23 Feb

Canciones de campaña

En Estados Unidos existe una ya larga tradición de dotar a sus campañas electorales con canciones de campaña. Temas, algunos populares y otros menos conocidos, que vienen a apoyar el mensaje y la imagen del propio candidato. Si en España existiera esa tradición, quizás Zapatero escogería el hit eurovisivo de Remedios Amaya y cantaría aquello de “ay quién maneja mi barca, que a la deriva me lleva”. Rajoy podría atrevirse con el Aserejé de las Ketchup: una canción festiva y alegre –ya se ven en Moncloa- pero inteligible, como sus promesas de mejora sin saber bien qué hará.

Para algunos esto puede ser una tontería. Un amago de genialidad más de asesores políticos que no tiene ningún fundamento, pero la realidad es que, vistos los efectos que la música tiene en las personas, parece no ser una tontería el hecho de atender a ella. Es el íntimo juego de la música y la comunicación política, entender que algo tan básico en la vida como la música puede y debe ser un elemento más de campaña.

Pitágoras enseñaba a sus alumnos algo genial y casi mágico: cambiar los comportamientos de las personas, sus respuestas –incluso acelerar procesos de curación- a través de la música. Hace unos meses reflexionaba sobre el papel de la música en los anuncios electorales, como un determinado ritmo puede crear o sostener estados emocionales en la dirección del mensaje político y de los objetivos de comunicación. Reflexión que hicieron muchas campañas electorales.

En todo caso, la elección de temas de campaña no está exento de polémica. Dos candidatos –y presidentes- republicanos recibieron quejas de los artistas a quienes tomaron prestadas las canciones. Ronald Reagan, tras su famoso “California here we come” usado en la campaña que le llevó a la Casa Blanca, no dudó en hacerse con el hit de 1984 para su reelección. El “Born in the USA” de Bruce Springsteen fue el himno del antiguo actor. Por su parte, George W. Bush se opuso a Al Gore con el tema de un fan del vicepresidente más ecologista: “I won’t back down” de Tom Peety. Ambos artistas, reconocidos demócratas.

Aunque otro tipo de polémicas no viene tanto por la filiación política del artista sino por su nacionalidad. Si Bill y Hillary Clinton hacían de actores emulando a Los Soprano para presentar el tema de la campaña de ésta, la recepción del tema fue menos halagüeña que el propio vídeo. Hillay hechó mano de una mujer, la titanizada Céline Dion, que le prestó el tema “You and I”. Muchos americanos se preguntaron el por qué de la elección de una canadiense… y otros tantos, el sentido político de la canción.

Mejor sintonia tuvieron los Fletwood Mac con Bill Clinton. Incluso hoy el ex gobernador de Arkansas es reconocido por el “Don’t stop thinking about tomorrow”. Aún puede escucharse esa canción como presentación del presidente en actos como las Convenciones demócratas. La asociación, pues, entre tema y candidato puede llegar a ser muy íntima.

Otros candidatos han puesto toda la carne en el asador y han aprovechado todas las aristas emocionales y de comunicación de la música. Barack Obama apeló a la América que debe renacer tras el 11S con el hit de U2 “The city of blinding lights”, que le acompañó en momentos mágicos de su campaña, como en su salida al atril durante su discurso de aceptación en la Convención. El timbre y la potencia de Aretha Franklin contribuyó con su “Think”, que sonó en numerosos mítines, como al finalizar el célebre discurso de New Hampshire. Sinnerman de Nina Simone, Gimme Shelter de los Rolling Stones o la conocida versión musical del propio discurso de New Hampshire son otras piezas de la banda sonora de la campaña del presidente.

Pero no olvidemos los clásicos. JFK apeló a las grandes esperanzas de los americanos con el “High hopes” de Frank Sinatra. Y otro clásico entre los clásicos, Neil Diamond, prestó su “Coming to America” a Dukakis… aunque perdió. Bruce Springsteen puso su grano de arena en otra campaña que no llegó a buen puerto. Kerry tuvo “No Surrender” entre sus canciones de campaña y la presencia del artista en numerosos conciertos de apoyo al cambio que no llegó.

Seguramente Pitágoras echaba mano de otro tipo de recursos, pero en una sociedad plagada de información y de impactos como la actual, los artistas ayudan a comunicar proyectos. Más allá de las canciones que pudiesen elegir hoy Rajoy o Zapatero -aunque no se rodearían de John Cobra-, aquí también sabemos de qué va eso de la música. Quizás con menos tradición, pero no olvidemos que Tequila pedía que “no, no, que el tiempo no te cambie”. Algo que los socialistas entendieron era el mensaje de la juventud a Zapatero. Rajoy nos pedía el voto con el ballenato y… ¿a quién no se le ha pegado el himno del PP?

Enlaces de interés:
Escucha algunas de las canciones de este post en esta lista de Spotify.

17 Feb

El punto G

El punto G, ese espacio casi sacrosanto de la excitación sexual, puede que exista. O puede que no. Lo que sí existe es el punto G de la política. Y en este, el ginecólogo Ernst Gräfenberg tiene poco que decir.

El punto G de la política es el que nos excita para votar. Es el que nos empuja a las urnas, el que despierta nuestro interés por lo que dicen los candidatos. Es el que nos puede llevar a acaloradas discusiones en una mesa, a militar en un partido o a asistir a un mitin. El punto G de la política está alojado en la amígdala. Porque el punto G de la política está vestido de emociones.

Para encontrarlo, debemos ir hasta el sistema límbico, ya que, en él residen las emociones. Tanto el sistema emocional como el valorativo están ubicados en la misma parte del cerebro y juegan un papel básico en la toma de decisiones. Desde saltar o no al agua en una piscina a evitar el ahogo de un niño a ir o no a votar. Por ejemplo, el sistema valorativo es el resultado de la relación que existe entre los lóbulos pre-frontales y las amígdalas cerebrales en el llamado hipocampo.

El elemento clave del sistema límbico es la amígdala. Esta zona, que toma el nombre por su parecido con una almendra, corresponde al conjunto de núcleos de neuronas localizadas en la profundidad de los lóbulos temporales. Entre sus funciones está la de regular muchos procesos emocionales: identificar y responder expresiones emocionales de otros, crear intensidad de una experiencia emocional, generar y enlazar sentimientos a experiencias que nos asustan, etc. Clave en la inteligencia social y emocional. Juega un papel esencial en enlazar pensamiento y emoción, particularmente en usar reacciones emocionales para guiar el proceso de toma de decisiones. No sorprende que esté situada en una zona neuronal densa, en los circuitos emocionales frontales.

La amígdala no siempre responde de forma consciente a los estímulos que se reciben. Es el caso de los impactos subliminales, ya sea porque percibimos la imagen de algo que nos recuerda a una serpiente sin darnos cuenta y nuestro recuerdo evolutivo nos hace ponernos en guardia a realizar acciones bajo los efectos de la publicidad subliminal.

De hecho, tal y como señala Goleman, el autor de inteligencia Emocional, esta es una rémora de nuestra evolución: nuestro cerebro emocional procesa de forma más rápida la información que nos llega por el hipocampo y predispone nuestro cuerpo a una respuesta mucho más rápida que la que dará nuestro “cerebro pensante”.

Muchas de las decisiones que tomamos en nuestra vida están capitaneadas por nuestras emociones. Por lo que ocurre en esa almendra, en la amígdala. Por ello, si queremos ganar –que esto sí empieza por ge- debemos entender que es necesario excitar ese punto G de nuestro electorado a través de las emociones.

Por ello, es necesario invertir tiempo en entender cómo funciona nuestro cerebro, sobretodo entender qué emociones despliega nuestro candidato o candidata, nuestro mensaje. Nuestra política. La política de las emociones necesita tener un relato que nos lleve al estado emocional deseado y que tenga resonancia en este cerebro político que explica muchas de las acciones que llevamos a cabo en política. Después de todo, el punto G ya no es tan mito. Al menos, en política, sabemos dónde está. Otra cosa bien distinta es saber si los partidos saben excitarlo…

10 Feb

Pornopolítica

¿Alguna vez lo has hecho frente a una cámara? Esa pregunta escandalizó a América al ser usada en un anuncio de la popular marca de ropa Calvin Klein. La escena, en un motel californiano, recordaba al porno de los 70 y jugaba con la sugerencia más explícita. Recurriendo al sexo sin ningún tipo de pudor. Años más tarde, candidatos a cargos públicos se desnudan o anuncian hacerlo si ganan. Otros, incluso prometen felaciones. ¿Vende el sexo? ¿Vende el sexo también el política?

No es sólo que lo que hagan nuestros políticos en la cama ayude a vender o a hundir su propia marca personal y política. Sólo es necesario observar a Berlusconi o a Bill Clinton, personajes que, por activa o por pasiva han sido y son el foco de la prensa por sus aventuras extramaritales. Es una cuestión algo más compleja: ¿puede ser el sexo la excusa para posicionar a un partido político?

En 2005, un grupo de protesta belga llamado Nee (No en holandés) vio la luz para recoger el descontento de un creciente número de holandeses defraudados con la política. Tras presentarse a las elecciones municipales de 2006, en 2007 se dieron a conocer en todo el mundo. La apuesta del partido fue la joven Tania Derveaux, candidata que tuvo un llamativo punto en su agenda política: prometió 40.000 felaciones. Aunque recibió 100.000 solicitudes.

La propuesta del Nee, con la joven Derveaux posando desnuda y sensualmente, dio la vuelta al mundo. El grupo de protesta supo aprovechar el tirón de las redes para hacerse eco en todos los rincones del planeta. Pero sobretodo de la estrategia del sexo como posicionamiento. Si en el manifiesto del partido se afirmaba que votar por ellos era mostrar el dedo corazón a todos los partidos tradicionales, hacerlo bajo la premisa de mamadas para todos, era dar un paso más.

Pero, ¿vende el sexo o la controversia? El Nee obtuvo el 0,18% de los votos en esas elecciones al Senado, insuficiente para tener representación, pero lo justo para mostrar su gancho. De hecho, según el estudio Sex in advertising. Perspectives on the Erotic Appeal, una quinta parte de los anuncios tienen connotaciones sexuales. Estamos sobreexpuestos a este tipo de mensajes. Varios estudios han mostrado que el sexo, por si solo, no mejora nuestra capacidad de recordar marcas y anunciantes. Ni nos impulsa per se a la compra. Quizás el caso del Nee es la demostración más palpable de ello.

Derveaux finalmente recurrió a una asistente para hacer efectivas esas 40.000 felaciones, bueno, las 100.000 solicitadas. Un vídeo con una actriz japonesa que hablaba de política internacional –citando a Bush o Rice- mientras imitaba los gestos de la práctica de sexo oral. “La política no es tan dura”, afirmaba la actriz.

En 2007 el University College of London realizó un estudio para comprobar si los anuncios con fuertes connotaciones sexuales eran más recordados que los que no recurrían a él. Para ello, dividieron a los sujetos en dos grupos. El primero, disfrutó de unos capítulos de Sex and the City, con anuncios durante la emisión, también sexuales. El otro, miró Malcolm in the Middle, una serie juvenil, sin anuncios sexuales. Ninguno de los dos grupos mostró mejor habilidad para recordar las marcas y productos anunciados.

La empresa norteamericana MediaAnalizer Software & Research mostró a un grupo de gente 400 anuncios de productos muy distintos. Aquellos anuncios que no apelaban al sexo conseguían ser recordadas en el 20% de las ocasiones, especialmente marcas y el propio producto. Los anuncios con connotaciones sexuales, sólo el 9.8%. La atracción de un generoso par de senos o unos marcados abdominales distraía a los sujetos de la marca del anunciante.

Retomamos, pues, la pregunta del inicio. ¿Vende el sexo o lo hace la controversia? ¿CK lideró la venta de tejanos por la calidad de su producto? ¿O lo hizo por las escenas sexuales de sus anuncios? ¿O fue la encendida polémica con las asociaciones conservadoras que demonizó a la marca y al producto lo que alimentó las ventas?

En Catalunya, las últimas elecciones al Parlament nos dejaron una estampa inédita. El candidato del, por entonces, partido extraparlementario Ciutadans se desnudó para la campaña. Albert Rivera apareció sin ropa porque para el partido “no es importante cómo eres”. Los tres diputados de Ciutadans seguramente vengan de la cobertura otorgada por ciertos medios conservadores y nacionalistas, pero la polémica por el cartel posicionó a un desconocido Rivera, que repite en las elecciones de este año aunque seguramente no vuelva a mostrarnos su cuerpo.

María Fernández es una política colombiana de 42 años, casada y con tres hijos. Quiere hacerse oir en las próximas elecciones al Congreso de Colombia y por ello ha prometido que si obtiene un escaño se desnudará para la revista Soho. La ex viceministra de turismo y candidata de la U centra su mensaje en la protección de las mujeres maltratadas y el medio ambiente con esta acción. Para ella, “el desnudo es un medio para transmitir un mensaje, pero el mensaje no es ese”. ¿Sexo o controversia?

5 Feb

¿Son los partidos una religión?

“No explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus compatriotas, o un extranjero que vive en alguna de las ciudades de tu país. Págale su jornal ese mismo día, antes que se ponga el sol, porque está necesitado, y su vida depende de su jornal” Deuteronomio 24, 14-15

Este fue el versículo elegido por el presidente Zapatero para dirigirse a las más de 3.000 personas que se agolpaban en el Hilton de Washington D.C. para orar en el Desayuno Nacional de la Oración. Y no lo hizo mal. Un buen discurso, sin apelaciones a la tierra o al viento, plagado de potentes analogías en línea con su pensamiento político.

Resulta curioso que sea Zapatero el que se aproxime a la religión, al otro lado del charco, y sea en España el máximo defensor del laicismo. Aunque, quién sabe, quizás al presidente le vimos cómodo por varios motivos. No sólo porque acertara con la técnica discursiva; sino porque los partidos políticos guardan mucha relación con el sentido religioso.

La relación emocional de los seguidores de un partido con esta organización guarda muchas semejanzas con una religión. Y las religiones, a su vez, guardan muchas similitudes con las marcas que, en un contexto como el actual, evocan a la emoción y no a la razón para conseguir nuevos clientes. Según Martin Lindstrom, autor de uno de los grandes libros sobre neuromarketing “Buyology, truth and lies about why we buy what we buy”, las particularidades que compartirían las marcas, la religión y, podemos añadir, los partidos son:

  • Un sentido de pertenencia: formar parte de un grupo predispone al individuo a dar respuesta a muchas cosas. Formar parte de un grupo cohesiona la respuesta, pero también la acción. Además, como ocurre con las religiones, formar parte de una comunidad es algo más que estar presentes, incluye una búsqueda interior sobre los motivos.
  • Una visión: una idea o ideas sobre el mundo. Unos objetivos, principios y valores que son la marca de identidad del colectivo y su objetivo último. Ya sea el amor de las religiones o llevar a cabo políticas socialdemócratas. La misión que es capaz de merecer todo tipo de sacrificios.
  • Poder sobre los enemigos: no puede existir proyecto sin alguien a quien oponerse. Unas ideas que se contraponen a la de los otros y que son la munición de una batalla ideológica para sumar más voluntades. La concepción nosotros contra vosotros atrae a fans, incita a la controversia, crea lealtades y nos conduce a un debate y discusión que, queramos o no, aumenta la participación (no siempre, claro está).
  • Evoca a los sentidos: colores, música, olores, palabras, abrazos… en la política son, como hemos visto en alguna ocasión, claves para entender la comunicación. Las marcas y las religiones también lo hacen, desde los espacios sagrados a la música de las misas o el incienso.
  • Relato: desde el Nuevo Testamento a Apple, pasando por Nicolás Sarkozy, todos tienen un relato. Una historia que los identifica, los diferencia y que transmite unos valores con los que uno puede sentirse próximo.
  • Grandeur: al igual que el Vaticano, la política o el poder también tienen ese halo de grandeza que no sólo se refiere a los elementos físicos –sedes centrales impresionantes, mítines con miles de personas…- sino a la capacidad de reflejar esa grandeza con la presencia en todas las circunscripciones, actos en el territorio, etc.
  • Evangelización: la política y la comunicación guardan muchas similitudes con este concepto, salir a la calle para convencer a nuevos seguidores. El fenómeno NIMBY o grassroots articulan muchas campañas de este tipo, especialmente en Estados Unidos.
  • Símbolos: el logotipo, el puño en alto, los himnos, las canciones, los mitos fundacionales, los líderes históricos, son los símbolos que identifican a un partido.
  • Misterio y rituales: los congresos de los partidos, el modo de elegir sus líderes, sus tomas de decisiones, son elementos que comparten política, religión y marcas.

Estos aspectos, pues, ayudan a forjar la relación emocional con el elector. Junto a ello, los partidos deben ser capaces de involucrar a los votantes haciéndoles sentir y cómplices del relato emocional que se elija. Porque otra cosa es lo que ocurre con los electores, si no conseguimos hacerlos cómplices de ese relato. Especialmente cuando asistimos a ejercicios de cinismo como el vivido ayer en el Desayuno Nacional de la Oración en Washington D.C.

Los votantes son vulnerables a todo tipo de impactos irracionales y parece que son más proclives a mostrar su apoyo a algo por el sentido del deber que por saber qué y a quién están votando. Quizás por ello, la participación del presidente Zapatero en el Desayuno de la Oración no tenga efectos en su ya maltrecha situación. Pero tampoco va a ayudarle. Seguramente acabe de incurrir en una de sus mayores contradicciones: estar dispuesto a participar en un acto de los conservadores religiosos norteamericanos al otro lado del charco y defender una visión laicista de los poderes públicos en España. Por mucho que vistiera su discurso, bueno y razonable, de un humanismo anulado por lo religioso del evento.

La visita respondía a motivos de Estado, a cumplir con el protocolo. Incluso a la representación de la UE. Podemos incluso esgrimir la oportunidad de defender la economía del país ante potenciales inversores. Sí, justificaciones haberlas, haylas. Pero, ¿no ha sido el rezo de Zapatero un ejercicio de peligroso cinismo? ¿Un ejemplo más de la frivolidad del presidente?

Tendrá suerte: quizás este episodio no será en exceso recordado. La situación real de millones de españoles es tan dura, que muchos ni sabrán del viaje del inquilino de La Moncloa a la capital norteamericana para rezar junto a Obama. Y tendrá suerte porque Zapatero ha incurrido en una grave contradicción de su propio modo de entender las cosas. ¿Cómo reaccionará la derecha religiosa en España a lo vivido en Washington?

27 Ene

¿Y la corbata de Obama?

Publicado hoy en La Vanguardia.

¿Y la corbata de Obama?

Estos días muchos se han preguntado si el cambio propuesto por Obama ha sido real o no. Si ha existido o si su promesa ha caído en saco roto. Todo dependerá de las expectativas con las que uno se plantó la noche de la victoria electoral y con su máxima expresión en la demostración de apoyo que el presidente vio en las calles de una gélida capital del país hace algo más de un año. El presidente recién electo lanzó un mensaje para navegantes en su discurso de victoria:“El camino será largo. No llegaremos en un año, quizás ni en un mandato”. Ese camino se ha materializado en éxitos y en fracasos, en esperanzas y en desilusiones… pero también en pequeños detalles como una corbata.

La corbata sea, quizás, uno de los símbolos más potentes para representar un político. Pidan a un niño que les dibujo a uno, no faltará ese atuendo. Durante la revolución francesa, cobró el significado político que no había tenido hasta el momento: los revolucionarios la llevaban negra, sus enemigos, blanca. Un símbolo de status que hoy se cuela en las campañas electorales, rojos contra azules. Naranjas y verdes. Corbata contra los que no la llevan. Por ello, Obama lanzó un mensaje más profundo de lo que parece cuando el pasado 28 de diciembre compareció para dar los detalles del ataque terrorista frustrado a un vuelo comercial en Detroit que había tenido lugar el día de Navidad: compareció sin corbata en uno de los momento más delicados e importantes de su presidencia.

Tras los ataques del 11 de septiembre, el terrorismo es un tema prioritario en Estados Unidos. Los efectos de los peores atentados nunca vividos en suelo americano se han alargado a nuestros días, no sólo en el incremento de la seguridad y la vigilancia, sino a nivel político. George W. Bush y el Partido Republicano entendió muy bien lo que supusieron los ataques para la mentalidad americana y comprendieron qué redes se activaban en el cerebro de los ciudadanos cada vez que se hablaba sobre ello.

La lucha contra el terrorismo no tardó en llamarse guerra contra el terror. El miedo no cesó de ser un arma política. Incluso se llegó a aumentar el nivel de alarma por terrorismo el día que los americanos debían ratificar a Bush en el cargo en 2004. “Cuando vayan a las urnas, recuerden que estamos en guerra”, afirmó Bush el mismo día de las elecciones legislativas de 2006. Según señala Drew Westen, más de 250 experimentos han demostrado que cuando nos recuerdan que somos inmortales, nuestro cerebro vira a la derecha. Por ello, ni los ataques del 11S fueron algo anecdótico ni la lucha contra el terrorismo merecía un status menor que una guerra contra el terror que exigía todo tipo de sacrificios. Y ante ello, no hay oposición política que pueda mostrar su desacuerdo sin parecer un irresponsable.

Los demócratas estuvieron fuera de juego durante casi todo el mandato de Bush. Dejaron que el miedo ganase, desde las emociones más primarias, el voto de los estadounidenses. La oposición dejó los términos del debate en manos del presidente y no pudo sobreponerse a sus ataques. Eran demasiado débiles para defender al país. Demasiado inconcretos para atajar un mal nacional. Hasta que los estrategas demócratas cambiaron los términos del mismo debate. La guerra contra el terror no era lo mismo que la guerra de Irak. Se podía estar en contra de esa guerra sin mermar el apoyo a mantener el país seguro de ataques terroristas. Por ello, esas elecciones legislativas de 2006 fueron el principio del fin de la hegemonía republicana.

A partir de ese momento, en las filas demócratas empezó a tomar consciencia la importancia de manejar las emociones para ganar elecciones y gobernar. Obama lo ha hecho desde el primer día que entró en campaña y no lo ha olvidado durante su mandato. Quizás por ello, el pasado 28 de diciembre dejó la corbata que un ayudante tenía preparada. Si el miedo mueve al electorado a posiciones más conservadoras, es necesario usar un marco menos determinista que el aupado por Bush. Por ello, lanzó un mensaje al aparecer sin el atributo máximo de la política y la solemnidad.

Obama se dirigió a la nación con unas formas muy distintas que las de su predecesor. Sin corbata, pero también sin mencionar la guerra contra el terrorismo o la guerra contra el terror. Lo hizo para contar lo que sabía y tranquilizar a sus conciudadanos. Todo está seguro, estamos trabajando. Ese fue el mensaje. Siéntanse seguros, porque yo lo estoy. Tanto, que el nivel de solemnidad de mi discurso es menor, quería comunicar el presidente.

Porque las acciones han sido igual de contundentes. Obama se refería en su discurso de aceptación de la nominación demócrata a la tensión entre los derechos individuales y la seguridad, apostando por los primeros. Sus decisiones últimas han ido a por lo segundo. Pese a no querer darle a este tema la centralidad de su antecesor.

Sólo el tiempo, el azar, la suerte y el trabajo y coordinación de las fuerzas de seguridad podrán decir si el miedo tiene su base o no. Si es posible gestionar esta emoción con gestos como los del presidente o si por el contrario, una sociedad asustada lo está igual pese a los discursos y las formas de su presidente. En todo caso, parece que Obama se lo pensó dos veces cuando tuvo la corbata en la mano. Y, quién sabe, quizás recordó las enseñanzas de Westen y de la pujante escuela sobre la neuropolítica. ¿A dónde tiene que llegar el cambio? ¿Sólo en las acciones y resultados políticos o también en la mente de los ciudadanos?

24 Ene

Una CiU naífe se presenta en sociedad

Durante la presentación de su libro “Democràcia a sang freda”, David Madí dio unos sugerentes titulares a la prensa. Recuerdo especialmente uno en que afirmaba que el no había “matado a Kennedy”. Aquella mente fría, calculadora y agresiva, que al dar ese titular quería desempolvarse de esa imagen negativa tras el famoso DVD de CiU en las últimas elecciones al Parlament; quería rebelarse.

Y su turno llegó ayer. En el cine. CiU convocó a sus principales figuras –a excepción del candidato de la coalición, Artur Mas-, periodistas y bloggers al acto de presentación de su nueva imagen en Cinesa Diagonal. David Madí y Joana Ortega (la responsable de comunicación de Unió y diputada en el Parlament) presentaron la imagen más soft para estas elecciones.

Cualquiera diría que David Madí, la cabeza pensante del DVD que dibujó el caos en el país hace algo más de tres años, lideraría la presentación del look más blando y amable de CiU. Pero así fue. La coalición ha entendido que lo único que debe hacer para ganar las elecciones es no meterse en líos y para ello se dispone a ser la opción amable. Aunque corren el riesgo de vaciarse de contenido si se quedan en lo naíf. En lo superficial.

En todo caso, manteniendo la tipografía, han optado por la pureza del blanco y el poder de una sonrisa para evolucionar su logotipo a un símbolo. Una CiU que sonríe a todos para acoger a todos. Incluso al diseñador del logotipo de Obama, pues el círculo con la bandera catalana recuerda sospechosamente a las barras de la bandera americana que el presidente incluía en su símbolo.

Sería necesario reflexionar sobre un punto esencial. La política de las emociones no se consigue sólo con el uso de un símblo. No se consigue con sonrisas tipográficas o corazones con la bandera catalana como ya vimos en las últimas elecciones. La política de las emociones es alguna cosa más compleja y por mucho que se repita, esta no es una opción emocional. De momento.

Para CiU, esta precampaña de la precampaña se asemeja a empezar el colegio, el curso. Porque “Començar il·lusiona”, y con ello quiere enviar un mensaje optimista a la sociedad, aunque el contenido brille por su ausencia. Pero toman posiciones muy sólidas como lo que pretenden ser: un nuevo estilo de catch-all party que no se cierra a pactos con nadie. Aunque el mensaje pueda parecerse a este:

Durante la jornada de ayer también se presentó la gran arma de la coalición en la Red. CiU se adelanta a todos en Catalunya y es el primer partido político catalán con una Red Social propia. Cativistes.cat es el punto de referencia para todos aquellos nacionalistas que quieren hacer algo por su país desde la Red. La plataforma, elaborada por Cink, supondrá un antes y un después en la política catalana y quizás por ello, en CiU no han dudado en darle a su presentación aires épicos a lo Braveheart.

La campaña está ya en marcha y CiU se apropia de los mejores puestos. Los próximos meses serán los clave, tanto para CiU como para ver si su versión amable, soft y con un cierto aire naíf triunfan. Si ayudan a vertebrar esa alternativa política o si por el contrario, la falta de mensaje puede alimentar el efecto Carlos Sainz.

16 Ene

Invictus

A finales de mes se estrenará en España una de las películas del año: Invictus. Dirigida por Clint Eastwood y con un cartel de lujo. Morgan Freeman –sólo él podía hacerlo- da vida a Nelson Mandela en una película inspirada en el célebre libro de John Carlin “El factor humano”.

Mejor no os cuento el argumento, para eso tenéis el libro o el trailer, prefiero centrarme en un elemento que está tratado con genialidad en el trailer: inspirar esperanza. No es fácil hacerlo y por la historia, por el personaje –y porque, en el fondo, estamos hablando de cine- en nada nos sentimos dentro de lo que nos cuenta. Quizás la producción de oxitocina cuando nos cuentan una historia de estas características tenga mucho que ver…

Espero poder comentar algo más sobre esta película cuando la estrenen (si alguien tiene entradas para la première, le acompañaré encantado), pero todo apunta a que será una gran lección de liderazgo. Pero no de ese estricto, tradicional, masculino. No. Será una lección de liderazgo emocional, en donde las personas y sus sentimientos son el centro. Aunque se hable de rugby. Será una historia de como un liderazgo basado en la empatía, la esperanza y las emociones son la clave de los imposibles. Como la propia historia reciente de Suráfrica, la victoria del candidato alternativo como Obama o el Barça de las seis copas y el liderazgo emocional de Pep Guardiola.

Que vayan preparando las palomitas…

12 Ene

Los políticos no saben pedir perdón

Lo siento. Dos palabras que pueden ser mágicas. Mil canciones han cantado al amor roto con este pretexto. Y muchas veces más lo hemos sentido a lo largo de nuestra vida. Dos palabras que, como decía, son mágicas porque pueden tener un efecto incontestable en la persona que lo escucha. Si esto es cierto, ¿por qué es tan difícil que un político las pronuncie? ¿Por qué en España cuesta tanto escuchar unas disculpas de un político?

La vergüenza o la culpa son dos de las emociones que suelen llevarnos a emitir una disculpa. Y muchos políticos parece que no están muy acostumbrados. Quizás cambiarían de opinión si, sólo por puro egoísmo, conocieran el funcionamiento de nuestro cerebro cuando nos vemos inmiscuidos en una situación de este tipo.

Richard Nixon ni pidió perdón durante su dimisión. Aunque llegara el perdón presidencial de Ford, los indicios existentes apuntaban a la responsabilidad del presidente en actos delictivos. Además, había manchado enormemente a la nación y a la presidencia. Culpa y vergüenza. Seguramente, las opiniones sobre el presidente hubiesen sido muy distintas si su última alocución como comandante en jefe hubiese servido para pedir perdón.

Al parecer, cuando recibimos una disculpa, nuestra percepción sobre la persona cambia completamente. Nos sentimos menos vengativos y el perdón o la reparación son más fáciles. Y más en política. Existen numerosos estudios que corroboran esta reacción en nuestro cerebro, así como el despliegue de elementos más positivos relacionados con la culpa y negativos con la vergüenza. Lo que otros estudios han demostrado es que esta situación se da incluso entre niños pequeños.

Pongamos que a un grupo de niños y niñas se les comenta que recibirán un gran paquete en casa. Un maravilloso sobre lleno de cromos que otro niño les enviará. De ese grupo de niños, algunos recibirán un sobre vacío con una nota: usé todos los cromos antes de enviarlos. Otros, también recibirán un sobre vacío con una nota: usé todos los cromos antes de enviarlos. Lo siento mucho. Otros, recibirán los cromos.

De ese grupo, los niños que recibirán una disculpa se sentirán mejor que los que no. Y el 87% de esos niños creerán que el niño que usó sus cromos era “majo”, frente al 37% de los que no recibieron ni cromos ni disculpa.

Este estudio, que fue presentado en la convención anual del año pasado de la Association for Psychological Science, muestra como desde muy pequeños nuestros circuitos emocionales están preparados para la disculpa y que sus efectos pueden moldear nuestras percepciones.

Si la comunicación es una gestión de éstas, ¿por qué no disculparse? Nixon no lo hizo y ni su alocado intento de reconquistar la costa este, llegando incluso a aceptar las entrevistas con Frost, le sirvió. Muchos de nuestros políticos prefieren enrocarse en el negacionsimo a esbozar una sincera disculpa. Cuando los trajes achuchaban a Camps, el sólo afirmaba que “sueño con ser ex presidente de la Generalitat… cuando toque”. O Rajoy afirma que, aunque se demostrara una financiación ilegal en su partido, él no dimitiría. Ni un atisbo de arrepentimiento por el daño causado a la política en ambos. Como tampoco la hay al otro lado de la bancada.

Dos palabras. Mágicas. Necesarias. Lo siento. Aprender a arrepentirse es una asignatura pendiente que no puede demorarse. Como será necesario aprender a hacerlo con el corazón, no sólo para gestionar las percepciones, salvar el barco y comunicar mejor; sino porque la salud democrática del país lo exije.

En la foto, el ex gobernador de Nueva York David Paterson al dimitir por un escándalo sexual.

5 Ene

Millet sigue el ejemplo de Pinochet

Pinochet no sólo no expió sus crímenes antes de morir, sino que creó una macabra tendencia que parece que Fèlix Millet está aprendiendo con rapidez. Cuando el juez Baltasar Garzón ordenó el arresto del ex presidente chileno en 1998, desde el círculo cercano al dictador se empezaron a enviar mensajes que buscaban la empatía de la comunidad internacional hacia un enfermo y senil militar que había acudido a Londres a operarse.

Desde el otoño de ese 1998 hasta marzo de 2000, los mensajes incesantes sobre el deterioro de la salud del dictador se hicieron imparables. Tras más de 500 días de detención, Pinochet volvía a Chile y aparecía en la pista del aeropuerto ilusionado y caminando por su propio pie. Para muchos, esa demostración de fuerza fue un auténtico chasco por la imposibilidad de la justicia de rendir cuentas con el líder de un régimen opresor.

Fèlix Millet está ofreciendo una lección de la vía Pinochet. Son muchos los detalles sobre la vida que lleva el ex dirigente del Palau de la Música que buscan esa empatía que también reclamaba el dictador. La persona que ha confesado uno de los fraudes más grandes en la historia de Catalunya, ha aparecido sistemáticamente ante los medios con la misma americana de cuadros. Los buenos trajes de sastre se han quedado en el armario. También está a resguardo el lujoso Mercedes que protagonizó las imágenes de su salida del Palau tras los registros de los Mossos d’Esquadra. Desde entonces, a Millet se le puede ver paseando cerca de su casa y algunas grabaciones han recogido esos momentos. Pero sin duda, el último elemento de esa curiosa estrategia de comunicación es la barba.

Millet y su mano derecha, Montull, comparecieron esta semana en el juzgado. Lo harán cada primer día laborable de mes para demostrar que no hay riesgo de fuga. Una de las medidas adoptadas por el juez que no ha estimado oportuno encarcelar a ambos criminales confesos. En esta primera comparecencia del año, Millet lucía una barba que busca dulcificar su rostro, aportarle calor y romper con la imagen tradicional del ex director del Palau. Parecer entrañable.

Observamos esta sorprendente manera de querer reescribir con las percepciones una triste historia que ha manchado a una de las instituciones más importantes de Catalunya. Porque es precisamente ahí, en las percepciones que generamos, en las emociones que despertamos, donde se gana la auténtica batalla de la comunicación. Parece que Millet está bien asesorado. Quizás mejor que Montull, que no duda en pasar este retiro de oro a la espera de un juicio que, quien sabe, quizás no llegue en el corto plazo, jugando al tenis.

Pero por lo que Millet contó en esta carta y por lo que han descubierto jueces, fiscales y policía, tras la barba, los trajes de cuadros y el Mercedes en el garaje se esconde un criminal confeso. Como tras las súplicas humanitarias se escondía un cruel dictador que no dudó en levantarse de la silla de ruedas hace casi una década.

15 Dic

El ataque a Berlusconi: algo más que gestos

Si no fuera por su carácter histriónico, sus excesos y el carácter casi autoritario de su modo de hacer política, Berlusconi seria el político italiano más grande de los últimos tiempos. Encarna como pocos una relación muy íntima con su electorado y ha sido capaz de cambiar completamente la sociología política de su país. Y el sistema de partidos, el sistema electoral… Por ello, el aberrante ataque que sufrió el pasado domingo en Milán cobra una dimensión muy relevante. Tanto por lo que políticamente podría ocurrir tras él, como por lo que ha comunicado a Italia y al mundo el impacto de un souvenir del Duomo milanés.

Ruesh y Kees, el psiquiatra y el fotógrafo que acuñaron el término de comunicación no verbal, hubiesen presenciado un espectáculo dantesco de ese tipo de comunicación. Porque Berlusconi siempre lo ha hecho: como buen italiano conoce el poder de un gesto, una expresión o un determinado vestuario. Instintivamente, Berlusconi buscó la mejor salida al shock que estaba viviendo. Su postura, su mirada y su expresión facial dan buena cuenta de ello.

A nivel postural, nadie podrá olvidar nunca la sensación de observar al hombre más poderoso de Italia llevado en volandas hasta su coche oficial. La imagen de abatimiento y derrota se contrapuso a su salida del coche buscando la mirada del agresor. Otra lección de fortaleza del hombre al que ni los jueces osan tocar. Durante el ataque observamos, de hecho, tres posturas clave: el abatimiento inicial, el plante posterior y una derrota final que producen una extraña mezcla de sensaciones en el receptor.

A esa mezcla contribuye el extraño juego de miradas del primer ministro. Rabia, desconcierto, indignación y orgullo se suceden en la secuencia de fotos que han llegado al mundo. Pero sin duda, la fotografía más potente es la de un Berlusconi mirando al infinito, como si no entendiera qué ha ocurrido. O quizás precisamente porque lo entendía, buscaba en el vacío respuestas que tardará en tener. Los ojos pueden proporcionar las señales más reveladoras y exactas de toda la comunicación humana porque son un punto focal del cuerpo y las pupilas trabajan de forma independiente. En iguales condiciones lumínicas, las pupilas de una persona se dilatan o se contraen según esta tiene una actitud positiva o negativa. Cuando alguien se entusiasma, sus pupilas pueden adquirir una dimensión cuatro veces mayor a lo normal. Si está triste, se contraen y aparecen los ojos vidriosos. La mirada es más que relevante en un juego de póker y cuando su fuerza se desasocia del mensaje verbal, el jugador tiene un problema. Berlusconi miró a los ojos de los italianos, y le devolvieron la mirada.

Sin embargo, a ese juego de miradas debemos añadirle el poder de las expresiones faciales, la prueba más fehaciente de lo que no puede censurarse. Tras el ataque en el Duomo no había modo de censurar, como tantas veces ha hecho Mediaset o Rai, lo que sentía el líder, porque su expresión es un acto primario, inconsciente. Y esas expresiones son las que recordaran muchos italianos.

¿Hasta qué punto Berlusconi sale reforzado tras este ataque? Además del dolor físico, ¿le dolerá tanto que le costará la presidencia del Consejo? ¿Es el toque que relajará su desafío a todos, contra todos y contra el propio Estado? Los seguidores del “Cavaliere” hoy le apoyan más que nunca. Incluso aquellos disidentes primerizos que empezaban a ver que el ataque institucional del primer ministro no era bueno para el país. La unión con un líder carismático es incluso mayor tras un incidente tan triste como este. Otra cosa es la retórica política enarbolada en las últimas horas, que dejamos para otra ocasión.