Si la política pudiera comerse, debería ser de chocolate. Y no es cuestión de imaginarse el ejercicio del poder como si de la fábrica de Charlie se tratará: la política debería ser de chocolate porque necesitamos algo que nos guste, nos excite y que nos salve de la depresión. Especialmente en un momento como este.
Las propiedades del chocolate (del cacao, vaya) son muy conocidas. De hecho, sus beneficios han sido descubiertos en numerosos estudios y nutricionistas, expertos y médicos de todo el mundo conocen lo que un poco de chocolate puede aportarnos.
Sabemos que es un antioxidante más que probado: dos cucharadas de cacao tienen una dosis de antioxidantes más grande que el encontrado en otros alimentos como el te verde o el vino. De hecho, el punto clave, es que el cacao tiene como su antioxidante principal los flavonoides que ayudan a aumentar el riego sanguíneo hacia el cerebro. Así que si queremos ayudar a comunicar nuestra opción política, ¿por qué no hacerlo con chocolate que nos ayude a pensar? Negro, por supuesto.
La política, de ser un alimento, debería ser chocolate. No sólo porque gusta a grandes y pequeños, por el placer que nos produce comerlo o por ser un alimento prohibido para los que se ponen a dieta. La política debería ser chocolate porque…
… es afrodisíaco. El cacao mejora el estado de ánimo gracias a la serotonina, que produce placer en el cerebro. Por eso se suele decir que la segregación de esta sustancia en la ingesta del chocolate lo hace afrodisíaco y placentero. La política debería producir eso también y la buena comunicación política debería ayudar a ello. Construir una sociedad mejor, ayudar a los ciudadanos, etc. debería ser una fuente de serotonina. Tanto para el político que vota una ley como para el ciudadano que introduce la papeleta en la urna.
… es antidepresivo. El chocolate tiene varias sustancias que producen sustancias en el cerebro que son un potente antidepresivo, como la serotonina –que ya hemos visto sus efectos- o la dopamina. Neurotransmisores que tienen mucha implicación en los estados de ánimo. La política debería actuar en el mismo sentido, más en un momento de crisis y desafección como el actual. Curarnos esta depresión e ilusionarnos. Para ello, necesitamos líderes que nos produzcan estas sustancias con la ilusión y la esperanza, y una buena comunicación política que ponga en valor esas cualidades.
… protege. Los antioxidantes del cacao y otros nutrientes y propiedades protegen nuestra salud. Pese a haber sido condenado por dentistas y nutricionistas durante épocas, sus beneficios son cada vez más conocidos. Más o menos como la política. Pese a ser denostada, criticada y considerada un mal para nuestra sociedad, la verdad es que el ejercicio de la política y la democracia nos protegen. Son la vía para resolver pacíficamente los conflictos y por ello la comunicación debe poner en valor ese servicio a la sociedad.
La política debería saber a chocolate. Deberíamos sentir placer en cada una de las intervenciones de nuestros líderes. Nos debería ayudar a reponernos del bache y a proteger nuestro sistema democrático como si fuera nuestro sistema inmunológico. Sí, la política debería ser chocolate. Pero seguro que, a día de hoy, os recuerda a otro alimento. ¿A cuál?
Twitter puede arruinarte la vida. Al menos la online. Y depende de cómo lo hagas, también tu vida pública o profesional. Que se lo pregunten al político británico Stuart MacLennan del partido Laborista. Este dirigente político no dudó en usar la plataforma de microblogging para lanzar improperios, insultos y hacer de lo políticamente incorrecto su principal fuente de inspiración.
No es necesario llegar a su extremo. Estamos demasiado en pañales como para ver si realmente un desliz ante 600 seguidores es tan grave como un micrófono abierto, pero lo que está claro es que el hecho que lo que hacemos, decimos y manifestamos en la Red permanece, nos obliga a entender los límites. Los riesgos y por supuesto las oportunidades, pero los límites que debemos aplicarnos.
El límite no debe entenderse como una censura –o una autocensura, mejor dicho-, al contrario, el límite debe ser ese punto de entender lo qué ocurre en la Red cuando Diego dice digo.
Así que si no quieres que Twitter arruine tu prometedora vida política (ya sea porque pases de concejal a diputado o de ministra a presidenta del Gobierno), no pierdas de vista estas cinco pistas para evitar el hundimiento de tu reputación online:
La honestidad como bandera: no es ya citar el caso de Rosa Díez, que mientras actualizaba su Twitter respondía preguntas en TVE, entendemos que ese estadio lo hemos superado. No sólo debemos dejar claro si nuestro Twitter lo actualizo yo o mi equipo (como hace Esperanza Aguirre), sino que debemos ser honestos con nuestros principios, nuestras ideas y nuestra personalidad. No tiene sentido vender una idea equivocada de nosotros o que esté a años luz de la que mostramos ante los medios. Como dice el anuncio de una conocida tienda, “yo no soy tonto”. Y las personas que te siguen, tampoco.
Esto es una conversación, ¡aporta!: en Twitter, como en otros espacios de la red participativa, la gente comparte, discute, conversa, aporta. Tu deberías hacer lo mismo. Durán i Lleida, el político más reputado en España, es el ejemplo de un mal uso de la herramienta cuando pega enlaces sin texto, no responde a las preguntas o martillea con esos enlaces sin ancla. Por tanto, si no quieres ser ninguneado por el resto de usuarios, entiende qué puede interesar a tus seguidores y construye la conversación con ellos. Aquí los argumentarios de partido no mandan, sólo ayudan. Los medios pueden querer una cosa, pero los seguidores otra. Entiende el cambio de óptica.
Si preguntas, tenlo en cuenta: quizás oyendo a algún asesor, habrás planteado en más de una ocasión preguntas al aire. Sí, es un sano ejercicio. Pero si actúas como si fuera una pregunta retórica vas por el mal camino. Preguntar a los usuarios puede ser un buen ejercicio para tomarle el pulso a lo que opina la gente de a pie, pero para que el proceso sea completo, los que estamos al otro lado de la barrera debemos ver que el tiempo que te hemos dedicado sirve para algo. Agradece las participaciones y cuenta qué haces con ellas. Si tienes un blog, puede ser una buena idea hacer un post. Si no, no dudes en comentarlo con, por ejemplo, “acabo de citar algunos de vuestros ejemplos en el Pleno. ¡Gracias!”.
Una cuestión de formas: como sabes, en comunicación no sólo hablan tus ideas. Hablar de corrupción cuando en tu partido hasta el apuntador está bajo lupa o hablar de respeto institucional cuando la lías en el Senado son incoherencias que el ciudadano percibe. En la Red, más de lo mismo. Incluso más. El uso personal de las redes significa que muchos usuarios te invitan a participar de su entorno más propio. Por ello, el tono, el respeto, las formas… son importantes. No queremos ver como te desahogas en insultos con alguien que no piensa como tu. Tampoco te queremos ver replicando consignas tribuneras. No estás ni en los toros ni en el fútbol. Dice más el cómo lo dices que lo que dices. La credibilidad no te la da ni el cargo ni el partido: se la ganan tus tweets.
Por los siglos de los siglos: el contenido permanece. Lo que digas va a estar ahí por los siglos de los siglos… más si la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos se encarga de ello. Aunque lo borres, un tweet puede ser copiado y ver la luz. Por ello, piensa bien qué escribes. Cada vez que lo haces, pones negro sobre blanco de tus ideas, tus opiniones. Tenlo en cuenta.
¿Me he dejado algún consejo? ¡No dudes en participar en los comentarios!
Hoy es un día revolucionario: los libros toman las calles y plantan sus barricadas en forma de paradita. La cultura toma las calles y, al menos en Catalunya, todo huele a rosas. Sant Jordi es uno de los días más bonitos del año, aunque con él también llegan esas típicas preguntas de “¿Qué libro regalo?” “¿Qué libro me compro?”…
Para dar algunas ideas, presentamos hoy una lista colaborativa de los libros imprescindibles en comunicación política y online. Políticos, asesores y consultores nos recomiendan sus particulares obras imprescindibles:
“Micropolítica” de Antoni Gutierrez-Rubi.“Convierte algo tan áspero como la comunicación pública en un ejercicio de defensa de la belleza. Comunicar en política tambien puede ser sencillo, breve y bello.” César Calderón, asesor de comunicación.
“Comunicación y poder” de Manuel Castells. “El profesor Castells, eminencia mundial y catedrático de sociología en la UOC, explora en este libro las nuevas relaciones entre el poder y la comunicación, poniendo atención a los cambios del nuevo entorno comunicativo surgido con Internet y los dispositivos móviles y analizando procesos políticos y movimientos sociales que han marcado el mundo contemporáneo. Un buen libro para entender el mundo-red en que vivimos.”Ernest Benach, president del Parlament de Catalunya.
“Comunicación y poder” de Manuel Castells. “Un único y sintético pero vital motivo es el que hace de este libro una lectura obligada para todos aquellos que vivan en, de o para la Red. Con las mismas palabras del autor … “si no conocemos las formas de poder en la sociedad red, no podremos neutralizar el ejercicio injusto de dicho poder; y si no sabemos exactamente quienes tienen el poder y dónde encontrarlos, no podremos desafiar su oculta pero decisiva dominación”” Guillem López-Bonafont, asesor de comunicación.
“El arte de la prudencia” de Baltasar Gracián. “Pese a su edad, un buen tratado por su enfoque práctico de plena vigencia sobre cómo triunfar en un mundo competitivo y hostil. Son trescientos aforismo comentados de normas, instrucciones y explicaciones de la conducta humana que todo candidato o político debiera tener presente en su acción política”. Ignacio Martín Granados, director del Gabinete de Alcaldía del Ayuntamiento de Segovia
“L’immagine del leader. Quanto conta per gli elettori?”, de Mauro Barisione.“¿Es necesario un candidato carismático y buen comunicador para ganar unas elecciones? ¿La imagen hace verdaderamente la diferencia? Este interesante libro recorre, a través de grandes políticos de ayer y de hoy, las cualidades personales y estrategias de comunicación que convierten una buena proyección de la imagen pública en la clave para una victoria en las urnas.”Yuri Morejón, asesor de comunicación.
“El sol, el genoma e internet. Las tres cosas que revolucionarán el siglo XXI: la energía solar, la ingeniería genética y la comunicación mundial.” de Freeman J. Dyson. “El libro plantea cuáles son los retos y oportunidades más importantes que tendremos como sociedad durante el actual siglo. Dyson trata el fenómeno de la comunicación global (el libro es del año 2000 y habla sólo de la World Wide Web y no de redes sociales) como fenómeno que alterará nuestra forma de relacionarnos, de trabajar y de crear, y lo hace con su estilo ameno y, alguna vez, desordenado. El libro también explica la importancia que él cree tendrán las energías renovables, el mapa del genoma humano, la exploración del espacio y la inteligencia artificial. Más que un libro es una recopilación de conferencias y artículos divulgados por Dyson a finales de los años 90 del siglo pasado, pero que siguen teniendo una vigencia propia de un hombre de su talento.”Ignasi Llorente, secretario de imagen y comunicación de ERC.
“El nuevo príncipe” de Dick Morris. “Campaña electoral permanente, formas de idealismo, nueva agenda política… Morris prueba de explicar cómo debe comportarse el nuevo príncipe de Maquiavelo, actualizado al siglo XXI”. Xavier Peytibí, asesor de comunicación.
“Señales honestas: el lenguaje que gobierna el mundo” de Alex Pentland. “La comunicación pasa por acercarse al individuo y mirarle a los ojos; en este libro el profesor Pentland vuelve a lo básico, a la persona, a las emociones y a lo que nos motiva a hacer las cosas… para acercanos a la inteligencia en red más genuina, a la ciencia de las redes.”Millán Berzosa, DirCom y Community Manager de Ideas4All.
“Lo real” de Belén Gopegui.“Trata de cómo la gestión de la información y de la comunicación genera poder. Y de qué peligroso puede ser éste y el camino que lleva hasta él.” Juan Pedro Molina Cañabate, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid.
“White House Ghosts” de Robert Schlesinger. “Ahora que aún tenemos en cartelera la interesantísima The Ghost Writer, última película de Roman Polanski, con Pierce Brosnan haciendo de ex primer ministro británico (muy Blair) y con Ewan McGregor haciendo de “negro”, recomiendo recuperar este libro publicado hace cosa de un año, que es un retrato muy atractivo del nacimiento, consolidación y explosión de la figura de los speechwriters (escritores de discursos) de la Casa Blanca. Habitantes del Ala Oeste antes incluso de que este existiera!”. Toni Aira, profesor de la UOC.
“The Art of Community. Building the New Age of Participation” de Jono Bacon. “El Community Manager de Ubuntu, la mayor distribución del sistema operativo Linux, nos ofrece las claves sobre como construir una comunidad éxitosa usando los ejemplos de una de las comunidades más grandes de la red: la de los desarrolladores, traductores, testeadores y demás participantes del proyecto Ubuntu. La verdad es que este libro nos ha encantado no sólo porque su enfoque es eminentemente práctico (y, por cierto, está muy bien escrito) sino porque los casos usados son bastante divertidos y realmente se aprende mucho sobre comunidades online gracias a él. Por cierto, para complementar la parte teórica de este tema nos ha gustado mucho Conectados de Nicholas A. Christakis, sociólogo y médico, y James H. Fowler, profesor de Ciencias Políticas, publicado por Taurus.” Alberto Vicente y Silvano Gozzer, editores de Anatomía de la Edición, uno de los blogs más influyentes en la edición española.
“Moon Shoots for Management” de Gary Hamel. “Mi propuesta viene en forma de artículo extenso. Lo escribió en 2008 uno de los profesores que ayudó a orientar el management del siglo XX, y que en éste habla de la Gestión 2.0 y sus implicaciones. No tiene desperdicio”. Adolfo Corujo, director senior de comunicación online en LLORENTE & CUENCA.
“Ser Digital” de Nicholas Negroponte.“A pesar de tener mas de 10 años (1995), continúa estando de plena actualidad. La evolución de la digitalización a través de los tiempos, la predicción del futuro y la transición de un mundo de átomos (material) hacia un mundo de bits (información), hacen de “Ser Digital” un libro esencial para cualquier persona interesada en la Web 2.0″. Cristina Cifuentes, vicepresidenta de la Asamblea de Madrid.
“Divertirse hasta morir ” de Neil Postman.“Un análisis imprescindible para entender la sociedad del entretenimiento y el lenguaje que debe utilizar la política en esta sociedad mediática.”Pau Canaleta, asesor de comunicación y director del CCAII.
“La herencia del olvido” de Reyes Mate. “No es un libro de comunicación … habla de la razón compasiva, de la razón comprensiva del sufrimiento … pero lo encuentro pertinente, mucho, para abordar los retos de la comunicación actual. Me hace pensar -y trabajo- en la idea de una comunicación que no sólo busque la relación o la seducción (el convencimiento), sino la comprensión del otro. Una comunicación basada no sólo en el diálogo, sino en la escucha comprensiva, en la escucha que nos hace poner en la piel de los demás, en la comunicación que comprende.” Antoni Gutiérrez-Rubí, asesor de comunicación.
“Los discursos del poder, palabras que cambiaron el curso der la historia” con introducción de Sabino Fernandez Campo.“No es un libro de o sobre comunicación política, es comunicación política en estado puro… y contrastada. Los mejores asesores son los clásicos.” Marc Rius, director general de Participación Ciudadana de la Generalitat de Catalunya.
“La política y el arte de actuar” de Arthur Miller.“¡Porque sigo creyendo en la política!”Jaume Collboni, jefe de campaña del PSC.
“Palabras que cambiaron el mundo. 50 discursos que han hecho historia”, de varios autores. “El prólogo del libro que recomiendo comienza con la siguiente frase: “Un gran discurso no sólo refleja la verdad de una época; también puede reflejar una gran mentira”. Y esa es la grandeza de este libro. En él no solamente se recogen los grandes discursos de la historia por todos conocidos sino también las palabras de líderes miserables, mentirosos y perversos. Un libro para comprobar que la retórica nada tiene que ver con los valores y por lo tanto conocer de la retórica su valor.” Francisco Polo, emprendedor social.
“1984″ de George Orwell. “Un clásico. Pero de un extraordinario valor. La ciencia ficción se mezcla con la política. Con la teoría política y con la práctica también. Con el lenguaje, con la comunicación. El mundo que dibuja Orwell nos lleva a la reflexión sobre el valor de la libertad y la amenaza del miedo. Nos alerta de la importancia del lenguaje y del control del relato. Una pieza imprescindible en la mesa de toda persona preocupada por la comunicación.” Albert Medrán.
En unos meses, Catalunya celebrará sus elecciones. Antes, veremos comicios para la presidencia del Barça y, aunque parezca que están a años luz, en poco más de un año volveremos a elegir alcaldes y la mayoría de presidentes de comunidad autónoma. Y con la que está cayendo en la Red –y no, no me refiero a lo de la LES y la institucionalización de la censura en la Red por parte del Gobierno-, es lógico pensar que Internet jugará un papel central. O debería. El calado del papel, dependerá de cómo se aplique.
En Catalunya ya se están dando pasos muy decisivos, especialmente en CiU que como ya reseñamos en otros artículos, cuenta con su propia red social. Para el resto de partidos, tanto catalanes como los candidatos de cualquier pueblo o ciudad de la geografía española, quizás sea buena idea echar un vistazo a algunos de estos libros.
El president del Parlament de Catalunya, Ernest Benach, que ha sido el claro ejemplo de liderazgo para introducir nuevas rutinas en sede parlamentaria, ha escrito “#Política 2.0” contando la experiencia y dando interesantes claves sobre lo qué debe ser la política 2.0 y por qué Internet puede salvar la distancia cada vez mayor entre políticos y ciudadanos. Es un excelente manuscrito que va camino de convertirse en libro de cabecera para los que quieran cambiar. De momento está en catalán y puede comprarse en formato electrónico, además del papel.
Del otro lado del charco nos llega un interesante relato en primera persona de la campaña electoral más exitosa hasta el momento en Internet. Sí, hablamos de Obama. Y sí, hablamos de la traducción al castellano del “Yes, we did” de la canadiense Rahaf Harfoush. Rahaf, que estuvo el año pasado en España para deleitarnos con su experiencia, la presenta por escrito en un libro en que encontraremos varias claves que debemos atender. Eso sí, con la distancia necesaria: nuestro sistema no tiene nada que ver con el americano. El libro lo edita Gestión 2000, del Grupo Planeta.
“Hola, me llamo Wild A. Freeborn y necesito comprar algunas galletas porque quiero vender 12.000 cajas”. Cuando Wild, una niña de ocho años residente en Carolina del Norte lanzó este mensaje en YouTube hace poco más de un año, se intuía que algo estaba cambiando –y de forma muy profunda- en la sociedad americana. Una niña de tan sólo ocho años entendía que tenía a su disposición una vía más para conseguir su objetivo: ser la girl scout que más galletas vendía.
Si Internet acompaña en el día a día a esta generación de nativos digitales, ¿por qué no debería hacerlo en una de las tradiciones norteamericanas más comunes? ¿Si Internet les ayuda a hacer los deberes, por qué no a conseguir sus objetivos?
El precedente sentado por Freeborn fue una auténtica revelación. Aunque el vídeo se retiró de YouTube (el de este post no es la fuente original), la apuesta de esa niña ha llevado a varias asociaciones de Girl Scouts a plantearse la posibilidad de hacer de Internet un efectivo canal de venta. No iban desencaminados: ¿qué ocurre cuando esas mismas niñas de 11 años se dan cuenta que tienen otras poderosas herramientas para vender sus galletas? La respuesta es asombrosa: mueven anualmente 700 millones de dólares en comercio de galletas online.
Lo hemos visto centenares de veces en el cine y la televisión. Una de las tradiciones norteamericanas que muestra a niños y niñas pasando su tiempo libre y formándose en valores en los Boy Scouts y Girl Scouts. Niñas que recorren el vecindario, puerta a puerta, ofreciendo galletas con el objetivo de recaudar fondos para acciones benéficas. Una enseñanza desde tierna edad de la importancia del marketing directo, sin duda. No es de extrañar que los propios sujetos que la mantienen año a año vean en Internet una clave de presente.
Estas niñas han llevado la batuta. Han entendido que los medios sociales son útiles para conseguir su objetivo y han puesto su empeño para llevar a la Red su modo tradicional de vender galletas.
En realidad este artículo debería tener un título más largo: lo que saben las Girl Scouts y aún no han aprendido muchos políticos, muchos directores de comunicación de partidos y candidaturas. Porque aunque parezca extraño, el ejemplo de las niñas americanas, con su uniforme y sus galletas, tienen mucho que enseñarnos. Aunque su edad destile inocencia y candidez, no es inocente su apuesta. Tampoco es inocencia quedarse al margen. Internet acerca la política a los ciudadanos. Y los ciudadanos a la política. El que se apea del camino, el que prefiere verlo todo desde el despacho –hace ya tiempo que algunos dejaron de llamar a la puerta como las niñas con sus galletas-, da pasos decisivos hacia su propio abismo. Que aprendan de las Girl Scouts.
Tras las nevadas, TV3 entrevistó al president de la Generalitat de Catalunya, José Montilla. La entrevista ha sido muy comentada, especialmente por la imagen de fatigado que mostró el president y por el tono de la directora de TV3, la periodista Mònica Terribas, que hizo gala de un estilo poco habitual en las entrevistas de este tipo: no se cortó en hacer preguntas incómodas.
La semana pasada participé en el programa Aula Abierta de Radio Andalucía a propósito del famoso gesto de Aznar a los estudiantes de la Universidad de Oviedo. Tras comentar lo inapropiado de la peineta, reflexiones sobre la comunicación política siguieron la conversación. ¿Tenemos algún Obama en España?
No existe. Hay oradores buenos, gente que puede llegar a conectar bien con el electorado. Candidatos que se defienden. Pero candidatos y líderes que apenas consiguen no mermar los votos en sus bases y que esperan que la propia situación desangre el electorado del otro. No, no existe un Obama español. No ya por las dotes oratorias, la importancia que pueda llegar a otorgar a la comunicación o por el papel que el ex senador de Illinois dio a la política de las emociones. No existe porque la base está en el cambio de concepción de la relación del candidato con el votante.
El Obama de campaña es precisamente eso, el cambio en la concepción con el votante. La campaña del senador no lo tenía fácil. Se enfrentaba a la candidata oficial del partido que había tejido a lo largo de los años una extensa red de contactos a lo largo y ancho del país. Él era un senador en primera legislatura, conocido sobretodo por un discurso. El reto para Plouffe, Axelrod y compañía era enorme: ¿como concebir una campaña presidencial para Obama y no morir en el intento?
Y ahí es donde entra en juego el factor diferencial. Lo que hace que no tengamos Obamas en España. Para superar esas barreras (esas eran las de Obama, pero un candidato aquí tendría las propias) diseñaron una campaña basada en el votante. El votante debía tener autonomía, debía participar. Debía ser el centro. Una campaña basada en el ciudadano y no en el votante.
Así, Obama desplegó ese movimiento de grassroots en los 4 primeros estados de las primarias: quería tener su momentum desafiando a Clinton con armas no convencionales. Y triunfó.
A Obama le llamaron loco. Loco por querer romper con la campaña mercantilista en Carolina del Sur (tu me pagas y yo te consigo votos) y pasar a la acción escuchando y dando la palabra a los votantes. Porque ofreciendo una manera distinta de hacer política podía llevar a las urnas a los sectores que nunca votan y que eran necesarios para vencer a Clinton o Edwards.
Y funcionó. Internet ayudó de forma decisiva, pero también decisiones estratégicas como mimar a los donantes de cantidades pequeñas tanto como a los grandes donantes. Funcionó.
¿Tenemos un Obama en España? No, creo que no. Porque parece que los candidatos, aunque entiendan que la desafección es la barrera, que podrían ganar acercando a la política a los que se alejan de ella, no se atreven a hacer ese cambio. No se trata de abrir una web. Ni de buscar un buen eslogan. Es cambiar la relación de políticos y votantes. Saltar la barrera. Y de eso, no tenemos.
En Estados Unidos existe una ya larga tradición de dotar a sus campañas electorales con canciones de campaña. Temas, algunos populares y otros menos conocidos, que vienen a apoyar el mensaje y la imagen del propio candidato. Si en España existiera esa tradición, quizás Zapatero escogería el hit eurovisivo de Remedios Amaya y cantaría aquello de “ay quién maneja mi barca, que a la deriva me lleva”. Rajoy podría atrevirse con el Aserejé de las Ketchup: una canción festiva y alegre –ya se ven en Moncloa- pero inteligible, como sus promesas de mejora sin saber bien qué hará.
Para algunos esto puede ser una tontería. Un amago de genialidad más de asesores políticos que no tiene ningún fundamento, pero la realidad es que, vistos los efectos que la música tiene en las personas, parece no ser una tontería el hecho de atender a ella. Es el íntimo juego de la música y la comunicación política, entender que algo tan básico en la vida como la música puede y debe ser un elemento más de campaña.
Pitágoras enseñaba a sus alumnos algo genial y casi mágico: cambiar los comportamientos de las personas, sus respuestas –incluso acelerar procesos de curación- a través de la música. Hace unos meses reflexionaba sobre el papel de la música en los anuncios electorales, como un determinado ritmo puede crear o sostener estados emocionales en la dirección del mensaje político y de los objetivos de comunicación. Reflexión que hicieron muchas campañas electorales.
En todo caso, la elección de temas de campaña no está exento de polémica. Dos candidatos –y presidentes- republicanos recibieron quejas de los artistas a quienes tomaron prestadas las canciones. Ronald Reagan, tras su famoso “California here we come” usado en la campaña que le llevó a la Casa Blanca, no dudó en hacerse con el hit de 1984 para su reelección. El “Born in the USA” de Bruce Springsteen fue el himno del antiguo actor. Por su parte, George W. Bush se opuso a Al Gore con el tema de un fan del vicepresidente más ecologista: “I won’t back down” de Tom Peety. Ambos artistas, reconocidos demócratas.
Aunque otro tipo de polémicas no viene tanto por la filiación política del artista sino por su nacionalidad. Si Bill y Hillary Clinton hacían de actores emulando a Los Soprano para presentar el tema de la campaña de ésta, la recepción del tema fue menos halagüeña que el propio vídeo. Hillay hechó mano de una mujer, la titanizada Céline Dion, que le prestó el tema “You and I”. Muchos americanos se preguntaron el por qué de la elección de una canadiense… y otros tantos, el sentido político de la canción.
Mejor sintonia tuvieron los Fletwood Mac con Bill Clinton. Incluso hoy el ex gobernador de Arkansas es reconocido por el “Don’t stop thinking about tomorrow”. Aún puede escucharse esa canción como presentación del presidente en actos como las Convenciones demócratas. La asociación, pues, entre tema y candidato puede llegar a ser muy íntima.
Otros candidatos han puesto toda la carne en el asador y han aprovechado todas las aristas emocionales y de comunicación de la música. Barack Obama apeló a la América que debe renacer tras el 11S con el hit de U2“The city of blinding lights”, que le acompañó en momentos mágicos de su campaña, como en su salida al atril durante su discurso de aceptación en la Convención. El timbre y la potencia de Aretha Franklin contribuyó con su “Think”, que sonó en numerosos mítines, como al finalizar el célebre discurso de New Hampshire. Sinnerman de Nina Simone, Gimme Shelter de los Rolling Stones o la conocida versión musical del propio discurso de New Hampshire son otras piezas de la banda sonora de la campaña del presidente.
Pero no olvidemos los clásicos. JFK apeló a las grandes esperanzas de los americanos con el “High hopes” de Frank Sinatra. Y otro clásico entre los clásicos, Neil Diamond, prestó su “Coming to America” a Dukakis… aunque perdió. Bruce Springsteen puso su grano de arena en otra campaña que no llegó a buen puerto. Kerry tuvo “No Surrender” entre sus canciones de campaña y la presencia del artista en numerosos conciertos de apoyo al cambio que no llegó.
Seguramente Pitágoras echaba mano de otro tipo de recursos, pero en una sociedad plagada de información y de impactos como la actual, los artistas ayudan a comunicar proyectos. Más allá de las canciones que pudiesen elegir hoy Rajoy o Zapatero -aunque no se rodearían de John Cobra-, aquí también sabemos de qué va eso de la música. Quizás con menos tradición, pero no olvidemos que Tequila pedía que “no, no, que el tiempo no te cambie”. Algo que los socialistas entendieron era el mensaje de la juventud a Zapatero. Rajoy nos pedía el voto con el ballenato y… ¿a quién no se le ha pegado el himno del PP?
Enlaces de interés:
Escucha algunas de las canciones de este post en esta lista de Spotify.
Este viernes mantuvimos una interesante conversación en el máster en Marketing Político del ICPS-UAB. Me invitaron a dar una clase a la que tuve la osadía de titular “¡Ay Karmele! Internet más allá de los frikis”. Aunque tras la primera diapositiva, ni Karmele ni los frikis aparecieron por ningún lado…
En cerca de cuatro horas de clase pudimos iniciar el recorrido en la importancia de Internet como medio estratégico para terminar dando con un decálogo de pasos imprescindibles para dar con una buena estrategia de comunicación política online y ejecutarla correctamente.
En el camino, nos detuvimos en los diferentes modos de actuar y participar, qué entraña cada espacio y, sobretodo, en los nuevos roles que los actores están desempeñando. De hecho, la clase se inscribía en el módulo de actores y observar cómo los políticos, los partidos, los militantes y las administraciones deben hacer frente a un auténtico cambio de modelo tenía su interés. Así, el político conversador, el político altavoz… el que no ha entendido nada y el que sigue sin entenderlo hicieron acto de presencia.
Espero que los consejos de un auténtico maestro como Iván Pino sirvieran para que, los que por un día fueron mis alumnos, pensaran que la sesión mereció la pena y puedan aplicar algo en sus experiencias profesionales.
Comunicación política online. Fue un auténtico placer debatir estas y otras cuestiones, desde entusiastas hasta escépticas, con una clase muy activa y bien despierta. La nueva generación de la comunicación política sigue creciendo.
Para algunos de vosotros será un descubrimiento. Y para otros, es uno de los referentes en vuestros feeds. Hablo de Pau Canaleta, una de las personas que más conoce la estrategia política y electoral en este país. Su blog ha sido un testimonio de la actualidad política y de los cambios en la comunicación política, y ahora se muda a un nuevo dominio y se presenta con una nueva imagen.
Pau Canaleta, desde Figueres, nos habla de estrategia. Nos descubre claves imprescindibles para entender por qué hacen lo que hacen nuestros políticos. Os invito a que lo conozcáis, porque a partir de ahora, también lo podréis leer en castellano.