23 Ago

Poner el acento en el acento

A Montserrat Nebrera, ex diputada del PP catalán, no le gustaba el acento de la ex ministra de Fomento, Magdalena Álvarez. Juan Soler, portavoz adjunto del PP en la Asamblea de Madrid, cree que el acento andaluz de Trinidad Jiménez no es el más apropiado para una candidata a presidir la comunidad. Y mientras, todos recordamos la facilidad de Aznar de imitar acentos. “Estamos trabajando en ello”. Le salió del alma en un auténtico deje tejano que dejó a todos asombrados. ¿Tienen, los de Génova, algún problema serio con los acentos?

Seguramente no. Son casos aislados que muestran como en el calor de la batalla política a veces la exaltación nos lleva a la crítica burda y vacía de contenido político. Una persona no es mejor ni peor en la tarea de gobernar por uno u otro acento. Pero si comentarios de este tipo llegan a levantar ampollas es porque los acentos tienen una gran importancia en el proceso comunicativo.

Los acentos escuecen porque son importantes en la comunicación. Lo hemos visto en más de una ocasión: cuando lanzamos un mensaje es casi más importante lo que lo rodea que el mensaje en sí. O sea, que cuando hablamos, nuestra voz, nuestro tono, el acento, el ritmo, etc. conforman elementos que son más importantes para nuestro interlocutor que lo que estamos diciendo. Damos más información sobre la intención real de nuestro mensaje con ello.

La misma Álvarez a la que criticaba Nebrera no dudó en exigir al diputado de ICV Joan Herrera que si la imitaba, lo hiciera correctamente. Antes partía que doblá no era lo mismo que partida o doblada. Artur Mas afirma en el libro de Pilar Rahola que desearía tener un acento particular, un defecto en el habla; algo característico que le hubiese evitado la sátira del programa Polònia. Y puede que Montilla vea en su enigmático acento un punto de sorpresa que puede hasta favorecerle: el cordobés que en Madrid tiene acento catalán y cuando habla en catalán, un marcado acento castellano. Pese a él, llegó a Presidente.

Recapitulemos. ¿Sería lo mismo Felipe González sin su acento sevillano? ¿Sería su oratoria, su carisma y su personalidad política lo mismo sin ese deje sureño? Seguramente no. ¿Tenerlo le convierte en peor o mejor político? No. ¿Le convierte en mejor orador? Ni sí, ni no. Pero le marca. ¿Quería decir Soler que un candidato a la presidencia de Madrid debe hablar como los madrileños? Parece que sí. Y si era eso lo que quería decir, se equivocaba.

Por eso, introducir esa arista en el debate tiene su parte de miga. Madrid tiene ese punto de eclosión de acentos, sensibilidades y procedencia. Un lugar en el que rápidamente sabes que eres diferente, pero tan diferente como todos los que te rodean. No importa tu marcado acento catalán, porque el que te hable seguramente lo hará con la impronta de sus raíces gallegas. Y el que nos escuche, guardará en sus adentros un deje gaditano inconfundible. Así es Madrid. El que vota a Esperanza Aguirre también. Millones de votos que no saben de laísmos.

El hecho está en que los madrileños y madrileñas, gatos o de adopción, de paso o echando raíces, poca importancia le dan a ello. Por ello, se equivocan los que quieren convertir eso en un debate sobre la identidad, los genes, y las raíces. Pero no se equivocan al intuir la importancia de un acento en política, en establecer vínculos emocionales con los ciudadanos. Un acento envuelve un mensaje, una idea, una propuesta. ¿Quizás teman la dulzura de Trinidad contra el seco acento de Esperanza?

20 Jul

¿Seguirá Aznar los pasos de Take That?

Take That fue un éxito de ventas en los 90. La primera de las boybands de la década que se ganaron el corazón de millones de fans a lo largo de esa década y durante los primeros años del siglo XXI. Lo del grupo de Manchester fue una auténtica locura. Tanto, que su separación no dejó de tener tintes traumáticos para muchas adolescentes. La noticia de la vuelta a la banda, 15 años después, de Robbie Williams no ha pasado inadvertida. Tras rumores se ha consumado. ¿Podría darse algún caso similar en la política española?

Puede parecer extraño, pero la propia historia del grupo puede parecerse a la de un grupo excepcional de políticos que unió a la derecha española tras el franquismo. No es que Aznar tenga dotes de cantante, pero su liderazgo al frente del PP en los 90 puede asimilarse a los Take That. Consiguieron todo lo que se propusieron y se diluyeron sin alzar la voz. Aznar anunció que se iba como Williams lo hizo en 1995.

Tanto los Take That como el PP de Aznar dejaron a millones de huérfanos. Millones de españoles que siguen pensando que nadie volverá a dirigir el partido y el país como José María Aznar. Quizás por ello, ante las cíclicas crisis del partido, no se han dejado de sentir voces que, o bien reclamaban la vuelta del líder o abiertamente pedían que el de Valladolid volviera a la escena política.

La realidad es que las carreras en solitario de Williams y Aznar han sido exitosas. El primero, recorrió medio mundo con sus álbumes en solitario. Una de las figuras más importantes del pop británico de los últimos años. Aznar, en cambio, es un conferenciante habitual al otro lado del Atlántico, ha escrito varios libros y sigue siendo una pieza fundamental de la derecha española. El primero ya ha anunciado su vuelta a los ruedos. Aznar, no parece estar por la labor.

Pero ese espíritu de volver al grupo –los Take That se unieron de nuevo en 2006- parece que no está muerto en el PP. Viejos miembros de la banda piden turno para volver a tocar. Es el caso del ex vicepresidente del Gobierno, Francisco Álvarez Cascos, que está haciendo lo imposible por ser el candidato del PP en Asturias. El partido se ha rebelado contra ello, pero las maniobras ahí están. A la espera de que el garante del grupo, Mariano Rajoy -que aguanta pese a Gürteles, espionajes o envites de la Lideresa- se manifieste.

La marcha de Aznar, vinculada a la promesa de no estar más de dos mandatos en el cargo, tuvo mucho de esa marcha de Williams justo cuando estaban saboreando las mieles del éxito. Y seguro que en más de una ocasión el ex presidente haya pensado que su decisión fue un error. Pero seguro que la nostalgia no sería el principal motivo de su vuelta.

Por el momento, el retorno no parece estar sobre la mesa o su proyecto personal. Pero, si Take That ha vuelto a unirse tras tantos años, ¿seguiría siendo algo descabellado creer que Aznar, ahora con abdominales marcadas, pudiera volver a la política?

17 May

YouTube: cinco años de videopolítica

Han pasado sólo cinco años. Sólo cinco. Ese es el tiempo desde el lanzamiento de YouTube hasta el día de hoy en que difícilmente podemos entender Internet sin el mayor archivo de vídeos de la historia. Sin este espacio global de vídeos que ha hecho del nuestro un mundo más pequeño. En YouTube lo han expresado de esta forma con el vídeo conmemorativo:

YouTube ha hecho más pequeño el mundo de la política. Ha aproximado a políticos y ciudadanos, para bien y para mal. En cinco años hemos visto como este espacio podía servir para introducir temas en la agenda política, como en las preguntas que llegaron a los candidatos a las elecciones presidenciales de 2008 en Estados Unidos.

Dirigentes de hoy que ayer abrieron las puertas de su casa para darse a conocer, como David Cameron, que desde hace sólo unos años, ha establecido contacto con los británicos a través de sus vídeos.

Mas y Rajoy no han dudado en subirse al carro a esa tendencia.

Las cámaras digitales y la posibilidad de acceso a todos nos han convertido en autores en potencia, aunque los creadores sean sólo una parte muy pequeña de todos los usuarios en YouTube. Así, nos llegaron las imágenes de un Aznar enfadado cuando es sorprendido en un avión.

YouTube ha sido el aliado de la viralidad y del fin del control de muchos equipos de comunicación de gafes, como “el coñazo del desfile” de Rajoy o las supuestas copas de más de Sarkozy tras una reunión con una delegación rusa en una cumbre. O el president Montilla firmando un libro de honor con una chuleta. Incluso ha servido para dar a conocer la tarea de los diputados que vienen en pack en una lista y valorar su idoneidad para el cargo, como el caso de la diputada aragonesa más famosa en la Red.

El vídeo del “Yes, we can!” de Obama batió todos los récords y pulverizó el poder de los circuitos comerciales convencionales en televisión. Y la campaña americana fue, en esencia, una campaña de vídeos.

La burla a Mayor Oreja a través de una serie en YouTube fue un éxito, aunque no consiguió batirle en las elecciones europeas del pasado año. Y el efecto del “Confidencial.cat” de CiU en las elecciones de 2006 se amplificó en la Red cuando esto casi iba en pañales.

Gracias a YouTube, los vídeos de los mítines llegan a cualquier usuario. Si el mitin muere, YouTube le da bocanadas de aire.

Cinco años que, en definitiva, han servido para dar más visibilidad a la política, hacerla más próxima y, por qué no, más transparente.

3 May

En español, ¡coño!

Ha llovido mucho desde la primera visita oficial del ya coronado Juan Carlos I a Barcelona en 1976. A propósito de la muerte de Juan Antonio Samaranch pudimos recordar al joven monarca dirigiendo unas palabras en catalán desde el Palau de la Generalitat, por aquel entonces, sede de la Diputación de Barcelona que presidía el traspasado presidente del CIO. Fue una sorpresa y un gesto cargado de significado político en los meses posteriores a la muerte del dictador.

Un gesto. Como tantos otros hemos visto a lo largo de los últimos treinta años en todo lo relacionado con las lenguas que se hablan en España. Un gesto que al cabo de pocos meses se plasmó en el reconocimiento constitucional de la diversidad lingüística, la oficialidad del catalán, el euskera y el gallego. Que supuso el desarrollo de una convivencia lingüística que se ha vivido y se vive en las calles. Pero que no siempre ha sido reflejada del mismo modo en la política española.

Este ha sido y es, sin duda, un tema espinoso. Países como Canadá –con versiones de su himno en francés e inglés- o Suiza –con presencia de todas sus lenguas en sellos, monedas y billetes- han sabido reconocer su pluralidad lingüística a nivel oficial, legal, constitucional… pero también en el haber de la simbología. En los gestos cotidianos que han ayudado a no temer a lo que hablan los otros. En 2001, tras 150 años de historia postal española, sólo 46 de los 3.731 sellos emitidos lo fueron en alguna de las lenguas hoy oficiales. Hasta que el primer gobierno de Zapatero promovió el uso de las lenguas oficiales en espacios como los sellos o el registro civil.

Zapatero empezó también con un gesto su relación con Catalunya tras ser investido presidente. Un gesto menos frívolo que el de Aznar al afirmar que hablaba catalán en la intimidad. Al igual que Juan Carlos I, se dirigió en catalán durante la inauguración del Fòrum de les Cultures, en la primavera de 2004. Aunque el gesto que, como hemos visto, se tradujo en ciertos avances hacia el reconocimiento de la pluralidad lingüística, no fue todo lo profundo que se hubiese podido esperar: las lenguas oficiales no fueron reconocidas en el Congreso de los Diputados, en una crispada legislatura que dio lugar a una batalla incesante del presidente de la cámara, Manuel Marín, contra su uso.

El gesto tampoco se plasmó en avances significativos en Europa: pedir la oficialidad de las lenguas es responsabilidad de cada Estado. Así, países como Irlanda han llevado a la oficialidad de lenguas como el gaélico a la Unión. Y ahí el gesto del ejecutivo español se quedó a medias.

Los gestos, gestos son. Pero tras ello y su carga en lo simbólico, en lo emocional, se debe trabajar en algún modo. Por eso, el revuelo mediático causado por la intervención de Leire Pajín en el Senado nos devuelve a una realidad que no podemos obviar. Con un hemiciclo enfurecido por el uso de las lenguas oficiales por parte de la senadora, Pajín relató su vinculación personal y familiar con el euskera, su conocimiento del valenciano, que le permite entenderse con catalanes y baleares, y el respeto y admiración por el gallego. Un gesto que se inscribe en el reconocimiento de las lenguas, con treinta años de retraso, en la eterna candidata a ser la cámara de representación territorial.

Pajín sorprendió, y ese fue su triunfo comunicativo. Pero sobretodo, según relatan las crónicas parlamentarias, nos puso frente a una realidad que no por ignorarla, va a desaparecer: a muchos aún les sigue molestando el reconocimiento a la pluralidad. Comportamientos que subyacen en el imaginario colectivo de muchos, que impregna las actitudes hacia lo nuevo, lo plural y lo distinto. Tintes herederos de una España vieja y aislada durante siglos en lo social, en lo político y en lo cultural. Quizás la misma sustancia que impregna la incapacidad de varios presidentes a expresarse en inglés o en francés.

12 Abr

El papel de la televisión en la política

La niña de Rajoy, Artur Mas haciendo la gallina, González y Aznar. De los reporteros de CQC a Salvados. El Ala Oeste de la Casa Blanca y la televisión en la cultura política americana. Nixon y Kennedy… la figura del debate. Y en todo ello, el papel de la televisión. Interesante programa de TV3 sobre el papel de la televisión en la política. Os lo recomiendo.

Y tras ver el reportaje… ¿cuál es vuestro programa relacionado con la política favorito?

22 Feb

La peineta de Aznar

Aznar no ha sorprendido a nadie. El gesto que dedicó a los estudiantes en Oviedo es algo que cabía esperar del ex presidente. Es la consecuencia lógica de la escalation que lleva experimentando durante los últimos seis años. Su imagen pública se nutre de ello: un personaje sin complejos que no se corta ni un pelo.

Lo de Aznar no es sólo la peineta. Son los ataques al país desde su posición. No lo olvidemos, un ex presidente sigue teniendo un papel clave en política. Sigue desplegando su influencia y sigue teniendo relevancia. Por ello, la agenda propia que ha intentado marcar es el propio origen del gesto.

El dedo de Aznar viene a reafirmar posiciones. Los que siempre le han defendido –incluso cuando el delirio de una guerra ilegal, el resultado de la famosa foto de las Azores- ven en esa reacción la natural de quién está cansado de los gritos de siempre. La defensa y empatía de los que creen que nadie puede ser objeto del insulto de otros. Pero en vez de defender su posición superior por no recurrir al insulto, aceptan que el ex presidente se ponga a la misma altura que los que tanto denuestan.

Para los contrarios al ex presidente, ésta es la expresión máxima de su desbocada presencia pública. La última consecuencia de un síndrome de La Moncloa demasiado agudo. Pero sobretodo, la falta de respecto de quien debe servir a su país incluso tras abandonar el cargo. Es parte esencial de su historia reciente y por ello, tiene una responsabilidad con el país.

Seguramente, la posición de partida marque mucho el análisis que unos y otros hagan de la peineta, por lo que, en el fondo, el gesto del ex presidente tampoco tendrá más consecuencias de las que ya ha tenido. Con la que está cayendo, no serán muchos los españoles los que se cuestionarán su apoyo al PP por el gesto de su antiguo líder. Los que ya iban a votar por ellos lo seguirán haciendo. Y los que no, no harán lo propio.

Cualquier persona tiene derecho a que nadie lesione su honor. También Aznar, evidentemente. Los insultos no pueden ser gratuitos, y en política lo son demasiado a menudo. Pero también en los campos de fútbol o a manos de un volante. Por ello, lo inconcebible es responder con la misma moneda. Ese fue el auténtico patinazo de Aznar que a los que están en el medio de la trifulca política, ha fallado.

Viene en el cargo. Por suerte o por desgracia, pero viene en el cargo. Por ello, ponerse a la altura de los que profieren los insultos no es la mejor salida. No ya por qué no se consigue nada con ello –bueno sí, una explosión personal de placer, de dopamina, por desahogarse-, sino por el daño que puede generar en los menos afectos a la figura del que dedica peinetas. Aunque sea el Jefe del Estado.

8 Ene

Los discursos del poder

Finalmente, el libro que quería estas Navidades no cayó. No es un best-seller. Ni lo ha escrito Dan Brown, Larsson o Ana Rosa Quintana. “Los discursos del poder” es una selección de los mejores discursos pronunciados que está prologado por el ya difunto ex Jefe de la Casa de Su Majestad, Sabino Fernández Campo. Más de 600 páginas de palabras que movieron consciencias y cambiaron el rumbo de la historia. De Hernán Cortés a Charles de Gaulle.

El libro en cuestión no llegó ni en el trineo de Santa Claus, ni lo cagó el Tió de Nadal ni formaba parte de la comitiva de los magos de Oriente. Mi hermana no lo encontró en ninguna librería. Sin duda, no era materia demasiado vendible (aunque creo que la edición está agotada y sin proyecto de volver a las imprentas). Pero en el fondo, creo que subyace ese desinterés del ciudadano medio hacia los discursos.

De hecho, si alguien pide que hagas un discurso en la boda de tu hermano, en la cena de la empresa o en el homenaje a unos amigos, intentarás escaquearte. O buscarás en Internet. Incluso, podrás llegar a comprar un discurso, por ejemplo, para la boda. Estamos poco acostumbrados a hablar en público (de hecho, es uno de los diez grandes miedos de los humanos), por lo que denostamos todo lo que tenga que ver con ello.

Quizás en ello haya jugado un papel muy importante la propia historia de España. El dichoso retraso del Franquismo. El régimen fascista creó a auténticas generaciones de españoles que no debían aprender ninguna habilidad para hablar en público: era algo reservado a los que ya estaban elegidos para ello. Tampoco tenían, los españoles, la oportunidad de aprender a base de escuchar: en un régimen dictatorial, gris y mediocre como fue el de Franco, pocas habilidades comunicativas podían esperarse.

Tras más de 30 años de democracia, hemos visto un salto en el modo de comunicar las ideas, convencer y articular los argumentos a través de los discursos. Y recordamos algunos de ellos como parte de nuestro ADN. El “Puedo prometer y prometo” de Adolfo Suárez o el “ja sóc aquí de Tarradellas”. Hemos tenido grandes oradores en nuestra democracia, desde el presidente González al president Pujol, pasando por Miquel Roca. Pero muchos siguen viviendo de espaldas a los discursos.

Por ejemplo, es bastante difícil encontrar los discursos de nuestros políticos. Existen pocos libros o webs que den cuenta de ellos y que permitan conocer sus recursos y enriquecer nuestro conocimiento. Encontrar las palabras que han forjado la historia reciente de España, de Aznar o González, es harto difícil. En la web de Moncloa están los de Rodríguez Zapatero pero, ¿qué pasará el día que entre un nuevo presidente o presidenta? La poca tradición en el culto a la oratoria y al arte discursivo quizás los lleve al olvido. Como ha llevado los de sus predecesores.

Quizás si los speechwriter salieran del armario o éstos dieran más poesía a las palabras de nuestros líderes, hoy ya tendríamos varios libros en el mercado. Pero también si todos valoráramos más la tarea de escribir e interpretar un discurso, seríamos los primeros en querer leerlos, comprarlos y aprender. Larga vida al discurso.

31 Dic

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27 Nov

Obama morirá en el agua

Dice la tradición de la Armada de los Estados Unidos que quién brinde con agua, tendrá la sepultura en el agua. Que seguramente poco tenga de cierto, pero ya se sabe que las supersticiones superan, en muchas ocasiones, toda lógica. El hecho es que el comandante en jefe de ese país, el Presidente Obama, brindó con agua durante la primera cena de Estado que se ofrecía en la Casa Blanca durante su presidencia.

Obama recibió al primer ministro de la India como muestra de la alianza regional que su gobierno pretende poner en marcha –para contrarrestar el poder de otras potencias regionales, sin duda- y durante el brindis que se realiza en este tipo de ceremonias, sorprendió a muchos analistas al hacerlo con el líquido elemento.

La secuencia es realmente interesante: Obama dirige unas palabras a los invitados al finalizar la cena. La escenografía es perfecta. El discurso está perfectamente situado en un atril con un águila –símbolo máximo del poder- dorado y un micrófono. Lee el discurso y llega el momento cumbre de pedir a todos que levanten sus copas en honor del invitado y su país. Un camarero de la Casa Blanca acerca una sola copa al presidente y se puede observar como la toma de la cámara no permite distinguir bien qué ocurre en la bandeja. Obama toma la copa y una servilleta mientras solicita que le traigan una copa al primer ministro indio. En cuanto llega, levanta su copa y brinda con él.

Pero la copa de Obama está tapada por la servilleta que antes ha cogido y se observa como el líquido de la copa es transparente, mientras que el indio bebe unos sorbos de vino blanco. La copa de Obama es rápidamente retirada mientras el primer ministro toma la palabra.

Sorprende que Obama brinde con agua y ha despertado interés en comentaristas del país. ¿Por qué lo hizo? ¿Obama no bebe alcohol? ¿No había llegado un bebedor de cerveza a la Casa Blanca tras los años de puritanismo de Bush? Pocas respuestas encontraremos…

Lo que queda claro es que no fue un acto casual. Se puede ver cómo Obama toma la servilleta y la coloca estratégicamente encima de su copa de agua. Sabía lo que hacía. Que es justo lo contrario de lo que pueden decir otros líderes políticos. Quizás brindar con agua traiga mal fario, pero evita situaciones que incluso pueden costarte el puesto.

El viaje a Roma del ministro de finanzas japonés Shoichi Nakagawa terminó mal. Apareció ante los medios bebido –o eso parecía-, aunque él lo atribuyó al jet lag y las medicinas. En todo caso, la enorme repercusión de su vídeo le obligó a presentar la dimisión. Sarkozy también vivió lo suyo en otra cumbre a la que se presentó de esta guisa ante los medios:

En su caso, la excusa fue haber subido las escaleras a toda prisa. Así que nos quedaremos con la duda de si fue el calor del borgoña o el esfuerzo físico de subir unos peldaños.

Más extrañas eran las historias del presidente ruso Boris Yeltsin. Todos le recordamos bailando o riendo a carcajada limpia con Bill Clinton, como muestra más fehaciente de una Guerra Fría deshecha. Según cuentan las malas lenguas, Yeltsin se fugó en plena noche de Washington durante una visita oficial. Los efectos del alcohol le llevaron salir en ropa interior e intentar pedir un taxi a escasos metros de la Casa Blanca para ir a tomarse una pizza. Aunque se mantuvo en el comprensible secreto bilateral…

¿Y Aznar? ¿Bebió demasiado en el acto con bodegueros cuando dejó de vuelta y media a la DGT? Ya lo dicen las autoridades: si bebes, no conduzcas. O mejor aún, si bebes; no te acerques a un micrófono.

19 Oct

Imágenes por el cambio

Si hacemos caso a las encuestas, estamos en las puertas de un escenario de cambio, aunque las elecciones generales se vislumbren a dos años vista. Pese a ello, la oposición ya se friega las manos con una victoria que está a tocar. En Barcelona, una alternativa real –por primera vez en 30 años de democracia- al PSC genera el mismo ímpetu en las filas de CiU. Partido que, a su vez, encara 2010 como el año que puede llevarle de nuevo al Palau de la Generalitat.

Sin embargo, aunque se pueda percibir ese contexto, el modo de configurar la estrategia de comunicación es la clave para alimentar esas ansias de cambio o matarlas de golpe. Y una de esas decisiones, tras adoptar el mensaje y la propia estrategia, nos lleva de forma inexorable a pensar en cómo deben ser los spots electorales.

La decisión no es baladí. La nueva fórmula de spots electorales adoptada tras las generales de 2008, con un formato más publicitario, y el uso cada vez más extendido de la Red, harán de estos vídeos caballos de batalla en los que apostar.

La historia electoral nos ha dejado varios ejemplos que muestran estas maneras distintas de encarnar esa idea de cambio. Eso sí, todos con elementos comunes:

  • Uso de música alegre y optimista
  • Colores cálidos
  • Mensajes positivos
  • Imágenes como metáforas de cambio

El poder de la imagen

El PSOE presentó en 1982 un spot electoral en que una serie de ventanas de varios lugares de España se abrían al cambio. Una metáfora visual acompañada del himno del partido. Sin palabras, el propio spot encarnaba la idea de abrir la ventana para dejar entrar aire fresco que limpiara el cargado ambiente de la España posterior al franquismo y al 23-F.

En la misma línea de usar imágenes como mensajes, el PP presentó un anuncio en 1996 plagado de referencias al empleo y a un país que funciona, justo la antítesis política real del momento. El anuncio, con una narración que lo acompaña y con alocución del candidato Aznar, no apunta a la esperanza sino que reclama un país que funcione.

El medio es el mensaje

Aunque no lo diseñara el equipo de Obama, cuando se puso música al famoso discurso de la primaria de New Hampshire, el éxito fue rotundo. Música pegadiza, el apoyo de artistas y famosos… una contemporánea forma de mostrar que el cambio empieza en el propio anuncio, pero sobretodo en el modo de predicarlo a todos, incluidos los jóvenes: a través de la música.

La figura del líder

El anuncio de los laboristas para las elecciones del cambio de 1997 buscaba, sobretodo, centrar la atención en los atributos positivos del líder. Más joven, jovial y próximo que John Mayor, Blair simbolizaba la aspiración de su nuevo laborismo y la Tercera Vía. Es una opción cuando el líder es alguien fuerte, el propio activo del partido.

Apuntar a las contradicciones

El cambio debe hacerse de dos formas: generando elementos positivos hacia nuestra candidatura, pero alimentando los negativos hacia la otra. Este es un ejemplo claro de la campaña de Clinton en 1992: apuntar a las contradicciones del presidente Bush.