El fin de la homofobia

Max es un bebé precioso. No pude evitar emocionarme al ver esa cosita tan pequeña. Tan frágil y tan fuerte. Tan lleno de vida… aunque duerma como un tronco. No pude evitar emocionarme al tenerlo en brazos. Él es nuestro futuro. Una nueva oportunidad para creer que las cosas no solo pueden ser mejores, sino que serán mejores.

Max tiene la suerte de tener una familia que le quiere. Un hogar en el que será amado y protegido. Conociendo a su madre, sé que será una persona consciente del mundo en el que vive y que sabrá guiarle para desarrollar al máximo sus talentos. En el terreno que sea. Conociendo a su madre, sé que será una persona con un corazón enorme. Conociendo a sus madres, sé que será feliz.

En un día como hoy, quería empezar hablando de Max, Irene y Hannah. De hecho, podría intentar mencionar -y moriría en el intento- a las más de seis millones de personas que han apoyado peticiones para luchar contra la discriminación LGTB en Change.org. Podría también mencionar a los millones de héroes anónimos que cada día luchan contra la discriminación en todas sus formas. Y, como no, podría mencionar a los millones de personas de buen corazón que no piensan nunca en a quién amas sino solo en el hecho de amar.

Este ha sido un año especial. Hace un año, sin proponermelo, salí del armario con este post. Tras ello, empecé a trabajar en Change.org. A lo largo de este último año he conocido historias impresionantes. He luchado para que los medios de comunicación se hicieran eco de muchas de ellas. Para que sepan que miles de personas en todo el mundo, en lugares en los que sufren una discriminación brutal por el hecho de amar, se sienten fuertes, empoderadas, para luchar contra ello y conseguir que miles de personas se unan a sus peticiones.

En Ecuador, las clínicas que torturaban a lesbianas han sido cerradas. En Australia, en el estado de Queensland, se puso fin a la legislación que permitía justificar un asesinato en legítima defensa bajo el llamado “pánico gay”. En España, Antonio consiguió acabar con la discriminación a los hijos de padres homosexuales al registrar a sus hijos en los consulados de España, la inspección educativa actuó ante un colegio privado que se negó a inscribir a un hijo de padres homosexuales y el cantante homófobo Sizzla, que pedía matar a las personas que amaban a otras de su mismo sexo, no actuó en España. Y estas solo son algunas muestras.

Max, en un futuro, vivirá en una sociedad libre de estas discriminaciones. Pero para ello, aún queda mucho por hacer. Países en los que aún te pueden despedir de tu trabajo por querer a alguien de tu mismo sexo, como Estados Unidos. Ciudades que imponen leyes atroces contra el colectivo LGTB, como San Petesbrugo, en Rusia. Pequeños pueblos en los que un adolescente no tiene otra opción que joder su vida por el entorno en el que crece. En nuestro propio país. Mucho por hacer.

Todo eso, Max no lo verá. Porque cada día, esos millones de personas a las que no puedo citar aquí, dan un paso decisivo. Porque millones de personas los dieron antes que nosotros. Millones de personas que fueron asesinadas, torturadas, oprimidas… y se negaron a mirar hacia otro lado. Max, bienvenido a un mundo que ya es mejor porque estás aquí.

Te dejo la infografía que hemos preparado en Change.org:

Comments
2 comentarios to “El fin de la homofobia”
  1. Fantástico post.

    Habiendo visto la foto del bebé y del “tito”, sólo puedo decir que SÍ se te veía emocionado, emocionadísimo con la sonrisa de oreja a oreja.

    En cuanto al resto del post, puedo comentar que, personalmente, yo NO ESTABA a favor de la adopción u otras formas de tener hijos por parte de parejas/matrimonios homosexuales. Y digo “no estaba”, porque eso cambió. Me ponía en el lugar de uno de esos hijos/hijas y no tenía demasiado claro que me gustara tener “dos papás” o “dos mamás”; al contrario. Sin embargo, un día, una de mis mejores amigas digamos que “me abrió los ojos” hablando del tema:

    “Piensa un poco: ¿No es BASTANTE mejor que un niño/niña que no tiene a nadie, que está en un centro de acogida, en un orfanato, etc. esté con una familia, de cualquier tipo, de CUALQUIER tipo, antes que que esté en un sitio donde es solamente “uno más”? Piénsalo. ¿Y no es injusto que haya “padres” entre comillas, a los que se les pueda llamar como tal simplemente porque han concebido a un hijo, pero que puede que no se preocupen por él? No te olvides de que lo del “típico niño” no deseado que abandonan a su suerte en un contenedor, o en un portal, o mil barbaridades más… No es un caso aislado, por desgracia. Sí, hay padres que no quieren a sus hijos [...] ”

    Y así seguimos, aunque no mucho más, porque la verdad, no hizo falta mucho más razonamiento para convencerme. Cuando los razonamientos caen por su propio peso, gran parte del trabajo está hecho y una gran parte de la batalla, ganada.

    Dicho lo anterior, solo puedo concluir que, digan lo que digan y lo diga quien lo diga, mientras haya AMOR, esa palabra que todo el mundo tiene tanto miedo de pronunciar, me da igual cómo sea: amor de pareja, amor de matrimonio, amor de familia, amor de padre, amor de madre, amor de hijo; mientras eso exista, todo lo demás me da EXACTAMENTE IGUAL. Y no tengo nada más que decir.

    Gracias por el post, y un saludo =).

    Pablo

    http://bloobreyplace.blogspot.com

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