ser defendida. Los derechos deben ser garantizados. Porque no puede haber diferencia entre el mail y el correo. Porque va siendo hora de que se den cuenta que todo esto ha cambiado y lo ha hecho de verdad.

Foto de la reunión en el Ministerio del Flickr de Jesús Encinar.

24 Nov

Política y música: algo más que una conexión emocional

“La música despierta en nosotros diversas emociones, pero no las más terribles, sino más bien los sentimientos dulces de ternura y amor.”
Charles Darwin

El arte de las musas, la música, nos acompaña a lo largo de la vida. Una melodía puede activar nuestra memoria para recordar un momento feliz, un episodio memorable de nuestra vida. La canción del primer amor, la nana que nos cantaba nuestra madre o la solemnidad del “Gaudeamus Igitur” el día de la graduación. Como rezaba una campaña publicitaria de los 90, es imposible vivir sin música.

Pero sobretodo la música es un enorme generador de emociones. La melodía, la letra, la armonía o el ritmo saben arañar en nuestra fibra sentimientos que guían nuestras acciones. Nos predisponen a estados emocionales que tienen mucha importancia en nuestra conducta. La música amansa las fieras, se suele decir.

La relación entre música y política ha tenido numerosos episodios y tiene varias dimensiones a tener en cuenta. Esa relación incluso está caricaturizada en la famosa frase del cineasta Woody Allen “cuando oigo a Wagner, me entran ganas de invadir Polonia”, cuando se refería a los gustos musicales de Adolf Hitler y del Tercer Reich. Tal y como indica Antoni Gutiérrez-Rubí “La utilización de la música en la política (sobre todo en campaña electoral), ayuda a la conexión emocional con el ciudadano, a la identificación de un partido, de un candidato…de manera muy efectiva.”. Desde los sentimientos que un himno nacional puede generar (junto a la bandera, símbolos que promueven una gran cantidad de sentimientos y con una carga emotiva muy importante), al uso político de la música, hay un gran espacio para estas relaciones.

Desde la comunicación política existen numerosos ejemplos del uso de la música para conseguir convencer y movilizar al electorado. Tal y como indica Ted Brader, la música “ni completa o substituye el mensaje verbal, pero afila su efectividad alterando como se recibe el mensaje” (Brader, T. Campaigning for hearts and minds. How emotional appeals in political ads work. The University of Chicago Press, Chicago 2006.).

Los anuncios electorales han sido uno de los campos en que la música ha desplegado toda su efectividad. Los anuncios que han apelado al miedo, han usado notas discordantes, sintonías que han subido en intensidad buscando la tensión en el receptor y no han dudado en utilizar sirenas, llantos o gritos. En la campaña electoral de las elecciones generales de 1996, el PSOE emitió el que a día de hoy es el spot electoral más famoso de la democracia española: el anuncio del dóberman. En un típico anuncio de contraposición, la España en positivo, colorida y positiva del presidente González se oponía al proyecto conservador del PP. Las imágenes asociadas a este último, además de mostrar a hombres en gabardina como si fueran policías de la antigua brigada político-social del franquismo, también mostraban un dóberman bordando, a punto de atacar. Pero sobretodo, era el uso de esos sonidos lúgubres los que conseguían una sensación de miedo y tensión en el receptor.

La música también tiene importancia para generar las emociones adversas. Optimismo, alegría o ilusión le deben mucho al uso de las melodías. En Estados Unidos, spots como los de Ronald Reagan en su campaña de reelección en 1984, titulados “It’s morning again in America”, combinaban a la perfección lenguaje verbal, el uso de imágenes y colores y, sobretodo, el recurso musical. Las fanfarrias, con toques militares, son un modo muy eficiente de dar solemnidad e importancia a un mensaje, especialmente cuando el que lo hace es el comandante en jefe. Pero no sólo existe esta relación en los spots, las campañas electorales norteamericanas suelen tener una canción de campaña que va más allá de crear una relación emocional, sino que adquiere un auténtico significado.

Barack Obama recurrió a los irlandeses U2 para hacer de su “City of blinding lights” su tema de campaña. La canción, compuesta en homenaje a la ciudad de Nueva York tras los atentados del 11 de septiembre, era una auténtica declaración de intenciones del ahora presidente al elegir una canción que quería marcar la reconstrucción, el rearme del país de optimismo para encarar el futuro tras un negro pasado. Lo mismo que él defendió para el país entero tras los 8 años de presidencia republicana. Clinton echó mano en 1992 del tema “Don’t stop” de Fletwood Mac, una declaración de intenciones para dejar atrás 12 años de gobiernos republicanos. Ronald Reagan no dudó en hacer del hit de 1984 “Born in the USA” de Bruce Springsteen su himno, aunque el mítico artista quizás no hubiese querido tener ese honor, ya que ha sido uno de los artistas más beligerantes con el establishment republicano a lo largo de los años. Obama y Kerry también echaron mano del Boss durante sus campañas, tanto en los conciertos para el cambio como en el uso de una de las canciones más políticas de Springsteen: The Rising.

Atendiendo a lo que nos dice una canción cuando la enmarcamos en un contexto político, ¿qué mensaje mandaban en Ferraz al elegir las canciones del costoso -200.000 euros- acto político del pasado domingo? La big band que estuvo presente tocó varios temas que sirvieron de marco para las apariciones de los ministros. Entre ellas sorprenden especialmente dos: Waterloo de ABBA para la vicepresidente económica Salgado y Mack the knife para un buen nutrido grupo de ministros.

Si Waterloo, la canción con la que los suecos ganaron Eurovisión y se lanzaron al estrellato mundial, evoca a la mítica derrota de Napoleón que supuso el inicio de su final, Mack the knife nos habla de las vicisitudes de un asesino. La derrota, el colapso y la violencia como elementos referenciales. No sé si es fruto del azar o del descuido –que viene a ser lo mismo en política-, pero las casualidades han dado pie a una cierta ironía. Al menos, a más de uno se le debió atragantar el aperitivo al ver a Salgado entrar con una referencia a un emperador que lo tuvo todo y lo perdió todo.

20 Nov

Consejos para pasar desapercibido: una Europa a parches

Estaban ahí por haber sido elegidos. Estaba escrito que debían ser ellos los que decidieran quién tomaría el mando, quien sería la cabeza visible. Resguardados de todos, en una sala cerrada para preservar el trascendente momento, finalmente se llegó a un acuerdo. Todos, provenientes de los países más variopintos, hablando varias lenguas pero compartiendo una visión de la vida, eligieron al que debía ser un nuevo líder. Sólo faltaba anunciarlo, que todo el mundo lo supiera.

Podría estar hablando de un conclave papal. Pero no, me refiero a la elección del nuevo presidente de la UE. Por si no lo saben. Más que nada, porque parece que en el momento de la historia en que tenemos más acceso a información, algunos ámbitos siguen estando alejados de la gente. ¿No es una auténtica paradoja?

Ayer, el Consejo de la Unión Europea decidió el nombre de las dos figuras que deben tomar un mayor protagonismo en esta Europa a parches que ha creado el Tratado de Lisboa. Herman Van Rompuy es el nuevo presidente electo de la Unión Europea. Elegido por los Estados miembros, ostentará un papel que irá creciendo y que pretende dar a Europa una mayor estabilidad institucional para mejorar su papel en el mundo. Catherine Ashton, hasta ahora Comisaria de Comercio, pasa a ser la superministra de Asuntos Exteriores. También elegida por los Estados y será la vicepresidenta de otra institución no elegida por los ciudadanos, la Comisión Europea.

Pero, ¿no es una paradoja que en este gran espacio de democracia y libertad que es Europa, el mayor cargo lo ostente alguien a quién no hemos votado? ¿No es una paradoja que el sistema de elección sea más parecido al del Papa que al de Obama?

Lo peor es que los Estados han elegido a una Europa de bajo perfil. En un momento trascendente, optan por el gris. De la lista han caído nombres como Blair o González –aunque debo reconocer que la idea de tener a Blair como presidente no me resultaba muy cómoda-, a favor de dos personas que deben demostrar ahora qué es lo que pueden aportar al proceso europeo.

Sin duda, esto no ayuda a acercar a Europa a los ciudadanos. No ayuda que el presidente sea un total desconocido, que no ha sido elegido y del que todos nos avisan ya que es un gran gestor pero sin empatía. Tampoco nos sirve que a Ashton la llamen superministra: un gran eufemismo para referirse a quién está con los otros ministros, no por encime de.

Europa tiene un gran problema para acercarse a los ciudadanos. Lo ha tenido siempre y lo sigue teniendo ahora. Quizás la presidencia nos dé estabilidad en el mundo, pero dudo que los estonios, los lituanos, los españoles, los alemanes o los mismos belgas puedan ver en Van Rompuy una figura que encarne lo que es Europa.

En el fondo, tenemos un problema de simbolismo. Ya sé que las comparaciones con Estados Unidos son, además de odiosas, fuera de lugar porque no son comparables. Pero parece que muchos aspiran a ello. Independientemente del modelo, envidio profundamente el simbolismo de los norteamericanos. No surge el mismo efecto en el visitante estar en Bruselas que en Washington. Aunque los valores sean muy parecidos, los iconos americanos son muy fuertes. De hecho, una Unión en que el 9 de mayo no es festivo, ¿cómo puede aspirar a que todos sintamos a Van Rompuy como nuestro presidente?

Ni Van Rompuy es Obama ni Ashton, Clinton. Ni Europa, Estados Unidos. Pero si queremos aspirar a tener un papel más relevante en el mundo, a liderar la conquista de derechos humanos, la lucha contra el cambio climático o poner nuestro granito para la estabilidad económica mundial, necesitamos perfiles más parecidos a ellos que los que nos han elegido. Justo lo contrario de lo que es esta guía de consejos para pasar desapercibido que es el Tratado de Lisboa.

Podemos satisfacernos con ver que, al fin, Europa tiene un presidente. Sí, para mi es ya mi presidente, aunque crea que debería ser mi derecho poder votarle. Aunque crea que una Europa democrática no puede contradecir su mensaje con cargos elegidos al estilo Vaticano. Será el presidente de nuestra Unión Europea. Pero me gustaría ver en un futuro no muy lejano una auténtica campaña electoral, con ideas, con propuestas, con posturas sobre Europa. Con varios candidatos a presidir nuestra Unión.

Hace 76 años, las mujeres votaban por primera vez en España. Entonces, una utopía. Hoy, desear poder elegir a los altos cargos de la UE también lo es… ¿Cuánto deberemos esperar?

17 Nov

¿Cómo detectar si un político miente?

Si en alguna ocasión tu pareja te suelta un “Cariño, te juro que entre nosotros no ha pasado nada”, quizás sea el momento de pedirle a nuestros sentidos que presten más atención de la habitual a escudriñar toda la información no verbal que podamos para detectar si debemos empezar a desconfiar de la palabra dada. Quizás en eso, las relaciones de pareja y la política se parezcan más de lo que podamos creer.

En ambos casos se establece una relación de un enorme vínculo emocional que puede llevarnos a cambios muy importantes en nuestra percepción. Como ya comentábamos en este post, cuando una persona es simpatizante de un partido político, tiende a buscar el modo de justificar cualquier cosa, incluida la mentira. Algo muy parecido al síndrome de Estocolmo que podemos sentir cuando imaginamos que nos han sido infieles pero no queremos creerlo.

Estamos, como decía Sebastià Serrano, sin lugar a dudas, en uno de los grandes momentos de la comunicación: el arte de la mentira, el engaño, el disimulo… para algunos la política es el arte de estas malas prácticas. Quizás porque es tan antiguo como el ser humano, mentir sea pecado en varias religiones y la honestidad una virtud en tantas otras culturas. Y quizás por ello también, tal y como señala Eduard Punset, estamos más preparados para descubrir a un mentiroso que para encontrar la verdad.

De hecho, esa virtud que, según Punset, tenemos los humanos, no es una especie de radar o sexto sentido, sino la capacidad de detectar cambios en los estados emotivos en el discurso verbal de la persona que miente. Algo así como lo que hacen los detectores de mentiras tan explotados en televisión: observar los cambios fisiológicos que nuestras emociones generan.

Aunque la distancia física con nuestros políticos suela ser insalvable y solo la televisión o internet nos abran una ventana a estos líderes, muchas veces sus reacciones nos dan una información muy valiosa. Aunque por si alguna vez –especialmente en campaña electoral- algún político te da la mano y conversa contigo, te sugiero que prestes atención a estos cambios fisiológicos:

  • Cuando una persona miente, su tono de voz cambia. Algunos expertos señalan que la subimos una octava, más o menos.
  • El ritmo de respiración se acelera.
  • En algunas ocasiones, el color de la cara puede cambiar. Es muestra de embarazo por la posibilidad de ser descubierto, así como reacción al mayor ritmo de respiración.
  • La mirada suele delatarnos, ya que se suele dar un cambio en ella, en el movimiento de los ojos.
  • Disminuyen los gestos, ya que nuestro cerebro está más ocupado en dar consistencia al mensaje verbal y dedica menos atención a nuestra gesticulación.

Además de estas señales de alerta, la cara suele ser un reflejo muy claro de lo que estamos haciendo. Quizás por miedo, vergüenza o culpa, nuestro rostro suele cambiar y estas emociones pueden generar una contradicción aparente entre lo que decimos y lo que creemos.

Hablando del poder de esos gestos, para muchos el que hizo Richard Nixon durante las entrevistas con el periodista británico Frost en 1977 fue tan revelador como un proceso de impeachment. En el minuto 1:27 del siguiente vídeo se muestra el poder de un gesto:

Quizás, la próxima vez que escuchemos a un político afirmar que “yo sólo dije la verdad” debamos atender a estas pistas. O a las hemerotecas, que nunca fallan –quizás por ello, el régimen del Gran Hermano de Orwell tenía tanto interés en corregir las noticias para que nunca se mostraran los errores. Y así finalmente, no saber qué era cierto y que no. Por si las moscas, estos consejos.

13 Nov

¿Qué hacen los ministros?

Un ministro es, en esencia, un relaciones públicas. Una figura que debe mantener un equilibrio en varias esferas, cosa que no es siempre fácil. Pero básicamente, un responsable ministerial tiene tres funciones:

1. Ser el relaciones públicas del ministerio, dar credibilidad y plausabilidad a lo que hacen los funcionarios.
2. Es el hombre en el parlamento, el que sabe lo que se dice y lo que se va a hacer en la cámara.
3. El encargado de luchar por el presupuesto de su ministerio en el consejo de ministros.

No lo digo yo, es una de las lecciones de Sir Humphrey, el eficaz secretario permanente del ministerio de Administraciones Públicas del Gobierno de Su Majestad en la popular serie de televisión de los ochenta “Yes, Minister!”. Una fina comedia –la favorita de la Dama de Hierro-, exponente del puro humor británico que hace gala de una ironía deliciosa, donde se narra el día a día del ministro y sus asesores que, de hecho, son funcionarios.

Aunque esta imagen sea simplificada y llevada al extremo, la serie da en el clavo: la necesidad de responder a varias audiencias desde un cargo político. Desde la gestión de los equipos a rendir cuentas directamente con los ciudadanos. Varias audiencias que, siempre, buscan el propio interés. Sir Humphrey muestra en la definición de lo que es un ministro aquello que más desea: tener libertad para poder fijar él mismo los temas del día a día y su ejecución. Pero eso no es lo mismo que espera un ciudadano. Ni mucho menos lo que quiere un periodista.

E Internet, ¿qué papel puede jugar en conciliar esas necesidades? Un papel muy importante. Desde la contribución que puede hacerse a la comunicación interna en ministerios y departamentos con herramientas útiles como wikis, blogs internos o la aplicación de cualquier instrumento que ataque las debilidades. Pero también es evidente que puede hacerse más visible la acción que se realice. Blogs, Twitter o Facebook pueden mostrarlo. Actualmente, tres ministros del Gobierno -Bibiana Aído, Moratinos y José Blanco- tienen y actualizan con cierta regularidad sus blogs.

Pero incluso tomando la descripción del secretario permanente, podríamos entender que desde una óptica ciudadana Internet permitiría a los ciudadanos considerar al ministro su propio relaciones públicas. La persona que encarna sus intereses porque el mismo ministro los conoce –gracias a la participación-, ser el hombre o la mujer en el parlamento –porque cuenta lo que pasa, lo que se hace o lo que se va a hacer- y, ya que es el encargado de luchar por el presupuesto; explicar a qué se va a destinar. También con su participación.

Quizás sólo de este modo podríamos empezar a ver como más gente conoce a ministros y ministras que parecen invisibles y ser testigos de una mayor puntuación en los ránking que las mismas encuestas muestran.

9 Nov

Un muro que se hizo souvenir

No puedo empezar este post evocando lo que hacía ese 9 de noviembre de 1989 porque mi memoria no alcanza para tanto. De esa época, sólo guardo en los pliegos de mi cerebro algunas imágenes aisladas de un abuelo ejecutado –que años más tarde comprendí que era Ceaucescu, el tirano rumano-, unos señores rompiendo una pared pintada y muchos fuegos artificiales. En esa época, con poco más de cinco años de edad, creía que el golpe de Estado que sufrió Gorbachov fue el causante de su mancha en la frente…

Yo formo parte de esa generación de europeos que ha consumido el relato de la caída del Muro de Berlín. Porque su caída –o su derrumbe o como se le quiera llamar- tiene todos los elementos para ser un gran relato, un gran transmisor de valores para toda una generación de europeos. Una historia emocionante de superación y de defensa de la libertad.

Es una gran historia europea. Del conflicto a la pacificación, de las heridas profundas a sanarlas –quizás tarde- pero superarlas al fin y al cabo. Esa idea de que en Europa hoy es posible un espacio de paz y libertad sin precedentes. Este aniversario debe servirnos para reflexionar sobre ello y defender este relato que, al final, tuvo un final feliz.

En el otro lado de la balanza están los años de división, sufrimiento y desolación. Las historias de las familias separadas y los cadáveres que el muro dejó a ambos lados. Para ello, la visita al museo que se encuentra en el antiguo Checkpoint Charlie es extremadamente enriquecedora e ilustrativa. Y sobretodo, el testimonio más fiel de un mundo dividido por un telón de acero que había empezado a desmoronarse años antes de ese día del otoño berlinés, pero que aceleró su desplome al paso de los berlineses de ambos lados por los pasos fronterizos.

Esta historia europea tiene también su historia de comunicación. O de como a veces un procedimiento establecido no tiene otra alternativa que no aplicarse. No quiero abundar sobre la historia de ese momento, para ello hoy prácticamente todos los medios dedican grandes espacios a esta efeméride, pero me parece especialmente llamativo el modo en que la frontera cedió y se abrió de par en par.

Ese día de noviembre, el gobierno de la RDA anunció el cambio en la política de viajes al exterior, que fue el tema que derivó de forma inmediata en la caída del muro. Esa política, que entraba en vigor a las 4am del 10 de noviembre, fue anunciada en una rueda de prensa por Günter Schabowski que fue retransmitida en directo por la televisión de la RDA. Todas las restricciones de circulación habían sido eliminadas:

“Los viajes privados al extranjero se pueden autorizar sin la presentación de un justificante — motivo de viaje o lugar de residencia. Las autorizaciones serán emitidas sin demora. Se ha difundido una circular a este respecto. Los departamentos de la Policía Popular responsables de los visados y del registro del domicilio han sido instruidos para autorizar sin retraso los permisos permanentes de viaje, sin que las condiciones actualmente en vigor deban cumplirse. Los viajes de duración permanente pueden hacerse en todo puesto fronterizo con la RFA.”

Aunque el proyecto aún estaba a esas horas pendiente del análisis del Comité Central, a las 18:57 terminó la rueda de prensa en la que un periodista italiano pregunto sobre el momento en que entraría en vigor esa trascendental decisión. Schabowski consultó sus notas y afirmó que lo había hecho de forma inmediata.

Desde ese momento, los berlineses se agolparon a lado y lado del muro. Los policías aún no habían recibido instrucción alguna, pues la medida entraría en vigor al día siguiente y, de hecho la decisión del Consejo de Ministros aún no era definitiva.

Pero el anuncio por un medio como la televisión, en directo, desplegó tal expectación que las fronteras se abrieron de par en par –a las 23 horas de esa noche se abría el primer puesto fronterizo- y los ciudadanos, sin el miedo a ser tiroteados, empezaron a derrumbar ese muro con todo lo que tenían a mano.

La apertura de las fronteras cerró una oscura etapa de la historia europea al mismo tiempo que caía el muro. Inauguraba una etapa distinta, para un mundo distinto. Un mundo en que el muro pasó a ser el símbolo de la división, el miedo y la falta de libertad a ser el baluarte de los aires del cambio. Un nuevo mundo en que ese muro pasaría a ser un souvenir que hoy está repartido por el mundo. Incluida mi habitación.