B&B: Bradley & Barack

Se habla mucho estos días del efecto Bradley. No, no es el título de una película de Jim Carrey, ni un best seller de management a la venta en los grandes almacenes culturales. El efecto Bradley es uno de esos efectos que se toman de casos concretos y que nos sirven para explicar qué ocurre en la contienda electoral y porqué, en definitiva, aspectos del comportamiento electoral.

El efecto Bradley ha cobrado especial importancia en las últimas semanas, a medida que las encuestas han ido mostrando una distancia cada vez mayor de Barack Obama. Tom Bradley fue alcalde de Los Angeles, y en 1982 optó a gobernador del estado que hoy preside Arnold Schwarzzeneger. Bradley fue por delante en las encuestas durante la campaña, pero el día de las elecciones no ganó porque muchos electores votaron en contra de lo que habían dicho en las encuestas, poniendo de relieve la cuestión racial en la decisión del voto.

¿Puede el efecto Bradley darse en estas elecciones? ¿Obama podría perder las elecciones porque las encuestas no reflejen este engaño al encuestador? Esto sólo lo sabremos el próximo 4 de noviembre, y será especialmente importante observarlo en los dos estados clave de estas elecciones: Ohio y Florida.

Algunos estudios señalan que la importancia del efecto Bradley ha venido a menos en los últimos años, disminuyendo así el factor racial en la decisión. En todo caso, Obama no da el perfil de típico candidato afroamericano. Es decir, a diferencia del último tramo de la campaña de Hillary -en la que busco poner sobre la mesa la carta de su condición de mujer-, Obama no ha jugado la carta racial de manera directa.

Aunque muchos apoyos del senador han ido precisamente a apuntalar este área. No es casual que Oprah Winfrey sea su gran apoyo mediático. O que Collin Powell haya sido hasta la fecha el apoyo que más daño ha hecho a la candidatura republicana. Aunque a Pau no le falta razón cuando afirma que no sabe si el lector medio americano acogerá con buenos ojos el endorsement del ex-secretario de Estado.

Lo que quizás parece más observable es el efecto bola de nieve: sólo así (además del enorme gasto en publicidad electoral) puede explicarse el contínuo aumento de Obama en las intenciones de voto directas qe hemos podido ver estas ultimas semanas. Este efecto, también conocido como el del caballo ganador, supone un aumento en la intención de voto del candidato mejor situado. Algo así como responder que se votará al candidato de moda.

Así que el juego aún está abierto. Pese a los endorsements del Washington Post, Los Angeles Times o el Chicago Tribune, aún quedan demasiados flecos pendientes de resolver. Y la cuestión real será ver si Obama crea su propio efecto o si acaba siendo prisionero de la rica y abundante historia electoral y demoscopica de los Estados Unidos.

¿Prevaldrán los prejuicios raciales en esta carrera presidencial?

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